Quizás no era muy bueno en esto de fingir que no estaba por cometer un crimen ésta noche. Es decir, se había puesto todas las ropas negras que había podido encontrar, quizás tres pares de calcetas más de las que debería, y desviaba la vista de Stan con miedo de que se diera cuenta de que planeaba algo. Lo mejor hubiera sido esperar a que Stan se fuera a dormir a medianoche, cambiarse y escapar por la ventana sin que nadie se diera cuenta de nada.
-Yo solía ser el hombre del plan. –Pero eso ya quedó muy atrás. Ahora era simplemente Lincoln Withe, el niño que trabaja por techo y comida en una trapa para turistas y tiene miedo de hacer algo que podría ofender a Stan y lo regrese nuevamente a Royal Woods. No quería volver a ver a su antigua familia nunca más en la vida de ser posible. Le dolía pensar así, y sentía una profunda tristeza y añoranza por los viejos días, pero no las suficientes para olvidar lo que le hicieron... lo que aún podrían hacerle.
-¿A quién mataste, Lincoln? –Stan le soltó directamente mientras mordisqueaba una pierna de pollo frito.
-¡¿Ah?! –Lincoln casi saltó de la silla. –¿A qué te refieres, Stan? Todo está bien. No maté a nadie. No hay ningún problema y no planeo nada ilegal o peligroso. –Lincoln tragó su propia saliva mientras comenzaba a sudar levemente. Su saliva le supo algo amarga y comenzó a escuchar los latidos de su propio corazón en su pecho. ¿Había hablado de más? –Y definitivamente no tiene que ver con la escuela o lo que pude encontrar ahí. –Eso había sonado mejor en su mente.
-Eso es bueno, Lincoln. Trata de no meterte en líos. –Le dio un gran mordisco a la pata de pollo y lo combinó con una gran cantidad de papas frítas. –Gravity Falls puede ser tranquilo por el día, pero es totalmente lo opuesto por la noche. Si planearas algo ilegal, espero que sea espiar a una vecina cambiarse por la mañana o fumar detrás de un granero. Pero salir por la noche es muy peligroso, Lincoln. –Lo miró directamente mientras seguía masticando y hablando al mismo tiempo. –No salgas por la noche, y mucho menos te internes en el bosque después de medianoche.
-Está bien, no tengo planeado entrar al bosque. –¿Quién entraría a un bosque en plena noche cerrada de todas formas? –Lo cierto es que el bosque me da miedo, es por eso que me mantengo alejado.
-Bien. Mantente así y no tendrás problemas, Lincoln.
¿Eso contaba con meterse a una escuela en plena noche para cerrar lo que podría ser un portal a uno de los planos existenciales más terribles que hubieran podido existir en la tierra? Lincoln ni siquiera quería meterse en esas cosas, pero escuchar que era utilizado para razones de buena fortuna y suerte lo llenaban de rabia. Prefería terminar con todo eso... Pero, quizás lo mejor era espera. Antes tenía que asegurarse de que el diario era real, ¿Y si lo era? Eso significaba que todo lo que había visto era real y que Mabel tenía razón; cosas extrañas e inexplicables suceden en Gravity Falls. ¿Qué pasaba con ese lugar?
¿Y si no eran más que delirios? Cuesta creer que cualquiera de las cosas que hubiera visto o vivido fuera algo real. Odiaba sentir que todo lo que había visto y vivido no era más que el producto de una torcida imaginación que lo tortura de formas extrañas como un escape de lo que es su realidad: una familia abusiva y mentirosa. ¿Pero y si no? Entonces tenía la llave para cerrar un círculo que es usado para fines terribles.
-Un círculo que por coincidencia encontré después de caer de los ductos de ventilación. –Al menos la serpiente gigante terminó siendo real. Tal vez debería posponer su salida hasta cerciorarse de que el diario y lo que veía era real. ¿Tendría que preguntarle a Stan? El hombre frente a él parecía haber vivido durante años en Gravity Falls, sin lugar a dudas debería saber algo. –Stan...
