—Todo esto es tu culpa, Amira.

—¿Disculpa? ¿Acaso yo te dije que te tiraras de la canoa? —preguntó Amira, mirando a Austin con las cejas alzadas. El pobre estaba empapado de pies a cabeza, e incluso tenía un pez en la mano que dejó en el agua antes de levantarse del suelo. Habían estado compitiendo contra Karissa y Kayla cuando Amira le comentó que había sentido algo raro entre sus pies y Austin simplemente le dedicó una mirada de pánico antes de lanzarse al agua y nadar hasta la orilla.

Karissa y Kayla caminaban hacia ellos, sin saber si estar preocupadas o divertida por el hecho de que al parecer Austin había tenido un pequeño... impulso nervioso, por decirlo de alguna manera. Kayla se detuvo junto a Austin, comprobando que todo estuviera en orden con el chico antes soltar una bonita carcajada.

—A ver dime, ¿Por qué te lanzaste de la canoa? —Kayla alzó las cejas, mirándolo fijamente con una sonrisita. Austin bufó, sabiendo que sería objeto de burla por un largo tiempo. Sinceramente, ni siquiera él sabía la razón de por qué lo hizo. Solo sabía que estaba remando con Amira, ella dijo que algo extraño le había pasado entre los pies y lo único que le vino a la cabeza fue ¿y si se metió una cucaracha en la canoa? Después de eso se levantó con brusquedad y se lanzó de cabeza al lago.

Primero muerto antes que dejar uno de esos adefesios cerca de él.

Amira suspiró, ahogándose con una carcajada que se le escapó cuando Austin se removió inquieto y sacó de su pantalón a otro pez, un poco más grande que el anterior. Repentinamente, Percy, quien iba pasando por ahí, corrió hacia ellos con cara de horror. Se puso junto a Austin y lo abofeteó, indignado.

—¡¿Qué es esto que oigo sobre secuestro e intento de homicidio, Kyle?! —se calló un momento, mirando al lago, para luego abrir los ojos desmesuradamente. Miró a Austin—. ¡¿Pusiste al pez en dónde?!

Karissa rió con fuerza: Percy se veía como si le acabaran de decir que habían visto a su madre desnuda y le habían tomado fotos. No es una bonita imagen mental para nadie, pero por lo menos sirve para describir la indignación y el horror que cruzaba las facciones de Percy, sin contar el enojo con el que sacudía a Austin. Amira rió un poco, negando con la cabeza. Lanzó la mirada hacia la pared de lava, observando a Apolo hablando en la cima junto a Alex, un hijo de Febo, muy tranquilo y feliz de la vida. Alex se veía tan asombrado con la presencia de Apolo que daba algo de ternura. Amira se preguntó si ella daría la misma impresión de fascinación cuando el dios –o cualquier dios, si a eso van- estaba presente. Ciertamente, se sentía muy infantil cada vez que Poseidón, Deméter, Hermes o Apolo siquiera le pasaban por el lado. Porque vamos, no todos los días te vas a encontrar con un dios, y sí, Amira ya ha tenido su tiempo para procesar la existencia de dichos dioses, pero eso no quería decir que fuera a estar tranquila y como si nada con sus divinas presencias.

Amira suspiró, tomando la mano de Karissa.

—Bueno, mientras ustedes siguen discutiendo la inocencia de los peces que Austin acosó, nosotras nos vamos a pasear —anunció, asintiendo en dirección a Kayla, quien se destornillaba de la risa mientras Percy le reclamaba a Austin con euforia.

Karissa miró a su amiga sonriente.

—¿Qué haremos ahora?

—Lo mismo de siempre Pinky: ¡tratar de conquistar el mundo! —respondió.

La hija de Hades le dedicó una mirada indiferente, sus labios apretados en una fina línea. Amira se detuvo, cerrando los ojos mientras se auto recriminaba, pensando: ¿Por qué demonios dije eso?

—Estoy segura de que eso sonaba diferente en tu mente, pero por favor no vuelvas a decir eso.

—Hagamos como que no dije nada, ¿está bien? Contestando a tu pregunta, pues no sé —dijo la castaña, guiando a su amiga a través de la cancha de volley—, solo quería pasar algo de tiempo extra contigo antes de que vayamos a la clase de tiro con arco.

Karissa sonrió, jalando a Amira a la cancha.

—¿Qué tal si jugamos un poco? —preguntó.

Amira frunció el ceño, cruzándose de brazos.

—¿Quieres que me rompa la nariz mientras adivino adónde se supone que va a caer la pelota? —gruñó. Karissa suspiró, habiendo olvidado el pequeño no tan pequeño problema de Amira. Aun así, la jaló del brazo y la llevó a la cancha mientras la hija de Apolo rodaba los ojos, argumentando que por lo menos podía liberar tensiones. Cuando llegaron a ella, Karissa contó a los jugadores, y vaya casualidad, faltaban dos jugadores, uno en cada equipo. Aun así, parecían bastante equilibrados.

Estaban Chris, Jane –hija de Venus-, Alison –hija de Ceres-, Jake y Nico en un lado, con Nico de capitán, aparentemente; mientras que en el otro lado de la cancha Will lideraba al otro equipo, junto con Piper –la hija de Afrodita que era bastante simpática-, Charlie – hijo de Mercurio-, Cody –hijo de Iris- y Travis.

