Capítulo 8
En la cima.
—Vamos Rachel, tú puedes…
—Claro que puedo o, mejor dicho, podría si todos estos mosquitos no se empeñasen en comerme viva. Sería mucho más sencillo si me dejasen en paz.
—Vamos ven, dame la mano —inquirió Quinn, dispuesta a ayudarle a subir el último desnivel que las llevaba a la cima de aquella pequeña montaña.
330 metros sobre el agua. Esa era la altura de Belle Vue, el pico más alto de toda la isla, donde Quinn y Rachel, después de visitar una de las plantaciones de vainilla, y el hangar donde permanecía el barco de uno de los primeros exploradores de aquella isla, conseguían llegar.
No había sido nada sencillo ascender hasta la cima, ya que Quinn optó por tomar el sendero más natural y alejado de la civilización. Allí arriba, justo en el oeste, había un pequeño mirador que pertenecía a una cafetería, situada en el mismo lugar y que hacía las delicias de los turistas que, previo pago, podían ascender hasta allí.
Rachel no tenía que pagar. Subir a Belle Vue era una de las actividades que estaban incluidas en su reserva. Por eso Quinn decidió guiarla por la zona más espectacular, donde la naturaleza estaba más presente, y donde se podía disfrutar más de las vistas. Aunque ello conllevase tener algún que otro traspié o sufrir el acoso de los miles de mosquitos.
—Por eso precisamente organicé esta excursión por la mañana —explicó Quinn tras ayudarla a subir—. A esta hora, con tanta humedad, hay más mosquitos que por la mañana. Aunque, de todas formas, el repelente debería protegerte.
—Sí, me protege de las picaduras, pero no de los continuos choques que tienen contra mí —se quejó tratado de apartar algunos de los molestos insectos con varios manotazos sobre sus piernas— ¡Serán estúpidos! Si me probáis, vais a morir. Estoy embadurnada en ese líquido que tan mal sabe.
—¿Cómo sabes que el sabor que tiene? ¿Lo has probado? —cuestionó Quinn tras empezar un nuevo camino.
—Eh…no, bueno sí…Pero ha sido sin querer —se excusó—. Me he dado sin querer en la boca y ahora mis labios saben a eso. Espero que no sea venenoso para los humanos.
—Tranquila —respondió conteniendo la risa—, no dejaré que mueras.
—Mmm… ¿Se puede morir de eso?
—Es veneno, y los venenos matan.
—O sea que, si alguien quiere besarme, lo puede pasar mal — masculló pensativa.
—No creo que muera por sin simple beso.
—Pero, y si tengo veneno en los labios, y el veneno es mortal… Da igual si es un simple beso. ¿No?
—Rachel, si tuvieses el suficiente veneno como para morir en los labios, tú no estarías aquí.
—Pero yo soy inmune —musitó con un halo divertido—. El temor lo deben de tener quienes me besen.
—Ok. Es tu película, supongo que sirven tus normas.
—Pues claro —sentenció sonriente.
—Pero a mí no me convence demasiado eso de que, por un simple beso, consigas envenenar a alguien. A menos que…
—¿A menos qué?
—A menos que el beso se alargue más de la cuenta, y termine lamiendo todo tu…Eh, pues eso, que no creo que por algo así, pase nada. Tu guion tiene fallos —soltó siendo consciente de cómo sus palabras no solo empezaban a ser explicitas por una simple broma, sino que además la imaginación empezaba a hacer de las suyas.
Hacer referencia de un beso y algo más sobre el cuerpo de la morena, la llevó a imaginarse la escena con una serie de detalles para la que no estaba preparada en ese instante. Y lo último que deseaba en aquel momento, era que Rachel fuera consciente de la fragilidad que empezaba a adueñarse de ella, tras tantos meses de inquebrantable abstinencia.
—Mi guion no tiene fallos. No hay nada mas típico en una tragicomedia, que morir envenenado por besar unos labios prohibidos.
—Ok. Tú gana.
—Pues eso. Yo gano —repitió de nuevo orgullosa.
—Podrías escribir una obra e incluir esa escena. Pero ni se te ocurra intentarlo en la vida real. No hagas que me arrepienta de tener esta conversación contigo.
