Capítulo 28
Olivia y April
—Deja de pellizcarme y camina, por favor.
—Es que me voy a caer.
—No te vas a caer, te estoy sujetando.
—¡Pero, pero es que no sé andar con los ojos tapados! —exclamó— Y menos por la playa.
—¿Quieres confiar en mí?
—Ok, ok, pero como me suceda algo, serás tú quien me lleve de vuelta a San Francisco. Y te quedarás conmigo a cuidarme.
—Ok, me quedaré contigo para siempre.
Un beso.
Un cálido y sentido beso de Olivia sobre la mano de April, que firmemente sujetaba para evitar que la chica pudiese caer si tropezaba.
La escena podría pertenecer perfectamente a una comedia, sin embargo, la intención de aquella sorpresa, era regalarle el gesto más romántico que jamás se le había ocurrido.
El reloj casi marcaba las diez de la noche, y después de una agradable cena, la última cena en aquella isla para la pareja, Olivia se había empeñado en mostrarle algo a su chica que no iba a olvidar jamás. Aunque para ello tuviese que recorrer aquel trayecto sobre la arena de la playa con los ojos tapados, y sin saber hacia dónde se dirigía.
Solo Olivia sabía lo que hacía. Solo ella y dos testigos más de excepción que iban a ser parte de aquello.
Rachel caminaba despacio detrás de ellas, tratando de evitar que la arena se removiese demasiado bajo sus pies, y no alertar a April de su presencia.
Más lejos, sentada sobre unos viejos escalones de madera que daban acceso a otra zona del hotel, Quinn observaba el espectáculo, y esperaba impaciente a que llegaran al lugar exacto que ella había preparado a petición de Olivia.
Apenas 100 metros las separaban de la terraza del restaurante, donde habían cenado. Y el ruido, el escaso ruido de los comensales, ya había desaparecido por completo.
La oscuridad de la noche con luna menguante, envolvía aquella zona de la playa y hacía de ella el lugar más íntimo de cuántos podrían encontrar allí.
Varias de las enormes y típicas rocas de aquellas playas se alzaban junto a ellas, y les regalaban el cobijo perfecto para quedar ajenas al resto del mundo. Solo la playa permanecía firme frente a ellas, y el cielo completamente cubierto de estrellas.
Fue en ese instante, cuando la pareja se adentró en el extraño anfiteatro que formaban las rocas, cuando Quinn decidió recortar distancias y ser testigo del maravilloso espectáculo que estaba a punto de producirse allí. Y es que llevaba tantos años sin presenciar algo así, que no podía perdérselo por nada en el mundo.
—¿Hemos llegado ya? —cuestionó April.
—Sí, ya puedes quitarte el antifaz —musitó colocándose a su lado, tras asegurarse de que Rachel estaba perfectamente escondida tras una de las rocas.
—Ok, me quitaré esto y veré qué diablos… Oh, oh dios mío —balbuceó sin poder cerrar la boca —. ¡Oh dios mío! ¿Qué es todo esto?
Un banco, o tal vez un columpio, o las dos cosas en uno.
Un extraño balancín perfectamente anclado al suelo que ya se movía con la escasa brisa que entraba en aquel recoveco. Y un asiento lo suficientemente amplio como para recostarse sobre él, mientras la inmensidad del océano quedaba frente a ellas.
Justo al lado, a escasos metros, una mesilla con un par de velas que iluminaban lo suficiente como para distinguirlo todo a su alrededor.
—¿Qué es todo esto, Oli? —miró a su chica, que sonriente comenzaba a organizar su mente y a preparar el breve discurso que quería regalarle.
—Bueno, siempre estás quejándote de lo poco romántica que soy, de la vergüenza que me da demostrar mis sentimientos en público, y quería demostrarte que soy capaz de hacer cualquier cosa por ti.
—Olí, no es necesario que…
—Shhh —la detuvo al tiempo que tomaba sus manos y se colocaba frente a ella —. April, no puedo lograr que miles de personas me escuchen cuando te digo que te quiero, ni siquiera puedo comprarte el diamante más grande del mundo, o tal vez dibujar tu nombre con humo en el cielo. Pero puedo hacer que esta noche sea la más especial que jamás hayas vivido.
