Aquí traigo un nuevo capítulo. Es cortito, pero gracias a eso pude subirlo antes de lo esperado.
Detective Conan pertenece a Gosho Aoyama.
Capítulo 32: Un montón de mensajes y ni una sola buena noticia
...
Conan salió de la prisión casi a la carrera, con sato tras de él, siguiéndolo de cerca y buscando en su bolso las llaves del coche apresuradamente.
Conan no parecía tenerla intención de esperar por ella, tenía la cabeza metida en sus pensamientos en cuanto apareció en la sala de espera y ni siquiera había respondido una sola de las múltiples preguntas que le había hecho.
Conan estaba preocupado por Ran. Preocupado por la investigación. Preocupado por todo en general. Pero al mismo tiempo que estaba preocupado, sentía que ahora tenía al menos un pequeño resquicio de información que había logrado obtener no solo porque la organización le había dejado, sino por sus propios medios. El primero resquicio de información que podía significar una verdadera pista: la relación entre la organización y Hachecelle.
Hachecelle originalmente era una empresa de ropa cualquiera tratando de abrir horizontes. Conan había buscado información y hacía 8 años, cuando él se marchó del país, apenas tenían un par de tiendas pequeñitas distribuidas por la región de Kanto. Después de eso empezó a crecer, a una velocidad desorbitante, la verdad, hasta que justo hace dos años abrieron su nueva sucursal en Kyoto.
Para empezar, Conan ya había notado que había algo raro con esa fecha: justo hace dos años. Demasiadas coincidencias habían pasado en esa fecha: al mismo tiempo que habían abandonado el almacén en el que se encontraban Hattori y Jonathan, habían abierto la nueva sucursal en Kioto. También justo hacía dos años fue cuando empezaron a ponerse más exigentes con la información sobre Sonoko y Ran que le pedían a Inoue Ami. Y hacía dos años que el falso o verdadero Tamiro Akahiro había empezado a trabajar en el laboratorio forense.
Algo tuvo que pasar en la organización hacía dos años, pero todavía no tenía la información necesaria para entender eso. Esperaba que en cuanto Jonathan y Hattori le contasen los resultados de su investigación pudiera contarles algo más al respecto.
Claro que Conan no sabía que esos dos ya no estaban juntos, que Hattori había salido corriendo a salvar a Kazuha y que Jonathan había encontrado el que probablemente sería el mejor testigo para esclarecer las verdades sobre la organización y la droga.
Pero no tardaría mucho en enterarse.
De momento, seguía muy ocupado tratando de ordenar sus ideas: la relación de la organización y Hachecelle.
Probablemente, la organización llevaba relacionándose con la empresa mucho tiempo, probablemente desde su falsa desaparición hacía 8 años. Y probablemente la razón por la que Hachecelle creció tan rápido fue por el apoyo financiero que le había dado la organización. Estos les prestaron sus contactos, sus líneas de negocios y su dinero, por eso de la noche a la mañana se habían vuelto tan famosos.
Sin embargo, ¿qué ganaba la organización con eso? Gracias a ellos enviaron la carta de amenaza a Ran mediante los vestidos de novia y además les cedió un almacén para que convirtieran en un laboratorio, vale, ¿pero y qué? no es como si a la organización les faltara recursos para conseguirse un mero almacén, ni siquiera en sus peores momentos. Una simple amenaza y un simple almacén no explicaba que hubiesen ayudado tanto a esa empresa.
Ese era el pequeño detalle que se le escapaba, aunque tenía una teoría, que de hecho, no le gustaba nada.
Daba miedo de solo pensar como la organización había planeado absolutamente todo desde su falsa caída. Y daba rabia solo de pensar cómo él ingenuamente pensó que los había derrotado.
Lo que buscaba la organización al ayudar a Hachecelle no era solo un almacén, ni tampoco los diseños de Sonoko, ni siquiera la información que Inoue Ami les daba sobre Ran y por tanto sobre él. Si Conan no se equivocaba, lo que buscaban era una forma de asentarse en el mundo legal y un medio a través del cual blanquear todo el dinero que consiguiesen a través de la venta del APTX en el mercado negro, de armas y, si cabe, del virus informático que habían conseguido hacia 8 años. Básicamente: una tapadera.
