Pacifica no fue a la escuela al día siguiente, y Lincoln no podía sentirse más agradecido por eso. Cuando no la vio en el auto de Wendy se permitió suspirar de alivio al pensar que tendría un viaje tranquilo y sin incidentes, al menos hasta que Wendy lo mandó al asiento trasero. Su amiga pelirroja aun parecía estar molesta con él por el asunto de la pelea y el que pacifica no los acompañara no significaba que no fuera a verla por los salones.
-¿Y qué dijo el viejo Stan al enterarse sobre la pelea que tuviste con Pacifica Northwest?
-Sólo que los Northwest eran la familia más rica, temida y poderosa de todo el pueblo –información que le hubiera servido desde antes, pero que por alguna razón todos esperaron a un incidente que podría ponerlo en la mira de los Northwest para decirle que le pateó el culo, literalmente, a la hija de los mayores hijos de puta de todo el lugar –, también que sería mejor que supiera algo sobre costura para reparar esta chaqueta gastada y algo sucia, eso y que recobrara la navaja –pasó su mano por la chaqueta recién reparada –. No tuve problemas para la costura –fue el pequeño modelo de su... ex-hermana durante seis años, era natural que aprendiera un par de cosas sobre la costura y confección. Se atrevería a decir que la costura quedó aún mejor que antes.
Wendy lo miró incrédulamente por el espejo retrovisor –¿Sólo eso? Tuviste una brutal pelea a navajas con una chica, lo que casi te cuesta la expulsión, ¿Y sólo una reprimenda?
Lincoln se rascó la venda sobre la ceja derecha –Quizás creyó que los golpes y heridas eran castigo suficiente. Tuve que darle toda una plática sobre la igualdad de géneros y como las niñas de ahora son más que capaces de dar palizas, eso y terminar con los estereotipos de que las niñas ricas contratan idiotas para dar las palizas. Eso también ayudo, supongo.
Wendy suspiró, aunque no pudo ocultar una leve sonrisa –Pacifica se equivocó, no eres un burócrata; eres un político. Tendrías que controlar un poco más lo que dices y cuando lo dices, Linc.
No es que no pudiera controlar lo que decía o tuviera que pensarlo dos veces, simplemente no quería seguir guardándose las cosas. Se guardó el dolor que le provocó ser sacado a patadas de su casa, como también el dolor que sintió en el momento en que su familia demostró más preocupación y amor por un traje de dubetina que por su propio hijo de once años.
No, gracias Wendy, pero aprendió a la mala que es mejor dejar salir las cosas en el momento que esperar cuatro meses a que alguien se dé cuenta sólo porque estallaste y luego descubras que le importe una mierda como te sientas.
-Lo consideraré si me dicen de una vez quién es Gideon.
Cualquier sobra de humor se borró del semblante de Wendy cuando dijo ese nombre. Lincoln no quería hacer de esto otro viaje silenciosamente incomodo o tener que dejar en tema para otro momento, ¿Cuándo sería un buen momento si un simple nombre mataba cualquier rastro de ánimos? Quería terminar con el misterio del supuesto enanito diabólico de Gravity Falls.
-¿Es regla general tener una pelea con navajas antes de saber con quién tengo que meterme? –Suspiró –Creí que esperar a último momento para que te digan algo que te hubiera ahorrado un montón de sufrimiento y problemas sólo pasaba en las series de Tv o los videojuegos.
-Linc... mira el asunto de Gideon es algo realmente delicado –Wendy pareció tratar de utilizar las palabras adecuadas, pero ni ella misma parecía conocerlas –. Estoy segura de que escuchaste algunas cosas en la escuela... -Lincoln asintió con la cabeza mientras la miraba a través del espejo retrovisor –bien, esa no es toda la verdad. Muy pocas personas saben la verdad.
-¿Y tú eres una de esas personas, Wendy? –El silencio de Wendy fue todo lo que necesitó como respuesta –. Está bien, Wen. No te pido que me digas todo, sólo quiero saber si lo que escuché en la escuela es verdad o rumores desmedidamente exagerados al momento de pasar de boca a boca.
-Posiblemente los exageraron un poco –no es como si todos pudieran recordar lo que realmente pasó, peor Gideon era desagradable desde antes –¿Qué has escuchado?
Lincoln intentó recordar algunos detalles de lo que había escuchado por los pasillos y cuando las peleas con Pacifica eran lo bastante tranquilas para escuchar algo.
-Que era un niño petizo y precoz que disfrutaba de pedirle fotos picantes a las admiradoras que ganó en un show de magia muy concurrido durante el verano –o algo así –. También que podría haber utilizado un tupé, y que tenía un enfermizo amor por su madre; de quien abusaba física y emocionalmente hasta el punto de volverla una sombra de la mujer alegre y animada que el apellido Gleeful podía haber descrito antes del nacimiento del anticristo de las mejillas suaves –se encogió de hombros –lo demás son rumores sobre tráfico de drogas, hongos alucinógenos y abusos sexuales a niñas mayores de edad. Oh, y que su padre lo consentía demasiado. Creo que ese fue el problema.
Wendy levantó una ceja algo incrédula. Le extrañaba que Lincoln no tuviera moretones cada vez que iba a recogerlo, quizás estar tan cerca de la niña intocable lo había ayudado un poco, o las personas preferían mantener los demás rumores en silencio cerca de él.
-Bueno... algunos realmente son exagerados, aunque otros están un poco más cerca de la verdad.
-¿Alguien murió? –Lincoln se maldijo por decirlo tan abiertamente. Esos temas tienen que ser tomados con delicadeza, y parecía lo único que no había podido hacer en los últimos días. La expresión de Wendy fue una confirmación desagradable –Lo siento, tienes razón en eso de que tengo que controlar mejor lo que digo, o como lo digo.
-...Está bien –Wendy disminuyó la velocidad, la escuela estaba cerca –. Lincoln... muchas personas resultaron lastimadas por las acciones de Gideon... Ese niño era malo y punto. Más de una vez se le dio la opción de cambiar, pero no la tomó y terminó haciendo cosas horribles, y no creas que por ser un niño estaba limitado, porque ese engendro tenía recursos... Y lo de que su padre lo consentía demasiado era verdad.
Era todo lo que necesitaba saber. Seguramente era la copia de once años y menos rellenito de un niño psicópata.
-Bien, un trato es un trato. No te preguntaré más –a ella al menos.
-Siento que tengas que tenerla difícil en la escuela, Lincoln. Esperaba que al conocerte las cosas fueran diferentes.
-Yo también, pero pasar tiempo de calidad con Pacifica no me hicieron ganar la mejor imagen.
Wendy no podía negarlo. Pacifica había pasado de ser la imagen de la elegancia y perfección, a ser una chica arisca con hábitos algo desagradables. Aunque por lo que escuchó, sus padres realmente se estaban esforzando con ella –¿Por qué algunas personas sólo se dan cuenta de la mierda que eran cuando es tarde –murmuró.
-¿Disculpa?
-Lo siento, pensaba en voz alta.
-No hay problema.
Finalmente llegaron a la escuela, y por primera vez podía decir que fue un viaje agradable. Realmente no se sentía bien al admitir que esperaba que Pacifica no asistiera a clases, pero así era. La chica se había esforzado por ser sumamente odiosa con él, especialmente en los momentos de amenazarlo con su navaja, lo que llevó a todo este lio.
Aunque él tampoco podía considerarse inocente.
Después de lo que le hizo en el pasillo no creyó que pudiera volver a verla correctamente a la cara. Aunque a Mabel no parecía haberle importado mucho, de hecho parecía sumamente interesada en que le diera los detalles de cada patada y si se atrevió a meterle la mano para comprobar lo húmeda que estaba. ¿Qué clase de novia se calienta cuando su novio admite haber lastimado a otra chica? Quizás la misma que lo alentó a repetirlo con ella, pero con algunos instrumentos incluidos.
Pero no era algo para pensar en esos momentos.
Era el momento de pensar en lo que podrí ser su primer día de escuela sin pacifica... Y su primer castigo.
-Oye Wendy –Lincoln llamo su atención mientas bajaban del coche –¿Qué sabes del director?
-¿El directo? Bueno... es un tipo agradable, creo –se rio un poco –. Aunque suele enviar a la sala de castigo a la mayoría de los chicos, aunque a veces parece que los escoge.
