Dos meses después de mi última publicación resucito de entre los muertos y les traigo el siguiente cap.
Espero que les guste, que no quieran matarme demasiado, que esto sirva como disculpa y que me de tiempo a tener el siguiente capítulo cuanto antes.
Capítulo 23: La apuesta más complicada
...
En comisaría el inspector Shiratori los guió hasta una sala de espera mientras le hacían las preguntas a Ayumi. Los niños se quejaron y Haibara estaba demasiado nerviosa, así que Conan se tuvo que resignar y aunque en un principio había pensado en aprovechar esa oportunidad para enterarse de alguna noticia que hubieran tenido durante el día sobre la investigación, tuvo que quedarse con ellos para darle seguridad a Haibara y para hacer que Genta, que estaba que se subía por las paredes, se quedase quieto y callado en su asiento. Por su parte, Mitsuhiko parecía un poco más calmado, reflexionando tranquilamente en su asiento, sin molestar pero lanzando miradas acusadoras al joven de gafas de vez en cuando, las cuales por supuesto no le pasaron desapercibidas. Se preguntaba cuanto tardaría el joven de la pecas en asaltarlo a un interrogatorio para saber qué estaba pasando. Solo esperaba poder persuadirlo de seguir investigando en este tema, que nada bueno salía de ello.
Conan suspiró y sacó su teléfono móvil. No tenía ningún mensaje de Hattori. ¿Qué demonios le estaba tomando tanto tiempo? Empezaba a ponerse nervioso, y el hecho de que apenas una hora antes hubiera tenido una bomba entre sus manos no ayudaba especialmente.
Tal y como había dicho Hattori, la vez anterior en la que hicieron estallar el laboratorio dejaron que Haibara sobreviviese, ¿por qué ahora la querrían muerta? Casi parecía…
Por un segundo dejó de respirar y encajó esa pequeña pieza en su cabeza.
Casi parecía que este altercado con la bomba no hubiera sido planeado por su líder.
La organización de hacía ocho años era muy distinta a esta. Ahora utilizaban elementos distintos, nombres distintos y modus operandi distintos. Habían cometido varios fallos, pero a veces incluso en su cabeza lograban cuadrar de alguna manera. Sin embargo, este carecía de sentido, parecía eso, una rabieta de alguien. Para empezar, ¿Quién les afirmaba de que tuviera que ver con la organización? Bueno, eso lo había dado por obvio, pero a lo mejor no tenía nada que ver con ellos, y si lo tenía, no parecían órdenes de Black Silver.
—Conan-kun. —La temida voz de Mitsuhiko lo sacó de sus pensamientos. —Estaba esperando a que decidieses hablar, pero como veo que igual que siempre seguirás ocultándonos las cosas, he decidido enfrentarte directamente.
Uf, directo al grano, sin tapujos ni indirectas.
— ¿Qué está pasando?
Le lanzó una mirada de soslayo a Haibara y pudo comprobar que ella negaba sutilmente con la cabeza, como queriendo decirle "no te atrevas a decirles nada", aunque eso no hacía falta que se lo dijera.
— ¿De qué estás hablando? —Se hizo el idiota, adoptó su expresión de confusión y metiéndose por completo en el papel empezó a responder las preguntas de su amigo.
—No te hagas el idiota, ¡hablo de esa explosión! ¿Qué está pasando? Podría pensar que haya sido casualidad, pero tu forma de actuar es demasiado sospechosa: estás en estado de alerta, como esperando a que pase algo. Conan-kun, tú sabes algo y no nos lo quieres decir.
—No tiene nada que ver con vosotros.
— ¡Claro que lo tiene! Ayumi-chan estuvo a punto de morir. Si hubiera tardado unos minutos más en traernos esa pelota o si hubiéramos tardado más abrirla, todos nosotros estaríamos muertos. ¡Claro que me preocupo!
En medio de su discurso enfadado, Mitsuhiko lo agarró fuertemente por el brazo, tirando de él para obligarlo a encararlo. Al hacerlo, el hombro que se había golpeado durante la explosión se quejó y tuvo que tragarse una intersección de dolor.
