-Tengo que decirlo señor White. Estoy sorprendido, hasta ahora no había escuchado más que cosas buenas de usted: aplicado, tenas, siempre esforzándose por tener una sonrisa y socializar con sus compañeros. –El director lo miró como si realmente le reprochara algo, aquel hombre de barba algo desarreglada lo miraba fijamente con una pequeña sonrisa.

Lincoln lo odió al instante.

La imagen de lo que vio en aquellos ductos de ventilación ya no le importaba en lo más mínimo, lo verdaderamente importante fue lo que vio en la distorsión... a la niña que... Sólo recordarlo disparaba parte de aquella furia otra vez, y sentía la necesidad de darle un fuerte golpe en medio de la nariz.

-Por otro lado, señorita Northwest, no pudo decir que me sorprenda verla aquí... Lo que me sorprende es que se hubiera tomado su tiempo para estar en mi presencia. –Pacifica le sacó la lengua mientras cruzaba sus brazos y sus piernas. ¿Era necesario que estuvieran juntos en ese momento también? –En cierta forma, creí que el señor White podría ser un buen ejemplo. Por lo que me han dicho sus maestros, los dos parecían tener una excelente relación.

¿Qué? ¿Exactamente dónde estaban mirando para decir eso? No es como si los dos se juntaran en las calases porque fueran los mejores amigos en todo el mundo por toda la eternidad, es porque todos los maestros decidían ponerlos juntos cuando trabajaban. Ya sea porque querían que la más experimentada le enseñara al nuevo, o porque se veía bien hacer un equipo de chico nuevo – chica problema, Lincoln había tenido que aguantar a Pacifica durante toda una semana desde que inició sus clases.

A Pacifica tampoco le había hecho mucha gracia el que lo pusieran con un chico cuyo primer contacto en la escuela había sido amenazarlo con una navaja de bolsillo.

-Ella comenzó. –Lincoln la señaló con calma y sin culpa. No se iba a comer una baña por la chica que le dio una patada en los bajos.

-¡Esta pequeña mierda pervertida lo pedía a gritos! –Pacifica lo miró con odio. Quizás el que le devolviera la patada no fue buena idea, tomando en cuenta que no había NADA donde pudiera golpear.

La pelea había sido en el patio, durante el almuerzo. Lincoln había tenido la gran idea de llevar su propio almuerzo para poder evitar a Pacifica, y de paso quizás conocer a más chicos a los que les gustara comer en el patio. No parecía estar prohibido que los niños comieran fuera, y había muchos a los que les gustaba comer sentaos en el césped o bajo un árbol.

Y por casualidad, Pacifica había tenido la misma idea, sólo que lo que ella consideraba almuerzo fuer un cigarrillo de olor extraño que acababa de encender cuando Lincoln dio una vuelta equivocada y termino entre un pequeño callejón que se forma entre dos áreas exteriores de la escuela.

Desde ahí las cosas fueron lo usual: Pacifica sacó su navaja, comenzó a gritar y a insultar. Pero esta vez Lincoln no se dejó intimidar... y retiró su propia navaja de bolsillo. La había encontrada tirada en el armario y la había tomado sin preguntar, seguramente Stan no la extrañaría, de todas formas se veía vieja y ya no tenía mucho filo de todas formas.

Y si Pacifica podía entrar a la escuela con una navaja en el bolsillo de una minifalda, ¿Por qué no podía él entrar a la escuela con una navaja en sus pantalones?

Los gritos se volvieron más grandes y Pacifica terminó por darle esa patada en las pelotas. Lo que Pacifica no sabía es que Lincoln creció con doce hermanas, y que fácilmente puede ver venir una patada en los bajos, pudo cerrar las piernas lo suficiente para absorber parte del impacto, aunque aun así el dolor fue suficiente para que soltara la navaja. Pero antes de que Pacifica pudiera tenerlo contra la pared, le devolvió la patada con intereses. Quizás no fue tan doloroso como esperaba, pero la chica soltó su propio cuchillo y se sujetó la entrepierna sobre la falda mientras se sonrojaba y le gritaba que era un cerdo de mierda.

Entonces Lincoln se tiró sobre ella y los dos comenzaron a rodar contra el piso.

Toda una semana aguantando a aquella chica... Había podido liberar parte de ese estrés con sus insultos y discusiones, pero lo que había hecho con su reputación era horrible. Ya era difícil ser un chico de cabello blanco y pecas en una escuela donde todos lo miraban con desconfianza y otros con miedo, pero el tener que ser relacionado con una chica como Pacifica le había costado muchas oportunidades para poder demostrar que él no era nada como aquel chico Gideon.

