Sí, soy yo, actualizando medianamente pronto, todo una novedad, pero esto tiene una explicación: nuevo cuatrimestre, nuevo inicio de ciclo, algo más de tiempo libre hasta que empiecen los exámenes de nuevo y mientras he decidido aprovechar para intentar darle un poco de vida a esto. Intentaré subir un capítulo corto cada semana, día arriba, día abajo.

Serán más cortos de lo que estaban siendo hasta ahora, pero es que esto es lo que consigo escribir en dos viajes de tren (los que hago cada semana), así que pensad que esto fue escrito en un tren, con el paisaje pasando por la ventanilla, escuchando música (todo muy de postureo y súper de libro) y deseando que la persona del asiento de al lado se bajase antes que yo para poder expandir mi territorio hacia su asiento.

Decir que es una maravilla ver que todavía tengo lectoras que no tardan ni una hora en leer mi actualización y dejarme un mensaje que siempre me alegra el día y hacen que me motive para escribir lo antes posible el capítulo siguiente. Para los que son nuevos informar que, lo siento, soy un desastre con patas y no cumplo horarios, pero de verdad que esta vez voy a intentar tomarme esto más en serio.

La trama de la historia está empezando a coger carrerilla y me temo que, de aquí a un par de capítulos, estaremos entrando en "la saga final", si es que se me permite usar ese término. Ya lo tengo todo pensado, con algún cambio que pueda ir haciendo a medida que se me ocurran ideas, y de verdad espero que os guste lo que escriba a partir de ahora y no decepcionar vuestras expectativas.

Digo todo esto ahora porque me he pasado este fin de semana pensando todos los detalles y estrujando ideas hasta conseguir un final que considere aceptable. Convertí una pared de mi habitación es un tablón digno de aparecer en una serie de asesinatos y me dediqué a preguntarle a todos mis amigos y familiares "cómo harían para lidiar con una organización criminal", hasta que el novio de una amiga me dio la palabra clave que acabó dando lugar al final. Por esos pequeños héroes sin capa.

Dicho esto, os dejo con el capítulo, que casi hablo yo más que Conan.

Detective Conan pertecene a Gosho Aoyama


Capítulo 27: Me niego a creer que todo está perdido

...

—Es el forense que realizó la autopsia del muerto por envenenamiento. Se llamaba Tamiro Akahiro. —Dijo Ran a través del teléfono.

Conan se quedó congelado escuchando semejante noticia. ¿El forense? ¿Qué demonios significa eso? ¿Cómo es posible que no lo hubieran reconocido antes? ¿En qué estaban pensando el resto de policías a los que les había enseñado el retrato? ¿Takagi? ¿Sato? ¿Shiratori? ¿Por qué solo Ran lo había reconocido?

—R…ran-neechan… ¿Estás segura de lo que dices?

Por si fuera poco, eso no era todo. No era todo para nada, maldita sea. Porque, si no le fallaba la memoria, entre las dos víctimas que contaba la explosión del laboratorio forense, aquel hombre era uno de ellos. ¡La persona que había intentado matar a Haibara estaba teóricamente muerta!

—Sí, ¿Por qué?

—¿Por qué el resto no lo reconoció, Ran-neechan? ¿Por qué Sato-san y los demás no supieron decirme quien era y tú sí? —Apretó con más fuerza el teléfono en su puño, estaba tan nervioso que no sabía ni cómo actuar. —¿Por qué eras la única que lo conocía?

—Eh… aunque me preguntes eso… Supongo que fue porque fui yo la que estaba a cargo del caso de envenenamiento en un principio. Aunque luego, cuando llegaste, todos se unieron para trabajar contigo, en realidad la única que llegó a tener contacto con el forense supongo que fui yo.

—Ran-neechan, de casualidad, ¿cambiaron el forense a cargo de tu caso de un momento a otro?

—Pues… ahora que lo dices, es posible. No lo entendí bien en su momento, pero creo que hubo un problema con el papeleo y la persona encargada al principio había sido un error, así que tardaron un poco más de la cuenta en empezar.

