Todo había estado relativamente tranquilo el resto de la semana. No más insistencias de Mabel sobre los puntos de alta gravedad desde que le dijo sobre lo que eran realmente y todo el daño que podrían causar, podría haberlo sabido antes de haber puesto más atención a las palabras del diario, pero a veces no entendía nada y siempre le pareció una lectura para relajarse con algo de la ciencia ficción de un lunático. Ahora lo veía como lo único que había impedido que se volviera loco en esa maldita distorsión.

Desde entonces se había tomado su tiempo para leerlo cuando tenía tiempo libre. No es como si planeara hacer algo como eso en el futuro, pero al menos le gustaría estar preparado, era el hombre del plan después de todo. Siempre era útil tener dos planes bajo la manga derecha y otros tres en la izquierda.

Arregló un poco mejor el cuello de su camisa blanca, quería lucir bien en su primer día de clases, pero tampoco quería verse como un pelele. Se colocó con cuidado la chaqueta marrón calara que le dio Stan y se recogió las mangas.

Lo que había visto en la distorsión lo había alterado mucho, ¿Todo eso era real? No podía quitarse el rostro de la niña de la cabeza, no le importaba lo que aquella chica del espejo hacía con el otro chico, pero la niña... ¿El director era un maldito pederasta? Lincoln había querido decirle a Stan lo que pasó, pero Mabel lo convenció de que sólo lo haría sonar como un demente... Sin mencionar que confesaría haber huido por la noche para meterse a escondidas en la escuela.

Aunque en esto último podría molestarse porque no trajo ningún recuerdo.

...En cualquier caso no era su problema.

No le agradaba pensar así, pero no sabía nada sobre la niña, el director o cualquiera de Gravity Falls. Era sólo un niño normal que quería tener una vida normal. Nada de meterse en donde no lo llamaban. Lo de anoche había sido la excepción porque... porque no quería ir a una escuela donde se encuentra un círculo que podría probar que la suerte y la buena fortuna son reales. ¿Cómo podría soportarlo? Su familia entera lo marginó y echó de casa por algo tan precario como la suerte.

Estaría traumado con todo lo referente a la suerte el resto de su vida, ¿Y tenía que tolerar la existencia de algo que sacrificaba personas por buena suerte? No, gracias.

Revisó la nota que la escuela le había mandado por correó. Su primera clase era en el primer piso, en el salón 2-A. Era la clase de historia, y más tarde tendría ciencias y matemáticas. Aparte de la historia, estaba seguro de poder resistir un poco con la ciencia y matemáticas.

-Puedo hace esto.


No podía hacer esto.

Maldición, no podía hacerlo. Todo su cuerpo temblaba como una hoja al estar frente a frente con las enormes puertas de la escuela pública de Gravity Falls. No era como la semana pasada cuando había ido un fin de semana tomar la prueba de conocimiento. Esto era real. Aquí empezaba todo. En cuanto cruzara esas puertas estaría dejando todos los restos de su antigua vida atrás.

Su nueva vida como un Withe y la despedida de su existencia como Loud.

-Vamos, Linc. –Wendy colocó su mano suavemente sobre su hombro. –No es tan malo como parece, y sólo son cuatro años y medio desde ahora. Sobrevivirás. Sólo recuerda que la mesa en la que te sientes desde ahora decidirá tu estatus social durante el resto de tu vida escolar.

-Gracias Wendy, ahora me siento fantástico. –Sabía sobre esas cosas desde su antigua escuela. Aunque esta no parecía tener tantas separaciones de etnias, aun así era importante escoger la correcta. No sabía cuánto tiempo exactamente había pasado desde los momentos en el tiempo que visitó la semana pasada, pero esperaba que las mesas no hubieran cambiado mucho desde entonces. –Trataré de hablar con algunos de mis compañeros y que me dejen sentarme con ellos... ¿Qué tan difícil puede ser?

-Eres joven y lindo, las niñas estarán desesperadas para sentarse contigo, Linc. –Pasó su mano por sus cabellos. –Entremos juntos, todavía tengo que hacerte de guía por el lugar. No querrás perderte por los ductos de ventilación otra vez, ¿Verdad? Borita a estado muy intranquila esta semana.

-Umg. ¿Me recuerdas porque una escuela permite que una serpiente gigante recorra los pasillos y se coma a uno o dos estudiantes de vez en cuando, Wendy?

-Bueno, ella siempre los regresa al final. –Wendy le respondió antes que nada. –Pero creo que tiene que ver con el espíritu escolar, o una actitud dura tipo "Somos tan duros que podemos dejar correr a serpientes gigantes por la escuela. ¡No se metan con nuestra escuela, perras!" –Se rio un poco. –Aunque sólo hay otras dos escuelas en la ciudad, y por lo general se la pasan peleando entre ellas para molestarse en nosotros.

-¿Tienen rivalidad en los deportes? ¿O tiene que ver con los fondos que recién de la ciudad?

Wendy pareció pensarlo un poco. –Creo que es más porque están construidas una frente a la otra.

-Que raro.

-Uno se acostumbra a ver cosas raras... Por cierto, ¿No has visto nada raro últimamente, Linc? –Wendy lo tomó del brazo y comenzó a arrastrarlo hacia la puerta contra su voluntad. –Ya sabes, ¿Personas pequeñas? ¿Personas grandes? ¿Monstruos prehistóricos voladores? ¿Creaturas raras? ¿Cabezas de cera que van de un lado a otro porque cierta persona es demasiado floja para sacarla de los ductos de ventilación?

-Trato de no pensar en eso, Wendy. –Lincoln sintió como su estómago comenzaba a volcarse en cuanto dio un paso adentro. Era diferente recorrer esos pasillos como un alumno más, de lo que era recorrerlos como un desconocido inseguro de su propio nombre. –Prefiero verlo como un mal sueño producto de una dieta de papas y comida enlatada.

