Para mis pacientes fans que siguen esperando mis actualizaciones: os quiero.

Los personajes y obra original pertenecen a Gosho Aoyama. La trama de este fanfic es mía y Jonathan también es mío.


Capítulo 26: Tamiro Akahiro

...

Despertó por culpa de que el sol había empezado a pegarle en la cara, se enderezó y durante unos segundos se quedó atontado sentado sobre su cama, sin recordar dónde estaba, qué hacía y mucho menos que llegaba tarde a comisaría.

Segundos después miró el reloj y se alarmó al darse cuenta de que llegaba cuatro horas tarde a su reunión con Mégure. Saltó de la cama, se apresuró a vestirse mientras reflexionaba sobre lo ocurrido y marcaba el número del superintendente para disculparse y avisarlo de que salía ahora de casa. Sin embargo, se sorprendió al descubrir que este ya estaba avisado de que iba a llegar tarde y que no lo esperaban hasta después del mediodía.

Se quedó mirando extrañado la pantalla de su móvil, hasta que de pronto recordó lo que había pasado anoche y de alguna manera dedujo que todo aquello había sido idea de Ran. Cansado y al mismo tiempo agradecido se llevó una mano a la frente con exasperación, al mismo tiempo que trataba de quitarse de la cabeza la imagen de la chica arropándolo con cuidado. Con demasiado cuidado.

Sacudió al cabeza con énfasis y trató de poner sus pensamientos en orden. Ya que tenía tiempo libre antes de tener que ir a la comisaría, lo mejor era llamar a Haibara, pues no sabía nada de ella desde que la tarde anterior la dejó en comisaría para acompañar al prometido de Ran a casa. Pensándolo mejor, sobre todo teniendo en cuenta que alguien acababa de intentar matarla, había sido una auténtica metedura de pata no haberse preocupado más por ella hasta ahora.

Tomó su teléfono y llamó al número de Haibara, esta no tardó mucho en contestar:

—Has tardado lo tuyo en llamar. —Dijo. —¿Las cosas bien con el prometido de Ran?

—Mejor no preguntes cuando sabes la respuesta. —Se limitó a contestar. —¿Dónde estás?

—En casa, ¿dónde voy a estar? La policía me ha prohibido salir de casa, tampoco me dejan ir al instituto y la persona que se supone que debería estar protegiéndome se largó ayer sin decirme nada.

—Perdón por eso. —Se disculpa sinceramente. —Salgo ahora para ahí. Nos vemos en diez minutos. Tengo algo que contarte.

—Te estaré esperando.

Dicho esto, el chico colgó el teléfono y terminó de vestirse. Bajó las escaleras intentando no hacer ruido para no despertar a Ran, pero por desgracia esta ya estaba despierta y lo vio aparecer por la puerta de la cocina.

—Buenos días. —La saludó, intentando aparentar la calma que en realidad no sentía.

Ella le sonrió de vuelta y le preguntó qué tal se encontraba, a lo que tuvo que responder que perfectamente para que ella lo dejara salir de casa.

Una vez en el jardín se encontró con Takagi sentado dentro del coche, junto a la puerta, lo saludó y siguió su camino hacia la casa del profesor. Allí también se encontró con Chiga, quien lo revisó antes de dejarlo pasar.

Haibara lo estaba esperando sentada en la barra de la cocina, vestida demasiado bien como para planear quedarse todo el día encerrada en casa, así que Conan no dudó ni dos segundos en preguntar:

—¿A dónde planeas ir? —Dijo con tono serio.

—¿Dijiste que tenías algo que decirme, verdad? Si has encontrado alguna pista quiero ir contigo.

—Ni hablar. —Se negó en rotundo. —Haibara, ayer casi volamos todos por los aires, tienes que entenderme cuando te digo que no puedo llevarte de paseo como si nada. Hablaré con Mégure para que te cambien a una casa diferente en cuanto puedan.

—Edogawa-kun —Lo llamó, interrumpiéndolo. —¿Qué ha pasado?

El chico resopló y terminó por contarle lo que Hattori había encontrado en el almacén.

—Quiero ver ese laboratorio. —Por supuesto, Haibara no tardó ni dos segundos en apuntarse en la excursión de reconocimiento.

—Ya te lo dije: no. —Se negó en rotundo, pese a lo mucho que ella insistió. —Haibara, tengo el brazo jodido, me duele moverlo y no puedo apuntar bien con un arma. Ahora mismo no puedo prometerte que te pueda defender de cualquier peligro. No hagas esto más complicado. Prometo que te mandaré fotos del almacén, porque tienes razón: necesitaré tu ayuda para solucionar esto, pero a cambio tienes que prometerme que te vas a quedar aquí a salvo.

