Capítulo 19
Diva
Extraña y amarga sensación.
Con ese malestar acabó la jornada laboral para Quinn, aunque pasar un día en el parque natural de Praslin no era algo de lo que quejarse precisamente.
Quinn regresaba al hotel después de haber desembarcado en La Reunión, y cambiarse de ropa tras tomar una ducha en su propia casa.
Habría sido un día perfecto si no hubiese sido testigo directo del malestar que, durante todo el día, se había apoderado de April. Malestar provocado por una estúpida e ilógica reacción de Rachel con ella. Sobre todo, porque ya había sido avisada de que estaba a salvo con la pareja. De que ni April, ni Olivia iban a delatarla.
No le había dirigido la palabra en todo el día. De hecho, April, se había mantenido ausente incluso de las explicaciones que Leo y su mujer Lindsay, les habían dado acerca de todo lo que habían podido ver en la excursión.
Solo Olivia parecía tener el don de poder reconfortar a la chica, y lo hacía con esos guiños de ojos que ella también había aprendido a entregar, cuando quería agradecer algo, o simplemente mostrarse cómplice.
Lo cierto es que tampoco veía que fuese el momento adecuado de acercarse a April y disculparse por la actitud de Rachel. Básicamente porque aún no sabía a ciencia cierta qué es lo que había sucedido, y el motivo por el que su amiga actúo así con una de sus fans.
Y eso era precisamente lo que pretendía averiguar en los siguientes minutos.
La cita con Rachel estaba pactada para las 20:00 de la tarde, casi noche de aquel día, y eran las 19:30 cuando ya caminaba por la playa dispuesta a acceder al apartamento de la morena por el acceso que daba a la misma.
Sin embargo, y a pesar de ir con algo de antelación, no contaba con una inesperada interrupción que como siempre iba a lograr alterar un poco más su estado.
—¡No sabía que habíamos quedado! —se escuchó a escasos metros detrás de ella, y Quinn no tardó en girarse para descubrir a Spencer acercándose—. Y por supuesto, no sabía que la cita era especial —añadió desviando su mirada hacia el vestido que Quinn había optado por utilizar para aquella noche.
—No he quedado contigo —respondió la rubia—, tengo otros planes.
—Ya lo he supuesto —masculló ya frente a ella—, otros planes como vienes teniendo desde hace… Mmm ¿Nueve días? —cuestionó mostrando una fingida actitud pensativa.
—¿Qué quieres, Spencer? —respondió resignada por la indirecta lanzada de la chica.
—No quiero nada excepto saber dónde está mi amiga, ¿qué hace con su vida? ¿Por qué anoche no regresó con el quad del hotel, y me obligó a inventarle una excusa a Rick? Ya sabes, detalles, sin importancia —matizó con sarcasmo, y Quinn se lamentó.
—Lo siento, tenía que haberte llamado, pero no, no tuve tiempo.
—¿No tuviste tiempo? ¿Sabes en el lio en el que te puedes meter por no avisar con antelación que vas a disponer de un vehículo del hotel?
—Hey, hey, yo puse en el informe de actividades que lo iba a utilizar aquel día, así que no me digas que no lo avisé.
—En tu informe, el mismo que me diste a mí, ponía que utilizarías el quad 3b para el recorrido de la isla con la inquilina Rachel Berry, con la intención de detener el trayecto en las aldeas, y luego navegar en el catamarán, no que fueses a llegar a Madagascar con él. Porque si no paraste en las 21 horas en las que tuviste el quad a tu disposición, juraría que habría llegado hasta allí, a Madagascar.
—No seas exagerada, Spencer —le replicó—. Llevé a Rachel a que conociera las aldeas y varias calas. Además, por la tarde estuvimos navegando y se nos hizo tarde.
—¿Se os hizo tarde? Fabrice llegó al hotel a las siete. ¿Te quedaste en alta mar con Rachel? —volvió a utilizar el sarcasmo que tan bien quedaba con su personalidad.