-¿Sí?
-...¿Me pasas la salsa tártara? –Recibió la salsa sin muchos ánimos. ¿Por qué torturar a Stan con lo que podrían ser delirios de un loco que fueron alimentados por un diario que encontró en la basura?
Sin importar cuanto ha visto, para un ser humano aceptar la existencia de algo que está catalogado como "No Real", sólo significaría una cosa: locura. Así es como había crecido, y sin lugar a dudas para este tiempo ya sería un paciente en el sanatorio mental de Gravity Falls, de no ser por sus experiencias pasadas con sus hermanas. Algunas aventuras sí que eran para volverse loco... ¿Fueron reales?
-Últimamente tengo muchas cosas en la cabeza, por lo que no puedo pensar correctamente, Stan. Ya sabes... mi nuevo hogar, y un nuevo nombre. –Se rio un poco. –No creí que fuera tan fácil dejar de ser un Loud... Tampoco me afecta tanto.
-Sólo son nombres Lincoln. Sólo nombres. –Stan murmuró de forma pesada mientras seguía comiendo. –Con el tiempo te acostumbras a ser quien sea.
-¿Experiencia? –La pregunta fue más como una broma, pero conociendo el oficio de estafador de Stan también podría ser verdad.
-Tengo más de veinte licencias totalmente válidas, algunas caducas y otras con orden de búsqueda en tres estados, Lincoln. Por supuesto que tengo experiencia. –Se rio de forma sonora mientras la comida se escapaba de su boca. –Eso me recuerda que tengo que volver a tomar el examen de conducción en Toronto la próxima vez que haga apuestas allí.
El resto de la cena fue agradable. Stan puede ser un gruñón a veces, pero no era un mal tipo.
Era su salvador después de todo.
-¿Todo esto es real, Mabel? –Lincoln cerró la puerta tras de sí mientras encontraba a Mabel acostada bajo las sabanas de su cama mientras daba vueltas la bola navideña en un dedo. –Eh visto cosas... tú misma eres una de ellas. ¿Pero eres real? ¿Todo lo que eh visto es realmente algo que existe frente a mí? Nadie parece darse cuenta de nada de lo que pasa alrededor... sólo yo. –Se acercó al pequeño escritorio y retiró el diario número 1. –¿Este diario alimenta mis fantasías o todo lo que dice es verdad?
-Pruébalo, Lincoln. –Mabel le respondió sin apartar los ojos de la bola navideña. La lanzó al aire unas dos veces antes de darse la vuelta y comenzar a agitarla un poco. –Sólo busca algo simple y pruébalo, o trata de averiguar que son las luces que hay en el bosque, o hablar con los duendes. No es muy difícil.
-¿Pero y si sólo yo puedo verlos Mabel? Stan sigue insistiendo en que sólo somos nosotros dos en la cabaña y no parece estar al tanto de tú presencia. –Tal vez su mente tomó el ático como la habitación de Mabel porque era un lugar prohibido para él.
-¿Y si no es así, Lincoln? –Mabel dio un salto de la cama y se acercó a él mientras tiraba la bola navideña al aire un par de veces. La sonrisa que dejaba salir le traía escalofríos. –¿Y si todo es real? Tal vez te encuentras en medio de lo que puede ser la prueba de que algo que escapa al conocimiento humano realmente existe, Lincoln. –Se paró frente a él y acercó su rostro hasta estar a centímetros del suyo. –¿Quieres que hagamos un trato, Lincoln?
-¿Un trato? –A Lincoln le desconcertó esa pregunta. Mabel no parecía tan alegre e inocente como la recordaba, o tan atrevida y pervertida como solía actuar. Incluso a esos episodios se había habituado, pero ahora... El aire a su alrededor se sentía caliente, realmente caliente. Y Lincoln sintió una extraña corriente eléctrica que recorría su espina dorsal mientras Mabel se relamía los labios y lo miraba como si estuviera viendo un banquete. –¿A qué te refieres con un trato, Mabel?