—¿¡Por qué no me dijiste eso antes!? —Gritó, alterado. —¡Maldita sea, Ran! ¿Por qué no lo mencionaste?

Al otro lado de la línea escucha a la chica tartamudear confusa, sin una idea de por qué el chico le estaba gritando. Al mismo tiempo, Conan sintió la mano de Haibara aferrarse a su hombro desde su espalda, para recordarle que no debía gritar y que, sobre todo, no debía asustar a Ran y mucho menos permitir que se enterase de lo que estaba pasando. Al mismo tiempo, a través de ese mismo agarre, Conan pudo notar como la joven de cabellos castaños estaba templando de miedo. Haibara también había entendido lo que aquel cambio significaba.

—Lo siento. —Farfulló al ver que Ran no le daba respuesta. —Siento haberte gritado. Gracias por reconocer el retrato por mí. Has sido de gran ayuda, Ran-neechan. Te llamaré dentro de un rato, me tengo que ir. Lo siento. Nos vemos.

Apresuradamente y sin saber qué más decir se apresuró para cortar la llamada. La chica se quedó con la palabra en la boca, pero Conan nunca llegó a enterarse de lo que ella quiso decir en ese momento: "Lo siento".

En cuanto hubo colgado se giró hacia Haibara y descubrió que el rostro de la joven estaba descompuesto en una expresión de miedo y que, en efecto, temblaba de arriba abajo.

—Edogawa-kun… —Murmuró con voz rota. —¿Estás pensando en lo mismo que yo?

Conan se estremeció al pensarlo. Habían descubierto tantas incongruencias de un momento a otro que no era capaz de terminar de ordenar sus pensamientos.

Un forense que todos creían muerto había tratado de matar a Haibara, probablemente bajo las órdenes de la organización. El forense que realizó la autopsia que lo había traído de vuelta a Japón estaba del bando de la organización. Desde un principio, la organización lo había querido a él, Edogawa Conan y por tanto a Kudo Shinichi, de vuelta en Japón. Desde un principio, habían jugado en las redes de la organización como un montón de idiotas, siguiendo las pistas que ellos, convenientemente, les habían dejado caer desde la tarima donde continuaban observado todo, probablemente riéndose de su ignorancia y falsas esperanzas.

Haibara cayó de rodillas al suelo ahogando un quejido y se hubiera pegado un buen golpe en la cabeza de no ser porque el joven la agarró a tiempo y la sostuvo en brazos, cayendo también al suelo arrastrado por el peso inerte que era la chica de cabellos castaños.

—Edogawa-kun…. Kudo-kun… —Masculló ella, con la mirada perdida. —¿Para qué hemos estado peleando todo este tiempo? ¿Qué es lo que hemos conseguido? Es posible que incluso su caída hace ochos años hubiera estado dentro de su plan. ¿De qué han servido todos los sacrificios que hemos hecho? Podrían haber acabado con nosotros en cualquier momento. Estamos vivos simplemente porque ellos quisieron. ¿Qué se supone que debemos hacer ahora?

Por tercera vez en toda su vida, Conan vio llorar a Haibara. La vez anterior fue cuando le había dicho que no había cura para el APTX y antes de eso cuando, a voz en grito, le recriminó por no haber sido capaz de salvar a su hermana mayor. Y durante todas esas veces, él se había quedado quieto, bloqueado en su sitio, sin saber qué decir ni qué hacer, sin poder hacer nada para consolarla ni para darle la vuelta a la situación.

Por primera vez en años se quedó en blanco, sin una sola pista de cómo enfrentarse a la situación y seguir adelante. Durante todo este tiempo, todo, absolutamente todo, había sido un juego de la organización. Habían sido ellos los que lo trajeron a Japón, creando una pista falsa en un caso de asesinato que probablemente desde un principio no era más que un envenenamiento normal. Es posible que el APTX nunca se hubiese filtrado. Todo fue una trampa. El desarrollo de la droga probablemente iba perfectamente, si es que todavía no lo habían terminado. El error que siempre les pareció tan absurdo por parte de la organización es porque simplemente nunca existió semejante error, ellos lo hicieron parecer como tal.