—Seria interesante probar algo así, tan Shakespeariano —bromeó ignorando el comentario de Quinn—. Eso sí, puedes estar tranquila, jamás lo haría en la realidad. Es más, dudo que algo así pudiera sucederme.
—¿Dudas de que alguien quiera besarte con veneno cubriendo tus labios? Vaya…que estúpido no querer hacer eso. ¿No? —replicó Quinn divertida.
—No, lo que dudo es que alguien quiera besarme —espetó ridiculizándose a sí misma, y provocando la atención de Quinn, que no dudó en buscarla con la mirada—. Con veneno o sin él.
—¿Estas de broma?
—No. Tristemente, no. Con lo del veneno sí, pero lo de los besos, trágicamente es algo habitual en mi vida.
—¿Qué dices? ¿Estás loca? —insistió cuestionándola con la mirada—. Hace unos años no podría decirte esto, pero ahora tienes miles de fans que pagarían por un beso tuyo, Rachel.
—Pues no los veo por ningún lado —masculló—. ¿Tú los ves? Quinn, sigo siendo la misma friki del instituto. Sigo siendo Rachel Berry.
—¿Y tu novio? ¿Qué pasa con Jesse? —preguntó aprovechando el tema de conversación— Apuesto a que él no tiene inconveniente alguno en besarte, con veneno o sin él.
Después del extraño encuentro que mantuvieron por la mañana y tras la negativa de Rachel para realizar la actividad, excusándose con la reunión que iba a mantener con su representante, no habían vuelto a hablar del tema en cuestión.
Rachel ni siquiera fue al restaurante a comer. Decidió hacerlo en el mismo apartamento y fue ella misma quien avisó a Quinn de que ya estaba dispuesta para salir de excursión.
La rubia por otro lado, ocupó gran parte de la mañana en preparar el material que solían utilizar, tanto ella como Adam y en investigar aquel extraño asunto al que había hecho referencia Spencer.
No pudo resistir la tentación de buscar aquellas fotos en las que Jesse aparecía con un chico, en supuesta actitud íntima. Y se sorprendió al encontrarlas y descubrir que eran cierto los rumores que hablaban de un extraño romance entre aquel chico y un completo desconocido, dejando a Rachel en una mala situación en la relación.
Pero su profesionalidad, y por supuesto el respeto que sentía por Rachel, no permitió que le cuestionase directamente acerca de aquel asunto. Si había mantenido una reunión, que se antojaba urgente con su representante, era obvio que ya conocería las noticias o rumores. Sin embargo, aquel pequeño desliz de la morena al hablar de besos, fue perfecto para hacer hincapié y tratar de averiguar algo más, provocando que su lado más curioso saliera a la luz.
—Tss.
Ni un sí, ni un no. La respuesta de Rachel fue un leve sonido que dejaba más dudas que conclusiones.
—¿Tss? Eso no es una respuesta coherente.
—Nada en mi vida es coherente —respondió tras detenerse obligada por Quinn— ¿Qué hacemos?
—Es por aquí —señaló hacia in pequeño recoveco que se habría a la derecha, entre varios y gigantescos árboles que se hacían llamar Banyan, y que protegían y abastecían de sombra la cima de aquel monte—. Ten cuidado, por favor —avisó volviendo a tomar su mano y adentrándose en el resquicio que se abría entre los dos árboles.
—Guau…—balbuceó Rachel tras personarse en la explanada y contemplar las vistas. Ante ella una pequeña explanada les daba la bienvenida, y al frente, ocupando todo el horizonte, la inmensidad del océano con un mar de árboles y vegetación que descendía desde sus pies, hasta que la arena se hacía visible— Increíble.
—¿Te gusta?
—Me encanta. Se ve, se ve todo…—dijo sin eliminar la sorpresa de su rostro.
—Aquella isla de allí es Isla Marianne, y aquella otra —señaló desviándose un poco—, isla Felicité.
—Es increíble, es precioso Quinn…
—Ven, siéntate…Aún está por llegar lo mejor —sonrió al tiempo que ella misma se dejaba caer ocupando un pequeño espacio, y permitiendo que Rachel pudiese sentarse justo a su lado.
