Buenas tardes, mis queridos lectores. Vengo a pedir perdón.

Pese a que prometí estar subiendo un capítulo a la semana, al menos mientras no se me complicaban las cosas con al universidad, la verdad es que las cosas se me complicaron mucho antes de lo esperado y en el último mes no he tenido tiempo ni para respirar. Además, aunque planeaba subir capítulos cortitos, independientemente del número de palabras, considero que todo lo que pasa en este capítulo necesita ir junto para que tenga sentido, es por eso que no pude subirlo antes pese a que hace dos semanas que tengo escrito la primera mitad. Lo siento mucho.

A partir de ahora, el mundo se me viene un poco encima y no tendré tiempo de nuevo para actualizar tan frecuentemente, pero prometo hacerlo tan pronto como pueda y tenga algo decente que subir. Siento mucho las molestias causadas. Me siento como una traidora por hacer esto justo cuando prometí no hacerlo.

Dicho esto, espero que disfrutéis el capítulo :3

Detective Conan pertenece a Gosho Aoyama. Jonathan es mío. Mayama-san también es mío, pero ese no me gusta, os lo podéis quedar, por si queréis torturarlo o algo así.


CAPÍTULO 30: Si las cosas pueden salir mal, saldrán mal.

...

Horas antes del incidente de Kazuha. Centro de Tokio.

Mayama acababa de salir de trabajar y caminaba por la calle casi desierta de vuelta a casa. Suspiró con cansancio y paseó la mirada a su alrededor observando el cielo sin estrellas de Tokio. De pronto le vino a la cabeza el rostro de Ran y no pudo evitar amagar una sonrisa. Apenas se habían visto desde hacía casi un mes, la última vez fue en aquel momento cuando aquel mocoso lo había llevado, casi secuestrado, hasta un lugar que aun hoy en día no había logrado descubrir donde se encontraba y le había dejado verla durante apenas una hora.

¿Edogawa Conan? ¿Quién demonios era ese niñato? ¿Agente del FBI? ¿Con qué se creía que estaba jugando? Era su prometida la que estaba en peligro, ¿Quién se creía para tratarlo así? Y sobre todo, estaba preocupado porque ese mocoso se atreviese a ponerle las manos encima a Ran de nuevo. Ella le había contado que se habían besado, pero ¿en serio solo había sido eso? ¿Entonces por qué ella parecía tratarlo con tanto cuidado? ¿Por qué se preocupaba por el gilipollas que la besó sin permiso? Solo de pensarlo lo sacaba de quicio.

Le había dado una advertencia al mocoso, pero tuvo que contenerse para no darle una paliza delante de Ran.

La próxima vez no sería tan comprensivo. De hecho, esperaba que no hubiera una próxima vez.

Mayama carraspeó por el frío y se aclaró la garganta con cansancio. Últimamente no tenía tiempo ni para descansar y los de arriba no dejaban de darle trabajos de más que estaban empezando a cansarlo. Que si busca no sé qué cosa, que si sigue a no sé quién o encuentra evidencias de. A veces se paraba a pensar en qué momento acabó metido en todo aquello, pero cuando echaba la vista atrás y pensaba en cuáles eran sus ideas para el futuro cuando estaba en la universidad, definitivamente no eran aquellas.

Debería ser un abogado de elite y con un buen salario. Sus notas se lo hubieran permitido. Siempre había apuntado a lo más alto, pero en algún momento su camino se descarriló y ni siquiera estaba seguro de cuándo. Había pensado varias veces en retirarse, pero todas ellas los de arriba le habían puesto problemas. Siempre con problemas.

Y luego aparecía ese mocoso de la nada y decía haber estudiado lo mismo que él y ser un agente del FBI, ¿Qué demonios? ¿Qué clase de contactos tenía ese niño para conseguir un trabajo como ese? ¿Quién se creía para tratarlo así y aun por encima restregárselo por la cara? Cada vez que lo pensaba solo era capaz de enfadarse más. Quizá no debió contenerse y pegarle el puñetazo que se merecía, por faltarle el respeto a sus mayores y por haberse atrevido a tocar a su prometida.

Pensándolo mejor, cada vez que Ran había hablado sobre ese mocoso siempre parecía sonar como alguien importante para ella. Nunca le había dado importancia porque no era más que un niño, pero quizá era mucho más inteligente de lo que se había imaginado. La forma en que Ran lo trataba tampoco era normal. Parecían demasiado cercanos. Cada vez que lo pensaba le parecía menos posible que "tan solo se hubieran besado". El chico se parecía bastante en apariencia al que había sido su primer amor, no le extrañaría nada que la chica se hubiera dejado engatusar por él. Cuando se conocieron también había sido así. Mayama hacía tiempo que había notado que, en realidad, Ran no lo miraba solo él. Que siempre había alguien a su sombra que lo perseguiría de por vida. Ran le había hablado acerca de él, de su amigo de la infancia y primer amor: Kudo Shinichi. Y solo con escuchar su nombre ya se ponía de los nervios.

Y aun por encima, ahora aparecía ese mocoso que, si lo apurabas, casi diría que era el hermano pequeño de Kudo porque es que esos parecidos no eran posibles.