Fue toda esa furia contenida lo que lo obligó a golpear a Pacifica en el vientre, arañarla e incluso morderle una oreja cundo la chica logró retenerlo. Que conste, que Pacifica tampoco se dejó golpear, la chica era mucho más fuerte de lo que Lincoln ya sabía. Le había dado su buena dosis de golpes y patadas, sin mencionar los arañazos y una mordida en la muñeca que había tenido que ser vendada en la enfermería.

Los dos quedaron totalmente despeinados por estar girando uno sobre el otro en el piso, sus ropas sucias y desgarradas: Toda una manga de la chaqueta de Lincoln había sido arrancada, tenía rasgaduras en los pantalones y estaba lleno de polvo y suciedad. Tendría que usar ese vendaje en la muñeca lo que quede del mes y su rostro estaba repleto de rasguños y un moretón en la mejilla.

Pacifica no salió bien librada como se esperaría de una chica de trece años que se enfrenta a un niño de once años. Un niño de once años que ya se había enfrentado a chicas de trece años con mejor condición física que una rebelde cuyos pulmones ya deben estar negros de tanto fumar. La camisa estaba desgarrada de tal forma que Pacifica tenía que sostenerla para impedir que la mitad se le cayera aun lado, el lado trasero de su falda quedó desgarrado y dejó al descubierto su trasero a través de la tela negra transparente. Su oreja izquierda todavía tenía las marcas de la mordida de Lincoln y algo de sangre seca, mientras que su rostro tenía dos moretones: uno en el ojo y otro en la mejilla, este último siendo una devolución.

Lincoln reconoció aquella mirada en los ojos del director cuando su vista se posaba en Pacifica bajo la excusa de reprenderla por sus acciones: deseo. Había visto esos mismos ojos mientras lo veía masturbarse con la maestra, o en el fragmento de tiempo donde lo vio recibiendo placer oral por parte de una simple niña.

No sabía cuánto tiempo más podría aguantar el asco que estar frente a una persona así le producía. Su cabeza parecía tener problemas en decidirse entre salir de una vez de la dirección, o tomar la silla de madera, golpear al director con ella hasta dejarlo en coma y luego salir de la dirección.

-Ahora bien, los castigos comunes para una pelea, especialmente para una tan grande como la suya, sería la suspensión durante una semana o dos. –Habló de forma relajada mientras sus mirada se dirigía a las piernas de Pacifica y luego regresaba nuevamente sus ojos al frente. –Pero viendo que uno de ustedes es nuevo...–Vio a Lincoln directamente. –...Y la otra ya a dado signos de querer mejorar. –¿Mejorar? ¡Era él quien tenía que hacer el trabajo por los dos mientras se la pasaba escuchando música! De no ser porque los maestros corregían aquellos trabajos de prueba juntos posiblemente la hubiera dejado a su suerte hace tiempo. Todo lo que podía hacer era aguantarlo y esperar a que los separaran de una vez. –Pueden pasar esas dos semanas de suspensión que tenía preparado en la sala de castigos, y finalmente dejaremos este incidente olvidado. ¿Les parece justo?

-¿Nos separan por género? –Lincoln se atrevió a preguntar. Esas dos semanas podrían transformarse en un mes o incluso en la expulsión si se quedaba en un lugar cerrado junto a Pacifica.

-Lo siento, señor White, pero tendrán que aprender a convivir juntos. –El director se rio un poco. –Pero no se preocupe, las salas de castigos pueden ser una... experiencia placentera. –La risa que dejó salir le dio asco, y por la mueca de Pacifica no era el único que lo sentía. Parece que por fin encontraban algo en común los dos: a ambos les desagradaba el director. –Pueden empezar desde mañana, ¿Por qué no deja que la señortia Northwest le muestre el camino? Ella lo conoce muy bien.

Un sonido de interferencia que le recordó a Lincoln sus antiguos wokitokis se escuchó en la dirección.

-Charls, su sobrina está aquí.

El director presionó un botón en un pequeño aparato sobre el escritorio.

-Dile que pase. –Se lamió un poco los labios. –Puntal como siempre. –Murmuró mientras pasaba la mano por el pecho sobre su camisa. –Siempre puntual. –Esa llamada pareció haberle hecho olvidar que tenía dos invitados inesperados ya que se reclinó un poco en la silla mientras su respiración se aceleraba un poco.

-¿Podemos irnos? –Pacifica se le adelantó, ella parecía más apresurada por salir de ahí que él. Posiblemente se había dado cuenta de las miradas que el director le había dado.

