Cada vez que me llega una notificación diciéndome que tengo alguno de vuestros comentarios se me escapa una sonrisa. Me dan ganas de fardar de las cosas tan bonitas que me escribís.
Me habéis contado sobre la situación del virus en vuestros países y os lo agradezco. Veo que más o menos todos estamos jodidos y aguantando, así que os mando un gran abrazo con ánimos y esas cosas cursis que tanta falta hacen ahora.
Aquí os dejo mi granito de arena para intentar hacer esta cuarentena más amena, con un cap nuevo en una semana (un milagro en mí). Espero que os guste y como siempre intentaré traeros el siguiente capítulo lo más pronto posible (intentaré que sea antes de que acabe esta cuarentena, lo cual puede ser en 2 semanas como el 3 años).
Capítulo 35: Incluso unos niños pueden mantener las promesas.
...
La línea 7 del metro de Tokio se dirigía al sur. Mitsuhiko era consciente de ello, así como también sabía que Ran y Genta se estaban dirigiendo al este. Parecía una tontería, pero el chico se había dado cuenta de una cosa.
Al principio había pensado que Ran había dado vueltas alrededor de la comisaría porque era la opción más lógica, era el único lugar cercano a su perímetro que encajase algo con la situación. Sin embargo, había algo que también quedaba cerca y ese algo se encontraba al sur.
Si su deducción no se equivocaba Genta no tardaría mucho en informarle que había bajado de la línea 3 para coger la línea 9 que viajaba hacia el sur hasta finalmente poder enlazar con la línea 7 que era donde se encontraba Mitsuhiko ahora mismo. Si no se equivocaba puede que incluso llegase a su destino antes que Ran.
—Genta-kun, —habló a través de la placa de detectives—. ¿Puedes vez si Ran-san tiene algo en la mano?
Esperó unos segundos hasta que le llegó la respuesta de Genta.
—No estoy seguro… —Respondió —¿Qué debería buscar?
—No lo sé. Algo que pueda utilizar para comunicarse. ¿Un móvil? ¿Un chip?
—Yo no veo nada que se le parezca.
Mitsuhiko se quedó pensativo.
—Escucha Genta-kun: Ran-san está dando todas estas vueltas no por su propia voluntad. Alguien le está dando instrucciones. —Tomó aire y comprobó que no hubiera nadie alrededor que pudiera escucharlo. —Está esquivando las cámaras de seguridad.
—¿Cámaras? No sabía que hubiera cámaras en el metro.
—Las colocaron recientemente. —Explicó el chico. —Yo tampoco me hubiera dado cuenta de no ser por el cartel que leí en la anterior parada. Las colocaron últimamente para evitar acosos. Pero no todos los trenes las tienen instaladas todavía, ni tampoco todas las estaciones. Ran-san ha dado todas estas vueltas para subirse a los trenes que no tenían cámara en las estaciones correctas, y no creo que ella sepa algo como eso.
Mitsuhiko ni siquiera estaba seguro de que no hubiera una cámara en su propio vagón, por eso trató de hablar bajo y que no se notase la presencia de su chapa bajo su abrigo.
—¡Claro! Por eso sabes que está siguiendo órdenes.
—Exacto. Por eso necesitamos encontrar quién le da esa información antes de llegar a su destino.
—¿Ya sabes a dónde vamos?
—Tengo una corazonada.
Aunque no estaba del todo seguro, ni tampoco sabía si el vagón un lugar seguro, así que decidió no decir nada por el momento.
—¿Genta, de verdad que Ran-san no tiene nada en la mano? —Insistió susurrando contra su manga.
—Lo comprobaré otra vez. —Dijo el chico y se escuchó unos segundos de silencio. —Yo no veo nada que se parezca a un móvil, pero creo que tiene un papel en la mano. Creo que podría ser el envoltorio de algo.
—¿Tiene algo escrito? —Lo presionó insistentemente.
—No consigo verlo desde aquí y si me acerco puede que me descubra… —Genta dudó a la hora de hablar.
Mitsuhiko se dio cuenta de que estaba presionando mucho a su amigo, así que se apresuró a disculparse.
—Tienes razón, perdón. Lo más importante es no perderla de vista. —Después guardó silencio, pensativo. —Un envoltorio… no recuerdo haber visto que llevase nada de eso en la mano antes… —Masculló.
—Igual era un caramelo que llevaba en el bolsillo y que se comió. —Dijo Genta con tono inocentemente risueño.
—Genta-kun, no creo que todos lleven caramelos en los bolsillos y definitivamente nadie se comería uno en esta situación. —Se tuvo que contener para no mostrar una sonrisa al pensar que igual habían pasado los años y su amigo había crecido en cuerpo, pero su cabeza seguía girando alrededor de la comida igual que siempre.
