Aquí traigo un nuevo capítulo!
En medio del capítulo encontraréis dos numeritos acotados por [ ]. Es porque vienen con una explicación que se encuentra en las notas de final de capítulo. Son parte de mi friquismo científico, si las queréis podéis leerlas, pero también podéis entender perfectamente la historia ignorándolas.
Espero que os guste el cap ^^
Capítulo 33: Persecución y verdades
...
Correr en la oscuridad nunca había sido de sus hobbies favoritos, la verdad sea dicha. De niño nunca le gustó jugar a las escondidas, y ahora, de adulto, cuando el que lo perseguía estaba armado con una pistola con silenciador y buscaba matarlo, mucho menos.
Jonathan resopló con cansancio mientras arrastraba a un aterrado y todavía maniatado Murakami Akira por todo el sótano del centro comercial. Estaban prácticamente acorralados por su perseguidor, este casi parecía prever sus movimientos, casi como si pudiera rastrearlos.
Jonathan había reaccionado justo en el último segundo, a tiempo como para tirarse encima de Murakami y tumbarlo antes de que la bala le atravesase la sien. No era a él a quien buscaba matar el asesino, sino al testigo.
La bala le había pasado rozando el omóplato y cada vez que hacía un movimiento brusco notaba como le bajaba la sangre por la espalda y esta escocía por culpa de la herida. No podía confirmarlo porque, aparte de que ni siquiera llegaba a alcanzarla, no tenía tiempo como para pararse a hacerlo, pero esperaba que no fuera muy grave.
Su perseguidor era probablemente un asesino entrenado de la organización, porque sabía hacer demasiado bien su trabajo. De no ser porque Jonathan ya tenía sus nervios por las nubes y se había pasado todo el rato desde que Hattori-san lo dejó solo con la guardia en alto, no hubieran salido ilesos de aquel almacén. Había tenido que hacer uso de todo su ingenio y la fuerza de la que pensó que carecía para arrastrar rápidamente al testigo fuera de allí mientras se escondían entre las mesas del almacén y a duras penas habían logrado escapar, pero al asesino no había tardado mucho en encontrarlos, y cada vez que giraba en otra esquina Jonathan empezaba a tener la convicción de que los estaba llevando a una trampa.
Por si fuera poco, Jonathan estaba completamente desarmado mientras que su perseguidor tenía, como mínimo, una pistola y sabe dios si estaba solo o tenía refuerzos.
Dobló otra esquina y observó a su alrededor, buscando un escondite. Si algo tenía seguro es que ya no podía seguir corriendo a ciegas cargando un peso muerto consigo. Necesitaba que Murakami corriese por sí mismo o no podría hacer nada.
Así que se coló entre dos estanterías y se escondió entre las sombras mientras tiraba del testigo. Luego lo desató, no sin antes lanzarle una mirada de advertencia diciéndole "como te atrevas a alejarte de mí eres hombre muerto", mensaje que el hombre entendió inmediatamente.
—¿Sabes quién es? —preguntó, con la esperanza del que al menos el científico supiera la identidad de su persecutor.
—¡¿Cómo podría saberlo!? —se quedó el otro, tratando de no elevar la voz. —Podría ser cualquiera de los asesinos de la organización.
Jonathan chasqueó la lengua, aunque ya se temía esa respuesta.
—Necesito que me digas todo lo que sabes sobre la organización. —Le inquirió mientras empezaba a sacar toda las cosas de sus bolsillos en busca de algo que le sirviera pasa sobrevivir a aquella situación límite. —Hasta el último detalle podría ayudarnos a salir de esta, así que no empieces ahora son reparos. Habla.
—Ya te he dicho todo lo que sé. —Se quejó el forense, haciendo aspavientos de exasperación y mirando a su alrededor continuamente con miedo a que apareciese el asesino.
—Ambos sabemos que eso es mentira. —Sin prestar atención a su interlocutor y todavía evaluando qué posibilidades tenía de ganar una pelea con dos teléfonos móviles, unas llaves, unos guantes, bolsas con las evidencias que había acumulado y que en medio de la carrera había olvidado dejar atrás porque total ya no le serían de relevancia si acaba muerto, y la mochila donde las llevaba. # —¿Por qué te involucraste con la organización?