-Sí, sí. Por supuesto, regresen a sus clases. –Se apresuró para sentarse correctamente.

-¿Acostumbra castigar muchos chicos? –Lincoln no sabía de donde salió esa pregunta. Sólo la dejó salir del mismo modo en que dejaría escapar su aliento al suspirar.

-Por lo general... no muchos, pero de vez en cuando llegan chicos que olvidan que no se tiene que correr en los pasillos, o pegar goma de mascar bajo los pupitres. –Se reclinó sobre la silla. –Como si no quisieran despegarse del salón de castigos...

Eso último estuvo algo fuera de lugar, y Lincoln volvió a sentir un terrible asco por aquel hombre. Se levantó sin esperar otra señal y se dio la vuelta. Pacifica lo siguió junto a él.

En ese momento recordó que el trasero de Pacifica debería ser visible por culpa de aquella ropa interior transparente y dio una mirada atrás. Como esperaba, el director no podía despegar su mirada de la chica que lo seguía hacia la salida. Al encontrarse sus miradas el director le sonrió y lo despidió con la mano. Lincoln dejó salir una sonrisa forzada y se colocó detrás de Pacifica.

-Lindo trasero. –Lincoln murmuró mientras salían.

-Gracias.


Lo primero que Lincoln pensó en hacer cuando salieron de la oficina del director fue cederle su chaqueta a Pacifica, la chaqueta era lo bastante grande para cubrir su parte trasera, cosa que ella no parecía importarle mucho dejar al descubierto. Por otro lado, la chica no le caía bien y manchaba aún más su ya injustamente manchada reputación. Sin mencionar que todavía tenía el Diario 1 en ella y no quería arriesgarse a perderlo o dejarlo al descubierto.

Así que continuó caminando detrás de ella.

-¡Tío!

Aquella voz paralizó totalmente a Lincoln.

-¿Qué pasa? –Pacifica pareció darse cuenta del modo en seco en que se había detenido y se dio la vuelta por puro reflejo.

Una niña pequeña, de alrededor de ocho o nueve años pasó corriendo junto a ellos. Tenía un hermoso vestido celeste y una cinta roja en el flequillo de su cabello atado en dos coletas a los lados. Corría sonrientemente hacia los brazos abiertos del director de la escuela de Gravity Falls.

-Hola, preciosa. ¿No te dije que no te volvieras a escapar de clases? –La reprendió, pero no parecía realmente enfadado por ello.

La niña se rio mientras seguía restregando su cuerpo contra aquel hombre mientras abrazaba su cintura.

-Tío... necesito...

-¡Shh! –El director le cubrió los labios con el dedo índice y volvió su mirada hacia Lincoln. –Niños, tienes que tener tu paciencia con ellos. Vamos, querida. –Tomó con cuidado uno de los hombros de aquella niña y se metieron en la dirección.

-Repugnante. –Pacifica dejó salir. –Tiene toda la imagen de ser un pederasta al que las autoridades dejaron pasar por pura incompetencia... tenemos muchos inútiles en la fuerza policiaca.

Lincoln presionó fuertemente sus puños mientras miraba hacia la puerta. Era ella. ¡Era ella! La niña que... que el director parecía haber controlado de alguna forma para que... Otra vez, podía sentir como los restos de comida procesada y reciclado de la semana pasada estaban bailando dentro de su estómago. Le daban ganas de vomitar de sólo pensar en lo que podría estar pasando ahora mismo dentro de aquella habitación.

Lincoln apostaría lo que fuera a que aquella pequeña dirección tiene paredes a prueba de sonido. Ya podía ver al director desabrochado sus cinturón con demasiada prisa después de ponerle el seguro a la puerta, y la pequeña niña lanzándose contra el bulto entre sus piernas mientras se ríe y mordisquea aquel apestoso miembro aun dentro de su ropa interior.

-Tío. Tío. –Estaría gritando mientras le baja los pantalones y la ropa interior y se mete el pene de ese monstruo totalmente dentro de su boca mientras con su otra mano presiona fuertemente su ya húmeda entrepierna. ¿No era muy joven para eso?

Se sujetó la cabeza para controlar esos pensamientos.

-Oye, ¿No te parece raro que el director no nos dijera nada por las navajas? Estaban tiradas junto a nosotros mientras tratábamos de matarnos mutuamente. –Lincoln no pudo evitar mencionarlo. –Y no olvides tu pequeño cigarrillo, todavía seguía soltando ese humo raro.

