Capitulo 7
4 día
Había algo que nunca fallaba, que siempre se daba cuando el sol hacía ya un par de horas que había salido y el nuevo día les daba la bienvenida.
Desayunar a solas era algo que Quinn solo hacía algunas veces, cuando no tenía que estar en el hotel por la mañana y podía disfrutar de su apartamento. Pero aquel día su cita diaria con Rachel la había llevado a celebrar aquella primera comida del día junto a Spencer, esperando por supuesto a que Rachel acudiese a la hora prevista. Las 8 en punto.
Una zona reservada del restaurante era la elegida para los empleados del mismo que desayunaban, comían o cenaban allí. Y justo allí se encontraban Quinn y Spencer.
—¿Qué actividades tienes para hoy?
—Quiero ascender a la Belle Vue y luego llevarla a las plantaciones de vainilla. Si me da tiempo antes del almuerzo.
—¿Lo está llevando bien? —volvió a cuestionar Spencer tras acabar su desayuno — No me imagino a esa estrellita de Hollywood haciendo senderismo.
—No es una estrellita de Hollywood —remarcó molesta—. Y sí, lo está llevando muy bien. De hecho, ayer nos divertimos mucho —sonrió—. Le mostré Source D`argent después de visitar las tortugas. Y luego la llevé a Anse Pierrot, Aux Cedréx, ya sabes…Recorrimos parte de la costa por aquella zona hasta que regresamos.
—¿En bicicleta?
—Ajam…Estuvo bien, y a Rachel le encantó.
—Pues me alegro, a ver si se contagian otros actores de Hollywood y vienen a visitarnos —sonrió traviesa—. Últimamente solo vienen escritoras amargadas y…
—Hablando de escritoras. ¿Sabes si Adam viene esta mañana? —interrumpió Quinn.
No respondió. Spencer se terminaba de beber su café cuando hacia una señal con su cabeza para que Quinn la siguiese, y descubriese como el chico acababa de entrar en el restaurante.
Un simple gesto de Quinn con su mano, fue suficiente para que Adam desviase su trayecto y se acercase a ellas con su encantadora sonrisa.
—¡Buenos días! —saludó.
—Buenos días, Adam —fue Quinn quien respondió en lugar de Spencer, que seguía inmersa en apurar las últimas gotas de su café—. Justamente hablaba de ti.
—¿De mí? ¿Y qué hablabas de mí?
—Pues que quiero preguntarte algo.
—Dime… —desvió la mirada hacia Spencer— Hola a ti también —saludó a la chica, que se limitó a mirarlo desafiante.
—¿Tienes alguna actividad planeada para hoy con April y Olivia?
—Eh…sí, vamos a bucear. ¿Por?
—Me gustaría hablar con ellas. ¿A qué hora las has citado?
—Pues nos vamos a las 9, pero si te interesa podrías ir a la terraza del restaurante, están desayunando allí ahora mismo.
—¿Sí? Ok. Perfecto —murmuró bebiéndose de golpe la copa de zumo—, iré ahora mismo.
—Ok. ¿Está todo bien con ellas?
—Sí, sí…No te preocupes, solo quiero preguntarles por una actividad que me propusieron el otro día.
—Ok. ¿Algo más? —cuestionó lanzando una fugaz mirada hacia Spencer.
—No, nada más —respondió levantándose—. Gracias, Adam.
—Nada de gracias —replicó—. Por cierto, yo también quería hablar contigo.
—Pues o me lo dices ya, o tendrá que ser en otro momento…
—Es curiosidad. ¿Tienes idea de por qué la estrellita de Hollywood no quería que yo fuese su guía? ¿Tan mal le caigo?
—¿Qué? No, no, nada de eso —trató de sonar convincente—. No tengo ni idea de cuál es el motivo, pero te aseguro que no es nada contra ti.
—No estoy tan seguro…
—Confía en mí. Rachel no es así.