-Sí, esperaba que Stan te hubiera explicado las cosas pero... En Gravity Falls pasan cosas raras. La mayoría son inofensivas, así que no les pongas mucha atención y trata de no perderte en el bosque. –Soltó su brazo y lo dejó ir por si mismo. –Y hagas lo que hagas no confíes en las hadas. Esos pequeños insectos sólo harán que te pierdas para burlarse de ti y te dejaran totalmente solo mientras hacen ruidos raros para alejarte del camino correcto. –Wendy parecía hablar como si tuviera experiencia siendo engañada por hadas de fantasía. Como siempre, no iba a preguntar.

-Tranquila, me alejo de todos los puntos brillantes que me llaman desde el bosque fuera de mi ventana por la noche, Wendy. –¿Qué idiota iba a ir al bosque en medio de la noche sólo porque unas bolitas brillantes se lo pedían amablemente? Eso era de películas y cuentos de terror. Las personas normales no eran tan simples. –También me auto-convencí de que la cabeza de cera es sólo otro tipo diferente de ratón parlante. Estaré bien.

-Mm, mejor que la mayoría. Algunas personas de fuera terminan regresando a casa con una camisa de fuerza mientras gritan sobre tentáculos que salen del inodoro y se roban su desayuno por las mañanas. –Le dio un golpecito en el hombro más suave de lo que Lynn nunca había sido. –Eres buena onda, Linc Withe.

-...Gracias.

Ahora sólo tenía que convencer de eso a medio cuerpo estudiantil. Lo que sería fácil si la mayoría de ellos no se detuvieran para verlo fijamente mientras caminaba por los pasillos. Pudo escuchar susurros extraños sobre su cabello blanco... Se sintió nuevamente en la guardería, cuando otros niños se metían con él y sus hermanas por su albinismo. Pero ahora era peor.

Escuchó más susurros sobre Gleeful, o algo parecido. Stan le había advertido que dejara claro desde el primer día y ante cualquiera que no tenía nada que ver con ese apellido, pero no podía. No tenía el valor de dar una mirada a quien estaba susurrando esas cosas, ni siquiera sabía si lo reconocería con tantos ojos sobre él.

Sólo faltaba que alguien comenzara a gritar sobre la mala suerte y las ardillas y sería como sus últimos días en Royal Wood.

Wendy pareció notar como se sentía ya que puso una mano sobre su cabeza y les lanzó una mirada amenazante al resto de los chicos. Tener la reputación de un niño que tuviera que ser defendido por una chica mayor no era precisamente lo que buscaba, pero si era algo a lo que estaba acostumbrado.

-¿Quién es Gideon? –Susurró sin despegar los ojos del piso. –Stan lo mencionó como un niño regordete de cabello blanco y pecas que siempre causaba problemas, pero no creo que eso pueda bastar para que cada persona me mire como si hubiera tirado a su abuelita por las escaleras, varias veces.

-Un niño malo, Linc. –Wendy le respondió sin dudarlo. –No me refiero a alguien travieso o el típico niño que hace maldades, me refiero a alguien que hace cosas malas sin importar la seguridad o vidas de todos a su alrededor. –Guardó silencio un segundo. –Era un egoísta que sólo pensaba en si mismo y lo que quería, no le interesaba presionar o extorsionar a las personas por lo que quería. Una basura.

-En otras palabras, me parezco a un niño trastornado. –Suspiró. –Y yo que creí que sólo tendría que preocuparme por mis compañeros, los mantones y las burbujas de mi pancita cada vez que viera a una niña con la falda más arriba de las rodillas. –Las que parecían abundar por los pasillos. ¿Dónde estaba el pudor de la vieja escuela? Incluso Lola parecía comenzar a interesarse por esas cosas, y Liberty le había preguntado más de una vez si se vería linda con ellas... mientras levantaba su propia falda hasta que accidentalmente le mostrara su ropa interior. –No importa, ya me esperaba un trato así. Aunque no esperaba que fuera por parecerme a un psicópata juvenil.

-Se les pasará cuando te conozcan. –Por alguna extraña razón lo dudaba. –Mira, ya llegamos. –Wendy lo detuvo frente a un casillero con el número A-43. –¿Recuerdas la combinación? De no ser así puedo enseñarte como forzar una cerradura con un broche para cabello.

-La repasé antes de venir... Pero te llamaré si se me olvida. –Comenzó a colocar los tres números de su candado y abrió su casillero. Por un segundo pensó que vería sus libros y la ropa que solía guardar en caso de que la suya quedara demasiado sucia por cualquier tipo de incidente en el que sólo él parecía meterse. Pero sólo vio los libros de tercera mano que Stan había enviado a la escuela. –Mi primera clase era ciencia, ¿Verdad? Según las notas estábamos a punto de practicar disección con ranas. –Y que era una tarea en equipos, por lo que tendrían que colocarlo con alguien más.

-¿Miedo a las ranas?

-Miedo a mi compañero. –¿Pero no era así para todos los nuevos? Lincoln se había cruzado con algunos en su anterior escuela, por lo general los evitaba hasta que los veía comenzar a relacionarse con los otros y luego trataba de conocerlos. Era mejor saber que tipo de personas eran antes de acercarse, ¿Sería lo mismo para él? –¿Cómo se supone que inicie una conversación?

-Sólo suéltate y déjalo salir todo, Linc. –Wendy metió las manos en los bolsillos de sus pantalones y pasó junto a él. –Tengo cosas que hacer, nos veremos a la salida, y trata de no meterte en ninguna pelea. Le prometí a Stan que te regresaría de una pieza. Nos vemos bola de nieve.

Lincoln se vio tentado a abrazar su torso y rogarle porque no lo dejara sólo, y miren que sería justificable. ¡Tiene once años! Por otro lado, no necesitaba tener más mala reputación... O arrastrar a Wendy con él.