-¿Los escoge?
-Sí, ya sabes. Algunos chicos comenten tales faltas y terminan con citatorios o cualquier otra cosa, mientras que otros comenten exactamente las mismas faltas y terminan con una o dos semanas en la sala de castigos –negó con la cabeza un poco –. Yo misma terminé castigada más de una vez. Los castigos son... son... ¿Cómo eran? –Pareció realmente desconcertada mientras colocaba una mano sobre su barbilla. Lincoln la vio pasar la lengua por su cicatriz mientras realmente parecía esforzarse por recordar un simple castigo –, son castigos y ya, todos son iguales para mí. Sólo tienes que quedarte sentado en una habitación gris durante una hora después de clases.
-¿Los casitos son así? –Lincoln estaba a acostumbrado a quedarse en un salón gris durante los recesos, no una hora entera después de clases.
-Sí, ¿No son así todos los castigos, Linc? –Wendy acarició su cabeza mientras lo animaba a seguirla –Tranquilo, vendré a recogerte después. ¿Sabe? Me alegra que te liberes un poco más, Linc.
-¿Siendo castigado por golpear niñas?
-No, tonto. Me refiero a que la primera vez que te vi no dejabas de temblar y mirar de un lado a otro mientras te mostraba el pueblo, parecías realmente asustado de cualquier cosa que te rodeaba.
Lo estaba de hecho. No podía dejar de pensar que su familia aparecería de un momento a otro, o que al llegar a casa de Stan vería la vieja Van, entonces espiaría por una ventana y vería a sus padres y algunas hermanas hablando animadamente con Stan antes de regresarlo a un armario vació y un traje de ardilla irrompible con candado.
Pero después de casi cuatro meses sin noticias de nadie, comenzaba a sentir la necesidad de explorar el lugar por su cuenta –¿Sabes Wendy? Creo que no me vendría mal caminar un poco después de la escuela. Todavía tengo lugares que me gustaría ver –levantó la mano cuando Wendy abrió la boca –. No me internaré en el bosque, Wendy. Prefiero seguir creyendo que los bichos grandes y feos de la fantasía siguen siendo fieles a mundos imaginarios.
-Bien dicho, Linc –le apuntó con sus dedos en forma de pistola y le dio un tiro imaginario antes de acariciar su cabeza otra vez.
No había mucha diferencia en realidad. Como mínimo había esperado al menos un poco de intimidación, pero visto desde otro punto de vista, ¿Quién se metería con el niño que se libró de la expulsión después de una pelea de navajas con una chica dos años mayor que él? Y tomando en cuenta que parece ser un derivado de Hitler con cabello blanco, era natural que la gente lo viera, murmurara y luego se alejara.
¿Dónde quedaron los tiempos en que los niños malos eran populares? Tal vez cayeron de su nube a tierra realidad, un lugar donde luchaban por pagarle la renta de un sótano a sus padres y guardan el resto para drogas, chicas o chicas drogadas. Tampoco esperó poder cambiar docenas de aspectos equivocados.
Pero tendría que tener esperanzas.
-...Escuché que tuvo relaciones sexuales con Pacifica en medio del pasillo –una chica murmuró mientras pasaba junto a él.
-¿Cómo? –Se dio la vuelta, lo que causó que la chica chillara de mido y saliera corriendo tomada de la mano de su compañera de chismes.
Los demás alumnos lo miraron de reojo antes de ignorarlo, otros le dieron una leve sonrisa y siguieron su camino. El idiota que se hacía el genial de los setenta levantó levemente la cabeza y lo miró con un único ojo abierto mientras fruncía demasiado le entrecejo, y arrugaba la nariz como un perro. En lugar de parecer aterrador era como si estuviera estreñido. Pero ya que iba a mirarlo así bien podía darse cuenta él mismo.
Debió saber que un pleito tan animado con insultos y golpes bajos no podría pasar desapercibido, en el peor de los casos los habrían gravado. No es como si pudiera comprobarlo, ni siquiera tenía un celular o cualquier otro medio de comunicación. Stan parecía tener una pequeña laptop en su cuarto, pero no parecía dispuesto a prestarla a nadie.
Tal vez por eso Pacifica no asistió a la escuela. La chica problema se había dado cuenta de que los habían visto y prefería esperar a que todo pasara a tener que agitar su sensual culo por los pasillos –¿Acabo de pensar "sensual culo"? –agitó su cabeza mientras sujetaba su frente –, esta nueva vida me está afectando un poco más de lo que creí.
Aunque su trasero si era bastante sensual. A diferencia del de Mabel, el trasero de Pacifica parecía ser más firme y tener un tamaño perfecto para sus trece años de edad, quizás en el futuro... podría dejar de pensar en el trasero que pateó sin compasión y podría ser la fantasía masturbadora de cualquier adolecente con o sin novia.
-Rayos, ¿Quizás me estoy volviendo irrespetuoso con las mujeres? –Su familia original estaba compuesta de ellas, y no terminó nada bien. Eso explicaría su creciente animadversión hacia el género femenino –Sólo espero no terminar como los tipos de las noticias –últimamente parecía común ver la violencia hacia las mujeres, especialmente cuando se tenía acceso a una lata de gasolina o queroseno.
-Tú puedes Lincoln... Consigue amigos con los cuales puedas correr la voz de que aparte de compartir un choche no tienes negocios con Pacifica Northwest.
¿Qué tan difícil podía ser en realidad?
-Ya era hora –Stan murmuró mientras veía la imagen del niño de cabello blanco en la laptop–. Y sólo les tomó cuatro meses darse cuenta de que su niño ya no estaba en la puta ciudad, bastardos.
Se encontraba ojeando el registro de personas desaparecidas de Michigan, más correctamente de Royal Woods. Lo había hecho mensualmente desde que Lincoln puso un pie en esa maldita cabaña, y hasta ahora no había encontrado nada más que la típica mierda que huye de casa para volver al día siguiente. Pero Lincoln llevó cuatro meses desaparecido antes de que a alguien pareciera importarle un cuerno.
La noticia le pareció un montón de disparates. ¿Doce hermanas preocupadas? ¿Un mensaje de regresa a nosotros hermanito? ¿Nadie está enfadado ya? ¿Lamentamos mucho la pelea? A Stan le gustaría creer que todo eso es verdad, pero el niño de la foto tenía una diferencia importante con Lincoln... el niño de la foto no estaba totalmente desecho.
¿Y quieren que crea que todo esto fue por una simple pelea familiar? Incluso en las noticias se preguntan como la familia pudo tardar cuatro meses en darse cuenta de que Lincoln había desaparecido una noche de tormenta, o si estaba relacionado con el rumor de la "Ardilla de la suerte". Sea lo que significaba, por el modo en que estaba escrito no podía ser bonito para la familia.
Stan apagó el ordenador –¿Qué esperaba encontrar? –.Quizás saciar su curiosidad. Lincoln no parecía estar dispuesto a decirle nada y era entendible, pero eso no quiere decir que no quisiera saber más sobre su posible inquilino permanente. Le dio un nombre falso y todo después de todo, algo que ni él mismo había esperado.
Se estaba dejando llevar mucho por sus emociones últimamente.
No podía evitarlo ahora que volvía a tener compañía. Antes al menos tenía a Soos y a Wendy, pero ahora... tenía un pequeño monstruo encerrado en el ático, y a un niño que esperaba no fuera muy curioso.
Abrió el cajón de su escritorio y sacó una pequeña fotografía enmarcada.
-Como los echo de menos, niños. –La fotografía era de un par de gemelos de cabello castaño; el niño parecía tratar de mantenerse algo serio, pero la niña dejaba salir un gesto burlón hacia la cámara.
-¿Qué dices tío Stan? ¡Estoy aquí mismo! –Mabel estiró su cuerpo parada sobre la mesilla de trabajo y levantó sus manos hacia el techo –. ¿Es que no me ves, tío Stan?
Stan mantuvo sus ojos en la fotografía durante unos segundos más antes de guardarla y salir de la habitación.
-Que aburridoooo.
Al menos parecía ser que Pacifica realmente había faltado a la escuela, eso lo libraba de tener más discusiones con ella. Pero eso de socializar con las personas no estaba yendo tan bien como había esperado. Sabía que limpiar su reputación sería un proceso lento, pero si no solucionaba varios malentendidos desde ahora entonces Pacifica regresaría y no podría evitar tener otra pelea. Quizás mañana o a mitad de la escuela.
