Capítulo 29
Día 14
Duro.
Sabía que aquel momento llegaría, y aunque era algo habitual cuando conectabas de una manera especial con algunos de los clientes del hotel, nunca antes había tenido una sensación de angustia como la que se apoderaba de ella, en aquel preciso instante.
Y es que una despedida nunca era plato de buen gusto para Quinn, y mucho menos si la despedida se multiplicaba por dos, como en aquel caso.
Ni April, ni Olivia vieron lágrimas en sus ojos cuando se despidieron en el hall del hotel. Sin embargo, Quinn no ppudo evitar que los mismos se tornasen brillantes, y un angustioso nudo se apoderase de su garganta tras alejarse de ambas, y dejar que siguieran con el mismo ritual de despedida.
Era Adam el que ya hablaba con las dos chicas, mientras uno de los mozos trasladaba el equipaje de la pareja hacia uno de los boggies que iban a llevarla hasta el embarcadero.
Y es que no solo era el hecho de haberse despedido de dos chicas con las que había compartido tres semanas completas, llenas de muchísimas aventuras, de anécdotas que ya nunca se iban a marchar de sus recuerdos, y a las cuales, ya le unía un cariño especial por todo lo vivido junto a Rachel. Era ese pequeño matiz, recordar a Rachel, lo que hacía que aquella despedida fuese más especial para Quinn.
Un día.
Solo tenía veinticuatro horas más hasta que aquella misma despedida que se había dado con April y Olivia, llegase entre ella y Rachel. Y no estaba preparada, o al menos no creía estarlo.
Lo único agradable de ese cúmulo de sensaciones que anudaban en su garganta, era el hecho de saber que, probablemente, la morena volvería a ponerse en contacto con ambas chicas. Y a su vez, ella también tendría constancia de sus vidas lejos de allí. Muy lejos.
—¿Estás bien? —masculló Spencer tras el mostrador de recepción, observando como Quinn llegaba hasta él con el rostro desencajado.
—Claro —respondió tras dejar escapar un abrumador suspiro—. Es solo que las voy a echar de menos
—Lógico. Es la peor parte de vuestro trabajo. Tenéis que estar tanto tiempo con los clientes, que se termina sintiendo como si fueran amigas reales.
—Todo el mundo tiene que volver a su hogar. ¿No es cierto? Normalmente nos mentalizamos, pero hay despedidas que cuestan mucho más que otras.
—Así es. Pero puedes estar tranquila, estoy segura de que, si algún día pueden, regresaran aquí. Además, tienes que estar contenta, han valorado tu trabajo en el informe de calidad con un diez. Me temo que el puesto de Lindsay en Praslin va a ser tuyo, sí o sí.
—Créeme, es lo que menos me importa ahora mismo. No estoy para pensar en lo que va a pasar dentro de dos semanas. Además, si no me lo dan a mí, se lo darán a Adam, por lo que todos estaremos contentos.
—Adam no se va a ir a Praslin —respondió con certeza mientras organizaba algunos papeles en el interior de una carpeta.
—¿Por qué dices eso? ¿Te lo ha dicho él?
—Te digo que no se va a ir, y no se va a ir —repitió sin darle mayor importancia, algo que Quinn si hizo.
—Spencer —susurró acercándose a ella por encima del mostrador— ¿Tú y Adam?
—¿Yo y Adam qué? —musitó mirándola a los ojos.
—Oh dios —masculló Quinn recuperando la sonrisa— Oh dios… ¿Estáis juntos?
—¿Qué? ¿Qué dices? ¡No! ¿Por qué dices eso? —balbuceó tras aclararse la garganta.
—¿Habéis estado juntos? Oh dios, no me lo puedo creer. ¿Eres tú?
—No sé de qué me hablas.
—Dios, has caído, has caído por fin, y has dejado tu orgullo.
—¿Pero de qué hablas?
—Adam me confesó que estaba viéndose con alguien, bueno, en realidad fui yo quien pudo sacar esa conclusión por un comentario suyo. Es evidente que eres tú.
—¿Y por qué iba a ser yo?
—Primero, porque si fuese otra persona, Adam me lo habría contado. Segundo, llevas ya casi una semana sin proponerme sexo —murmuró divertida—, y eso solo significa que ya estás con alguien.
—¿Pero tú quien te piensas que soy? ¿Te crees que soy una ninfómana?