Comenzó a revisar sus libros. Algunos estaban algo rotos, pero otros parecían casi nuevos. Decidió ignorar los sellos con la palabra "Biblioteca Gravity Falls" y revisarlos por dentro. Miró a su alrededor con algo de cuidado y metió su mano dentro de aquella chaqueta un poco grande para él.

Una parte de aquella mano de seis dedos dorada brilló frente a sus ojos. ¿Debería guardarlo? Había comenzado a sentirse desnudo si no tenía el diario número 1 con su persona todo el tiempo. El conocimiento de esas páginas había salvado su vida, no quería desprenderse de él ahora. Mabel también le había aconsejado que lo mantuviera consigo todo el tiempo, pero no lo comentara con nadie.

Unos murmullos comenzaron a escucharse a su espalda y guardó nuevamente el diario dentro del bolsillo interior de aquella vieja chaqueta. Tardó un poco en darse cuenta de que no eran por él, eran más por la persona junto a él. La puerta de su casillero le impedía ver a quien sería su compañero durante el resto del año escolar, pero parecía llamar mucho la atención.

-Muy bien, Linc. Esta es tú oportunidad. Sé amable, pero no demasiado. Relájate, y no te trabes. Pero tampoco seas muy brusco. ¡Dile hola! Pero sin gritarlo. –Fingió que revisaba más de sus libros mientras reunía voluntad para decir una palabra. –Si todo sale bien, el chico junto a ti será tu mejor amigo. –Pero nunca igualaría a Clyde. Él fue el único que nunca lo abandonó.

Recordar esos momentos era doloroso. Sus hermanas gemelas no dejaban de advertirle sobre mi mala suerte y como debería mantenerse alejado de él. La respuesta de Clyde fue preguntarles si se habían vuelto locas... Al final casi termina tan marginado como él. Fue Lincoln quien lo convenció de que se mantuviera alejado cuando comenzaron los rumores de que él también podría tener contagiada la mala suerte.

Clyde había intentado ir con los maestros, pero la intervención de las autoridades de la escuela sólo lo metió en más problemas con sus padres y hermanas.

Pero eso no tenía que pasar ahora.

Tragó saliva y reunió toda la voluntad que tenía en su interior.

-Vamos, Linc. Es tiempo de empezar de nuevo.

Cerró la puerta con lentitud.

-H-hola, gusto en con...certe.

Junto a él, con la mano extendida a punto de sacar un libro de ciencias, se encontraba una chica de cabello rubio corto con mechones azules y blancos. Lincoln no tuvo que desviar la mirada de su rostro para saber que tenía puesta una camisa rasgada que dejaba ver su ombligo y el logotipo del pueblo con la palabra "Depravity Falls" en ella.

Pacifica lo miró con ojos azules sorprendidos antes de dejar salir una mueca de furia. Antes de que Lincoln pudiera decir nada más, la chica ya lo había tomado por el cuello de la camisa y golpeó su cuerpo contra los casilleros. Para tener los brazos delgados, la adolecente tenía mucha fuerza. Pacifica acercó su rostro al suyo mientras trasladaba una rodilla bajo su entrepierna y respiraba con fuerza sobre su rostro.

-¿Gu-gusto en volver a verte? –Lincoln intentó sonreír.

Pacifica estrechó su mirada.

-Escúchame pedazo de mierda. –Susurró mientras una de sus manos lo soltaba y se metía dentro de uno de los bolsillos de su falda. –No me mires, no me hables, ni siquiera respires cerca de mí. De otro modo... –Lincoln sintió algo muy frío bajo su cuello y un terror primitivo se apoderó de él mientras su cuerpo quedaba totalmente inmóvil. –...¿Entiendes?

Su única respuesta fueron sus dientes castañeando dentro de su boca.

-Bien. –La navaja se retiró de su cuello e hizo un sonido de click antes de replegarse. –No me agradas, mini-Gideon. Y será mejor que lo tengas presente.

Lincoln quería preguntar por qué, pero la chica no parecía estar dispuesta a dejarlo decir nada. Él tampoco se sentía con energías de decir nada. Al menos todos los chicos a su alrededor habían dejado de mirarlo mientras la niña lo amenazaba de muerte contra los casilleros.

Pacifica recogió su libro de ciencias y cerró su casillero con un fuerte portazo.

No le dio una segunda mirada.

Lincoln se arregló el cuello de la camisa y trató de ignorar las miradas que nuevamente regresaban hacia él. Los miró por un segundo y las miradas volvieron a alejarse. Bueno, al menos no se estaban burlando de él por dejarse amenazar por una niña.

-Bienvenido a la escuela.


-Niños y niñas, hoy tenemos un nuevo alumno y una alumna que retoma sus estudios. –Susan. De todas tenía que ser Susan. La mujer que vio masturbarse por los ductos de ventilación. Y lo peor de todo es que no era una mujer fea, de hecho era algo atractiva, lo que lo hacía sentirse algo inseguro y avergonzado mientras sentía su mano sobre su hombro. –Les presento a Linc Withe. –Como esperó, algunos niños dejaron salir una pequeña risa cuando escucharon su falso apellido y miraron su cabello. Y la niña junto a él bufó del mismo modo que había bufado la primera vez que se vieron. –Y la niña aquí está retomando sus estudios después de... problemas personales. Ella es mayor por dos años, por lo que espero la respeten... Y en el futuro, señorita Pacifica Northwest, espero que pueda corregir un poco su vestimenta.

Y podía ver porque. Pese a su forma de actuar, no había duda de que era la niña más linda que había visto en toda su vida. En algunos años, si su desarrollo iba por buen camino, incluso podría competer contra Leni. Y si combinamos todo eso con ese atuendo y la ponemos con un montón de niños y niñas ya entrando en la edad problemática... bien, Pacifica no podía ser un buen ejemplo. La mayoría de los chicos trataban de no desviar su mirada hacia sus piernas.