—Si tú lo dices —balbuceó —. Pero si lo averiguas, por favor dímelo. Me sabe mal ser rechazado así.
—Lo averiguaré —le sonrió—. Aunque si sigues llamándola estrellita, es probable que sí le caigas mal. Se llama Rachel.
—Es una estrellita.
—Cuidado —habló Spencer por primera vez—, cuidado con lo que dices, que Quinn muerde si se meten con su amiga de la adolescencia.
—¡Cállate Spencer!
—¿Tú amiga? —se interesó Adam— ¿Es tu amiga?
—Eh, ok, creo que es mejor que vaya a ver a April y a Olivia antes de que se vayan —se excusó ignorando la pregunta del chico—. Gracias de nuevo.
—¿No me vas a responder?
—No… —sonrió—Y tú —miró a Spencer —, más te vale que mantengas la boca cerrada.
—¿Secretitos? —inquirió Adam tras ver como Spencer gesticulaba con su mano y fingía cerrar su boca ante la amenaza de Quinn. Una amenaza que quedó en el aire cuando la rubia decidió abandonar a sus dos compañeros para ir en busca de April y Olivia.
Ya había tenido la oportunidad de pasar algunos días con aquellas chicas que, al igual que Rachel, habían exigido privacidad al hotel mientras durase su estancia.
No sabía mucho de ellas, solo que April era una actriz desconocida de San Francisco, y Olivia un intento de escritora que provenía de Londres. Nada más. No tenía ni idea del motivo que las había llevado allí, ni por qué necesitaban privacidad. Supuestamente era un par de amigas que habían decidido pasar allí las vacaciones de verano.
Y allí estaban. Tras salir al exterior del restaurante y acceder a la terraza donde la gran mayoría de inquilinos solían comer, observó en una de las mesas a las dos amigas, sonrientes, manteniendo una conversación mientras uno de los camareros retiraba los platos de encima de la mesa.
Sin embargo, sus ojos no solo se fijaron en ellas. Algo le llamó la atención desde el otro extremo, o mejor dicho alguien.
El pelo recogido en un moño alto y unas enormes gafas de sol cubriendo sus ojos y parte de su rostro. Una camiseta de tirantas de un intenso azul remarcaba aún más el bronceado de su piel. Y entre sus manos, una Tablet blanca, la cual mantenía toda su atención.
Rachel bebía un sorbo de su copa de zumo y la sonrisa apareció en Quinn. No tenía ni idea de que estuviese allí ya, cuando aún faltaba más de media hora para su cita con ella. Y Rachel tampoco debía saber de su presencia, o al menos eso parecía tras ver cómo ni siquiera se había percatado de que había llegado a la terraza.
Quinn dudó en acercarse y saludarla, pero sus verdaderas intenciones en aquel momento eran las de hablar con la pareja de amigas, que, a juzgar por sus movimientos, estaban a punto de marcharse.
Lo decidió tras verlas, y sin vacilar, caminó hasta ellas, dejando el saludo con Rachel para después.
—Hey, April, Olivia —las llamó tras ver como estaban dispuestas a levantarse de las sillas.
—Hola Quinn —saludó en primera instancia April, que mostró su particular y enorme sonrisa—. Buenos días.
—Buenos días, chicas —respondió Quinn contagiándose de la sonrisa—. ¿Os marcháis ya?
—Eh…Sí —desvió la mirada hacia Olivia—. Vamos a prepararnos para el buceo con Adam.
—Cierto, me, me lo ha comentado, pero… ¿Os importa esperar un par de minutos? Necesito hablar con vosotras.
—¿Hablar? —masculló Olivia— ¿Pasa algo?
—No, no, tranquilas —respondió Quinn sin borrar la sonrisa—, es un asunto personal. Solo quiero comentaros algo, nada más.
—Eh…Está bien —murmuró Olivia extrañada, no así April, que sin pensarlo había vuelto a tomar asiento y ya esperaba impaciente la charla con Quinn.