-Se llama porro. Y sólo tener uno es motivo de expulsión. –Le daba igual el argot del lugar, sólo le interesaba que el director no dijera nada sobre ellos y sólo les diera dos semanas en el salón de castigos. –Pero por el dinero que pasa mi familia, dudo que se atreva a expulsarme.

-¿Eres la típica niña rica rebelde? Creí que sólo existían en las series juveniles de los canales de acceso público. –Volvió a caminar hacia los casilleros. No quería pensar en lo que podría estar ocurriendo en la habitación cerrada tras él.

-Que te den. –Pacifica le sacó el dedo medio y siguió caminando.

Discutir con pacifica el resto del camino no alivió la sensación de que sus órganos estaban siendo estrujados desde el interior. No era ajeno a ella, la había sentido mucho en el pasado... cuando sus hermanas o sus padres requerían una mano y él se negaba a dárselas, era algo que no desaparecía hasta que aceptaba apoyarlas.

Cuando el incidente de la mala suerte estalló, dejó de sentirla, al fin y al cabo sus hermanas no lo necesitaban, es más, se alejaban de él. Por lo que tuvo tiempo libre por un tiempo... Hasta que llegó la hora de usar un traje de ardilla, y aquella sensación se transformó en algo que poco a poco iba llenando cada hueco de su interior.

La noche del adiós liberó todo lo que se había estado acumulando, y por eso aquella sensación de órganos estrujados había regresado más fuerte que nunca. Se unía a la furia y la impotencia que crecían a cada paso que se alejaba de aquella oficina y se mezclaban con el sabor a hierro de su propia sangre dentro de su boca.

Tenía que dejarlo ir. Quizás hacer una llamada anónima a la policía o algo por el estilo. No tenía que ser él quien se metiera en donde no lo llamaban. Aunque la policía ya había demostrado ser inútil en la propia Royal Wood, si una patrulla había pasado cada semana fuera de la puerta y lo había visto dormir ahí sin siquiera preguntarle que hacia afuera tan tarde.

Y por las palabras de Pacifica hacia la policía de Gravity Falls, en el lugar podría ser peor. Aunque no dejaban de ser las palabras de una rebelde cuyos mejores años serían la primaria y secundaria antes de quedar embarazada y ser renegada de su familia.

Un fuerte tirón en su oreja regresó su atención a la realidad.

Pacifica estaba sujetando su oreja izquierda y la presionaba muy fuerte mientras encarnaba sus uñas dentro de ellas.

-¿Qué haces, perra? –Lincoln le gritó mientras golpeaba su brazo y se la quitaba de encima.

-¡Eso es por morder mi oreja! ¡¿Tienes idea de cuánto duele?! –Se acarició la oreja mientras seguía caminando.

-¡Tú me pateaste en las bolas! ¿Tienes idea de cuánto duele?

-No. –Se golpeó la entrepierna con una mano. –Tengo coño, y mira que fue realmente incomodo que me lo patearas.

-¿Por qué? ¿Te mojaste? Juraría que te gustó. –Lincoln comenzó a caminar junto a ella, no había nadie en los pasillos, y aunque los hubiera ya no importaba. No iba a ser el escudo de una niña mal hablada que hacia su vida difícil.

-Tendría que haberte cortado el cuello, y ahora me debes una navaja. –Mejor que deberle la ropa. Pacifica aún tenía que sujetarse la camisa para que no se le callera. ¿No le importaba ir mostrando el trasero pero si los pechos? Que complicadas podían ser las mujeres.

-También me costaste la mía, así que no te quejes. –Al menos no tendría que explicarle a Stan que hacía con una navaja en clases. Podría dejarlo sin dinero para el almuerzo, y como no le pedía el cambio de vuelta, podría decirse que también era su mesada.

-¿Cómo terminé contigo? Sólo quería un rechazado al que evitaran para que me dejaran en paz durante el almuerzo, y ya no eso quiero. –Se quejó. Era verdad, ella parecía haber intentado evadir su mesa más de una vez, pero siempre que lo hacía terminaba rodeada de idiotas o viejos conocidos, lo que la obligaban a regresar junto a él.

¿Realmente era el rechazado? Es cierto que nadie se le había acercado en el almuerzo, pero había logrado tener más de una conversación tranquila. Aunque por lo general terminaban cuando comenzaba otra pelea con Pacifica, quien por alguna razón siempre terminaba sentada junto a él, o detrás de él.

-Eres como una plaga de mala suerte.

El golpe le llegó por sorpresa, y Pacifica cayó en medio del pasillo. La chica tardo un momento en recuperare del golpe, había sido más fuerte que cualquiera de los que hubiera recibido por Lincoln antes. Al entender que había sido golpeada, levantó la vista y miró a Lincoln con ira asesina. El chico le devolvió la mirada sin culpa alguna.

