-Tengo hambre. –Murmuró mientras miraba la larga fila de almuerzos frente a él. Había terminado en la cafetería después de dar vueltas por todos lados, y eso hubiera estado bien, de no ser porque seguía atrapado en la distorsión. Al menos no era el mismo fragmento de tiempo que el de arriba. –Tendría que haber traído algo de comer, ¿Cómo iba a saber que iba a quedar atrapado en algo sobrenatural? –Había pensado que ni siquiera se atrevería a meterse en la escuela, pero terminó haciendo una mala imitación de James Bonne.

-¡Pelea de comida! –Un chico en la mesa de los nerds se paró sobre el banco con una gran cantidad de puré de papas y la arrojó a una chica en la mesa de los populares. –¡WU!

Nadie le hizo caso y siguieron comiendo. El chico se quedó con los brazos al aire mientras miraba alrededor en busca de algo de apoyo, incluso miró a sus compañeros mientras les hacía gestos con la cara y señales con las manos. Tragó saliva con las gotas de sudor corriendo por su frente mientras volvió a mirar hacia la chica a la que había ensuciado con puré de papas. A Lincoln le pareció la misma rubia de antes, la que parecía repleta de billetes para comprar a quién sea.

La rubia se limpió el puré de papas del cabello y chasqueó los dedos al aire.

Dos chicos con uniformes de futbol se pusieron de pie y se acercaron a la mesa de los temblorosos nerds. Lincoln lo ignoró mientras miraba alrededor de toda la cafetería. Las cosas no eran tan estereotipadas como lo había creído al principio. Había distintas mesas, pero no todas eran compartidas por una misma etnia, había muchas combinaciones y distintos chicos que iban y venían de un lado a otro, por lo que Gravity Falls parecía un lugar tolerante, incluso entre los jóvenes.

-Tendré que comprar toda la cafetería y restringir el paso a cierto tipo de chusma. –La chica rubia dijo en voz alta y clara mientras terminaba de limpiarse el puré de papas del cabello.

Bueno, casi todos los jóvenes. Sí salía de esta esperaba no terminar en la misma clase que ella. ¿Y qué una chica que tiene dinero para presumir no debería estar en una escuela privada para personas vanidosas y pomposas como ella? Lincoln prefirió ignorarla mientras seguía revisando el diario número 1. Tenía que haber algo en las memorias del autor o sus descripciones sobre los puntos de altas gravedades que le permitieran salir de esta entero.

Encontró algunas cosas sobre conjuros y magia, pero nada muy profundo. Lo ignoró. Podía creer en las rasgaduras porque al final tenían una explicación lógica, pero si comenzaba a relacionar la magia ahora, su cabeza explotaría. Movió las fórmulas mágicas y referencias a Dioses a la misma esquina de su mente que tenía toda la basura sobrenatural y misteriosa.

Descubrió formas de alterar la gravedad y usarla a su provecho, pero carecía de los materiales para lograrlo. El autor detalló una herramienta personal de su propia creación hecha para analizar, detectar y, en el casi de ser necesario, alterar aquellas distorsiones. A Lincoln le vendría bien ese tipo de herramienta, pero parece que el autor estaba asustado cada vez que la utilizaba y terminaba por volver más inestable las distorsiones. Escribió diez hojas de posibilidades en que su máquina podría crear un agujero negro que podría expandirse hasta ser lo bastante grande para tragarse todo Gravity Falls y finalmente el mundo entero.

-¿Por qué las fallas en la realidad que nos rodea tienen que ser tan peligrosas y difíciles de entender? –Él no era una Lisa para comenzar a estudiar cada nota y número que aparece y desaparece en las viejas páginas amarillentas de aquel diario. Todo lo que podía hacer era aprender lo que pudiera, planear, actuar y esperar a que todo saliera bien.

Y generalmente nada salía bien.

-Veamos, según esto estaré dando vueltas hasta el amanecer o quizás esté repitiendo las mismas cosas una y otra vez por la eternidad. Gran final para mi primera aventura en mi nuevo hogar. –Hubiera deseado que su primera aventura hubiera sido algo más común, como su primer turista borracho. Stan dijo que era una experiencia revitalizante. E incluso le mostró una fila de fotografías que lo mostraban dándoles de patadas en el trasero a turistas borrachos.

Cuando las vio, Lincoln sólo pudo preguntarse quién pudo haberse prestado para tomar todas esas fotografías.