Tenía que hacer algo desde ahora.
En cuanto tocó la campana del primer receso se dirigió hacia un chico al final de la clase. Lo había visto antes, leyendo comics de personajes que no conocía, pero que podrían ser interesantes. ¿Cuándo había sido la última vez que pudo leer un comic? Lynn había venido los suyos por tener altas dosis de mala suerte, y ni siquiera compartió el dinero. Lo tomó como su paga por hacer un servicio al hogar.
-Hey, ¿t-te gustan los comics? –Intentó controlar un poco más su habla mientras se acercaba. El chico levantó la vista de sus comics y sus ojos se agrandaron mientras sus manos temblaban –. Está bien, calma –levantó las manos para tranquilizarlo –. No importa lo que digan de mí, soy realmente muy tranquilo.
El chico no dijo nada mientras se acercaba más. ¿Qué tan mala era su reputación en este punto? Era mejor encontrar un tema en común que podría llevarlos a una conversación; lo bastante animada para que todos los vieran reír juntos y ver que no era el monstruo desalmado que veían por los pasillos.
-¿Sabes? A mi también me gustan mucho los comics –no tanto como antes, pero sentía algo de atracción por el comic que ese chico tenía en las manos –. Aunque hace tiempo que no puedo leer ninguno –Sonrió lo mejor que pudo –. Es cuando noté el tuyo.
El chico alternó su mirada entre Lincoln y el comic y entonces lo cerró y se lo pasó con la mano temblorosa.
-Oh, gracias –Lincoln lo tomó con una sonrisa. Eso de ser amable realmente estaba funcionando. Lo ojeó un poco antes de darse cuenta de que no conocía nada acerca del héroe y la historia –. No estoy familiarizado con estos personajes, ¿Y si lo leemos... juntos?
El chico ya estaba corriendo por la puerta cuando volvió a verlo.
-...Le robó el comic.
-¿Viste eso? Le quitó el comic a Jimmy.
-¿Por qué? Jimmy nunca le hizo daño a nadie.
-...Hablaba como un psicópata, hasta yo tuve miedo.
Lincoln volteó hacia los murmullos y estos callaron la instante.
-Esto no es lo que parece, ¿Entienden?
Algunos chicos y chicas asintieron con fuerza mientras que otros se mantenían al margen de todo.
-No diremos nada –uno de ellos se atrevió a mencionar.
-Carajo.
Bien, el primer intento fracaso. Había dejado el comic sobre el pupitre y había salido de ahí. No se le escaparon los suspiros colectivos en cuanto lo hizo. Viéndolo desde el lado bueno ahora sabía que tanto había bajado su reputación en la escuela ¡Era el niño más temido del salón! La experiencia era nueva y para nada agradable. Por lo general era uno de los perdedores, no uno de los temidos.
¡Ni siquiera intentaba ser un niño malo!
-La primera táctica se jodió, pero todavía me quedan los recesos y el almuerzo. Sólo tengo que encontrar un lugar donde se reúnan chicos de mi edad que no tengan miedo de hablar conmigo.
-Oye.
Alguien le habló desde los casilleros. No era precisamente la persona que había estado esperando, de hecho era el niño que se creía genial sólo por estar parado con la mirada baja contra los casilleros.
-Si sigues por ese camino... Pasaras un mal rato.
Lincoln lo miró con los ojos en blanco antes de suspirar y seguir su camino.
-Todos hemos jugado Undertale –le mencionó antes de seguir. ¿Y qué quiso decir con ese camino? Tampoco le agradaba haberse convertido en el matón de la escuela sin darse cuenta.
Supuso que la respuesta del idiota sería el silencio mientras miraba al piso. ¿De dónde sacó que eso se veía cool? Ese chico era el clásico ejemplo de lo que la sobredosis de caricaturas y animé podían hacerle al cerebro. Los niños terminaban convencidos de que mantener un rostro serio mientras fingen no sentir nada los hacia los chicos malos y geniales del su escuela.
Sólo se veían idiotas.
Y ni siquiera los idiotas de la escuela lo querían cerca, sólo le daban algo de dinero o su ropa si los alagaba. ¿Era mucho pedir siquiera un poco de intimidación por parte de un chico más alto y fuerte que él? La intimidación podría enseñarle a todos que él no era como lo pintaban, e incluso podría unirlo a un grupo igual de intimidado con los cuales tener una sana amistad de supervivencia escolar.
Pasó el almuerzo en solitario. No estuvo tan mal, al menos ya no tuvo que pasarlo discutiendo las mil y una noches con Pacifica. Fue relajante, pero a la vez incómodo. No tener a nadie con quien discutir hacía que los pocos minutos del almuerzo parecieran eternos. ¿Echaba de menos a la chica? No realmente. No eran la típica pareja dispareja que se echan de menos por no poder discutir con nadie más. Los dos realmente no se soportaban mutuamente, pero al menos de su lado tenía un motivo. Pacifica sólo lo odiaba por como se veía. Por eso y por hacerla rogar en el piso.
Desvió ese recuerdo. No necesitaba más culpas por ahora.
Su siguiente objetivo de amistad fueron tres chicos en los baños detrás de la escuela; dos chicos y una chica para ser exacto. Ellos vestían de negro y se la daban de chicos malos sólo por poder robar cigarrillos. No eran precisamente el mejor empleo para un niño de once años, pero quizás podría intentar algo.
Por como lo veían al acercarse, Lincoln estaba seguro de que eso sólo podía acabar de tres maneras distintas: A) Lograba habla con ellos lo suficiente para que le dieran una oportunidad en su círculo de rechazados, cosa que Lincoln rechazaría por lo que realmente no tenía razones para estar ahí; B) Le darían una golpiza, lo que haría bajar su nivel social y lo convirtiera en un rechazado que jugó al chico malo. Eso no podría ser del todo malo, ya que le daría la oportunidad de empezar de nuevo con chicos y chicas que no le temieran tanto; C) Toda la ira reprimida en once años de vida volvería a emerger una vez más en forma de fuerza y le dará pelea a los tres juntos, la suficiente para terminar frente al director y ser todavía más temido en clases.
Por supuesto, la tercera es imposible. Y por desagradable que fuera, la B es la mejor de las opciones.
-Hey, chicos –trató de saludarlos –. Un poco jóvenes para fumar... porros, ¿No?
Los tres lo miraron un segundo antes de comenzar a rodearlo.
-¿No eres el chico que violó a la perra Northwest?
-¿Otra vez por aquí, señor White? –El director lo vio como si realmente hubiera hecho algo malo –. Y esta vea con tres alumnos de los cursos superiores, ¿En que estaba pensando?
En tener una oportunidad con los perdedores, por otro lado, parecía tener más rabia reprimida de la que creyó en un primer momento.
-Fue un accidente –. Se limpió el ojo derecho, lo tenía totalmente negro por la pela. Su cabello estaba despeinado y su ropa algo rasgada y sucia, fuera de eso estaba bien.
-¿Accidente? Dos de esos chicos están en la enfermería, y tuvimos que llamar a una ambulancia para llevarse al tercero. Sólo por curiosidad, ¿Tiene algo contra las mujeres?
-No soy ese tipo de chicos –Lincoln respondió –. Fue sólo algo que pasó.
-¿Arrancarle el aro de la oreja de un fuerte tirón fue un accidente? Parece que te concentraste más en la pobre de Megan que en cualquiera de los otros dos.
-¿Lo hice? No me di cuenta.
-Pues lo hizo, y sólo por eso se ganó otra semana de castigo, Señor White.
¿Sólo sabía poner castigos? Cómo es que los padres de los alumnos lastimados nunca reclamaban nada.
Pacifica le pasó un pequeño fajo de billetes disimuladamente y recibió la bolsa con su otra mano. En el momento de sentir el contenido de aquella pequeña bolsita entre sus dedos la ocultó en el bolsillo de su minifalda.
-¿Wendy ya no acepta tus verdes? –Aquel hombre le preguntó mientras comenzaba a contar el dinero –. Mucho mejor para mis bolsillos, preciosa. Por cierto, me gustan tus nuevas gafas.
