Capítulo 10

Solo amigas

—No…No te vayas, Quinn —la detuvo tras su décima excusa acerca de la decisión que acababa de tomar y que aún no se atrevía a llevar a cabo.

—Escúchame Rachel, no tiene sentido que sigas así. De verdad, no pasa nada. No voy a forzar algo que no sabes si quieres o no.

—Pero si quiero —masculló mordiéndose las uñas—. O sea, cada vez estoy más convencida, pero tengo algunas dudas…

Dudas y respuestas.

Casi una hora estuvieron debatiendo si mantener relaciones sexuales con alguien que era tu amiga, podría provocar o no la ruptura de esa amistad. Sin contar con la extraña sensación que le producía a Rachel mirarla como algo más que alguien a quien admiraba.

Para Quinn no resultaba tan complicado. De hecho, por cada negativa o duda de Rachel, el interés empezaba a hacerse mayor en ella, hasta llegar incluso a confesarle que la simple conversación estaba provocando que sus hormonas se removieran inquietas. Aunque lo cierto es que sabía perfectamente que, en aquella situación, era prácticamente imposible que algo divertido pudiese salir de ello.

—¿Qué dudas? ¿Si va a pasar algo entre nosotras? ¿Si me voy a arrepentir y luego no querré volver a hablarte? —repitió todas y cada una de las cuestiones que le había formulado con anterioridad la morena—. No, no va a pasar nada de eso, Rachel. De veras, si algo va mal, cortamos por lo sano y aquí no ha pasado nada. Somos adultas y tenemos confianza para hablarnos con claridad.

—¿Y si me arrepiento cuando estemos…Ya sabes? Bueno no es que me arrepienta, pero puede que no me concentre lo suficiente como para disfrutarlo. ¿Entiendes?

—Entiendo y lo comprendo. Por eso mismo te digo que no tienes que forzar nada, que no pasa absolutamente nada. Ha sido una mala idea y ya está. Seguimos así, como estamos. Total, unos meses más sin sexo tampoco es tan malo, y apuesto a que cuando regreses a Nueva York y acabes con el montaje, encontrarás a alguien perfecto para eso, o para entablar una relación seria. ¿Ok? No te preocupes. Yo no me ofendo porque no…

—Dime algo —la interrumpió.

—¿Qué? ¿Qué te diga algo de qué?

—Dime que tengo que pueda atraerte, dime por qué te acostarías conmigo, hazme creer que realmente te…te excita acostarte conmigo.

—Rachel —dejó escapar con una sonrisa desesperada—, olvídalo ¿Ok? Tienes razón, nunca me vas a ver como a una chica con la que tienes confianza, sino con una amiga, y así es imposible.

—No Quinn, háblame…Dime lo que te puede excitar de mí. Solo quiero saber o, mejor dicho, entender por qué estás dispuesta a algo así conmigo. Ahora tengo ganas de probar, pero… Me tienes que, que animar. Si no es imposible.

Volvía a sonreír y volvía a desesperarse lanzando varios resoplidos que también provocaron la misma sensación de impotencia en Rachel.

—Basta…De verdad, Rachel, podría convencerte para que terminases en esa cama conmigo, pero llevamos con este tira y afloja casi una hora, y no quiero que lo hagas llena de dudas. No funciona así.

—¿Y cómo funciona?

—Pues funciona mirándome a los ojos y diciéndome, Quinn, quiero sexo. ¡Y ya está! Es así como…

—Quinn —la interrumpió decidida—, quiero o, mejor dicho, necesito sexo…Pero te pido que hagas o digas algo para que yo me meta por completo en la situación —añadió—. Esto es nuevo para mí. ¿Acaso lo hiciste así con Santana?

—No, lo cierto es que fue Santana quien tomó la decisión.

—¿Ves? —señaló desafiante— Fue ella la que te incitó de alguna forma a hacerlo, y tú no paras de decirme que tengo que ser yo quien esté segura.