—Mitsuhiko, Ran-neechan están mirando mucho el envoltorio. Creo que igual es importante.
Mitsuhiko asintió para sí.
—De todas formas, si ahora tiene algo que antes no tenía quiere decir que lo tuvo que conseguir de alguna parte o que alguien se lo dio. Y si es lo segundo quiere decir que alguien se le acercó sin que nos diésemos cuenta en medio de la gente y se lo entregó.
—Ah, acaba de romper el papel en pedacitos.
—Probablemente se lo pidieron para evitar dejar pistas. ¿Vista quién le dio el papel?
—No, no me di cuenta.
Mitsuhiko chasqueo la lengua, aunque lo hizo mientras tenía el micrófono apagado para no asustar a Genta. Tampoco podían saber cuántos papeles le habían dado hasta ahora ya que justo ahora acababan de darse cuenta, así que tampoco sabían cuántos enemigos había.
—Genta-kun, mantente escondido. De la misma forma que Ran-san está esquivando las cámaras, por suerte ellos tampoco pueden verte a ti por ese medio. Pero si hay gente lo suficientemente cerca como para darle instrucciones por un papel, quiere decir que pueden andar alrededor y notarte extraño.
—Está bien. Tendré cuidado.
Mitsuhiko resopló mientras se ponía a pensar de nuevo. Le quedaban nueve paradas para llegar su destino y, si no le fallaba la memoria, Genta probablemente se bajaría en la siguiente para coger la línea 7 en la parada que él acababa de dejar atrás. Iba por delante, pero eso no significaba mucho. Si no lograba ponerse en contacto con Ayumi y Haibara, realmente no significaba nada. Ahora mismo desearía tener a mano su teléfono móvil para poder llamar a Conan-kun y pedirle consejo.
Lo que no sabía era que Conan ya iba de camino al mismo sitio que él.
No era la comisaria alrededor de lo cual Ran había estado dando vueltas. La línea 7 del metro que se dirigía al sur tenía un destino claro: el puerto de Tokio.
Probablemente Ran iba a coger un ferri para cruzar la bahía de Tokio. Su destino estaba al otro lado del mar.
-o0o-
Conan salió corriendo de la casa de los Kudo, tratando de retener sus ganas de soltar un suspiro de alivio y de encender el transmisor de sus gafas. Antes tenía que alejarse de aquel lugar.
En la entrada se encontró con que Sato estaba discutiendo con alguien, así que pensó que igual Takagi ya se había despertado. Sin embargo, cuando finalmente cruzó el umbral descubrió que en realidad con quien discutía la mujer policía era con Haibara.
Conan reaccionó rápidamente. Aquel no era un lugar seguro, tenía que sacar todos de allí cuanto antes. Sobre todo a Haibara, porque la organización no tardaría ni dos segundos en volver a atentar contra su vida.
—Sato. Lleva a Takagi al hospital. —Ordenó mientras evaluaba rápidamente la situación. El policía seguía inconsciente tirado en el suelo. —No creo que sea nada grave, pero por si acaso llévalo allí.
—Pero Conan-kun… —Sato intentó replicar pero el chico hizo un gesto para hacerla callar antes de que tuviera tiempo a decir nada. Sato ya sabía que probablemente estaban siendo observados así que entendió rápidamente que debía obedecer esa orden.
—Lo siento, pero voy a pedir prestado el coche de Takagi. —Se limitó a añadir mientras se agachaba y rebuscaba en el bolsillo del inspector inconsciente. —Haibara, ¿dónde está el inspector Chiba? Se suponía que tenía que estar vigilándote.
Haibara hizo una expresión de media culpabilidad y Conan entendió que probablemente había acabado en el mismo estado que Takagi.
—Sato. —Se acercó a la mujer y susurró para evitar que en la medida de lo posible nadie escuchase. —Coge a Chiba y llévate a ambos al hospital. Pero estate atenta al móvil, puede que necesite tu ayuda en cualquier momento.
Sato no dijo nada más. La intensa mirada del chico se lo impidió. Ni siquiera se atrevió a quejarse sobre el detalle de que en Japón el chico era menor para conducir un coche.
En cuanto a eso Conan no tenía problema, sabía conducir desde que Shinichi tenía 17 años, su padre le enseñó en Hawái. Y ahora no era precisamente el momento para pararse a cumplir pequeñas normas. Ran estaba en peligro.
—Haibara, Ayumi-chan. —Las llamó. Las dos chicas lo miraban entre asustadas, sorprendidas y con claras ganas de decir algo. Conan interrogó a Haibara con la mirada, si ella tenía algo que decir su deber era escucharla. Pero no allí. —Vosotras dos venís conmigo.
—¡Conan-kun! —Sato intentó quejarse de que se llevase a las chicas en una situación tan peligrosa, pero una mirada del chico bastó para que comprendiese que si lo hacía era porque lo consideraba la mejor solución.