—¿Lo mejor? ¿Hay algo mejor que esto? —preguntó tomando asiento— Pasaría aquí todo el día, o toda mi vida si hiciese falta.
—No creo —masculló Quinn—. Terminarías lanzándote al acantilado por culpa de los mosquitos, o envenenada por tus propios labios —bromeó y Rachel le dio un pequeño golpe en el hombro.
—No te rías de mí.
—Ok, ok, lo siento. Pero es que nunca me había pasado eso con ninguno de los turistas que suben aquí conmigo.
—Será que soy especial —replicó lanzando la mirada al frente—. Lo digo en serio, Quinn. Me quedaría aquí eternamente mirando el paisaje. Es… Es increíble.
—Te doy la razón. La gente se asombra cuando le dices que no te acostumbras a verlo, a pesar de que subas a diario hasta aquí.
—¿Vienes mucho hasta aquí?
—Forma parte de mi trabajo, Rachel. Aunque tengo que confesar que no vengo justo a este punto concreto.
—¿Por qué?
—Porque a los turistas los llevo a la zona que está cerca del mirador. Es la ruta oficial.
—¿Y cómo es esa ruta?
—Pues tiene más afluencia, y pierde un poco el encanto. No hay tantos mosquitos, y, además, tienes un sendero perfectamente señalizado. Prefiero infinitamente ésta ruta. Es más especial.
—¿Y por qué a mí me has traído por aquí? ¿Por qué no subes por aquí con los turistas?
—Justamente por eso —le devolvió la mirada—. Porque esta ruta es especial.
—¿Yo soy especial? —le cuestionó divertida, y Quinn no pudo evitar sonreír—. No te rías. ¿Me has traído por aquí por soy especial?
—Veo que te gusta que te lo repita una y otra vez.
—Nunca podré acostumbrarme a que Quinn Fabray me diga que soy especial, y que me quiera, y que es mi amiga…Y todas esas cosas. Cuántas más veces lo oiga, menos irreal me parecerá.
—Ya, claro… —lanzó la vista al frente— Será mejor que no te acostumbres.
—¿Por qué? Lo haces solo porque es tu trabajo…
—No seas idiota. Lo digo porque la reciprocidad es un factor a tener en cuenta cuando expresas tus sentimientos, y permíteme que te lo diga, pero yo no recibo ni un tercio de lo que doy.
—¿Cómo? ¿Me estás echando en cara que yo no considero que tú seas especial?
—No, lo que digo es que tú nunca me lo dices. Yo también necesito que me digan cosas bonitas —reclamó divertida y Rachel comenzó a negar sin poder evitar esbozar una sonrisa—. ¿Qué? Es verdad.
—Me parece increíble que me reclames eso. Precisamente eso —volvió a mirarla —Quinn, me he pasado toda mi adolescencia alabando tu belleza, tu inteligencia, lo especial que eres, y ahora me dices eso. Por dios, si de tantas veces que te dije cosas así, en otras circunstancias habría pensado que estaba enamorada de ti —añadió y Quinn no dudó en buscarla con la mirada completamente incrédula— ¿Qué? No me mires así, sabes que es verdad. Toda mi vida te he admirado, y toda mi vida he pensado que eras alguien…espectacular.
—¿Has pensado? ¿Ya no lo piensas?
—No…Ahora no lo pienso —la miró divertida—, ahora estoy completamente segura de que estaba equivocada.
—Vaya —cambió el semblante mostrándose más confusa aún— ¿Has cambiado de opinión sobre mí?
—Sí, porque ya no eres la misma Quinn Fabray que dibujaba cosas obscenas de mí en los baños, o que me martirizaba con mensajes crueles en mi página web —sonrió—. Ahora la nueva Quinn Fabray me lleva a una isla fantasma, o me sube a esta montaña para que pueda contemplar la mejor playa del mundo. Sin contar con que desde que he llegado, me regala sonrisas y…Guiños —desvió la mirada un tanto avergonzada—. Si antes creía que eras perfecta, no te haces una idea de lo que pienso ahora de ti.