—No tengo nada que contaros, yo no sé nada. —Conan intentó liberarse de ese agarre, pero tuvo que aguantarse un par de punzadas por parte de su brazo.
Por suerte para él, de pronto alguien interrumpe en la sala:
—Conan-kun, tengo que hablar contigo. —Sato aparece en la habitación con una carpeta en mano.
Los dos muchachos se giran hacia ella sorprendidos por la repentina interrupción, pero el de gafas lo agradece y lo utiliza como una excusa para liberarse y salir de la habitación.
—Espera, Conan-kun. —Mitsuhiko trata de detenerlo. —No escapes, ¿qué es eso tan importante de lo que tienen que hablar? ¡Hey!
—Te explicaré más tarde. —En realidad eso era mentira, solo necesitaba tiempo para pensar una excusa creíble. —de momento te basta con saber que debes proteger a la liga de detectives.
El inspector del FBI se giró una última vez antes de salir de la habitación hacia Haibara, para lanzarle una mirada y decirle que volvería en un momento. Ella le asintió para indicarle que estaba de acuerdo, y luego desvió sus ojos hacia el pecoso, queriendo decir que quizá trataría también de hacer que se calme, aunque no prometía nada.
-o0o-
Sato estaba encargada de investigar a Hachecelle, sus compras, su publicidad, a la línea comerciar de los vestidos de novia en específico. Así que Conan tenía un poco de esperanzas de que, junto con el informe de Hattori, ella echase algo de luz sobre su investigación.
—He conseguido hablar directamente con la directora de Hachecelle. —Declaró de pronto.
Conan se sorprendió.
— ¿En serio? ¿Y qué te ha dicho?
—Bueno, al principio se mostró un poco reacia a contestar mis preguntas, pero luego logré sacarle algo de información. Pero…
— ¿Pero...?
—Dijo que hace tiempo ya que no trabajan con vestidos de novia, y que, aparte de que no mandaron recientemente ninguna clase de publicidad y en efecto ninguno de sus terminales tiene registro de ello, no le suenan ni los diseños a los que conseguiste sacarle fotos antes de que se auto-eliminasen del correo de Ran.
—Mierda… seguimos como al principio… con un mensaje fantasma procedente de una compañía que ignora todo tanto o más que nosotros.
La teoría que había hablado con Hattori sobre el virus informático cada vez tiene más sentido.
—Conan-kun, hay algo más.
El inspector prestó atención al instante.
— ¿Qué?
—Es posible que no tenga relación con el caso, pero tras hacerle un montón de preguntas, la directora acabó admitiendo que… para crecer tanto en los últimos años habían recibido ayudas económicas de un grupo de financiadores.
— ¿Un grupo de financiadores?
—Sí, son como patrocinadores. Ese grupo escogió la empresa de Hachecelle cuando estaba en crecimiento y la fue patentando y produciendo a lo largo de los últimos años.
— ¿De cuántos años exactamente estamos hablando?
—Pues… —Sato revisó sus documentos. —El grupo financiero se puso en contacto con ellos hace aproximadamente unos ocho años.
Ocho años. ¿Por qué siempre ocho años? ¿Era acaso una casualidad que los números cuadrasen?
— ¿Puedes investigar a ese grupo?
— ¿Eh? ¿Por qué? ¿Crees que son sospechosos?
—No es más que una intuición, pero la fecha coincide con la disolución de la antigua organización. No me resultaría raro que desde las sombras ya por aquel entonces empezasen a reconstruirse.
—De acuerdo, —Sato parecía convencida. —Lo investigaré.
—Intenta averiguar quiénes son, qué quieren, que interés pueden encontrar en ayudar a Hachecelle y por qué la escogieron.
Sato asintió y se marchó tomando notas de la habitación. Conan se quedó un rato más allí, pensativo. ¿Un grupo financiero? En cierta manera encajaba dentro de su modo operandi, al menos en el actual. Al menos esperaba no equivocarse y que aquello supusiera un avance en la investigación, por favor. Ahora solo quedaba que Hattori lo llamase y descubrieran los secretos que había escondidos detrás de ese almacén.