—¡Ya te lo dije! Un día, después de publicar mi último trabajo, ellos aparecieron en mi casa y me secuestraron.
—¿Me estás diciendo toda la verdad? —Por primera vez en toda la conversación Jonathan giró su mirada hacia él lo escrudiñó de arriba abajo.
El hombre, al sentirse observado, acaba cediendo ante esa presión y bajando la mirada cohibido.
—Está bien. —Se rindió. —Te lo diré.
Desde que escuchó la primera parte de su historia el detective intuía que ahí había algo más que el hombre no quería contarle.
Aunque es cierto que podía entender el interés de la organización para buscar un científico de renombre y que haber publicado un artículo relacionado con el tema en la misma época probablemente lo dejó en su mira, lo normal es que la organización hubiera buscando su debilidad para chantajearlo. De lo contrario, por muy secuestrado que lo tuvieran, un hombre como aquel que había dedicado su vida entera a entrar la cura para el cáncer no hubiera aceptado tan fácilmente crear un veneno mortal de al calibre. O al menos eso quiso pensar, y al parecer no se había equivocado.
—Fue culpa mía —Empezó a contar el científico. —No debí haberlo hecho, pero teníamos la meta tan cerca que me vi cegado por la victoria.
—¿Qué hiciste?
Se lo quedó mirando un rato, de nuevo con esa mirada vacía que parecía reflejarse a sí mismo en culpabilidad y desprecio propio.
—¿Sabes lo que hace falta para diseñar un nuevo medicamento? —Preguntó, bajando la mirada, apesadumbrado.
La pregunta lo cogió un poco por sorpresa, pero por suerte el científico no parecía tener interés en que se la respondiese realmente.
—No basta con tener un buen laboratorio, o todos los conocimientos del mundo. —Continuó hablando. —Al final todo se basa en dinero y mucha suerte. Demasiado dinero. Y por desgracia, mi laboratorio carecía de este. Acabábamos de perder nuestra última patente. ¿Puedes imaginártelo? Llevábamos años trabajando en un medicamento y de la noche a la mañana alguien se llevó nuestra idea y lo patentó antes que nosotros. Perdimos millones de yenes en una investigación que de pronto ya no podíamos seguir investigando.
Jonathan no entendía muy bien cómo funcionaba el mundo de las farmacéuticas, pero se hacía una idea. Básicamente, alguien le había robado la idea, ¿no?
—En su momento simplemente pesé que había sido mala suerte, que otros habían sido más rápidos que nosotros en descubrir el mismo medicamento. Apenas era un novato de aquella y no le di importancia. Pero si lo pienso ahora, después de casi cuarenta años y a punto de morir a manos de una organización oscura, probablemente aquel fue mi primer contacto con el bajo mundo.
Jonathan empezaba a entender por dónde iban los tiros de aquella historia, pero decidió no interrumpirlo y dejar que siguiente hablando mientras él seguía pensando en una forma de salir de allí.
—Después de eso empezamos una nueva línea de investigación. Estuvimos a punto de arruinarnos, pero de alguna manera conseguimos recuperarnos y salir adelante. Empezamos a trabajar en el proyecto que mencioné antes, y después de años y años de investigación, por fin descubrimos que aquello podía tener buenos resultados en terapéutica. Fueron casi 20 años, pero por fin parecía que nos sonreía la suerte. Esta vez nadie nos robó la patente y publicamos satisfactoriamente nuestra investigación sobre un nuevo citostático [1] que podría revolucionar el mundo de la terapéutica del cáncer. Pero obviamente todo el dinero que habíamos invertido en la investigación tuvo que venir de algún sitio. Un laboratorio farmacéutico en la ruina es imposible que llegue tan lejos en tan poco tiempo. Debería haberme dado cuenta antes de que algo pasaba. Alguien nos hizo caer para luego fingir que nos ayudaría a levantarnos.
—¿Le debes dinero a la organización? —Preguntó Jonathan confirmando sus sospechas.
—No es a la organización. —Para su sorpresa el hombre negó con la cabeza. —Hasta que empecé a trabajar con el ATPX no tenía ni idea de la existencia de la organización. Pero hay alguien más escondido en las sombras del bajo mundo, un mafioso internacional que controla el mercado negro. Casi se podría decir que es el dueño mismo del mercado negro. Y la organización tiene una alianza con él para crear el APTX.