Tratar de darse la vuelta ahora era imposible, subir por las escaleras sólo lo hacían bajar nuevamente, y tratar de salir lo transportaba a un punto aleatorio de cualquier momento del tiempo atrapado en la distorsión. El lugar era un laberinto de tiempos, momentos y pasillos oscuros. Tendría mejor suerte tratando de escapar de los monstruos y criaturas raras que aparecen en las películas de horror.

No es que deseara encontrarse con una.

-Hey, Wendy, mis padres no están esta noche en casa, ¿Te interesa pasar el rato? –Un chico que parecía haber pasado todo el recreo mirando al piso contra su casillero por fin levantó la cabeza y le habló a Wendy. Lincoln ya lo odiaba, ¿Cómo podían creer que eso era genial? Ese ni siquiera era su casillero, era el de un niño que no podía decidirse en decirle nada.

-Gracias, Billy, pero paso. –Wendy no le dio una segunda mirada mientras se marchaba por el pasillo.

Billy regresó a su posición como si no le importara nada. ¿Era consiente que el primer piso era para los niños de primaria? No le sorprendía que Wnedy lo ignorara, la mayoría de todos los chicos y chicas lo hacían.

-Un concejo, no trates de copiar el estilo "genial" de algún personaje de caricaturas, Billy. –Lincoln murmuró antes de dejarlo sólo.

Al menos había podido hacerse una idea de los pasillos y como reconocerlos mientras estuvo perdido. Lo malo es que las direcciones cambiaban a cada minuto. Tarde o temprano se toparía con un callejón sin salida y al momento de girar se toparía con otra pared, o se encontraría atrapado dentro de una pared. Lo vio en una película y no fue bonito.

Finalmente terminó en lo que le pareció que era un fin de semana. Los pasillos de la escuela estaban vacíos, pero bien iluminados por las luces que entraban por las ventanas.

-Cof-cof. –Se cubrió la boca mientras comenzaba a toser sin poder controlarse. El aire a su alrededor parecía cada vez más pesado y se volvía difícil de respirar. Ahora que lo pensaba, ¿Las distorsiones pueden quedarse sin aire? El diario no detallaba nada de eso, sólo que el aire no era un problema en un lugar donde el tiempo mismo parecía ser irrelevante. ¿Qué carajo significaba eso? ¿Iba a morir? –No quiero morir así. –Principalmente porque su cuerpo nunca sería encontrado si terminaba atrapado en las fallas del tiempo-espacio. Pasaría a ser un desaparecido más de los que abundan en Gravity Falls. Y son muchos.

La sensación pasó como si nunca hubiera estado ahí. Se sorprendió un poco por no haberse desmallado, por un segundo creyó que no podría contarla. Bah, aunque lograra salir no podría contarlo a nadie. Esto era una tarea egoísta por la que lo mandarían al manicomio de todas formas, así que era mejor mantener la boca cerrada.

-¿Eh? –Lincoln se quedó con la boca abierta sin tener idea de lo que estaba viendo ahora. Es decir, esto era técnicamente imposible, bueno, no lo era, pero tampoco creyó que fuera algo común, por otro lado estaba en un lugar donde nada era común. Aun así, esto parecía sacado de alguna página de imágenes varias, incluyendo las R-18. –¡AH!

Frente a él había lo que parecía ser una niña rubia de no más de seis o siete años de edad. Era una linda niña, su cabello estaba atado en dos coletas a los lados de su cabeza y tenía una pequeña diadema roja. Lo realmente chocante es que estaba sentada en el excusado con sus bragas hasta los tobillos y un lindo vestido verde totalmente levantado sobre su cintura. Lincoln tenía una visión clara de la inocencia de esa niña, no es que le importara, tenía hermanitas, y se había bañado junto a ellas más de una vez.

¡Pero la niña se estaba masturbando con furia!

Aquella niña ni siquiera se molestaba en ocultar sus gemidos mientras mordía fuertemente la punta de su vestido verde y lo mojaba con grandes cantidades de saliva mientras sus ojos parecían a punto de desaparecer dentro de sus parpados.

¿Las niñas hacían este tipo de cosas? Sí, lo hacían, como mencionó antes, tenía hermanas, y también las tenía mayores por lo que conocía un poco sobre la masturbación femenina, aunque no porque quisiera. Lo que no era normal era que lo hicieran tan jóvenes. Las niñas pequeñas carecían de un desarrollo sexual y una orientación hacia esos temas estaría penado por la ley.

-¡AAAHH! –La niña tensó su cuerpo sobre el inodoro y dejó escapar un líquido blanquecino por su zona más privada mientras sonreía enormemente y sus ojos parecían estar en el máximo placer. –Aahh. –Finalmente cayó rendida mientras jadeaba.