Ahora mismo había algo en los ojos del joven inspector del FBI que hacía que absolutamente todo lo que saliese de su boca pareciese una verdad absoluta. Nadie habría sido capaz de llevarle la contraria. Ni siquiera Sato. Ni siquiera Haibara.
Así que los tres se subieron al coche del policía, Conan arrancó y se apresuró a alejarse de aquella casa.
Sólo cuando comenzó a sentir que por fin dejaba los ojos de la organización atrás se permitió relajar un momento los hombros y soltar un suspiro para tratar de tranquilizarse y ordenar sus pensamientos. Aunque en realidad, estaba tan sorprendentemente tranquilo que no es como si le hiciera falta hacerlo. Las cosas empezaban a cobrar sentido en su cabeza y por primera vez desde que inicio aquella investigación veía las cosas que debía hacer justo delante de sus narices.
—Haibara. —Llamó a la chica, quien iba sentada a su lado en el asiento del copiloto. — ¿Qué ha pasado?
El chico fue directo al grano, así que la joven científica comprendió que ella debía hacer lo propio.
—Los chicos vieron a Ran salir corriendo de casa. —Explicó y al hacerlo Ayumi, sentada en la parte de atrás del coche, corroboró sus palabras con un asentimiento. —Tsuburaya-kun y Kojima-kun la están siguiendo en este momento.
Conan asiente, comprendiendo la situación.
—¿Dónde están ahora mismo? —Preguntó.
—Todavía no los hemos llamado. Quise hablar contigo antes. —Explicó Haibara.
—Llámalos.
Con esa orden Ayumi se apresuró a sacar su móvil y marcar el número de Genta. Ella no sabía nada sobre el dilema que los dos chicos habían tenido sobre ese detalle, simplemente su instinto le decía que era a él a quien debía llamar. En realidad Ayumi comprendía la forma de razonar de Mitsuhiko mucho más de lo que este se había dado cuenta. Quizá si el joven se hubiera parado a pensar eso no hubiera cometido el error de perder su teléfono, pero lo hecho, hecho estaba.
El teléfono hizo un ruidito, señal de que el joven había contestado.
—¿Ayumi-chan? —Se escuchó la voz susurrando del chico gigante.
—Genta-kun. ¿Dónde estáis? —La joven utilizó un tono serio y directo, así que Genta comprendió que debía ser conciso.
Les explicó lo sucedido al mismo tiempo que conectaba su chapa de detective para que Mitsuhiko también pudiera escuchar la conversación. También contó lo sucedido en el metro para hacerles saber que ya no estaba con Mitsuhiko pero que este seguía en contacto con ellos a través de la chapa de detectives.
En ese momento Ayumi sacó la suya del bolsillo e intentó comunicarse con Mitsuhiko directamente, pero probablemente los dos estaban tan alejados de ellos que no fue capaz de conectar.
—No pasa nada, Ayumi-chan. Podemos hablar a través del teléfono mientras Genta-kun mantenga la conexión de su chapa encendida.
Ayumi sonrió al escuchar la voz de Mitsuhiko y comprobar que ambos sus dos amigos estaban a salvo. La verdad es que la tensión del coche había empezado a ponerla nerviosa, pensando que quizá se habían involucrado en algo mucho más peligroso a lo que estaban acostumbrados. Y ella no lo sabía, pero así era.
Fue entonces cuando Mitsuhiko aprovechó para contarles a los demás que pensaba que Ran se estaba dirigiendo al puerto para coger el ferri.
Conan se quedó pensativo en cuanto a eso y comprobó el localizador que marcaban sus gafas. El chico tenía razón: Ran se movía a gran velocidad hacia el sur en dirección al puerto. Quién le hubiera dicho que los niños pudieran hacer un trabajo tan bueno.
Pisó el acelerador y giró en el siguiente cruce, siguiendo el punto parpadeante de sus gafas mientras enterraba las uñas en el volante nervioso. Necesitaba llegar al puerto antes que Ran o de lo contrario sería demasiado tarde.
—Genta, como dijisteis, probablemente hay alguien vigilando ahora mismo a Ran. Es peligroso. —Dijo Conan una vez hubo pensando correctamente en la situación. —Mientras Ran tenga mis gafas podremos encontrarla vaya a donde vaya. No necesitas seguirla, así que bájate en la siguiente parada.
—¿Gafas? —Escuchó la voz de Mitsuhiko. —¿De qué hablas, Conan-kun?
—Ahora que lo dices, es verdad. Ran-neechan sacó unas gafas antes para leer lo que sea que tuviera escrito e envoltorio. —Comentó Genta. —¿Pero qué pasa con ellas?
—Son mis antiguas gafas. —Se apresuró a explicar Conan. —Tienen un localizador que puedo rastrear usando mis propias gafas. Ran las cogió antes de salir de mi casa. Así que no necesitas seguirla de cerca, Genta. Por favor, bájate en la siguiente parada.