-Ahora niños, ya que los dos son nuevos y aún tienen que ponerse al día... –¿Sí? –Y en estos momentos estamos en un proyecto de grupo... –Oh, no. –¿Por qué no toman aquella mesa y trabajan juntos? –Susan señaló una mesa vacía dos filas atrás. –Hoy tendremos un interesante trabajo de disección. Estoy segura de que les encantará.

Me lleva mi mala suerte! –Lincoln pensó con fuerza mientras caminaba con nerviosismo hacia la mesa. Algunos niños lo miraron de reojo y él trató de sonreír un poco para disimular su miedo.

-¿Por qué tengo que trabajar con el puto de pelo blanco? –Pacifica no se cortó en criticarle. –Prefiero trabajar sola antes que con esa mierda. –El tacto de la niña le sonó casi divino. En el mejor de los casos sería expulsada de la clase y lo pondrían con otro grupo. Uno que le señalara algunos puntos, hablarían un poco por lo bajo, dejarían salir algunos chistes y comentarios ingeniosos y...

-Señorita Northwest, sus padres vinieron personalmente para indicarle al director que tomáramos las medidas necesarias para asegurar su aprendizaje. –Le sonrió, pero Lincoln vio la culminación de todas sus fantasías en aquella sonrisa. –¿Le gustaría que inclinara su cuerpo contra la mesa y comenzara darle nalgadas con mi regla frente a toda la clase? –Eso llamó la atención de todos los chicos... y algunas chicas. Aquella imagen de Pacifica con su falda levantada y recibiendo nalgadas era demasiado excitante para dejarlo ir.

¿Mabel lo había pervertido? Últimamente tenían relaciones todas las noches, y ella siempre estaba libre para probar cosas nuevas... Decidió dejar de pensar en eso antes de que la tienda de campaña en sus pantalones se forme y sea conocido como el primer niño que tuvo una erección al momento de diseccionar una rana.

Pacifica se cubrió el trasero por instinto y comenzó a caminar hacia él mientras rechinaba los dientes. Lo peor es que lo miraba como si el tuviera la culpa... Una mirada muy familiar y que comenzaba a molestarlo.

-Calma.

-Será mejor que borres todas las fantasías raras que me incluyen inclinada contra la mesa, pervertido.

-Sin problemas. –Justo ahora estaba teniendo una mucho mejor que incluían un bate.

Sería una hora larga.

-Por cierto, el profesor Arbia se reportó enfermo, por lo que tendremos dos horas extras de ciencia.

Puta madre.

-Ahora, Gerson, ¿Podrías tomar esta caja y comenzar a repartir las ranas? –Tomó una caja detrás del escritorio. –Linda, se una buena compañera de equipo y ayúdale. Los demás abran su libro de ciencias en la página 103. –Miró hacia ellos antes de continuar. –Lincoln y Pacifica, si no entienden algo no duden en levantar sus manos.

Pacifica no se molestó en contestar mientras sacaba unos audífonos del bolsillo de su falda y comenzaba a seleccionar algo con su celular. Bien, al menos con eso lo dejaría en paz.


-¿Podrías hacer algo más que ignorarme mientras escuchas música pirateada de internet? –Lincoln le gruñó a pacifica mientras trataba de clavar las agujas en la piel de la rana para impedir que su estómago se cerraba. Había seguido las indicaciones del libro, pero esa cosa no le advertía que la sangre saltaría o que tuviera cuidado de no rasgar demás. –Esto es asqueroso.

-No molestes. –Pacifica ni siquiera lo vio mientras se reclinaba en su silla.

-¿Te das cuenta de que somos los únicos que aún siguen tratando de usar las agujas? –Los demás grupos ya estaban separando los órganos de la rana en una pequeña bandeja y tomando notas en sus cuadernos. Sólo ellos estaban más retrasados que los otros después de haber pasado más de la mitad de la hora.

Lincoln había tenido que limpiar todo el reguero de sangre y aquel líquido verdoso que pareció salir de las tripas de la rana. Quería tratar de pedirle otra a Susan, pero verla a los ojos era difícil después de verla gimiendo sobre una mesa mientras se masturbaba con furia. Ah, tardaría una eternidad en sacarse esa imagen de la cabeza.

Luego estaba su compañera de equipo. La chica con la que tendría que compartir dos horas después de ser amenazado de muerte por ella por el único hecho de tener que compartir un casillero el uno con el otro, ¿El diario 1 tendría algo que pudiera mantenerla alejada? Tendría que revisar más tarde. Creyó recordar algunos sellos para mantener alejadas a las personas sin que estas se dieran cuenta de nada. Tendría que probar algunos cuando regresara a la cabaña.

-Me cago en mi mala suerte. ¿Realmente la tengo? Las cosas malas parecen seguirme sólo a mí... Por otro lado, siempre terminé por solucionar las cosas al final. Eso es más de lo que cualquier niño de once años en mi posición hubiera logrado. –El pensamiento no lo hizo sentir tan bien como creyó. –Sólo tengo que soportarlo... Su mirada. –Las miradas siempre fueron lo peor. ¿Cómo debería sentirse si las personas que dijeron amarlo comenzaban a verlo como un monstruo? Lo miraban como si su único propósito en el mundo fuera traer la ruina a la familia.

Pero eso ya no importaba.

Ahora las miradas eran por razones totalmente diferentes. Quizás le molestaba porque como la vez anterior, aquí tampoco estaba justificado. Sólo no le agradaba y ya.

Que chica más sensualmente problemática.

-¿Acabo de pensar "sensualmente problemática"? Mierda, aquellas noches con Mabel realmente me están afectando. –Aquella niña siempre parecía lista para más, especialmente cuando incluía esa bola navideña en sus encuentros sexuales. Pero esos no eran pensamientos para cuando estuviera desarmando una rana.