—No, fuimos a cenar y después, pues después si se nos hizo tarde. ¿Qué quieres que te diga? Olvidé llamarte, y lo siento, lo siento de veras, pero es mi amiga. Es Rachel, la llevé a casa, cenamos y nos, nos entretuvimos —musitó con los nervios a punto de delatar sus pensamientos.
Y es que hablar de lo que le había sucedido la noche anterior con Rachel, no era fácil de camuflar ante alguien como Spencer, que escrutaba cada gesto, cada mínimo detalle que pudiese escaparse de sus labios sin su consentimiento, y utilizarlo en su contra sin dudas.
—Una estúpida llamada, Quinn. Solo eso, solo necesitaba que llamases a recepción y me dijeses, Spencer, no vuelvo con el maldito quad porque estoy en mi casa con Rachel, y no voy a salir de aquí en toda la noche. Nada más. Con Rick ya me las ingeniaba yo, pero no puedo hacer mucho si no tengo ni idea de qué hacías, y para colmo tu móvil estaba apagado.
—Me quedé sin batería —se excusó.
—Ya, sin batería, en tu casa y con Rachel.
—¿Qué insinúas? —interrogó rápidamente con un tono defensivo.
—Nada. ¿Qué voy a insinuar? Solo te estoy diciendo que no es normal que te quedes sin batería estando en tu casa. Que muy ocupada deberías estar para…
—Para, para —la interrumpió—. Escúchame, Rachel es mi amiga. ¿Entiendes? Hacía casi cuatro años que no la veía, y no me parece nada extraño que quiera mostrarle donde vivo, y las cosas que hago en la isla. ¿De acuerdo?
—¿Quién ha dicho lo contrario?
—Nadie, pero estás utilizando ese tono tan tuyo, y sé lo que piensas. Y no me da la gana que pienses algo así, y menos de Rachel. ¿Entendido?
—¿Crees que soy idiota? —inquirió con algo de soberbia reflejando su rostro—. Escúchame Quinn, estoy haciendo todo lo posible por no meterme en lo que quiera que tengas con Rachel, pero no me hagas quedar como idiota, porque no lo soy.
—No sé de qué me estás hablando.
—¿Por qué estás así conmigo? ¿No se supone que somos amigas y podemos confiar la una con la otra?
—Claro que somos amigas, y por eso te pido que dejes de meterte en la vida de los demás. Desde que ha llegado Rachel no has dejado de curiosear con su vida, y no me gusta que hagan eso. Te recuerdo que es mi amiga.
—¿Curiosear? ¿A qué llamas curiosear? ¿A decirte lo que estaban diciendo de ella y su novio gay en la cocina del restaurante? Perdóname, pero yo solo quería que lo supieras porque precisamente es tu amiga.
—Eso es curiosear, y es meterte en los asuntos de quien no te importa. Querías saber si ese rumor era cierto y por eso me preguntaste.
—Ah claro —la interrumpió—. Te pregunté por eso, igual que lo hice cuando vi como ese tal Jesse subió una foto de Rachel viendo el partido de futbol, tomada precisamente en la habitación número cien del hotel Spa and Resort Paradise, en La Digue, Seychelles, no en la Maldivas, donde está él. ¿No es cierto? —respondió provocando el mutismo absoluto en Quinn—. Podréis engañar a medio mundo, pero no a alguien que lleva cuatro años trabajando aquí —añadió.
—No es asunto tuyo —reaccionó siendo consciente del error que cometió al no disimular la habitación de Rachel en aquella captura—. Soy su amiga, ¿me oyes? Y si tengo que ayudarla en algún tema complejo, lo haré. Esa noche la acompañé para ver el partido de futbol y le pareció una buena idea hacer eso, nada más.
—¿Vistes el partido? —cuestionó con sarcasmo.