—Mis noches ya son especiales contigo —susurró la chica visiblemente emocionada—. No necesito una playa, ni un marco tan espectacular como este para sentirme especial a tu lado.
—No me voy a marchar de este lugar sin que vivas un momento como este —intervino de nuevo Olivia—, vamos siéntate ahí.
No rechistó.
April retrocedió varios pasos hasta ocupar el balancín, y Olivia la imitó tomando asiento a su lado.
—¿Y ahora?
—Pues ahora vas a saber lo que soy capaz de hacer por ti, como por ejemplo tragarme todo mi orgullo y lograr que una de esas estrellas que ves ahí, en el cielo —señaló hacia el firmamento—, baje y te regale algo muy especial.
—¿Qué? —balbuceó confusa— ¿A qué te refieres con…?
—Rachel —susurró la chica interrumpiéndola.
—¿Qué sucede con Rachel? —cuestionó aún más confusa, pero su respuesta no llegó como esperaba.
Fueron los pasos de Rachel lo que llamaron la atención de April, que rápidamente se giró hacia desde donde procedía, y la descubría sonriente, caminando directamente hacia ellas.
—¿Rachel? —susurró— ¿Qué…qué haces aquí?
—Es la estrella que se ha ofrecido a bajar de su firmamento, para hacerte un regalo —habló Olivia, evitando que Rachel tuviese que dar ninguna explicación.
La morena simplemente se limitó a caminar hasta quedar frente a ellas, con la playa y el horizonte a su espalda, y una sonrisa en sus labios.
La luz de las dos velas era más que suficiente para distinguir aquel gesto en su rostro, y también para iluminar sus ojos.
A pesar de los años, de las veces que se había subido a un escenario y cantado para cientos de personas, aquella sensación de nerviosismo seguía apoderándose de su cuerpo, aunque el único público que existiese fuesen dos chicas que la admiraban, y un par de ojos escondidos tras una de las rocas.
Quinn no lo sabía, pero Rachel se había percatado de su presencia justo en el lado opuesto por donde ella había accedido. Y saber que estaba allí, y que la iba a escuchar, le provocaba un plus de emoción que difícilmente podía controlar.
Aquella canción iba a ser única y exclusiva para April, a petición expresa de Olivia, pero su letra bien podría valer para aquella historia de amor que empezaba a vivir con Quinn.
Rachel tomó aire, llenó sus pulmones y tragó saliva para que su garganta se suavizara lo máximo posible.
—Espero, espero que esto te guste, April —habló por primera vez—. Y también espero que, con esto, puedas olvidar lo que presenciasteis ayer en la playa —bromeó haciendo referencia al beso que todos pudieron ver entre ella y Quinn. Y es que, aunque sabía que todos eran personas sensatas y confiables, aquella extraña sensación seguía presente en ella por el descubrimiento.
Un beso no era lo mismo que un rumor, y a pesar de todo, su vida a ojos del resto del mundo, seguía siendo la misma que dejó en Nueva York. Seguía siendo la chica de Jesse St. James.
—Yo no vi nada —masculló Olivia divertida.
—Yo tampoco —repitió April sonriente—. No recuerdo absolutamente nada de ayer.
—Ok —sonrió Rachel mordiéndose el labio—. En ese caso, esto es para ti, April. De parte de Olivia —susurró en el mismo instante en el que Olivia se aferraba a la mano de su chica, y ambas se preparaban para lo que iba a suceder.
Por supuesto April seguía sin creer que aquello estuviese sucediendo, pero su incredulidad aumentó al escuchar las primeras frases que salían de la voz, de la espectacular voz de Rachel.
Y el primer escalofrío llegó, y no solo a ella. También apareció en la piel de Olivia, que jamás había tenido la oportunidad de presenciar algo así por parte de Rachel, y por supuesto lo hizo en Quinn.
La rubia tuvo que aferrarse a la roca para evitar que sus piernas cedieran al temblor que aquellas primeras palabras le habían provocado.
Había días cuando el sol era tan cruel
Que todas las lágrimas se convertían en polvo.