Extrañamente, Connor no estaba a la vista, lo que era demasiado sospechoso. Karissa estaba un poco paranoica con lo que le habían hecho los idiotas a la cabaña de Deméter como para bajar la guardia con esos dos, o con la cabaña de Hermes en general. No quería ni saber lo que harían los tontos si se enteraban del terror que le tenía Karissa a los insectos.

Karissa silbó, llamando la atención de los jugadores, que estaban tomando un descanso. Señaló con la mano a su persona y a su amiga, sonriendo.

—¿Les importa si nos unimos? —preguntó. Todos se miraron entre sí, como considerando la pregunta, ates de que Nico asintiera con firmeza, negándose a dejar que alguien desairara a su hermanita. Corazón de pollo, sonrió Will, bebiendo agua. Cada chica se fue corriendo con sus respectivos hermanos, una más feliz que la otra.

No era por presumir, pero con Amira en su equipo les daban una paliza. La muchacha no era colocadora ni rematadora, pero era muy buena recibiendo el balón, lo que era una ventaja para ellos, puesto que el equipo de Nico estaba lleno de atacantes, pero ningún defensor medianamente decente. Se guiaba por los sonidos, tal y como llevaba haciendo desde su accidente dos meses atrás, apoyándose en su audición para compensar su corta visión. Levantaba la mirada para ver el balón y percibía apenas la figura borrosa, pero hey, algo es algo.

Al menos Karissa tenía razón: aunque algo cansada, estaba mucho más relajada para cuando terminaron el juego.

Amira se sentó con Travis, recibiendo con gusto la toalla que le pasaba el hijo de Hermes. Le miró de reojo, sintiéndose extraña. Estaba silencioso, y eso no le agradaba. Ese comportamiento taciturno no combinaba con el bromista bobalicón que Amira llevaba viendo desde su llegada al Campamento. Suspiró, volteando a mirarlo fijamente con una mueca en los labios, escuchando a Karissa hablar animadamente con Alison, la romana que a Amira no le caía nada bien.

—Travis —le llamó. Él volteó, sonriendo levemente—, ¿estás bien? Te ves... distraído.

—Seeeh —respondió, despreocupado.

Amira sonrió.

—No te creo.

—Bien por ti —respondió aburrido.

La chica bebió agua, aún mirándolo fijamente. Travis, ahora consciente de la mirada de Amira puesta en él, se removió inquieto.

—Estás cansado, y puedo ver la preocupación que inunda cada uno de tus gestos —dijo Amira. Travis tragó con dificultad: o ella era muy observadora o él era muy obvio. Por alguna razón creía que era un poco de ambas.

—¿Estudiarás psicología acaso? No me analices, ¿quieres? ¡Me da escalofríos! —reclamó Travis, secándose el sudor con la toalla que hasta entonces reposaba en su regazo.

—Es por Connor —sentenció la muchacha. Abrió la boca, dispuesta a continuar—. ¿Tú-?

—¿Y si cambiamos de tema de una vez? —interrumpió bruscamente, rodando los ojos. Amira cerró la boca, esta vez sin sonreír. Asintió, estirando la mano para arreglar el cabello desordenado de Travis, dando otro trago a su botella de agua.

Sonrió un poco, tratando de aligerar el ambiente pesado que se había instalado entre ambos. Miró hacia ambos lados antes de inclinarse en dirección a Travis.

—... ¿dónde puedo conseguir una Coca-Cola y dos paquetes de Oreos? —preguntó con aire confidencial, a lo que Travis sonrió travieso, haciendo que Amira suspirara con alivio.

—Pues verás...

Karissa mientras tanto, escuchaba a la hija de Ceres describir su campamento con ayuda de la hija de Venus y el chico de Mercurio. Alison, Jane y Cody, se recordó Karissa, sonriendo cuando mencionaron sus respectivas cohortes con emoción. Los tres se veian tan estoicos, al igual que casi todos los romanos, pero la verdad eran bastante dulces si te disponías a conocerlos. Eso Amira obviamente no lo entendería puesto que desde que miró a los romanos llegar había decidió que no le agradaba la mayoría. Son demasiado arrogantes, ¿no ves como caminan? Pffft, son como los niños ricos en las escuelas privadas, había dicho, rodando los ojos con molestia. Karissa le restó importancia, sabiendo que no había manera de hacer que ella cambiara de opinión a menos que cayera algún romano del cielo que forzara a Amira a aceptar que se equivocaba, lo que dicho sea de paso, es un 97% improbable, si quieren hablar de números.

Miró a la derecha, esperando encontrarse a Will en donde percibió una mata de cabello rubio pero Will estaba a unos metros de Amira hablando junto a Nico. Se centró en aquella persona, y pronto cayó en cuenta de que era Apolo, quien se veía bastante disgustado. El dios tenía la mirada fija en Amira y Travis, haciendo un pequeño puchero que no pasaba desapercibido para nadie.

Los tres romanos junto a ella hicieron una respetuosa reverencia, cautelosos ante la presencia de Apolo. Will se acercaba junto a Nico, ambos haciendo una venia respetuosa al dios, al igual que Piper. Chris había puesto pies en polvorosa tan pronto terminó el juego, pues Clarisse aparentemente había quedado de entrenar con él y si llegaba tarde le iba a quebrar unos cuantos huesos como castigo. Tan linda su cuñada, ¿no lo creen?