-o0o-
Volvió a la habitación donde lo esperaban los niños. Allí se encontró con que Mitsuhiko estaba más calmado, así que se acercó a Haibara para preguntarle qué le había dicho para conseguir dejarlo así.
—Algo sin importancia. No te preocupes, no le he contado nada.
—No me preocupo, estoy sorprendido.
—A todo esto, Edogawa-kun, ¿Cómo está tu brazo? ¿Te duele, verdad?
Conan se llevó una mano al hombre e hizo una mueca de disgusto.
—¿Te diste cuenta?
—Deberías ir al hospital. ¿Te hiciste daño cuando explotó la bomba, no?
—No puedo permitirme perder el tiempo en el hospital.
—Ya, pero yo no me siento segura contigo protegiéndome en ese estado. —le recrimina, y el otro sabe que tiene razón.
—Hablaré con Shiratori para ver si puede ayudarme con ello.
—Pues hazlo ya. Antes de que Yoshida-san salga de su entrevista.
Ante la insistencia de Haibara, él se vio obligado a salir en busca de Shiratori. Lo encuentra en su despacho, le explica la situación y él le reprende por no haberlo dicho antes.
Conan se excusó y se encogió de hombros, haciendo que este doliera y tuviera que tragarse un gemido de dolor. Al verlo, el inspector Shiratori se alborotó y le recordó que solo era un niño. Después lo despachó rápidamente para que alguien personalmente lo llevase al hospital más cercano.
Allí le colocaron un vendaje alrededor del hombre. No fue nada grave, no estaba roto in dislocado ni nada irremediable, simplemente se había golpeado con mucha fuerza la articulación, así que, según le dijo el médico, le seguiría doliendo mover el brazo durante una semana o así. Podía seguir haciendo vida normal, pero lo mejor era que tratase de moverlo lo menos posible, así que para conseguir eso el médico se lo inmovilizó con un par de vendas, de manera que sus movimientos estuvieran limitados.
Eso al inspector del FBI le pareció excesivo, pero no encontró forma de quejarse porque en realidad le dolía moverlo.
Después de salir de la consulta del hospital, volvió a encender su teléfono y se encontró con un mensaje de Haibara y otro del inspector Shiratori. En ambos le contaban que Ayumi había terminado de describir al hombre que le había dado la pelota, así que Conan se apresuró a meterle prisa al policía que lo había acompañado hasta el hospital para que lo llevase de vuelta a la comisaría central.
Prácticamente saltó fuera del coche cuando vio aparecer el aparcamiento, cruzó a toda velocidad el hall y llegó hasta la planta correspondiente con la respiración agitada.
Shiratori lo recibió tanto o más alterado de lo que él estaba, y se apresuró a conducirlo hasta donde estaban los niños, observando el dibujo.
—¿En serio que no os suena de nada? —Sato insiste al ver que los cuatro, Haibara incluida, niegan con la cabeza. —Ayumi, ¿estás segura de que es el hombre que te dio la pelota, verdad?
Ella asiente completamente segura de ello.
Conan se acercó a ver el retrato: era un hombre japonés adulto, sobre los cuarenta años, de pelo negro (igual que el 90% de los japoneses) y corto, con un peinado común y flequillo a un lado. Por desgracia, a él tampoco le sonaba. Por un momento tuvo la esperanza de que fuera alguna cara conocida de la antigua organización, pero por desgracia no había sido así.
—¿Conan-kun? —Shiratori lo miraba expectante a la espera de su veredicto.
—No lo conozco. —Sentencia. —No lo había visto nunca. —Chasquea la lengua. Tan cerca y a la vez tan lejos.
—Tendré a mis hombres buscando información sobre él. Además, tendré que pasarles el retrato al departamento de terrorismo, porque después de todo se les ha asignado a ellos de momento. Tendremos muchas personas investigando, así que ten por seguro que lo encontraremos. —Trata de animar tanto al joven detective de gafas como a los otros niños, que parecían un poco asustados. —Conan-kun, llévate una copia por si consigues recordar algo. De momento os podéis marchar a casa, debéis estar agotados después de todo lo que ha pasado.
Conan asintió, aunque en realidad estaba más asustado de volver a casa que otra cosa. En casa lo esperaba una mujer llena de dudas y preguntas que hacerle, para las que él no tenía respuesta.