Buscaban crear un comercio terrorífico, asentándose entre la población como si fuera lo más normal del mundo, como si no fueran unos asesinos. Buscaban dominio económico y social. Como una secta.
Conan llegó al coche, seguido de cerca por Sato, quien lo abrió y sin hacer preguntase se metió dentro, dispuesta a conducir a donde el muchacho le indicase.
—Vamos a Beika. A la casa de los Kudo. —Se limitó a decir este mientras se ajustaba el cinturón y terminaba de encender el móvil.
La inspectora arrancó, consciente de que en la casa de los Kudo era donde tenían escondida a Ran, y no pudo evitar preocuparse, pero ante la mirada seria y concentrada del joven no fue capaz de preguntar qué había pasado. Así que lo dejó estar.
Por su parte, Conan encendió su móvil y descubrió que tenía tres llamas perdidas y sus respectivos mensajes, así que uno por uno se puso a escucharlos con la esperanza de que arrojasen algo más de luz al caso.
El primero que escuchó fue de Jonathan. Grande fue su sorpresa cuando su subordinado no solo había encontrado una pista, sino que había encontrado al científico que había perfeccionado la droga de Haibara. En su mensaje Jonathan le contaba todo lo que había averiguado sobre Tamiro Akahiro, esclareciendo la verdad sobre las dudas que tenía Conan acerca de su identidad. Así que el Tamiro que conoció Ran siempre fue el falso.
También entendió por qué había sido la caldera lo que explotó, o por qué parecía haber siempre tantos fallos detrás de las acciones de la organización que no cuadraban para nada: para empezar, la organización había utilizado de peón a alguien que no tenía nada que ver con ellos.
Por otro lado, sus dudas acerca de que todo había sido una trampa se confirmaban y eso solo pudo ponerlo más nervioso e impaciente por llegar cuanto antes a su casa para confirmar que Ran se encontraba a salvo.
Por último, pero probablemente lo más importante: la droga estaba terminada, lo que quería decir que lo único que ahora mismo impedía que la organización empezase a comercializarla probablemente era que habían decidido jugar a aquel estúpido juego de venganza con él.
Todo esto pudo haber pasado sin que el inspector se hubiera enterado nunca, hubiera sido el plan perfecto: fingir su propia destrucción para trabajar en las sombras, y nadie se lo hubiera esperado jamás. Sin embargo, en vez de quedarse escondidos, habían elegido declararle la guerra y hacer que volviese a Japón, y eso probablemente solo había sido por venganza.
En cuanto acabasen con él, ya nada los separaría de su objetivo.
Conan terminó de escuchar el primer mensaje, y antes de nada, decidió que era buena idea devolverle la llamada a Jonathan para contarle a él y a Hattori lo que había descubierto gracias a Inoue Ami y hacer un plan de ataque. Pero para su sorpresa Jonathan no respondió. Eso era raro, ya que el chico solía contestar siempre y bastante rápido, pero claro que Conan no sabía que en ese momento Jonathan se enfrentaba a una figura desconocida que lo apuntaba con un arma.
Aunque le pareció raro en lugar de darle más vueltas decidió llamar a Hattori, quien se suponía que estaba con Jonathan, pero este tampoco le respondió. Grande fue su sorpresa cuando descubrió que en realidad el segundo mensaje que tenía era de Hattori.
¿Qué demonios estaban haciendo para mandarle mensajes por separado cuando se suponía que tenían que estar juntos?
Eso ya no le daba buena espina, y Conan empezó a temerse lo peor incluso antes de que Hattori, con voz entrecortada y claramente alterado, le dijese que alguien había intentado secuestrar a Kazuha y que estaba volviendo a Tokio a toda velocidad para tratar de salvarla.
Sentado en el asiento del copiloto empezó a inquietarse todavía más y estuvo tentado de pedirle a Sato que acelerase, pese a que ya iban en el límite de velocidad.
Empezaba a temerse lo peor, sentía el sudor frío bajar por su espalda, y le temblaban los dedos cuando finalmente consiguió pulsar el botón de reproducir para escuchar el tercer mensaje.