Eran pensamientos para después de acostarse con Mabel.

-Bien, al menos pásame la charola. Tengo que comenzar a separar estos órganos antes de que toque el... –El timbre comenzó a sonar en ese momento. La primera hora de ciencias había terminado. –...Timbre. –Miró a su alrededor y notó que la mayoría de los niños ya habían terminado su trabajo. Ellos eran los únicos que parecían seguir atorados con la separación de órganos.

Pacifica no dijo nada y comenzó a caminar fuera del salón sin darle ni una mirada. Podría tolerarla si al menos hubiera tomando notas, pero lo máximo que había hecho fue tararear su parte favorita de cual sea la canción que estuviera escuchando.

Bien, él también perdió tiempo al momento de ponerle la mascarilla y soltar el gas que terminó con la vida de la pobre rana. Lana lo hubiera odiado de no odiarlo ya.

-Nada como el primer día de clases.


-¿Cómo terminé aquí?

Dos horas haciendo el trabajo de dos no le habían dado mucho tiempo para socializar con nadie en el salón de calases, y se tomó el receso para explorar un poco la escuela durante el día y donde podría ser menos juzgado por tener el cabello blanco.

En ninguna parte.

Un chico de secundaria incluso le había preguntado si tenía relación con la familia Gleeful. Lincoln aprovechó ese momento para decirle que era un Withe y no tenía nada que ver con una familia de la que no había sabido nada hasta que llego a Gravity Falls. Y ese no fue el último.

Ese no era el tipo de interacción social que buscaba.

Y ahora estaba compartiendo una mesa con Pacifica Northwest.

-Si no te agrado, ¿Por qué te sientas conmigo?

-Porque nadie quiere estar cerca de ti, y yo quiero que me dejen sola, idiota. –No tuvo piedad en el comentario. Por otro lado, lo que dijo era verdad. La mayoría de los chicos se alejaban de él.

Más que sentirse aliviado de no ser el centro de las burlas, se sentía como si nuevamente lo hubieran acusado de tener mala suerte y trataran de evadirlo. Ese Gideon debía de haber hecho algo realmente malo para que sólo el cabello blanco fuera razón para evitarlo.

Le daba nauseas.

Y la chica frente a él no lo hacía mucho mejor.

-No me mires. –Pacifica le dio una gran mordida a un sándwich de jalea mientras cerraba los ojos y se concentraba en su música.

Esperaba que esto sólo fuera por hoy. Podría recuperarse de un día junto a Pacifica, pero todos los días... Su reputación se vería aún más comprometida si comenzaban a relacionarlo con ella.

Esta era su oportunidad de volver a empezar y no la iba a dejar pasar por una brabucona con navaja. Aunque tampoco creyó que podría librarse de ella de la misma forma que con Ronnie Anne. –Posiblemente me apuñale en un riñón si me acerco lo suficiente para eso.

Tendría que aguantar por hoy y comenzar a evadirla mañana.

Stan le había dado algo de dinero bajo la amenaza de sacar buenas notas si quería ver más en el futuro, por lo que pudo comprarse algo para el almuerzo. Siguió el concejo de Wendy y se alejó del puré de papas y los espárragos. Todo lo demás no era una combinación de comida recién hecha y una combinación de sobras.

Por lo que su almuerzo era sólo un sándwich de jamón, algo de ensalada y algo para beber. El resto del dinero lo ahorraría o se lo devolvería a Stan.

Pasó los ojos por la cafetería. El lugar era tal y como lo recordó dentro de la distorsión. Los chicos populares estaban juntos en una parte del comedor, mientras que había otra mesa repleta de chicos y chicas que parecían ser del estilo de Pacifica. ¿Por qué no se sentaba con ellos? Los demás eran muy normales.

Un chico comenzó a acercarse. Caminaba con los ojos cerrados y la mirada algo gacha hacia donde estaban ellos. Lincoln lo reconoció como aquel chico que se hacia el genial en los pasillos de primer año mientras se respaldaba contra un casillero que no era suyo. Sólo verlo caminar le traía vergüenza ajena. ¿Nadie podría decirle que se ve ridículo? No quería ser él quien le dijera que lo que sea que mira por Tv no es lo mismo en la vida real.

-Pacifica... Ya sabes, es agradable verte otra vez y todo eso. –Ni siquiera la miró. Sólo lo dijo y luego se fue con un rostro serio como si no significara nada. Lincoln se cubrió el rostro con ambas manos para cubrir su vergüenza. Tendría que haber tomado el sándwich e ido a comer afuera.

Pacifica hizo una mueca, pero fuera de eso no le contestó. Debía ser peor para ella siendo el objetivo de aquel idiota.

-¿Ni siquiera puedes mantener a ese tipo de personas atrás? Que inútil que eres, pedazo de mierda.

-Siento mucho ser apático hacia todos tus problemas y existencia general.

-No me sueltes tu mierda intelectual, nerd.

-No me sueltes insultos que sólo tengan la palabra mierda, punk.

Pacifica lo miró con seriedad. –¿Quieres una repetición de lo que pasó en los casilleros, enano? –Llevó una de sus manos hacia el bolsillo de su falda y Lincoln escuchó un pequeño clic.

-¿Tomando en cuenta que no pudiste ni ver como cortaba el estómago de una rana sin ponerte algo verde? Sí, lo vi. –Hubiera sido imposible no verlo con aquella piel tan blanca. –No busco problemas contigo. Así que sólo déjame en paz y yo haré lo mismo.

-Que te den por donde más te gusta, hijo de puta. –La chica regresó a su almuerzo. Lincoln había guardado la esperanza de que lo dejara sólo, pero sabía por experiencia que las cosas nunca tienden a ocurrir como las planee.