Poner en peligro a los niños no era algo que Conan estuviera dispuesto a permitir. Ya habían hecho suficiente buen trabajo. Ya habían estado a punto de saltar por los aires por culpa de una bomba, no era necesario que se involucrasen más.
—Haibara —Conan se giró un momento hacia la chica, quien observaba toda la situación en silencio, comprendiendo al chico porque ella tampoco quería poner en peligro a los jóvenes. —Hazme un favor, necesito que me busques algo e internet. —Dicho esto le pasó un papel que se sacó del bolsillo.
La chica entendió al instante lo que tenía que buscar y encendió su teléfono dispuesta a empezar su labor de investigación.
Mientras Conan volvió a retomar su conversación con los chicos mientras seguía conduciendo lo más rápido que el tráfico le permitía.
—Genta, cuando te bajes en la siguiente estación, deja que Ran te mire en el andén.
—¿Dejo que me mire? ¿No debería quedarme escondido?
—Ya no. Vamos a hacerle saber a Ran que hemos entendido su plan y que no está sola. —Explicó el chico. —Debe de estar muy asustada, así que verte hará que se sienta aliviada.
El chico aún dudó un poco más, insistiendo que quizá entonces era mejor quedarse con ella, pero al final estuvo de acuerdo.
—Está bien. —Terminó por decir con un murmullo.
—Mitsuhiko, dijiste que estás en el tren anterior a Ran. —Conan se dirigió al otro chico.
—Sí, estoy tres estaciones por delante de ellos. —Corroboró.
—Entonces llegarás antes que ella al puerto. —Conan se puso a pensar cómo debería dar las siguientes instrucciones sin asustar a su amigo ni ponerlo en un compromiso.
—Ya sé, Conan-kun, necesitas que retrase la salida del ferri, ¿no? —Mitsuhiko lo interrumpió y se le adelantó. —Sé lo que tengo que hacer. Me di cuenta en cuanto comprendí que llegaría antes que ella. Solo tengo que detener el ferri, es fácil.
—No es tan fácil —Conan negó con la cabeza mientras volvía a apretar el volante. —No te equivocas al decir que Ran se está dirigiendo al puerto, pero creo que su objetivo es uno distinto al ferri.
Al otro lado de la línea telefónica el chico se quedó callado, pensando un poco frustrado en qué posibilidades se le habían pasado desapercibidas.
—Edogawa-kun —La voz de Haibara interrumpió su línea de pensamientos para aportar la información a mayores que al joven le faltaba y que por el contrario había hecho dudar a Conan de su deducción. —Tienes razón. Hay un barco de Hachecelle varado en el puerto.
—Lo sabía. —Conan frunció el ceño y apretó los dientes. —Su objetivo no es el ferri. Si lo fuera no tendríamos tantos problemas porque se trata de un medio de transporte público que con cualquier excusa podríamos abordar. Por el contrario, un barco de una empresa privada como Hachecelle no será tan fácil de abordar, me temo.
—¿Hachecelle? —Pregunto Mitsuhiko un poco perdido —¿Qué es eso? ¿Una empresa?
Conan suspiró, no tenía mucho sentido contarles cosas de más a los niños y que pudiera ponerlos en peligro.
—Te llega con saber que es una empresa y pertenece a nuestro enemigo y a quien ha secuestrado a Ran.
—Edogawa-kun —La voz de Haibara volvió a interrumpirlos y esta vez sonó mucho más preocupada. —El barco tiene programada su salida hacia Taiwán dentro de 30 minutos.
—Mierda. —Masculló el chico. —Si Ran se sube a ese barco la habremos perdido.
—Todavía estoy en el metro, ¿debería pararla? —Escuchó a Genta preguntar asustado sobre lo que debería hacer.
—¡No! —Conan elevó la voz. En realidad se moría de ganas por decir que sí. En realidad deseaba poder hacer cualquier cosa por detener a Ran ahora mismo. Pero sabía que no podía. —Tienen un rehén, en el momento en que se enteren que Ran desobedeció sus órdenes podrían deshacerse de ella. —Se limitó a explicar, recordando la voz desesperada de Hattori cuando le contó que habían secuestrado a Kazuha.
Quería proteger a Ran, pero Ran nunca lo perdonaría si abandonaba a Kazuha. Ni Ran, ni Hattori, ni él mismo. Si Ran estaba tan decidida a salvar a su amiga que había optado por lanzarse de cabeza a la trampa, no podía desperdiciar sus esfuerzos.
Simplemente tenía que encontrar la forma de abordar ese barco antes de que dejase el puerto.
