Capítulo 9
Dia 5
—¿Eso es un touchdown?
—No, Rachel eso es un kickoff. Es el retornador el que tiene que atrapar ese balón y hacer el touchdown, pero me temo que no va a llegar ni a recorrer dos… ¡ahí está! —interrumpió la explicación tras ver como el jugador que trataba de avanzar por el campo con el balón entre sus manos, era bloqueado por varios del equipo rival—. Ni siquiera ha logrado avanzar dos yardas. Es muy malo.
—¡Pues vaya! —se quejó Rachel— Esto es un aburrimiento. ¿Cuándo diablos voy a poder tuitear mi… ¡Adelante Giants!?
—Espero que pronto, porque los Colts les están dando una paliza —respondió Quinn tras darle un nuevo sorbo a la botella de cerveza que mantenía entre sus manos.
El cómodo sofá de la habitación de Rachel era el lugar elegido para pasar aquella velada de futbol americano en la isla.
Rachel miraba de vez en cuando a Quinn para cerciorarse de que, realmente, aquella estrambótica situación se estaba llevando a cabo.
Habían cenado allí mismo, gracias al perfecto menú del restaurante del hotel, y casi dos horas después, cuando el reloj marcaba las 01:34 de la madrugada, ambas veían el partido que se estaba jugando en plena tarde neoyorkina, bebiendo cerveza como si realmente se hubieran citado en un bar a ver el partido.
Era algo tan inusual, que no solo Rachel se detenía a mirar a Quinn para convencerse de lo que estaban haciendo, sino que la rubia también miraba de vez en cuando a Rachel. Sobre todo, cuando creía que el equipo al que estaba animando incondicionalmente, los Giants de Nueva York, anotaban un touchdown. Sin embargo, las miradas de Quinn no eran de incredulidad o para realmente aceptar que estaba viendo un partido de futbol americano, después de 4 años sin hacerlo, solo por ella. Lo que realmente le llamaba la atención y pasaba por su mente, era creer todo lo que Rachel estaba haciendo por cubrir a Jesse. Algo que, muy a su pesar, no creía que el chico mereciese.
Nadie con un poco de sentido común, permitiría que su mejor amiga tuviese que sacrificar su vida social durante todo un año, por evitar que un par de paparazis gritasen a los cuatro vientos que eres homosexual. No en pleno siglo XXI, donde ser homosexual estando en el mundo del cine o del teatro, o de cualquier otro arte, no era ningún paso hacia atrás. No era el primero, y por supuesto no iba a ser el último actor gay.
Sin embargo, allí estaba Rachel. Adoptada por dos gays, compartiendo apartamento durante muchos años con dos de sus mejores amigos, Kurt y Santana, ambos homosexuales, y viviendo toda su vida en una continua lucha, por demostrar que no había nada malo en tener otra orientación sexual, recibiendo multitud de insultos por pertenecer a su propia familia. Y, sin embargo, prestándose al juego de ser la tapadera de un chico, que en su momento la ridiculizó. El mismo chico que supuestamente estuvo enamorado de ella, y que ahora hacía su vida junto a otro chico, olvidándose por completo de la felicidad de quien, por él, y por un poco de fama, estaba sacrificándose y mintiendo a toda una generación de incondicionales fans.
No le gustaba en absoluto que así fuese, pero Quinn sintió que no podía dejarla sola en aquella situación. Menos aun estando en una isla, a más de 14.000 kilómetros de su hogar, de su hábitat natural, y, por supuesto, sintiendo ella esa necesidad de poder pasar tiempo con alguien que no fuese Spencer o Adam.
Nadie le podía negar que la llegada de Rachel supuso un soplo de aire fresco para ella, que hacía ya algunos meses sentía la necesidad de reencontrarse con sus amigos y familia.
—¡Qué horror! Y Jesse sigue sin dar señales de vida. ¿Cómo diablos quiere que escriba cosas si él no me dice nada? —volvió a quejarse— Lo hago por él y así se interesa. Es un estúpido.