El detective del FBI se quedó bloqueado al descubrir semejante información. Eso quería decir que las cosas eran mucho más grandes que lo que se hubieran imaginado. No era solo "la organización de negro", en aquel caso había implicado muchísimo más. Podían desmantelar una red de tráfico ilegal enorme a nivel internacional. ¿Cómo es posible que les hubiera pasado inadvertido hasta entonces?
—¿Estás diciendo que en realidad no es la organización quien nos persigue? —Preguntó, cayendo en la cuenta de ese detalle.
—No, probablemente sí lo sea. Aunque mi problema vino porque me involucré con Julian, este me vendió a la organización hace muchos años.
—¿Julian?
—Es el nombre del hombre que decía antes, el líder del mercado negro: Julian Hayes.
—¿Y qué es eso de que te vendió? —Insistió.
Murakami se quedó pensativo durante un rato.
—Yo tampoco sé qué relación tienen exactamente. Crearon una especie de alianza hace años. Uno quería la "receta" del APTX y el otro tenía el apoyo económico y comercial para poder venderlo cuando estuviera terminado, e intercambiarme fue algo así como la condición que puso Julian para darles el dinero, de esa forma, aunque la información sobre la droga pertenecía a la organización, el que trabajase con ella pertenecería a Julian. Probablemente por eso la organización está intentando matarme: tienen miedo que de vuelva Con Julian y le cuente todo lo que sé.
—¿Y planeas hacerlo? —Jonathan lo miró fulminándolo con la mirada.
—¡Ni en un millón de años! Soy el primero interesado en que esa droga desaparezca de la faz de la tierra.
—Pero aun así la terminaste. —Volvió a mirarlo fulminante.
—No tenía más remedio, estaba metido en todo esto hasta el cuello. Si no lo hubieran hecho, hubieran tirado a bajo mi antigua investigación. Sé que puede sonar egoísta, pero la enorme cantidad de vidas que se pueden salvar gracias a ello merecía la pena.
—¿Y la enorme cantidad de vidas que se pueden perder por culpa del APTX? —Jonathan hizo la pregunta obvia, sintiendo como los argumentos del científico no acababan de convencerlo.
Él se quedó callado, con la cabeza agachada, probablemente culpándose de nuevo.
—En realidad… —Empezó balbuceando, pero se quedó callado a medias.
—¿En realidad qué? —Jonathan lo miró fijamente, el hombre acababa de despertar su curiosidad enormemente. ¿Qué demonios significa ese "en realidad"? —¿No está terminada? Antes dijiste que lo estaba pero… —Lo miró esperanzado.
—No, por desgracia lo está. —Negó con la cabeza. —Me pasé años fingiendo trabajar en ella. La droga estaba casi perfeccionada cuando me dieron los informes. Era una sustancia letal, producía la apoptosis generalizada y casi instantánea, y por si fuera poco, actuaba tan rápido y a tan baja dosis que en cuestión de minutos desaparecía del organismo, así que era prácticamente indetectable. [2] —Murakami hizo una pausan. —Quien la creó era realmente un genio terrorífico.
Jonathan tragó saliva al pensar que en realidad conocía a la persona que supuestamente la había creado, y solo con imaginarse a aquella pequeña haciendo algo como lo que el hombre describía sentía un escalofrío recorrerle la nuca. Parecía mentira, pero su superior no le mentiría nunca con algo como eso.
—Realmente no había mucho que mejorar. Y sabía que me matarían en cuanto la tuviera terminada, así que durante años me dedique a hacer y deshacer mi propio trabajo. Trucaba los resultados y daba vueltas absurdas sin sentido en los experimentos. Por suerte, nadie en la organización parecía tener el conocimiento científico para darse cuenta de lo que estaba haciendo. Sin embargo, empezaron a impacientarse y a meterme prisa. Hace dos años, cuando me cerraron el laboratorio en el que solía trabajar, me enviaron a este almacén y me cambiaron la cara, me dieron el ultimátum de que, o lo terminaba ya, o buscarían a alguien más competente para hacerlo. Así que no me quedó más remedio que terminarla.