—Lord Apolo, buenos días —saludó Karissa, sonriéndole tranquilamente al dios. Había algo en la presencia de los dioses que la hacía sentir calmada. Como si con ellos allí nada malo podría pasarle. Sintió lo mismo cuando su padre fue a su casa, y con Hestia. Claro, había excepciones a la regla. Zeus, por ejemplo: solo oír su nombre le ponía los pelos de punta. Recordaba claramente su mirada furiosa el día en que fue llevada al Olimpo. Aquellos ojos azules que parecían dispuestos a fulminarla por el simple hecho de existir, como si su nacimiento fuera una ofensa hacia él.

Sacudió la cabeza mientras Apolo sonreía, saludando a los semidioses con la mirada en Travis, quien se había levantado junto a Amira al notar la presencia del dios. Amira se veía genuinamente contenta con la presencia de su padre, aunque la única señal de ello era que las esquinas de sus ojos se arrugaban alegremente, como si contuviera las ganas de sonreír, y probablemente lo hacía.

—Solo venia a saludar a mis hijitos —el dios respondió a la pregunta implícita que se sentía en el aire. Karissa rió, mirando a los romanos sonrojarse, avergonzados. Apolo sonrió, por fin desviando la mirada de Travis para observar a Will y a Amira—. También pensé que, no sé, quizás querrían venir conmigo a la playa...

El tono esperanzado con el que formuló la pregunta le dio ternura a Karissa. Ahí estaba el omnipotente dios del sol, las plagas, la medicina y otros; mirándose como un cachorro golpeado en plena lluvia con un bate de beisbol, pidiéndole a sus hijos pasar un momento junto ellos. Quiso soltar un gran "aww", pero aparentemente sería la única, puesto que los romanos tenían una expresión de envidia en los rostros; Nico estaba completamente indiferente; Travis solo miraba hacia otro lado, incómodo; Piper los miraba con añoranza y tristeza y los hijos de Apolo se miraban entre ellos.

Resistió su impulso de fangirlear, y le dedicó a Amira una mirada al estilo ¿Qué estas esperando? que ella captó al vuelo.

—Ehm, pues... yo... ¿me gustaría ir con usted? —dudó, sin realmente saber cómo tratar al dios. El día anterior le había hablado enteramente de usted, por lo que supuso que simplemente iría por el terreno conocido. Will, al lado de Amira, asintió, completamente entusiasmado.

Karissa miró a Nico bufar con afección, sus ojos fijos en Will. Era lo mismo que solía hacer Amira cuando quería burlarse de Karissa pero la ternura que sentía por dentro se lo impedía, y Karissa no pudo evitar preguntarse si de casualidad se aplicaría lo mismo para Nico con respecto a Will.

—¡Genial! ¿Vamos entonces? —Apolo sonrió, y sus dos hijos le devolvieron el gesto, caminando detrás de él.

Aparentemente, Amira había olvidado decirle algo a Travis, pues se devolvió rápido con un "rayos, esperen un segundo", y se acercó a él lo suficiente como para susurrarle algo que solo Travis pudo escuchar antes de volver con Will y Apolo tras guiñarle el ojo a Karissa. El hijo de Hermes rápidamente silbó al verse rodeado por las miradas inquisitivas de los demás semidioses, preparándose para una retirada estratégica.

Karissa sonrió, y la verdad era algo que estaba haciendo mucho últimamente.

Ah, ya amaba el campamento.

Karissa jamás odió algo con tanta intensidad como aquella bandeja de brócoli, puré de papa casero y sopa de pollo con fideos frente a ella. Apolo estaba frente a ella, mirándola expectante. Nadie sabía cómo habían llegado al tema de las dietas de cada quien, pero el punto era que Apolo había terminado uniéndose a Deméter con el fin de hacer que mejoraran sus elecciones en comida, cosa que no iba a funcionar, quiero decir, Karissa y Amira vivían prácticamente solas y nadie controlaba sus comidas ni los alimentos que ingerían desde que tenían trece. Ambas taradas casi que vivían de sándwiches y comida china del restaurante al final de la calle de Karissa, no puede esperarse mucho de dos adolescentes que solo pueden cocinar unos huevos fritos sin tener riesgo de incendiar todo el edificio o la casa de Amira.

Apolo movió la bandeja frente a ella, como recordándole que tenía que comerse aquellos desagradables vegetales. Amira en cambio tenia a Deméter encima de ella apurándola a comerse una balanceada comida que consistía en: avena, una bandeja de fresas y sopa con espárragos. Ambas compartieron una mirada de apoyo, transmitiendo un mensaje que tenían bien en claro.

Solo por esta semana.

Claro, probablemente Amira hallaría la manera de comer al menos algo de carne durante la semana, porque si no lo hacía, fijo que le daría una rabieta. Karissa suspiró, removiendo la comida con ligero asco, pero sin dejar que se mostrara en su rostro por respeto a Apolo.

Percy, al lado de Amira, fruncía el ceño mientras llenaba su plato de manzanas para evitar que los dioses fueran a aplicarle una dieta a él también. No gracias, a él le gustaba comer lo que le daba la gana.

Karissa decidió que actuaría como niña consentida, por lo que se comió tres pedazos de brócoli, se comió el puré de papas y le dio un sorbo considerable a la sopa, levantándose rápido.