-Estás muerto, maldito mocoso de mierda.

-Dame lo mejor que tenga, ramera de babilonia.

Pacifica se lanzó contra Lincoln dispuesta a tirarlo al piso, pero Lincoln aguantó el impacto, no era tan fuerte como los placajes de Lynn, y el dolor en su vientre era tolerable. Golpeó la espalda de Pacifica con su codo unas tres veces antes de que la chica se separara y le diera un golpe en el abdomen.

Antes de que la chica tuviera tiempo para darle otro, Lincoln la tomó del cabello y la alejó. Otra de sus experiencias de vivir con doce niñas, el cabello es una parte muy importante a la hora de pelear con una chica. Lo que no esperó es que Pacifica hiciera lo mismo y jalara su cabello hacia atrás mientras lo atacaba con sus rodillas.

-¡Eres una maldita mierda!

-¡¿Es que no puedes pensar en insultos que no incluyan la palabra mierda, mierda?!

Lincoln lanzó unos golpes al azar y uno de ellos le dio directo al pecho derecho. No eran muy grandes, pero parecían estar desarrollándose muy bien, lo suficiente para que fueran sensibles a ese golpe. Pacifica jadeó un poco y Lincoln se concentró en golpearla ahí.

-¡Degenerado! ¡Deja de golpear mis tetas!

-Cállate, puta. –Lincoln la empujó hacia atrás. Pacifica logró mantener el equilibrio y así evitar la caída. –¿Qué problema tienes conmigo? ¡Apenas te conozco y ya te odio! Maldita drogadicta adolecente. ¿No me quieres? ¡Sal de mi vida!

-¿Y te crees que quiero estar relacionada contigo? ¡Eres un maldito hijo de puta desgraciado que sólo ha hecho mi vida más difícil desde que nos cusamos en un salón de clases. –Bufó con una sonrisa. –¿Pero qué más se puede esperar de un familiar de ese infeliz estafador de "Stan" Pine? Ese viejo hace tiempo que tendría que haber sido desahuciado.

Ahora fue el turno de Lincoln de lanzarse contra Pacifica. La chica podía burlarse lo que quisiera de él, pero no dejaría que insultara al hombre que salvó su vida de las calles. Stan podría no ser el mejor ejemplo, incluso un explotador infantil que se la pasa estafando a la gente todos los días del año en una atracción que sólo tendría que abrir en verano. Pero en lo que se refería a Lincoln, Stan era un héroe.

Su héroe.

Y no iba a dejar que una puta lo insultara.

Pacifica intentó aprovechar su acercamiento y darle otra patada en las bolas, pero esta vez Lincoln estaba listo. En lugar de cerrar las piernas, tomó el tobillo de Pacifica y lo levantó hasta que la chica terminó cayendo de espaldas. Pacifica no perdió el tiempo para golpear su mano con su otra pierna y obligarlo a soltarla. Lincoln corrió hacia ella y le dio un terrible pisotón en el vientre antes de sentarse encima de ella y comenzar a darle golpes en la cara.

-¿Te gusta esto, puta? ¡Es por hacer mi vida aquí tan difícil! ¡Ya tendría una vida escolar normal de no ser por ti!

-¡Imbécil! –Pacifica soltó uno de sus brazos de debajo de las piernas de Lincoln y se rompió una uña al arañarlo en la cara. A Lincoln le quedaría una profunda herida sobre la ceja derecha por eso. –Eres sólo otro estúpido Pine sin cerebro.

-Ya cállate. –Lincoln se levantó dispuesto a darle más patadas.

Pacifica se dio la vuelta para levantarse, y en ese momento...

-¡AAH!

Lincoln le dio una patada directamente en medio del trasero. No le costó mucho apuntar al ver aquellas esferas cubiertas por aquella fina tela trasparente, y no dudó en darle una patada para ver si aprendía la lección. Podía sentir la adrenalina recorrer su cuerpo, nunca antes creyó que terminaría peleando de aquella forma con una niña, ni siquiera había peleado así con Ronnie Anne. Y Lynn ya lo hubiera hecho pedazos.

Sus padres siempre le habían dicho que nunca peleara con las niñas, ya que eso no era de hombres, pero sus padres podían pudrirse en una tumba sin nombre para lo que le importaba. ¿Por qué tendría que hacer caso de las lecciones de personas que no miraron atrás a la hora de echarlo de casa por un disfraz de ardilla?