Ran era SU prometida. Había tardado mucho tiempo en conseguir que ella confiase en él y le abriese su corazón y ahora aparecía esa copia barata de Kudo y se le metía en el camino. ¿Y qué si había conocido a Ran desde antes? El que se quedó a su lado fue él, mientras que el otro simplemente la abandonó.

Mayama se había fijado en Ran ya desde su primer año de universidad. Era una joven vacía por aquel entonces. Acababa de perder a su mejor amigo y persona que amaba en un accidente, su hermano pequeño había desaparecido de la noche a la mañana y la relación de sus padres solo parecía empeorar. Y aun así, pese a que su mirada estuviera vacía, era realmente hermosa y tenía un carácter que no se encuentra muy a menudo. Entre una cosa y la otra, antes de que se diera cuenta había logrado acercarse a ella y la chica empezó a resultarle agradable. Ran había resultado ser alguien mucho más interesante de lo que se había esperado cuando la vio por primera vez.

Mientras continuaba insultando mentalmente a aquel mocoso impertinente, pudo notar por el cabillo del ojo como un coche se le acercaba lentamente, demasiado pegado a la acera como para querer simplemente pasar de largo.

Mayama frunció el ceño y continuó caminando, tratando de ignorarlo pero con la guardia alta. Si planeaban atracarlo no se lo iba a dejar fácil.

Pero el coche se detuvo justo cuando llegó a su altura y alguien abrió la puerta del copiloto antes de que al abogado le diese tiempo a recular. Del interior del vehículo salió la mano enguantada en negro de alguien sosteniendo en alto una pistola.

-o0o-

De vuelta al presente. Kazuha sigue escondida en el edificio:

—Heiji, ¿te importaría seguir hablando conmigo? —Dijo la chica después de un rato, cuando todo parecía haberse calmado. —Creo que si me dejas completamente sola empezaré a ponerme nerviosa de nuevo.

Llevaba un rato en silencio, escuchando atentamente todos los ruidos procedentes del edificio. Mientras, él había dejado a Jonathan a cargo de continuar la investigación del almacén y había salido corriendo en dirección a Tokio tan rápido como la situación pareció calmarse. Ahora conducía lo más rápido que la legalidad le permitía por la carretera de vuelta a la ciudad, con el teléfono en manos libres y conectado a los altavoces del coche, colocado en el asiento del copiloto.

En cuanto la chica volvió a hablar, el moreno le subió el volumen al altavoz para escucharla correctamente y dijo.

—No pienso colgar ni aunque tú me lo pidas.

Al otro lado de la línea Kazuha volvió a sentirse abrumada por las palabras de su amigo, pero de nuevo decidió no darle importancia. De momento le bastaba con saber que Heiji seguía escuchándola atentamente.

—Gracias. —Respondió, aliviada.

Sin embargo, después de un rato de silencio en el que ninguno de los dos dijo nada, no tardaron mucho en darse cuenta de que en realidad no tenían ni idea de sobre qué hablar.

—Mmm… —Intentó empezar a hablar él.

Hattori era consciente de todo lo que podía estar pasando por la cabeza de Kazuha en ese momento. No quería asustarla. Tampoco quería presionarla. No era el momento para decirle que sabía la verdad sobre su embarazo, pero igualmente no podía evitar sentirse inquieto sobre eso y no podía dejar de preguntarse cuando planeaba decírselo, o si planeaba hacerlo siquiera.

—¿Qué tal el trabajo últimamente? —Para sorpresa del moreno, la primera en romper el silencio incómodo fue Kazuha.

Hattori tartamudeó mientras intentaba pensar en algo para decir sin que sonara a excusa ni a "no puedo hablar de ello y te estoy ocultando cosas importantes que me matarías si supieras".

—Bien… —Soltó indeciso. —Bueno, como puedes ver, ahora mismo estoy trabajando de nuevo con K… Conan-kun.

—Es cierto, Conan-kun. —La chica no pareció notar el lapsus mental que casi lo hace meter la pata y responde alegremente al escuchar el nombre del mocoso. —Me sorprendió cuando el otro día me lo encontré en el metro. Pensaba que ya nunca volvería a verlo y allí estaba. Me ayudó amablemente cuando… —La joven se quedó a medias con la frase al darse cuenta de lo que estaba a punto de decir. —Bueno, había unos niños montando barullo en el tren y…

Kudo le había contado anteriormente lo ocurrido en el tren y sabía qué era lo que Kazuha estaba tratando de ocultar de él.

"Hay que ver, Kazuha, tanto tú como yo, parecemos dos tontos tratando de ocultar desesperadamente un montón de secretos." Pensó melancólicamente mientras fijaba la mirada en las líneas de la carretera. "Yo entiendo las razones por las que necesito guardar silencio, ¿pero por qué no me cuentas tus problemas? ¿Tan lejanos nos hemos vuelto que te da miedo incluso contarme que estás totalmente perdida y sin saber qué hacer? ¿Tan poco confías en mí? O quizá es porque en realidad me conoces mejor que nadie que sabes perfectamente que soy un inútil que lo único que sabe hacer es resolver misterios".