-No puedo salir de este lugar, Lincoln. –Mabel abrió los brazos como intentando abarcar algo más que la habitación. –Estoy atrapada en la Cabaña del Misterio, el lugar es fabuloso, pero a pasado tiempo desde la última vez que pude salir a ninguna parte. –Se dio la vuelta y comenzó a caminar por la habitación con pasos grandes y pequeños. –Déjame ir contigo... Seré tú guía en éstas tierras repletas de misterio, a cambio de que me dejes ir a tu lado.
-¿Necesitas mi permiso para salir de aquí, Mabel? ¿Es por eso que nunca te veo afuera? –Mabel sólo aparecía dentro de la cabaña. No recordaba haberla visto nunca en el patio, ni siquiera en la entrada. Aunque si la había visto a través de la ventana, y quizás fuera la sombra que de vez en cuando veía en la ventana del ático desde afuera.
-Digamos que necesito estar conectada con alguien de fuera para poder salir, pero no es algo definitivo, Lincoln. –Suspiró con tristeza. –Aunque hagamos un contrato, sigo obligada a la Cabaña del Misterio. Sólo podré seguirte por un límite de tiempo antes de que la cabaña me fuerce a regresar. –Corrió hacia Lincoln con ojos suplicantes. –Por favor, Linc. Ayúdame a salir. Sólo quiere volver a ver el mundo otra vez, y te probaré que no estás loco. –Lo sujetó de una mano mientras se acercaba cada vez más. –¿Serias mi salvador, Linc? ¿Me permitirías salir de aquí aunque sea temporalmente?
Las palabras de Mabel lo llenaron de confusión. Si necesitaba una prueba de que estaba loco podría ser esa. ¿O quizás podría estar frente a una tierra repleta de magia y misterios que esperan ser resueltos por un joven valiente de cabellos blancos? Que basura. Si algo de eso fuera real, lo último que pensaría es en irse de aventura. La primera de todas muy fácilmente podría matarlo, era mejor hacerle caso a Stan y mantenerse lejos de los problemas y cualquier situación que podría garantizarle una muerte horrible y dolorosa. O un pase de vuelta a Royal Woods.
Aun así... Si estaba loco, podría ser un peligro para Stan. Se alegró de estar lo bastante cuerdo para saber cuándo necesita ayuda y cuando tiene que mantener la boca cerrada. Y por ahora... al menos quería saber si estaba loco.
-¿Y si acepto el trato, Mabel? ¿Cómo probaras que no estoy loco? –Necesitaba saberlo al menos. No iba a confiar el destino de su sanidad mental a una posible alucinación. –¿Cómo me probaras que todo lo que hay aquí es real? –Levantó el diario número 1, los seis dedos brillaron con la luz artificial sobre ellos. –¿Cómo me probaras que estás aquí, Mabel?
Mabel estrechó sus ojos como un zorro y sonrió con picardía. –Se me ocurren muchas formas de demostrarte que soy real, Lincoln. Y ninguna de ellas incluye sacarme de esta habitación. –Bajó su mano hasta acariciar la entrepierna de Lincoln. Aún después de tanto tiempo, Lincoln lo sentía como algo familiar y... agradable hasta cierto punto. –Podría mostrarte muchas cosas ahora mismo si quisieras... Pero no. –Retiró la mano. –Lo que tú quieres una prueba real de que no estás enloqueciendo. Quieres saber que es real y que mentira. –Rodeó a Lincoln por el cuello con ambos brazos mientras pegaba su cuerpo al suya y colocaba su frente sobre la de él. –Has el trato, Lincoln. Puedo guiarte por lugares que sólo alguien que haya vivido toda su vida en Gravity Falls conocería, y enseñarte cosas que sólo podrías soñar. Todo lo que pido es que me dejes ir contigo.
