Había una razón para ser conocido como "El hombre del plan". Lincoln Loud siempre tenía tres planes bajo la manga en caso de que los primeros diez fracasaran, siempre estaba preparado para todo. Y Linc Withe no sería la excepción a todo lo que había sido Lincoln Loud. Ya sean locura o realidad, Gravity Falls estaba lleno de misterios sin resolver, y Linc no sería quien los resolviera; Linc sería quien sobreviviera a ellos.
Linc no tenía ningún tipo de curiosidad por los misterios y sucesos extraños que parecen rodear el pueblo, quizás ni siquiera sean reales, eso explicaría porque las personas parecen actuar de forma tan cotidiana frente a ellos. Casi como si las memorias de lo extraño fueran totalmente borradas de su cabeza y eso impidiera que todo saliera de Gravity Falls. Pero también estaba Mabel, cuya presencia ya había sido comprobada por Stan, o Stan cuando le gritaba cosas como "Linc, toma la escoba y ahuyenta a esos duendes de la basura". También estaba la cabeza de cera que seguía rodando por los ductos de ventilación y lo saludaba de vez en cuando.
Otro tema a discutir era el Diario número 1. Sus palabras podrían no ser tan locas como creyó en un principio, y por eso mismo tenía algo que hacer aquella noche. No se iba a engañar más, lo que tenía planeado hacer no era algo que fuera a hacer por justicia, o porque por fin se convenciera que fue a dar con el pueblo más loco y fuera de lo normal del mundo. Lo haría porque le desagradaba.
El portal al mundo oscuro que se encuentra en la escuela daba fortuna y buena suerte a quien le ofreciera sacrificios. Linc desconocía si eso era verdad, o si no se lo abría imaginado como una forma de liberar todo su odio hacia referencias como la suerte y la fortuna, simplemente quería que desapareciera. Todo lo que necesitaba era el marcador rojo, pero no podría meterse de escondidas a una escuela sólo con un marcador rojo. Eso hubiera sido fatal, y ahora podía verlo claramente.
Es por eso que poco a poco había preparado una mochila con todo lo que podría necesitar para lograr su objetivo, también le había estudiado el mapa del pueblo donde se señalan los puntos de gravedad. Había comparado ese mapa con otro más actual que le pidió a Wendy bajo la excusa de poder orientarse mejor por el lugar y había copiado todos los puntos de gravedad, más otros lugares que podrían ser peligrosos después de repasar las notas y memorias del autor.
Pero otra vez, quizás el diario fuera basura lista para ser procesada, reciclada y reutilizada como papel de baño destinado a correr por las cañerías. O podría ser una guía para entender un poco más el pueblo en el que ya estaba listo para pasar el resto de sus días detrás de una caja en una trampa para turistas donde tendría que limpiar y cortar leña por siempre. Un destino mejor que vivir en la casa del perro mientras es usado e insultado por sus padres y hermanas.
Que sus padres vivieran sus vidas orgullos de sus doce hijas, y que sus hermanas brillen en el mundo con sus talentos. Todo lo que quería ahora era tranquilidad y vivir su vida con su nueva familia. Y eso es lo que iba a hacer una vez solucionado el problema con aquello que le causa tantas molestias.
¿Coincidencia o mala suerte? De un modo u otro dio a parar a ese armario de la limpieza y escondite para adictos al porno, e iba a destruir esa cosa aunque tuviera que volver a arrastrarse por esos ductos de ventilación con Borita lamiendo sus pies.
Su nueva vida iniciaría cuando comprobara su estado mental.
Otro tocón salió volando en cuanto bajó el hacha. Hace tres meses nunca hubiera creído que podría cortar diez lechos por si sólo, y ahora se siente realmente orgulloso de poder hacerlo con menos sudor del que tenía cuando lo logró. Y ya no tenía que preocuparse por latas de cerveza voladoras que chocando contra su cabeza.
-Hey, mira lo que encontré, Linc. –Mabel bajó saltando por las escaleras de la cabaña. Desde que pudo dar un paso fuera de ese lugar no ha perdido tiempo para saltar y bailar por todas partes. Literalmente la vio bailando en el techo, de no saber que puede flotar en el aire se le hubiera salido el corazón del miedo. –Necesitarás esto. –Le pasó una vieja linterna de mano un poco pequeña. –Todavía funciona, pruébala, Linc. –Le gritó mientras sus hombros comenzaban a temblar de emoción.