—No quiero que pienses que soy perfecta —susurró lanzando la mirada al frente tras varios minutos en absoluto silencio. Varios minutos que Rachel aprovechó para jugar con una pequeña rama que encontró junto a ella—. Solo quiero que me veas como tu amiga. De verdad, es mi única intención. Quiero que te merezca la pena estar aquí estos días. Quiero…quiero agradecerte de alguna forma que estés aquí, y nada mejor que procurar que todo sea perfecto. Pero eso no significa que yo lo sea. De hecho, toda mi vida es imperfecta.
—Todos somos imperfectos, y supongo que eso es lo que nos hace especiales y únicos.
—¿Tú eres imperfecta? —volvió a mirarla.
—A pesar de que diciéndote esto esté arruinando años y años de dramática soberbia, sí, soy imperfecta. Y apuesto a que hay cosas de mí que jamás creerías o esperarías.
—¿Por ejemplo?
—No sé…Muchas —masculló volviendo a retomar el juego con la rama.
—¿Muchas? Rachel, ya sé que necesitas muchas toallas en la habitación, y que eres adicta al aceite de rosa mosqueta y…Bueno todas esas cosas que has pedido, pero tranquila, es lógico. Una estrella tiene que tener sus excentricidades —bromeó—. Eso no te hace imperfecta.
—Veo que tu amiga Spencer no ha tardado en comentarte todo lo que exige mi reserva —balbuceó con las dudas creciendo en su rostro—, pero no hablo de eso.
—¿Entonces de qué hablas?
—¿Qué tal si te digo que no soy tan honesta como suelo parecer, o que…estoy mintiendo a miles de personas solo por un poco de fama?
—¿Qué?
—Quinn, mi vida no es tan cándida y perfecta como parece.
—Yo solo sé lo que me muestras —respondió en un vago intento por hacerla hablar sin resultar insistente, dejando que fuese Rachel quien tomase la decisión. Y funcionó.
—Es probable que me recrimines mi actitud después de contarte esto, pero…creo que es absurdo ocultarte algo así. Tarde o temprano puedes enterarte y no quiero que sientas que a ti también te he mentido.
—No…no entiendo nada ¿De qué hablas?
—De mi relación con Jesse —dijo bajando la mirada avergonzada—. No existe, Quinn. Es todo mentira, no estamos juntos. Bueno sí, pero no somos pareja, solo fingimos ser pareja para tener más repercusión —soltó y la confusión se apoderó de Quinn, que no esperaba en absoluto aquella confesión. De hecho, por su mente la única opción que pasaba, era la de una posible infidelidad del chico hacia Rachel.
—¿Mentira? —masculló al fin tras varios segundos en silencio.
—Así es —respondió Rachel sin poder mirarla a los ojos—. Hace un año las cosas no iban bien para Jesse. Estaba, estaba empezando una relación con…con un chico, y ya sabes cómo es el mundo de la fama. Aunque a mí personalmente eso no me influye en absoluto —aclaró mirándola de soslayo—. Jamás renegaría de mi pareja, fuese chico o chica. Sin embargo, a él si le afectó y…Bueno, empezó a tener paparazis que lo perseguían por todos lados, y ponían en duda su carrera. Así que su representante se puso en contacto con mi agente y hablaron acerca de este tema.
—¿Y tú aceptaste?
—Estaba sola, quiero decir. Yo no tenía pareja, y me dijeron que con algo así, lograría más popularidad y…
—Pero ya eres famosa, Rachel— la interrumpió—. Has estado 3 años consecutivos en Broadway interpretando a una de las protagonistas de una de las mejores obras de los musicales. No necesitas engancharte de un chico para lograr fama. Y mucho menos hacerlo por un tema así. No lo tomes como una ofensa, pero, igual no es una buena idea. Quiero decir, sois vosotros, los famosos, quienes deberían darle visibilidad a esa normalidad, no esconderla.
—Lo sé, pero en su momento no lo pensé así, Quinn. Y ahora ya estoy metida de lleno. Y en cierto modo me daba pena Jesse. Sé que no se portó bien conmigo en el instituto, pero luego siempre ha estado ahí…Y tú lo sabes. Él… Él me ha recomendado muchas veces y siempre habla bien de mí. No podía dejarlo en la estacada. No es una cuestión de vergüenza que él trate de evitar que se sepa su orientación, es una cuestión profesional. Esos paparazis iban a hundirlo.