Y yo sabía que mis ojos se estaban
secando para siempre.
Imposible describirlo, pensó Quinn sin dejar de escuchar su voz tras las rocas, evitando mirarla en todo momento por miedo a no poder controlarse e irrumpir en la romántica dedicatoria.
Tal vez aquella canción no era alegre, pero hablaba del amor, de lo que supone no poder apartarlo de tu vida cuando ha entrado de lleno, cuando se adueña de tu ser y basta una simple mirada, un simple roce o un simple susurro, para volver a caer en el delirio, y dejarse llevar.
No podía describir la sensación que se apoderaba de su cuerpo en aquel instante, y que lograba que varias lágrimas se instalasen en sus ojos y los iluminaran con un brillo imposible de aplacar, a pesar de la oscuridad.
No había suficiente aire en aquella playa que pudiese tranquilizarla, y por más que alzaba la cabeza y miraba el cielo tratando de encontrar la calma, cada palabra rompía sus esquemas, y la lanzaba de nuevo al vago intento por controlarse.
Si me besas así
Y si susurras así
Estuvo perdido desde hace mucho tiempo
Pero todo está volviendo a mí
Si me quieres así
Y si me necesitas así
Estuvo muerto desde hace mucho tiempo
Pero todo está volviendo a mí
Es difícil resistir
Y todo está volviendo.
Yo apenas puedo recordar
Pero todo está volviendo a mí ahora
Pero todo está volviendo.
Y no menos era lo que estaba sucediendo frente a Rachel.
April había roto a llorar desde la primera palabra que salió de los labios de la morena, y Olivia la escuchaba completamente sorprendida.
Sabía del talento de Rachel gracias a la multitud de videos que su chica había insistido en mostrarle, pero allí, en persona y solo para ellas, era algo difícil de superar.
Ni siquiera sabía cómo iba a lograr agradecerle que aceptase su petición para aquella noche. De hecho, aún seguía sin comprender como había sido capaz de personarse en su propia habitación apenas unas horas antes, y pedirle tal despropósito.
Pero lo cierto es que Rachel estaba en deuda con ambas. Sobre todo, con April, que había estado cuidándola incluso cuando peor se portó con ella. El cariño se había instalado entre las tres, y le resultaba imposible rechazar un gesto como aquel. Al fin y al cabo, cantar era su vida, y hacerlo para alguien que la admiraba tanto, en un lugar como aquel, era un regalo en vez de un compromiso.
Solo supuso una situación comprometida cuando terminó de cantar, y fue testigo de cómo el beso entre las dos chicas se prolongaba más de la cuenta. Tanto que Rachel pudo alejarse de ellas sin que ni siquiera se percatasen del hecho.
Decidió salir por el margen derecho y las dejó allí, regalándose besos en mitad de un cariñoso y dulce abrazo. Y lo hizo por aquella zona porque sabía que allí, debía estar ella.
No falló.
Quinn ya se había dejado caer sobre la arena, y buscaba el apoyo de la enorme roca con su espalda. No la había visto aparecer. Fue Rachel la que se percató de su postura y se acercó a ella rompiendo el mutismo que la inundaba, mientras mantenía la cabeza apoyada sobre sus rodillas.
—¿Cansada? —susurró con tanta dulzura, que Quinn ni siquiera tuvo opción de asustarse. Simplemente alzó la mirada hacia ella y esbozó una débil sonrisa— ¿Estás bien? ¿Qué haces aquí?
—¿Pensabas que me iba a perder algo así? —respondió con apenas un hilo de voz.
—Estabas casi dormida en la cena, lo normal es que te hubieses marchado a descansar, Quinn. Llevas desde las 3 de la madrugada sin hacerlo, y no has parado en todo el día.
—Quería escucharte, y ha merecido la pena.
—Vamos, levanta —le dijo ofreciéndole su mano—. Tenemos que marcharnos, Olivia me dijo que pretendía pasar la noche aquí, y las he dejado muy bien acompañadas.
—Lo sé —respondió Quinn ayudándose de su mano—. Me preguntó si causaría algún tipo de problema el quedarse ahí.