Cierto, Kazuha probablemente no le contó nada porque sabía que él no sabría marcar una diferencia en su situación. ¿Qué podía darle un inútil detective que ni siquiera fue capaz de salvar a su mejor amigo ni de detener a la mujer que amaba de abandonarlo? Lo que Kazuha había necesitado siempre fue la estabilidad que él nunca podría darle: un hogar, especialmente en Tokio, con una vida normal y una rutina a la que aferrarse, con la seguridad de que él volvería todos los días. Un hogar en el que se encontrarían al volver del trabajo, donde cenarían juntos, convivirían juntos e incluso dormirían juntos. Eso era lo que ella quería y necesitaba, ahora más que nunca, cuando iba a tener un bebé. Eso era algo que él, Hattori Heiji nunca podría darle.

"Lo siento tanto, Kazuha"

—Conan-kun me lo contó. —La interrumpió cuando ella seguía tratando de salir del paso. Forzó una sonrisa, pese a que ella no pudiese verlo, él sí se veía a sí mismo en el reflejo del retrovisor. —Me dijo que defendiste a una abuelita como toda una campeona. —Utilizó un tono bromista pero al mismo tiempo con un deje de admiración.

—¿Te estás burlando de mí, Heiji? —Por suerte Kazuha captó la esencia de la broma y decidió seguirle el juego.

—¿Burlarme de ti? ¿Cómo osaría hacer tal cosa? —Continuó bromeando.

Al otro lado de la línea Hattori pudo escuchar a Kazuha reír por lo bajo y se sintió más tranquilo por ello. Si todavía eran capaces de bromear como antaño era que su amistad no había desaparecido del todo. Se sentía aliviado por ello.

—Me alegro de escucharte reír. —Su boca fue más rápida que su sentido común y antes de que se diera cuenta ya había soltado esa frase. Al darse cuenta de ello, se puso rojo como un tomate y estuvo a punto de desmentir todo apresuradamente y con alguna excusa tonta, pero decidió no hacerlo. La curiosidad le pudo y no fue capaz de evitar pensar que quería saber cual sería la respuesta de Kazuha a esas palabras. Para empezar, no eran nada del otro mundo.

—Me alegra de que seamos capaces de bromear así. —Kazuha también se vio en la necesidad de responder con total sinceridad.

La verdad es que su amiga la había cogido por sorpresa, pero no era nada nuevo que ella también deseaba poder volver a la relación que mantenían antes, porque el tiempo los había convertido en dos adultos incapaces de bromear como lo habían hecho siempre y ahora se alegraba de que eso no fuera del todo cierto, que al menos todavía quedase algo entre ellos que se pudiera semejar a la relación que había mantenido.

—Heiji, ¿por qué fue que dejamos de encontrarnos durante estos 6 años? —La chica volvió a ponerse melancólica y dejó escapar sus pensamientos. En una situación como aquella, ¿quién la culparía por ponerse un poco más sensible de lo normal? —Aunque sé que fue mi culpa que me marchase a Tokio, ¿por qué dejaste de venir a visitarme, Heiji? No debimos permitir que esto pasara.

Hattori no pudo estar más de acuerdo. Sabía bien la respuesta a esa pregunta: llegó un punto en el que le dio miedo volver a encontrarse con Kazuha.

—Lo siento por eso. —Masculló. —La verdad es que cada vez estaba más ocupado con el trabajo y tú parecías menos interesada y más incómoda al encontrarnos.

—¡Yo no…! — Intentó replicar, pero la verdad es que Heiji no estaba del todo desencaminado. — No, puede que tengas razón. Cuando empecé a salir con mi primer novio, me sentía un poco rara y me daba vergüenza encontrarme contigo.

Esas palabras se clavaron como un puñal en el corazón del detective.

—¿Por qué? ¿Acaso tenías miedo de que me riera de ti? ¿O te daba vergüenza presentarme a tu novio?

La chica reflexionó un poco sobre ello antes de atreverse a decir:

—En realidad, tenía miedo de que mi novio se diese cuenta de que en realidad no era capaz de amarlo del todo.

Los invadió un silencio expectante. Kazuha empezó a arrepentirse de haber dicho nada, y trató de echarle la culpa internamente al miedo y a la situación para excusarse por haber dicho justo lo que siempre juró no decir.

—Ah… vaya… —Hattori se quedó sin palabras, sin saber cómo interpretar la confesión de su amiga. O más bien, teniendo una idea de cómo interpretarla, pero sin querer sacar conclusiones precipitadas. —Así que por eso fue… y eso… ¿qué tiene que ver conmigo? —Se atrevió a preguntar.

Kazuha guardó silencio. Respiró profundamente. Sentía su corazón latir a toda velocidad y por un momento llegó a temer que su perseguidor escuchase sus latidos en medio de aquel silencio que reinaba en el edificio.

—Tiene que ver más de lo que te imaginas. —Reunió el coraje para decir.

El primer reflejo del chico fue echarse a reír. Para liberar tensión más que nada. Después, mientras iba comprendiendo que su amiga no había hecho ninguna broma, fue guardando silencio y dándole vueltas a esas palabras.