Sólo dos horas más y le diría adiós al peor día de clases que hubiera tenido. Hasta ahora no había podido conocer a nadie nuevo, pero por lo menos no había sido el centro de burlas de toda la escuela. Aunque si se convirtió en el objetivo de insultos de una adolecente con la que parecía compartir todas las clases al haber repetido dos veces el año.

¿Quizás podría tratar de unirse a un club? Eso daría buenos resultados para conocer gente nueva.

-Atención chicos. –Un hombre con barba al mejor estilo Sigmund Freud entró al salón de clases. Incluso tenía puestas gafas circulares pequeñas que comenzaban ya a deslizarse por el borde de su nariz. –Veo que tengo un rostro nuevo y uno que no había visto en un tiempo. –Miró una libreta sobre su escritorio. –¿Linc Withe? Nombre más conveniente. –Hubo algunas risas ante esas palabras, y Lincoln había decidido que no le agradaba ese profesor. –Y Pacifica Northwest... Un poco diferente de la niña mimada que todos recordábamos con cariño. –¿Eso fue una pisca de sarcasmo?

-¿Quieres pasar otra temporada en la cafetería? –Pacifica le respondió con dureza.

El profesor sólo sonrió. –Perdiste ese poder en el momento en que tus padres pidieron hacer lo necesario, Northwest.

Pacifica chasqueó la lengua y desvió la vista. –Esos inútiles.

-Bien, para quien es no me conozcan, mi nombre es Rufus Alicor. –Se acercó a la pizarra y bajó un diagrama. –Y se me a pedido que el resto de las horas les dé educación sexual.

Lincoln abrió los ojos como platos en el momento en ver un diagrama de las partes femeninas y masculinas del cuerpo humano, y junto a él, Pacifica casi cayó de su pupitre.

-Como todos fueron informados... Menos dos personas por lo que veo. –Se acercó a los alumnos mientras llevaba sus manos detrás de la espalda. –Muchos niños hoy en día comienzan a experimentar el sexo a edades demasiado tempranas, por lo que no son conscientes de los riesgos. –Bueno, eso es verdad. Hasta ahora Lincoln había estado teniendo sexo con Mabel cada noche sin preocuparse mucho por eso de la protección o limitaciones de distintos actos sexuales. –Esta clase no tiene como objetivo alejarlos del sexo o aterrarlos sobre las relaciones. Tiene como objetivo ponerlos bajo aviso de las distintas enfermedades de transmisión sexual, los riesgos del embarazo en la juventud, y como reconocer a un posible abusador sexual. –¿Realmente le iba a enseñar todo eso a niños de once años sobre el sexo seguro? La mayoría de ellos sólo miraban el diagrama mientras fingían que veían al profesor Rufus.

-Ahora bien, les he traído una pequeña guía de diez páginas para que puedan guiare mientras les explico todo lo que necesitan saber sobre la protección. –Comenzó a repartir una guía por lo asientos. –Por supuesto, no me pusieron sobre aviso de que tendríamos un nuevo alumno esta mañana, por lo que realmente uno de ustedes tendrá que compartir la guía con alguien más.

-¿Tengo que adivinar?

-Northwest, ¿Por qué no comparte pupitre con Withe? –Dejó la guía sobre su pupitre. –Si cree que realmente necesita de esta clase. –Miró a Pacifica de arriba abajo con desaprobación. –Alguien como usted quizás piense que ya sabe todo lo que necesita saber. –Algunas risas escaparon de la boca de los niños a su alrededor.

Confirmado. Lincoln odiaba a ese profesor.

Pacifica presionó el bolsillo de so falda con una mueca repleta de rabia. Lincoln ya podía imaginar los titulares de mañana "Desagradable profesor es apuñalado repetidamente por alumna mientras daba clases sobre educación sexual a niños de once años". Por fortuna, pareció poder controlarse al último momento.

Sin decir mucho le lanzó otra de aquellas miradas que le recordaban tanto al pasado y unió ambos pupitres.

-Por favor, abran la guía en la página uno. –Sonrió mientras todos los niños y niñas comenzaban a hacer muecas de asco al ver una copia más detallada sobre el interior de los órganos sexuales masculinos y femeninos.

-Trata de no tener una erección junto a mí, cerdo.

-Trata de no mojar el asiento, perra.

¿Cuánto tiempo había mencionado el profesor Rufus? ¿Dos horas de educación sexual? ¿Quizás un pequeño trabajo al final de la hora? El peor primer día de escuela en toda su vida. ¿Podría ponerse peor?

-Antes que nada vamos a describir cada parte del sexo masculino y el femenino, luego les explicaré sobre el acto de coito, y finalmente tocaremos el tema de las enfermedades sexuales y las medidas de protección. –Sí, por ahora iba bien. –Asegúrense de poner atención, porque tendrán que hacer un trabajo de todo lo que han aprendido aquí. –Eso era esperado. –Withe, tú estás comenzando hoy, pero no quedas exento del trabajo. Tendrás que hacerlo junto a la Northwest.

-Lo sabía. –Murmuró con un suspiro.

-¿Eres un parasito con forma humana o qué? –Pacifica le gruñó mientras sujetaba su frente.

-Sólo quédate callada y déjame hacer todo el trabajo a mí. –¿Tenía que señalarle que estaba poniendo más atención en clase de educación sexual que en ciencias? No, era mejor guardar la artillería pesada para cuando hiciera falta.

-Silencio niños. –Rufus los amonestó. –Ahora... Esto que ven aquí es el glande. –Rodeó aquella parte del pene con la regla.

Bien, fue un mal inicio, pero era sólo el primer día de clases. El siguiente sería mejor.

O eso esperaba.