—Pues sí, cenamos, vimos el partido y pasamos una buena noche, como hemos hecho tú y yo muchas veces.
—Vaya, me alegro que solo sea eso —masculló esbozando media sonrisa— ¿Cómo quedó el resultado?
Silencio. Absoluto mutismo por parte de Quinn que no se esperaba aquella pregunta bajo ningún concepto. Sobre todo, porque sabía de las intenciones que llevaba.
—Tengo entendido que los Colts hicieron un gran partido —añadió provocando aún más malestar en la rubia—, y que los Giants de tu querida Rachel, no estuvieron a la altura de las circunstancias.
—¿Sabes qué? —habló al fin— Olvídame. Odio cuando te pones así. Parece que estás celosa de que pase tiempo con alguien que dentro de cinco días se va a marchar — añadió al tiempo que se giraba y trataba de alejarse de ella, pero una nueva interrupción la detuvo.
—Quinn, no estoy celosa, no te equivoques. Si quieres ayudar a tu amiga a proteger su sexualidad y la de su novio, me parece perfecto. Es lógico, pero lo que a mí me preocupa es que desatiendas tu trabajo y hagas cosas que te pueden traer problemas.
—¿Qué has dicho? —cuestionó encarándose con ella— ¿Qué has dicho de Rachel?
—¿De Rachel? ¿Te preocupa más lo que sé de Rachel que lo que te pueda suceder en el trabajo?
—Me preocupa que por rumores como ese que acabas de mencionar, la gente deje de valorar el trabajo que hacen artistas como Rachel, y se dejen llevar solo por esas mentiras.
—En primer lugar, yo no voy inventando nada, ni voy diciendo nada a nadie acerca de lo que se o no sé de gente como Rachel. Te lo he dicho a ti para que seas consciente de que no soy idiota. Y, en segundo lugar, ¿de veras te importa tan poco tu trabajo?
—Nadie está hablando de si me importa o no mi trabajo. Claro que me importa, por supuesto que sí, pero no tienes derecho a utilizar esa excusa para averiguar más sobre Rachel —le recriminó.
—¿Averiguar más? ¿Qué más tengo que averiguar que no sepa ya? ¿Que la estás ayudando a protegerse mientras su novio y beard está en el otro lado del mundo? ¿No es suficiente con eso? También sé que te estás acostando con ella, pero supongo que eres lo suficientemente inteligente como para detenerte antes de joderlo todo.
Blanco.
Pálido.
Tétrico.
El rostro de Quinn era fiel reflejo del malestar que la inundó al escuchar aquella confesión de Spencer, y no pudo responder con tanta rapidez como habría deseado. Y no lo hizo porque sabía que sus palabras no iban a resultar convincentes, sino que la iban a meter aún más en aquel lío en el que se vio envuelta.
No podía hacer otra cosa más que lo hizo.
—¡Basta! —exclamó tirando de ella, obligándola a alejarse de las verjas que separaban los apartamentos que tenían accesos a la playa—. Escúchame, Rachel está metida en un lio. ¿Ok? Ella, ella tiene todo un circo mediático persiguiéndola, y tiene que hacer lo que tiene que hacer. ¿Entiendes? Mi obligación aquí es protegerla, para eso soy su amiga, y punto. No hay nada más que hablar sobre ello. Y ni se te ocurra mencionar nada de ello, porque te las verás conmigo —sonó amenazante —. Y no, no es lesbiana, por si lo estabas pensando.
—¿De verdad me estás diciendo esto? —la cuestionó sorprendida— ¿De verdad crees que yo me voy a dedicar a infundir rumores acerca de una estrellita del teatro? Por ese mismo motivo, tendría que hablar de cómo la señorita Wilde disfrutó de la isla hace un año, y de mi cama. ¿No crees? Y ella tampoco es lesbiana.
—No es lo mismo —replicó—. No está bien que vayas hablando de ella en el hotel. ¿Entiendes?