Lincoln agitó un poco la linterna y presionó un pequeña botón sobre ella. Una potente luz dio directamente a los ojos de Mabel y estos brillaron intensamente por un segundo antes de que la chica se apartara restregando sus ojos y agitando sus brazos.
-¿Qué te dije? Funciona. –Levantó ambos dedos pulgares mientras aguantaba unas pequeñas lágrimas por la luz.
Lincoln no pudo evitar sonreír al ver directamente a su novia. No le importaba si era un fantasma, fragmento de su imaginación o cualquier otra cosa. Mabel lo quería y se lo había demostrado no sólo una, sino varias veces desde hace una semana. Al principio había sido algo vergonzoso y tuvieron que ir más despacio, en cierta forma lo sintió como un retroceso, pero... pero ahora era diferente. La incomodidad se había ido y podían tener una relación tanto sentimental como sexual sin problemas.
Pero eso era un tema para otro momento.
-Así que ésta noche iremos, Mabel. –Ya había recogido todo lo que podría necesitar de la bodega y había estudiado las rutas más rápidas para ir y regresar de la escuela. Le problema podría ser encontrar una forma de meterse, pero esa pequeña ventana por la que salió sería perfecta para eso. –El plan es entrar y salir. Sin distracciones. Cerramos el portal, si es que existe, y regresamos aquí.
-¿Todavía no lo crees, Linc? –Mabel sonó ofendida por eso. –¿Y que hay de los duendes o las hadas que te mostré el otro día? –Mabel lo había llevado a una pequeña excursión por un lugar del bosque detrás de la cabaña y se habían tomado con un grupo de hadas.
-¿Te refieres a los puntos de luz que salieron huyeron el otro día? Todo lo que recuerdo es que brillaban mucho y se chocaban contra los árboles mientras se dispersaban por todos lados. –Había sido un espectáculo de luces entretenido y repleto de brillos coloridos, pero no recordó ver personitas con alas cantando y bailando. Y los duendes parecían más interesados en jugar con bellotas que aparentaban ser dados y oler mariposas. –No fue tan majestuoso como en las caricaturas...
-Sí. –Mabel asintió abatida, parece que ella también había tenido su dosis de decepción en el pasado. Posiblemente fue más grande que la suya, al ser una chica infantil e imaginativa. –Pero es mejor que nada, y tienes que admitir que son reales, Lincoln.
-Lo admitiré cuando vea a una muchedumbre asustada correr del terror por un pulpo gigante que sale de las cloacas y comienza a esparcir tinta acida por todos lados. –Era difícil darle veracidad a algo que sólo él parecía poder ver, y Mabel... bueno, realmente no le importaba ya si era real o no. –De todas formas, eso no cambia que me desharé de ese círculo raro esta noche, Mabel. Si es una creación de mi mente entonces la creó en la escuela como un símbolo del lugar donde se formó uno de mis mayores traumas y es el lugar donde tengo que cerrar el "círculo" de burlas y desesperación que se formó a mí alrededor y me impide escapar totalmente del pasado.
-Wow. ¿Tienes una explicación psicológica para todo, Lincoln?
Lincoln suspiró. –¿Qué esperabas? Una persona puede aceptar la realidad fantasiosa de los libros de historias fantásticas, pero verlo en el mundo real causaría un impacto tan grande en nuestro subconsciente que podría destrozar todo lo que consideramos "real" o "lógico", es por eso que nuestra mente se escuda en una explicación científica que en todo caso sería la locura.
-¿Eh?
-Lo siento, entré en modo Lisa. –Últimamente lo hacia mucho, aunque todas tenían el mismo resultado: un severo ataque de Cu-Cu en la cabeza. –El caso es que no estoy preparado para admitir que es y que no es real, Mabel.
Mabel preció realmente ofendida por eso y se cruzó de brazos con expresión enfadada. –¿Y yo qué, Linc? ¿Me dirás que nuestra relación es una fantasía?
-Tú podrías ser un fantasma, Mabel.