—Genta, haz lo que te digo. Bájate en la siguiente parada y deja que Ran te mire. —Trató de hablar manteniendo la calma. —Mitsuhiko, en cuanto llegues al puerto quiero que busques el barco de Hachecelle. Necesito que me busques la forma de subir sin que me encuentren, pero no te subas, ¿me has entendido? Es muy peligroso.
—¡De acuerdo! —Respondieron ambos, aunque poco convencidos, decididos a seguir sus órdenes.
Genta colgó la llamada pero se quedó pensativo. No estaba seguro de si era buena idea dejar a Ran-neechan sola. Entendía que su trabajo ya no era necesario porque podían encontrarla sin seguirla y que era más arriesgado que de ayuda porque corría el riesgo de que lo encontrasen, pero aun así sentía como si se estuviera rindiendo si simplemente se bajaba como si nada.
Mitsuhiko y él habían salido corriendo tras Ran por pura curiosidad, pero en mitad de su aventura habían descubierto que quizá aquello no era una simple aventura, ni un simple misterio. Era algo que les quedaba grande y de no ser porque Conan había tomado el mando de la situación hacia mucho que se habrían encontrado perdidos.
Agradecía que Conan hubiera vuelto y hubiera contado con ellos para ayudarlo. Quizá el joven de gafas no se había dado cuenta, pero tanto para Genta como para Mitsuhiko e incluso para Ayumi, que Conan les hubiera pedido ayuda para trazar su plan era algo muy importante. Por eso no quería desobedecerlo.
Tenía que reconocer que tenía miedo. Escuchar al propio Conan con un tono serio ordenarle que se bajase del tren porque "podía ser peligroso" había calado en él y sentía que sus pies temblaban. Estaba deseando que llegase la siguiente parada para poder bajarse. Pero al mismo tiempo, pensaba en lo aterrada que tenía que estar Ran-neechan y no podía evitar pensar que debía haber algo más que un tonto como él pudiera hacer por ella.
Volvió a levantar la mirada y vio a Ran removerse inquieta de pie en el vagón llena de personas. Entendía un poco porqué Conan le había dicho que dejase que Ran lo mirase aunque sea al bajarse del vagón. La chica estaba rodeada de gente pero probablemente se sentía aterradoramente sola. Aun así, Genta sentía que no era suficiente.
También entendía que los malos tenían un rehén , así que de momento tenían que fingir que les seguían el juego, pero ¿y si algo salía mal? ¿Y si Mitsuhiko no encontraba la forma de subir al barco? ¿Y si Conan no llegaba al puerto a tiempo antes de que elevasen anclas?
Por eso Genta tomó una decisión: se bajaría en la próxima estación, pero mientras haría tanto como estuviera de su mano para ayudar.
—Mitsuhiko —habló a través de la chapa de detectives —Haré lo que dice Conan, pero también tengo mis propios principios.
—Genta-kun, ¿Qué vas hacer? —Respondió su amigo preocupado. —No hagas ninguna locura.
—jeje, nada del otro mundo. Pero me temo que ya no podremos hablarnos más, Mitsuhiko.
No hizo falta que añadiese nada más porque el chico era lo suficientemente inteligente para comprender lo que Genta tenía en la cabeza. Así que Mitsuhiko se limitó a guardar su chapa en el bolsillo sabiendo que ya no la iba a usar más. Ya no le hacía falta porque su misión era clara: buscar la entrada al barco. No iba a ser fácil, pero tenía que encontrarla por sí mismo.
Por otro lado, en medio del tumulto de personas que había dentro del vagón, Genta comenzó a moverse hacia la puerta más cercana a Ran. Tenía una más cerca hacia el otro lado, pero necesitaba acercarse a la chica. De pronto el tren dio un bandazo al girar en una curva y el chico estuvo a punto de perder el equilibrio y caerse, pero en lugar de ello aprovechó ese leve momento de confusión para llevarse la mano al bolsillo, sacar la chapa de detectives de este y lanzarlo entre las personas hacia los pies de Ran, quien estaba a unos dos metros de él.
La chica no se dio cuenta al instante, probablemente debido al caos del momento, pero por suerte la chapa había impactado contra su suela y probablemente lo notó porque una vez se hubo recuperado la calma dentro del vagón la mujer se miró los pies con una expresión interrogante, buscando ver qué era eso que le había golpeado.
Desde su posición Genta pudo ver como Ran se agachaba para recoger la chapa todavía con cara interrogante, probablemente sin reconocer el objeto. Después la vio buscar con la mirada confusa alrededor en busca de su dueño seguramente con intención de devolver el objeto perdido, pero no encontró nada porque el chico se aseguró de mantenerse escondido entre la gente.