Lincoln desvió la mirada. Se estaba forzando por no reaccionar a los movimientos de Mabel, pero cada vez era más difícil mantenerse serio. ¿Todo esto era su mente preadolescente que buscaba una forma de desquitarse sexualmente por lo sucedido? ¿O Mabel realmente podía actuar así con alguien que apenas conocía para conservar su amistad? No podría saberlo con la chica, y algo en ella no se había sentido bien desde hace tiempo.
-Estás desesperada. –Había querido pensarlo, pero salió en forma de susurro. Un susurro que Mabel escuchó, y no pareció agradarle.
-¡Por supuesto que estoy desesperada, Lincoln! Ha pasado un año desde que pude salir de aquí. –Lo presionó más fuerte entre sus brazos, y Lincoln escuchó su propia espalda crujir. –Todo un año con la única compañía de ese viejo vendedor de aceite de pescado, viendo como la gente viene y va, pero nadie se queda... Todos me dejan. –Se rio de forma oscura mientras lo presionaba más fuerte. –Sí, todos se van. Incluso mi cerdito. Todos ellos me dejan sola.
-M-Mabel. –Lincoln dijo con mucho esfuerzo. Para ser tan pequeña Mabel era realmente fuerte.
-Ah, upsi. Ja ja ja. Tonta Mabel, mira lo que hiciste. –Soltó a Lincoln con delicadeza. –Lo siento, Lincoln, me dejé llevar un poco. Ya sabes, a pasado tiempo y eso.
-Es... Está bien, Mabel. –Lincoln estiró su espalda un poco. No le costó hacerse de una imagen mental donde Mabel lo partía en dos. ¿Ese suéter ocultaba un buen par de músculos? –Pero... ¿En qué consiste ese trato? –Al menos le gustaría saber en lo que se metía si accedía. –No me gustaría meterme en algo que ni siquiera es real y terminar hundiéndome más y más en la locura de mis fantasías. –Quizás eso es lo que le pasó al pobre diablos que escribió el diario.
Los ojos de Mabel parecieron sacar chispas de la emoción mientras su respiración aumentaba su ritmo, pero se recuperó con rapidez. –Sólo tienes que darme la mano, Lincoln. Si lo haces, entonces el trato estará sellado. Eso es todo. Más fácil imposible. –Extendió su mano hacia Lincoln.
-Mable... tú mano está en llamas. –Lincoln señaló la mano de Mabel. Aquella pequeña mano estaba rodeada de llamas azules, aunque no las sentía calientes o peligrosas, era más como una ilusión o un truco de magia cuyo precio no era caro, pero tampoco barato. –¿Segura que no estoy volviéndome loco?
-Sólo hay una forma de averiguarlo, Linc. –Le arrojó la bola navideña y Lincoln la recibió con torpeza. Esta vez no la sintió caliente, sino fría y algo húmeda mientras la dejaba sobre el escritorio tras él. –Dame la mano, sellemos este trato. Seremos amigos por siempre si lo haces, Lincoln. –Se relamió los labios. –Amigos con beneficios de diversión si quieres.
Lincoln estaba a punto de responder con otro comentario común para esas situaciones tan embarazosas, pero un golpe en la puerta lo hizo callar.
-¿Lincoln? ¿Estás despierto? –La voz de Stan se escuchó del otro lado. –Tengo algo que discutir contigo.
Esas palabras no le trajeron nada bueno. Odiaba las charlas que comenzaban de aquella forma. Fue una de ellas la que decidió que sus cosas tendrían que irse permanentemente de la casa, o que tendría que comer en el patio por el bien familiar, o quien sabe que montón de cosas más que pudieron esperarle. Quizás un regreso a casa con restos de su traje y un castigo que incluía cuerdas y ser acariciado por sus hermanas cada día para transmitirles algo de suerte. Sintió nauseas en cuanto todos esos pensamientos y recuerdos llegaron hacia él. ¿Sabría Stan lo fácil que podría ser para él destruir lo poco que le queda de mente? Fue su salvador, pero eso también el dio el poder de ser su destructor.