No había visto a Wendy en la cafetería, pero pudo verla esperándolo en la salida. Se había tenido que quedar unos minutos extras para terminar el trabajo que Pacifica no se molestó en ayudar a completar. La chica ni siquiera se despidió al momento de ponerse de pie y salir del salón. El rojo de sus mejillas al menos indicaba que era muy capaz de sentir algo de vergüenza con ciertos temas sobre la sexualidad.

Mientras que él, bueno, él ya tenía experiencia sexual, por lo que no sintió el impulso de presionar sus genitales como si se los estuvieran retorciendo desde dentro, a diferencia de muchos de sus compañeros. La reacción de las niñas había sido de asco y risas. Muchas hacían bromas con lo que decía el profesor, algunas eran buenas, pero el profesor intervenía cuando otras se pasaban de la raya.

-¿Cómo estuvo tu primer día de clases, Linc? –Wendy levantó la mano como si quisiera darle los cinco.

-Me siento seco, vacío y como si hubiera perdido mi alma, Wen.

-Bienvenido a la escuela, Linc. –Wendy se rio mientras lo dirigía hacia el auto.


Lincoln jamás deseó tanto un asiento reclinable como cuando se tiró contra el asiento de Wendy. Entonces una patada del asiento trasero lo empujó contra la guantera. Logró apoyar las manos antes de que so rostro impactara contra la guantera al último minuto.

-¿Pero que...? ¡¿Tú?!

Señaló a la chica rubia cuya pierna aún seguía extendida y dejaba al descubierto parte de sus bragas de encaje negras.

-¡¿Qué haces tú aquí, gemelo bastardo de Gideon?! –Pacifica le gritó desde el asiento trasero. Bajó la pierna y se cruzó de brazos. –Debí haberlo esperado cuando vi que Wendy esperaba a alguien. –Pacifica había creído que Wendy por fin había conseguido un nuevo, no que esperara al mismo niño con el que tuvo que estar pegada durante todo el día.

-Esto me hace tan feliz como tú, idiota. ¿De dónde conoces a Wendy?

-Desde hace un año, Linc. –Wendy se metió en el asiento del piloto les sonrió a ambos. –Me alegra ver que tuvieron tiempo para conocerse. ¿Un tiempo interesante en la escuela?

-No quiero hablar de eso, Wendy. –Lincoln se reclinó contra el asiento.

-Una mierda. Como el idiota de aquí. –Pateó el asiento del copiloto.

-Viniendo de alguien que se la pasó escuchando música mientras yo nos ganaba la nota al destripar una rana.

-Y eso lo dice el pervertido que tuvo una erección en educación sexual. Sí, me di cuenta. –Lincoln se sonrojó y recordó el dicho que dice que todas las palabras son como un bumerang.

-¿Sabes? Me resulta algo raro que pusieras mucha más atención en clase de educación sexual que en... "TODO". –Pudo ver el rostro rojo de Pacifica por el espejo retrovisor. Sabía que eso le sería útil.

-Eres un imbécil, depravado y pervertido.

-¿Volvemos con los insultos simples? Supongo que se te acabó el ingenio, Pacifica. –Se rio un poco. –Por cierto, dos de esas palabras son sinónimos de la otra. Por lo que también te doy un poco conocimiento sobre las palabras. –Negó con la cabeza. –Por favor, no alimentes el estereotipo de "rubia tonta".

-Idiota.

-Bruta.

-Pervertido.

-Exhibicionista.

-¡Cerdo!

-¡Puta!

Los dos terminaron jadeando después de ese intercambio de insultos, y Wendy ni siquiera había puesto el motor del auto en marcha.

-Me alegra ver que se llevan bien.


La pelea terminó en un empate cuando Wendy les gritó que cerraran la boca o los ataría en un poste de luz hasta que resolvieran sus diferencias. Ninguno de los dos lo tomó como una amenaza vacía, por lo que se habían cruzado de brazos al mismo tiempo y guardaron silencio. Era mejor así, aquella chica ya le había ocasionado dolores de cabeza suficientes por un día.

El camino comenzó a hacerse boscoso con forme avanzaron, parece que primero lo dejarían a él, luego era el turno de Pacifica. Está bien, realmente no quería tener que verla mucho más.

-Wendy... –Pacifica habló en un susurró mientras miraba por la ventana del coche. –¿A dónde vamos?

Wendy no contestó.

El cuerpo de Pacifica tembló un poco mientras miraba al frente del coche.

-¿Wendy?

-Dejaré a Linc en casa... Y luego es tú turno, Pacifica. –La respuesta de Wendy fue corta y directa.

Pacifica no preguntó nada más mientras regresaba su vista hacia la ventanilla.

¿Qué estaba pasando? Lincoln notaba un tipo diferente de ambiente dentro del auto. ¿Se había perdido de algo?

Finalmente pudo ver el letrero de la Cabaña del Misterio a lo lejos. Eso lo relajó, por fin un lugar donde podría estar tranquilo y a salvo. Sí, Stan lo pondría a trabajar inmediatamente en cuanto lo viera, pero ya estaba habituado a trabajar para once niñas y un bebé desde el momento en poner un pie dentro de casa.

A parte de las tareas físicas, todo lo que Stan le pidiera sería un paseo.

El coche se detuvo.

-Gracias por traerme, Wendy. Lamento si te causé problemas y... también siento la pelea. –No debería haber explotado así, pero tenía demasiada rabia contenida hacia Pacifica.

-No hay problema. Lo estamos repitiendo mañana y lo que reste del mes hasta que aprendas todas las rutas de Gravity Falls.

Ya se conocía unas muy buenas que sólo podía tomar de noche, pero eso era algo que no planeaba repetir otra vez.

-Nos vemos mañana. –Miró brevemente hacia atrás. Pacifica estaba sentada en medio del asiento trasero. Sujetaba su corta falda con manos temblorosas y mantenía sus ojos fijamente contra la alfombrilla de goma bajo sus pies. –Y... espero que podamos dejar esta pelea atrás, Pacifica.