—Escribe que estás viendo el partido y ya está. Dudo que nadie se preocupe por leer muchos comentarios tuyos acerca del mismo. De hecho, realmente me parece un plan pésimo. Podrías poner ¡adelante Giants! Mientras bailas en la discoteca del hotel, y nadie sabría que no estás viéndolo…
—Lo sé, pero soy así de imbécil y me comprometí a llevarlo a cabo.
—Eres demasiado buena.
—¿Y si subo una foto? —la cuestionó girándose hacia ella.
La confianza y la comodidad de estar con Quinn, le permitió poder pasar aquella velada tumbada sobre el costado del sofá que ocupaba, olvidándose por completo del protocolo que solía mantener cuando estaba en compañía de alguien. Y no fue la única. Quinn también optó por la comodidad, y ni siquiera Rachel le prohibió que sus pies descalzos quedasen apoyados sobre una pequeña banqueta sin respaldo, que formaba parte de la decoración del apartamento, y que era perfecta para aquella postura.
—¿Una foto? Te recuerdo que aquí no está Jesse, y yo, por suerte, no me parezco a él.
—Por suerte —respondió Rachel sonriente—. Si fueses él, no permitiría que tuvieras los pies ahí —señaló divertida.
—¿Te molesta? —cuestionó rápidamente, haciendo el intento de apartarlos de la banqueta.
—No, en absoluto. Tus pies son bonitos, los puedes poner donde quieras, incluso en el sofá si estás más cómoda. A Jesse no se lo permitiría porque sus pies son feos. Aunque lo cierto es que todos los chicos tienen los pies feos. Nunca los miro cuando están descalzos —confesó provocando la risa en Quinn, que negaba insistentemente con su cabeza, presa de la incredulidad de las palabras de la morena.
—Son pies, nada más.
—Si Quinn, son pies, pero suelen ser enormes…Y tienen pelos ¡puag! No me gustan… Prefiero los tuyos mil veces. Estaría dispuesta hasta darte un masaje.
—Ok. Tomaré nota por si algún día…
—Te lo doy si hace falta —la miró convencida interrumpiéndola— ¿Quieres que te lo dé ahora?
—¿Qué? No, claro que no. Rachel ahora lo que tienes que hacer relajarte y mirar el partido. Ya otro día hablamos de masajes —respondió regresando la mirada hacia la pantalla.
—Ok…Te tomo la palabra —añadió recuperando la postura inicial— ¿Entonces? ¿Crees que debería hacerme una foto y enviársela?
—Dame tu teléfono —dijo Quinn rápidamente—. Acabo de tener una buena idea.
—¿Qué idea? —preguntó entregándole el teléfono que mantenía entre sus manos desde que comenzó el partido, hacía ya 30 largos minutos.
Quinn no respondió. Tomó el teléfono y tras activar la cámara, comenzó a enfocarla.
—Vamos…No me mires a mí, mira el partido. Finge que te lo estás pasando bien y ya está. Jesse tendrá una foto tuya viendo el partido y la publicará. Todos creerán que estáis juntos.
—Ok, ok... ¡perfecto! —exclamó lanzando la mirada hacia la pantalla de televisión.
—Pero sonríe un poco. Si te pones tan seria jamás creerán que estás disfrutando de una velada de partido junto a tu querido novio.
—Ok…ok —esbozó una falsa y enorme sonrisa que incluso provocó la sorna en Quinn— ¡Vamos…Colts! ¡Vamos a por ellos! —exclamó tratando de mostrarse entusiasmada para cuando Quinn tomase aquella instantánea. Y así fue. La rubia aprovechó aquel momento de exaltación ficticia para capturarla con la cámara del teléfono, y Rachel quedó inmortalizada mientras animaba sin parar.
—¿Ha salido bien? —cuestionó lanzándose literalmente sobre la rubia para observar la pantalla de su teléfono.
—Sí, aunque menos mal que las fotos no tienen sonido.
—¿Por? Me habían oído animar, sería más creíble. Debería subir algún video o…
—¿Animando a los Colts? —respondió sonriente.
—Oh Dios. ¿No son los nuestros?
—Indianápolis, Rachel. Los Colts son de Indianápolis. Tú vas a los Giants de Nueva York.