Miró hacia donde antes había estado Mabel y no se sorprendió al no encontrar a nadie.
-¿Estoy aquí, Stan? –Donde más iba a estar sino.
-¿Te estás masturbando otra vez?
Se golpeó la frente otra vez ante la pregunta. ¿Lo hacía apropósito?
-No, Stan. No me estoy masturbando. –Agregaría que tampoco lo hizo antes, pero ya no valía la pena. –Pasa.
Stan pasó sin preguntar nuevamente.
Lincoln tragó saliva mientras se preparaba para lo que sea que tuviera que decirle. Sólo esperaba que no fuera un aviso de que tendría que regresarlo a casa, ese lugar difícilmente podría ser una casa para él en estos momentos. El pensamiento de regresar lo llenaba de terror.
-Relájate, sólo vengo a decirte algo que debí hacer desde el primer día, Lincoln. –Stan contempló la bola navideña sobre la mesa y sus palabras parecieron dudar un poco. –Mira, ¿Recuerdas que mencionaste si éramos los únicos viviendo aquí, Lincoln?
Lincoln asintió. Stan no le había dado muchos detalles aparte de que nadie más que ellos vivía ahí... Y que se alejara del ático. Eso era todo.
-Bien, mira... de vez en cuando... pues... –Se rascó la cabeza mientras se forzaba a no ver la bola navideña. ¿Había algo raro con aquella bola? A él le pareció un lindo regalo. Stan finalmente suspiró. –El caso es que de vez en cuando se aparece una niña. ¿Está bien?
-¿Una niña? –Lincoln sintió un golpe directo al corazón, y una risa inocente no tan inocente pareció escucharse dentro de su cabeza. –¿Cómo un fantasma?
-Sí, Lincoln. Como un fantasma. –Stan suspiró. –No quería asustarte, pero estoy seguro de que ya habrás visto o escuchado algo de ella. –Lincoln no respondió, pero eso pareció ser suficiente para Stan. –Ella de vez en cuando corretea por aquí y allá, pero es totalmente inofensiva. Si la vez otra vez... no le pongas atención. Sólo ignórala hasta que se marche.
-Entonces... Hay un fantasma en la Cabaña del Misterio. El fantasma de una niña. –Tenía que cerciorarse totalmente.
-Y asusta a los clientes de vez en cuando... pero es totalmente inofensiva si no le prestas atención, Lincoln. –Colocó una mano sobre su hombro. Hacía tiempo que no sentía la mano de Stan sobre él, la sentía agradable y repleta de esperanzas. –Mientras no le prestes atención y la dejes hablando sólo se cansará y te dejará sólo.
-Entendido. –Lincoln asintió. –Ya la he visto... pero hasta ahora no he hablado con ella de ninguna forma, Stan.
-Procura que sigua así... No tiene mucho que decir, y posiblemente te confundirá. –Stan dejó que el silencio se prolongara un poco más antes de continuar. –Te estás tomando esto demasiado bien, Lincoln. –El comentario tenía sentido, tendría que estar asustado o dudoso de las palabras de Stan, y en cambio estaba totalmente tranquilo.
-Supongo, he visto un montón de cosas raras desde que estoy aquí. ¿Todo lo que eh visto es normal aquí Stan? A vece siento que me estoy volviendo loco.
-Puede ser, pero con el tiempo te acostumbras a ver muchas locuras aquí, Lincoln. –Se rio un poco. –Sólo mantente alejado de la mayoría de ellas y estarás bien.
Stan se fue poco después. Lincoln esperó a que se alejara antes de hablar.
-Así que eres real, Mabel. No estoy loco.
-Te lo dije, Linc.
Lincoln levantó la cabeza y se encontró con Mabel flotando de cabeza sobre él. Sus caras casi se tocaban mientras se mantenían viéndose mutuamente. Mabel finalmente dio una vuelta en el aire y le dio a Lincoln una perfecta vista de sus bragas de color blanco pureza antes de sentarse en el aire con las piernas cruzadas.