—Kazuha… —Murmuró. —Yo…

—No hace falta que digas nada. —La chica lo interrumpió. —De hecho, prefiero que no digas nada. Simplemente… échale la culpa al miedo y el impulso del momento. Tan solo piensa en mí ahora como una niña asustada que no saber qué decir ni hacer para conseguir que sus manos dejen de temblar. Igual que la niña asustadiza que solía ser, siempre escondiéndome de todo y mirando con desconfianza cualquier sombra cruzar la habitación por la noche. Tú solo tienes que quedarte callado y escucharme, Heiji. Igual que solías hacer siempre. Porque tanto en aquel entonces como ahora eras pésimo consolando a la gente.

El chico se sintió atacado por ese comentario, pero estaba más preocupado por el resto de las palabras de su amiga que no tuvo tiempo a reclamar antes de que ella continuase hablando y cambiase de tema, impidiéndoselo.

—Eres un tonto, Heiji. De verdad que no sabes cómo consolar a alguien. En situaciones así bastaría con que le dieras un abrazo a la persona y simplemente dijeses que todo iba a estar bien. Pero tú no sabes hacer ni eso. Simplemente te quedabas callado, sentado a mí lado, inmóvil y sin saber qué hacer.

—Eso no… —Se detuvo. —Ahora estoy ayudándote, ¿No? Estoy dando lo mejor de mí para volver rápido a Tokio.

Kazuha guardó silencio durante un rato. Luego empezó a reírse por lo bajo, con una voz apenas perceptible.

—Definitivamente no has cambiado en nada, Heiji. Por suerte para ti debo decir que me gustaba esa parte de ti. Incluso si no sabías qué decir o qué hacer, tu presencia a mi lado me resultaba reconfortante. Igual que ahora. En ese aspecto sigues siendo el mismo niño pequeño que haciendo un puchero y avergonzado me tomaba de la mano en medio de la oscuridad para que no tuviera miedo.

El chico resopló un poco avergonzado, pero no dijo nada. Casi podía sentir a Kazuha sonreír al otro lado de la línea y no iba a ser él quien le robase esa sonrisa.

—Me gustaría que ahora pudieras estar aquí conmigo también. —Volvió a hablar ella. —Estoy apretando el teléfono tan fuerte que a este paso lo voy a hacer añicos en mis manos. Me gustaría que vinieras, igual a cuando éramos niños, y me tomases de la mano. Por el bien de mi teléfono móvil. —Bromeó.

—¿Pero qué dices, Kazuha? —Hattori trató de sonar lo más serio que fue capaz, dadas las circunstancias y su cara totalmente roja, mientras trataba de no apartar la atención de la carretera. —Estoy tomándote de la mano. Justo ahora mismo. Aunque tú no puedas verlo, te lo prometo, tan solo tienes que cerrar los ojos un segundo y te darás cuenta de que en realidad estoy a tu lado, tomándote de la mano en medio de esa oscuridad, diciéndote que todo está bien, que no tienes que tener miedo, porque yo voy a protegerte, porque tú también vas a protegerme. —Tomó aire y se armó de valor. — Hemos sido amigos por muchos años ya. Quizá nos distanciamos un poco debido a las circunstancias, pero con una simple llamada hemos sido capaces de salvar nuestras diferencias, ¿no? Tú misma acabas de decirlo hace un momento. Así que no digas cosas como "no quiero escucharlo" o "no tienes por qué molestarte por eso", porque al hacerlo tiras por los suelos todos mis esfuerzos por reunir mi determinación para decirte las cosas que son importantes.

Los fuertes latidos de ambos se sincronizaron incluso a través de la línea del teléfono y Kazuha casi pudo jurar como sintió la mano de su mejor amigo cerrarse sobre la suya, envolviéndola con ternura, pese a entrarse a quilómetros de distancia.

—¿Las cosas que son importantes? —Preguntó, sintiendo como su corazón amenazaba por desbocarse.

No debía hacerse esperanzas. Lo sabía. Lo supo siempre. "Pero maldita sea, Heiji, como esta sea otra de tus bromas y vuelvas a echarte a atrás, te juro que no te lo perdonaré."

—Escúchame, Kazuha. Y escúchame bien porque no planeo repetirlo: fuiste y sigues siendo la persona más importante de mi vida. Sé que no soy muy dado a decir estas cosas. Sé que no soy más que un idiota que solo piensa en resolver misterios y que aun por encima soy el mismo idiota que te dejó marchar a Tokio como si nada hace ocho años. Pero esta vez tienes que hacerme caso.

La chica sintió como las lágrimas amenazaban con salir, así que se apresuró a cerrar los ojos y pestañear rápidamente antes de que eso nublase su visión. Escuchar a Heiji decir eso era como el sueño que había esperado siempre, pero eso no cambiaba el hecho de que todavía le temblaban las manos del miedo y que no se sentiría segura hasta que llegara la policía.

—Heiji. —Lo interrumpió. —Asegúrate de repetirme eso cuando nos encontremos después de que todo esto haya pasado. Nada de "no pienso repetirlo". Te haré decirlo y explicarte un millón de veces si lo creo necesario. No te atrevas a escapar después de haber dicho tanto.