—¿Es ilegal?
—No, lo normal es que nadie se quede en la playa por la noche, porque es privada. Pero esa misma razón me ha permitido hablar con los servicios de seguridad del hotel, y les han dado vía libre.
—Bien, me alegro que así sea.
—He, he tenido que mentirles. Supuestamente Olivia le va a pedir matrimonio a April —sonrió con travesura—, de ahí que hayan hecho la excepción. Elliot estará pendiente de la zona esta noche.
—¿Elliot?
—Es uno de los chicos de seguridad. Vigilará para que nadie se acerque a ellas.
—Es, es perfecto —susurró al tiempo que comenzaba a caminar por la playa, obligando a Quinn a que siguiese sus pasos. Sin embargo, no solo se limitó a caminar junto a ella, Quinn se tomó la libertad de aferrarse a su brazo, y sutilmente, tras haber recorrido un par de metros, deslizar su mano para entrelazarla con la suya.
Y Rachel sonrió al percibir la mano de Quinn buscando la suya, dejándose llevar en todo momento, y permitiendo que pudieran caminar así, tomadas de la mano, y alargando un silencio solo roto por el ir y venir de las olas en la playa.
—Es, es hermoso. ¿Verdad? —musitó Rachel rompiendo el silencio—. Olivia ha sido muy valiente. Jamás creí que iba a ser capaz de pedirme algo así. Parece una chica muy orgullosa.
—Está enamorada, Rachel.
—¿Y eso te exime de ser orgullosa?
—No, pero hace que te lo tragues —respondió rápidamente—. Esa chica haría cualquier cosa por April. No hay más que ver lo que está haciendo ya, y no me refiero a esa sorpresa.
—¿Te refieres a su trabajo? April me comentó que se juega mucho estando aquí.
—Pues sí. Pero supongo que no le importa el riesgo si puede estar con su chica. Debe ser muy duro mantener una relación a distancia.
—Muy duro —balbuceó sin poder evitar bajar la mirada—. Quinn ¿Tú mantendrías una relación a distancia?
—No —respondió tan rápidamente que incluso llegó a dolerle a Rachel. Sin embargo, aquella no fue la respuesta definitiva—. Pero
—¿Pero? ¿Hay un, pero?
—Supongo que cuando amas de verdad, haces lo que sea por mantener a esa persona cerca de ti, aunque miles de kilómetros te separen. Como por ejemplo lo que está haciendo Olivia.
—Pero Olivia y April tendrán opciones de volver a estar juntas. Estoy segura de que Olivia tendrá suficiente dinero para viajar, y April… Bueno, tal vez no lo tenga, pero yo me voy a encargar de ayudarle de alguna forma.
—¿Ayudarla? —cuestionó extrañada— ¿Vas a darle dinero?
—No, no puedo hacer eso Quinn. Pero he pensado en echarle una mano con su profesión. Tengo muchos contactos, y no cuesta nada ponerla presentarle a la gente indicada para que pueda dar ese paso. Eso sí, tendrá que ser ella quien aproveche la oportunidad. Es ella la que tiene que demostrar que vale, y que quiere cumplir sus sueños.
—Guau. Eso, eso está muy bien, Rachel. ¿Ella lo sabe?
—No, ni pienso decírselo hasta que yo no haya hablado con quién tengo que hablar. Me limitaré a pedirle su teléfono antes de que se marche, y ya me pondré en contacto con ella cuando estemos en los Estados Unidos.
—Es genial, Rachel. Me alegro que pienses así. Esa esa es la verdadera Rachel Berry, la que yo siempre he conocido —musitó regalándole un cariñoso abrazo mientras seguían caminando.
—Si está en mis manos, ¿por qué no? También había pensado hablar con Jeremy Thomas.
—¿El productor?
—Ajam. Hace unos meses me dijo que estaba pensando en crear una nueva productora en Los Ángeles, y que iba a tratar de producir series y alejarse un poco del teatro. He pensado que es probable que necesiten guionistas. Tal vez a Olivia le pueda interesar.
—¿Hablas en serio? —la miró sorprendida— ¿De verdad vas a hacer eso?