—Yo estaba segura, Rachel —respondió rápidamente—. ¿Qué quieres que te diga?

—Quiero que me hables como a una chica con la que quieres acostarte, y no como a una amiga. Solo así podré decidirme si seré capaz o no. Pero nada de que soy especial, o que me tienes cariño… No, no quiero eso. Quinn, yo necesito saber que hay algo de mi que te atrae lo suficiente como para…

—Tu trasero —soltó sin pensar.

—¿Qué le pasa a mi culo? —cuestionó confusa, buscando la forma de mirarse el trasero.

—No puedo parar de pensar en tu trasero. No sé qué diablos has hecho en estos años, pero me fascina tu trasero. Es…es… ¡Dios! El otro día cuando te vi en bikini no pude evitar mirarte el trasero, y es perfecto.

—¿De veras? —se mostró sorprendida— ¿Crees que mi culo es perfecto?

Quinn se levantó del sofá, dejando la botella medio vacía sobre la mesilla, y acercándose sin contemplaciones a Rachel, que se limitaba a pasearse delante de la televisión, donde ya ni siquiera estaba el partido.

—Sí —susurró a un palmo de ella—. Y tú pecho…es…es jodidamente perfecto.

—¿Mi…mi pecho? —balbuceó mirándose a sí misma—, pero si es pequeño.

—Es perfecto —susurró colocando la palma de su mano a escasos centímetros del mismo— ¿Lo ves? Es perfecto. Y tus labios, siempre me he preguntado cómo besarías, y tus piernas…Envidio tus piernas y creo que son muy, pero que muy sensuales.

—Quinn —murmuró tensando la mandíbula.

—Deja de llamarme Quinn, puedes llamarme Lucy si eso hace que no pienses en una amiga.

—Lucy… —masculló pensativa— Hey…Eso puede funcionar.

—Claro que sí, Barbra —volvió a susurrar logrando que Rachel esbozara una media sonrisa que la delataba.

—Ok…Eso me gusta más —dijo desviando los ojos hacia los labios de la rubia—¿Qué tal…? ¿Qué tal si nos besamos? ¿Hacen eso las amigas con derecho? ¿O solo se va directamente al sexo?

—No creo que lo adecuado sea lanzarte directamente en la cama. Tendrás que averiguar si consigo excitarte antes. ¿No crees?

—Ok…Entonces, ¿nos besamos?

—Por mí…Encantada —respondió humedeciéndose los labios— ¿Estás segura de que quieres intentarlo? —cuestionó por última vez, sabiendo que no iba a poder resistir por más tiempo aquella necesidad de probar con ella.

—Solo si me prometes que no te enfadarás conmigo si decido parar… ¡Ah!, y también si me prometes que vamos a seguir siendo amigas, pase lo que pase… Ok. Esto me recuerda demasiado a una película de…

—Te lo prometo —susurró Quinn levantando la mano derecha, interrumpiéndola de nuevo—. Haré todo lo que me pidas.

—Ok. Pues adelante…Bésame —masculló cerrando los ojos rápidamente y mostrándose dispuesta a recibir los labios de Quinn sobre los suyos. Gesto que provocó la sonrisa y casi la risotada de la rubia.

Realmente no estaba segura de querer hacer aquello con Rachel. Era su amiga, al igual que Santana o Spencer en aquel momento de su vida, pero no tenía nada que ver con ellas dos. Ni siquiera la situación se estaba dando de forma parecía.

Mientras que con Santana todo surgió sin más, por culpa del alcohol y de los continuos desengaños amorosos que ambas sufrían por aquella época, con Spencer fueron las ganas de repetir la odisea y rebelarse cuando se conocieron en una fiesta privada, en París. A diferencia de Santana, Spencer se convirtió en su amiga después de haber mantenido relaciones con ella. Ninguna de las dos situaciones podría asemejarse a lo que estaba sucediéndole con Rachel. De hecho, ni siquiera sabía cómo había sido capaz de insistir y mantener la paciencia, aun viendo la resistencia llena de dudas que le ofrecía la morena.