—Entiendo. Supongo que sí, que debes tener razones contundentes para hacer algo así.
—Por supuesto que las tengo. Es empatía. Si puedo ayudarle, aunque sea un…
—¿Y qué pasa contigo? —la interrumpió.
—¿Conmigo?
—Sí, contigo— repitió—. Por lo que veo, él hace su vida. Sin embargo, tú… ¿Qué haces? ¿Tienes pareja?
—No, no tengo a nadie. Llevo sola casi dos años. Es complicado estando en una situación así. Lógicamente no se me acercan tanto sabiendo que tengo pareja.
—A eso me refiero. Al final eres tú quien sale perdiendo por cubrirle a él.
—Lo sé, pero tampoco me preocupa mucho eso, Quinn. Desde lo de Brody, no he permitido que un chico pase más de una noche en mi casa. No me fio de ellos y menos mientras estoy metida en este lio.
—Tampoco confías en tus amigas, por lo que veo —le replicó con firmeza.
—Claro que confío. Kurt lo sabe y…Bueno Santana y Tina también, pero no pueden decir nada.
—¿Y a mí por qué no me lo has dicho? —se mostró seria— ¿Soy diferente a ellas, o es por la distancia?
—Quizás la distancia haya influido en tomar la decisión de no contártelo, pero…Lo cierto es que tenía miedo. Llevamos sin vernos mucho tiempo, y cuando te he visto aquí, lo único que me apetecía era disfrutar de la isla y pasar tiempo contigo. Olvidarme de todo lo demás. Pero quiero que sepas que lo he pensado constantemente, y me aterraba la idea de que lo supieras y pensaras que no confiaba en ti para decírtelo. He estado comiéndome la cabeza con ese asunto desde que llegué.
—¿Y por qué tenías miedo de decírmelo? ¿Pensabas que iba a recriminártelo o algo así?
—No, o bueno, espero que no —la miró apenada—. Pero tenía miedo de defraudarte. Siempre me has dicho que soy un buen ejemplo a seguir y te estoy demostrando que no lo soy. No quería provocar esa mala imagen en ti, Quinn. Siempre te he admirado, y que tú confiaras en mí ha sido un regalo durante toda mi vida. Lo último que deseo es defraudarte.
—Pues lo cierto es que ahora mismo me siento un poco defraudada —sonó resignada—, y no precisamente porque no supieras si decírmelo o no, sino por lo que estás haciendo. Pero no puedo reprocharte nada. Entiendo como son las cosas en ese mundo, y entiendo que a veces hay que hacer cosas que una no quiere hacer. Y al menos saber que lo haces por ayudar a alguien, supongo que resta puntos negativos a todo eso.
—Ya…—balbuceó cabizbaja.
—Rachel —musitó acariciándole el hombro—, no es a mí a quien tienes que dar ejemplo, ni es a mí a quien no tienes que defraudar. Eres tú. Lo que hagas o dejes de hacer, te va a influir a ti. Y eres tú quien tiene que sentirse bien consigo misma. De nada nos sirve a tus fans verte sonreír, si no lo haces de verdad. ¿Entiendes?
—¿Fan? —balbuceó buscándola con la mirada— ¿Te consideras una de mis fans?
Una sonrisa, la misma sonrisa llena de dulzura que solo había visto en contadas ocasiones. Esa sonrisa que lograba que los labios de Quinn se cerrasen tímidamente y la comisura descendiese, destrozando la teoría de que una hermosa sonrisa, siempre es ascendente. Esa sonrisa que lograba que varias arruguitas se marcasen en cada extremo de sus ojos mientras se entrecerraban con dulzura, y un leve movimiento de negación, o mejor dicho incredulidad, se forjaba en su cabeza. Esa misma sonrisa que podía luchar en batalla contra el atardecer que ya empezaba a producirse, y que saldría vencedora sin dudas.
—¿De verdad? —volvió a cuestionar dando por afirmativa aquella respuesta sin palabras, sin poder evitar contagiarse de su sonrisa.