Menos de un minuto después el tres se detuvo en la siguiente estación y tal y como Conan le había ordenado, Genta se bajó del vagón. Sin embargo, una vez estuvo en el andén se detuvo a atarse los cordones, recibiendo un par de quejas por la gente que venía detrás de él y que tuvieron que hacer el esfuerzo de esquivarlo. El andén se fue vaciando poco a poco, el tren toco el silbato anunciado el cierre de las puertas. Fue entonces cuando el chico volvió a levantarse y se giró sobre sí mismo para lanzarle una última mirada al interior del tren. En ese momento, sus ojos se cruzaron fugazmente con los de Ran-neechan y siguiendo las instrucciones de Conan, le sonrió queriendo trasmitir el mensaje de "no estás sola".
Ran se quedó bloqueada al principio, reconociendo al joven y sin tener ni idea de qué hacía allí. Después recordó de pronto qué era aquella chapa que había recogido en el suelo del vagón y lo apretó entre sus manos.
Casi podía sentir la voz de Conan-kun salir de aquel aparato y decirle "no estás sola, Ran. Vamos a salvarte", y la sensación de alivio fue tal que sintió como las lágrimas amenazaban con salir, pero por el bien de Kazuha se contuvo. Ran sabía que había alguien de la organización siguiéndola, no podía permitirse flaquear ahora. Pero saber que el pequeño Conan ya la había encontrado la hizo sentirse a salvo.
-o0o-
Mientras Genta y Mitsuhiko seguía a su manera las órdenes de Conan, este continuó conduciendo hacia el puerto con una inquieta Ayumi sentada detrás y una enfadada Haibara sentada a su lado.
—Pensaba que te había dicho que no involucrases a los niños. —Le recriminó Haibara.
—Lo siento. —Se limitó a decir. Él mismo se había sorprendido de no haber dudado ni dos segundos en pedirle ayuda a los pequeños detectives.
—Kojima-kun estará a salvo pero no puedes decir lo mismo de Tsuburaya-kun. Ese barco es peligroso. —Insistió la chica.
—Eso ya lo sé.
—¿Si lo sabes por qué lo mandas?
—¿Crees que lo hago porque quiero? —Respondió elevando la voz. —Haibara, no sé si te has dado cuenta pero ahora mismo estoy desesperado. Ran va de camino a una trampa segura y Mitsuhiko es la única persona a la que le puedo pedir ayuda ahora mismo.
—¿Y dónde está tu amigo del FBI ahora que hace falta? —Inquirió la chica con sorna. —¿Dónde están los adultos que se supone que deberían estar trabajando en esto? ¿Por qué tenemos que involucrar a niños que no tienen nada que ver con esto? ¿Por qué tienen que acabar como nosotros?
Conan se sentía tentado de decir que todo eso ya lo sabía. Lo sabía pero no podía hacer nada. La policía metropolitana de Tokio tampoco estaba preparada para enfrentarlos. Ya había pedido ayuda al FBI, pero no es como si pudieran aparecer en Japón de cuestión de horas. Ahora mismo estaban solos.
Ahora que lo pensaba, Haibara tenía razón en una cosa: ¿qué había pasado con Jonathan? Le había dejado un mensaje y después no había vuelto a dar señales de vida. Conan esperaba que no le hubiera pasado nada malo.
—No acabarán como nosotros. —Se limitó a decir. —No dejaré que nadie más salga herido por culpa de la organización. Haibara, ¿crees en mí?
La chica lo miró con el ceño fruncido y claramente desconfiando de sus palabras.
—¿Y cómo pretendes que nos colemos en ese barco? —Preguntó al cabo de un rato, apartando la mirada y removiéndose inquieta en su asiento, todavía sin perdonarlo del todo.
—Eso lo dejaré a imaginación de Mitsuhiko. —Respondió encogiéndose de hombros. —Él quiere que yo confié en él y eso es lo que estoy haciendo.
Haibara no pudo negarle eso último porque ella era quien mejor sabía lo mucho que había trabajado Tsuburaya-kun para tratar de alcanzar a Edogawa.
Conan giró de nuevo en un cruce y después de eso, para sorpresa de ambas, puso el intermitente a la izquierda y frenó a un lado de la carretera.
—¿Por qué…? —Haibara quiso preguntarle porqué estaba frenando cuando se supone que tenían prisa, pero el chico la interrumpió.
—Ayumi-chan, bájate por favor. —Dijo Conan antes de que la joven tuviera tiempo de quejarse. —Lo siento, no tengo tiempo para dejarte en tu casa, pero tienes que bajarte aquí, no puedo llevarte conmigo.
—¿Qué? Ni hablar. —Se quejó la chica. —Si todos vais yo también voy. También estoy preocupada por Ran-neechan.
—Ayumi. —Insistió el chico, puso el freno de mano y soltó el volante por un segundo para girarse en el asiento y dirigirse directamente a ella. —A partir de aquí no puedo asegurar tu seguridad, si te llevo allí sé que será peligroso y no puedo prometer que os podré proteger a todos. Necesito que lo entiendas y que te bajes del coche.
