Disclaimer: Los personajes y el universo le pertenecen a JK Rowling. Solo la historia me pertenece. No obtengo beneficios lucrativos ni económicos al escribir.


Capítulo 17.


Sirius Black le había exigido al medimago que hiciera las pruebas de nuevo. Después se lo exigió otra vez cuando volvió con el mismo resultado e incluso visitó a tres sanadores más.

No quería creer lo que todo el mundo le decía. Estaba esperando un bebé. Él.

Había salido de Azkaban hace dos años y aún sufría a veces por causa de su tiempo allí. ¿Entonces cómo iba a encargarse de un bebé por su cuenta? Un recién nacido que solo lloraría porque no podía hacer nada por sí mismo.

Iba a ser padre.

A los treinta y seis años un mago era joven aún. Muchos se casaban casi nada mas salir de Hogwarts y comenzaban a tener pequeñas personas que dependerían de ellos para todo... O elfos domésticos. Esa era una solución peligrosa. Los niños necesitaban a sus padres. El cuidado de un elfo doméstico no era igual.

Un elfo claro que podía querer a los niños a su cargo, pero a medida que el niño crecía se preguntaba cosas como: ¿por qué mis padres no pueden molestarse en pasar tiempo conmigo? Y se sentían inadecuados o indignos cuando ellos no tenían la culpa de que a sus padres les importara solo continuar la línea y no tener que preocuparse de un bebé cuando otros lo harían en su lugar.


Sirius suspiró. Tenía entre las manos una taza de té y la miraba como si allí estuvieran las respuestas. Técnicamente sí que lo estaban. Si seguía los pasos indicados, podría tener alguna idea de qué pasaría. Pero no lo haría. No tenía quince años ni acababa de beber algo de whisky de fuego con sus amigos ni se habían estado haciendo preguntas profundas sobre el futuro. Tampoco llamaría al elfo personal de James ni le pediría una taza de té preparado con hojas sueltas. Y tampoco, después de beberlo, trataría de mirar en la taza de James tratando de ver algo. Peter no vomitaría en la taza de Remus ni en sus túnicas y Remus no diría entre risas que su futuro se acababa de derrumbar ante todos.

Eso ya había sucedido y no ocurriría nunca más. James estaba muerto, Peter en Azkaban por traidor, y él no podía beber alcohol porque una persona se estaba formando en su maldito interior.

Y luego se le encendió un lumos en el cerebro.

Había estado tan consumido por sus pensamientos azkabanescos que no había considerado que sí, iba a ser padre, pero el bebé no era solo suyo. No podía embarazarse a sí mismo.

Así que bebió su té para relajarse, se rió al recordar sus lecturas de las hojas cuando era adolescente, y como no quería quedarse mirando las paredes de la cocina todo el día, se levantó y fue a buscar pergamino y pluma.

Podría haberlo convocado, pero... Quería moverse un poco.

Y también retrasar la escritura de las cartas que debía enviar... Eso solo lo admitiría en su mente y era un oclumante bastante bueno así que era poco probable que alguien lo sacara de él.

Resignado, agarró dos pedazos de pergamino y escribió lo mismo en ellos que básicamente decía: Ven a mi casa, tenemos que hablar. Urgente.

La carta era más larga que eso y estaba mejor redactada, por supuesto. Era realmente algo que Sirius necesitaba tomarse en serio y era de suma importancia que Charlie y Oliver lo hicieran

-Bueno, madre, tendré al próximo heredero Black.

Como sus antepasados se revolcarían en sus tumbas si lo supieran y como no tenía más que hacer, se dirigió a hablar con los retratos. Iba a disfrutar escandalizándolos y agitándolos.

Sería algo de diversión para él.

Lástima que los retratos no tuvieran infartos. -Pensó.- Habría sido útil.


Charlie Weasley se había tomado unos meses de vacaciones necesarios. Bueno, en realidad sus jefes le habían obligado a hacerlo porque llevaba algunos años trabajando y solo se había tomado un tiempo en Egipto.

Uno de sus dragones favoritos había muerto de viejo y le había afectado bastante así que sus jefes le habían dicho que se fuera un tiempo con la familia y que cuando lo llamaran, podría volver. Su trabajo seguiría allí para él en unos meses.

Pero estaba aburrido. Había un número limitado de días en los que podía visitar a su padre y a Percy en el ministerio, ir a ver entrenar a Oliver, solo había pasado dos veces, o quedarse en la cama hasta tarde y luego pasar tiempo en casa sin hacer nada.

Todos sus hermanos menores estaba en casa excepto Percy y Bill había vuelto a Egipto.

Así que cuando llegó una carta de Sirius Black no tardó en acudir a su casa. Había querido verlo de nuevo, pero no se había atrevido a presentarse donde vivía. Tal vez podría hacerlo algún día cuando encontrara el valor.


Enterarse de que iba a ser padre no era lo que Oliver había esperado cuando después de un entrenamiento había ido a casa de Sirius Black. En la carta decía que Era urgente pero no había podido escaparse hasta tres días después de recibirla. Bueno, habría podido, pero no sabía qué podía querer el padrino de Harry con él y había estado dudando si ir o seguir posponiéndolo.

Había sido la insistencia de Charlie Weasley, que lo había estado llamando cada noche después de haber recibido la carta lo que le convenció.

El pelirrojo había asegurado que era muy importante y que sí, él lo sabía pero no iba a decírselo y menos de chimenea a chimenea. Quién sabía si alguien que no debía estaba espiando.

Así que fue, escuchó lo que Sirius Black tenía que decirle y después volvió a su casa.

¿Qué había que decir? Muchas cosas, seguro, pero él necesitaba pensar porque su carrera era muy importante. Se había estado preparando durante años y un hijo... Sería difícil compaginar ambas cosas.

En ligas nacionales no, por supuesto, podía aparecer en casa en segundos, pero ¿competiciones internacionales? Los trasladores no eran baratos y...

¡Por la barba de Godric! Estaba realmente pensando en ello.

Había un cincuenta por ciento de posibilidades de que el niño fuera suyo y no sería un cabrón al respecto.


Charlie estaba en el mismo dilema. Él quería continuar con sus dragones pero no quería desentenderse de su posible hijo. Además ¿no quería a Sirius Black para sí?

Si se lo dijera a su madre ella estaría encantada y seguro que tendría la esperanza de que se quedaría en Gran Bretaña y se establecería allí para siempre.

Sería más fácil que los tres hablaran del tema juntos, pero eran tercos y a los tres les gustaba darle vueltas a la cabeza y entrar en pánico innecesariamente por su cuenta.


Harry estaba contento. Preocupado por su padrino, echaba de menos a Remus, Umbridge seguía jodiendo, pero él era feliz.

Habría una tormenta pronto y Fred, George y él podían completar su transformación de animagos.

Ron y Hermione se lamentaban, pues ninguno había logrado mantener la hoja de mandrágora durante un mes, pero estaban felices por los otros tres.

Sirius y Remus seguro se llevarían una sorpresa. Harry esperaba que se lo tomaran bien. Al menos Remus. Sabía que su padrino estaría encantado.