—Mmm, cierto. Pero, ¿sabes qué? Me da igual —dijo arrebatándole el teléfono y recuperando su posición en el sofá— No me interesa ninguno de los dos equipos. Bueno, miento…Hay un chico de los que van de blanco que sí me gusta. Por él no me importaría ir incluso al estadio —sonrió traviesa.
—¿Ah sí? ¿Cuál de ellos?
—El número cinco, es muy guapo… ¿No te has fijado cuando se ha quitado el casco?
—Mmm, el cinco…No sé quién es, no me he dado cuenta.
—Pues es el único que merece la pena para ver el partido —añadió entre dientes.
—Pues ya sabes.
—¿Ya sé qué?
—Rachel, eres famosa, basta con que lo quieras, para poder conocer a quien te propongas. Apuesto a que habrá muchos eventos a los que acudan esos jugadores.
—¡Ya claro! —la miró alzando las cejas— Y me acerco y le digo… ¡Hola!, soy Rachel Berry. Vi tu partido contra esos tipos de azul, y me gustó mucho ver como lanzabas el balón. Ah, y creo que eres muy guapo y me encantaría salir a cenar contigo, pero antes de eso, tienes que prometerme que nos vas a decir que mi supuesto novio, conocido por todo el país, es gay. Y solo salimos para disimular.
—Oh dios… —se lamentó Quinn revolviendo los ojos— Pues deja a Jesse y haz tu vida de una vez —le recriminó— ¿Y si es el amor de tu vida y tú lo estás dejando pasar por ese circo?
—Dudo que nadie que no entienda mi mundo, sea el amor de mi vida —respondió tras enviarle la imagen a Jesse, y dejar el teléfono sobre el sofá—. Estoy condenada a estar sola mientras dure todo esto, y luego… ¿Quién va a querer salir conmigo? Da igual que sea famosa, Quinn, sigo siendo Rachel Berry, la misma del instituto. Tengo el mismo talento y los chicos me siguen tratando de igual manera. Bueno, los chicos y las chicas, porque esa es otra…
—¿Qué? —balbuceó Quinn tras esperar a que continuase con aquel monologo que había terminado dejando en el aire, justo en la parte más llamativa y curiosa— ¿Chicas?
—Eh…sí, chicas —la miró despreocupada—. Ni siquiera tengo suerte con las chicas…Soy un desastre con el amor, Quinn.
—Espera…espera —se reincorporó— ¿Has salido con chicas? ¿Tú?
—Eh…Bueno, salir, salir no, pero…No sé Quinn, ya sabes como es este mundo.
—Pues no, no lo sé —respondió rápidamente —. Yo solo sé, o mejor dicho sabía, que a Rachel Berry le gustan los chicos, y si son jugadores de futbol y con músculos, mucho mejor —bromeó recordando el historial amoroso de la chica—. A las pruebas me remito —añadió señalándola televisión—. Pero no tenía ni idea de que las chicas fuesen una opción también para ti.
—Quinn, cuando estás en ese mundo, conoces a mucha gente, tienes compañeras de estudio, y sientes esa necesidad de experimentar. Que se yo, supongo que todo el mundo termina, o al menos piensa en saber cómo es estar con otra persona de tu mismo sexo. Yo no soy diferente a los demás, y Dani es bastante atractiva.
—¿Dani? ¿Qué Dani? ¿Dani…Danielle? ¿Te has acostado con Danielle?
—Hey…Tranquila, solo fue una vez cuando estaba en mi último año de NYADA…Y ya nunca más se repitió —tomó aire—. Aunque ahora daría lo fuera por tener algo así —masculló de manera casi imperceptible.
—¿De veras? —cuestionó sorprendida— Oh dios… ¿Y no nos lo dijiste?
—¿Por qué te lo iba a tener que decir? —replicó tratando de defenderse— Solo fue una vez, y ni Dani ni yo estábamos interesadas en contar nada. Yo también sé guardar secretos, como tú.
—¿Yo? ¿Qué secretos guardo yo? —le preguntó incrédula.
—Quinn…No me hagas hablar.