-¿Quieres hacer el trato, Linc?
-...Me parece mucha coincidencia que Stan entrara en cuanto me lo ofreciste, Mabel. ¿Eres realmente un fantasma? –Lincoln no había oído de muchos fantasmas que hicieran tratos, aunque tenía sentido que no pudiera separarse de la Cabaña del Misterio si ella... murió ahí. Aunque esos no eran pensamientos para antes de dormir. –¿Accidente en el ático?
-Podríamos decir que sí... Pero no soy un fantasma, Lincoln.
-¿Qué ere entonces?
-Soy Mabel, y soy tú amiga. –Aterrizó frente a él y lo miró directamente a los ojos. –Y me gustaría poder salir de aquí con un buen amigo. Ahora que probaste que soy real, ¿Quizás todo lo que te rodea también lo sea? Puedo probar que no estás loco, y sólo tienes que darme la mano. –Extendió su mano en llamas. –¿Qué tal si agrego algo más al trato? ¿Este cuerpo serviría como un lindo bono? Estoy atorada en los trece, pero eso no quiere decir que no podría acerté sentir bien, Linc.
-Ya basta con esa broma, Mabel.
-¿Quién bromea, Lincoln? –Ella ciertamente no lo hacía. Lincoln había escuchado, visto y sentido suficiente para saberlo. –¿No tienes curiosidad sobre las niñas, Lincoln? Yo sé que sí. –Tomó ambos lados de su falda y la levantó hasta dejar al descubierto su ropa interior. –¿No te gustaría ver más de esto? ¿Sentir cómo es el cuerpo femenino? No es malo ser curioso, Linc. Es normal. No te sentirías tan culpable como cuando te quedabas viendo a tus hermanas en ropa interior. –Lincoln hizo una mueca ante eso y desvió la vista. ¿Cómo sabía eso Mabel? La sonrisa de Mabel creció mientras sus ojos se desviaban a la bola navideña sobre el escritorio y caminaba hacia ella moviendo sus caderas de forma sugestiva. –No me molesta si quieres divertirte con este cuerpo, Lincoln. –Pareció decirlo más hacia la bola que a él. –Todo lo que pido es que estreches mi mano. –Dejó la bola navideña sobre el escritorio nuevamente. –Mi amistad, mi guía, este cuerpo que vez. Te estoy ofreciendo todo eso a cambio de dejarme salir contigo por un tiempo limitado. No puedes decir que sea un mal trato.
-Diría que es demasiado bueno para ser verdad, Mabel.
-¿Ahora desconfías de mí, Linc? Somos amigos, algo más si quieres. Sólo quiero que te quedes conmigo y me des la mano. –Sonaba realmente ofendida en ese momento. Y su tono de voz comenzaba a aumentar. –Sólo un apretón de manos es todo lo que te pido. ¡Sólo quiero salir de aquí aunque sea por unos minutos, Lincoln! –Abrazó su propio cuerpo. –No tienes ni idea de cómo es esto, Lincoln. Atrapada en un espacio reducido, totalmente ignorada y sin nadie a quien recurrir. –Sus ojos acumularon pequeñas lágrimas. –Totalmente sola.
Lincoln lo sabía. Así se había sentido dentro de ese traje de ardilla cuando lo hacían dormir afuera para mayor seguridad. Atrapado en un lugar tan pequeño mientras todos a su alrededor ríen y se divierten, como si su felicidad no significara nada para la familia.
-Yo... –Se acercó hacia Mabel. –Tengo que pensarlo, Mabel. Es tarde, me siento agotado. Mañana te daré mi respuesta, pero por ahora necesito dormir. Ha sido un día más largo del que creí. –Suspiró con verdadero cansancio.
-...Es comprensible. Está bien, Lincoln. Puedo esperar. –Mabel se limpió las pequeñas lágrimas mientras se acercaba a la cama. –¿Podría dormir aquí ésta noche, Lincoln? Prometo no hacer nada que no quieras. Sólo... sólo no quiero sentirme sola otra vez.