Volvió a guardar silencio y se llevó las manos a la cara, lamentándose de nuevo.
—Está terminada y funciona al 100%, ya no tiene el efecto secundario que leí que tenía en los informes de hace ocho años. Eso era, si cabe, lo que más preocupaba a la organización.
—¿Efectos secundarios? ¿Realmente importa si un veneno tiene o no efectos secundarios mientras mate? —Jonathan volvía maldecir su ignorancia en química que tenía que estar preguntando esa clase de tonterías simples continuamente.
—Precisamente el problema es que no mataba siempre. —Explicó. —Hubo tres personas que sobrevivieron pese a que se lo tomaron. Si eres policía probablemente conozcas uno de ellos: Kudo Shinichi creo que se llamaba.
Eso hizo que el inspector del FBI reaccionase de golpe y sobresaltándose en sobremanera.
—¿Qué acabas de decir? —Lo miró incrédulo, interrumpiendo su labor de convertir las cuerdas de su mochila en una posible trampa. —¿Kudo Shinichi? ¿Kudo se tomó la droga?
—Oh, así que es cierto que la policía no lo sabéis. —Masculló un poco sorprendido por ese dato. —Kudo Shinichi fue de las primeras personas a quién la organización le dio la droga hace 10 años, y se le consideró muerto después de eso, pero no lo estaba. Al final, la caída del anterior líder en gran manera vino desencadenada por la acción de ese chico, así que desde entonces la organización lo ha tachado como la primera persona de su lista a quien eliminar. Por eso han dado tantas vueltas, a pesar de que ya tienen la droga terminada desde hace casi medio año. En cuanto la organización termine su venganza terminarán su trato con Julian y empezarán a venderla en el mercado negro.
Jonathan estaba, si cabe, todavía más perdido.
—¿Venganza? ¿De qué hablas? —Preguntó estupefacto. —Kudo Shinichi está muerto, lo mató la organización hace ocho años.
—¿Qué? Kudo no está muerto. —Murakami le lanzó una mirada como diciéndole "¿qué tonterías estás diciendo?". —¿En serio no lo sabes? —Volvió a preguntar y esta vez Jonathan tuvo que aguantarse las ganas de maldecirlo porque estaba empezando a ponerse de los nervios con tanto secretismo.
—¿Qué debería saber? —Lo agarró cabreado por el cuello de la camisa y lo apuñaló con la mirada. —Escupe lo que sabes.
—Ey, suéltame, no las pagues conmigo. Si no lo sabes es por culpa del FBI que ha mantenido tapado todo este asunto.
—¿Qué tiene que ver el FBI con todo esto? —Insistió.
A medida que el hombre iba soltando información, Jonathan recordaba aquel informe que había leído sobre el incidente con la organización hacía ocho años en el que se relataba la muerte de Kudo.
—Bueno, ellos fueron los que se enfrentaron a la organización hace ocho años, ¿no? También quienes fingieron la muerte de Kudo y lo mantuvieron escondido todos estos años.
«Nunca se pudieron encontrar sus cadáveres, la corriente del río que había al fondo del acantilado probablemente los arrastró y sepultó bajo una maraña de tierras y rocas. Sin embargo la muerte era irremediable, así que se firmó el informe como "Muertos" y se dejó el tema atrás».
Es cierto. Nunca habían encontrado su cadáver y siempre le pareció raro que el FBI se hubiera rendido tan fácilmente y simplemente lo hubieran dado por muerto.
—Tengo entendido que es un alto cargo del FBI, bastante conocido, de hecho. Se hizo famoso resolviendo casos a puertas cerradas, ¿no? —Continuó hablando el científico. — ¿Cómo era que lo llamaban? ¿La segunda bala de plata del FBI?
A Jonathan le faltó la respiración, porque, puede parecer absurdo, puede parecer imposible, ¡y es que era imposible! Pero en ese momento muchas cosas cobraron sentido en su cabeza. Demasiadas cosas como para ser una casualidad. ¿No se lo había dicho siempre su inspector? "Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad"
—¿Cuál… cuál decías que era ese efecto secundario?