Pacifica no respondió.

-Bien, adiós. –Cerró la puerta y rodeó el auto.

-Nos veremos, Linc. ¡Disfruta el resto del día!

Se despidió una última vez en la entrada de la cabaña y luego entró.


Ninguna de las dos dijo nada por un rato mientras el auto continuaba su marcha. Dentro de poco llegarían a la mansión Northwest, y Pacifica se prepararía para otra pelea con sus padres donde los mandaría al diablo mientras se encierra en su cuarto escuchando música a todo volumen. O eso es lo que tenía planeado al menos.

Ahora su cabeza parecía estar en otro lugar.

Había regresado al pasado. Al momento en que conoció por primera vez a dos gemelos muy particulares y cuyas personalidades eran casi opuestas. Una personalidad e ideología que la había llevado a detestarlos desde el inicio, especialmente a la niña risueña. Pero con los que terminó llevando una buena relación hasta el punto de considerarlos sus únicos amigos verdaderos.

Hasta que ese día llegó...

Todo el cuerpo de pacifica tembló al momento de recordar los acontecimientos de aquel oscuro día en que todo su mundo había cambiado. Se abrazó a si misma al recordar la oscuridad, el dolor, la risas, la tortura y... eso. ¿Cuántos días duró aquel oscuro festival que terminó con las vidas de cientos de inocentes? ¿Cuántas personas murieron por la locura que se desató aquella noche eterna?

Locura.

Dolor.

Muerte.

Traición.

Su mundo entero había terminado aquel día.

Y todo por... por...

-La familia de Linc... –Wendy parecía dudosa de como continuar con sus palabras. –Sus padres están teniendo problemas, por lo que se está quedando con Stan. –Suspiró rendida. –Es un pariente lejano de Stan. Por lo que se quedará en la Cabaña del Misterio por un tiempo. –Miró el cuerpo encogido de Pacifica por el espejo retrovisor. –Creo que mereces saberlo.

Pacifica se tiró contra la puerta y miro su propio reflejo en el vidrio. –¿No pudiste decírmelo desde antes, Wendy? –Murmuró.

-Creí que era mejor que lo vieras. –Y creyó principalmente que el tema saldría mientras regresaba a Lincoln a la cabaña, no esperó que hubieran tenido una gran pelea desde el primer día. –Linc... él a pasado por mucho Pacifica, no es mala persona. Él sólo... vive ahí. –Le lamió la cicatriz en el labio. –Stan tampoco es malo. –Eso lo sabían ambas, aunque a veces era difícil recordarlo. –Tienes dejarlo atrás, Pacifica.

-Es fácil para ti decirlo, Wendy. –Se rió mientras sacaba un cigarrillo a medio fumar de su bolsillo. –¿O debería llamarte Bolsa de Hielo? Yo soy sólo una Llama sin agallas. –Lo encendió y dejó que el humo de aquel cigarrillo especial se metiera en sus pulmones. –Soy sólo una puta.

-Pacifica.

-Así que la pequeña mierda es pariente de los Pines. –Movió el cigarrillo alrededor de su boca. –Y yo que creí que no me agradaba por su parecido con la cucaracha de Gideon.

-Me gustaría que pudieras llevarte bien con él, Pacifica. –Wendy comenzó a reducir la velocidad conforme se acercaban a la mansión. –Linc es más agradable de lo que crees. También sabe que Gravity Falls no es un lugar común, pero prefiere mantenerse lejos de todo lo que tenga que ver con lo sobrenatural y misterioso. ¿Podrías darle al menos una oportunidad?

-¿Por qué me lo preguntas? No es como si quisiera tener nada que ver con ese mierdecilla de cabello blanco. –Retiró el cigarrillo de sus labios. –Por mi puede hacer lo que quiera mientras no se me acerque. Me da lo mismo donde viva. –Aún si ese lugar era la Cabaña del Misterio. –No quiero tener nada que ver con esa familia otra vez.

-Tendrás que dejarlo ir tarde o temprano, Pacifica.

Pacifica le dio una patada al asiento y Wendy casi perdió el equilibrio.

-Dime Wendy, ¿Alguna vez te metieron un palo de golf tan adentro del culo que lo sentiste recorrer tus intestinos? –Wendy no se atrevió a mirar el espejo retrovisor desde ese momento. –Entonces cierra la boca y no me digas lo que tengo y no tengo que hacer. Sólo concéntrate en venderme algo con un poco más de calidad.

A Wendy no le quedó otra más que mantenerse callada sobre el tema. Al menos le había hablado de Lincoln, tal vez no con la verdad, pero como dijo Stan, la situación de Lincoln no es algo que se tenga que compartir con drogadictos, aun si eran tus mejores clientes.

-¿Y si te hago un descuento desde ahora? –Le pregunto con suavidad.

-Me paso tu descuento por la concha, Wendy. Tengo más dinero debajo de mi colchón del que ganarías en una semana de trabajo. –No podía negar eso. ¿Cómo podía convencer a sus padres para darle más dinero? O tal vez lo tomaba sin preguntar. –Pero gracias... No me hubiera gustado enterarme de otro modo.

-Sólo recuerda que Linc no tiene nada que ver con... todo lo que pasó.

-...Lo tendré en cuenta. –Terminó su cigarrillo en el mismo momento en que el coche se detenía.

Wendy había esperado a que quisiera comprarle algo más antes de irse, pero sólo se dirigió hacia su mansión con el cuerpo algo tambaleante. El efecto de esa marihuana era bastante fuerte, es por eso que tenía que ser consumida con cuidado.

-Vendré a recogerte mañana, ¿De acuerdo?

La respuesta de Pacifica fue levantar el brazo sobe su cabeza mientras le extendía el dedo medio.