A decir verdad, nunca se había planteado algo así con Rachel, pero no podía negar que alguna que otra vez, sus ojos la habían mirado de una forma muy distinta a como lo hacía con una amiga. Justo de la misma forma en la que aquella noche de la boda miró a Santana, o a Spencer en aquel día en el que se conocieron.

Ahora estaba allí, de pie junto al televisor, con un par de shorts que a duras penas cubrían su trasero, y una fina camiseta de tirantas negra que hacía juego con su pelo. Y la esperaba con los labios preparados para un beso y los ojos completamente cerrados, dejando una imagen más cómica, que sensual.

Lo que nunca llegó a imaginar Rachel, es que aquel supuesto primer beso en los labios a Quinn, no iba a llegar de la forma que tan repentinamente iba a suceder.

La rubia optó por otra opción mucho más efectiva para aquella situación. Y sin pensarlo, se decidió a dejar un pequeño mordisco en el lóbulo de su oreja, provocando con ello un pequeño sobresalto en la morena, que instintivamente abrió los ojos.

—¿No…no me ibas a besar? —balbuceó a escasos centímetros del rostro de Quinn.

—Shhh… ¿No es éste tu punto débil? —susurró humedeciéndose los labios— ¿O quizás es éste? —volvió a hablar segundos antes de deslizar su lengua suavemente por el cuello, logrando que todos los poros que quedaban visibles de su piel, se mostrasen ante ella perfectamente marcados.

—Oh…dios —musitó Rachel tras el intenso escalofrío que le había provocado aquel gesto.

—Ok…Esto va bien —dijo recuperando el tono sensual de su voz, completamente rota por un deseo que, poco a poco, empezaba a adueñarse no solo de su mente, sino que también lo hacía de sus actos, de sus gestos—. Te voy a besar —avisó con premeditación— ¿Ok?

—Perfecto… —musitó esta vez con los ojos bien abiertos, asegurándose de que los labios de Quinn se acercaban con descaro, y se posaban por primera vez sobre los suyos, dejando escapar apenas un leve suspiro antes de acoplarse a la perfección en su boca.

El movimiento lento y a la vez preciso, fue suficiente para enlazar varios besos completamente consentidos por ambas.

—¿Todo bien? —cuestionó la rubia tras un breve resquicio de aire entre las dos, mientras acariciaba el cuello de morena.

—No está mal —masculló centrando la mirada en los labios de la rubia, e invitándola a que retrocediera varios pasos hasta caer obligada en el sofá, donde tomó asiento sin separarse apenas de ella.

Tuvo que ser Rachel quien, en contra de todo pronóstico, ocupase la posición más activa de aquella postura, en la que las piernas de Quinn le servían de asiento.

Fueron varios los segundos en los que la rubia se dedicó a observar como todo parecía ir bien al ver el cuerpo de la morena sobre ella, metiéndola de lleno en aquella situación que ella misma había exigido para poder seguir adelante.

Las dudas en un momento como aquel traían problemas, y Rachel empezó a entenderlo tras besarla por primera vez. Por no decir que el beso fue el motivo suficiente y necesario para zanjar cualquier tipo de inquietud en ambas.

—Besas muy bien —susurró Quinn en un intento por contagiar más a su compañera, y que se excitara con aquel ambiente sensual que intentaban crear. Y lo consiguió al sentir como Rachel volvía a regalarle aquel gesto, que al parecer era su favorito para alterar sus hormonas. Esta vez, sin miedo de dejar que fuese su lengua quien se abriese camino en entre sus labios.

Fue el gesto preciso que necesitó Quinn para lanzar sus manos hacia las piernas semidesnudas de la morena, y acariciarlas sin temor, dejando que la firmeza y la suavidad de su piel, se desplazase directamente hacia su ánimo, y la sumergiese completamente en el placentero estado que ambas empezaban a sentir.