El cuerpo de Pacifica tembló mucho mientras seguía en cuatro patas. Sus brazos parecían de gelatina y parecían estar haciendo un terrible esfuerzo por mantenerla así.

-T-tú... ¡Ah!

Lincoln le dio otra patada y Pacifica volvió a caer. Su cuerpo nuevamente temblaba mientras trataba de ponerse nuevamente en cuatro patas para levantarse.

-¿Qué pasa? ¿Ya te cansaste, perra? –Lincoln se burló mientras le daba otra patada, esta vez apuntó a donde estaba seguro que estaba el ano y Pacifica volvió a caer con otro jadeo. –Espera... ¿Es en serio? –Se detuvo mientras veía el cuerpo de Pacifica jadear y temblar, algunas pequeñas lágrimas comenzaban a salir de sus ojos mientras trataba de enderezarse. –Ja. ¿Qué me dijiste el otro día? ¿Qué me dieran por donde más me gusta? ¡¿Qué tal si yo te doy a ti por donde más te gusta, Pacifica Northwest?! –Le dio otra patada, esta vez más fuerte.

La chica termino fuera de combate con aquella última patada. Ahora sólo podía temblar con su estómago en el piso. Lincoln pisó con fuerza sus glúteos.

-Retráctate. –Murmuró mientras la miraba en el piso. –Retráctate de lo que dijiste sobre Stan.

-¡N-nunca! –Se forzó a si misma para no demostrar debilidad y trató de ponerse de pie. –¡Ah! –Lincoln pisoteó su trasero. –Retráctate. –Le dio dos terribles pisotones que la hicieron temblar aún más. –¡Ahora, puta! ¡Hazlo!

-¡L-lo siento! ¡Lo siento! –Pacifica finalmente jadeo. –Lo lamento.

-¡Otra vez! –Presionó más fuete. Esto se sentía... bien. Tenía el control absoluto. Aquella chica que le causó tantas penurias y no dejaba de insultarla... La razón de discutir con Wendy más de una vez en el auto cuando los recogía... Y toda la vida escolar que le había costado sólo estar cerca de ella... Ahora la estaba haciendo pagar.

Por fin alguien estaba pagando por lastimarlo. Por lo general las personas tendían a salirse con la suya a la hora de fastidiarlo, y siempre tenía que aguantarlo. Porque era un hombre, y los hombres se la aguantan. ¿No era eso lo que su padre solía decirle? Y aquellas personas, que eran su familia, nunca pagarían por lo que le hicieron.

Pero podía hacer pagar a esta chica. Demostrar que no estaba dispuesto a ser el mismo niño sumiso de antes.

-¡Ahora!

-¡Lo siento! ¡Lo siento mucho! –Pacifica casi lloriqueó mientras su dedos trataban de hundirse en el piso sucio del pasillo.

-¿Y qué es lo que lamentas, Pacifica? –Retorció un poco su pie sobre su trasero.

-¡No... abuses, pedazo de mierda! –Pacifica jadeó. Lo miraba totalmente dispuesta a matarlo. Otra razón para no dejarla ir hasta que entendiera que no estaba dispuesto a dejar que siguiera abusando de él.

-¡¿Qué lamentas, puta de cuadra?! –Le gritó mientras retiraba el pie y le daba una fuerte patada en el culo. –¿Qué mierda lamentas? Dímelo, y será mejor que sea antes de que te corras, sucia.

Pacifica presionó fuertemente su mandíbula mientras Lincoln continuaba pisoteando su trasero, no parecía tener intenciones de parar de ninguna forma.

-L-lamento... lamento lo que dije... –Finalmente se rindió. –¡Lamento lo que dije! ¿Contento? ¡¿Ya te sientes orgulloso?! –Le grito. –¡Me tienes en el piso rogando misericordia! ¡¿Te sientes más hombre ahora, maldito cerdo pervertido?!

-¡Cállate! –Lincoln le dio una patada feroz. El grito de Pacifica fue más un gran jadeo mientras su cuerpo parecía perder toda intención de resistirse y mucho menos de levantarse. Su rostro había ganado un tono totalmente rojo y no podía controlar su propio aliento.

Lincoln por fin separó su pie de ella.

La realidad de lo que acababa de hacer fue como una tonelada de cemento fresco que es vertida dentro de su estómago y no tardo en endurecerse. ¿Qué rayos acababa de hacer? Literalmente le había dado una paliza a una chica, él también recibió lo suyo, pero no dejaba de ser una chica, el que no hubiera una buena vibra entre ambos no significaba que tendría que haberla dejado... así.