La niña lo miró con ojos llorosos, parecía que quería poner otra queja más, pero al final se rindió, asintió y soltó un quejido lloroso antes de abrir la puerta del coche y bajarse. Todavía tardó un poco más en cerrar la puerta del coche a su espalda, quizá esperando a que Conan añadiese algo más, pero el chico no tenía nada más para decir, solo podía pedirle ese enorme favor de no hacerle las cosas más complicadas.
Una vez Ayumi hubo cerrado la puerta del coche Conan se giró hacia Haibara y dijo:
—He llamado al FBI. Estarán aquí como muy tarde mañana. ¿Si me pasara algo, puedo confiar en ti para contarles todo lo sucedido?
—¿De qué estás hablando?
—Tú también te bajas aquí Haibara. —Conan la miro sin la más mínima sombra de duda en su rostro. No era una sugerencia, era una orden.
—Yo ya estoy involucrada en esto.
—Y precisamente por eso tienes que quedarte aquí. —Insistió. Desvió la mirada hacia el exterior del coche, donde se encontraba Ayumi todavía parada en la acera mirándolos expectante. —En realidad le mentí a Ayumi-chan, en ningún momento planeé dejaros en casa. Os saqué de Beika a propósito. Necesito que os alejéis de los lugares que "Haibara Ai" conoce o de lo contrario os encontrarán en seguida. ¿Recuerdas lo que pasó hace ocho años? Ellos te encontraron y te secuestraron. No puedo permitirme que eso vuelva a pasar. ¿Lo entiendes verdad? Mientras tú estés a salvo ellos no habrán ganado del todo. Eres la única que puede echar a bajo su plan al encontrar el antídoto para el APTX. Mientras tú estés bien no ganarán y me niego a darles esa victoria. —Conan volvió a mirarla fijamente. En sus ojos había visto un brillo que Haibara hacía muchos años que no miraba. El brillo del joven detective que fue en el pasado.
Conan había dicho "si me llegara a pasar algo" como si ya se hubiera rendido del todo, pero en realidad en aquellos ojos había más esperanza de la que había habido en los últimos ocho años. Simplemente el chico había contemplado todas las posibilidades y había asumido que existía una en la que él no volvería. No era pesimismo, era realismo. ¿Cómo podría ella quitarle la esperanza a alguien que hablaba así?
—Por eso necesito que te quedes aquí y por una vez pienses única y exclusivamente en tu propia seguridad. Busca un lugar donde esconderte hasta que llegue el FBI a Tokio. Incluso si te abandono aquí sé que estarás bien, incluso si lo peor llegase a pasar y yo no vuelvo, sé que puedo confiar en ti para que todo se solucione, para que no se salgan con la suya y les paremos los pies de una vez por todas.
—¿Hablas en serio? —Haibara lo miró intentando estar seria, aunque en realidad ya sabía la respuesta a su pregunta y no podía evitar que esa verdad la devorase por dentro. Las lágrimas estaban a punto de salir y lo sabía. —¿Realmente crees que no volverás?
—No —Conan negó con la cabeza al tiempo que forzaba una sonrisa. —Voy a volver. Tampoco quiero darles mi vida a esos desgraciados. Ya me han robado suficiente.
La respuesta de Conan la sorprendió un poco. Probablemente era la primera vez que lo escuchaba admitir en voz alta el rencor personal que guardaba hacia la organización. Kudo-kun siempre había odiado a la organización, pero era un odio generalizado. Los odiaba porque eran malos, porque hacían injusticias, porque herían a las personas. Era el odio que un héroe tendría hacia un malo. Sin embargo, Kudo-kun tenía razones de sobra para odiarlos personalmente. Le robaron su juventud, su vida y su identidad. Pero nunca se había quejado por ello. Por el contrario, simplemente se rindió y lo abandonó todo.
Ahora, por primera vez en diez años, Haibara lo escuchó decir eso y no pudo evitar pensar que quizá Kudo-kun había aprendido a ser un poquito más egoísta después de todo lo sucedido.
—Dices que volverás pero todavía me quieres aquí por si acaso. No suenas para nada convincente, Kudo-kun. —Haibara también era consciente de que era la primera vez que lo llamaba por ese nombre después de ocho años. El nombre que el chico había dejado atrás.
—Sabes bien por qué lo hago, pero aun así quieres que te lo diga. Eres de lo más retorcida, Haibara. —Conan mostró una sonrisa irónica. —Sabes perfectamente que si llegado el momento tuviera que poner en una balanza mi vida y todas las vidas que se puede cobrar el APTX, probablemente no dudaría al escoger. Y sabes que te estoy pidiendo esto para que esa elección sea más fácil.