—Quinn…Si hay algo que no te guste, dímelo por favor. ¿Ok? —musitó sin detener el beso, hablando directamente sobre su boca.

—Por ahora no me quejo de nada —respondió la rubia segundos antes de atacar de nuevo sus labios, obligándola esta vez a que el acercamiento entre ambas fuese mucho más intenso y casi desesperado.

Y es que, si algo sabía Quinn, era que el romanticismo no tenía cabida en una situación como aquella, al menos no en su mente.

Cualquier palabra romántica o más tierna de lo normal, podría acabar con su concentración. No era eso lo que pretendía al tener sexo con alguien con quien solo compartía confianza y amistad, y Rachel parecía que lo entendía a la perfección. O al menos en aquellos primeros instantes así lo hizo.

—Quinn…Creo que el año sin sexo me está pasando factura —susurró sin dejar que sus labios se separasen por completo de su boca —. No es normal que me excite tanto con un simple beso.

—Yo tampoco —respondió la rubia clavando sus dedos sobre el trasero de Rachel, atrayéndola hacia ella con fuerza.

—Ok… —volvió a hablar tras recuperar la respiración por el último beso— ¿Crees que es muy rápido si te digo que quiero ir a la cama?

—No…no es nada rápido, es perfecto —respondió asintiendo rápidamente, ayudándola a que recuperase su postura y abandonase el asiento sobre sus piernas para poder llegar a la habitación lo antes posible.

Y así lo hicieron.

Apenas eran conscientes de cómo una caminaba detrás de la otra, mientras la televisión seguía encendida y las cervezas a medio beber, aguardaban sobre la mesilla.

Quinn seguía los pasos de Rachel, que parecía haberse olvidado de cualquier atisbo de duda, y caminaba decidida por el interior de la habitación. Mientras ella misma, calculaba el tiempo que había transcurrido desde que se le ocurrió la idea de recomendarle una amiga o amigo con derecho a roce, y aquel instante en el que ya había aceptado la decisión de ser ella. Apenas una hora y algunos minutos. Ese fue el tiempo que transcurrió y en el que toda su incredulidad quedaba completamente disuelta.

—Ok —habló Rachel al tiempo que se giraba y se enfrentaba a ella, con los nervios regresando de nuevo a su cuerpo, y permitiendo que la saliva humedeciese su garganta para poder continuar hablando—, normas.

—¿Normas? —balbuceó la rubia un tanto confusa.

—Nada de palabras como amor, cielo, cariño, o cosas de esas que se dicen cuando estás con tú chico o tu chica. ¿Entendido? Si hablas, que sea algo…erótico.

—No puedo estar más de acuerdo —respondió Quinn.

—Ok…Si algo no va como debe ir, lo hablamos… ¿De acuerdo?

—De acuerdo.

—Y… y….

—¿Algo más? —preguntó Quinn tras ver como se debatía en un intenso cuestionario que debía rondar por su mente y que, por culpa de los nervios, no conseguía ordenar de forma que pudiese expresarlo con claridad.

—No sé… ¿Quieres añadir tu algo?

—Mmm…No seas soberbia —susurró—, odio cuando hablan con soberbia y se creen ser mejor que nadie.

—¿Soberbia yo? Ok…Creo que no lo soy, al menos en la cama —respondió confusa— ¿Algo más?

—No, nada más…

—Bien, adelante —inquirió Rachel.

—¿Yo? Ok… ¿Quieres que de yo el…? Ok… ¡basta de idioteces! —exclamó al tiempo que se desprendía de la blusa que vestía y desabrochaba los pantalones, sin dejar de mirar a Rachel en ningún momento, que había comprendido que había llegado el momento de comportarse como una mujer adulta, y dejar las pocas dudas que quedaban en su mente a un lado.

La morena repitió los gestos de Quinn, aunque con mayor rapidez debido a su ligera vestimenta, y se quedó en ropa interior frente a ella varios segundos antes de que su amiga pudiese desprenderse por completo de los pantalones.