Pacifica hizo una expresión desagradable mientras aquel sujeto desviaba la vista hacia sus piernas y luego volvía a contar el dinero. Había tenido que utilizar gafas oscuras para ocultar los moretones que el infeliz de Lincoln le había dejado en ambos ojos. Su ropa había vuelto a ser la usual de siempre; reveladora y con un mensaje insultante al nombre del lugar. Tenía una pequeña bandita enrollada en el dedo medio de la mano derecha; se había roto esa uña cuando le causó aquella herida sobre la ceja a Lincoln.
Bufó al penar que el muy idiota seguramente había ido a la escuela como un buen niño. Y maldijo internamente al recordar los golpes que le había dado mientras la mantenía en el piso... El bastardo de mierda.
-Oye, ¿Te interesaría tener un poco más de lo usual? –El camello que le vendía mierda de no tan mala calidad como los otros le habló con un tono sugerente –. Sólo tendrías que darme un... pequeño servicio extra –se relamió los labios mientras volvía a ver sus piernas y luego a sus pechos en crecimiento.
-Tengo catorce, pederasta.
-Ja, y mi sobrina tiene trece y eso no le impide chupársela como nunca a mi hermano ¡Y es el padre! –Se rio como todo un puerco en cuanto lo dijo –. ¿Qué dices? Unas cuantas lamidas y una corrida en la cara a cambio de los restos dentro de mi bolsillo –se sujetó la entrepierna y la movió de arriba abajo en señal de invitación.
-Que te la dé tu madre –le mostró el dedo medio y se dio la vuelta –. Oye –se detuvo antes de salir de aquel estrecho callejón detrás del bar –, ¿Tus amigos estarían dispuestos a ganar algo de dinero?
-¿Quién no está dispuesto a ganar algo de dinero? –La miró con otra de sus sonrisas desagradables –, aunque yo estaría dispuesto a lo que sea por frotarla entre tus tetas –eso fue tan contundente que Pacifica sintió deseos de vomitar.
-Sigue soñando, pelotudo.
-Y de las buenas.
Por eso odiaba negociar con ese tipo.
-Eso no contesta mi pregunta, ¿Tus amigos quieren ganar algo de dinero fácil? –Sacó un cigarrillo de su bolsillo y lo encendió dentro de su boca –, me gustaría poner a cierto idiota en su lugar.
-Eso depende del dinero que estés dispuesta a paga, o hasta donde llegó ese idiota contigo.
-Más lejos de lo que nunca llegaras.
-¿Cuándo lo matamos?
El salón de castigos era como cualquier otro en el que haya estado: gris, oscuro y con un enrome pizarrón con la palabra "castigados" escrito con tiza blanca. Lincoln había esperado ser un poco menos impopular en el lugar, pero la suerte nunca había estado con él. La mayoría de los castigados se mantenían alejados de él mientras murmuraban algo sobre una relación violenta con Pacifica.
-Lo que me faltaba, ahora hasta me emparejan con ella –Los rumores no parecían dispuestos a parar muy pronto, por lo que tendría que esforzarse todavía más si quería limpiar su nombre y mostrarle a la escuela que no era como lo habían estado pintando todo este tiempo –. ¿Debería unirme a algún club escolar? Ya es mitad de año, por lo que podría causar problemas en los integrantes... Especialmente con mi reputación. O tal vez algo de trabajo comunitario para probar que me preocupa en medio ambiente.
La sala de castigos parecía más llena de lo que había esperado. Había un total de cinco filas de pupitres y Lincoln pudo contar alrededor de seis en la primera, por lo que debería haber treinta asientos, de los cuales la mitad estaban ocupados; mayormente por chicas. Había un total de once chicas, todas ellas alrededor de su edad. Bien, si los separaban era mejor para él, no quería volver a ver a los chicos con los que se peló en los baños detrás del gimnasio.
Pasó la mano por su nuevo moretón preguntándose cuanta mala reputación había ganado últimamente.
¿Desde cuándo se había convertido en un matón? Lincoln Loud jamás habría soñado con tener una reputación temida, o golpear a las niñas, mucho menos meteré en una pelea. No, no Lincoln Loud, pero él ya no era Lincoln Loud, en estos momentos era Linc White. Un nombre poco imaginativo, pero cumplía su propósito. ¿Era Linc White un matón?
Tenía que admitirlo, desde que se mudó a Gravity Falls había comenzado a experimentar cosas realmente extrañas y no eran solo los gnomos que veía dando vueltas por ahí en la basura, o las extrañas luces que aparecían y desaparecían tras la ventana; eso ya era algo natural para él. Lo que realmente había cambiado era algo más interno, algo que incluso Lincoln podía ver.
¿Tan rápido había dejado once años de enseñanzas? Aunque las haya aprendido do unos mentirosos, subconscientemente tendría que haber mantenido una o dos de ellas.
-Tal vez sólo estoy amargado.
El resto del tiempo pasó de manera normal: aburrido. Estaba prohibido hablar con nadie o utilizar cualquier aparato electrónico; todos los celulares estaban colocados en filas sobre la mesa del profesor y la típica maestra con sobre peso los vigilaba mientras mandaba mensajes con su celular, ¿Otra forma de castigo psicológico? Tal vez estaba igual de aburrida que ellos, y no creyó que le pagaran extra por vigilar a un montón de niños problema.
Una bola de papel cayó sobre sus piernas. ¿Intimidación? Por extraño que parezca, eso sería una mejora a su actual estado de matón rechazado. Lincoln trató de ver de dónde vino y se encontró con una chica de cabello castaño y el típico uniforme escolar blanco con falda azul, la chica señaló el papel y le hizo ademanes de abrirlo.
Lincoln lo abrió con un suspiró, al menos era un mensaje.
¿Es cierto que violaste a Pacifica Northwest en los pacillos? Si – No.
El ojo negro de Lincoln tembló levemente mientras su respiración se agitaba. Lo que sentía en esos momentos era equivalente a tragare una caja de clavos y bajarlas con brea caliente antes de comerse un chocolate laxante. Antes de romper el papel en pedazos y arrojarle los restos a la chica, decidió que era un buen momento para librarse de malentendidos.
Tomó un pequeño lápiz de su bolsillo y rodeó el No con varios círculos.
-Sé positivo, Lincoln. Esa niña podría ser tu nueva mejor amiga.
Hizo una bola de papel con cuidado de no alertar a la maestra obesa y lo arrojó hacia la niña.
En el momento en que la niña lo alcanzó, las bocinas alrededor de la sala de castigos comenzaron a emitir un sonido agudo y penetrante. Lincoln sintió como si estuvieran rasguñando un pizarrón justo contra su oído –¡AAAHH! –se cubrió las orejas con fuerza mientras reprimía los restos de su grito. ¿Qué era eso?
¿Era sólo él? Nadie parecía darse cuenta del molesto sonido que rompía lentamente su cabeza de dentro hacia afuera, era como si su cerebro se estuviera inflando y chocara contra el interior de su cráneo. Podía imaginar las grietas que se abrían en su cráneo y como partes de su cerebro salían como una plasta sin forma. Entonces escucharía el crack y todo se volvería oscuro.
En el momento de imaginar su cabeza partirse con el mismo sonido que hace una calabaza al estrellarse contra el piso, el sonido cesó.
-Atención, mis queridos alumnos. Atención –La voz del director salió de las bocinas –. Lamento mucho informarles que no podré asistir a sus castigos.
-Waaah.
Un lamento colectivo se escuchó alrededor, y Lincoln vio con incredulidad como algunos chicos y chicas ya estaban quitándose prendas de ropa y manoseándose en lugares indebidos. Incluso la maestra obesa parecía algo decepcionada mientras tocaba sus senos caídos sobre su ropa.
Lincoln se paró del pupitre y miró todo en el desconcierto.
-Sí, sé que es triste, pero la familia es lo primero, ¿Verdad cariño?
-T-tío... tío... ahh.
-¿Se siente rico? Sí, sí. Ten un poco más.
-Ah, pero que mocosa más afortunada. Mira que tener al director para ella sola –una de las chicas problema se cruzó de brazos mientras su compañera le manoseaba un pecho y asentía.
-¿Qué? –Lincoln las miró con asco.
-Mi amada sobrina se quedará conmigo alrededor de una semana por lo que no podré verlos por un tiempo...
-¡Mocosa de mierda! –otra chica gritó mientras lágrimas comenzaban a salir de sus ojos. Algunas de sus compañeras trataron de retenerla y terminó destrozada mientras lloraba sin contenerse, otras parecían a punto de pasar por lo mismo.