—¿Qué? No, vamos, ahora dime qué secretos guardo yo que no haya podido o querido decirte, porque te aseguro que no vas a encontrar muchos. De hecho, creo que no vas a encontrar ninguno, al menos que yo recuerde y que…
—No boda de Will y Emma —interrumpió segundos antes de dar un sorbo a su cerveza y regresar la mirada de nuevo hacia Quinn, que se había quedado en completo silencio— Santana…tú…hotel...
—Oh dios —se dejó caer de nuevo sobre el respaldo tras palidecer—. Santana es una bocazas.
—No, no fue Santana quien me lo dijo, fue Britt cuando vosotras se lo confesasteis.
—¿Qué? No…no, ¡Dios! —volvió a lamentarse al tiempo que negaba constantemente con la cabeza.
—Tranquila Quinn, jamás te juzgaría por no querer contarme algo así. Supongo que será algo que no querrás recordar.
Confusión.
Quinn volvió la mirada hacia Rachel mostrando una confusión en su rostro que no necesitaba palabras para describirla. El cejo fruncido era más que suficiente para Rachel, que volvió a hablar.
—Es lógico, quiero decir…Te acuestas con tu mejor amiga en la celebración de una boda, probablemente con litros de alcohol en tus venas, dudo que quieras recordar una experiencia así.
—¿Qué dices? —la cuestionó— ¿Insinúas que me arrepiento de aquello?
—¿No lo haces?
—Pues no. Lo que me da rabia es que Britt lo haya contado cuando se supone que era algo de nosotras tres —aclaró —¿Por qué me iba a arrepentir? ¿Te arrepientes tú de haber experimentado con Danielle?
—Eh…No, aunque la verdad tampoco fue para tanto. Quiero decir, hubo algunos besos y bueno, básicamente yo no hice nada. Se encargó ella de…ya sabes.
—Entonces ¿Por qué tengo que arrepentirme yo de haberme acostado con Santana, cuando fue algo que viví y disfruté?
—¿Disfrutaste? —preguntó curiosa— ¿De veras?
—Eh…pues sí.
—¿Lo volverías a hacer con ella?
—¿Con ella? No —fue clara—, pero eso no significa que no lo volvería a hacer si regresase a esa situación, a aquel día.
—Pero…Quinn, es tu amiga —balbuceó casi sin comprenderlo— ¿Cómo puedes querer acostarte con ella? O, mejor dicho, quisiste acostarte con ella. ¿Te gustaba?
—No, a ver…Evidentemente algún tipo de atracción tiene que haber para que des ese paso con una amiga. Y sé que puede resultar grotesco, pero no sé, surgió así y…fue bien. No me arrepiento, y encima tuve mi primera experiencia con una mujer con alguien que realmente es de confianza. No sé, es algo que me sumó, en vez de restarme. Ha habido chicos con los que he estado y luego me he arrepentido por diversos motivos, pero con ella fue diferente. Fue diversión.
—No…no sé —murmuró pensativa, regresando la mirada hacia la televisión—. Yo nunca he pensado en algo así. No sé, jamás me lo había planteado.
—Si solo es diversión, ¿por qué no? Quiero decir, no es algo que contemple hacer con todas mis amigas, pero a veces existe esa persona con la que no te importa, con la que puedes llegar a tener esa confianza y…No es un problema, ni ético ni moral. Al menos bajo mi punto de vista. Solo es sexo.
—Yo si estoy de acuerdo en que el sexo se puede disfrutar sin que exista algo más personal, pero…No sé, nunca lo había pensado de ese modo con una…amiga —musitó.
—Dime… ¿Con cuántos chicos…o chicas —añadió aún sin creerlo—, has estado desde que tienes montado ese circo con Jesse? ¿Y con cuántos de ellos te has sentido con plena confianza de que te van a cubrir y no te van a delatar?
Rachel se mantuvo en silencio por varios segundos, tratando de encontrar las palabras adecuadas a aquella pregunta mientras seguía inmersa en su lucha por encontrar lo bueno, en el hecho de mantener relaciones con una amiga.
—Con ninguno, ya te lo dije. No ha habido nadie en mi vida desde que dejé a Brody.