-Por supuesto, Mabel. –Le dio la mejor de sus sonrisas fraternales. Una sonrisa que había estado desarrollando durante once años rodeado de una gran familia. –Tanto tiempo como quieras, somos amigos después de todo, y estoy aquí para apoyarte, Mabel.
Mabel pestañó un poco antes de romper a reír y dar un gran salto sobre la cama. –Sabía que eras agradable, ¿Quieres algo ligero para antes de dormir? –Movió su mano hacia arriba y abajo como si estuviera agitando algo.
-Pero deja las referencias sexuales y movimientos sospechosos, Mabel. –Sujetó mientras cerraba un poco sus piernas.
Mabel sólo se rio mientras se mentía bajo las sabanas.
-¿Puedes creerlo? Comienzo a creer que es gay. –Mabel se rio acostada junto a Lincoln. Tenía la esfera navideña sobre su pecho y la miraba fijamente mientras la acariciaba como si de un gato se tratara. –¿Quizás necesite un poco de guía nocturna? –Llevó su mano bajo las sabanas y lo llevó hacia el bulto de la ropa de Lincoln. Comenzó a mover su mano en círculos por esa zona mientras el rostro de Lincoln comenzaba a hacer muecas. –Sí que tiene el sueño pesado. –Sintió como algo se expandía dentro de aquellos pantalones. Lincoln se había negado a cambiarse con ella en la habitación, por lo que sólo se había quitado los zapatos y los calcetines para dormir. –Y ahora que puedo tener algo de diversión extra con alguien más y resulta ser un posible marica. ¡Te estoy ofreciendo una vagina a la cual explorar a tu gusto, idiota! –Se rio un poco más fuerte mientras sentía como aquel miembro se endurecía más bajo su mano.
Había sido un año aburrido y solitario. No había mucho que una existencia como la suya podría hacer. Su existencia no podría ser reconocida si no era vista lo suficiente y por el tiempo adecuado. Lincoln había podido cumplir esos requisitos muy rápido, por lo que ya debía de haber tenido contacto con fuerzas sobrenaturales, aun si él mismo lo desconocía. Pero ya no era importante.
-¿Quieres algo más, Linc? –Descorrió el cierre d los pantalones de Lincoln y su ropa interior se expandió fuera de ellos. –Tú y yo nos divertiremos mucho desde ahora, mi pequeño Comodín. –Movió la ropa interior de Lincoln y sujetó su pene con cuidado de no despertarlo. –Quieres verlo más de cerca. –Le preguntó a la esfera navideña mientras se introducía bajo las sabanas hasta ver fijamente el pene de Lincoln en su mano. –Es bastante decente, ¿Qué te parece? Oh, no te pongas a llorar. –Colocó la esfera navideña sobre el vientre de Lincoln y comenzó a masturbarlo con lentitud. –¿No te gusta lo que ves? No te estoy obligando a mirar. –Movió su cabello castaño e introdujo el pene dentro de su boca. –Mmm. –Comenzó a chuparlo y lamerlo con cuidado de no despertar a Lincoln.
El rostro de Lincoln comenzó a cambiar de muchas formas mientras su respiración se volvía agitada y pequeños gemidos escapaban de él.
Mabel continuó con su trabajo de forma un poco más rápida. Lo sacó de su boca para lamerlo un poco como si se tratara de una paleta helada y volvió a introducirlo dentro de su boca. Su velocidad aumentó mientras el miembro de Lincoln palpitaba con fuerza.
Sintió las manos de Lincoln sobre su cabeza mientras continuaba con su trabajo. En lugar de apartarla, pudo sentir como las manos la obligaban a seguir con su trabajo todavía más rápido. Los gemidos de Lincoln aumentaron todavía más, no parecía muy preocupado por ser descubierto en este punto. Mabel estaba segura de que ya se había perdido en el éxtasis.