—Con permiso —dijo, para luego caminar con urgencia a hacerle la ofrenda a su padre. Antes de darse la vuelta, sin embargo, se detuvo, mirando el fuego casi con suplica—. Padre, te pido por favor que me llenes de paciencia para no matarme antes de que termine la semana. Con todo respeto.

Suspiró y empezó a irse en dirección a su cabaña, totalmente exhausta. Sentía los músculos tensos y agarrotados; le dolía el tobillo intensamente y su "cena" la dejó con más hambre de la necesaria. Negó con la cabeza, resignándose a simplemente dormir.

Pensó en todos los sucesos que venían aconteciendo desde su llegada al Campamento -no era la primera, ni la última vez que lo hacía-, su mente se fue adormeciendo hasta que pudo conciliar el sueño muy pacíficamente. Estaba ya por el quinto sueño de la noche cuando dos idiotas se tropezaron en la entrada de la cabaña mientras la miraban agitados. Amira sonrió, inmediatamente caminado a ella y sentándose a su lado, Percy en cambio se quedó de pie junto a ellas con una sonrisa traviesa. Karissa parpadeó confusa, sin saber si estaba soñando o no. Se miró los dedos de las manos, confirmando que tenía diez dedos, para luego mirar el reloj en la pared. 21:13. Observó a los dos semidioses frente a ella ponerle un plato de carne asada con ensalada en la cama, un poco dormida. Dirigió la mirada a Amira, luego a Percy, luego al plato.

—Qué —dijo. Tenía la boca abierta porque a. esa carne se veía y olía wow, b. qué bonitos se veían los ojos de Percy y c. pero qué sueño tenía, por amor a Hello Kitty.

En una nota extra, todavía le dolían los músculos y sentía que si se levantaba iba a terminar soltando un chillido nada digno. Amira la tomó de la mano, sonriendo, y empezó a contarle lo que había estado sucediendo en su ausencia en el pabellón, y Karissa no pudo evitar sonreír con el entusiasmo de su amiga. Miró a Percy de reojo, notando su incomodidad.

Karissa se hizo a un lado, acomodándose mientras comía un poco de lo que le habían llevado ambos semidioses, indicándole a Percy que se sentara a su lado. El hijo de Poseidón sonrió, obedeciendo. Los tres estuvieron hablando hasta que Nico los corrió, luego de que todos ya hubieran regresado a sus respectivas cabañas luego de la hoguera. Karissa sonrió, despidiéndose de sus dos visitantes, que le mostraban el dedo medio a Nico tras su espalda.

Decir que Karissa durmió como un bebé sería un eufemismo.

—¡Es que yo simplemente no puedo ser feliz en esta vida! —exclamó Amira, cruzándose de brazos en su puesto junto a Karissa mientras miraban a los romanos subir a su autobús para irse de vuelta a California, a su lindo Campamento que parecía más una base militar según lo que había oído Amira. Jason Grace era uno de los poquísimos romanos que le caían bien, había estado enfrascada con él en una agitada discusión en términos sorprendentemente civiles y entonces resulta que tenían que irse. ¡Vaya maravilla!

Ok, sí, había esperado ese día con ansias pero ahora encontraba a alguien con quien podía hablar de manera más o menos tranquila y que era educado. Rodó los ojos: genial, ahora pensaba como su madre. El autobús arrancó, y todos se quedaron en silencio por un rato, mirándolo hasta que desapareció de sus vistas.

Amira se encogió de hombros, dispuesta a ir a los establos a dar un paseo con su aparente nuevo amigo Storm –un precioso pegaso con bello pelo avellana y piel de color miel-, pero entonces Clarisse se acercó a Karissa y a ella, quedando justo frente a ambas chicas. Todos parecían aguantar la respiración, puesto que no se oía ni el mísero vuelo de una mosca.

Clarisse tomó una bocanada de aire, los brazos cruzados sobre su pecho con firmeza. Apolo se acercó un poco, curioso, mientras Poseidón fruncía el ceño –esos niños sí que tenían drama, demonios-. Clarisse estiró los brazos, y Amira ya estaba gruñendo para cuando la mano izquierda de Clarisse se posó en su hombro con más delicadeza de la que esperaba. Parpadeó, confundida. Miró a Clarisse, quien tenía los ojos cerrados.

De repente abrió los ojos desmesuradamente, exaltando a las dos semidiosas frente a ella.

—¡USTEDES DOS SÍ QUE TIENEN AGALLAS!

Karissa miró a Amira de reojo, como queriendo decirle ¿y esta qué?, y sinceramente Amira se hacia la misma pregunta una y otra vez en su mente. Era un poquito... perturbadora, la forma en que Clarisse sonreía ampliamente y con entusiasmo. La hija de ares las sacudió con violencia bien intencionada (?), revolviéndole el cerebro a Karissa y regalándole un lindo dolor de cabeza a Amira.

—¡LE DIERON UNA PALIZA AL INÚTIL ROMANO! —vociferó. Amira miró a los demás campistas. Algunas las miraban con exasperación, otros asentían, completamente de acuerdo, oros reían y otros solo miraban la escena con indiferencia. Clarisse miró a Karissa fijamente—. ¡TÚ HICISTE UN BUEN TRABAJO EN EL CAPTURA LA BANDERA! ¡Y TÚ...! —tomó a Amira por ambos hombros y la sacudió con más fuerza que antes—. ¡TIENES UN GANCHO DERECHO MAGNÍFICO!