—Quinn, yo no he hablado de ella en el hotel, te lo vuelvo a repetir. Te dije lo que andaban diciendo en la cocina para que fueras consciente, no para alargar el rumor.
—Ya… —dejó caer sin convencerse.
—¿Qué diablos te pasa? Estás protegiendo a tu amiga y me parece perfecto, pero eso no significa que tengas que desconfiar de mí. Se supone que también soy tu amiga.
—Pues entonces deja de cuestionarme todo con ese tono sarcástico que tan bien sabes utilizar —escupió visiblemente molesta por aquella disputa.
—Quinn, ¿qué te está pasando? —interrogó consternada por la actitud distante que estaba mostrando con ella.
—No me pasa nada, solo quiero protegerla. Nada más.
—¿La proteges como amiga o como…?
—¿Cómo qué?
Negación.
Spencer le mantuvo el pulso en la mirada y comenzó a negar incrédula por lo que empezaba a intuir. Evidentemente algo le sucedía a Quinn, y ella, que había pasado los tres últimos años de su vida a su lado, sabía lo que era.
—¿Qué pasa? —increpó de nuevo la rubia.
—Nada, no pasa nada. Lo cierto es que yo solo solo quería saber si mañana estarás disponible —trató de cambiar el tono de su voz—. Es el día de nuestra cena de celebración.
La cena, pensó Quinn percatándose del día en el que se encontraban.
—¿No te acordabas? —masculló Spencer sorprendida.
—No, no me acordaba —respondió desviando la mirada hacia el mar—, no sé en qué día vivo.
—Ya, ya veo —balbuceó siendo consciente de cómo sus intuiciones no fallaban. Solo había algo que podía hacer que Quinn se descentrase de aquella forma, y ella lo sabía — ¿Entonces? ¿Estarás disponible?
—Claro, claro —regresó la mirada hacia Spencer—. Estaré disponible como cada año —trató de suavizar su estado.
—Bien, eso suena bien —respondió serena—. Tengo cosas que contarte, tanto personales como profesionales.
—¿Profesionales? —la interrumpió— ¿Es por lo de la moto?
—No, nada que ver. Es otro tema más más positivo, aunque para mí realmente no lo es tanto.
—¿Qué? ¿De qué hablas?
—Mejor te cuento mañana —respondió desviando la mirada por encima del hombro de Quinn —, es un tema bastante extenso y veo que alguien te está esperando.
Rachel.
Quinn siguió la indicación de Spencer y descubrió como la morena accedía a la playa y caminaba hacia la orilla, perfectamente vestida para aquella cita y lanzando rápidas miradas hacia ellas.
—Quinn —volvió a hablar Spencer tras ver como la rubia se detenía a mirar a Rachel—, tú quieres seguir en la isla, ¿verdad?
—¿Por qué preguntas eso? —volvió a mirarla confusa— Claro que quiero seguir aquí.
—Ok. Es lo que necesito saber.
—¿Por qué?
—Bueno, ya te he dicho que es un tema bastante extenso para contar aquí y ahora, pero necesito saber que realmente quieres seguir aquí. Mañana por la mañana voy a tener una reunión con todo el personal de dirección —se acercó al oído de la rubia—, en Praslin van a necesitar a una guía más, y tú cumples los requisitos.
—¿¡Qué!? —cuestionó alzando tanto la voz que incluso Rachel pudo percibirlo y no pudo evitar girarse y mirarlas.
—Shhh, no hay nada seguro, pero estás entre las propuestas.
—Spencer, eso sería genial.
—Lo sé, por eso necesito hablar contigo con calma. Así que mañana te espero como siempre a las 9. ¿De acuerdo?
—Claro, claro —balbuceó aún con la extraña sensación de desconcierto y sorpresa que le habían provocado aquella pequeña confesión.