—Oh…Es precioso —balbuceó Rachel señalando el sujetador de la rubia, que un tanto incrédula se limitó a sonreír y a observarse a sí misma.

—Gracias, lo compré en una pequeña tienda de La Passe. Si quieres te puedo llevar cuando vayamos al pueblo.

—Genial, me apetece comprar algo de ropa de aquí —respondió quedando frente a ella, percatándose en ese instante de que ambas estaban semidesnudas y lo estaban por un motivo concreto; sexo.

—Ok… ¿Empezamos? —balbuceó Quinn reaccionando.

—Claro —tragó saliva, y fue lo último que hizo antes de sentir como los labios de la rubia volvían a adueñarse de los suyos, y tras un leve forcejeo, ambas caían sobre la cama.

Probablemente perdieron la noción de cuánto duró aquel nuevo beso que ya llevaban a cabo cuando sus cuerpos yacían y se movían inquietos sobre el colchón.

Ni las sabanas, ni la fina manta que protegía la enorme cama, fueron inconvenientes para que la comodidad las encontrase, y pudiesen acoplarse como mejor les convenía.

—Rachel… ¿Prefieres estar arriba o…?

—No, no —no dejó que terminase la pregunta—, quédate ahí. Recuerda que no soy tan experta.

—Ok —balbuceó humedeciéndose los labios, ignorando por completo que su cuerpo ya empezaba a disfrutar del pequeño cuerpo de la morena bajo ella, y como la excitación empezaba a ser demasiado intensa como para obviarla—. Rachel… ¿Estás segura de que quieres continuar?

—Sí…No hay dudas —respondió mordiéndole los labios—. Ya somos adultas y podremos manejar esto.

—Cierto —masculló tras una nueva embestida—, no somos adolescentes.

—No…Claro que no —musitó al tiempo que enredaba sus manos en el pelo de la rubia— ¿Tú quieres parar? ¿Tienes dudas?

—No, solo preguntaba para confirmarlo por última vez. A mí me…me apetece mucho hacerlo.

—Ok… Lo haremos una sola vez… ¿De acuerdo?

—De acuerdo —respondió con apenas un hilo de voz, cuando el movimiento entre ellas empezaba a ser completamente acompasado. Cuando Quinn ya conseguía transmitirle el deseo con una simple mirada mientras sus manos desataban el sujetador de la morena— ¡Oh dios! ¿Ves? —murmuró tras desnudar el pecho y lanzarse sobre ellos — Son perfectos…

—Joder Quinn…Cuidado con mis pezones, son…son…demasiado sensibles.

—¿Te duele esto? —los mordió con delicadeza.

—No…No, eso no me molesta, eso me gusta —dijo tras soltar un sonoro suspiro.

—Ok…Vamos bien. Me sobra esto —susurró al tiempo que ella misma se desprendía de su sujetador.

—Oh sí…Ya creo que te sobraba —intervino Rachel esbozando una traviesa sonrisa.

—Estamos locas… ¿Lo sabes?

—Me da igual…Ni se te ocurra parar ahora.

—No, no es algo que pase por mi mente —dijo Quinn tras adueñarse de nuevo de sus labios, y de sus manos, y de sus brazos y piernas. Todo el cuerpo de la morena quedaba a su merced y no iba, o, mejor dicho, no podía dejar pasar aquella oportunidad de descubrir y divertirse con ella de aquella forma.

Quizás el límite en una amistad no pasa más allá de un pequeño beso en alguna ocasión especial, con el humor interviniendo o quizás el cariño. Pero tener a una de tus amigas completamente desnuda y dispuesta a hacer todo lo que surgía, era algo que iba más a allá de lo que la propia amistad conlleva.

La confianza era primordial, y tanto Rachel como Quinn parecían haberlo entendido. O quizás eran las ganas de sexo que ambas habían acumulado durante aquel tiempo.