Aun así agradeció la ayuda del inspector en jefe y agarró la copia del retrato para guardarla buen recaudo. Los niños no dijeron nada más. Ayumi aún estaba un poco confundida y se aferraba a Haibara con miedo. La de pelo castaño no paraba de mandarle miraditas cómplices a Edogawa-kun, quien no parecía notarlas pues estaba más ocupado pensando en Ran y en las miradas más que obvias de Mitsuhiko. Genta parecía no enterarse de nada y al mismo tiempo caminaba con cautela como si intuyese qué es lo que estaba pasando.
Llegaron a la entrada de la comisaría, acompañados todavía por el inspector Shiratori, y estaban a punto de salir por la puerta cuando un hombre los abordó y con expresión cansada y preocupada se dirigió al adulto.
—Usted es Shiratori-san, ¿verdad? —Preguntó. —Estoy buscando a mi novia, hace días que no me puedo contactar con ella y estoy preocupado.
Conan prácticamente se quedó estático en el sitio. Sus amigos miraron al desconocido y de pronto parecieron reconocerlo. Haibara le lanzó una mirada de soslayo un tanto preocupada y eso bastó para que incluso antes de que el hombre dijese las siguientes palabras él ya supiera lo que vendría a continuación.
—Estoy buscando a mi prometida, Mouri Ran. —Sentenció y su tono parecía tan preocupado y desesperado que por un segundo el joven se sintió un poco culpable por haberla retenido ocultándoselo. Pero ese sentimiento apenas duró unas décimas de segundo, porque inmediatamente después comenzó a sentir como su corazón se encogía y su garganta comenzaba a arder.
—¿Mayama-san? ¿Verdad? —El inspector Shiratori pareció reconocerlo después de decir eso, y le lanzó una mirada interrogante a Conan para saber qué debía hacer con respecto a Ran. —Yo…
—Lo siento mucho pero Ran está ahora en medio de una investigación, no puede recibir visitas. —Antes de darse cuenta ya había abierto la boca y soltado eso.
Todos se giraron sorprendidos hacia él, quien se quedó bloqueado en el sitio y sin saber qué decir a continuación.
—¿Quién es este chico? —El prometido lo miró interrogante.
—Eh… bueno… —El inspector duda y vuelve a interrogar al muchacho con la mirada.
Conan frunció el ceño. Después de tanto tiempo, al fin, lo conocía. Había escuchado incontables veces hablar de él, lo habían mencionado en todas partes e irremediablemente había comenzado a odiarlo sin siquiera conocerlo. Jamás pensó que se conocerían en una situación así, jamás imaginó cuánto dolería su corazón martilleando contra su pecho, ni la fuerza que tuvo que reunir en cerrar sus puños para no ponerse furioso.
Resopló, trató de calmarse y todavía con los puños cerrados y tensión en los hombros, adoptó su mejor sonrisa y dijo:
—Es un placer conocerlo, Mayama-san, he escuchado mucho de usted últimamente. —Por un momento sintió como se le atragantaban las palabras. —Soy Edogawa Conan, agente del FBI
El hombre pareció sorprenderse, y no fue el único, pero el muchacho no estaba seguro de si era porque sabía quién era, o porque era un agente del FBA a tan temprana edad. Pero eso daba igual.
—Lo siento, de momento estamos realizando una investigación realmente importante, podría hacer el favor de marcharse.
—No sin que me digáis dónde está mi prometida. —Insistió. —Tengo derecho a verla. Estoy preocupado por ella. No soy ningún desconocido, maldita sea, Shiratori-san, dígaselo a este mocoso.
El aludido parecía perdido y no supo que decir. Por su parte, Conan no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer, pese a que en el fondo de su corazón supiese que lo de proteger a Ran no eran más que excusas y que lo que en realidad quería evitar era que ese hombre y ella se encontrasen, y que especialmente lo hiciesen en su casa y bajo su mirada, porque bajo ningún concepto iba perder a Ran de vista estando alguien a quien no conocía presente, por mucho que fuera su novio, por mucho que fuera alguien de confianza para el resto. Podían ser celos, podían ser lo que el mundo le diese la gana, pero por encima de todo él protegería a Ran, y su instinto le gritaba que no lo dejase acercarse.