—No, pero siempre estás bromeando con ello, y llevas unos días que ni siquiera mencionas nada de eso. Además, te noto más relajada, menos arisca, y no paras de hablarme del amor, de darme consejos sobre el corazón o cambiar mi vida por el amor. Vamos, es más que evidente que estás con alguien, y ese alguien es Adam.
—Lo vuelvo a repetir, no tengo ni idea de lo que hablas.
—¿Por qué viniste ayer a la playa con nosotros? Tú nunca aceptas esas invitaciones, y menos si es en compañía de Adam. Menos aún si te tienes que mezclar con los clientes. Ni April ni Olivia te caen del todo bien, y mucho menos Rachel. Es evidente que viniste porque había un motivo mas importante… Adam —sentenció, pero Spencer no se iba a dar por vencida tan fácilmente.
—Fui porque tenía la tarde libre y me apetecía hacer algo diferente, ya que mi mejor amiga en la isla, no me dedica ni un solo minuto desde que apareció esa estrellita de Broadway, a la que incluso le come la boca en mitad de una de las playas más….
—Shhh —la interrumpió lanzando una mirada a su alrededor—. No intentes hacerme cambiar de opinión usando mis asuntos. Estamos hablando de ti y de Adam —masculló divertida—. Estás con Adam.
—Quinn —la interrumpió—, estoy trabajando. No tengo tiempo para discutir por esas películas que te montas en tu cabecita —masculló tensa—, así que deja de decir tonterías y céntrate en tu trabajo. ¡Toma! Firma esto y vete en busca de tu amiguita.
—¿Qué es esto? —cuestionó sin poder contener la risa.
—Tu novia ha pedido que hoy la actividad sea con las bicicletas, así que tienes que firmar tu consentimiento de que eso se va a realizar —espetó tratando de molestarla con el detalle de mencionarle a Rachel, como su novia.
Pero Quinn no cayó en la absurda estratagema. Sabía perfectamente que Spencer quería eliminar la atención que se centraba sobre ella y Adam, y no había opción mejor para ello que desviar los comentarios hacia el extraño romance que mantenían ambas.
—Mmm, ok, ok —musitó ojeando el informe—. Lo firmaré, pero no me marcharé. Rachel y yo hemos quedado aquí, en el hall.
—Pues no tienes que esperar más, porque ahí viene tu cenicienta —volvió a bromear con toda la intención de molestarla. Una vez más, Quinn la ignoró, y se limitó a buscar con la mirada a la morena, y ver como en lugar de dirigirse hacia ella, se desviaba hacia la salida, donde April y Olivia ya esperaban la llegada de Claire para acompañarlas hasta el embarcadero.
A tiempo, pensó Rachel tras distinguir a las dos chicas en el acceso del hotel, y dejar en un segundo plano a Quinn, a quien por supuesto había visto en la recepción.
—¿Pensabais marcharos sin despediros de mí? —soltó llamando la atención de la pareja, que no esperaban la aparición de la morena en aquel último instante.
—¡Rachel! ¿Qué haces aquí? —cuestionó April completamente sorprendida—. Pensábamos que estabas en el spa y no podías…
—No podía dejar que os marcharais sin despedirme de vosotras —espetó sin darle tiempo a reaccionar.
Y es que Rachel no dudó en lanzarse hacia los brazos de April, que, abrumada por el gesto, no pudo más que aferrarse a ella y disfrutar de aquel abrazo inesperado.
Y no solo ella. Olivia tampoco pudo evitar sorprenderse ante la efusividad que mostró Rachel con su chica, y a pesar de no ser algo muy típico en ella, esbozó una leve sonrisa por la alegría que sabía que April estaría sintiendo en aquella situación.
—He estado toda la mañana organizando mi equipaje para mañana, y luego tenía esas sesiones en el Spa. No podía dejar de pensar en vosotras, y en cómo hacer para llegar a tiempo. Aunque lo cierto… —musitó destruyendo el abrazo— Lo cierto es que no me gustan las despedidas.
—Pues no te va a quedar más remedio que hacerlo —intervino Olivia—. Nuestro equipaje ya está en los coches, y el ferry llega en menos de 20 minutos al embarcadero.
—¡Dios! No, no quiero irme —se lamentó April con el rostro apenado—. No ahora, que me lo estaba pasando tan bien. Gracias Rachel, gracias por estos últimos días, y muchas gracias por lo de anoche. Siento no haberte dado las gracias antes, pero cuando quisimos darnos cuenta, te habías marchado. Y no queríamos molestarte en mitad de la madrugada.