—¿Qué…qué haces Quinn? —la detuvo justo cuando estaba a punto de desaparecer bajo las sabanas.

—¿Cómo que qué hago?

—¿Vas a…bajar hasta ahí?

—Claro… ¿No quieres?

—No, no quiero.

—¿Por qué? —cuestionó al tiempo que volvía a recuperar la distancia y se posicionaba sobre ella, permitiendo que sus piernas siguiesen entrelazadas.

—No…No estoy segura de sentirme cómoda, Quinn —masculló—, no tengo tanta confianza en mí misma como para…

—Pero…A mí me encantaría. No es mi primera vez, Rachel —susurró apartando el rebelde flequillo de la morena de sus ojos.

—Ya…Pero no estoy segura. Dijimos que, si había algo que no estuviésemos de acuerdo, que no lo haríamos.

—Ok. Tienes razón —sonrió segundos antes de volver a besarla—, lo bueno del sexo entre chicas, es que hay miles de formas de hacerlo.

—Exacto…Miles de formas —dijo por última vez. Porque a partir de ese instante, ninguna de las dos volvió a hablar, ni a interrumpirse con algún extraño comentario acerca de la ropa interior, ni de como Rachel estallaba en una risa descontrolada cuando le besaban cerca del ombligo. O la rara reacción de Quinn quedándose sin respiración si le mordían en una zona concreta del cuello, llegando incluso a asustar a la morena al pensar que había sufrido algún tipo de desvanecimiento.

No volvieron a hablar porque sus labios se empeñaron en descubrirse sin miedos, acompañados por sus manos que no permitieron que ningún recoveco de ambos cuerpos, quedase libre de la presencia de la otra.

Quizás fue el escaso alcohol que habían bebido, o tal vez el cansancio de aquella primera vez y las altas horas de la madrugada pesando sobre sus cuerpos, pero aquella noche de sexo apenas duró un par horas antes de que el sueño pudiese con ellas. Y casi cinco horas después, cuando el sol ya había dado los buenos días a la isla, Quinn despertaba un tanto aturdida por la situación en la que se encontraba, pero feliz de haber sobrevivido a una experiencia como aquella.

Rachel dormía, demostrando con su postura desinhibida y completamente desnuda sobre las sabanas, que el pudor era algo que solo existía cuando la consciencia despertaba.

Quinn sonrió al verla y no tardó en levantarse y recuperar sus pertenencias. Había tenido la capacidad de despertar antes de que la alarma de su móvil sonase a modo de despertador, y agradeció que así fuese para no asustarla. Aunque si había algo que realmente había aprendido de mantener relaciones con amigas, era que salir de allí sin despedirse, podría provocar algún tipo de confusión en quien se quedaba en el lugar. Dejándole la duda de si algo habría salido mal. Y como eso no era lo que había sucedido, ni lo que pretendía que Rachel pensara, no iba a dejar que la morena despertase completamente a solas. Sobre todo, conociendo el dramatismo que solía utilizar en cualquier situación confusa.

—Rachel, Rachel —susurró tomando asiento junto a ella, ya completamente vestida —. Vamos Rachel, despierta —le dejó un pequeño toque sobre la espalda desnuda.

Lo cierto es que verla completamente desnuda, así, dormida y sin esconderse continuamente, provocó la sonrisa, y algún que otro escalofrío en Quinn. No se había detenido a pensar en todo lo que había logrado excitarle durante aquella noche, y lo atractivo que se presentaba su cuerpo en aquel momento. De hecho, llegó a sacudir su cabeza tras caer en aquellos pensamientos, como si aquel gesto fuese a lograr la concentración que necesitaba para recuperar la compostura—. Vamos Rachel, despierta —volvió a insistir.

—Mmm… ¿Quinn? —balbuceó alzando un tanto la cabeza, tratando de acostumbrarse a la luz que ya entraba en la habitación— ¿Qué ocurre?