Era la voz de Ran, y no sonaba precisamente bien.
-o0o-
Horas antes, mientras Conan estaba en prisión:
Ran estaba sentada en el sofá del salón, completamente sola en toda la casa y sin saber muy bien con qué entretenerse. Estaba cansada de estar encerrada allí dentro, la verdad sea dicha. Pero también estaba asustada de salir. Estaba indecisa y hecha un caos. Tenía muchas cosas en la cabeza y estar encerrada entre aquellas cuatro paredes sin nada mejor que hacer que pensar en esas cosas no ayudaba precisamente.
Estaba preocupada por sus padres, quienes no sabían nada de su paradero en los últimos días, y quienes también podrían convertirse en un objetivo de la organización tarde o temprano. Estaba preocupada por Sagaru-san, de quien había tenido que despedirse tan repentinamente debido a todo lo sucedido la última vez. Y, aunque le pesase admitirlo, estaba preocupada por Conan-kun y no solo porque sabía que el chico se estaba metiendo en algún peligro desconocido para tratar de salvarla. Era consciente de que tras días y días atrapada en esa casa, todavía no era capaz de volver a pisar la condenada biblioteca donde el chico le había dicho que la amaba. La biblioteca que siempre había sido un lugar de paz para ella, era ahora un lugar al que temía por el simple hecho de que amenazaba por destruir todo en lo que había creído siempre.
El lugar donde se crio con Shinichi, donde tantas veces jugaron y donde escuchó las múltiples historias que el chico tenía para contar, ahora era el lugar en el que inesperadamente Conan-kun la había besado y le había confesado un amor que jamás se planteó.
Y lo peor de todo es que a medida que pasaba el tiempo sentía como si aquellas palabras y aquel fugaz beso se fuera encajonando más en su memoria en vez de ir desapareciendo poco a poco.
Y cada vez que lo pensaba no podía evitar recordar a Sagaru-san, a quien se suponía que amaba, y a quien, de hecho, estaba convencida de que amaba. Pero ¿por qué el beso de Conan-kun tenía que venir a destruir todos los recuerdos de sus besos con Sagaru-san? Pensaba en uno, e inmediatamente empezaba a pensar en el otro, y en el medio de pronto aparecía el rostro medio sonrojado de Shinichi cuando le había dicho que la amaba delante de Big ben. Y entonces era cuando se echaba a llorar estúpidamente al recordar que Shinichi estaba muerto y que por mucho que lo desease ya nunca iba a regresar a su lado.
Pesó que había superado al joven detective, y por eso había decidido casarse con Sagaru-san, pero el retorno de Conan-kun y la investigación sobre los asesinos de su amigo de la infancia habían desenterrado recuerdos que se había pasado casi una década tratando de borrar.
Ahora volvía a estar en una encrucijada sentimental y se sentía más perdida que nunca, si cabe. Y estar sola allí encerrada no ayudaba. Desearía poder ir a pedirle consejo a alguien, hablar con Sonoko, o con Kazuha, o incluso con su madre. Simplemente hablar con alguien.
De pronto sonó el teléfono, sobresaltándola. En todo el tiempo que llevaba allí metida no recordaba que ese teléfono hubiera sonado nunca, de hecho, pensaba que Conan-kun lo había apagado igual que había hecho con la red wifi.
No sabía muy bien que hacer. Se suponía que ella no debía estar allí, o que al menos nadie se debía enterar de que estaba allí, así que responder al teléfono definitivamente no era una buena idea.
Sin embargo, no podía descartar la idea de que igual era Conan-kun, y que igual si no le contestaba empezaría a preocupar.
Decidió contestar, solo por si acaso, pero probablemente no debió haberlo hecho.
—Mouri Ran-san, ¿me equivoco? —Al otro lado de la línea telefónica le respondió una voz ronca y probablemente modificada con ordenador.
Ran se quedó bloqueada en el sitio y apretó el teléfono con ambas manos.
—¿Quién? —Preguntó con voz temblorosa.
—Mi nombre no importa. Sin embargo, estoy bastante seguro de que sabes quién soy. —Respondió con tono sarcástico.
Ran lo sabía. Vaya si lo sabía. ¿Quién si no la llamaría ocultando su voz en un momento como ese?