Después de un rato de que Clarisse fangirleara porque las nuevas le habían plantado cara al cerdo sexista bueno para nada de Damien, la chica se enderezó, tratando de retomar la compostura tras aquel intenso ataque. Se disculpó muy bajito, se dio la vuelta y se fue. Travis, quien parecía de mejor humor que el día anterior, se destornillaba de la risa detrás de ellas, acompañado de Cecil, un chico de Hermes y Lou Ellen, consejera de la cabaña de Hécate.

Amira se frotó el hombro izquierdo, pasando a hacer lo mismo con su hombro derecho luego: vaya que Clarisse estaba eufórica. Miró a Karissa y la pobre niña estaba pálida. Le dio unas palmaditas en la espalda antes de empezar a empujarla en dirección a los establos. Karissa estaba en modo automático, iba a donde Amira la guiara y a la velocidad que Amira quería, hasta que se detuvo en seco.

Giró el rostro hacia la hija de Apolo, viéndose asustada, extrañada y confundida.

—¿Qué-? —se aclaró la garganta, mirando paranoica hacia donde estaba una sonriente Clarisse hablando con Chris—. ¿Qué rayos acaba de pasar?

—¿Tengo cara de que sé qué fue lo que pasó? —Amira sacudió la cabeza—. Estoy tan confundida como tú.

Karissa jaló su cabello hacia abajo con una mueca en el rostro.

—¿Confundida? ¡¿Solo eso?! ¿Qué hay de horrorizada, asustada y todos sus sinónimos?

Amira rió, negando con la cabeza. Ambas se adentraron en los establos, Karissa quejándose por la actitud de Clarisse mientras Amira se dirigía a Storm. La hija de Hades miró a su amiga del alma acariciar al pegaso con cariño mientras él se dejaba hacer. Ella siempre había sido afectiva con los animales. Karissa los entendía por buscar a Amira, en serio. Tiene una presencia tranquila y fuerte que te llena de calidez. Te hace sentir bien, como-

Como en casa.

Para los animalillos que se encontraban en la calle no debía ser diferente. Los perros callejeros a los que Amira a veces daba de comer; la ocasional ardilla que se trepaba al lado de Amira en los jardines de la escuela; una paloma a la que curó al hallarla herida y cómo olvidar la vez que estaban en la playa y ayudó a una cría de tortuga marina a regresar al mar.

Probablemente Amira fuera a estudiar medicina veterinaria. No le sorprendería, siendo hija del dios de la medicina, pues...

Un empujón brusco en el hombro llamó su atención. Karissa se horrorizó: ¿Clarisse de nuevo?

Todos menos ella, todos menos ella, todos menos ella...

Volteó con lentitud digna de las series de suspenso, pero en lugar de encontrarse una sonrisa maniática se tropezó con un pegaso irritado que revoloteaba las alas con fervor. Ah, Blackjack. El pegaso se había portado muy bien con Karissa los últimos días que pasaba por el establo, al igual que todos los otros, pero Blackjack era el único que la buscaba.

Blackjack le dio otro empujón, bufando. Karissa sonrió, alzando las manos para acariciar el lomo de Blackjack cariñosamente.

—Ah pero claro, como no quise traerte las donas ya me estás reemplazando, ¿no es cierto? —gruñó una voz masculina, haciendo voltear a Karissa y Amira. Percy estaba parado a unos metros detrás de ellas, con las manos en la cadera y una mueca de falso enojo. A su lado estaba Poseidón, quien sonreía divertido mientras observaba con ojo crítico el estado de los pegasos.

Karissa rápidamente hizo una venia respetuosa hacia el dios, sin querer soltar al pegaso, pero este se inclinó ante Poseidón y Percy. Ambos lucían casi etéreos desde donde Karissa estaba, la brisa movía los cabellos azabache y ambos sonreían brillantemente. Todos los pegasos se inclinaron ante ellos, y Karissa se sintió algo fuera de lugar. Amira sonreía ligeramente, mirándola muy probablemente a sabiendas de cuáles eran sus pensamientos.

—Es porque Karissa es bonita, ¿cierto? —dijo Percy, acercándose a Blackjack y a ella. Blackjack bufó, agitando sus alas. Percy sonrió—. No te culpo, en serio. Probablemente sea la única chica que te prestaría atención, Blackjack.

El pegaso le metió un alazo a Percy, que se sobó el pecho riendo. Karissa abrazó a Blackjack cariñosamente, mirando a Percy de mala manera.

—Oye, Blackjack es un pegaso de lo más encantador –aunque no entiendo lo que dice-, así que no te metas con su capacidad de conseguir una pareja, ¿de acuerdo? —le defendió Karissa, acariciando el costado del pegaso para luego voltear y señalar a Percy con el dedo índice—. ¿Quién sabe? ¡Capaz y encuentra a su pareja de por vida antes que tú!

Percy se llevó la mano al pecho, alzando las cejas, shockeado.

Poseidón y Amira hablaban muy tranquilamente con los pegasos a unos metros de ellos, ignorándolos.

El hijo de Poseidón frunció el ceño, mirando a Blackjack acusador.

—¿Ya ves lo que causas? —negó con la cabeza, escuchando al pegaso bufar antes de abrir los ojos desmesuradamente, enrojeciendo—. ¡Blackjack! ¡No digas eso!