—Bien pues, espero que pases una buena noche con tu amiga —añadió volviendo a recuperar su sarcástico tono, y por ende a cambiar de nuevo el humor de Quinn.
—Veo que la falta de sexo está agriando aún más tu sentido del humor —espetó lanzándole una última y desafiante mirada.
Pero Spencer se limitó a sonreír y permitir que el aire ya se interpusiera entre ellas, retomando sus pasos para alejarse de Quinn—. No te rías, estás necesitada —masculló tras verla alejarse.
—Eso es lo que tú te crees, Quinn —respondió dándole la espalda—, eso es lo tú te crees.
Si no la conociese, habría creído que aquellas últimas palabras eran pura demagogia. Una vaga intentona por provocarle y llamar su atención de alguna forma. Pero conociéndola como la conocía, sabía que había dicho la verdad. Spencer Hastings nunca mentía acerca del sexo; si lo necesitaba, lo iba a exigir, incluso llegaba a implorarlo cuando el tiempo era demasiado, pero aquella respuesta dictaba lo contrario, y eso solo podía significar una cosa; Que había encontrado a quien calmase sus continuas ganas de diversión. Y por supuesto para Quinn, solo había una persona que podía cumplir con el requisito indispensable de la morena para acceder a aquello, aunque también era lo más inverosímil.
Fueron aquellos pensamientos los que revolotearon por su mente mientras tomaba la decisión de dirigir sus pasos hacia Rachel.
Por si no había sido suficiente el enfrentamiento con Spencer, ahora lo iba a hacer con la morena.
Fue verla, y a pesar de sentir un irrefrenable deseo por halagarla, abrazarla e incluso besarla, rápidamente recordó el mal día que había tenido por ser testigo de la humillación que April había sufrido por su culpa.
No quería ser muy dura, y ese fue el motivo que la llevó a acercarse a Rachel esbozando una leve sonrisa.
—Veo que te gusta esta zona de la playa —musitó antes de llegar junto a ella—. No es la primera vez que te veo aquí, mirando el océano.
—Es lo que tiene estar en una playa —respondió sin mirarla—, que solo tienes un océano que mirar.
—¿Estás bien? —cuestionó tras notar la seriedad en las palabras.
—Claro, estoy perfectamente —la miró de soslayo— ¿Y tú? ¿Estás bien?
No, no lo estaba, pensó Quinn.
Evidentemente aquella actitud dejaba entrever que algo le sucedía, y a tenor por sus palabras, ella había tenido algo que ver.
—Pues debería estar mejor de lo que estoy —dijo tratando de serenar su estado, de no hacer que la impotencia que había estado soportando durante todo el día, saliese disparada de ella.
—¿No has tenido suficiente con esa ronda de secretitos con Spencer?
—¿Qué? —preguntó sorprendida.
—Quinn —se giró hacia ella— ¿Tú eres consciente de lo que es mi vida? ¿Eres consciente de lo que un estúpido rumor puede acarrearme?
—¿De qué hablas, Rachel?
—Os he visto —inquirió enfrentándose a ella—. Os he visto hablar y he visto como esa amiguita tuya me miraba cuando te hablaba al oído ¿Crees que es normal que le cuentes nuestras cosas a alguien que no me conoce?
—Espera, espera… —la detuvo completamente incrédula— ¿Has estado espiándome?
—No, no ha sido necesario. Solo he salido al acceso y te he escuchado decirle a Spencer algo de ¡basta! y luego mi nombre. Y más tarde has empezado a sonreír y a hablar en susurros. Lo he visto, no me lo niegues, y Spencer no paraba de mirarme.
—Te estás equivocando, Rachel —la interrumpió molesta—. Spencer no hace otra cosa más que protegerte, al igual que lo hago yo.
—¿Ah sí? ¿Y cómo? ¿Cómo lo hace?