—Me cuesta confesarlo, pero sí. Puedo considerarme una de tus fans. Y por ello, exijo que seas feliz, y no que finjas serlo.
—Quinn, yo… —desvió de nuevo la mirada hacia el frente.
—Hemos estado a punto de perdérnoslo —interrumpió la rubia tras descubrir como el sol ya comenzaba a posarse sobre el horizonte—. No me lo habría perdonado. Tres horas de ruta para nada.
—¿Me habías traído aquí para ver el atardecer? —cuestionó sin dejar de sorprenderse. Y, a decir verdad, era algo que ya empezaba a agobiarle. Todo lo que hacía o decía Quinn le provocaba algún tipo de sorpresa.
—Estás en esta isla para vivirla, no podía dejar pasar algo como esto —respondió sin apartar la mirada del horizonte, y Rachel la imitaba.
Ver como a cada minuto, a cada segundo, el mar iba permitiendo que el sol se bañara en él, era un espectáculo que no quería perderse.
—Al final, voy a tener que agradecerle a Jesse que quisiera utilizarme para sus vacaciones.
—¿Utilizarte? —preguntó Quinn curiosa.
—El 14 de febrero. San Valentín. Jesse y yo salíamos de cenar de un restaurante. Por supuesto, había fotógrafos en la puerta y Marco, su chico, también estaba con nosotros, pero él siempre pasa desapercibido. Unos fotógrafos le preguntaron si me había regalado algo por San Valentín y él dijo que nos íbamos de vacaciones a las Maldivas. Pensé que lo había dicho para evitar que siguiesen preguntándole, pero para mi sorpresa, cuando llegué a casa me confesó que lo del viaje era real. Lo había organizado para pasar las vacaciones allí, por supuesto junto a Marco. Me molestó tanto que le dije que no, que no iba a ir.
—¿Y qué te dijo? —se interesó Quinn tras un breve silencio prolongado por Rachel.
—Me dijo que, si no quería ir con ellos, que él me pagaba un viaje a cualquier lugar del mundo, siempre y cuando coincidiera con su pequeña aventura —la miró dejando por unos segundos de observar el atardecer—. ¿Y sabes lo que hice? —Quinn negó y Rachel sonrió, regresando la vista al frente— Rescaté un globo terráqueo que tengo en mi estudio, y busqué la isla más recóndita que podía ver en aquel instante. La más alejada de mi en aquel instante. Y apareció La Digue.
Le dije que esta isla era donde quería venir, sin siquiera saber que había aquí o qué me iba a encontrar. Actué por impulso y le exigí pasar aquí los 15 días, y tener la oportunidad de visitar todo lo que pudiese visitar. De tener un guía a mi disposición y no preocuparme por nada que no fuese preparar mi maleta y volar hasta aquí. Ese mismo día, Jesse llamó a vuestro hotel e hizo la reserva así, sin más. No le importaba cuanto le iba a costar, lo único que quería era que yo estuviese en una playa paradisiaca, y por supuesto, no sentirse culpable por haberme utilizado.
—Oh… Así que fue Jesse quien llamó… —balbuceó recordando perfectamente la interrupción que sufrió aquel día por culpa de la llamada de Rick, el gerente del hotel, a Spencer, justo cuando ambas compartían jacuzzi.
—Daba igual que estuviese a 14.000 kilómetros, en otro continente y tener que tomar avión y barco para llegar hasta aquí. No pensé en nada, solo en que se había pretendido que me fuera con ellos sin siquiera preguntarme antes. Estaba realmente enfadada.
—Yo también lo estaría. Aunque hay algo que no comprendo.
—¿El qué?
—¿Por qué quería que estuvieses tú también en la playa? Si no estáis juntos, no os van a sacar fotos juntos en la playa.
—Todo está perfectamente planeado. Él me envía fotos en la playa y yo las publico en mis RRSS…Y él hace lo mismo con las que yo le envío. Sé que es patético, sobre todo, porque hacerte fotos como si estuvieses acompañada, es realmente triste. Pero tengo que hacerlo hasta que regrese.
—¿Qué pasará cuando regreses? —la interrumpió de nuevo.