—¿Las has visto? ¿Has visto cómo se miran? ¿Cómo se acarician? Me duele a mi verlas separada, ¿cómo no se van a sentir ellas? No pierdo nada por mover algunos hilos.
—Se van a volver locas si logras algo. Lo sabes, ¿no?
—Mientras sean felices, yo estaré contenta —sonrió aferrándose a su cintura— ¿Sabes qué? —musitó con dudas —, también podría mover algunos hilos para para ti.
—¿Para mí?
—Bueno, si algún día decides dejar esta isla —murmuró con el temor a mirarla ocupando su rostro—, solo avísame. Moveré cielo y tierra para ayudarte a que encuentres algo que esté a la altura de tus expectativas en Nueva York, o en cualquier otro lugar del país. Y sí, ya, ya sé que tú no necesitas ese tipo de ayuda. Es evidente que sabes manejar tu vida. Pero siempre voy a estar ahí, y haría lo que fuera por ayudarte si lo necesitas.
—Rachel —la interrumpió.
—Sí, sí, ya lo sé. Sé que no quieres irte, y que, si te vas, serás tú misma quien encuentre tu camino —insistió—. No trato de convencerte, Quinn. Solo quiero que sepas que puedes contar conmigo, y que, si necesitas ayuda de ese tipo, estaré dispuesta a todo. ¿De acuerdo?
—Pareces mi madre —musitó sonriente.
—¿Tu madre? —repitió confusa—. Vaya te aseguro que considero que tu madre es una buena persona y tiene todo mi respeto, pero no me gusta la idea de recordarte a ella.
—Lo digo por tu insistencia en que abandone la isla. No hay semana que no hable con ella y me suplique que vuelva.
—¿Lo hace?
—Sí, mucho.
—¿Y no logra convencerte? —cuestionó de nuevo sintiendo como volvía a insistir en aquel asunto, aunque Quinn no parecía tomarlo en serio.
—Claro que me convence, Rachel. La echo muchísimo de menos, igual que a mis amigos. Pero ahora mi mundo está aquí. Y no me voy a ir a menos que eso cambie, o tal vez si encuentro el verdadero amor —matizó dibujando media sonrisa.
—¿El amor te hará volar?
—El amor me trajo hasta aquí —la miró—. Así que, también alejarme de aquí. Solo necesito encontrarlo para que algo así suceda.
—¿Solo necesitas encontrarlo?
—Ajam…
—¿Y si la otra persona no siente lo mismo? ¿Qué haces?
—¿Qué hago?
—Sí. Has dicho que solo tienes que encontrar el amor, así, a secas. Pero no especificas si debe ser correspondido, o no es necesario.
—No —respondió lanzando la mirada al frente, mientras contenía la sonrisa—. No me importa no ser correspondida, soy lo suficientemente persistente como para lograr que se enamoren de mí.
—¿Cambiarias de vida por enamorar a alguien?
—Si mis sentimientos son reales, por supuesto. Recorrería el mundo entero si hiciera falta.
—Oh… —susurró desviando de nuevo la mirada, pero esta vez no lo hizo hacia el suelo, sino que se perdió en el mar.
—¿Oh? ¿En qué piensas?
—Me pregunto cómo andan tus sentimientos —sonrió tímidamente—, si por casualidad están más seguros de lo que ya estaban ayer.
—Rachel… —dejó escapar con una sonrisa
—Es broma, Quinn —aclaró siendo consciente de lo perjudicial que era tratar de apresurar un tema tan delicado como aquel.
Y es que, a pesar de ser consciente de lo complejo de su relación con Quinn, a pesar de haber entendido que antes de intentar siquiera algo, debían organizar sus propias vidas, Rachel no podía evitar pensar en la idea del poco tiempo que quedaba en aquel lugar, y lo duro que le iba a resultar marcharse de allí, dejando a Quinn atrás.
Daba igual si aquello que ya sentía no avanzaba. Daba igual si Quinn admitía no sentir nada por ella. No le importaba nada que el motivo por el que Quinn regresase a Nueva York, no fuese ella. Lo único que tenía claro era que no iba a soportar la idea de dejarla allí, tan lejos de todo lo que ambas conocían. No quería ni pensarlo.