-¿Puedes creer en fantasmas pero no es criaturas fantásticas, Linc? ¿Qué sentido tiene eso en dentro de tu cabeza? –Era raro ver a alguien que no creer en la fantasía, pero si en fantasmas y seres sobrenaturales.
-Es más fácil creer en seres que comprueben la vida después de la muerte que en criaturitas de un show infantil de maratón de verano. –Una vida después de la muerte aliviaría el estrés de morir al saber que si hay algo más. –En todo caso, con esto ya tengo todo lo que podría necesitar y estoy listo para ponerle fin a mi trauma escolar.
-O cerrar un portal que podría haberse tragado a muchos inocentes por los deseos egoístas de unos pocos, ¿No? –Mabel pareció criticarlo un poco por sus propios deseos egoístas. ¿Pero que culpa tenía? Su vida escolar fue un infierno después plagado de insultos de mala suerte y chistes de ardilla.
-Sí, eso también. –Guardó la linterna en la parte trasera de sus pantalones y azules y comenzó a recoger la leña. Mientras lo hacía no pudo evitar ver nuevamente hacia el bosque con miedo, el otro día fue la primera vez que accedió a salir después de ese encuentro de hace una semana con aquella cosa rara que lo miró detrás de la ventana. Sin importar las palabras de Mabel, el miedo había sido terrible. –¿Por fin me dirás que era ese monstruo fuera de la ventana, Mabel?
-¿Tus peores traumas tomando forma material y deseosos por devorarte? –Respondió con inocencia.
-Hablo enserio, Mabel.
-¿Y yo no, Linc? –Se rio. –Según tú lógica, lo que yo dije podría ser cierto.
-Eso es... Cierto. –No podía negar eso, así que lo ignoró para otro momento. –Un paso a la vez, Lincoln. Un paso a la vez. –Suspiró mientras recogía la madera en una cesta. –Todavía hay mucho que tengo que averiguar, pero antes que nada tengo que prepararme. Es mejor quedar como raro que como un loco certificado. Especialmente en la escuela, a nadie le gustan los locos.
-Entonces deberías dejar de hablar sólo, chico. –Stan lo miró fijamente con una pequeña bolsa de basura en la mano. Parece que el cesto de la basura de la cocina por fin se había llenado.
-¿Eh? Ah. –Miró a su alrededor y se dio cuenta de que Mabel había desaparecido, otra vez. A ella no parecía gustarle mucho aparecer frente a Stan, y Lincoln prefirió no preguntar. –Sí, yo sólo... Me preparaba para todos los amigos que haré cuando inicie la escuela el próximo mes, Stan. –Tampoco faltaba mucho, sería el martes de la próxima semana. Su certificado ya había llegado y tenía todos los materiales que necesitaba, sin mencionar las horas de estudio que gastaba cuando no estaba trabajando. En lo referente al contenido no tendría problemas para integrarse.
-Te daré un consejo sobre eso. –Tiró la bolsa en uno de los contenedores de basura, pareció congelare un momento mientras miraba la bolsa de basura, y Lincoln casi esperó a que se retractara y la volviera a sacar. Con un gruñido, Stan cerró fuertemente la tapa del a basura. –Mi concejo es que no hables sólo, no te dejes intimidar, y le ropas una silla en la espalda al más rudo de tu salón. Eso me ayudó siempre que estuve en la cárcel.
-¿No me expulsaran por atacar a un compañero? –Lincoln estaba seguro de que cualquier ataque con arma contundente, especialmente si era parte de la escuela, podría garantizarle una expulsión inmediata y mediocre futuro aun más mediocre de lo que esperaba.
-Sólo doy ideas, las escuelas de ahora no son lo que eran en mis tiempos. –Se rascó la cabeza mientras parecía sumido en los recuerdos. –Ah, ahora me siento sumamente viejo. De todas formas, esos troncos no se meterán por si solos. Ahora, adentro. –Regresó al interior de la Cabaña del Misterio, pero no antes de dar una última mirada al contenedor de basura.
Finalmente Lincoln lo alcanzó y los dos entraron juntos por la puerta.
-Por cierto, me gustaría que comenzaras a colocar tus sabanas sucias dentro de una bolsa plástica, Linc. –Se rio un poco. –Puedo ser viejo, pero mi nariz funciona perfectamente.