—Me tengo que ir. Solo quería despedirme.

—¿Ya? ¿A dónde? —masculló girándose sobre sí misma y percatándose de que quedaba completamente desnuda sobre la cama. Tiró tan rápido de la sabana para cubrirse, que ni siquiera Quinn fue capaz de reaccionar.

—Me tengo que ir a trabajar, mi turno empieza en una hora. Pero antes tengo que pasar por mi casa.

—Mmm…Vaya ¿No vas a desayunar? —preguntó aún con los ojos entrecerrados.

—No, ya lo hago en el hotel. Solo quería que supieras que me marcho, nada más —le sonrió—, puedes seguir durmiendo.

—Eh…no, no —balbuceó tratando de lograr que la sabana se desprendiese por completo de la cama para poder cubrirse con ella, y seguir los pasos que Quinn ya había emprendido hacia la salida—. Te acompaño —añadió.

—No es necesario, Rachel —dijo ya en la puerta —, solo quería que supieses que me marcho y…

—Y así no crearme un estado de ansiedad hipercromática al despertar y verme a solas, pensando que habías huido de mí y que todo se fastidió entre nosotras —dijo conteniendo un bostezo— ¿Verdad?

—Eh…más o menos —respondió sonriente— ¿Todo bien?

—Soy yo la que tiene que hacer esa pregunta —respondió acercándose a ella, aun con el sueño inundando su rostro—. ¿Seguimos siendo amigas o ya no quieres volver a ver a Rachel Berry?

—Nunca he estado tan segura en mi vida como lo estoy en este momento por querer seguir siendo tu amiga —dijo con dulzura—. Ha sido un verdadero placer conocerte de esa forma, Rachel.

—Pienso lo mismo —balbuceó—. Quiero decir, que pienso que ha sido un placer conocerte a ti, no que me conozcas a mí. No, no soy tan soberbia… ¿Estuve soberbia?

—No, para nada —respondió sonriente—. Ha sido una muy buena experiencia.

—¿Repetirías conmigo como con Santana?

—¿Repetirías como con Danielle?

—Mmm, yo he preguntado primero, Quinn Fabray.

—Ok… —desvió la mirada al tiempo que se mordía los labios y abría la puerta— Será mejor que me marche, llego tarde.

—¿Qué? No, no espera —trató de detenerla—, tienes que responderme, no me vas a dejar con esa duda…

Una sonrisa traviesa se dibujó en el rostro de Quinn al tiempo que abandonaba el apartamento sin llamar demasiado la atención en el pasillo, evitando algún encuentro fortuito con alguno de sus compañeros.

No podía olvidar que estaba en su lugar de trabajo, y aunque tenía plena confianza en su encargada, Spencer, no podía jugar con fuego y permitir que la descubriesen en esa situación.

—¿Quinn? —susurró asomándose al pasillo, observando como la rubia ya había empezado a caminar.

—Te espero en el embarcadero a las 5 —respondió divertida, maquillando las palabras con los gestos de su mano.

—Dímelo… —exigió de nuevo con apenas un hilo de voz— Me volveré dramática si no lo haces. Caerá sobre tu conciencia. ¿Me oyes?

—No esperaba menos de ti —respondió ya desde la lejanía, regalándole el noveno de los guiños—, no esperaba menos de Rachel dramática Berry.

—Oh…Mierda —masculló la morena tras ver como Quinn ya se perdía por el pasillo y la dejaba con aquella pregunta sin responder, con las dudas de saber si había quedado lo suficientemente satisfecha como para no querer repetir de nuevo aquella noche, sabiendo que aquello no iba a volver a suceder tras el pacto que habían sellado de solo una vez—. Estúpida Fabray… —musitó cerrando la puerta tras ella y regresando hacia la cama, donde no tuvo impedimentos para volver a dejarse caer y tratar de recuperar al menos un par de horas más de sueño— Yo sí, Fabray, yo sí repetiría.