-Oye... –Dijo con torpeza mientras veía como Pacifica trataba de ponerse de pie. –Lo siento. –Se disculpó mientras la ayudaba a levantarse.

Pacifica se apoyó en su brazo, y le dio un fuerte golpe en la entrepierna con su otro puño.

-¡AAH! –Esta vez Lincoln no pudo verlo venir y terminó cayendo al piso junto a Pacifica.

Pacifica trató de levantarse por si misma, pero sus piernas aun no le respondían y terminó tirada en el piso igual que Lincoln.

-Mierda pervertida. –Murmuró con esfuerzo junto a él.

-Zorra analfabeta.


Llegaron a tiempo para el final de la clase de literatura. Nadie pareció estar dispuesto a mencionar nada hacer de la pelea en el almuerzo, a Lincoln no le sorprendería enterarse de que todos estaban esperando a que algo como eso sucediera tarde o temprano. Lincoln ya podía dar por muerta su reputación si alguien se enteraba de lo que había pasado en medio de los pasillos, y por el sonido de la pelea no sería raro encontrar un video en internet.

-Mi vida social se acabó. –Lincoln murmuró mientras mantenía su vista en el libro.

-Tu vida social no existía desde el principio, idiota. –Pacifica susurró junto a él. –Te pareces demasiado a alguien que causó un gran alboroto hace un año, deberías agradecer que no te estén dando palizas sólo por tener el cabello blanco.

Pacifica había tenido que cambiarse por su ropa de gimnasia: un jersey y unos pantalones holgados. Lincoln la había acompañado para aliviar algo de la culpa que sintió por la golpiza, y a la vez para retrasar el encuentro con sus compañeros. No quería saber hasta que punto había bajado su estatus social.

Su sueño de una sana vida escolar parecía cada vez más lejano.

-¿Cuánto alboroto puede causar un niño psicópata? ¿Mató a alguien importante o algo así?

Los dos nuevamente habían unido sus pupitres, al profesor parecía importarle muy poco las sospechas de pelea con arma mortal y los golpes recientes en sus rostros. Los había puesto a hacer un trabajo por llegar tarde a su clase. Tendrían que terminarlo o se quedarían después de hora hasta acabarlo.

-No quieres saberlo. –Pacifica contestó.

-Ya que parece que los dos tienen tanto conocimiento sobre el tema como para hablar en clases, ¿Por qué no nos iluminan un poco a los demás? –El profesor de literatura los miró directamente a los dos. Era un hombre algo rechoncho y con un bigote algo desarreglado. –¿Qué tal algo simple? Señor White, ¿Qué es Literatura?

-Arte de expresión verbal. –Lincoln respondió al instante. Lo había leído la otra noche mientras hacia su tarea, no era difícil recordar una definición así.

-Bien. Señorita Northwest, ¿Puede profundizar la respuesta del señor White? –Le preguntó como si no esperara que respondiera. Y posiblemente no lo hubiera hecho de no ser por dos cosas: le desagradaba la forma en que el profesor de literatura lo había preguntado, y el director confiscó sus audífonos.

-En un sentido más restringido y 'neotradicional' es la escritura que posee mérito artístico y que privilegia la literariedad, en oposición al lenguaje ordinario de intención menos estética y más práctica. –La respuesta fue instantánea, sin dudas ni meteduras de pata.

El profesor abrió la boca y levantó ambas cejas totalmente sorprendido, expresión que compartían muchos integrantes de la clase, incluyendo a Lincoln. Había esperado tener que responder por ella, pero parece que no era necesario.

-Erm... Sí. Es correcto. –El profesor tosió sobre su mano un par de veces y volvió su atención hacia él. –Señor White, ¿Qué puede decir sobre Epopeya de Gilgamesh? –Sonrió con gracia mientras lo veía.

-Es una narración en verso sobre las peripecias del rey . –Lincoln ni siquiera sabía que estaban viendo ese tema. Tendría que prestar más atención en el futuro. –Constituye la obra épica más antigua conocida.

-Sí... Señorita Northwest...

-El rey de hizo transcribir la epopeya, dentro de su empeño por copiar todos los documentos escritos del mundo conocido. –Dijo de forma aburrida. –Mis padres me obligaron a estudiar sobre eso cuando tenía cuatro años, que les den a los dos. –Murmuró en voz baja sólo para Lincoln.

-Wikipedia.

El profesor de literatura, cuyo nombre jamás se molestó en memorizar, parecía comenzar a molestarse. –Veo que han hecho sus deberes, me siento orgulloso de tener a dos grandes mentes literarias en mi salón. –Dijo con el más claro sarcasmo. –Una última pregunta entonces, no es más que el nombre de un legendario personaje literario. ¿Qué les puede costar? Ahora díganme el nombre del hidalgo...