—Y tú eres de lo más cruel, Kudo-kun. Me pides que me quede para que tú puedas tirar tu vida por la ventana sin sentirte culpable. —A su vez Haibara hizo la misma mueca irónica y durante unos segundos ambos estuvieron observándose con una mirada desafiante. — Si es así como va a ser, es mejor que vaya yo y seas tú quien se quede atrás y termine esto. Yo ya estaba involucrada con ellos, después de todo. Yo ya no tengo una vida a la que volver. La organización destruyó todo lo que era importante para Miyano Shiho.
—Pero todavía hay cosas importantes para Haibara Ai. ¿O me vas a negar que la vida que has vivido por 8 años es mentira?
"Jugar esa carta es muy sucio por tu parte, Kudo" Pensó la chica, pero no tuvo el coraje para decirlo en voz alta.
—Al contrario que yo, tú decidiste aceptar esta vida. No escapaste. Así que no escapes ahora. Sal del coche, Haibara. Sal del coche, coge a Ayumi-chan y escondeos. Ya sea que vuelva yo a buscarte, o que llegue el FBI, eso lo decidirá mi propia capacidad para enfrentarme al destino que yo mismo elegí. Si dudas de mí, si no prometes apoyarme… quien sabe, igual al final falle por falta de convicciones. —El chico volvió a mirarla con ironía y esta vez Haibara no tuvo la energía para negárselo. —Haibara, prométeme que te mantendrás a salvo. Ahora mismo no puedo estar preocupado también por ti. Por favor. Ahora mismo necesito preocuparme solo por Ran.
La chica suspiró. En serio, negarle algo a aquella mirada cargada de una extraña luz de esperanza era prácticamente imposible.
—¿Hiciste que Yoshida-san se bajase del coche solo para decirme estas tonterías? —Preguntó con sorna al tiempo que se desbrochaba el cinturón de seguridad.
—¿Tú qué crees? —Respondió el chico, recostándose sobre su asiento, aliviado al ver que por fin había logrado hacer entrar en razón a la científica.
Haibara abrió la puerta y puso el primer pie fuera del coche, pero luego se lo pensó mejor y decidió añadir algo.
Miyano Shiho lo había perdido todo, pero Haibara Ai todavía tenía cosas que eran preciadas para ella. No podía negar eso. Sin embargo, eso también se aplicaba a él.
—También hay cosas preciadas para Kudo Shinichi, y para Edogawa Conan. Así que asegúrate de volver —Dijo justo antes de cerrar la puerta del coche.
…
Continuará...
De nuevo tengo que reiterarme con que no conozco la geografía de Tokio, así que aunque sé que tienen una bahía y que es famosa, no sé si queda cerca de la comisaría central. Echadle imaginación. Pero gracias a vosotras descubrí que Beika la inventó el autor basándose en Baker Street en honor a Sherlock Holmes y me he quedado maravillada. No lo sabía pero me encanta la referencia.
La deducción de Mitsuhiko se refiere "al otro lado del mar" habla al otro lado de la bahía. Ya no es Tokio, sino que (según google maps) es la prefectura de Chiba, pero sigue siendo Japón. Lo digo porque mi beta-reader a quien le di a leer el capítulo pensó que me refería a salir de Japón por mar (recordar que es una isla) y esa no era mi intención. Mitsuhiko habla de un ferri, no un barco. Por supuesto, no sé si la bahía de Tokio es demasiado grande como para cruzarla en ferri, no sé si existe un ferri siquiera. De verdad que no sé nada. En mi ciudad hay uno de estos que simplemente cruza la ría en menos de 30 minutos y pensé: es la clave para mi misterio. (Lo he medido con google earth y mi ría son 5 km mientras que la bahía de Tokio tiene casi 20km, así que probablemente sea más complicado).
Por el contrario, el barco de Hachecelle es un barco grande, un carguero que pueda llevar mercancías (en este caso ropa) a grandes distancias. Y al contrario que el ferri que pertenecería a alguna empresa local y que hace siempre el mismo recorrido de ida y vuelta, este barco pertenece a Hachecelle, es decir, a la organización. Por tanto, este podría tener cualquier destino, incluso salir del país como es el caso.
Tengo que admitir que me gusta mucho el personaje de Haibara. El mío no, porque probablemente la he trastocado tanto que ya no es Haibara ni es nadie. Pero me gusta el personaje que creó Gosho Aoyama. Quizá por eso estas escenas en las que la hago discutir con Conan sobre el futuro, el pasado y la organización me gustan tanto.
También me gustó escribir la escena en la que Ran aprieta la chapa de detectives y piensa en Conan. Igual no se me ha notado, pero soy más ñoña que un cuento de hadas, me gustan las escenas románticas y me arrepiento mucho de no ser capaz de meter más escenas así en este Fic.
Dicho esto, me despido y os vuelvo a mandar ánimos y salud. Nos leemos en el próximo capítulo ^^