—Entiendo cómo se siente, no es el único que está preocupado por Ran en estos momentos. —Insistió. —Si quiere le podemos pasar un mensaje de su parte.
—No me voy a quedar tranquilo con un simple mensaje. Es mi novia, ¿en serio piensas que me voy a quedar quieto con esas simples palabras? Quiero verla.
Sí, debería habérselo esperado. Le había decepcionado que el novio de Ran se hubiera conformado tan fácilmente de haberlo hecho. Lo peor es que ese era el único argumento que tenía para evitar que esos dos se encontrasen.
—Mayama-san… —Trató de iniciar otro argumento.
Sin embargo fue interrumpido.
—¿Hay alguna razón en especial por la que quieras desconfiar de mí? —El hombre lo apuñaló con la mirada. —Desde hace un rato me miras con verdadero odio, ¿acaso te he hecho algo para que desconfíes así conmigo? ¿O es que esta es la cara que un profesional debe mostrarle a un civil?
La verdad es que el abogado había dado justo en el clavo. Tenía razón, había perdido los estribos, no tenía ni una sola razón para impedirle al hombre a ver a su novia, pero de la misma manera no tenía ninguna razón para confiar en él. De la misma manera que no lo conocía y por tanto no podía juzgarlo, no lo conocía y por tanto no podía como si nada confiar en él.
—Lo siento, pero mi trabajo me enseñó a ser desconfiado. —Amagó una sonrisa. —Entiendo su situación, yo también estaría preocupado si la mujer que amo estuviese desaparecida y no me dejasen verla. Pero tiene que entenderme: hago esto por el bien de Ran.
—Desde hace un rato que la llamas Ran con toda la naturalidad del mundo. ¿Quién eres exactamente? —El abogado lo apuñaló con la mirada.
El hombre empezaba a enfadarse, a ponerse nervioso y a apuntar exactamente donde más dolía. Se notaba a leguas que no era tonto, y parecía de lo más dispuesto a mostrar su elocuencia, poder de palabras, adultez e inteligencia en su contra, que no era más que un mocoso con una placa sin jurisdicción.
—Me temo que usted no es el único que la aprecia, Mayama-san. —Dijo, tratando de contenerse y no soltar ninguna burrada. —Ran es como una hermana mayor para mí, y estoy completamente dedicado a su seguridad, y tengo la convicción de protegerla por encima de todo lo que pueda ocurrir. No tengo nada contra usted, no lo conozco, tan solo sé lo que me han contado y lo que puedo ver, así que entienda que, como persona a cargo de esta investigación, responsable de la seguridad de todos mis compañeros de trabajo y amigos, a cargo de la seguridad de Ran, no puedo aceptar simplemente un par de quejas y lágrimas como voto de confianza. Márchese. Ran está bien, es todo lo que necesita saber.
Mayama parecía abrumado por semejante discurso, pero aunque chasqueó la lengua comprendiendo que no iba a conseguir convencer al muchacho, no se rindió y trató de buscar la aprobación de Shiratori.
—Shiratori-san, usted es el jefe de la comisaría, ¿no? ¿Qué es esto de que un niño les esté dando órdenes? Usted sí me conoce, ¿verdad? Entiende mi situación. Yo solo quiero hablar con mi prometida y ver en primera persona que está bien. No me pienso ir hasta que me concedan ese permiso, lo que el crio dice de comprensión no puedo simplemente acatarlo, porque necesito comprobar de primar mano que la persona que amo está sana y a salvo.
—Ehh… bueno… —El inspector dudó. —Entiendo los argumentos de ambos… —Tartamudea y vuelve a buscar la aprobación del joven, quien le niega con la cabeza. —Conan-kun, ¿no crees que no importaría si dejamos que ellos dos se encuentren aunque sea por un momento?
El joven frunció el ceño. Mierda, si Shiratori-san le da la razón al abogado sus argumentos en contra iban a empezar a flaquear. Entornó las cejas y puso una mueca de desagrado.