—No hablo de relaciones, hablo de sexo, Rachel. Supongo que habrás estado con alguien en este tiempo. Alguna noche, no sé.
Volvía el silencio, esta vez acompañada de la mirada llena de vergüenza de Rachel.
—¿Rachel? —masculló Quinn ante el mutismo de la morena.
—No he estado con nadie desde hace un año y medio —sentenció logrando que Quinn la mirase completamente absorta, manteniendo la botella de cerveza en el aire segundos antes de acercarla a sus labios. El tiempo parecía haberse detenido en ella y Rachel la miró avergonzada—. Quinn, como comprenderás, que no puedo meter a nadie en mi cama si todo el mundo cree que mi novio es Jesse —dijo a modo de excusa—. Si me meto en ese tema, no puedo fallar.
—Pero…
—No hay peros, Quinn. No puedo confiar en nadie. ¿Entiendes? ¿Qué sucede si me acuesto con algún chico, se entera de la verdad de Jesse y termina vendiéndose? Ofrecen mucho dinero, Quinn, es difícil resistirse a esa tentación… Y sí, al final soy yo la perjudicada porque no puedo pasármelo bien ni siquiera una sola noche, pero tengo que ser responsable. No seré yo quien fastidie todo.
El silencio de Quinn se prolongaba mientras Rachel, seguía dando motivos para refutar el por qué su vida sexual era un completo desastre. Motivos todos inducidos por el circo mediático de su relación con Jesse, y dejando entrever que realmente echaba de menos el sexo. Algo lógico y natural después de un año y medio.
—No me mires así —le recriminó al tiempo que se levantaba del sofá— ¿Quieres una cerveza?
—Eh…no —reaccionó al fin—, aún tengo en la botella.
—Ok… —balbuceó mientras se adentraba en la pequeña cocina ante la atenta mirada de Quinn. Una mirada que no dudó en desviarse por su espalda hasta centrarse en los ajustados shorts negros que Rachel vestía aquella noche, y que la dejaron hipnotizada incluso cuando ya no podía verla.
—¿¡Sabes que es lo que tú necesitas!? —masculló la rubia tras recuperar el habla y ser consciente de la situación que estaba viviendo Rachel.
—¿El qué? Y no me hables de juguetes eróticos, porque no me vas a enseñar nada nuevo. Soy una mujer adulta. No habré tenido chicos en mi cama en el último año, pero no soy estúpida, ni de piedra… —respondió desde el interior de la cocina, provocando una sonora carcajada en Quinn que tuvo que silenciar forzadamente.
—No, no…no hablo de eso…Aún.
—¿Aún? —cuestionó apareciendo de nuevo en la sala principal.
—Aún, aunque por lo que me cuentas, es una conversación innecesaria. Yo hablo de que tienes una opción mucho más interesante, pero acabas de criticarla.
—¿Criticarla? ¿Qué he criticado yo?
—Tú lo que necesitas en un amigo con derecho.
—¿Con derecho? —cuestionó apoyándose en el quicio del arco que separaba la cocina del salón principal— ¿Con derecho a qué?
—Rachel, con derecho a roce —aclaró con la evidencia marcando su tono y el movimiento de sus cejas—. Necesitas a alguien en quien confiar lo suficiente como para divertirte, y no temer porque pueda hundir esa mierda de circo o romance, como quieras llamarlo.
—¿Y crees que no lo sé? —respondió rápidamente— Claro que lo sé, pero no te paras a pensar que yo no tengo ese tipo de amigos…O amigas —añadió orgullosa—. No soy como tú. Tú al menos puedes confiar en Santana y puedes acostarte con ella sin que ello te suponga un trauma, pero yo… ¿Con quién? ¿Emborracho a Tina para que acepte? ¿Se lo pido a Kurt? —ironizó— Estoy segurísima de que él estaría encantado de estar con una chica por primera vez en su vida…Y ser yo esa chica —replicó mientras regresaba al sofá y se dejaba caer en él—. Soy un desastre Quinn, ni siquiera sirvo para algo así… ¡Ah! y por supuesto, ni lo pienso con Danielle como opción posible. Dudo que su novio lo acepte.