Desde eso todo había ido tal y como ellos habían planeado: se habían infiltrado en el laboratorio forense y este había explotado. Haibara sobrevivió en aquel momento porque ellos quisieron. Probablemente hicieron explotar todo porque si llegaban a entrar descubrirían desde un principio esta trampa. Es muy posible que también hubieran dado por muerto a Tamiro Akahiro en aquel incendio a propósito, para quitar las miradas de él durante un tiempo.

Al mismo tiempo, el email que permitió que Haibara sobreviviera los llevó hasta su nueva pista: el almacén, donde encontraron el laboratorio temporal a que se mudaron después de perder su primer laboratorio. Pensándolo mejor, ahí estaba la clave: no fue el caso de envenenamiento lo que provocó que cambiasen de laboratorio, sino la explosión. Probablemente, desde un principio, su primer laboratorio había sido aquel depósito forense, y al volarlo por los aires para tapar el misterio de la autopsia habían tenido que cambiar de lugar. También es muy posible que el propio Tamiro Akahiro estuviera involucrado en el desarrollo de la droga, por eso sabía qué clase de síntomas tenía que escribir en el informe forense para llamar la atención de Haibara.

Todo, absolutamente todo había estado en manos de la organización. La autopsia, el mensaje, Hachecelle, el almacén, el laboratorio, el APTX y sus vidas. Incluso el… el…

En medio de su agonía el joven detective se dio cuenta de algo. Entre todas las cosas, todas las pistas que habían ido recolectando y el caminito de migas que la organización le había dejado, había algo que habían descubierto por una razón totalmente diferente. Al contrario que todas las demás pistas, a las que habían llegado siguiendo el rastro de la organización, había una a la que habían llegado por mera casualidad, tan solo porque Jonathan se equivocó de callé mientras conducía al principio de la organización: el robo en la boutique de Sonoko.

Si aquel día Jonathan no se hubiera equivocado de calle y hubiera cogido correctamente el camión hacia la comisaría, no se habrían encontrado con aquel caso y este nunca se habría resuelto. Los diseños de Sonoko seguirían desaparecidos y él nunca hubiera descubierto la verdad incoherente entre el abrigo azul marino de esos diseños y el abrigo de Katsumura Yuki.

Es cierto, había una pista, por tonta e inútil que pareciese al principio, que no les había dado la organización sino que había llegado a ellos por otros medios: Inoue Ami y su posible relación con Hachecelle.

Para empezar, todavía tenían que descubrir cuál era la relación entre esa empresa de ropa y la organización. Si bien es cierto que investigando por medios normales Sato-san no había encontrado nada, ahora, gracias a la aportación de Hattori, sabían que tenía que haber alguna relación entre Inoue Ami y Hachecelle y que, por tanto, la podía haber entre Inoue Ami y la organización, por ínfima que fuese.

Todavía tenían una pista a la que aferrarse.

Conan cerró los puños con fuerza, tratando de darse fuerzas a sí mismo. Había sido un ignorante durante todo aquel tiempo, pero eso se había acabado. Había estado demasiado tiempo atrapado en el pasado, intentando escapar de su yo interno, de Kudo Shinichi y de su odio hacia la organización. En medio de semejante tormenta, había perdido de vista su verdadero objetivo: detener a la organización, porque era un detective y formaba parte de su trabajo y de su orgullo, no por un resentimiento pasado ni porque se tratase de su deber ni nada por el estilo. Si su yo más joven lo viese ahora mismo se reiría de él: el detective mediocre que se obcecó tanto en un caso que este le impidió ver la situación con claridad. Menuda ironía resultó ser que, el caso que pensó que no tendría para nada relación con su investigación y que había resuelto de mala gana y como un favor hacia Sonoko, resultase la carta que le daría la diferencia contra el juego de la organización.