—Mejor que no lo hubieseis hecho —sonrió—, os habría matado si me despertáis para algo así.
—Pues te aseguro que April estaba dispuesta a hacerlo —masculló Olivia—, pero yo lo evité.
—Bien, bien por ti —respondió la morena sonriéndole—, por cierto —volvió a mirar a April — ¿De verdad pensabas marcharte sin darme la oportunidad de tener una foto contigo?
—¿Qué? ¿Una foto conmigo? —balbuceó desconcertada.
—Tú me la pediste y yo te lo negué, ahora soy yo quien la quiere —respondió mostrándole su móvil— ¿Me permites tomarme una fotografía contigo, April?
—¿De, de verdad quieres…?
—¡Vamos pesada! —intervino Olivia tras notar el tartamudeo de su chica— Deja de tartamudear y acepta de una vez. Lo estás deseando.
—¡Cla… claro! Claro que quiero, Rachel.
—Bien —sonrió satisfecha—. Olivia, ¿te importa hacernos la foto?
No, no le importó en absoluto. De hecho, casi que le quitó el teléfono de las manos a Rachel, y rápidamente comenzó a enfocarlas.
Rachel no lo dudó y se abrazó a April, tal y como solían hacer los fans con ella. Y aquel gesto volvió a sorprender a la chica, que se limitó a sonreír y a permitir que su rostro quedase lo más cerca posible del de Rachel. Una completa odisea si pensaban en la diferencia de estatura que las separaban.
Pero ambas quedaron inmortalizadas en el teléfono de Rachel, y lo hicieron con sendas sonrisas y algo de emoción inundando sus ojos.
—No, no me lo devuelvas aún —habló Rachel tras ver como Olivia ya iba a entregarle el teléfono—, deja tu número guardado, si no te importa. Y el de ella —miró a April—. Me gustaría ponerme en contacto con vosotras cuando estemos en el mundo real.
—¿Para qué? —masculló Olivia un tanto desconfiada—. Puedes estar tranquila, no vamos a mencionarte en ningún lado. No tendrás que buscarnos para que exigirnos explicaciones.
—No, no es por eso. Por supuesto que confío en vosotras —respondió rápidamente—. Solo quiero poder tener una vía de contacto con vosotras. Lo cierto es que tengo varios proyectos pendientes en teatro, y me gustaría invitar a April a que viniese a verme —respondió omitiendo el detalle de los posibles planes laborales que había pensado para ambas—, y por supuesto me encantaría que fueses tú quien la acompañase.
—¿Hablas en serio? —musitó April sin eliminar la sorpresa de su rostro, mientras Olivia ya procedía a guardar sendos números en el teléfono de la morena.
—Por supuesto, además tengo que enviarte esa foto, o… ¿Prefieres que la publique en Twitter?
—¿Twitter? Pero eso te metería en problemas. ¿No?
—Solo hay que saber el cuándo y el por qué —sonrió cómplice.
—Disculpen —interrumpió Clarie—, siento la interrupción, pero debemos marcharnos ya. El ferry está a punto de llegar y no pueden perderlo si quieren llegar al aeropuerto.
—Oh… —se lamentó April con los nervios a flor de piel. Tanto que, sin pensarlo, no pudo evitar volver a abrazar a Rachel, esta vez con mucho más cariño.
—Cuídate April —susurró la morena—. Volveremos a vernos, te lo prometo. Y gracias por todo.
—Gracias a ti, Rachel —respondió sonriente, conteniendo una lágrima que estaba a punto de descender por su mejilla.
—Olivia —musitó Rachel mirando a la chica.
—Aquí tienes tu teléfono —dijo entregándole el dispositivo—, gracias por todo. Me has demostrado que eres una muy buena persona. Y gracias por lo de anoche. Nunca lo olvidaré.
—Ha sido un placer conocerte —volvió a abrazarla—, nos volveremos a ver.
—Eso espero —susurró tras deshacer el abrazo—. Por cierto, espero que cuando eso suceda, estés bien acompañada. La próxima vez me gustaría invitar a cenar a mí.
—Está bien, tú invitarás, pero deberías avisar también a Quinn —sonrió—, fue ella quien pagó nuestra cena.
—Lo sé —le guiñó un ojo mientras tomaba de la mano a April—, de ahí que espere que estés bien acompañada, y seamos cuatro quienes cenemos.