—Mi intención es acabar con todo este circo, aunque lo cierto es que ya nadie nos va a creer. Esta mañana han publicado una serie de fotos en las que salía él y Marco jugando en la playa, y ha quedado demasiado evidente que algo sucede. De ahí que haya tenido una reunión urgente con mi agente. Vamos a intentar solucionarlo en estos días, con más publicaciones y esas cosas, pero dudo que se lo crean. Es tan patético.
—Supongo que es lo mejor. ¿No? No te beneficia en nada todo ese circo, Rachel —murmuró centrando la mirada en los últimos rayos de sol. Y eso mismo hizo la morena, que decidió mantenerse en silencio mientras duraba aquel momento mágico. Fue justo cuando el sol desapareció, cuando volvió a hablar, pero fue Quinn quien lo hizo.
—¿Qué haces esta noche?
—¿Esta noche? ¿Por?
—Me gustaría invitarte a cenar. No como guía del hotel, sino algo personal. O sea, yo…—balbuceó regresando la mirada a ella.
—Pues me encantaría —sonrió—, pero tengo algo que hacer. Sé que te vas a sorprender, pero me veo obligada a ver un estúpido partido de futbol americano esta noche.
—¿Futbol americano? Esa es la peor excusa que me han puesto —sonrió divertida—. Ni siquiera un chico me dice algo así para negarme una cita.
—No, no es una excusa, Quinn. Por eso una de mis exigencias era tener televisión con canales deportivos internacionales —respondió negando continuamente avergonzada—. Se supone que voy a estar viendo ese partido con Jesse, y tengo que publicar cosas que sucedan durante el mismo, ya sabes.
—Oh, dios… ¿Y tú sabes de futbol americano?
—¿Yo? Nada. Se supone que Jesse me va a enviar detalles para que yo los publique. Pero, si quieres, podemos salir a cenar mañana. Me apetece mucho, además.
—No, mañana no —sentenció Quinn levantándose del polvoriento e improvisado asiento—. Mañana no puedo cenar porque tengo cosas que hacer en el hotel hasta tarde, así que vamos a cenar hoy —añadió ofreciéndole la mano para que se ayudase de ella.
—¿Hoy? Pero si te acabo de decir que…
—Me vas a invitar a tu apartamento. Yo llevo la cena y te acompaño mientras vemos ese partido de futbol.
—¿Tú? ¿Tú quieres ver el partido?
—He sido animadora por cuatro años ¿Lo recuerdas? Aunque no lo creas, tengo algunos conocimientos. Al menos sé diferenciar al quarterback del halfback o fullback. Además, tú lo has dicho, es muy patético fingir que estas acompañada cuando no lo estás. Pues bien, aquí tienes la compañía.
—¿Hablas en serio? —respondió tras levantarse y quedar frente a Quinn— ¿De verdad quieres venir a ver el partido conmigo? Va a ser aburrido, Quinn.
—¿Qué mejor plan mientras estas en una isla paradisiaca, que ver un partido de futbol americano? —replicó divertida—. Además, creo que es hora de que nos pongamos al día de muchas cosas. ¿No crees?
—Pues, lo cierto es que sí. Yo te he contado lo patética que es mi vida, pero tú no me has hablado de lo increíble que es la tuya. Así que será un buen momento.
—Perfecto —sonrió con dulzura— ¿Nos vamos? Empieza a oscurecer y aún nos queda un buen trayecto de regreso.
—Claro, vamos —respondió aún sin creer que Quinn se había ofrecido a pasar con ella parte de la noche para ver un absurdo y estúpido partido de futbol americano.
—Vamos —susurró adelantándose para volver a cruzar entre los dos enormes árboles que las habían cobijado, y emprendiendo el camino de regreso.
Mientras Rachel, la observaba y se decidía a seguirla, dibujando una enorme sonrisa en sus labios, y con una sensación que jamás había tenido. Y, por supuesto, que jamás creyó que pudiese tener. Una sensación que la llevó a entender que, en aquel instante, estaba en el lugar perfecto, con la persona perfecta y que a pesar su desesperante dramatismo al introducirse por primera vez en un mundo distinto al que ella habitaba, era capaz de seguirla allá donde quisiera. Sin temor a nada ni a nadie.