Aunque a regañadientes ella acabó por prometer que no se movería de la casa, "pasase lo que pasase" le había hecho prometer el chico.

—De todas formas, ¿tú también crees que es el laboratorio donde están mejorando la droga? —Preguntó una vez se hubieron puesto de acuerdo con lo anterior y pasaron a centrarse sobre lo que realmente le preocupara al inspector.

Le había enseñado todas las fotos que Hattori había sacado, que no eran muchas, pero valían para empezar a indagar en el tema.

—No sabría decirte. Es un laboratorio de química, eso lo tengo claro, y muchos de los productos que veo aquí los utilicé yo hace años para desarrollar el APTX, pero también podrías usarlos para muchas otras cosas. —Haibara tomó una foto y se la acercó más a la cara para tratar de leer algo. —Dijiste que habían abandonado el almacén hace 2 años, ¿no?

—Sí, hace dos años, cuando Hachecelle abrió su sucursal en Kyoto. Después, desde hace unos meses que alguien lo convirtió en un laboratorio, según Hattori ese alguien dio el nombre de Biwaki Sureda y coincido con él en que probablemente sea nada más y nada menos que Black Silver, la misma persona que mandó el mensaje con los vestidos de novia y el que probablemente ahora sea el líder de la organización.

—¿Entonces ha sido un laboratorio por unos meses?

—Eh… sí, eso tenía entendido, ¿por qué? ¿Has encontrado algo?

—Más que encontrar algo… —Haibara se queda mirando la foto detenidamente, dudando. —Digamos más bien que no lo he encontrado.

—¿De qué estás hablando?

—Bueno, ¿Sabes que normalmente cuando trabajas con productos químicos muy volátiles se suelen manipular dentro de una campana de extracción para que no se llene de gas la habitación, no?

El chico asintió.

—En todas las fotos que me has enseñado solo aparece una campana de extracción y ¿te has fijado en estas manchas de aquí? —Haibara señaló una parte de la foto, donde la campana sale en una esquina y apenas se nota.

—¿Qué son? —Preguntó intrigado.

—Son manchas que dejan los colorantes de valoración cuando entran en contacto con la superficie de la campana.

—¿Y eso que significa?

—Realmente nada, si lo piensas desde el punto de vista de que han estado trabajo solo dos meses en ese laboratorio. Pero… la verdad es que, desde mi experiencia y teniendo en cuenta lo mucho que yo solía necesitar utilizar de esas cosas, me esperaría una campana mucho más sucia.

Conan entiende de golpe a dónde quiere llegar la chica.

—¿Estás diciendo que en realidad apenas han usado este laboratorio?

Haibara asiente.

—Las demás cosas parecen usadas, pero precisamente la campana extractora, que no es algo que fácilmente puedas transportar de un lugar a otro, realmente parece nueva. Puede que el resto del material sea más viejo, pero este laboratorio apenas se ha instalado desde hace unas semanas.

—O sea, que si bien puede ser que hayan terminado de sintetizar el APTX aquí, no es donde hicieron toda la investigación.

—Exacto.

—Había otro laboratorio… Eso quiere decir que no vamos a encontrar información aquí, porque todo se quedó en el otro laboratorio…

—Yo no estaría tan segura. Acabo de decir que el resto del material es viejo, ¿no? Lo más probable es que algo ocurriese en su anterior laboratorio que los obligase a desplazar todo para este almacén. La verdadera pregunta es ¿Qué fue ese algo que los obligó a hacer algo tan temerario en medio de nuestra investigación?

—¿Estás insinuando que fue algo que hicimos nosotros?

—Las fechas cuadran, Edogawa-kun.

Conan se quedó pensativo, intentando recordar qué había pasado en las últimas semanas que pudiera estar relacionado con dicho laboratorio.

—¿Crees que pudo ser cuando se filtró el APTX y se produjo el caso de envenenamiento? —Preguntó de pronto, recordando cual fue el inicio de todo.

Haibara lo miró pensativo y acabó por asentir.

—Tendría sentido.

—¿Y entonces por qué abandonaron también este laboratorio del almacén? —Se preguntó en voz alta. —Porque no importa como lo mires, aunque dejaron todos los utensilios de investigación, no hay ni un solo informe ni papel que nos indique sus avances. Lo más probable es que vieran venir que nos estábamos acercando y se largaron en el último minuto.

—Ni idea. —Ella negó con la cabeza.

Conan empezó a darle vueltas a ese tema. ¿Por qué siempre parecían ir un paso por delante de ellos? ¿Desde dónde demonios los estabas espiando para saber cuándo exactamente debían enviar el mensaje a Ran para salvar a Haibara, o cuando mover su laboratorio?