—Oh… Ok. Voy, voy a luchar con todas mis fuerzas para que eso sea posible —le dijo buscando su complicidad, y Olivia le sonrió.
Fue lo último que dijo antes de ver como la recepcionista insistía en la marcha de la pareja, y ambas salían del hotel despidiéndose por última vez de ella, con algunas miradas fugaces que April no podía evitar lanzar y la sonrisa implantada en su rostro.
—Gracias… —susurró Rachel sin que ninguna de las dos pudiese oírlo.
Fue más un pensamiento que ella misma se regaló al verlas alejarse, y perderlas de vista. Un pensamiento que acompañaba a la imagen de las dos, perfectamente tomadas de la mano y las miradas que seguían regalándose entre ellas, casi sin ser conscientes.
No parecía importarles saber que, en apenas unos días, volverían a estar separadas por miles de kilómetros. Y si les importaban, trataban de no pensarlo y simplemente disfrutaban de la compañía, del cariño y el amor que se procesaban.
Aquella pareja era un ejemplo de constancia, un ejemplo de que el amor puede ir más allá, a pesar de las distancias, y mantenerse firme si se propone. Si realmente se lucha por él. Y era un ejemplo que ya se había implantado en ella.
Hacía escasas horas, Quinn le había confesado que no contemplaba la opción de mantener una relación a distancia, pero que no tendría problemas en hacerlo si el amor le llegaba en aquella locura. Y justo en aquel instante, después de despedirse de ambas chicas y tener todas aquellas sensaciones revoloteando por su mente, Rachel supo que iba a luchar por llevarse un sí de Quinn, cuando subiera a aquel avión rumbo a Nueva York.
Supo que, a pesar de tener menos de 24 horas en la isla, iba a hacer lo posible por que Quinn deseara estar con ella, aunque un océano las separase.
—¿Interrumpo?
No, por supuesto que no, pensó la morena al escuchar la voz de Quinn tras ella, pero aquellas palabras no salieron de su voz. Solo una sonrisa que se adueñó de su rostro, y terminaba regalándosela a ella tras buscarla con la mirada.
—Creo que podría acostumbrarme a leer una nota tuya cada mañana —musitó—, pero no sé por qué, habría preferido que me despertases y me dijeses adiós con palabras.
—Sonreías mientras dormías —se acercó con sigilo—. No habría sido una buena idea despertarte en mitad de un sueño que te hacía sonreír. No me lo habría perdonado nunca.
—Yo sí. Sobre todo, porque si quien te despierta, es quien ocupa tus sueños.
—¿Soñabas conmigo?
—Tal vez… —susurró dejando una traviesa sonrisa en el aire, al igual que su respuesta completa.
—Bien por mí —bromeó—. Ya que no provoco sonrisas en la vida real, al menos sé que lo hago en sueños.
—Quinn —se acercó a ella—, no hay nada que no provoques en cualquier ser humano que se cruce en tu camino.
—¿Tú crees?
—Totalmente.
—¿Qué provoco en ti?
—¿Es necesario que te responda a eso? —respondió regalándole una mirada que la dejó bloqueada.
Rachel hablaba con un tono distendido, casi alargando una broma que dejó de serlo en aquel instante, y tomó el matiz de confesión. De algo que de veras pretendía salir del corazón de la morena. De una intencionalidad que destruía cualquier duda o pregunta que pudiera surgirle a la rubia.
—A veces es necesario escucharlo, solo para saber que hago bien las cosas —susurró completamente hipnotizada por sus ojos.
—No soy buena con las palabras, prefiero demostrártelo.
—¿Aquí? —cuestionó lanzando una mirada a su alrededor.
—No, te lo voy a demostrar en lo que queda de día, hasta que me veas marcharme por ese camino —señaló hacía donde minutos antes, había visto desaparecer a Olivia y April. El mismo camino que ella recorrió el primer día que llegó a la isla.
—No será esa la última vez que te vea. Probablemente sea en el aeropuerto de Praslin.
—No —respondió rápidamente llenándola de confusión—, no vas a venir a Praslin a despedirme. De hecho, ni siquiera vas a venir al embarcadero.
—¿Qué? ¿Por qué dices eso?
—Odio las despedidas, y no me voy a despedir de ti en un aeropuerto o en un embarcadero, Quinn. Prefiero hacerlo aquí, en la playa.