—Pues hablando conmigo, contándome las cosas que salen por ahí para que yo sepa que es lo que sucede y pueda seguir protegiéndote —respondió alzando un tono la voz—. Así que ni se te ocurra pensar mal de ella.
—Ya claro —se giró de nuevo para enfrentarse al mar.
—¿Ya claro? —repitió sintiendo como el malestar empezaba a ser mucho más intenso de lo que había sido durante todo el día.
Si bien es cierto que Spencer solo le había hablado de ella y los rumores que se empezaban a difundir alrededor de la imagen pública de Rachel, también es cierto que sus palabras eran honestas, y lejos de utilizar el sarcasmo para sacarla de quicio, se había interesado por hacerle llegar todas aquellas noticias, y avisarla de lo que estaba sucediendo, nada más.
Su curiosidad era algo aparte, algo que a Rachel no debía importarle en absoluto, y que por supuesto, no debía ni siquiera mencionar—. No creo que estés en disposición de exigir demasiado en esta isla, suficiente te están protegiendo para cómo te comportas —soltó sin pensar, y aquellas palabras sorprendieron tanto a Rachel que no pudo evitar mirarla rápidamente.
—¿Qué? ¿Por qué me hablas así?
—No lo sé, dímelo tú. ¿No crees que te están protegiendo lo suficiente?
—Yo no me he quejado de eso, solo he dicho que no me gusta que cuentes nuestras cosas a nadie. No creo que sea asunto de nadie saber que te has acostado conmigo.
—¿Diva? —masculló tras varios segundos incrédula— ¿Ahora eres una diva?
—No soy una diva. Lo que ocurre es que tú no tienes ni idea de cómo es mi mundo, y un rumor como ese me puede hundir.
—Y no confías en mí. ¿Verdad? Piensas que voy a ir diciéndole a todo el mundo que la gran Rachel Berry se ha metido en mi cama. ¿No es cierto?
—Confío en ti, Quinn —aclaró—, en quien no confío es en los demás. No seas tan inocente, a la gente se le compra fácilmente con dinero. Tú estás en esta isla, y no te das cuenta de lo que sucede a tu alrededor. La gente es muy mala.
—Ok, ok. ¿Sabes qué? —la interrumpió completamente enfadada—. En primer lugar, si piensas que le he contado a Spencer que me acosté contigo, es porque no confías en mí. En segundo lugar, me estás llamando ignorante, y te aseguro que no me gusta en absoluto que me llamen así. Y, en tercer lugar, la gente a tu alrededor hace cosas malas porque tú misma te lo buscas.
—¿Qué? ¿Qué dices?
—Rachel, empiezo a creer que realmente la fama te ha cambiado, y te ha dado ese plus de soberbia y egoísmo que todas las actrices tenéis.
—¿De qué estás hablando? ¿Por qué me dices eso?
—Explícamelo tú. ¿Qué ha pasado con April esta mañana?
—Ohhh claro, ahora entiendo —espetó gesticulando con sus manos—. ¿La estúpida esa te ha ido con el cuento de qué…? ¿De que no le he dado un estúpido autógrafo? ¿La crees a ella antes de saber que sucedió?
—¿Qué sucedió? Vamos, explícame.
—Sucedió que no se le ocurrió otra cosa más que asaltarme en mitad del pasillo para pedirme una fotografía y un autógrafo, a las siete de la mañana. ¿Eso es normal? No, claro que no es normal y menos ella, que no para de perseguirme, de vigilarme y estoy segura que tampoco se ha cortado a la hora de hacerme fotos sin que me diese cuenta.
—Oh dios, no me lo puedo creer —masculló negando continuamente con la cabeza.
—Fue así. ¿A quién se le ocurre pedirle un autógrafo a alguien a las siete de la mañana? Hay que estar muy loco.
—¡No! —exclamó interrumpiéndola— No hay que estar loco, lo que hay que ser es una fan incondicional que encontró el momento perfecto para no molestarte delante de nadie, para no llamar la atención de los demás inquilinos del hotel, y protegerte. Eso es lo que hizo.