Poseidón soltó una carcajada desde su lugar, interrumpiéndose, antes de retomar su conversación. Karissa alzó las cejas, preguntándose qué habría dicho el pegaso para causar tal reacción en Percy.

Frotó con suavidad detrás de la oreja de Blackjack, ganándose un sonidito satisfecho mientras las alas negras se agitaban. Percy regañaba a Blackjack por lo que sea que le hubiera dicho y Karissa rió ante su exaltación, sin realmente saber qué tenía tan nervioso al pobre.

Percy se calmó momentos luego, tras tener una intensa conversación con Blackjack. Se quedó mirando los mimos que Karissa le hacía a Blackjack, pensativo, mientras él mismo peinaba la melena del pegaso. Karissa le echaba miradas de reojo, no sabiendo cómo interpretar esa mirada. Poseidón se había ofrecido a ayudar a Amira a montar el pegaso, e incluso había pedido cortésmente a uno de ellos que lo dejar amontarlo para hacer una carrera con Amira, por lo que Percy y Karissa estaban en el establo acompañados de Travis y Connor, quienes limpiaban el lugar no muy felices.

—¿Karissa? —dijo Percy, mirándola fijamente, logrando sobresaltarla.

—¿S-Si?

—¿No te gustaría tener un pegaso? —preguntó lentamente. Karissa ladeó la cabeza, frunciendo el ceño—. Quiero decir, algún pegaso que siempre vaya contigo a las misiones.

Karissa parpadeó, desviando la mirada, pensativa. ¿Misiones? ¿Ella? Estaba bastante segura de que no iba a ir a ninguna, puesto que probablemente lograría caerse encima de Kalosýni y matarse ella sola. No, ella no era ningún tipo de heroína, ni nada por el estilo, ¡Apenas llegó a quince años y por cuestiones de suerte! Negó con la cabeza, mirando de nuevo a Percy.

—¿Por qué habría de tener un pegaso como compañero? —frunció el ceño, peinando la crin de Blackjack tranquilamente. No era que no quisiera estar con los demás pegasos, pero ellos parecían estar reacios a pasar mucho tiempo con ella, aunque ya no hacían tanto escándalo como antes—. Probablemente nunca saldré de misión, de todas formas. Las guerras ya terminaron, ¿no? ¿Qué puedo hacer yo?

—Por favor no digas eso: lo que menos quiero es que pase algo.

Karissa rió. Percy sacude la cabeza. Se despidieron de Blackjack, saliendo juntos de los establos, ignorando limpiamente a los Stoll.

—Pero hablando en serio, nunca sabes en qué momento los dioses te pedirán que hagas un recado por ellos. Hubo esta vez que salí con Annabeth que...

Tras esa animada charla con Percy, que no se cansó de recalcar lo inoportunos que eran los dioses de forma más o menos sutil, él le sugirió pensar en buscar un compañero, y Karissa prometió que lo pensaría. El día pasó muy rápido, lo que la aliviaba bastante, ya que significaba menos tiempo que lidiar con los dioses. No era que le cayeran mal o algo así, nada de eso, de hecho se llevaba muy bien con Deméter. Simplemente sentía esa típica incomodidad de ser juzgada por los adultos que desde pequeña la acompañaba.

En su opinión, los dioses eran un poco, solo un poco entrometidos. Cada vez que regresaba a su cabaña en las mañanas veía de reojo como al menos un dios tenía que estarla observando intensamente, como tratando de averiguar sus pensamientos con su sola mirada, y Karissa mentiría si dijera que no estaba intimidada. En las noches, en la hoguera, cuando ella se perdía en las llamas que danzaban de un lado a otro, Poseidón la atravesaba con sus ojos.

Y no era todo, sino que en el momento en que iba a hablar con Amira se les pegaba un chicle rubio, alto y cada vez más irritante. Karissa tenía muy claro que sonaba desinteresado de su parte, sabía que Amira estaba de buen humor cuando hablaba con Apolo, pero que se llevara toda su atención en cuanto aparecía la hacía sentir peor que florero de decoración detrás de un extra en una obra de teatro. Hacía lo que podía por tragarse su disgusto, simplemente quedándose lo más tranquila posible y luego descargaba su rabia comiendo cantidades exorbitantes de fruta mientras hacía pucheros, lo que hacía que Deméter sonriera satisfecha pero desconcertada a la vez.

Sonaba infantil cuando lo veía desde un punto de vista externo, pero hey, cuando la única persona que te presta atención deja de hacerlo, lo normal es que te sientas un poco celoso, ¿no es así?

¿No es así?

Frunció los labios, sentándose en la anterior mesa de Hades, donde Nico y Hazel comían tranquilos mientras hablaban casualmente. Karissa empezó a morder su ridículamente roja manzana, pensando en que en serio necesitaba nuevos amigos si estaba celando a Amira gracias a su padre que probablemente no volvería a ver luego de que finalizara su dichoso castigo divino, que, sin ganas de ofender, más parecía un castigo para Karissa.

Sin ofender.