—Pero… ¿Hablas en serio? Yo quiero acompañarte hasta el ultimo instante que estés en la isla. Quiero ir al aeropuerto contigo y…
—Shhh —la interrumpió— ¿Quién es la estrella aquí? —dijo recuperando la sonrisa.
—No, no Rachel, no tiene gracia. No me vas a prohibir que vaya a despedirte al aeropuerto.
—No, no te lo voy a prohibir, pero confío en que me quieras lo suficiente como para no hacerme pasar ese mal trago.
—Pero…
—Quinn, tú no lo sabes, pero cuando me suba a ese avión, voy a llorar mucho. De hecho, me quedaré sin lágrimas. Y no quiero hacerlo e imaginarte en el aeropuerto diciéndome adiós, o en el embarcadero. Prefiero imaginarte en la playa, en tu lugar en esta isla. Eso me hará feliz.
—Rachel , ¿de verdad me estás pidiendo eso?
Sonrió, pero lo hizo con la pena apoderándose de su rostro. Rachel tomó su mano y llenó sus pulmones con una gran bocanada de aire.
—Escúchame Quinn, acabo de pasar un momento bastante triste con April y Olivia, y apenas las conozco de una semana. ¿Cómo crees que me voy a sentir al despedirme de ti? ¿Quieres que se me rompa el corazón? ¿Quieres que tome la decisión de dejar todos mis sueños y venirme aquí, contigo?
—¿De qué hablas?
—Si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma. Tú me dijiste ayer que harías lo que fuera por lograr el amor de quien amas. ¿No es cierto? Incluso dejar tu mundo.
—Sí, pero eso no es de lo que…
—Yo también soy capaz de algo así, Quinn. No eres la única que ha soñado con amar y ser correspondida.
—Tú has amado, y has sido correspondida antes.
—Y estuve a punto de dejarlo todo. ¿Lo recuerdas?
—Tenías diecisiete años. Ahora eres una mujer, Rachel. Tienes edad suficiente para saber que eso sería un suicidio para ti. Tu mundo es el teatro, y no podrías vivir sin él.
—Quinn —se acercó hasta quedar a escasos centímetros de sus labios—, no vuelvas a pensar por mí. Ya no tengo diecisiete años, y sé muy bien lo que quiero en mi vida. Tú misma lo has dicho. Pero solo yo sé dónde está mi límite, y lo que deseo. Lo que necesito para ser feliz.
No me voy a ir de esta isla sin la certeza de saber que algo nos espera juntas. Y moveré cuantas montañas sean necesarias para hacerlo real, te lo aseguro.
Escalofrío. Hielo. Electricidad.
Quinn trataba de encontrar la palabra perfecta que describiese la sacudida que había traspasado su piel y recorrido por su espina dorsal, mientras aquellas palabras salían con una contundencia abismal, y una dulzura infinita de Rachel, pero no hallaba término alguno que pudiese describirlo o darle significado parecido.
Ni siquiera se percató de cómo el tiempo pasaba y seguía perdida en su mirada, asimilando lo que acababa de escuchar. De lo único que pudo percatarse en aquel instante, es que aquella sensación era la que cualquier ser humano podría describir, como la destrucción absoluta de su cordura.
—Creo que nuestra última actividad oficial en la isla tiene que empezar ya, ¿no es cierto? —volvió a hablar Rachel provocando la reacción en Quinn, que había olvidado que llevaba entre sus manos el informe que minutos antes había tenido que firmar.
—Eh, eh sí —balbuceó—, pero me han dado esto. ¿Has pedido que utilicemos las bicicletas?
—Así es. Esta tarde, por ser mi última tarde en este paraíso, vamos a hacer lo que yo quiero hacer. ¿De acuerdo?
—Eh claro —susurró—, estoy a tu entera disposición —respondió provocando una atrevida sonrisa en Rachel, que, sin dudarlo, soltó la mano de la rubia y comenzó a caminar hacia el interior del hotel.
—Así me gusta —musitó divertida—. ¿Vamos?
Como no ir, pensó Quinn tras verla desaparecer en el interior del hall y dirigir sus pasos hacia la zona trasera, donde las bicicletas y los quads esperaban impacientes.
Y es que Quinn sabía que, al igual que ella misma podía provocar esas miles de sonrisas, tal y como le había confirmado la morena. Ella, su Rachel, era capaz de mover montañas con apenas un susurro y una mirada.