—¿Qué? ¿Eso te ha dicho?
—Rachel —se enfrentó a ella—. Esa chica es una de tus mayores fans. Ha ido a verte al teatro no una, ni dos, sino tres veces, ¡tres! Y es de San Francisco, lo que indica que se ha cruzado el país tres veces para verte a ti en un escenario. Y desde que les pedí que no te sacasen imágenes, ha estado pendiente de que nadie se acercara a ti con una maldita cámara, para evitar que filtrasen nada. ¿Te das cuenta de lo que has hecho?
—Eso, eso no es verdad —balbuceó completamente aturdida por la explicación.
—Esa chica me dijo que te había sacado una fotografía y que la tenía guardada como si de un tesoro se tratase, y cuando le comenté lo que sucedía, la borró. Fui yo la que le dije que se acercara a ti y te saludase, y ahora vas y te comportas como una diva malcriada, como una estúpida que se cree el centro del universo y que desconfía de quien más se preocupa por ella. ¿Cómo no quieres que te defrauden si los tratas así? ¿Sabes? Pensé que realmente seguías siendo la Rachel Berry que yo conocía. La misma que tenía sus ataques de drama, y a veces su egocentrismo la superaba, pero que seguías valorando a las personas que se acercaban a ti. Que seguías dedicándoles cada autógrafo como lo hiciste aquel día en el instituto, cuando firmaste por primera vez la carpeta de una fan. Creía que mi Rachel Berry seguía en ti, pero veo que no, que evidentemente la fama te ha cambiado. La fama y ese estúpido circo que tienes a tu alrededor. Y lo que es peor —añadió ante el mutismo de Rachel—, ni siquiera confías en mi palabra.
—Eso es todo —masculló con el brillo inundando sus ojos, y la seriedad ocupando el resto de su ser.
—Pues sí, eso es lo que opino, porque eso es lo que me has demostrado que eres —respondió segundos antes de dejar escapar un sonoro suspiro.
Pero Rachel ni se inmutó. Se mantuvo firme frente a ella, mirándola directamente hacia los ojos y evitando que la primera de las lágrimas cayese.
—Ok, no hay nada más que decir. Fue un placer volverte a ver —dijo antes de esquivarla y emprender el trayecto hasta el acceso a su apartamento.
—¿Qué? —musitó Quinn girándose tras ella— ¿Qué dices? ¿A dónde vas?
—Quinn —volvió a detenerse para mirarla—. Lo siento, pero se me han quitado las ganas de salir a ningún lado. Me voy a descansar.
—¿Qué? Vamos Rachel, soy yo la que tendría que estar enfadada por el numerito que me has montado. Deja de ser melodramática.
—¡Basta! —recriminó sorprendiéndola— Basta Quinn. Es evidente que, en todo este tiempo, no me has conocido. Ni antes de estar en esta isla, ni durante. Si eso es lo que piensas de mí, perfecto, eres una más de los miles de personas que así me reconocen. Pero ya está, no me vengas con historias de melodramas, ni me hagas sentir peor. No me apetece verte, así que por favor te pido que me dejes en paz esta noche.
—¿Estás hablando en serio? —cuestionó con el orgullo herido. Si era alguien que realmente debía estar enfadada, era ella y no Rachel. Simplemente se había limitado a decirle lo que estaba sucediendo, y a contarle lo que pensaba de ella en aquel instante. Solo estaba siendo sincera.
—Te lo vuelvo a repetir —respondió—, no me apetece verte esta noche, así que, por favor, déjame paz.
—No, no me lo puedo creer —musitó ofendida tras ver como Rachel retomaba el trayecto hasta su apartamento y la dejaba a solas en mitad de la playa—. Se supone que somos amigas
—Tú lo has dicho, Quinn —espetó tras la verja—, se supone.