-...pero tranquilos, mis queridos niños problema, los compensaré a todos una vez que la semana termine. ¿Qué tal si hacemos otro sorteo para quienes no tengan césped en el campo? Traten de no lastimarse con la maquina otra vez, eso sería incómodo.
-¡Me rasuré! ¡Me rasuro todos los días por ti, mi amor! –La chica de cabello castaño de antes arrojó la nota aún lado y gritó con fuerza mientras levantaba su falda y mostraba sus bragas blancas –. Todo es para ti. ¡Tómalo todo!
Lincoln no lo soportó más. Es chica no era la única que parecía actuar de aquella forma. Todos, incluso los niños actuaban como si les hubieran roto el corazón y se encontraran profundamente deprimidos. ¿Habían enloquecido o qué?
-¡¿Que mierda les pasa a ustedes?! –golpeó el pupitre con fuerza –¿Es que son sordos o sólo estúpidos? ¡Es un puto pederasta abusando de una niña! ¡Yo vi a esa niña y no puede tener más de siete u ocho años de edad! –señaló hacia las bocinas. Todos a su alrededor se miraron a los ojos con desconcierto, como si él fuera el verdadero loco sin sentido.
-¿Qué le pasa?
-Ignórenlo.
-¿A mí que me importa? A mi amado director ni le gusta mi gatito...
-No, no. Tu gatito es precioso, pero la familia es la familia.
Lincoln sólo podía verlos incrédulo mientras. Intentó buscar a alguien con un poco de sentido, pero sólo encontró más reacciones exageradas.
¿Qué carajo... uh?
Entonces la vio.
La maestra obesa lo miraba con la boca semiabierta y grandes ojos verdes. Su cuerpo pareció temblar un poco cuando Lincoln la vio.
-Usted es normal.
La mujer no tardó en recoger sus cosas y correr hacia la puerta con pasos temblorosos. Lincoln la siguió sin pensarlo dos veces, pero al momento de llegar a la puerta la escuchó girar una llave desde afuera y quedó encerrado junto al grupo de locos amantes de los pederastas.
-¡Abra! ¡Abra de una maldita vez maldita gorda depravada! –escuchó los pesados pasos de la mujer alejarse mientras golpeaba el vidrio de la puerta –Mierda.
Debió patear la puerta una docena de veces antes de rendirse y apoyarse contra el escritorio. No lo había imaginado, algo realmente malo estaba pasando en la escuela, y el director era el responsable de eso. Posiblemente tenía que ver con ese maldito zumbido que casi lo hace perder la conciencia por el dolor.
Parecía ser la causa de que todos en el salón se volvieran estúpidos.
-Que mala suerte lo de la mocosa –una chica emo con el cabello pintado de un tono púrpura oscuro se sentó sobre su pupitre. Tenía puesta una camisa negra transparente que dejaba ve una camisa negra de todo normal, una falda purpura que llegaba sobre los muslos y calzas negras con pequeños cortes en las rodillas –, y yo que por fin me había puesto el piercing en el clítoris como me pidió –levantó su falda y mostró su vagina oculta sólo por la caza negra.
-¿Y duele?
-Un poco cuando orino, pero todo sea por el amor. ¿No?
-¿Puedo tocarlo? –Uno de los chicos se acercó a ella –quiero saber cómo se siente.
-Adelante, pero no es tan impresionante como crees. Al menos yo no lo sentí así –el chico metió la mano entre sus piernas y comenzó a tocar el piercing a través de la calza –. Es un poco incómodo para masturbarme.
Era como si todos hubieran perdido cualquier rastro de pudor o virtud. Algunos hablaban sobre distintas posiciones sexuales y movimientos de cadera cuándo el director ya estaba a dentro, mientras que otros solo sollozaban por un pene.
-Ya está, me largo de aquí –se rodeó el escritorio y tomó la silla donde la gorda estaba sentada. Con el mayor impulso que pudo lograr la estrelló contra el vidrio de la puerta y este cayó a pedazos hacia el pasillo.
-¡Oye, eso es propiedad escolar! –uno de los chicos lo reprendió.
-Mejor déjalo, no vaya a ser que te viole como a Pacifica –una chica lo tomó del hombro y lo detuvo –. Un chico que iba al baño lo vio manoseándola en el piso mientras la obligaba a gritar por su nombre.
-No vale la pena que me explique con ninguno de ustedes –Lincoln golpeó los restos del vidrio alrededor del marco y se subió a la silla –. Espero que cuando despierten no recuerden nada de esto para que puedan seguir con la mentira que llaman vida mientras un pederasta se las mete por el culo, hijos de puta –dio un salto hacia el otro lado y cayó de pie sobre un montón de vidrios rotos.
Recientemente Lincoln había descubierto que muchas cosas comenzaban a irritarlo más de lo usual. Aunque por lo general era sólo con Pacifica o cualquier idiota que se pasara de listo con las cosas que se decían de él en los pasillos, nada que no incluyera algunas fantasías violentas de golpes y patadas.
Aquella pelea que tuvo detrás de la escuela también podría haberle mandado un mensaje de su actual forma de ser, o señalar que tenía un problema grave. En cualquier caso, esa ira no era nada comparada a la que sentía ahora. Maldita sea si no se imaginaba utilizando la vieja navaja medio oxidada de Stan dentro del cuello del director.
¿Y por qué no lo haces? La puerta de la cocina está abierta, sería fácil tomar un cuchillo. Ese hombre todavía está con la bragueta abierta mientras disfruta de un largo juego previo con su sobrina.
Podría tomarlo por la espalda, o incluso de frente. ¿Y por qué un cuchillo? La escuela tenía que tener herramientas en caso de emergencias, como un hacha de mano o una palanca. Podría golpearlo hasta que se arrepintiera de haberle metido mano a su sobrina... ¡Su familia! ¡Esa niña era su familia! ¿Cuál era el problema de ese hombre?
Mátalo.
La policía aquí es inútil, y la escuela no posee cámaras de seguridad.
Sólo entras y sales.
Antes de que más ideas homicidas se apoderaran de él, Lincoln salió por la puerta principal de la escuela. Lo más seguro era hacer una llamada a la policía, sólo esperaba que no fueran tan incompetentes como todo el mundo le gustaba presumir. ¿O tal vez Wendy? Ella parecía consciente de muchas cosas raras que pasaban por el lugar, ¿Pero le creería con algo así? Ella también había sido castigada y apenas parecía recordar como era. ¿Y si ella también...?
-Maldita sea con este lugar –Lincoln maldijo mientras cruzaba la calle hacia el pueblo. En el pero de los casos Wendy también lo miraría como si le dijera que tenía un grano parlante en medio de la espalda que cada noche disfrutaba de arrullarlo cantando cumbia.
Mientras llegaba al pueblo no pudo evitar mirar hacia atrás, esperando ver a algún maestro o el mismísimo y amado director corriendo hacía él con desesperación. La obesa sabía lo que estaba pasando, y al ver que no enloquecía como todos los demás se había asustado y huido en estado de pánico.
Lo que vio detrás de su espalda no fueron maestros, pero si algunas personas vestidas al estilo rebelde sin causa con cadenas de metal como adornos y chaquetas abiertas sin camisa. Un tipo tenía un cásico tatuaje de corazón con la palabra MOM en mayúsculas en el pecho. ¿Por fin alguien se animaría a darle una golpiza por como se veía? Había esperado tener una reputación más o menos aceptable por el pueblo después del recorrido que dio con Wendy.
Tal vez era hora de buscar un lindo tinte de cabello.
-¿Es ese? –Uno de ellos murmuró –, se ve demasiado joven.
-Pasta es pasta para mí.
-Perfecto, Lincoln. Te golpearan unos rudos por dinero. Que mejor forma de acabar el día –y ya había comenzado a creer que Gravity Falls era un lindo sitio para vivir. ¿Por qué su vida parecía ir siempre descender más y más? Cada vez que parecía tener una oportunidad de tener una vida feliz algo aparecía para complicarlo todo y lanzarlo a las fauces de los leones.
-Oye niño, ¿Tú nombre es Linc White?
-Al carajo con todo, ¿Quieren lanzar mi vida al caño? Inténtenlo. Sí, mi nombre es Linc White, tengo once años de edad y me dirijo a la Cabaña del Misterio. Un hermoso lugar que comparto con... con mi tío abuelo Stanford Pines –sonrió lo mejor que pudo –. ¿Puedo ayudarles en algo?