Hattori se quedó callado, medio acobardado.

—No es el momento para decir esa clase de cosas ahora, Heiji. —Continuó hablando ella. —Quiero que me lo digas cara a cara, cuando llegues a Tokio y yo me sienta tranquila. Si lo haces ahora, no podré sentirme completamente realizada, porque todavía tengo miedo. Necesito que me digas todas esas "cosas importantes" mientras me agarras de la mano de verdad, y no a través del teléfono.

El chico resopló, comprendiendo las razones de su amiga, comprendiendo que no era el momento y que se había precipitado. Ni siquiera era capaz de creerse que, justamente lo que había guardado por años, acabase de salir simplemente por culpa de la tensión del momento, simplemente por miedo a no llegar a tiempo y que Kazuha se escapase de sus manos.

—Tienes razón. —Admitió. —Prometo que cuando nos encontremos te lo contaré todo. Cuando llegue ahí y todo se haya solucionado, te prometo que te lo contaré absolutamente todo. Pero Kazuha, creo que tú también tienes cosas que contarme, ¿no es así?

La joven se sorprendió un poco al escucharlo decir eso, y por un momento temió que Ran-chan o Sonoko-chan se lo hubieran contado a alguien. Luego cayó en la cuenta de que se trataba de Hattori Heiji, y que era obvio que hubiese notado que algo andaba mal. Quizá él no supiera lo que era exactamente, pero probablemente intuía que algo le pasaba.

—Sí… —Masculló por lo bajo. —Te lo contaré cuando nos encontremos. Te lo contaré todo, así que date prisa y vuelve rápido.

La chica se descubrió a sí misma sonriendo en medio de la oscuridad, con los ojos todavía medio llorosos y apretando el teléfono con fuerza. Deseaba que Heiji estuviera a su lado, deseaba escucharlo terminar de decir esas palabras por las que tantos años había esperado, e incluso deseaba contarle la verdad sobre su embarazo.

"Por favor, Heiji. Date prisa".

-o0o-

Había pasado ya media hora desde que Kazuha se encerró en el edificio, y la policía no llegaba. La chica empezaba a ponerse nerviosa.

—Heiji, tengo que preguntarte algo. —Dijo la chica de pronto.

—Cuéntame.

Ella dudó un poco más antes de atreverse a formular su pregunta.

—Puede que me equivoque, ¿vale? Ya sabes que eso de sacar conclusiones no es precisamente lo mío, así que prométeme que no te reirás.

—Kazuha. —La detuvo, antes de que ella empezase a farfullar y ponerse nerviosa de nuevo. —¿Qué pasa?

—¿Sabes qué es lo que está pasando?

La pregunta de la chica lo dejó sorprendido durante un instante. Después apretó el volante entre sus dedos y frunció el ceño, tratando de pensar en cómo se suponía que tenía que responder a esa pregunta. Por un momento, recordó la expresión con la que Kudo solía quedarse cada vez que Ran le hacía la misma pregunta, y por primera vez en años pudo sentirse completamente identificado con su amigo. Mentir a la persona que quieres, duele, y mucho.

—¿De qué estás hablando? —Intentó hacerse el tonto.

—¡Prometiste no reírte! —Se quejó ella, y al instante él la mandó callar soltando un "shhhhhh" apresurado.

Los siguientes segundos fueron de absoluto silencio, durante los cuales Kazuha se dedicó a sondear a su alrededor, asustada.

—Lo siento. —Se disculpó una vez hubo comprobado todo a su alrededor y asegurado el perímetro. —Pero de verdad, Heiji. Yo… yo no creo que esto haya sido un ataque puntual cualquiera. Por favor, tienes que creerme.

El chico al escuchar esas palabras no pudo sino apretar todavía con más fuerza el volante por la impotencia.

—¿Qu… que te hace pensar eso? —Se atrevió a preguntar.

—No lo sé. —La chica volvió a sonar desolada. —De verdad que no lo sé. Simplemente sé que lo pensé. El hombre sabía pelear, Heiji. No era un idiota cualquiera. Sé que eso simplemente no significa nada, pero… últimamente han pasado cosas tan raras.

—¿Raras como qué? —El chico prestó atención al instante.

—¿Eh? Pues… —Kazuha parecía sorprendida por esa pregunta y por unos segundos no supo que responder. Hattori tardó dos segundos en darse cuenta de que probablemente hablaba de su embarazo, así que trató de retractarse para no ponerla en una situación complicada, pero ella volvió a hablar antes de darle tiempo a eso, sorprendiéndolo porque en realidad ella se refería a algo completamente diferente: —En realidad, tengo un nuevo cliente. Un extranjero. Y… la verdad es que hoy me hizo una pregunta de lo más rara. No solo eso, sino que además, aunque se supone que somos una agencia de negocios y que nuestro trabajo es conseguir que su empresa mejore, apenas nos ha dado información sobre ella, como si en verdad no estuviera interesado en mejorar nada.