—¿Estarías dispuesta a acostarte con Tina? —cuestionó curiosa.
—No, ni hablar —fue clara—, pero tú has dicho que necesito a alguien de confianza y a parte de ella, Kurt o Santana, pocas personas tengo cerca de mí en quien confiar.
—¿Lo harías con Kurt?
—Mmm —la miró con un leve gesto de desaprobación dibujando su rostro—, creo que no.
—¿Y con Santana?
—¿Con Santana? —se mostró pensativa— No sé. Quizás con ella sí. Además, por lo que has dejado entrever, no debe estar tan mal.
—¿Por qué con Santana sí y con Tina no? Ambas son tus amigas.
—Sí, pero es diferente —remarcó tras un nuevo sorbo de la cerveza—. Santana es como, no sé, digamos que tiene un atractivo diferente. Quizás podría centrarme solo en eso y olvidar que es mi amiga, porque con Tina sería imposible. Solo vería a mi amiga…
—¿No hay nadie más que tenga ese atractivo y te genere confianza?
—Eh…sí —sonrió divertida.
—¿Quién?
—Tú.
—¿Yo? —masculló sorprendida— ¿Te resulto atractiva para llegar a ese extremo conmigo?
Una carcajada estuvo a punto de hacerle expulsar el sorbo de cerveza que acaba de dar, y que aún mantenía en su boca. No por lo que había preguntado Quinn, sino por cómo lo había hecho.
El tono de voz, mezcla de orgullo e incredulidad, logró mostrarle a una Quinn que nunca había visto. Que ella misma dudase de su poder atractivo era algo lógico y normal, al fin y al cabo, seguía siendo Rachel Berry y jamás había tenido ese imán para atraer a quien se propusiese. Pero ese problema nunca lo había tenido Quinn.
—¿De qué te ríes? ¿Era broma?
—No, claro que no —respondió Rachel recuperando la compostura—. Me rio porque resulta irónico que tú me preguntes si resultas lo suficientemente atractiva como para tener sexo contigo. En todo caso, sería yo quien tendría que haber preguntado eso.
—Entonces… ¿Sí te resulto atractiva?
—Quinn —la miró con claros signos de evidencia— ¿De verdad me preguntas eso? Pues claro que eres atractiva. De hecho, eres una de las chicas más atractivas que he conocido en mi vida…Y te aseguro que he conocido a muchas.
—¿Te acostarías conmigo? —añadió la rubia sin dejar de mirarla, con una sonrisa que cambió radicalmente la actitud de Rachel. Un breve silencio fue suficiente para enrarecer el ambiente y crear una tensión que no había existido a lo largo de la noche.
—Eh… ¿Me…me estás hablando en serio? —masculló sin poder leer bien el gesto que Quinn le regalaba.
—Claro. Quiero saber si yo tengo ese atractivo, lo suficientemente importante, como para que dejases a un lado nuestra amistad y aceptaras acostarte conmigo por pura diversión.
—Quinn —volvió a interrogarla con la mirada—, no me puedes estar preguntando esto. ¿Tú estarías dispuesta a acostarte conmigo?
—Mmm —tragó saliva tras ver que en su botella de cerveza no quedaba nada— ¿Por qué no?
Las palabras mágicas.
Aquella respuesta fue lo suficientemente desconcertante para Rachel como para lograr que su mente se paralizara, y no pudiese responder tan rápido como debía para no quedar como idiota tras aquel comentario. Quinn se mostraba tranquila, o al menos eso aparentaba, y esa tranquilidad maquillaba lo que parecía ser una absoluta y apabullante sinceridad. Y Rachel no lograba asimilarlo tan rápido.
—¿Puedo tomarme otra? —rompió el silencio tras mostrarle la botella de cerveza vacía.
Rachel se limitó a asentir a modo de respuesta, y la rubia no tardó en abandonar el sofá para acercarse hasta la nevera que había en la cocina, y adueñarse de una de las cervezas que, a conciencia, Rachel había pedido del servicio de habitaciones para aquella velada.