Dos de ellos se miraron a los ojos y uno alargó su mano hasta tomar su hombro –Mira niño, tenemos que advertirte qué-¡Aaah!
Lincoln le clavó la punta de su lápiz del número dos en la mano en el momento en que lo tocó.
-¡Puta madre!
-¡Martín! ¡Dios!
Concentró todo el peso de su cuerpo para empujar al hombre llamado Martin y tirarlo al piso; era como empujar una pared de ladrillos recién colocados, pero logró su cometido. Entonces empezó a correr con fuerza mientras los nudos se acumulaban en sus entrañas. ¿Realmente le clavó un lápiz afilado en la mano a un rebelde de treinta y tantos años? Quería detenerse en una esquina a vomitar. La imagen de la punta del lápiz atravesando la carne de aquella enorme mano se reprodujo dentro de su cabeza un par de veces mientras miraba hacia tras.
Sus compañeros preferían quedarse junto a su amigo que perseguirlo –Al menos las cosas pueden salir bien una vez.
-¿Pero que le pasa? –Carlos miró tomó la mano de su amigo y retiró el lápiz aun clavado en su mano con velocidad.
-¡Mierda! ¡Ten más cuidado con eso! –Martín se quejó –Te dije que era mala idea, ¿Por qué coño querías advertirle?
-¡Era sólo un niño! Dios. Lo siento, no creí que pasara esto –colocó un pañuelo sobre la herida. Tendrían que ir al hospital por esto –. Tal vez sólo se asustó, tampoco lucimos muy amables, chicos.
-Yo te dije que era mejor preguntar donde vivía y decirle a sus padres lo que pasa –lo pensó un poco –, ¿No mencionó la Cabaña del Misterio? Tendríamos que hacer una llamada.
-¡Que se joda! –Martín gritó –. Mira mi mano. ¡Se merece lo que Pacifica quiere hacerle! ¡El maldito es un psicópata!
-Sshh. Calma. Vamos al hospital, y de ahí buscaré el número de la Cabaña del Misterio.
-¡Que le jodan a los dos! ¡Y que lo jodan duro en cuanto lo encuentren!
-Es sólo un niño Martín.
-¡Es un monstruo! ¡Mira mi mano! ¿Cómo tocaré la guitarra así? ¡Coño! ¡El coño húmedo y muy usado de su madre!
Parece que advertirle a Linc que algunos miembros de su banda rival lo buscaban para lastimarlo por orden de la chica Northwest no iba a resultar tan sencillo como esperaban.
-Bueno, esto es una mierda –y tenía que decirlo el voz alta. Comenzaba a entender porque la mayoría de los insultos de Pacifica tenían la palabra mierda; nada de falta de imaginación, la chica decía las cosas como son, y justo ahora estaba nadando en una piscina de mierda recién cagada.
No pasó mucho tiempo corriendo para que un brazo del grosor de un roble lo tomara del cuello y lo arrastrara a un bar en la cuadra siguiente. ¿Lo estaban esperando qué? ¿Cómo es que las personas podían capturarlo de formas tan sencillas? Incluso en su propio hogar sus hermanas parecían saber exactamente donde encontrarlo cuando querían. Quizás el cabello blanco servía como una especie de radar o algo así.
Dos matones lo mantenían sujeto por los brazos extendidos de lado a lado mientras otro con un parche en el ojo se acercaba. Lo miró de arriba abajo y le dio un golpe en el estómago. Si antes había tenido ganas de vomitar, ahora podía sentir el calor de sus propios jugos estomacales subir por su tráquea y quedar atorados antes de que volver a bajar. Tal vez decidieron esperar un momento mejor, como después de comer las galletas a la Stan.
-Hey... –Lincoln se forzó a hablar –¿No estás un poco viejo para golpear a los niños? –se imaginó la sonrisa más comemierda y descarada que podría lanzarle, así que imitó la sonrisa usual de Luan. El matón del parche le lanzó una bofetada que seguramente le dejaría una marca roja en la mejilla –Lo siento... Señor sensibilidad. Se me olvidó que los cincuenta son los nuevos doce, la edad del chocolate, fantasías infantiles y vestirse como poster publicitario de series canceladas, ¿De casualidad tu nombre es Mike?
Otro golpe fue su respuesta, este estuvo mejor conectado en su otra mejilla.
-¿Sabes? Se nota que eres creyente de la palabra del señor... Pero yo dejé de creer hace tiempo, así que no creas que te tendí la otra mejilla.
El hombre frente a él levantó el puño dispuesto a reventarle la nariz. Tal vez Wendy tuviera razón y tendría que tener cuidado con lo que dice, pero era un poco difícil cuando todo en lo que creías ya no significaba nada.
-Suficiente.
Una voz tranquila y femenina le evitó una futura cirugía de nariz. En lugar de sentirse tranquilo, Lincoln se puso nervioso. Había discutido durante días con la dueña de esa voz para no reconocerla donde fuera.
-Hey, Pacifica –La saludo con la cabeza en cuanto la vio pasar entre una pequeña congregación a su alrededor –. Lindas gafas –tenía puestas gafas de sol que cubrían sus ojos, aunque todavía se podían ver algunas marcas negras fuera de ellos –.
-Se las robé a mi madre esta mañana –se las sacó y le mostró dos ojos negros producto de la pelea que tuvieron en el patio. Él también tenía su dosis de moretones en el rostro y una bandita sobre la ceja derecha por lo que le gustaba pesar que en eso estaban iguales–, nunca entendí como puede pagar miles por algo que no cuesta ni dos dígitos en la tienda de abarrotes –las tiró aun lado.
-¿Esa montura no está hecha de marfil?
-Olvídate de las gafas, Linc –Pacifica se acercó con pasos calmados. No tenía que tener prisa, ya lo tenía entre los brazos de dos tipos, no iría a ninguna parte –. ¿Sabes porque estás aquí ahora?
-Porque tienes dinero suficiente para sobornar a los tipos que nuestros padres lucharon toda la vida para alejarnos.
-Además de lo obvio, mierda blanca.
Lincoln le sonrió –. ¿Por qué descubrí tu lado travieso?
Pacifica no se contuvo al darle una patada en el mentón. Su cabeza terminó viendo al techo y más allá, por un segundo creyó que todo daría vueltas antes mirar de frente su cuerpo decapitado. Escupió un poco de sangre y saliva aun lado.
-Dios, sólo tengo once años, ¿Y tengo que pasar por todo esto? ¿Es que no tienes a nadie de TÚ edad para torturar?
Pacifica no le respondió, corrigió sus ropas y lo rodeó lentamente.
-¿Sabes? En mi familia era natural que destruyéramos lo que no nos agradaba, mi padre decía que era una buena forma de mantener el miedo entre la chusma.
-Suena como un gran tipo.
-Es un imbécil.
-¿Qué padre no lo es?
Pacifica le dio la vuelta completo y levantó su barbilla para que la viera a los ojos –Solía decir que es mejor dejar tu marca profundamente en sus corazones para que aprendan su lugar. Hubo un tiempo en que pensé lo mismo... pero las cosas cambian.
-Y a mi me lo dices... hace unos meses jamás hubiera soñado que me llevaría tan bien con una niña.
Pacifica lo soltó con un suspiró –De todas formas, hace un año pasaron... ciertos incidentes. Y todo el miedo del pueblo hacia mi padre se convirtió en odio... Mi padre aún tenía poder, pero se dio cuenta de que el odio puede ser más poderoso que el miedo. Tuvo que donar una gran cantidad de tierras sólo para calmar a las masas que se amontonaban fuera de la casa para lanzarnos huevos y frutas podridas, como una seguridad privada para evitar que lo tocaran –se rio –y luego todo fue como si nada hubiera pasado. Como si un rayo hubiera tocado a cada persona del pueblo y les borrara la mayoría de las cosas malas.
-...Y se le llama noticia antigua –Lincoln volvió a escupir algo de sangre y la miró a la cara –, las personas tienden a interesarse en lo que es actual. Tarde o temprano se aburren, no es como si te dejaran totalmente en paz, pero al menos ya no eres la noticia caliente.
-Es un poco más complicado que eso, Linc. Pero no estamos aquí para hablar de mi familia.