Lincoln desearía no haber visto esto. Realmente. Realmente desearía no haber visto algo como esto. Una cosa era ver un video que encontró en el historial sobre un trío entre dos chicas y un hombre extrañamente parecidos, pero otra muy distinta era ver a una niña pequeña masturbarse como si su vida dependiera de ellos.

La niña comenzó a enderezar su cuerpo con dificultad y movimientos torpes, miraba de un lado para otro como si no entendiera que estaba pasando o donde estaba. Finalmente miró su mano y aquel líquido que había salido de ella con una genuina confusión.

-¿Eh? ¿Dónde estoy? –Lo dijo con una voz pequeña y confundida. Todo rastro de depravación había desaparecido de aquella pequeña voz y sólo quedaba una inocente niña que miraba su mano sin entender nada en absoluto.

Ya eran dos.

Cortó un rojo de papel higiénico y comenzó a limpiarse sus partes privadas con cuidado. Lincoln trató de darle tanta privacidad como pudo al darse la vuelta, y de haber podido se hubiera ido desde el inicio, pero parecía estar atrapado dentro de un váter. Por la decoración de las paredes y las losas blancas, apostaría lo que fuera a que se trataba del baño escolar para niñas.

La niña se puso de pie con sus mejillas rojas, pero esta vez podía decir que estaban rojas por la vergüenza y no por... otra cosa.

La puerta del váter se abrió antes de que ella misma lo hiciera, y del otro lado había un hombre de edad madura, su piel estaba algo tostada y tenía un bigote que Lincoln reconocería en cualquier parte. Era el director de la escuela, el mismo que había estado masturbándose mientras miraba a la señorita Susan Reiner. Sólo el recuerdo de esa escena le traía unas nauseas aún mayores de las que había tenido al ver a esa niña masturbarse.

El director sonrió cuando vio la pequeña figura de la niña, y ese pequeño cuerpo atrapado en el vestido verde pareció encogerse todavía más. Sin decir ninguna palabra, y antes de que la niña pudiera gritar o lo que sea que haría una niña en una situación así, el director puso un pequeño silbato entre sus labios y sopló con fuerza.

No se escuchó nada.

El silbato parecía estar roto, porque todo lo que Lincoln escuchó fue el sonido del aire que escapaba por una pequeña abertura al final del silbato. Parecía ser un viejo silbato hecho de algo que podría ser madera de pino, los había en abundancia en el bosque y parecían usarlos para todo. Lincoln lo miró con extrañeza, pero en un segundo recordó que en ese momento debería estar cubriendo sus oídos por el enorme grito que la niña desconocida estaría lanzando ahora.

Un grito que nunca llegó.

Miró hacia atrás y encontró a la niña de rodillas con la cara roja y la respiración agitada, tenía una sonrisa extraña mientras sus ojos se dirigían directamente a los pantalones del director. Era la misma sonrisa que el director estaba dejando salir al dar un paso dentro del váter. Lincoln dio un paso atrás y agradeció que los baños femeninos fueran más grandes que los masculinos. ¿Qué estaba pasando ahí?

El director caminó hasta estar cerca de la niña y volvió a soplar por ese silbato de madera de pino. Mientras tocaba un sonido que sólo él parecía poder escuchar, la niña comenzó a desabrocharle el cinturón con salvaje desesperación, casi parecía dispuesta a arrancarle los botones con los dientes mientras el director volvía a soplar de aquel silbato mudo.

-¡AAAH! –La niña gritó y bajó los pantalones del director con fuerza. Se rio un poco cuando vio una tienda de campaña ya formada dentro de unos boxers a cuadros blancos y rojos. Los bajó con cuidado y liberó el pene del director con el glande ya descubierto. –Sí... Sí... Aah. –Lo acarició con suavidad y lo pasó por su mejilla como si se tratara de un pequeño animal. –Huele tan bien... –Lo pasó sobre su labio, justo bajo su nariz.

La sonrisa del director creció mientras volvía a sonar aquel silbato y la niña de sólo seis o siete años comenzaba a lamer el pene como si fuera una paleta, finalmente metió la punta dentro de su boca y comenzó a chuparlo con desesperación. No pudo evitar pensar en Mabel y las veces que ella había hecho ese mismo trabajo con él, sabía que se sentía increíble y cálido, pero por favor ¡Es una niña de siete años! Y ese hijo de puto debía estar por sus cuarenta.

No sólo era un crimen, sino que hace unos minutos la niña ni siquiera sabía que estaba pasando.