Finalmente, Lincoln presionó su cabeza fuertemente sobre su pene y dejó salir todo lo que tenía en su interior. Aquel líquido lechoso salió con dos chorros realmente grandes que dejaron escapar un pequeño grito de la boca de Lincoln. Finalmente Lincoln la soltó y dejó caer sus brazos a los lados con respiraciones agitadas.
Mabel se separó de su pene y lo miró directamente a los ojos antes de pasar el líquido salado por su boca y tragarlo.
-¿M-Mabel? ¿Qué mierda? –Lincoln dijo con esfuerzo. –¡Te dije que-!
Mabel lo sujetó por ambos hombros antes de besarlo con fervor. Lincoln pudo sentir los restos de sus propios fluidos por toda la lengua de Mabel cuando invadió su boca. El beso fue salvaje y repleto de lujuria. Mabel se separó y lo dejó respirar mientras se sentaba sobre él y chasqueaba sus dedos. Con una llamara azul, toda la ropa de Mabel desapareció.
Lincoln la contempló sin decir palabra. Pese a estar oscuro podía ver sus pechos en desarrollo, su piel tersa y carente de cualquier marca y... y la humedad que se reunía en su entrepierna. Mabel pasó su entrepierna por su pene nuevamente erecto en sus pantalones y abrió sus labios vaginales con cuidado antes de introducir la punta.
-Espera... N-no debemos, es... esto... –Lincoln tenía dificultades para pensar sobre esto. ¿Estaba mal? Se sentía extraño, eso era seguro.
Mabel lo ignoró e introdujo lentamente el pene de Lincoln dentro de ella.
-¡Ah! –Gimió de dolor y de placer mientras veía como el rostro de Lincoln se contorsionaba nuevamente. Sí, esto era divertido. Mabel pudo ver como la sangre comenzaba a salir de su himen y no pudo contener la risa en su garganta mientras veía parte de esa sangre chocar contra la bola navideña aún en el vientre de Lincoln. –¡Ah ah! Sí, así. –Respiró con agitación mientras pequeñas lágrimas de dolor escapaban de sus ojos, mismas lágrimas que escapaban de los ojos de Lincoln. Tomó sus manos y las llevó hacia sus caderas. Lincoln no tardó en sujetarla con fuerza mientras ella continuaba con su trabajo.
-¡Mabel! ¡No puedo más! –Toda conciencie había desaparecido de Lincoln. Su capacidad de pensar parecía haberse esfumando mientras Mabel continuaba con sus movimientos bruscos y carentes de cuidado. –¡Ya no puedo!
-¡¿Harás el trato, Lincoln?! –Mabel gritó mientras gemía. –¡¿Harás el trato conmigo?! –Sus movimientos aumentaron su velocidad y se volvieron más bruscos. –¡Esto puede repetirse tantas veces como quieras, Lincoln! ¡Puede ser donde y como quieras! –Se rio con fuerza mientras aumentaba su presión en su zona vaginal. –Sólo dame una cosa... ¡Dame libertad! ¡¿Tenemos un trato?!
Lincoln apretó más fuerte las caderas de Mabel y cerró fuertemente sus ojos. –¡Sí! ¡Sí! ¡Lo haré! ¡Lo haré! –Gritó con fuerza y sin tener ni idea de nada.
Mabel rió con fuerza mientras llamas azules recorrían su cuerpo y los rodeaban momentáneamente antes de desvanecerse. Fue al mismo tiempo que Lincoln dejaba salir todo lo que tenía en su interior dentro de Mabel. Su semen pareció estallar dentro de Mabel y salir con pequeños chorros por cualquier espacio que encontraran.
Finalmente cayó rendido. Apenas pudo ver a Mabel, y mañana seguramente no recordaría su boca repleta de colmillos, o sus aterradores ojos amarillos, ni los pequeños sollozos que parecían provenir de la bola navideña sobre él.
-Je, tan... fácil.