…
Continuará
Al final, mi vena científica ha ganado la pelea y acabé escribiendo sobre la naturaleza del APTX (inventada 100% por mí, no sé qué planea hacer Gosho Aoyama con ella), así que voy a añadir un par de cosas para las que tengan un poco de curiosidad sobre ello:
[1] Como supongo que sabéis, el cáncer se produce debido a que las células de un tejido del cuerpo pierden su capacidad de replicarse controladamente y empiezan a hacerlo a lo loco, mutando e invadiendo otros tj, impidiendo que funcione correctamente. "Citolítico" o "citostático" es el nombre que recibe un tipo de medicamento anticancerígeno, que actúa produciendo la ruptura (lisis) de las células cancerígenas. Este medicamento sería la "quimioterapia" que todo el mundo conoce. Al final, lo que hace es inducir a las células cancerígenas a la apoptosis (suicidio celular programado), es algo así como un mecanismo mediante el cual las células dicen "bueno, hasta aquí hemos llegado y nuestra presencia hace más daño que si nos morimos", así que las células "se suicidan", y el nombre del APTX (aphotoxin) viene precisamente de ese término, por eso decidí orientar mi propio APTX por esa línea.
Básicamente, el APTX sería un anticancerígeno no específico, es decir, produce la apoptosis de todo tipo de células en el organismo, en vez de solo las cancerígenas, y por eso mata. Supongo que en el caso de Conan y Haibara, en vez de matarlos, redujo tanto el número de células de su cuerpo que para compensarlo y sobrevivir se volvieron niños (lógica aplastante del shounen). Creo que de hecho lo explican en un capítulo.
También decir que un citolítico normal usado en clínica hoy en día tampoco es perfectamente selectivo, por eso es un tratamiento tan complicado y con tantos efectos secundarios, porque realmente decirle al medicamento "mata solo este tipo de células y no las demás" es muy difícil, y precisamente en eso se basaba la investigación de Murakami antes de que lo secuestrase la organización (hoy en día hay miles de líneas de investigación relacionado con ese tema, porque en realidad el cáncer es todavía una enfermedad de la que se desconocen muchas cosas).
.
[2] Clase de toxicología exprés: cuando te tomas algo, ya sea un medicamento, una droga, o un veneno, para que tenga efecto la sustancia tiene que absorberse en el intestino (igual que absorbes los nutrientes de la dieta) y llegar a sangre. En ese momento, sea lo que sea, es detectable en sangre, es decir, si en el momento exacto te hicieran un análisis de sangre y lo evaluasen, encontrarían la sustancia, sí o sí. Un ejemplo típico serían cuando los de tráfico te hacen soplar para ver tu nivel de alcoholemia, el alcohol que tienes en sangre puede llegar al aire aspirado y dar positivo a partir de unos niveles.
La clave para que una droga sea "indetectable" (que insisto, no lo puede ser del todo), es que sea activa a muy bajas dosis (porque detectar menor cantidad obviamente es más difícil) y que sea de acción muy rápida y se elimine rápidamente. La cocaína, por ejemplo, se elimina muy rápidamente, en cuestión de horas dejas de detectarla en la sangre, aunque aún se pueden detectar sus metabolitos en la orina (que es por donde se elimina) durante varios días, así que con una análisis de orina la policía aún puede saber si se consumió cocaína o no. Por el contrario, el cannabis se elimina de forma muy lenta y puedes dar positivo a cannabis durante meses, sería todo lo contrario a una "droga indetectable".
Luego está el pelo, ¿alguien ha escuchado alguna vez que se hacen análisis toxicológicos del pelo? Pues es cierto. Muchas drogas se incorporan al pelo cuando este crece y quedan metidas dentro de la queratina, así que no puede desaparecer por mucho que lo laves. Con un análisis de pelo puedes saber qué drogas consumió una persona incluso medio año antes. Por tanto, el APTX no debería unirse al pelo o se detectaría en seguida, pero si funciona a muy bajas dosis es muy difícil que entre en el pelo la cantidad suficiente como para que lo puedas detectar.
.
Y dejando de lado mis friquismos, JONATHAN HA DESCUBIERTO EL SECRETO DE CONAN. Llevaba mucho tiempo pensando que Jonathan tenía que ser el primero en averiguarlo, pero no sabía muy bien como introducirlo y al final quedó así.