—No todo ha sido en vano. —Murmuró, con un tono apenas audible que Haibara fue capaz de escuchar únicamente porque estaban pegados el uno al otro.

Por primera vez en mucho tiempo, podía escuchar a su corazón latir con las ansias de un misterio ante él. No porque fuese un trabajo que hacía por compromiso, ni uno al que había empezado a odiar después de tanto tiempo metido entre cadáveres y venganzas, sino por el detective que había habido en su interior desde que era un niño. Desde que, en aquel lejano día en el que conoció a Ran en la guardería, tuvo las agallas para exponer su deducción delante de todos los demás y acertar.

La organización no se enfrentaba al Edogawa Conan del FBI que les guardaba rencor por haberlo convertido en un niño pequeño y le había arrebatado su vida junto a la persona que amaba. Sino que luchaba contra el Kudo Shinichi que, por simple curiosidad, descubrió su existencia y juró, por su orgullo como detective, que los derrotaría.

—Haibara, levántate. —Dijo, esta vez hablando más alto. —No todo ha sido en vano. Tan solo tenemos que volver a empezar. Si nos rendimos antes de intentarlo, estaremos cayendo en sus redes. Todavía hay cosas que no logro entender acerca de este caso. Todavía hay cosas que debemos descubrir. En este mundo hay una única verdad, y el trabajo de un detective es descubrirla. Yo no me rendiré hasta dar con ella, porque soy el detective adolescente del Este, Kudo Shinichi, y al mismo tiempo el soy Edogawa Conan, miembro de la liga juvenil de detectives. Puede que tanto tú como yo hayamos renegado un poco de ese nombre, pero los niños no nos perdonarían si nos escuchasen decir que nos rendimos con un caso, ¿no lo crees? Así que deja de pensar en los aspectos negativos y ayúdame hasta el final con esto. Desenmascaremos juntos a la organización, tal y como te prometí hace ocho años.

-o0o-

Haibara tardó un poco más en calmarse. Mientras tanto, Conan aprovechó para llamar a Hattori e informarle de lo que acababan de descubrir. Ambos coincidieron en que estaban un poco con el agua hasta el cuello y que su única salvación era visitar a Inoue Ami en prisión, misión de la que Conan prometió encargarse.

Mientras, Hattori decidió seguir investigando el laboratorio junto con Jonathan y enviar fotos de todo lo que encontrasen para enviárselas a Haibara. Una vez esta se hubo recuperado del todo prometió ponerse a trabajar en busca de más cosas que le diesen alguna pista verdadera entre tanta foto.

Dicho esto y tras asegurarse de que la joven de cabellos castaños se quedaba tranquila y a salvo en casa del profesor, el cual apareció por allí después de un rato, todavía en pijama y con cara de acabar de despertarse, Conan salió de la casa tras dirigirle un par de palabras al anciano para que vigilase a la chica y le informase y pasaba algo fuera de lugar. Una vez fuera echó en falta la presencia de Jonathan para que condujese hasta la comisaría, pero a falta de algo mejor acabó resignándose y cogiendo el metro apresuradamente para llegar al centro.

Una vez allí le explicó a Mégure todo el problema y este reaccionó más o menos como todos: llevándose las manos a la cabeza y asustándose, pero al final Conan logró calmarlo y hacerlo entrar en razón para que le intercediese por él y que le dejasen ver a Inoue Ami.

—Sin embargo, Conan-kun, —Preguntó Shiratori-san mientras su superior se marchaba a hacer las llamadas necesarias para que los dejasen visitar a Inoue-san. —Hay algo que no logro entender. ¿Si durante todo este tiempo todo lo ocurrido formaba parte de su plan y, según tu teoría, uno de sus motivos para hacer explotar el laboratorio forense fue que diésemos por muerto a Tamiro Akahiro, ¿por qué se dejó ver ahora como si nada? No nos hubiéramos dado cuenta de que todo era una trampa si se hubiese ocultado correctamente.

Conan se giró hacia el detective en jefe, asintiendo.