Y eso mismo fue lo que hizo la rubia tras ver como Olivia también ocupaba su lugar en la mesa. Se sentó en una tercera silla tras lanzar una mirada hacia Rachel, y ver como seguía inmersa observando la tablet, ajena a lo que estaba sucediendo en el otro extremo de la terraza—. Tú dirás —añadió Olivia tras ver como Quinn tomaba asiento frente a ellas.
—Ok…Veréis… Lo cierto es que solo quería pediros un favor. Algo personal. Yo sé que os vais a extrañar por lo que os voy a decir, pero…espero que sepáis entenderme —comenzó a relatar, provocando que la atención de las dos amigas aumentase—. Quiero…quiero que miréis detrás mía, a la chica que está junto al acceso de la playa. ¿La conocéis?
El movimiento de cabezas de April y Olivia fue conjunto y ambas desviaron su mirada hacia el lugar indicado por Quinn. Olivia simplemente asintió, pero April esbozó de nuevo su enorme sonrisa.
—¿Hablas de Rachel Berry?
—Ajam…Veo que la conocéis.
—Por supuesto que la conocemos —respondió April—. Bueno…Yo la conocía de antes, Olivia la ha conocido gracias a mí —sonrió.
—Uh…No sé cómo he podido vivir el resto de mi vida sin conocerla —musitó con sarcasmo la morena
—Hey…Rachel Berry es una estrella —replicó April—, y cuando estemos en los Estados Unidos, iremos a ver alguna de sus obras —añadió regresando la mirada hacia Quinn—. Es genial. Fui a verla cuando estaba en Wicked y me encantó. Soy…soy una fan de ella.
—Mejor me lo pones —volvió a hablar Quinn—. Veréis, Rachel es…es mi amiga, fuimos compañeras en el instituto y, bueno, por circunstancias ajenas a mí, ha venido a pasar aquí sus vacaciones.
—Vaya… ¿Eres su amiga de veras? —interrumpió April.
—Eh…sí. Pero eso no es lo que os quería comentar. Lo que me gustaría pediros es vuestra colaboración. Veréis, Rachel decidió venir a esta isla porque pensó que aquí iba a encontrar absoluta privacidad. Y justo ayer me comentó que estaba un poco intranquila porque, porque creía que alguna de vosotras le había sacado fotos con el móvil.
—¡Te lo dije! —masculló Olivia dándole un pequeño golpe en el hombro a April — Te dije que eras una descarada.
—Pero, pero…yo, yo solo quería tener un recuerdo, nada más —balbuceó April cambiando por completo el semblante de su rostro—. Te juro que no quería molestarla.
—No, no, a Rachel no le molesta que le tomen fotos, lo que realmente le preocupa es que…bueno, ya sabéis que, con las redes sociales, todo se termina sabiendo, y teme que publiquéis esa foto y digáis donde está pasando las vacaciones. Sería darles información a los paparazis. ¿Entendéis?
—Oh…Claro, claro que lo entiendo —susurró April—, pero yo no he publicado nada. De hecho, solo tengo esa imagen guardada en mi móvil. Te la puedo mostrar si quieres…
—No, tranquila. No importa que tengas esa imagen. De hecho, estoy segura de que, si se lo pides, ella estaría dispuesta a hacerse fotos contigo. El temor es a que digáis donde está ahora mismo.
—Te entiendo —interrumpió Olivia—, y puedes decirle que se quede tranquila. Nosotras tampoco queremos de que se sepa dónde estamos, así que sería absurdo publicar una fotografía de ella.
—En eso tiene razón —añadió April.
—Lo sé —respondió Quinn—. De hecho, le comenté que no debía preocuparse por vosotras, porque estaba convencida de que no ibais a hacer algo así. Sois buenas chicas y…Supongo que entendéis bien la situación. Pero ella insistió y bueno, quise asegurarme.
—Ok, ok, pues dile que no se preocupe —volvió a hablar April—. Mis labios están sellados. Jamás la delataría.