Lincoln perdió el equilibro y terminó cayendo al piso con todos los trancos a su alrededor. Su cara totalmente roja se quedó sin expresiones por las palabras de Stan y sus ojos lo siguieron mientras desaparecía por las cortinas rojas.
-Ah, la juventud de ahora. Los niños se vuelven precoces demasiado rápido.
El televisor de la sala dejó de transmitir exactamente a la medianoche, cuando Stan terminó de ver su programa de concursos favorito. Lincoln escuchó como Stan arrastraba sus pantuflas hacia su habitación y escuchó como la puerta de su cuarto se cerraba. Esperó durante unos minutos antes de comenzar a levantarse, y en ese preciso instante volvió a escuchar como Stan abría la puerta y comenzaba a recorrer los pasillos de la cabaña.
Lincoln se metió nuevamente entre las sabanas y se cubrió completamente con ellas. No pudo escucharlo más mientras se perdía por la entrada de la tienda de regalos, y finalmente escuchaba las campanas de la puerta de la entrada. ¿Iba a salir? No creyó que estuviera vestido para salir a medianoche, ni le vio razón alguna para hacerlo.
No pasaron ni dos segundos antes de volver a escuchar las campanadas, sólo para escucharlas otra vez y otra vez. Finalmente Stan pareció decidirse y volvió a escuchar sus pasos por los pasillos. Lincoln se hundió en las sabanas mientras los pasos se acercaban cada vez más hacía su puerta.
Creyó que Stan lo pasaría de largo, pero en lugar de eso escuchó como la puerta se abría despacio. No escuchó mucho más que una respiración pesada por la puerta, eso y su corazón bombeando sin control, ¿Lo había ocultado todo correctamente? No podría ver su ropa bajo las abanas, la mochila perfectamente oculta bajo la cama, el diario en el cajón del escritorio. No había forma de que Stan supiera que saldría esa noche. O tal vez sólo fue a ver si estaba bien como un buen samaritano de más de sesenta años que salva a un niño de once de las calles y lo lleva a una cabaña en medio de la nada.
Uf, tenía que terminar con esos pensamientos de implicación.
Stan se quedó en la puerta por unos segundos antes de cerrarla sin decir o hacer nada, finalmente Lincoln lo escuchó regresar a su cuarto.
-Aterrador. –Murmuró mientras cerraba los ojos. Quizás esta no era buena idea. Podría vivir con un extraño agujero en la escuela, y cerrarlo no quería decir que dejara de odiar a las ardillas y detestar las referencias a la buena suerte. –Pero tengo que hacerlo, sino lo hago... –Entonces no pasaría nada, simplemente viviría con eso dentro de su pecho. Aun así, no podía tolerar la existencia de algo como eso. Dejarlo ser sería admitir que algo como la suerte realmente existía y entonces... ¿Entonces qué? ¿La teoría de Lisa era correcta y su trato estaba justificado? Nunca. Jamás admitiría algo como eso.
Falso o no, ese agujero tenía que desaparecer.
Se levantó de la cama con decisión y sacó la mochila. Hizo un último recuento de objetos antes de cerrarla: Cuerda, linterna, herramientas varias (en caso de tener que forzar la ventana), marcador rojo, tijeras, botella de agua (podría darle sed), pistola gancho... ¿Eh? Eso era nuevo. Lincoln la tomó entre sus manos y comprobó la cuerda y el gancho en la punta. Parecía real, y seguramente era funcional. Se encogió de hombros antes de volver a guardarla. ¿Dónde estaba? Pasamontañas con olor a pies, guantes para no dejar huellas (no iba a ser tan idiota para no estudiar lo básico del vandalismo), esfera navideña... ¿Eh? Otra vez no pudo evitar sorprenderse al ver la esfera navideña dentro de la mochila. ¿Mabel había estado jugando con sus cosas otra vez? Sostuvo la esfera navideña y la encontró fría al tacto. Antes la había sentido caliente, pero desde hace tiempo sólo podía sentir una corriente fría y a veces eléctrica de ella. No la había sujetado mucho desde entonces.