Y aquel gesto de abandonar la sala, al igual que minutos antes le había sucedido a Quinn, terminó con los ojos de Rachel posándose en el trasero de la rubia, y logrando que un intenso rubor se apoderase de ella. Obligándola a tomar el mayor sorbo de cerveza que había bebido en toda su vida. Tanto que incluso le costó tragar.
—¿Qué dices? —volvió a cuestionar Quinn sacando de sus pensamientos a Rachel, ocupando ahora ella el lugar privilegiado que le ofrecía el umbral de la entrada de la cocina— ¿Tendrías sexo conmigo?
Volver a escucharla hizo reaccionar a Rachel, que entendía que Quinn estaba realmente interesada en escuchar su respuesta. Y evidentemente, era una respuesta positiva.
—Quinn —balbuceó tras tomar una gran bocanada de aire y desviando la mirada hacia el televisor—, dudo que haya nadie en este mundo que se niegue a pasar una noche contigo. Muy ciego o ciega tiene que estar.
—O sea —se acercó de nuevo al sofá donde volvió a tomar asiento—, que, si buscaras una amiga con derecho a roce, yo estaría entre las opciones. ¿No es cierto?
—Eh…pues supongo que sí —volvió a mirarla.
—Pues que bien —sonrió divertida—, porque yo busco a una amiga con derecho a roce…Y tú eres una de mis mejores opciones —musitó desorientando por completo a la morena.
Rachel no supo comprenderlo, pero de repente la cerveza dejó de estar helada y se convirtió en fuego que descendía por su garganta. Tanto que incluso decidió dejar de beber para asegurarse de que lo que había odio, no era producto del alcohol haciendo estragos en su cabeza— ¿Qué? —masculló Quinn al ver como Rachel se limitaba a mirarla sin hablar—. Llevo casi 6 meses sin sexo, Rachel —añadió—. Yo también soy humana.
—Quinn… ¿Esto…esto es una proposición seria o estás hablando de un hipotético caso?
—Ok —se recompuso en el sofá tras varios segundos en silencio—, igual suena un poco depravado o tal vez rudo, pero es cierto. Quiero decir, sé lo que es eso, sé lo que es estar con alguien en quien confías plenamente y por quien sabes perfectamente que no llegarás a sentir nada que pueda complicar la amistad. Y, pues no sé, creo que tú podrías cumplir esos requisitos perfectamente. Además, existe tensión entre nosotras.
—¿Tensión?
—Vamos Rachel, no me vas a negar que durante toda nuestra vida ha existido esa tensión sexual entre nosotras. Y hace un minuto me acabas de mirar el culo. Eso dice mucho.
—Lo dirás por ti —murmuró confusa—. Eras tú quien me dibujaba con posturas eróticas en el baño, no yo. Y si te he mirado el trasero es por pura inercia, porque has pasado delante de mí con esos pantalones y…
Una traviesa sonrisa se dibujó en los labios de Quinn tras escuchar la absurda excusa de la morena presa de los nervios, y la cantidad de veces que se había encargado de recordarle que era ella quien la dibujaba en los baños, casi de manera obsesiva, incluso cuando ya lo había olvidado.
—¿De qué te ríes? Estamos hablando de algo muy serio, Quinn.
—Ok… No estas preparada para algo así —interrumpió rápidamente, desconcertando aún más a la morena.
—¿Qué? ¿Por qué dices? Yo no he dicho que no.
—Rachel, tener una amiga o un amigo con derecho a roce, desvincula la palabra "serio" de las relaciones sexuales. Es algo para divertirse, es algo para olvidarse de lo demás y disfrutar con la otra persona. Y si haces referencia a ese término, es que realmente no entiendes lo que pretendo decirte, o no estás preparada para algo así. Si me acuesto con una amiga o alguien de confianza, es para que se lo tome igual que yo. Pero me temo que tú no vas a hacer algo así.
—¿Crees que no soy capaz de tomarme el sexo por diversión? Quinn, seré Rachel Berry, tendré muchas cosas de mi adolescente y ególatra personalidad, pero te aseguro que he madurado en ese aspecto. No tengo problemas con tener sexo durante una noche y no involucrarme de una forma más personal o emocional en eso. Lo que realmente me preocupa es que entre dos amigas puedan romperse las cosas por un calentón. ¿Entiendes?