—Bien…Os lo agradezco de veras. Se va a quedar mucho más tranquila —respondió sonriente—. Gracias.
—Nada de gracias —intervino Olivia— ¿Hay algo más?
—Eh…no, no, nada más. Solo era eso, pero pensé que iba a ser más complicado de explicar.
—Pues te ha quedado todo muy claro —sonrió por primera vez.
—Totalmente —añadió April.
—Perfecto, pues no os entretengo más, porque sé que Adam os está esperando. Si os recrimina por llegar tarde, decidle que fue mi culpa —les guiñó el ojo—. ¿De acuerdo?
—Toda culpa tuya —respondió Olivia volviendo a levantarse de la silla, e incitando a April a que también lo hiciera para despedirse de Quinn, y hacer lo que ya tenían planeado hacer.
Quinn no hizo que se demorasen demasiado y las saludó rápidamente antes de permitir que se marchasen, y la dejasen a solas en mitad de la terraza.
Aunque no estaba a solas por completo.
Había unas cinco mesas ocupadas además de la Rachel, y ella iba a ser su siguiente parada, si no fuese porque cuando se giró para buscarla, descubrió su lugar vacío.
Hizo un barrido con su mirada por toda la terraza para asegurarse de que no se había equivocado, o tal vez, Rachel había cambiado de mesa. No se equivocó.
No había ni rastro de la morena, y realmente le extrañó que así fuera. Cuando la vio aún parecía tener el desayuno al completo sobre la mesa, y ahora no estaba ni siquiera el plato o la copa vacía.
Tan extrañada estaba mientras repetía el gesto de mirar a cada lado de la terraza, que no se percató de la llegada de Spencer, y la mueca desconcertada que vestía su rostro.
—Quinn —susurró tomándola del brazo—, no te lo vas a creer.
—¿Qué? ¿Qué pasa? —cuestionó sin dejar de mirar a su alrededor.
—Ven —tiró de ella hasta llevarla a un extremo, evitando que un par de comensales que quedaban justo en una mesa cercana, pudiesen oír la conversación.
—¿Qué sucede? —masculló ante la intensidad de la chica.
—Tengo prisa, entro a recepción dentro de cinco minutos, pero no podía irme sin decírtelo.
—¿Decirme qué?
—He entrado en cocina para preguntarle unos horarios a Francine, y estaba hablando con Mayra y las demás. ¡No te lo vas a creer?
—¿Qué tengo que creer? —insistió ya desesperada— ¿Qué pasa? ¿De qué hablaban?
—De la estrellita —musitó—, de tu amiga la estrellita.
—¿Y qué decían de ella? —cuestionó Quinn mostrándose molesta.
Conocía perfectamente a Francine, la jefa de cocina y las demás cocineras. La cocina era el lugar por excelencia para hablar de rumores o cotilleos y no esperaba nada bueno de ellas—. No estoy dispuesta a que jueguen con Rachel. ¿Me oyes? Merece un respeto.
—No, no hablaban de ella exactamente, hablaban de su novio…De ese tal Jesse —susurró rápidamente.
—¿De Jesse? ¿Qué decían?
—Al parecer han publicado unas fotos de él…con otra persona —trató de disimular la traviesa sonrisa que ya se formaba en sus labios.
—¿Con otra persona? No entiendo.
—Con un chico, Quinn. Lo han cazado con un chico en actitud cariñosa.
—¿Qué? ¿Qué dices? —respondió— Serán inventos de la prensa sensacionalista.
—Quinn, me han mostrado las fotos. Las tienen en el teléfono y al parecer están rondando por todos lados. Sale Jesse y otro chico más cogidos de la mano en una playa, y también hay otras en las que…juguetean en el mar.
—No… —murmuró incrédula.
—Las he visto, puedes ir a verlas tú también…O quizás en internet, estoy segura de que te aparecerán —le dijo mostrándole el teléfono móvil—. Yo me tengo que ir, pero deberías echarle un vistazo.