-Tendré que hablar con ella después. –Por otro lado, no le haría daño a nadie llevarla con él, así que la volvió a guardar dentro de la mochila. –Realmente tengo que estar enloqueciendo para llevara una esfera navideña a un allanamiento. –Pero si la policía lo atrapa, siempre podía alegar demencia, y a lo mejor hasta la tenía.
Buscando más cosas raras de encontró con gusanos de gomita claramente robados de la tienda y que se comió con menos culpa que aquel chocolate del aeropuerto y una carta de amor con un beso de brillitos sobre él.
Te estaré esperando.
Con amor, tú Mabel.
No decía mucho, pero el mensaje le dio ánimos. Había esperado una despedida en persona, o incluso que lo acompañe la mitad del camino, pero Mabel no había regresado desde hace dos horas. Tampoco era su dueño, y no podía ordenarle cuando aparecer y desaparecer. Besó la imagen de los labios y sintió un raro sabor a brillitos antes de hacer una mueca de asco. Se guardó la nota detrás de los pantalones y cerro la mochila.
Se colocó una vieja chaqueta negra con fondo blanco afelpado, el cierre estaba roto por lo que lo mantuvo abierto. Le quedaba un poco grande, pero serviría para protegerlo del frío, e incluso parecía tener bolsillos interiores cocidos a mano, uno era perfecto para colocar el diario número 1. El diario se ajustó perfectamente y se sintió totalmente listo mientras sacaba el mapa actual del pueblo y revisaba la ruta más cercana hacia la escuela.
Desde el techo de la cabaña del misterio, una pequeña figura vio como Lincoln saltaba torpemente por la ventana y caía con algo de dolor. Sus brazos podrían haberse fortalecido por cortar leña, pero sus piernas aun eran algo enclenques, pero eso se arreglaría por si sólo cuando el niño se viera obligado a correr por su vida. No había nada como una carrera de la muerte para ponerse en forma.
-Ah, realmente me hubiera gustado darte una despedida más... placentera, Comodín. Pero podrías necesitar la energía para otra cosa. –Comenzó a masajearse el pecho mientras lo veía marchar. –De haber sabido que este cuerpo podría experimentar tanto placer como dolor... Ah... Tendré que esperar un poco más.
Lincoln se alejó con cuidado de no hacer mucho ruido pese a estar ya lo bastante lejos. Mabel no pudo evitar comenzara tararear una canción de espías mientras lo veía internarse entre las sombras. Parte de ella creyó que se regresaría. No era más que un niño de once años después de todo, sería normal que a mitad de camino se asustara y regresara, o simplemente no se atreviera al final. Pero no lo haría, el trauma que sufrió era demasiado grande para ignorar algo como esto, y su determinación lo obligaría a seguir adelante.
Si todo salía bien esta noche, entonces le esperaban meses repletos de diversión.
Las cosas no estaban saliendo bien aquella noche, y Lincoln comenzaba a replantarse la idea de volver corriendo a la Cabaña del Misterio y ocultarse bajo las sabanas. Nada garantizaba que Stan no volvería a darle otra mirada mientras dormía y se encontraría con una cama vacía y un montón de ropa tirada por todos lados.
Pero en lugar de eso seguía moviéndose por las calles oscuras de un pueblo repleto de cosas raras en cada esquina. Las calles casi parecían el escenario de una película de terror, en cualquier momento aparecería el hombre quemado con la garrita listo para atravesarle el vientre. Y ahora es cuando se da la vuelta al darse cuenta de lo idiota que era todo. '
En lugar de hacer lo más lógico para un niño de su edad, continuó caminando y tratando de ignorar al hombre que encendía un cigarrillo de fabricación casera en la esquina y lo seguía con la mirada. Al menos todavía había personas normales que parecían caminar por la calle, y suficientemente egoístas para no preguntar que hacía un niño de su edad caminando por las calles.
Miró el cielo esperando verlo cubierto de nubes, eso sería lo único que faltaría para hacerlo sentir como aquella noche en que fue sacado a patadas de su propia casa. ¿Alguno de ellos habría ido a buscarlo? Lo dudaba, nadie saldría a la lluvia por él. Quizás ni lo estuvieran buscando ahora.
Mejor así.