-Don Quijote de la Mancha. –Ambos respondieron al mismo tiempo.

Al final, el profesor les dio tarea extra por pasarse de listos. Un poco injusto tomando en cuenta que sólo respondían lo que les había preguntado. Lincoln podría habérselo dicho, pero sólo terminaría con más tareas. En cada escuela había un profesor así.


-Los dos están metidos en líos. –Wendy mencionó mientras conducía el coche. –Podría entender una pelea entre ustedes dos, estaba segura de que tarde o temprano pasarían a las manos, ¿Pero navajas? Linc, ¿Es en serio? Esperaba un poco más de ti, ¿Sabes?

-Ella fue la que me amenazó primero con una navaja, yo sólo llevé la mía por protección, Wendy. –Trató de excusarse. –No soy más que una víctima de lo que la violencia escolar a hecho de los jóvenes en estos días. Los fuerza a seguir con el ciclo de-

-Deja esas tonterías burocráticas, idiota. –Pacifica pateó su asiento.

-Y Pacifica, ¿Un porro? ¿Detrás de la escuela? Por Dios. –Wendy parecía a punto de golpear su cabeza contra el volante. –¿Tienen idea de la suerte que tienen los dos de no ser expulsados? Y no creas que el dinero de tu familia te salvará de terminar en algún reformatorio si terminabas lastimando a alguien, Pacifica.

Pacifica sólo bufó y volvió a patear su asiento. –Tranquila Wendy, nuestro querido Linc se encargó de enseñarme "mi" lugar. ¿No es cierto, Linc? –Volvió a patear su haciendo. –¿Seguro que no eres pariente de Gideon? Ese enanito también era un sádico.

Lincoln se sonrojó y bajó la cabeza. Sabía que no se iba a librar de esa. Todavía no podía entender que había pasado en ese momento, tal vez tuviera algo que ver con que sus noches con Mabel se estuvieran volviendo un poco más... fuerte que de costumbre. Su novia siempre estaba lista para intentar cosas nuevas... algunas que incluían más instrumentos que una simple bola de nieve.

-¿Su lugar? ¿Tuvieron otra pelea, Linc? –Wendy miró la herida sobre su ceja cuando lo preguntó. Esa marca le quedaría durante unos días.

-Nada que no te hubiera gustado, Pacifica. –Decir el nombre de la chica no le dio tanto impacto a sus palabras como habría esperado, en cambio sintió que había destruido una pared que era mejor no haber ni siquiera tocado. –Y me dices pervertido.

Pacífica dejó salir una expresión de ira y comenzó a patear el asiento con ambas piernas mientras lo insultaba con sus típicos insultos que incluían sólo la palabra mierda. ¿Cómo podía ser tan lista y tan poco ingeniosa a la vez? Lincoln comenzó a devolverle los insultos, esta vez ocultando varias referencias al ano e incluyendo la palabra trasero en más de uno.

-¡Basta los dos! –Wendy gritó. –No sé de que va esa pelea, y realmente no sé si quiero saberlo. –Se pasó una mano por la frente. –Miren, esta pelea es estúpida. Pacifica, odias a Lincoln porque te recuerda a Gideon...

-Entre otras cosas. –El apellido Pine estaba entre ellas.

-...Y Lincoln, odias a Pacifica porque no deja de molestarte.

-No la odio. Sólo no la soporto.

-Pues tendrán que aprender a soportarse mutuamente, porque hasta que lo hagan tendrán que ir los dos juntos en el asiento trasero. –Wendy frenó el coche. –Linc, atrás.

-Pero-

-Ahora.

Lincoln bajó del coche y se subió atrás sin ofrecer resistencia, no quería terminar en una pelea más grande con su primera amiga en Gravity Falls.

-Wendy, ¿Dejaras a dos niños que ya han demostrado estar dispuestos a matarse juntos en la parte trasera de tu coche? –Pacifica dijo con molestia.

-Sí. Eso haré, y no más navajas o armas en la escuela.

-No eres mi madre, Wendy.

-Pero ten por seguro de que ella ya se enteró, junto con tu padre.

-Los dos pueden irse a freír churros con doble cubierta de chocolate. –Por la forma en que se había dirigido a sus padres antes y ahora, la chica no parecía tener una buena relación con ellos.

-Lo mismo para ti, Linc. Stan debió ser informado sobre aquella pelea. Así que si fuera tú ya iría preparando una buena excusa, Linc.

-Uf.

El resto del camino fue en silencio.