—La organización… —Dijo con un hilo de voz, sintiendo como la rabia iba creciendo en su interior.
—Supongo que puedo ahorrarme las presentaciones. —Soltó la voz desconocida con tono frío y condescendiente. Casi parecía como si se estuviese burlando de ella, casi era como si le estuviese diciendo: "no me hace falta tomarme esto en serio para lidiar contigo". Y eso la hizo enfadar.
Respiró hondo.
—¿Qué quieres? —Preguntó tratando de usar el tono más seco y serio que fue capaz de conseguir.
Lo escuchó carraspear y por un momento casi le pareció escucharlo reír por lo bajo, aunque probablemente fueron imaginaciones suyas porque justo después volvió a hablar con su mismo tono frío..
—Tal y como se esperaría de una detective de la policía. No pierde la compostura ante nada. —Masculló. —Está bien, eso hace esta conversación más sencilla.
La joven frunció el ceño y tragó saliva.
—Ahora mismo te debes estar preguntando por qué te llamo… —Comenzó a hablar la voz ronca al otro lado. —Pero no tienes que preocuparte, no quiero nada en especial, solo… ¿Cómo decirlo? —Hizo una pausa teatral que a la mujer le erizó el vello de la nuca. —Quería escuchar la voz de la mujer que tengo que matar.
Ran se encogió sobre sí misma y soltó un gemido. Al cabo de unos segundos, en los que le faltó la respiración, notó como comenzaba a temblar.
Apartó el teléfono y estuvo a punto de dejarlo caer al suelo. No quería seguir escuchando. No quería estar más asustada. Pero justo cuando estaba a punto de abrir su mano para soltarlo, la voz ronca de su interlocutor se hizo escuchar tenuemente sobre el silencio que se extendía en la casa, el silencio absoluto de la soledad, el mismo silencio que ella deseaba y que al mismo tiempo le daba tanto miedo.
—Pero después de todo, esta vez hay algo que tengo que decirte... —Hizo una pequeña pausa, como si supiera que Ran tenía el teléfono apartado de la oreja y no lo había escuchado muy bien. La detective miró con desconfianza el apartado y al final se decidió por volver a acercárselo. Al otro lado de la línea se escuchó un bufido de complacencia, y Ran estuvo bastante segura de que aquel hombre, estuviese donde estuviese, podía ver sus movimientos. Y eso solo ayudó a ponerla más nerviosa. —Y es algo que te resultará de lo más interesante —Continuó su interlocutor después de unos segundos más de silencio.
—Déjate de secretismos. Habla. —Intentó reunir algo de coraje e inconscientemente frunció el ceño. Si era cierto y él podía verla, no quería darle ningún indicio de que le tenía miedo.
—Tengo a tu amiga aquí conmigo, ¿quieres hablar con ella? —Se limitó a decir, y para Ran eso fue como una jarra de agua fría.
¿Amiga? ¿Qué amiga? ¿De qué estaba hablando ese hombre?
Ni siquiera le hizo falta escuchar la voz asustada de Kazuha gritando un sinsentido para que le fallase la respiración.
—¡Kazuha-chan! —La llamó, pero la mujer al otro lado de la línea telefónico no dio señales de haberla escuchado y siguió gimoteando, llamado un nombre que Ran interpretó como el Hattori-kun. —¡¿Qué le has hecho a Kazuha!? —Berreo al intercomunicador, apretando las uñas alrededor del dispositivo, colérica.
Sus sospechas habían sido confirmadas: la organización había usado a sus seres queridos para acercarse a ella. Maldita sea, ¿por qué? ¿Por qué no podían dejarlos tranquilos de una vez? Shinichi ya estaba muerto, ¿no les bastaba con cobrarse su vida que también tenían que hacerlos sufrir a todos los demás? ¿No habían sufrido ya suficiente?
—De momento nada, está completamente ilesa. —Respondió de nuevo la voz modificada por ordenador. —Pero eso solo es de momento.