Pero ese no era momento para volver a lamentarse por pensamientos que había tenido una y otra vez por semanas. Lo mejor era tratar de no ser atrapado por la policía o llamar la atención de extraños por las calles. La escuela no estaba muy lejos, y quedaría menos lejos si pasara por algunos callejones, pero ni en pesadillas se metería a un callejón oscuro detrás de un bar de después de media noche sólo para ahorrarse cinco minutos.
Al menos lo más peligroso que había visto hasta ahora eran adolescentes tomando cerveza barata sobre el capó de un auto en el estacionamiento de la otra esquina, y a ninguno de ellos parecía importarles mucho ver a un niño caminando por la calle, o estaban demasiado intoxicados por la basura que fumaban.
Stan le había mencionado que por Gravity Falls pasaban muchos tipos de drogas diferentes, especialmente los veranos. En aquella época los turistas siempre traían algo nuevo, y estaban muy dispuestos a comprar la basura que se cultivaba ilegalmente en algunas partes del bosque. Luego le dio uso consejos de donde no irse a pasear cuando aprendiera como orientarse por el lugar, y le dijo que se alejara de un antiguo supermercado en ruinas.
Retiró el mapa de uno de los bolsillos interiores de la chaqueta y buscó la calle por la que estaba.
-¿Eh? ¿Por qué no vi esto antes? –Lincoln se dio cuenta del círculo justo sobre la escuela. Lo había copiado el mismo del viejo mapa para tener algo más actual. Uno de esos puntos de gravedad estaba justamente en el lugar de la escuela.
El diario había detallado algo sobre los puntos de gravedad, y no eran el tesoro que Mabel podría haber imaginado. Los puntos de gravedad eran lugares en Gravity Falls donde la gravedad era peligrosamente alta. No era algo que podría sentirse; no te haría flotar por los aires, o te haría una masa deforme de carne y huesos triturados por el peso de tu propio cabello. Eran más lugares donde las paredes dimensionales eran más frágiles y podrían romperé. El autor había intentado crear ventanas, e incluso puertas para cruzar hacia esas realidades. Pero de un momento a otro, lo único que llenó las páginas fueron las referencias a aquella entidad que lo ve y lo sabe todo. Finalmente sólo hablaba de un portal...
Tenía sentido. Se había topado con un portal hacia una dimensión aterradora, era natural que fuera creado en uno de aquellos puntos de alta gravedad.
La alta gravedad también parecía ser la responsable de muchos de los sucesos extraños en el pueblo. Era el origen de lo extraño y sobrenatural. Lincoln se sintió tentado a sacar el diario número 1 y comenzara leer todo lo referente a los puntos de gravedad nuevamente, sentía que ahora podría entenderlo un poco mejor. Tenía un ejemplo esperándolo en la escuela después de todo.
Sin incidentes ni personas raras siguiéndolo por ahora. Eso era bueno.
Lo malo es que la escuela se veía aún más aterradora por la noche de lo que se veía por el día. Ese lugar si se veía como la entrada al último nivel de un videojuego de terror. ¿Era normal que se sintiera tan excitado? La emoción que sentía ahora no era algo que hubiera sentido nunca. Tenía miedo, pero también estaba emocionado.
No sería la primera vez que comete algún acto legalmente cuestionable por sus hermanas, pero sí era la primera vez que lo hacía por él mismo. ¿Era por eso que se sentía así? O tal vez era por estar a punto de averiguar si estaba loco o no.
-De todas formas, sólo quiero terminar con esto.
Retiró el diario del bolsillo interior y comenzó a releer todo lo referente al portal. No podía dejar de sentir ira cada vez que pasaba por todo eso de la buena fortuna y la suerte, incluso en la cabaña se sentía mal cada vez que veía esa bisutería que prometía un viaje seguro y repleto de fortuna.
No podía ir a esa escuela sabiendo lo que había ahí.
Terminaría con esa basura y regresaría a la cama, quizás Mabel ya lo estuviera esperando para contarle todo sobre su pequeña excursión, o simplemente quisiera abrazarlo mientras dormían. Tal vez tener relaciones, aunque dudó que tuviera las fuerzas para nada que no fuera meterse a la cama.
-Acabemos con esto.
Cerró el diario y comenzó a rodear la escuela.