-Entonces no los menciones. Cualquiera diría que esta es tu forma de llamar mi atención para tener una linda charla sobre traumas pasados que nos convirtieran en los mejores amigos.
Esta vez llegó el turno de Pacifica para bufar. Ninguno de los dos esperaba ser amigo del otro, mucho menos después de ese día. En lo personal, Pacifica esperaba devolverle la humillación con creces y no volver a ver su cara por los alrededores mientras viviera.
-No me agradas, Lincoln. No sólo por parecerte al cuadripléjico fracasado de Gideon, pero hay algo más en ti que simplemente no me gusta.
¿Qué tenía que no le agradaba a la gente? Ni siquiera su propia familia parecía soportar viéndolo si no era a través de un traje de ardilla.
-Quítenle la chaqueta y la camisa –los matones la obedecieron al instante. Lincoln se sintió incomodo al sentir las manos de esos tipos desvistiéndolo como si nada. Lo hacían sentir impotente ante el control de alguien más, no le agradaba sentirse así, le recordaba un poco a su pasado y el modo en que era mandado de un lado hacia a otro. O al final, en donde una patada bien conectada lo obligaban a moverse fuera de la casa cuando hacia demasiado calor para salir con el traje.
Finalmente arrojaron su camisa y la chaqueta aun lado. Comenzó a sudar en cuanto escuchó el sonido del diario 1 contra el piso, ¿Y si lo encontraban? Lincoln no podía darse el lujo de perderlo, no después de todo lo que había descubierto. Por otro lado, quizás no supieran lo que es y lo dejaran pasar como un libro de ficción común.
-Pónganlo de pansa contra el piso.
-Oye, mira, lo siento, ¿De acuerdo? Realmente no quería llegar tan lejos, pero cuando eres acosado por la misma persona durante semanas y semanas sin parar por ninguna razón válida tiendes a perder el control –le gritó –¿Qué iba a hacer? ¿Quedarme callado mientras abusabas de mí y me denigrabas ante los demás? Mi idea de una sana vida escolar no es precisamente ser el paria rechazado y abusado del lugar.
Pacifica suspiró –Lo sé, no te la dejo fácil. ¡Pero te odio! –. Lo miró con furia en su mirada. Sus ojos parecían arder en llamas mientras lo miraba fijamente –¡No sé que es, pero te odio! ¡No soporto que me mires! ¡No soporto tenerte cerca! ¡Sólo quiero apuñalarte una y otra vez con mi navaja! ¡O tal vez te dispare para terminar rápidamente con una existencia tan desagradable como la tuya! ¿Por qué no nos ahorras problemas y te suicidas de una vez?
La confirmación del odio de Pacifica no era una sorpresa para Lincoln, especialmente después de lo de ayer. Es más, era la confirmación de que no saldría de ahí de una pieza.
-No creas que no pasó por mi cabeza una o dos veces, pero la muerte no arregla nada... Además, se que te gustó, Pacifica Northwest.
Pacifica estrechó su mirada y metió la mano dentro del bolsillo de su falda.
-¿Mi navaja? –Lincoln creyó que el director la había confiscado.
-No subestimes el dinero, Linc –Pacifica se acercó a paso lento –. Tendré que darte un recordatorio de lo que pasa si me jodes.
-Ni siquiera metí la punta... No es como si fuera fácil meterlo en ese agujero.
Jadeo en cuanto sintió la punta del cuchillo hundirse en la carne de su espalda. ¿Así se sentía? Hombre, casi sintió deseos de disculparse con el pobre diablo al que le clavó el lápiz número dos.
-Esas agallas tuyas son las que más odio –Pacifica murmuró mientras movía la navaja por su espalda –. Incluso a través de tanto odio, las personas todavía sabían que no había que joder con los Northwest.
-A-a mi no me dijeron quienes eran hasta último momento, ¿S-sabes? –El dolor era terrible. Lincoln tuvo que cerrar los ojos y morder su labio inferior hasta sangrar para soportar un poco de aquella tortura –¿Al menos... lo desinfectase?
-Tampoco quiero matarte... Sólo quiero hacerte rogar. ¿Qué me dices? ¿Tienes ganas de gritar misericordia sólo para sentir algo más que un cuchillo sobre tu espalda, Linc? –Pacifica le dio una palmada en el trasero mientras hundía más la punta de la navaja.
Sabía que ese momento le mordería el culo tarde o temprano, pero había esperado que fuera lo bastante tarde para arreglar un poco las cosas con Pacifica, cosa que la declaración de odio había echado a perder.
-Oye...
-¿Si, Linc?
-¿Qué te den por donde más te gusta, Pacifica Northwest?
Pacifica estrechó sus ojos y volvió a hundir la navaja.
-O-oye, espera. ¿Esto no te parece un poco exagerado? –uno de aquellos hombre se acercó –. Creí que sólo le darías unos golpes... No esto –Señaló su cuerpo en el piso y su espalda sangrante –. ¡No podemos hacer esto! ¡Es sólo un niño y... y podría enunciarnos!
-No lo hará –Pacifica mencionó –¿Sabes lo fácil que podría afectar una simple decisión de mi familia al negocio del viejo Stan?
-N-no me vengas con mierdas... tu familia... Dios, como duele... De haber podido... l-lo hubieras hecho... desde antes –removió su cuerpo con algo de esfuerzo. Su espalda parecía arder en llamas mientras la sangre caliente la recorría –. Además... no apreses estar bien... con mami y papi.
Pacifica le hizo un corte profundo y movió la navaja con algo de dificultad. Lincoln se preguntó internamente si le había sacado filo esperando este momento.
-Cierto... pero no creo que quieras hacerlo pasar por todo un proceso legal, Linc. ¿Qué cosas interesantes aprenderíamos de él?
-¿Si t-te doy más nalgadas... lo dejamos pasar?
-¡Cállate de una puta vez! –Pacifica le hizo un terrible corte que pasó por toda su espalda –¿Tengo que cortarte la lengua para que aprendas a mantener la boca cerrada, Linc?
-Mierda, yo no formaré parte de esto –el mismo sujeto de antes se retiró, otros cuatro lo siguieron, mientras los demás estaban algo dudosos.
-S-sólo... has lo que tengas que hacer, Pacifica.
Pacifica chásquelo la lengua y continuó con su trabajo sobre su espalda. La presión en sus brazos cedió un poco y se imaginó que sus captores querían darle una oportunidad de escapar antes de que todo llegara más lejos, y si tuviera energía suficiente la tomaría, pero justo ahora se sentía demasiado mareado y adolorido para hacer nada.
Pacifica se limpió el sudor de la frente y se puso de pie. Contempló su obra con algo de duda mientras lo miraba a la cara y por primera vez Lincoln creyó ver la sombra del sentido común. Como si fuera una repetición de lo que él sintió cuando terminó de dominarla en la escuela, pero claro, lo suyo era un poco más grave que un par de golpes en el culo.
-...Traigan alcohol y agua caliente... traten esas heridas –murmuró mientras se daba la vuelta.
Los brazos finalmente lo soltaron y Lincoln sintió como la sangre volvía a circular libremente por su sistema.
-Oye... –se levantó levente y con dolor –¿Me devuelves la navaja? Stan me obligará a pagarla si no la...ug... si no la recupero.
Pacifica se dio la vuelta levemente y miró la navaja aun en su mano. Pareció dudar un poco pero finalmente la tiró al piso frente a él. Lincoln la tomó y la metió dentro del bolsillo trasero de su pantalón.
-Gracias.
Pacifica se retiró sin decir nada más y una mujer apareció por una puerta junto a la barra con una olla de agua caliente, dos tipos más aparecieron con trapos y algo de alcohol.
El resto fue una dolorosa limpieza y maños con alcohol mientras un grupo de hombres maduros le manoseaban la espalda con paños mojados.
-Tú... fuiste muy valiente, ¿sabes? –el hombre del parche en el ojo mencionó mientras le pasaba algo de alcohol –. No cualquier aguantaría esto y... ¿Quieres que te lleve a casa o algo?
Lincoln negó con la cabeza, estaba demasiado cansado para hablar y podía saborear la sangre de su labio dentro de su boca. Realmente era un asco.
Finalmente terminaron de vendar su espalda. Lincoln se colocó la camisa, su chaqueta y salió de ahí.