—Lo sé —susurró tras varios segundos de silencio—. No obstante, tengo que confesarte que mis sentimientos siguen un curso bastante alentador. Sobre todo, después de escucharte cantar.
—¿Alentador? ¿Eso significa que son más reales? ¿Qué esta isla ya no te influye tanto como creías?
—Positivos, afirmativos, Rachel. Estaré influenciada o no por la soledad que sentía antes de que tú llegaras, no lo sé, pero lo que sí sé es que me he enamorado de ti.
Se detuvo.
Rachel detuvo el paso repentinamente, y no porque ya hubiesen llegado al acceso de su apartamento, sino por las palabras de Quinn. Por la contundencia que utilizó para confesarle aquello, sin titubeos, sin miedos ni dudas.
A pesar de que ya se lo había dicho el día anterior, aquella noche sonó mucho más importante, más serio para Rachel.
—¿Por qué me miras así? —volvió a hablar de nuevo tras notar la confusa mirada de Rachel a su lado—. Creí que eso ya lo sabias.
—¿Pretendes que me acostumbre a que tú me digas algo así? Es imposible, Quinn. Imagina el subidón de adrenalina que se apodera de mí cuando dices eso. Me deja paralizada.
—No puedo imaginármelo —respondió lanzando una mirada hacia el apartamento —. A mí nunca me lo han dicho.
—Quinn, yo…
—Shhh —la silenció—, ni se te ocurra darme explicaciones por eso, ni mucho menos te precipites en decir algo así
—No me estoy precipitando, y no iba a darte explicaciones.
—Me da igual. No es el momento para que hables de tus sentimientos. No me sentiría bien.
—¿Por qué?
—Porque creería que te estoy incitando a hacerlo y no, no quiero que sea así. Si algún día sientes algo por mí, y estás realmente convencida de lo que es, me lo dirás sin más. Y será entonces cuando sienta ese escalofrío del que hablas, ese subidón de adrenalina que me deje paralizada. Pero hasta entonces, déjame que sea yo quien lo trabaje.
—¿Tratas…tratas de decirme que estás trabajando para enamorarme?
Quinn volvió a dibujar media sonrisa y no dudó en acercarse hasta quedar a escasos centímetros de sus labios—. La cosa más grande que jamás aprenderás, es amar…
—Y ser correspondida… —añadió Rachel reconociendo perfectamente aquella frase, y de donde procedía.
—Va siendo hora de amar y ser correspondida —susurró de nuevo, sin destruir la escasa distancia que las separaba—. Y va siendo hora de dormir.
Pudo aspirarlo, pudo beberlo y llenar con él sus pulmones.
Rachel suspiró con tanta fuerza, que se adueñó del aliento de la rubia, como si fuera un bálsamo de tranquilidad que templaba sus nervios, y la inmensa necesidad por volver a besar sus labios.
Ilusa, pensó tras procesar aquellas palabras. Si había algo de lo que realmente estaba segura, era que siempre había amado a Quinn, aunque no de aquel modo que ya empezaba a ocupar todo su ser.
Pero Quinn no quería oírlo aún, y pudo comprender el motivo. Quería verla rendida a sus pies, pero de tal forma que lograse sorprenderla, no como todos aquellos chicos que alguna vez habían terminado sucumbiendo a sus encantos. Quinn quería ser amada de verdad, como se aman esos amantes de las grandes historias románticas.
—Quinn...
—Dime, Berry… —respondió con apenas un hilo de voz, recreándose en sus labios y en sus ojos.
—¿Quieres dormir conmigo?
—Eh…
—Shhh —la interrumpió sellando sus labios con su dedo—. Solo dormir —aclaró —. Si vuelvo a hacer el amor contigo, no tendré fuerzas para marcharme de este lugar.
—¿Puedo hablar ya?
—Adelante…
—Vuelve a preguntármelo.
—¿Quieres dormir conmigo? —volvió a cuestionar mordiéndose los labios, y Quinn sonrió.
—Me muero por dormir contigo.