Hattori se quedó callado. Kazuha tenía razón: aquello era sospechoso. Muy sospechoso, de hecho. Así que decidió hacer la pregunta obvia:

—Kazuha, sé que respetáis eso de la confidencialidad del cliente y esas cosas legales que siempre resultan un coñazo, pero necesito que me digas el nombre de ese cliente.

La chica duda.

—No sé, Heiji.

—No le contaré a nadie que me lo has dicho, si al final resulta ser una tontería, está bien. Pero la verdad… Kazuha, escúchame atentamente, la verdad es que actualmente estoy metido en una investigación de fraude de una empresa japonesa. —Mintió tratando de salir del paso para no darle detalles de verdad. —La cosa pinta muy mal y su líder probablemente me conoce personalmente. Sé que esto no tiene nada que ver contigo, Kazuha, pero a lo mejor sabe que nos conocemos. Son la clase de gente que no dudaría en hacerte daño para conseguir que deje de molestarlos. Así que por favor, Kazuha: dime su nombre y la empresa. —Prácticamente le suplicó a la chica, con un tono de voz desesperado.

Ella realmente no sabía qué hacer. Desde siempre le habían enseñado a no revelar datos importantes sobre sus clientes a nadie, ni siquiera a Ran-chan. Sin embargo, quería creer en Heiji y su tono de voz le indicaba que, aunque parecía remoto, igual su instinto no se equivocaba y todo aquello tenía algo que ver.

—Me preguntó por ti. —Dijo, recordando el momento en el que Biwaki-san se le acercó después de la reunión y el hizo aquella extraña pregunta. —Se me acercó un momento, me dijo que era un gran fan tuyo y me preguntó si te conocía.

—Kuzuha, su nombre. —Esta vez no sonó como ninguna súplica, sino casi como una orden. Hattori había prácticamente enterrado sus uñas en la goma que cubría el volante del coche y se estaba muriendo de la expectación esperando por la respuesta de su amiga.

—Biwaki-san. —Hattori tuvo que obligarse a sí mismo a respirar profundamente para no soltar una maldición por todo lo alto y asustar a Kazuha. —Se llama Biwaki Sureda y es el jefe de… ay, me dijo el nombre de la empresa pero estaba tan perdida en su momento que no la recuerdo…

—Hachecelle. —Fue el chico quien se tonó la libertad de completar su frase, encajando un par de cosas en el pequeño puzle que era su investigación. —La empresa de llama Hachecelle. Mierda, Kazuha. Es él.

—He…hee….eijiii. —La chica tartamudeó su nombre, asustándose al darse cuenta de lo que eso podía suponer. —¿Qué hago, Heiji? Esa persona es alguien importante en mi trabajo. Mi jefe está emocionadísimo con haber conseguido un cliente con una empresa tan importante y tú… ¿tú me dices que está relacionado con un fraude?

En parte el chico se sintió aliviado de que su amiga hubiera decidido tomárselo de esa manera en vez de pensar en que alguien de ese calibre y súper peligroso estaba detrás de su vida por su culpa. Su trabajo le había enseñado a pensar primero en los problemas que podría acatar al negocio por encima de sus propios problemas.

—De momento tranquilízate. Al menos sabemos quién está detrás de todo esto.

Había dicho eso, pero en realidad el que más necesitaba calmarse era él. Dejando de lado que había averiguado que, en efecto, la organización era quien estaba detrás de Kazuha y que por su culpa su persona más importante estaba en peligro, también habían confirmado que de alguna manera la organización, Biwaki Sureda, Black Silver y Hachecelle tenían relación entre sí.

Por eso habían encontrado el laboratorio montado en su almacén. Por eso habían podido enviar el correo a Ran sin que a los de Hachecelle les pareciese raro. Había relación, más allá de las simples casualidades, porque ahora resultaba que el dueño de esa empresa de ropa era nada más y nada menos que el supuesto actual líder de la organización, Black Silver.

Mientras Hattori seguía tratando de ordenar las cosas en su cabeza, Kazuha notaba como poco a poco se iba poniendo más nerviosa, hasta que de pronto escuchó un chasquido a su espalda y se volvió rápidamente hacia su procedencia. Pero no se encontró con nada.

Estaba escondida al fondo del pasillo, el ascensor estaba bloqueado en el piso anterior gracias a que había dejado atrás su chaqueta y aunque estaba prestando toda su atención a su alrededor, no era capaz de escuchar nada más.

Todo estaba bien. La idea de Heiji era buena, Biwaki-san no la encontraría. Es cierto, ahora que lo pensaba, Biwaki-san también tenía los ojos azules, aunque no eran tan oscuros como los de su atacante, pero quizá era simplemente que la escasa luz de la noche la había confundido.

Un segundo chasquido la sobresaltó mientras todavía estaba tratando de calmarse. Se giró sobresaltada y de nuevo no se encontró a nadie. Estaba empezando a asustarse.

—¿H… Heiji? —Preguntó.

Al otro lado del teléfono el chico escuchó su nombre y le respondió:

—¿Qué pasa, Kazuha?

—C…creo que hay alguien más en el edificio… —Murmuró. —Estaba todo en silencio y tranquilo hasta ahora, pero de pronto el ambiente cambió.