El director volvió a sonar el silbato y los ojos de la niña parecían salir de sus órbitas mientras pequeñas lágrimas escapaban de ellos y aumentaba la fuerza y velocidad con la que trabajaba en su pene. Lincoln sintió nauseas por ver algo así. Había crecido rodeado de hermanas pequeñas y sólo imaginarlas de esa forma le traía tanto asco como rabia.

-¡Basta! –Le dio un golpe al director, pero sólo consiguió atravesarlo. –¡Detente!

Le gritó a un pizarrón con algunos problemas de matemáticas sin resolver. Parecían ser problemas de secundaria con algunos cuernos y colas en los ochos y cincos. Posiblemente la odiada tarea del fin de semana.

-Todo por ti, lo haré todo.

Detrás de él había un chico de rodillas que parecía adorar a una chica vestida de porrista sentada sobre la mesa del maestro con las piernas cruzadas: era de cabello largo y castaño, un rostro perfectamente maquillado y piel pálida con un pequeño lunar en la mejilla. La chica tenía un pequeño espejo en la mano y lo apuntaba de tal modo que la imagen del chico quedara reflejada en el, le pareció ver que el espejo brillaba un momento antes de que la chica lo cerrara.

-Quiero que termines con la gorda Pig, ¿Entiendes? –Le dijo con seriedad. –Sólo saliste con ella como una broma. Le partirás el corazón sin piedad en medio del pasillo mientras haces sonidos de cerdo, quiero oír claramente los "oink-oink". –Se rio un poco mientras lo decía y saltó de la mesa del maestro. –Tienes suerte de que esté aquí para proteger la línea entre populares y perdedores, o idiotas como tú ya lo habrían echado a perder.

Lincoln miró a ambos sin comprender mucho de lo que estaba pasando. ¿Qué había pasado con la niña y el director? Tenía que regresar y detener esa locura... ¿Pero no había pasado ya? Estaba atrapado en una distorsión que se queda con momentos del tiempo en un orden aleatorio. Lo que vio podría haber pasado hace meses, o incluso años.

¿Tendría que llamar a la policía? Dudó que le creyeran si les decía como una niña era dominada por una fuerza rara para practicarle una felación al director de la escuela. ¿Y la chica de ahora? Tampoco le importaba tanto esa línea entre pomposos y no pomposos. Ignoró a ambos y salió por la puerta, tenía que encontrar algún rastro de la chica y... mierda, al menos saber quién era... Algo.

-Tengo que saber que está pasando.

Los pasillos se oscurecieron a su alrededor, todo sonido de charla y risas de los jóvenes se desvaneció mientras la oscuridad regresaba nuevamente a los pasillos. Lincoln lo contempló todo sin comprender absolutamente nada de los cambios hasta que miró hacia atrás y se encontró con los pasillos atestados de jóvenes, pero todos ellos eran incapaces de ver lo que él veía. Todos ellos seguían atrapados en aquel momento del tiempo.

-Que momento para escapar de la distorsión.


-¿Qué pasó después? –Mabel lo miraba con ojos brillantes. Hace una hora lo había ayudado a subir por la ventana y volver a meterse a su cuarto un minuto antes de que dieran las tres de la mañana. Las cosas se hubieran puesto muy peligrosas para esa hora según ella, y no sólo en el bosque. Realmente no quería saberlo, se había cruzado con sombras muy raras mientras regresaba a casa y no quería saber nada más sobre criaturas de pesadilla. –Vamos, Linc. ¿Qué pasó después? ¿Cerraste el portal? ¿Encontraste a los miembros de alguna clase de secta? ¿Tuviste una pelea épica contra alguna clase de monstruo horrible? Dime. Dime.

Mabel estaba acostada junto a él en la cama mientras lo bombardeaba con preguntas y detalles. La chica quería saberlo todo sobre su pequeña aventura en la escuela, y Lincoln había tenido que rellenar cada hueco hasta relatarle cada mota de polvo que cruzara sus ojos.

-No hay mucho que contar, Mabel. –Se encogió de hombros mientras se cubría un poco más con las abanas. –Bajé al sótano por una puerta que tenía un cartel con el nombre "Caldera", desde ahí sólo tuve que buscar la puerta indicada. No tardé mucho, tampoco me crucé con ninguna criatura rara no monstruo espantoso. Sólo remarqué cada parte del portal y ya está.

El rostro de Mabel se desanimó un poco. –¿Eso es todo, Lincoln? ¿No hubo nada más? ¿Una explosión de colores? ¿Una criatura que tratara de escapar del mundo para traer la muerte y pesadillas a este reino? ¿Nada de nada?