—Ok…Entiendo.
—Aun así… —dejó escapar sin apenas pensar.
—¿Aun así qué?
—Pues que el hecho de que Quinn Fabray esté dispuesta a acostarse conmigo, en mi situación, y por las buenas referencias que los chicos a lo largo de los años se han encargado de dejar de ti, suena demasiado tentador como para rechazarlo.
—¿Hablas en serio? ¿Es una fantasía o un pensamiento real?
Dudó sabiendo que su respuesta iba a meterla de lleno en un callejón sin salida, pero realmente empezaba a sentirse cómoda hablando de aquella situación, y de probar algo completamente nuevo con quien hasta en aquel instante, había sido su mayor ejemplo a seguir respecto a seguridad en sí misma y capacidad de seducción.
—¿Tú quieres de verdad?
—Sí. De hecho, me encantaría —respondió Quinn rápidamente.
—¿En serio?
—Sí, Rachel. Me pareces jodidamente sexy. ¿Por qué no iba a querer vivir esa experiencia contigo? Yo ya no soy la misma Quinn del instituto.
—Ya, ya veo…—susurró provocando un silencio en el que las miradas entre ellas se sucedieron, y un par de sonrisas traviesas comenzaron a dejarse ver en sus labios.
—Rachel, solo te lo voy a decir una vez, porque no me gusta insistir en este tema, pero quiero que lo tengas realmente en cuenta —musitó tras dar un pequeño sorbo a la cerveza—. Si, si te apetece pasar una noche de sexo sin compromiso en la isla, y yo estoy entre tus opciones… Solo tienes que decírmelo. Será todo un placer para mi —sentenció y el escalofrío se adueñó del cuerpo de la morena. Que no pudo evitar dejar escapar un leve suspiro mientras humedecía sus labios con la cerveza, y fijaba su mirada en ella—. Prometo que no te arrepentirás.
—¿Cuándo? —soltó sorprendiendo a Quinn.
—¿Cuándo qué?
—Que me digas cuando estarías dispuesta a vivir esa experiencia conmigo.
—Ya te lo he dicho. Cuando tú desees.
—Eh, Quinn, yo no me voy a decidir nunca a algo así, si lo tengo que pensar con tiempo. Me partiría la cabeza.
—Pues es absurdo. Ya te he dicho que si te apetece…
—Pídemelo tú.
—¿Qué?
—Lo que oyes. Cuando te apetezca, dímelo.
—¿Yo? —cuestionó divertida— Rachel, acabo de decirte que soy humana, que llevo casi seis meses sin tener sexo, y tú estás ahí, mirándome así…
—No, no te estoy mirando de ninguna manera que no…
—Rachel —la interrumpió tras notar como el rubor se adueñaba de sus mejillas y desviaba la mirada hacia el suelo—, si por mi fuera, mandaba a la mierda ese partido de futbol aburridísimo ahora mismo, y empezaba a divertirme de verdad.
—¿Ahora? —balbuceó Rachel interrumpiéndola, sintiendo que los nervios empezaban a devorarla y no era capaz de detenerse— ¿Estarías dispuesta a hacerlo ahora?
—Carpe diem —susurró Quinn con aquel tono de voz sensual y grave que solía utilizar cuando lo racional de su cabeza se esfumaba, y solo quedaba lo irracional, el deseo—. Es una de las cosas que he aprendido desde que estoy en este paraíso. Vivir el momento.
—Ok.
—Ok ¿qué? —cuestionó tras ver como de nuevo, Rachel la interrumpía.
—Eso, eso que dices —balbuceó con dificultad—. Carpe diem —añadió y Quinn no pudo evitar sonreír sorprendida.
—¿Hablas en serio?
—Sí. Tú lo has dicho, ese partido de futbol es aburridísimo… Creo que podríamos sacarle mas diversión a la noche.
—Eh, ¿lo dices en serio? ¿Quieres divertirte esta noche conmigo, Rachel?
—Pues…