—Tranquila. —Trató de mandarle fuerzas. —¿Escuchas algo?

—Suena como si fuera un zumbido de vez en cuando, pero cuando me giro no hay nada. —Balbuceó. —Heiji…

—Shh, —Susurró —Tranquila. Está bien, quizá sea un vecino. No te alteres. Lo más importante es que estés tranquila, ¿me entiendes? Estoy casi entrando en Tokio, no tardaré mucho más en llegar y la policía ya debería estar a punto de llegar también.

Pensándolo bien, la verdad es que la policía estaba tardando demasiado. ¿Qué demonios pasaba? ¿Ya llevaba hablando con Kazuha casi una hora? ¿Qué estaban esperando que todavía no habían aparecido?

De pronto se dio cuenta de que algo estaba mal. No es que la policía no hubiera llegado, es que alguien le había impedido llegar.

—Kazuha, sal de ahí. —Ordenó en cuanto se dio cuenta.

—¿Cómo? —Preguntó ella confusa y mirando a su alrededor con miedo.

—Que salgas de ahí. Ya te han encontrado.

—¿Qué? ¿Heiji, qué estás diciendo? ¡Dijiste que estaría a salvo si hacía lo que decías? ¿Qué quieres decir con que me han encontrado?

—La policía tarda demasiado, algo tuvo que haber pasado. De momento, corre, no te quedes quieta.

La chica se empezó a poner cada vez más nerviosa.

—Que corra… ¿hacia dónde exactamente, Heiji? ¿Bajo las escaleras? ¿Subo hasta la azotea? ¿Cojo el ascensor? ¿Qué debería hacer?

Hattori apretó el volante con fuerza. "No lo sé. No lo sé, maldita sea. No sé qué ha pasado ni dónde está el enemigo, pero es obvio que esta vez él ha ganado".

—No, en lugar de eso, llama a la puerta de los vecinos. No te quedes sola.

Pero justo cuando Kazuha estaba acercándose a la primera puerta para obedecer la orden de su amigo, otro chasquido sonó a su espalda. Por instinto se giró de nuevo, esperando encontrarse con el pasillo vacío a su espalda, igual que las veces anteriores. Sin embargo, esta vez no fue así. Esta vez, plantada justo a su espalda, en un silencio casi abrumador, estaba el mismo hombre que la había atacado en la calle, vestido con sus ropas negras, con la cara cubierta y dejando ver únicamente sus ojos, esos ojos azules oscuro como el cielo cuando anochece.

Kazuha ni siquiera tuvo tiempo de gritar de miedo antes de que, de un movimiento rápido, el atacante levantase el arma aturdidora y la dejase inconsciente con un chisporroteo.

Lo único que logró escuchar el detective del Oeste, mientras trataba de ordenar sus pensamientos, fue ese sonido característico y segundos después un cuerpo caer al suelo.

—¿Kazuha? —Preguntó, temiéndose lo peor. —¡Ey! ¡Kazuha! ¿Estás bien? Responde. ¡Kazuha!

El hombre de negro observó durante unos segundos la pantalla iluminada del móvil, escuchando la tenue voz de alguien salir de este. Bajo la máscara sonrió quedamente, se agachó y murmuró ante el micrófono:

—Hattori Heiji, ¿me equivoco?

Al escuchar la voz de un hombre Hattori clavó las uñas en el volante y pegó un grito interno. ¡Mierda! Había fallado. Le había fallado a Kazuha de nuevo.

—¿Quién demonios eres? ¿Qué quieres de Kazuha? ¡Ella no tiene nada que ver con esto! —Berreó, desesperado.

—Creo que ya sabes quién soy, ¿no es así? Detective del Oeste. ¿Me harías el favor de pasarle este mensaje a tu amigo, el otro detective? Dile que él y yo tenemos un par de deudas que saldar, y que espere mi llamada.

Y antes de que le diese tiempo a responder nada, el hombre de negro pulsó el botón de colgar.

—¡Mierda! —Hattori golpeó con fuerza el volante del coche.

Ya casi estaba. Apenas le quedaban un par de minutos para llegar hasta donde se encontraba Kazuha. Solo necesitaba acelerar. Tan solo si hubiera llegado un poco antes. ¡Mierda! ¿Qué demonios había pasado con la policía? ¿Por qué ese gilipollas había sabido exactamente dónde encontrar a Kazuha? ¿Qué demonios estaba pasando?

Cabreado pisó el acelerador. Le había vuelto a fallar a Kazuha, pero no pensaba abandonarla. La salvaría. Aunque tuviera que dejarse el alma en ello.

"Creo que ya sabes quién soy" había dicho ese gilipollas. Eso quería decir que estaba confirmando de su propia mano que era ese tal Black Silver, que era el nuevo líder de la organización. Era el hombre que se hacía llamar Biwaki Sureda, el que estaba detrás de todos los problemas y, ahora, el hombre que había secuestrado a su persona más importante.

—No creas que te vas a salir tan fácilmente con la tuya. —Murmuró mientras notaba como el sabor a sangre se extendía por su boca, debido a que se había mordido el labio con demasiada fuerza.

Luego volvió a acelerar con la mirada clavada en la carretera.