—No me lo puedo creer.
—Quinn, si averiguas algo más, cuéntamelo, por favor. Parece que por fin esto se empieza a animar —sonrió divertida, despertando el mal humor en Quinn, que poco a poco empezaba a ser consciente de lo que parecía suceder, y lo que Rachel se empeñaba en ocultarle.
Ni siquiera se despidió de Spencer cuando la chica la abandonó para regresar a su puesto de trabajo.
Quinn observó que apenas faltaban diez minutos para las 8 de la mañana y era esa la hora exacta en la que había quedado para pasar a recoger a Rachel a su habitación, y emprender un nuevo día de aventuras por la isla. Y eso era lo que pretendía hacer.
Firmó los informes que debía entregar cada día cuando salía de excursión con algún cliente del hotel, y fue a buscarla, a diferencia de otros días, por el acceso privado de la playa hasta su habitación.
Era allí donde iban a encontrarse, y era allí donde pudo percibir que estaba. Sin embargo, no como esperaba.
Le pidió que, para aquel día, debía llevar pantalones y algunas deportivas o calzado adecuado para caminar por el bosque, pero Rachel seguía vistiendo tal y como la había visto en la terraza del restaurante, con su camiseta azulada y una falda corta que apenas cubría la mitad de sus muslos, mientras hablaba por teléfono sin percatarse de su presencia en ningún momento.
Y a juzgar por como alzaba la voz, Quinn supo que no la iba a ver a menos que se acercara lo suficiente como para tocarla.
Dudó varios minutos en hacerlo.
La conversación había tomado tintes de discusión, a pesar de que la distancia prudencial que Quinn se encargó de regalarle, era más que suficiente para no escuchar nada de lo que decía, solo el murmullo de una retahíla que empezaba a alterar su estado.
Fue en una de esas reprimendas cuando Rachel se giró inesperadamente sobre la verja que protegía el acceso de su apartamento, y la descubrió. Y Quinn pudo descubrir como la tensión se apoderaba aún más de ella tras verla.
El enfado monumental que reflejaba su rostro le dio algo de temor, tanto que no se atrevió a acercarse hasta que Rachel no le indicó que lo hiciera, aun sin apartar el teléfono de su oreja.
Destruir esa distancia le hizo poder escuchar con mayor nitidez la conversación, aunque en ese mismo instante la morena solo atendía a lo que estaba escuchando tras el auricular, y no hablaba. Solo se lamentaba y negaba con su cabeza una y otra vez.
—Ya veré lo que hago.
Eso fue lo único que Quinn escuchó de la voz de la morena antes de que cortase la llamada, y un gesto de impotencia la llevase a terminar apoyándose sobre la verja de madera—. Odio todo esto. Lo odio —susurró segundos antes de tomar una gran bocanada de aire y alzar la mirada hacia Quinn, que tragaba saliva en un vago intento por saber cómo actuar—. Hola… —musitó reaccionando dulcemente— Siento…siento haberte hecho esperar.
—Oh…No, no te preocupes —balbuceó—. ¿Está todo bien?
—Eh…no, bueno sí —se contradijo mostrándole el teléfono—. Pequeños conflictos profesionales.
—Vaya… ¿Tienen solución?
—Sí, supongo que sí. O al menos eso espero —susurró desviando de nuevo la mirada hacia el suelo.
—Bueno, si necesitas algo, ya sabes que puedes contar conmigo. ¿Verdad?
—Gracias Quinn, pero la verdad es que poco puedes hacer ahora mismo —volvió a hablar con dulzura—. Solo, solo puedo agradecerte que me tengas paciencia.
—Estamos en la isla tranquila —sonrió—. La paciencia es infinita aquí, y ya verás…En cuanto nos marchemos y veas lo que tengo preparado para hoy, sacarás de tu mente todas esas preocupaciones.
—Eh…Lo cierto —balbuceó avergonzaba—, lo cierto es que vamos a tener que dejar la excursión de hoy para otro momento.