Nico la miró con las cejas alzadas, su mano moviéndose en el aire mientras hablaba. Hazel le sonrió, escuchando a Nico atentamente. Karissa siguió comiendo, hasta que sólo quedó el corazón de la fruta, que dejó en un lado de su plato antes de ir por una pera, observando la interacción entre sus hermanos. Nico y Hazel hablaban sin interrumpir al otro, siempre pacientes y con algo cálido en sus voces. La forma en que Hazel se inclinaba hacia él indicaba que le interesaba la conversación, y los labios de Nico tenían una sonrisita cariñosa que a veces también le regalaba a Karissa. Se preguntó a si misma si así se verían ella y Amira cuando hablaban, siendo que varias veces les hacían notar su cercanía desde su llegada al Campamento.

Suspiró, masticando lento, laméntandose por no ver a Amira desde el día anterior. Paseó la mirada por todas las mesas del pabellón pero no encontró a su amiga en ninguna.

—¿Qué te pasa? —Nico frunció el ceño.

Hazel la miraba curiosa, esperando su respuesta. Karissa negó con la cabeza. Sabía que en cuanto lo dijera en voz alta sonaría tres veces más infantil de lo que se oía en su cabecita, por lo que prefirió guardarse su problema.

Nico arrugó aún más su ceño, dejando de lado su comida. Karissa pensó que empezaría a darle un buen regaño para persuadirla para que hablara, tal como hacía Amira en ocasiones, pero en lugar de eso se mantuvo callado, mirándola fijamente y casi sin parpadear. Karissa apretó los labios, incómoda, moviendo la cabeza de arriba a abajo, tratando de sacudir la atención de Nico lejos de ella, pero probó ser inútil cuando la intensa mirada dorada de Hazel se unió a la de él.

Karissa le dio unos cuantos bocados rápidos a la manzana en su mano antes de botar el resto. Trató de levantarse pero los brazos de Giselle rodearon su cuello, clavándola en su sitio, a lo que suspiró resignada.

—¡Hola chicos! ¿Qué hacen? —le echó una mirada a los dos cuyos ojos estaban fijos en Karissa, que parecían unas estatuas, sin mover ni un solo músculo de sus cuerpos—. ¿Están criticando a Karissa? ¡Me uno!

Se sentó en la mesa, mirándola fijamente de igual forma y sin soltar su agarre, a lo que Karissa soltó un quejido lastimero. Nico se inclinó sobre la mesa, acercándose a su hermana más pequeña para poder obligarla a ceder con su mirada solamente. Karissa respiró temblorosa.

Por como iban las cosas no faltaba mucho para que eso sucediera.

—Eh, ¿Chicos? ¿Acaso Karissa está poseída o algo? ¿Por qué la miramos?

Danny estaba detrás de Hazel, también mirando a Karissa con ímpetu pero viendose confundido de igual manera. Karissa le hizo una seña, suplicándole ayuda mentalmente, pero Danny solo se quedó parado ahí, con sus ojitos marrones confundidos pero firmes en los de ella. Aún así, estaba bien comprometido con la causa, lo que hizo que rodara los ojos, cada vez más irritada. Picó un poco de la comida de Nico, sabiendo muy bien que le molestaba que hicieran eso, pero él no dio muestra de enojo más que el salto repentino que dio el músculo de su mandíbula.

—¿No piensan parar? ¿En serio?

Karissa bufó y empezó a forcejear con Giselle para ser liberada de su prisión, pero aún así ninguno de los cuatro tontos frente a ella despegaba sus ojos de Karissa. Le propinó un golpe en el rostro a Giselle, lo que aún así no la hizo desviar la mirada, pero la soltó por la fuerza del golpe. Karissa contuvo un grito de frustración mientras se levantaba con pies de plomo, saliendo del pabellón aún con las cuatro miradas en su espalda.

—¡Tropa de chismosos! —siseó por lo bajo, cruzándose de brazos mientras se iba al campo de fresas. ¿Por qué nadie podía ser como Amira y simplemente no hacer preguntas cuando obviamente no quería responderlas? Bufó: obviamente nadie haría eso, porque nadie era Amira y nadie iba a entenderla como Amira lo hacía. En momentos como esos era cuando caía en cuenta de lo mucho que dependía de Amira y su comprensión, lo que mucho que se apoyaba en su presencia para lidiar con otras personas que no estaban acostumbradas a los hábitos de Karissa. Ya había tenido esos pensamientos tantas veces que no debería sorprenderla pero siempre lograba hallar más que añadir para hacerse sentir bien mal porque Amira no tenía por qué cuidar de ella de esa forma, no tenía por qué estar acostumbrada a sus hábitos raros, ni saber como lidiar con ella durante sus ataques de pánico. Comparado con eso, ¿qué podía ofrecerle Karissa? ¿Chistes malos y noches en vela viendo Netflix? Rodó los ojos: claro, como eso era tan reconfortante.

Tomó una fresa del cultivo, metiéndosela en en la boca para comérsela cuando sintió un escalofrío que la recorrió de pies a cabeza. Se atoró con la fresa y la escupió, volteando con todas las alarmas en su cabeza chillando con violencia. Aún así, no había nadie tras ella cuando dio la vuelta. Frunció el ceño, abrazándose para darse un poco de calor: ¿Qué rayos fue eso? ¡Estaba haciendo un calor de los mil demonios en medio del verano! ¿Como por qué le dio ese escalofrío? Tomó otra fresa, dispuesta a satisfacer su antojo, cuando sintió muy claramente que alguien la tocaba en el cuello, lo que le provocó un dolor asquerosamente intenso. Siseó mientras tocaba su nuca, doblando las rodillas, apenas sosteniéndose por el agudo ardor que se ocultaba debajo de su piel. Tomó una gran bocanada de aire, tratando de calmarse de la misma forma en que lo hacía cuando tenía una crisis, pero de poco le sirvió pues el dolor seguía ahí.