Al menos el diario 1 estaba a salvo. Pasó su mano sobre él dentro de su chaqueta y enterró su dedo entre aquellas páginas. Sólo tenerlo en su persona lo hacia sentirse sumamente seguro.
-¡Carajo si no duele! ¿Dónde aprendieron a tratar heridas? Mierda. Mierda. Mierda –Algunas lágrimas escaparon de sus ojos. Las había estado aguantando desde que Pacifica hizo el primer corte, y ni siquiera quería imaginar las cosa que podría haber escrito con ella en su espalda. –. Puta de mierda. Maldita niña rica. Tendría que haberte metido el dedo gordo en el culo obligado a cagar en medio del pasillo –. Le dio una terrible patada a un bote de basura y todas las bolsas y sobras de comida terminaron en medio de la vereda.
Se limpió las lágrimas con cuidad antes de colocar el bote donde estaba antes. Metió su cabeza lo más profundo que pudo y comenzó a vomitar.
-Ya llegué –Lincoln entró por la puerta tan blanco como un cadáver. Había sido una caminata dura para regresar, pero al menos no tuvo más incidentes desgraciados; los favoritos del destino.
-Llegas tarde. Escuché que tuviste otra pelea –Stan lo recibió con los brazos cruzados en la entrada. Por primera vez en cuatro meses, Lincoln sintió deseos de decirle que se metiera en sus propios asuntos.
-Lo siento, unos chicos a los que no les agradó compartir el baño con un niño peliblanco.
-¿Cómo quedaron?
-Dos en la enfermería y la chica terminó en el hospital –se pasó la mano por el labio y rasgó algo de sangre seca alrededor. Su boca debía oler a vómito en estos momentos –. Tranquilo, una demanda será lo último que pase por su cabeza cuando los enfermeros encuentren la hierba en sus bolsillos.
Stan dejó salir la sombra de una sonrisa –Parece que alguien se ganó un helado.
-¿Eh? –Lincoln levantó una ceja –Acabo de confesar dejar a dos chicos mayores en la enfermería y dejar en el hospital a una chica.
-Les enseñaste a no joderte por como te veías, eso no me parece mal. Y es mejor que lo hagas ahora o todos pensarán que esta bien pasarte por encima.
Lincoln deseó que sus padres le hubieran enseñado algo similar desde hace tiempo.
-También recobré la navaja –le mostró la navaja automática algo oxidada –. ¿Te molesta si me la quedo?
-Mientras no le saques el ojo a alguien eres libre de hacer con ella lo que quieras. No sé ni porque conservaba esa vieja cosa de todos modos.
Bueno saberlo. Cerró los ojos y sujetó su hombro con fuerza, podía sentir las heridas palpitantes bajo los vendajes ocultos que rodeaban su espalda.
-¿Estás bien, Linc?
-Sólo un moretón por la pelea. Luego me daré un baño y estaré bien, Stan –trató de sonreírle, pero le costaba un poco –¿Qué dijiste sobre un helado de chocolate con chispas?
-Buen intento chico, sólo ciruela y algo de vainilla.
-Tenía que intentarlo.
-Esa perra. Mira que dejar tu espada de esta forma, Linc.
Mabel no tardó en lanzarse a sus brazos cuando llegó, cosa que dejó a Lincoln sumamente adolorido al momento en que sus manos rodearon su espalda. Las heridas parecían haberse abierto y las vendas estaban manchadas de rojo.
-Tranquilo, Lincoln. Para mañana habrán sanado, pero... –hizo una pequeña mueca –todavía quedaran las cicatrices.
-¿Tan rápido, Mabel? ¿Otra sorpresita por nuestro pequeño contrato?
Mabel pasó sus manos con cuidado sobre las vendas –Tenemos un trato después de todo. No puedo dejar que te rompas –Lincoln no estaba seguro de si le gustó como sonaba eso –. Deberías violarla. Si la violas le quitarás todo el control y le mostrarás el pedazo de puta que es en realidad.
-¿Mi novia me está pidiendo que tenga sexo forzado con otra chica?
-Tranquilo, no soy celosa. De hecho, podría ser interesante, Linc –rodeó su cuello desde atrás y se restregó contra su espalda.
-Maldición, Mabel. Eso duele –tampoco se detuvo, incluso pareció frotar su pecho con más determinación.
-También tenemos en caso del director, ¿Qué harás con él?
-Observar.
Mabel levantó una ceja –No sabía que eras de los que disfrutaba mirar, Linc.
-No es eso –Lincoln se separó un poco de ella mientras se quitaba el reto de las vendas –, necesito más información antes de hacer nada. No puedo lanzarme así como así. Aprendí que eso funciona casi tan bien como planes instantáneos. Lo más seguro es que ahora sepa que lo que sea que afecta a los otros no me afecte a mí. No sé que podría tratar, pero prefiero mantener mi distancia hasta saber que hacer.
-¿Por qué no lo matamos, Linc?
-No soy un asesino, Mabel –aunque lo considero bastante mientras salía de la escuela.
-¿Y pacifica? –esta vez su voz sonaba más grave –, tenemos que hacer algo con ella.
-No piensa hacer nada.
-¡¿Qué?! –Mabel se acercó y lo tomó por los hombros –Ella te lastimó, ¿Y te quedaras quieto sin hacer nada, Linc? –. Lo agitó un poco antes de que Linc la obligara a soltarlo.
-Ella tuvo su venganza, y por la expresión en su rostro dudo que se me acerque tanto después de eso –o al menos eso esperaba –. No te confundas, Mabel. Estoy enfadado, muy enfadado; bastante furioso para desear matarla con mi nueva navaja, ¿Pero que lograría con eso? ¿Otra venganza? ¿Justificar lo que me hizo? Es mejor dejarlo todo así... por ahora.
-¿Entonces sólo te quedaras sentado aceptando todo lo que el mundo te lance, Lincoln?
-¡Por supuesto que no, Mabel! ¡Ya no! –Lincoln se levantó de la cama y habló con fuerza –. Toda mi vida parece haber ido de incidente en incidente, hasta el incidente en que mi propia familia me dejó aun lado por... por una maldita superstición. Y ahora que tengo la oportunidad de ser feliz, ¿El destino regresa dispuesto a convertir mi vida en un Diabolus Ex Machina? No, gracias. Ya tuve suficiente de todo eso.
Por cada incidente el parecía tener que pagar el precio, aun si todo lo que quería era un poco de cereal, hasta el incidente que le costó el amor de su familia y puso en duda todas las creencias con las que nació, hasta el punto de hacerlo lo que es ahora. ¿Y todavía quieren seguir cubriéndolo de basura?
-Si el destino está tan dispuesto a hacerme la vida imposible, ¡Que lo intente! No me quedaré sentado en un rincón mientras abrazo mis rodillas, o lamentando el día de mi nacimiento como si nunca debería haber nacido. Que vega con todo lo que tiene contra mí: directores pederastas, gnomos, hadas raras, incluso minotauros fisicoculturistas. ¡Los enfrentaré a todos de ser preciso!
Este era su nuevo hogar. La única oportunidad que tenía de ser verdaderamente feliz. ¿Y tratarían de arrebatársela? No lo harían sin que ofreciera pelea.
-Wow. Eso sonó muy cool, Linc –Mabel lo vio fijamente con corazones saltando de sus ojos. Lincoln tuvo que detenerla cuando comenzó a quitarse la falda.
-Esta noche no Mabel, el dolor es demasiado.
-Opm –Mabel hizo un puchero. Otra razón para estar molesta con Pacifica –¿Y qué harás, Linc? ¿Qué perverso plan maestro tienes pensado para el director de la escuela? ¿Cuál sueño infantil de torturar a un maestro cumplirás con él?
-Llamaré a la policía –Lincoln respondió con simplicidad.
-¿Em?
-Primero trataré lo que cualquiera tendría que hacer en esta situación. ¿Por qué tendría que actuar diferente, Mabel? No pienso llenar una pizarra de planes cuando la policía puede encargarse de alguien así como se debe.
-Se nota que no conoces a nuestros policías, Linc.
De todas formas, había sido un día duro y lleno de revelaciones. Esa noche descansaría como se debe y mañana comenzaría todo.
Le esperaban semanas complicadas.
Pero se enfrentaría a todo lo que el mundo quisiera lanzarle desde ahora.
Esta era su vida, y pelearía por mantenerla.