—¿Por?
—He concretado una reunión urgente con mi representante para dentro de media hora. Voy a tener una videollamada y me temo que va a ser larga…Y complicada.
—Pero…
—Lo siento, Quinn —volvió a hablar lamentándose—. De veras que no es ninguna excusa, me apetece muchísimo salir contigo hoy, pero, tengo que solucionar esos conflictos —dijo y Quinn no pudo evitar dar una gran bocanada de aire mientras lanzaba una mirada hacia la playa para relajarse, y evitar que la preocupación que había empezado a tener por Rachel, la hiciera hablar más de la cuenta.
—Ok —respondió tras soltar todo el aire de golpe— ¿Qué te parece si lo dejamos para la tarde? Podemos ir de igual manera y…Quizás podamos ver algo mucho más espectacular.
—Oh. ¿De veras podemos hacerlo por la tarde?
—Sí, claro.
—Genial. Genial, me apunto —respondió Rachel agradecida—. Iremos por la tarde y prometo acatar todas tus órdenes.
—Bien. Paso a recogerte después de comer. ¿De acuerdo?
—Estaré esperándote —respondió dulcemente.
—Ok, eh…Pues será mejor que te deje para que puedas…ya sabes, eso…reunirte con tu agente —balbuceó llena de dudas.
No tenía ni idea como era capaz de soportar la tentación de preguntarle por lo que estaba sucediendo, y por las noticias que Spencer acababa de comentarle. Pero lo hizo. Sin duda, había aprendido a guardar muy bien sus pensamientos y así evitar poner en alguna situación comprometida a Rachel.
Si la morena había decidido no comentarle nada, tenía que respetarlo. Quizás ambas se consideraban amigas, pero tal vez para Rachel no fuese suficiente como para hablarle de los problemas profesionales o personales que estuviese teniendo. Quizás el tiempo, la falta de contacto entre ellas, había hecho mella en la morena y ya sentía que esa confianza que una vez tuvieron, no era lo suficientemente fuerte.
Fuera lo que fuese, lo que realmente tenía claro Quinn, era que no iba a precipitar las cosas, ni a insistirle por mucho que la curiosidad y la preocupación estuviesen martirizándola—. Te veo luego —se despidió sin saber muy bien que más añadir, y observando como la morena optaba por sonreír débilmente y desviar de nuevo la mirada hacia el suelo.
—Eh…Quinn —la detuvo cuando ya había logrado alejarse algunos metros de ella dispuesta a regresar al hotel.
—Dime —se giró sobre sí misma.
—Lo siento —dijo buscándola con la mirada—. Lo siento de veras. Pero no puedo hacer otra cosa.
—No te preocupes. Lo entiendo.
—¿Lo entiendes?
—Por supuesto. Solo quiero que sepas una cosa —dijo tras dejar escapar un nuevo suspiro—. Da igual la hora, el día, el tiempo que haga, da igual la circunstancia o el estado de ánimo…Cuando necesites algo, solo tienes que llamarme. ¿De acuerdo? Estaré aquí cuando me necesites, y quiero que lo tengas presente siempre. ¿Ok?
—Claro. Gracias, Quinn —balbuceó completamente conmovida y Quinn lo percibió.
—Somos amigas. ¿No?
—Algo así —musitó tímidamente, y Quinn terminó sonriendo.
—Lo suficiente para que sepas que estoy aquí —respondió regalándole un nuevo guiño, el octavo en su cuenta particular, y provocando esa sensación de bienestar en Rachel que siempre recibía gracias a la atención que Quinn le mostraba.
Sabía que no lo estaba haciendo bien. Que ocultarle algo así era absurdo cuando se trataba de una amiga. Pero el temor a que descubriese lo que estaba haciendo para tener un poco más de fama, no le gustaba en absoluto. De hecho, se avergonzaba de ello. Y para colmo, ni siquiera le recompensaba.