Hasta que de repente ya no estaba.

Karissa se dejó caer al suelo, apoyándose en sus manos mientras respiraba profundo. Rápidamente su mente entró en un tartamudeo que parecía infinito: ¿Q-Q-Q-Q-Q-Q-Q-Q-QUÉ ACABABA DE PASAR? AYYYY SU CUELLO. ¡Qué dolooooorrr por amor a Hello Kitty! MALDITA LA MADRE DE TODOS LOS- ¡AYYYYYY!

Hizo un puchero bien sentido, levantándose cuando recuperó el aliento y ya no sentía como si su piel estuviera quemándose a fuego lento. Sus ojos ardían, pero por suerte no estaba llorando. Hubiera sido muy vergonzoso tener que explicarle eso a Katie Gardner, que la observaba extrañada entre los cultivos. Se sorbió la nariz, limpiándose el polvo de las mejillas y caminando lo más digna que podía con las mejillas sonrojadas y las piernas temblorosas. ¿Por qué, por qué, por qué? ¿POR QUÉ HABÍA PASADO ESO? ¿QUÉ LO HABÍA PROVOCADO?

Inevitablemente alzó la mirada al cielo y pensó exasperada: "¡¿ES ESTE MI CASTIGO DIVINO?! ¡PORQUE TE ASEGURO QUE NO ES NI LA MITAD DE DIVERTIDO QUE EL DE LOS DIOSES QUE TENEMOS DE HUÉSPEDES VACACIONALES JUSTO AHORA!"

Inmediatamente el cielo oscureció, lo que la hizo sospechar aún más, pero tras un rato se despejó, ante lo que concluyó que probablemente era solo el premenstrual de Zeus. Porque él no podía leer mentes, ¿cierto? Claro que no, pffft.

—Espero —murmuró, mirando de reojo al cielo mientras se frotaba el cuello con suavidad. Como que iba a tener que hablar con Quirón sobre las tácticas de Zeus para imponer castigos. Karissa volteó repentinamente en dirección a la cabaña de Apolo: ¡Muy bien! A hablar con Will también, entonces.

Condenada sea, como le dolía el cuello.

Tras una larga revisión de Will, que luego determinó que no había problema alguno con ella aparte de una extraña marca de nacimiento que ella de verdad no recordaba tener antes, Karissa se fue de la enfermería, sintiéndose tan cansada como lo hacía luego de una crisis, lo que no era algo muy placentero que se dijera. Se mantuvo enfurruñada el resto del día, su irritación que fue impulsada por aquel incidente que todavía plagaba su mente. A la hora de la hoguera casi se queda dormida, lo que le regaló una mirada sospechosa de Chris, pero no de Amira y adivinen por qué.

Amira estaba con Apolo. Como cosa rara. Karissa se sentía irremediablemente ignorada por ella, aunque sabía que no lo hacía a propósito. Meditó sobre su incidente, sin saber si debería ignorarlo o tomárselo bien en serio. Después de todo, habían ocasiones en que un mal movimiento le dejaba los músculos ardiendo de dolor, y aunque era diferente a lo que había sucedido, podía ser posible. Excepto por el hecho de que Will lo hubiera notado en la revisión y se lo habría hecho saber. Suspiró, ya de camino hacia la cabaña de Hades. Nico y Hazel decidieron dejarla sola tras notar el mal humor que llevaba, lo un adjudicaron al problemita que tuvieron en el pabellón, por lo que se quedaron un rato con Will, Percy y Annabeth. Amira le lanzó una mirada de reojo cuando entraba a la cabaña de Apolo, a lo que Karissa sonrió levemente. ¡Ja! Hasta que por fin le dedicó tres segundos de su tiempo. Los celos de Karissa eran irracionales, sin fundamentos y ciertamente sin ningún tipo de derecho a estar ahí en primer lugar. ¡Ni que Amira fuera su madre y tuviera que estar detrás de ella todo el tiempo!

Aunque... si lo pensaba detenidamente, eso era lo que Amira era para ella además de su mejor y única amiga en todo el mundo. Suponía que tenía bastante que ver con las ausencias de su madre en su vida, y que Amira adoraba preocuparse por ella y su bienestar, siempre ahí para acompañarla aunque no se lo pidiera. Suspiró nuevamente, revolviendo su flequillo antes de adentrarse a la cabaña. Después se haber realizado su rutina nocturna se acostó en su cama, mirando fijamente al techo contemplando las razones de sus celos y su apego hacia Amira, prefiriendo pensar en eso que en el incidente de la mañana. Lo último que recordaba era el frío roce de una mano contra su rostro, pero eso no hacía sentido porque Nico y Hazel ya estaban dormidos.

¿Verdad?

No sé quién será tan buena persona como para de hecho leer esto y seguir esta historia, pero muchas gracias a quien lo haga. En serio. Y lo siento si están interesados y les corto la inspiración por las pocas veces que actualizo (me pasa tan seguido que lo siento en mi alma), pero espero que disfruten este capítulo en el que puse mi sangre, sudor y lágrimas.

Otra vez, gracias.