—No. —Insistió. Pero debería haberse esperado que no iba a tener efecto.
—Si Shiratori-san lo dice no entiendo por qué te empeñas tanto en negarte. ¿Te llamabas Conan, no? —Casi pronunció su nombre con asco —Déjame ver a mi prometida, por favor.
Y la insistencia del hombre, la mirada interrogante y confusa de Shiratori, el ambiente suplicante, su falta de argumentos, sus celos, sus miedos, el recuerdo de aquella mirada violácea que ella asustada le había dirigido después de besarla en la biblioteca y sus palabras "yo después de todo amo a Sagaru-san", acabaron consiguiendo que se rindiese. Suspiró, sintiendo como la grieta de su corazón se hacía más grande solo por haber accedido.
—Está bien. —Dijo con un hilo de voz, sentenciándose al mismo tiempo. —Lo llevaré a dónde está ella. Pero lo siento, tendremos que chequearlo entes de ir, lo último que me apetece es meter a un desconocido con un micrófono o un GPS en la casa.
El hombre estuvo de acuerdo y el propio Conan se encargó de chequearlo.
Mientras revisaba todas las pertenencias del que era el actual novio y prometido de la mujer que amaba, sentía como las ganas de tirar y patear el abrigo que tenía entre las manos se iba haciendo cada vez más grande, aunque sonase infantilmente estúpido. Cuando revisó su cartera y encontró en ella una foto de Ran sonriendo a la cámara al lado de aquel hombre, se quedó bloqueado por unos segundos, casi sin respirar. Después bajó la cabeza, escondiendo su mirada bajo el reflejo de sus gafas, se mordió el labio inferior, ahogando una queja, o un grito, y continuó con su minuciosa inspección sin decir nada. ¿Qué iba a decir llegados a este punto? ¿Qué podía decir? Definitivamente no podía reclamarle nada por querer ver a Ran, tampoco por preocuparse por ella. Definitivamente no podía decirle nada por amarla. Ni enfadarse, ni criticarlo. No tenía derecho siquiera a mostrar sus celos, porque él la había abandonado por 8 años, y era aquel hombre que tenía delante el que había logrado darle a Ran la felicidad que Kudo Shinichi, que él, le arrebató.
Cuando terminó de revisar todo y sentención que, en efecto y quizá por desgracia, el hombre no llevaba sospechoso encima, el propio inspector Shiratori se ofreció a llevarlos a ambos hasta su casa.
—Lo siento, Mayama-san, pero voy a tener que pedirle que se ponga una venda para los ojos. —Le dijo Conan cuando el hombre ya había entrado en el coche. —No queremos revelar la localización del lugar, así que tendrá que ir sin ver nada.
El abogado estuvo de acuerdo y no se quejó cuando el muchacho le pasó una cinta por los ojos.
Shiratori condujo en silencio, notando la tensión que había en el coche y prefiriendo no decir nada.
Conan también guardó silencio. Lo único que podía pensar mientras iba viendo pasar las calles y notando como se acercaban cada vez más a Beika era como su corazón se encogía cada vez más en su pecho, y como las pocas esperanzas que el estúpido Hattori había implantado en su cabeza se iban volando a cada giro que daban en el coche.
Él mismo estaba llevando ante a Ran al que probablemente era su mayor enemigo en la apuesta más complicada que él, Edogawa Conan y Kudo Shinichi, podría jugar nunca: el amor. Y haciéndolo estaba derrochando todas sus bazas para ganar, y a pesar de que lo sabía, por alguna razón en alguna parte de su ser no pudo evitar pensar que en serio debía dejar a Ran ser feliz y amar a esa persona que en serio se preocupada tanto por ella, a nivel de ir a buscarla desesperadamente a la comisaría de policía.
No tenía esperanza. Debería haberse dado cuenta antes de haber hecho algo tan estúpido como haberla besado.
...
Bueno, para todas aquellas que llevaban no sé cuanto tiempo quejándose de que cuándo aparecería Sagaru-san, este capítulo está dedicado a ellas XD
Estoy con trabajos para la universidad, así que como siempre no tengo ni idea de cuando llegará el siguiente capítulo, so sorry.