Ran comprendió al instante a dónde quería llegar aquel hombre, ni siquiera hizo falta que él terminase su frase para saber lo que venía a continuación:
—Depende de ti lo que le pase. Si me haces esperar demasiado quizá me entretenga con ella. Tú decides, Mouri Ran. La vida de tu amiga está en tus manos ahora mismo, ¿o es que estás demasiado asustada como para venir a buscarla?
Sabía que solo la estaba provocando. Sabía que si salía de casa iría directa a una trampa. Pero también sabía que aquel hombre cumpliría su promesa de hacerle daño a Kazuha-chan si no hacía nada. Kazuha era inocente, no tenía nada que ver con la investigación, no era policía ni tenía idea alguna de qué estaba pasando, por no hablar de que estaba embarazada. Simplemente, por muy trampa que supiese que era, no podía dejarla sola.
Aun si era una trampa, aun si era una locura, era mejor que no hacer nada. Era mil veces mejor que quedarse esperando entre aquellas cuatro paredes a que alguien la salvase. No era ninguna princesita en apuros. Era una detective de la policía metropolitana de Tokio, se había ganado ese puesto con esfuerzo y años de trabajo, no podía seguir dejando que sus compañeros y superiores de trabajo la defendiesen como si ellos no estuvieran también asustados.
Se armó de valor, frunció el ceño y apretó el teléfono entre sus manos antes de decir:
—¿Dónde estás?
Desde el otro lado de la línea le llegó una sonrisa burlona que esta vez estuvo segura de que no se había imaginado.
—Sigue detalladamente las instrucciones que te voy a dar, y supongo que no tengo que decirte nada de esto, pero no se te ocurra decírselas a nadie. Si apareces con alguien más me veré obligado a deshacerme de mi rehén.
Para Ran no pasó desapercibido el detalle de que el hombre había dicho literalmente "no le digas a nadie estas instrucciones", pero no había dicho "no le digas a nadie sobre esto". Como si en realidad estuviera esperando a que lo hiciese, y de hecho, ese probablemente era su objetivo: que ella pidiese ayuda a Conan-kun, para poder atraerlo a él también a la trampa. No sabía por qué exactamente, pero sí era capaz de entender que, igual que la organización estaba personalmente interesada en ella por su relación con Shinichi, también estaba interesada en Conan-kun.
Claro que lo que Ran no quería ni podía llegar a pararse a pensar era que la razón de la organización para hacer eso era literalmente la misma. De haber estar un poco más calmada quizá se hubiera parado a pensarlo, después de todo, no era la primera vez que lo sospechaba, pero ahora solo podía pensar en su amiga prisionera y en las instrucciones que la voz fría y robótica le estaba dando.
Ran salió de la casa Kudo a la carrera, por la puerta principal, sin siquiera preocuparse por toda la seguridad que hasta ahora había seguido. En la entrada se encontró con Takagi, quien estaba montando guardia y se sorprendió al verla aparecer y trató de detenerla. Pidiéndole perdón, Ran se acercó rápidamente y de un certero puñetazo en el estómago lo dejó inconsciente. Ahora mismo no podía permitirse que nadie más que Conan-kun entendiese sus pistas para seguirla.
"Por favor, Conan-kun, confío en ti para encontrarme" pensó mientras echaba a correr calle abajo hacia la estación de metro tal y como aquella voz robótica le había indicado. Si era Conan estaba segura de que podría encontrarla. El niño era así de especial: siempre, siempre, había sido capaz de encontrarla, por muy pocas pistas que ella le diera. Si se hubiera parado a pensarlo antes, quizá se hubiera dado cuenta de lo mucho que Conan la había observado detalladamente, ya desde los primeros años. Debía reconocérselo a sí misma: si ahora mismo tuviera que depender de Sagaru-san para que la encontrase, estaría mucho más asustada.
Así que salió corriendo sabiendo que estaría a salvo, porque él la encontraría, igual que siempre.
...
Continuará...
Con esto concluimos el misterio de Hachecelle y su relación con la organización.
Ran ha vuelto a aparecer pero de la peor forma posible. Debo reconocer que llegué a odiarme mucho por poner una Ran tan tonta, pero vamos a ser sinceros: es algo que la Ran del manga haría. Al menos, me las apañé para que dejase una pista para Conan en lugar de tirarse de cabeza a la trampa.