—Yo también me he hecho la misma pregunta y todavía no he logrado encontrar una solución. Puede que simplemente no pensase que lo podríamos reconocer, después de todo simplemente se apareció delante de una niña pequeña como Ayumi, no entró en contacto directo con todos nosotros. Sin embargo, no puedo rechazar por completo la opción de que todo haya sido parte de su plan de nuevo, que incluso el hecho de dejarnos conocer que estamos colgando en sus hilos sea algo ellos planearon. De todas formas, a partir de ahora debemos trabajar con el máximo cuidado y discreción. Además, Shiratori-san, tendré que pedirle que mejore la vigilancia de Haibara. Tamiro Akahiro sigue suelto y si intentó matarla una vez, no me extrañaría que lo intentase de nuevo.

Shiratori coincidió con él. También estuvo de acuerdo con el joven inspector del FBI con que de momento lo mejor y para estar seguros, era comprobar de nuevo el cadáver que habían encontrado en el laboratorio forense quemado y descubrir qué había sido lo que les había hecho pensar que podía ser Tamiro Akahiro, cuando en realidad, ya había quedado claro que no podía serlo.

—En cuanto tenga los resultados te informaré sobre ello. —Prometió el inspector de policía, a lo que Conan confirmó agradecido.

—Después de eso, hay algo que también me gustaría confirmar: el cadáver de la víctima de envenenamiento, ¿qué ocurrió con él?

Shiratori se lo quedó mirando extrañado al principio, pero luego entendió lo que el chico quería preguntar.

—Me temo Conan-kun, que durante la explosión, todo lo que había en el depósito quedó completamente calcinado.

Conan asintió con pesadumbre. Ya se lo esperaba.

—Dado que ahora ya no sabemos qué parte de la autopsia era cierta y que parte falsa, hubiera sido interesante poder confirmarlo. Como era de esperase, no vamos a tener esa suerte. La explosión consiguió eliminar por completo las pruebas del delito…

Quedaba claro que el misterio acerca de esa autopsia y la verdad detrás del APTX nunca saldría a la luz, no al menos mientras no arrestasen a la organización y encontrasen la droga.

Después de poner todo en orden en la comisaría y ver como todos se organizaban tras escuchar sus órdenes, se dejó caer en la silla del escritorio que provisionalmente le habían adjudicado, cansado.

Quizá debería llamar a Haibara para comprobar si se encontraba bien. También debería ponerse en contacto con Hattori para informarle de la situación en comisaría, por no hablar de que quería enterarse de si habían hecho algún avance.

Comprobó el reloj y descubrió sorprendido que, en realidad, era bastante tarde y que realmente ya no había mucho más que él pudiera hacer allí. Mégure no había vuelto desde que prometió conseguirle una entrevista con Inoue Ami y la vedad es que, a esas horas, era casi imposible que se lo concediesen.

Sus sospechas quedaron confirmadas cuando recibió una llamada del superintendente anunciando que le había conseguido un permiso especial para entrar a la prisión donde retenían a Inoue-san, siempre que fuese acompañado de un policía con jurisdicción, a lo que el propio Mégure le recomendó que se llevase a Sato.

La cita estaba establecida para la tarde del día siguiente, así que llegados a ese punto el joven no tenía mucho más que hacer hasta entonces, así que decidió retirarse para casa, decisión que el superintendente apoyó diciéndole que descansase correctamente.

Hay veces en las que las investigaciones avanzan más lento de lo que a uno le gustaría, y por mucho que se quiera hacer lo contrario, a veces no queda otra que esperar y descansar. Así que con eso en mente el chico se subió al metro y volvió para casa.

...


Como siempre, acabo creando más dudas que respuestas y dejando todo en el aire.

Sé que posiblemente los capítulos únicamente dedicados a la investigación puedan ser aburridos, que posiblemente un capítulo ShinRan sea mucho más entretenido, pero ahora mismo es necesario avanzar con la investigación para que todo tenga sentido. El ShinRan acabará llegando, lo prometo.

Nos leemos algún día de la semana que viene. Intentaré que sea cuanto antes.