-o0o-

De nuevo horas antes. ¿Mayama está en peligro también?

El coche se detuvo justo cuando llegó a su altura y alguien abrió la puerta del copiloto antes de que al abogado le diese tiempo a recular. Del interior del vehículo salió la mano enguantada en negro de alguien sosteniendo en alto una pistola.

Mayama se giró y se quedó mirando el cañón del arma fijamente, en tensión, sintiendo como su pulso se aceleraba. Del interior del coche se asomó un hombre trajeado completamente de negro, vistiendo unas gafas de sol y con un cigarrillo en la boca.

—Ni una palabra. —Se limitó a ordenar. —Entra dentro del coche.

La puerta de atrás se abrió sola, probablemente porque alguien desde el interior la abrió. El abogado se la quedó mirando alterativamente al hombre que todavía lo apuntaba con la pistola. Este, en vista de que no reaccionaba, le pegó el cañón del arma al pecho y lo tomó bruscamente del hombro para obligarlo a inclinar la cabeza y meterlo por la fuerza dentro del coche.

Cayó de mala manera sobre el asiento trasero y se levantó apresuradamente, tratando de evaluar la situación. Además del conductor y el copiloto, había otro hombre, igualmente vestido, en el asiento junto a él y este también lo apuntaba con otra pistola.

—¿A dónde vamos? —Preguntó, intentando mostrarse calmado.

—No eres quien hace las preguntas aquí. —Fue lo único que obtuvo por respuesta.

En algún punto le vendaron los ojos y lo maniataron al respaldo del asiento delantero. Continuaron moviéndose durante un rato, que según sus cálculos fueron más o menos veinte minutos, hasta que finalmente se detuvieron, de mala manera y maniobrando malamente. Solo entonces le quitaron la venda de los ojos, pero no le soltaron las manos.

Lo apuntaron con una linterna y lo dejaron deslumbrado durante varios segundos, hasta que consiguió acostumbrase de alguna manera.

—¿Sabes por qué estás aquí? —Preguntó uno de ellos.

Mayama se quedó callado.

—Responde. ¿Sí o no? —Insistió.

—¿Estás sordo o qué? —Preguntó otra voz diferente.

Volvieron a quedarse en silencio, esperando su respuesta, la cual nunca llegó.

De pronto se escuchó una risa ahogada, seguida de una carcajada cada vez más sonora, hasta que todos los hombres dentro del coche empezaron a reírse, incluido Mayama.

—Pero, tío, responde. —Se queja uno en medio de la carcajada. —¿No sabes seguirnos el rollo?

—¿Qué demonios es todo esto? —Se queja Mayama. —Soltadme de una vez. Me disteis un susto de muerte al principio. ¿Qué hacéis aquí, gilipollas?

—Nos ha mandado el jefe. Tiene nuevas órdenes para ti.

Los tres hombres en traje se agruparon y desataron al abogado, el cual continuó quejándose mientras se masajeaba las muñecas doloridas.

—¿Y bien? ¿Quién es el objetivo? —Preguntó, una vez todos se hubieron reacomodado dentro del coche y el ambiente se volvió extrañamente familiar.

El copiloto sacó una agenda de su bolsillo, la abrió y de su interior retiró un pedazo de papel. Se lo pasó y Mayama descubrió que se trataba de una foto, y que además, por mera curiosidad y azar, fue capaz de reconocer a la chica que salía en la foto: Era la amiga de Ran, Toyama-san.

—¿Qué pasa con ella? —Preguntó, interesado y curioso.

—Como si lo supiéramos. —le respondió el copiloto. —Ya sabes que las ordenes de los de arriba son absolutas. Tú simplemente obedece.

—Está bien. —Terció, chasqueando la lengua.

Después de eso el conductor volvió a arrancar el coche de vuelta hacia el centro de la ciudad. Mientras trato, Mayama se iba preparando en la parte de atrás del coche, se vistió completamente de negro y comprobó que llevaba su arma encima. Después, con ayuda de un espejo de mano que solía llevar siempre encima, retiró con cuidado las lentillas de color marrón que acostumbraba a llevar siempre puestas.

Bajo ellas y a la tenue luz de la linterna, aparecieron sus naturales ojos azules oscuros, oscuros como el cielo cuando empieza a oscurecer.

...


Hasta aquí el capítulo de hoy. Espero que os haya gustado. He intentado hacerlo lo más dramático que se me ha ocurrido, pero siento que cojea de alguna manera. Teniendo en cuenta las expectativas que tienen puestas en el anime, quizá esta chorrada por teléfono no parezca para nada romántico. Pero la verdad es que el momento de "te estoy tomando de la mano, aunque tú no puedas verlo" me ha resultado enternecedor y decidí dejarlo así.

Nos leemos en cuanto pueda. Dejad vuestros comentarios y es un placer seguir escribiendo para vosotras/os (he descubierto que tenemos a algún hombre entre nosotras, me quedé sorprendida de descubrir que incluso los chicos disfrutan de mi fic, pensaba que en este mundillo éramos casi todas chicas, mil gracias por tu apoyo) (Y por el apoyo de todas, por supuesto).