-Nop.–Si no podía ganarle a su hermana menor en vencidas, ¿Qué oportunidad tenía de ganarle a un monstruo horrible cuya sola visión podría volverlo loco? –Esto no es como en las películas Mabel, en el mundo real las cosas a veces salen como uno espera que salgan. O se ponen peor, que es como generalmente terminan las cosas en mi vida. –Aquella distorsión era una prueba de ello. Había visto cosas que no quería. –¿Y aquí? ¿Me perdí de algo? ¿Stan se dio cuenta de que me fui?

-No, aunque dejó un desorden en la cocina que espera que limpies mañana.

-Puedo vivir con eso. –Abrazó a Mabel fuertemente bajo las sabanas. Sólo su contacto se sentía bien. La niña frente a él podía ser un fantasma o cualquier otra cosa, y eso no le importaba. En tan poco tiempo lo había hecho sentir más querido de lo que su propia familia había logrado en once años de lo que podría ser considerado un amor totalmente falso. –Me alegra estar aquí. –Hubiera podido quedarse atrapado en ese espacio toda la eternidad, y ni siquiera se habría dado cuenta.

-A mí también me alegra que estés aquí, Linc. –Mabel le devolvió el abrazo fuertemente y pegó su cuerpo contra el suyo. Su cabello olía muy bien bajo su nariz, y su calor corporal lo hacía sentir relajado. Pasó su mano por sus cabellos castaños hasta llegar al final y sujetarla fuertemente por la espalda.

Estaba demasiado cansado para hacer nada más.

-Te amo, Mabel.

-También te amo, Lincoln. –Mabel respondió casi al instante.

Miente.

-¿Qué? –Lincoln se separó un poco de ella. –¿Dijiste algo antes?

-Sólo que eres muy lindo, Linc. –Mabel le dio un rápido beso en los labios. –Tienes que ver mis nuevos suéteres, nos detallan en nuestros momentos más románticos.

-Emm, no es por ofender. Pero no hemos tenido muchos momentos románticos, Mabel. –Ella no podía ir muy lejos de la Cabaña del Misterio, y el tiempo que podía estar fuera parecía ser aleatorio. Aunque no significaba que no hubiera momentos románticos entre ellos.

-¿Umm? –Mabel entrecerró los ojos mientras pasaba ambos brazos sobre su cabeza. –¿Y este no es un momento romántico? También otros... muchos otros momentos... íntimos entre los dos.

Lincoln tragó saliva. Sabía del talento de Mabel con las agujas, y no quería imaginar que clase de momentos podría detallar en sus suéteres, o que haría si de un día para el otro la veía usándolos. Habían hecho algunas cosas que podrían ser realmente embarazosas ver en medio de un suéter.

Como aquella ocasión hace una semana en que Mabel estuvo de espadas sobre la cama, entonces levantó sus piernas hasta que sus pies estuvieron sobre su cabeza y la mantuvo así mientras...

-¿Mmm? Parece que alguien tiene más energía de lo que puede darse crédito. –Mabel susurró mientras bajaba una de sus manos y sujetaba la erección recién formada en sus pantalones. –El sentimiento es mutuo, Linc.

Metió su mano dentro de los pantalones de algodón que usaba para dormir y comenzó a revolver sus dedos sin dejar lugar sin explorar. Finalmente lo presionó fuerte mientras volvía a besarlo.

-Tengo que ayudar a esa niña. –La imagen de la niña no había podido escapar de su mente, ¿Qué le había hecho el director? De una niña de siete años totalmente confundida había pasado a ser una especie de ninfómana que vive para el sexo. Algunas de las muecas que había hecho eran demasiado lascivas para una niña que ni siquiera había entrado en la pubertad. –Algo... pasó con ella.

-¿Pensando en niñas en este momento, Linc? –Mabel se rio por lo bajo. –Que chico más travieso. Tendré que castigarte por pensar en niñas pequeñas.

-No Mabel, es ¡AH! –La presión y la intensidad de los movimientos de Mabel aumentó. Le costaba respirar mientras su novia continuaba con sus movimientos y le daba una pequeña mordida en el cuello. –Vi cosas... inexplicables. –Lentamente se dejó llevar.

-Esto es Gravity Falls, Lincoln. Cosas raras e inexplicables suceden en Gravity Falls.

Lincoln dejó de escuchar y comenzó a devolverle la mordida con suavidad. Ya podrían hablar mejor por la mañana, a menos que Stan lo despertara con un balde de agua.

Valdría la pena.