Sin embargo fue interrumpido por el timbre de su teléfono, anunciando que tenía una nueva llamada. Chasqueó la lengua porque lo hubieran interrumpido en medio de su razonamiento, hasta que comprobó que se trataba de Hattori, así que se apresuró a contestar esperando que el chico tuviera alguna buena noticia que darle.

—Dime. —Contestó, alejándose un poco de Haibara, para evitar que ella escuchase algo de casualidad que la hiciese cambiar de opinión sobre su promesa de quedarse quieta y calladita en casa.

—Kudo, no sé si tienes mucha suerte o eres un genio, pero tenías razón: he hablado con Katsumura Yuki y me ha dicho que compró su abrigo en una tienda de Hachecelle.

Conan celebró internamente su acierto y se apresuró a responder:

—Gracias, Hattori, acabas de darnos una pista a al que aferrarnos. —No fue capaz de esconder del todo su entusiasmo. Después carraspeó para tratar de mantener las compostura y añadió: —¿Ha pasado algo más?

Hattori le respondió que había tardado una eternidad en conseguir una visita con Katsumura, así que no se había pasado por el almacén desde que habían hablado la noche anterior y que Jonathan no había reportado nada importante. Conan aprovechó para contarle lo que Haibara había descubierto y le encomendó la misión de comprobar si podía ser cierto su teoría, inspeccionando las campanas de extracción.

Conan colgó y se apresuró a volver junto a Haibara para contarle sobre su descubrimiento acerca del abrigo, a lo que ella, casi instantáneamente le respondió:

—Tienes que hablar con Inoue Ami.

—¿Tú opinas igual, verdad?

Continuaron conversando sobre el tema e ideando lo que tenían que preguntarle a Inoue-san, porque si Conan estaba en lo cierto y existía cierta relación entre ese abrigo y Hachecelle, ella tendría que saberlo.

Cuando Conan estaba a punto de salir de la casa del profesor para dirigirse a la comisaría, recibió otra llamada y se sorprendió al descubrir que se trataba de Ran.

—¿Hola? —Contestó, todavía sin estar muy seguro de cómo reaccionar delante de ella.

—Conan-kun. —Ran sonaba tranquila como siempre, así que el chico trató de hacer lo mismo. —Te has dejado en casa una carpeta, ¿es importante? Está sobre la mesa de la cocina.

Conan inspeccionó rápidamente su mochila para descubrir con que, en efecto, se había dejado en casa la carpeta con el retrato del hombre que le había dado la bomba a Ayumi.

—Ah, sí, lo siento Ran-neechan. Iré a recogerlo dentro de unos minutos, déjalo en la mesa.

Sin embargo, Ran ya lo había abierto y estaba inspeccionando el contenido.

—¿Esto es un retrato? —Preguntó a través del teléfono. —¿Qué ha pasado con esta persona?

—Ah, nada, no te preocupes. —Conan se apresuró a terminar de ponerse los zapatos para darse prisa y salir de vuelta hacia su casa. Cuanto menos supiera Ran sobre el avance de la investigación, más a salvo estaría. —Simplemente estamos tratando de averiguar quién es, nada malo, Ran-neechan.

—Yo sé quién es. ¿Por qué?

Las palabras de Ran lo dejaron congelado en el sitio y durante unas milésimas de segundo se quedó sin respiración.

—¿Cómo que sabes quién es? —Fue lo primero que consiguió decir.

Todavía con las manos temblorosas le hizo un gesto a Haibara, quien estaba de pie a su espalda, para que se acercase y después pulsó el botón del altavoz para que ella también pudiese escuchar la respuesta de Ran.

—¿Cómo que quién es? —Ran se escuchaba confusa. —Tú ya habías visto su rostro, Conan-kun, aunque es una pena que no llegaste a conocerlo vivo, era un buen profesional.

Conan tuvo que contenerse para no gritarle a Ran que se diera prisa y les diera un nombre, y en lugar de eso apretó el teléfono en sus manos.

—Es el forense que hizo la autopsia del muerto por envenenamiento, —Terminó por decir —Tamiro Akahiro.

Y de pronto un montón de piezas encajaron en la cabeza del joven detective.

...


Esta vez el capítulo se centró en el avance de la investigación y en Haibara, porque la verdad es que la tenía un poquito abandonada después de lo sucedido.

¡El abrigo en efecto tenía importancia, a Conan no se le iba la olla!

Y lo más importante: la persona que hizo la autopsia del caso de envenenamiento que trajo a Conan de nuevo a Japón, en realidad, estaba relacionado con la organización y fue la misma persona que intentó matar a Haibara.