No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa S. M. y la historia es de Sarah J. Maas. Yo solo me divierto un poco.
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Sobre un tejado en una zona muy moderna y respetable de Rifthold, Bella se agazapó en las sombras de la chimenea y frunció el ceño hacia la ráfaga de viento frío proveniente de Avery. Comprobó su reloj de bolsillo por tercera vez. Las dos anteriores citas de Garrett Wyll habían durado solo una hora. Había estado en la casa de enfrente de la calle por al menos dos.
No había nada interesante en la elegante casa de tejado verde, y no sabía nada acerca de quien vivía allí, bueno, nada que no fuera el nombre de la clienta, una mujer llamada Lizzie.
Había utilizado el mismo truco que en las dos casas anteriores para obtener un poco de información: se hacía pasar por un mensajero con un paquete para el señor fulanito. Y cuando el mayordomo o el ama de llaves decían que ésta no era la casa del señor fulanito, fingía vergüenza, preguntaba qué casa lo era, habla un poco con el sirviente y luego seguía su camino.
Se oyó un crujido, Bella se enderezó en su posición y se apresuró a bajar del tejado. Tras la desgarradora escalada, y unos cuantos saltos después, tenía su espalda sobre las calles empedradas.
Siguió la pista del carruaje de Garrett, entrando y saliendo de las sombras mientras se abría camino a través de la ciudad, un lento trayecto debido al tráfico.
Aunque no tenía prisa por buscar la verdad detrás de su propia captura y de la muerte de Sam, y aunque estaba bastante segura de que el rey estaba equivocado respecto a Garrett… una parte de ella se preguntaba si cualquiera que fuera la verdad que ella encubría acerca del movimiento rebelde y de los planes del rey, la destruiría a ella también.
Y no solo destruirla a ella sino, también, todo aquello que le importaba.
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Saboreando el calor del chispeante fuego, Bella apoyo la cabeza contra la parte trasera del pequeño sofá y colgó sus piernas en el apoyabrazos. Las líneas del papel que tenía delante comenzaron a difuminarse, lo que no era sorprendente, dado que eran bien pasadas las once y se había levantado antes del alba.
Tumbado sobre la alfombra roja gastada en frente de ella, la pluma de cristal de Jacob parpadeaba con la luz del fuego mientras él escaneaba los documentos, señalaba cosas y escribía notas.
Dando un pequeño suspiro, Bella bajo el papel que sostenía en sus manos.
A diferencia de la espaciosa suite de ella, el cuarto de Jacob era una larga habitación, amueblada con solo una mesa junto a la ventana solitaria y el viejo sofá delante de la chimenea de piedra. Unos tapices colgaban de las paredes de piedra gris, un gran armario de roble en una esquina y su cama con dosel estaba decorada con un desteñido y bastante viejo edredón de color carmesí.
Había un baño unido, no tan grande como el de ella, pero si suficientemente espacioso para acomodar su propia bañera y un retrete. Había un único pequeño estante de libros, lleno y cuidadosamente organizado.
En orden alfabético, suponiendo que conocía bien a Jacob. Y probablemente contenía solamente sus libros más queridos, a diferencia de Bella quién obsesivamente guardaba cualquier título que pasaba por sus manos, tanto si le gustaba el libro o no. A pesar de su estantería extrañamente organizada a ella le gustaba el lugar, era acogedor.
Había comenzado a venir a la habitación hace unas cuantas semanas, cuando los pensamientos de Elizabeth y Felix y los pasadizos secretos le hacían querer salir de su propia habitación. Y a pesar de que se quejó de su imposición en su vida privada, Jacob nunca la había echado u objetado algo acerca de sus continuas visitas tras la cena.
El rasgueo de la pluma de Jacob se paró.
— Recuérdame otra vez en qué estás trabajando.
Se dejó caer sobre su espalda mientras ella agitaba el papel en el aire.
— Solo información de Garrett. Clientes, sus lugares favoritos, su horario diario.
Los ojos dorados de Jacob se fundían en la luz del fuego.
— ¿Por qué tomarse tantas molestias con seguirle la pista cuando podrías simplemente disparar y acabar con todo ello? Dijiste que estaba bien vigilado, pero parece que no tuviste problema en seguirlo hoy.
Ella frunció el ceño. Jacob era demasiado listo para su propio bien.
— Porque, si el rey tiene un grupo de gente conspirando contra él, entonces debería conseguir la mayor cantidad de información que pueda antes de matar a Garrett. Además, seguir a Garrett podría revelarme más conspiradores, o al menos pistas sobre sus paraderos.
Era la verdad, y hoy había seguido el decorado carruaje de Garrett a través de las calles de la ciudad por esa misma razón.
Pero en las horas que había pasado siguiéndole, solo había ido a algunas citas antes de regresar a su elegante casa.
— Cierto, — dijo Jacob — así que ahora… ¿estás simplemente memorizando la información?
— Si estás sugiriendo que no tengo ninguna razón para estar aquí y debería irme, entonces solo dime que me vaya.
— Solo trataba de entender que era tan aburrido para que te estuvieras durmiendo desde hace diez minutos.
Se apoyó sobre su codo.
— No lo estaba.
Sus cejas se levantaron.
— Te oí roncar.
— Eres un mentiroso, Jacob Black. — Lanzó su papel hacia él y se dejó caer otra vez sobre el sofá. — Solamente cerré mis ojos durante un momento.
Él simplemente sacudió su cabeza otra vez y volvió al trabajo.
Bella se sonrojó.
— Realmente no ronqué, ¿lo hice?
Su cara era totalmente seria cuando dijo.
— Como un oso.
Ella golpeó con el puño el cojín del sofá. Él sonrió.
Ella se enojó y extendió su mano fuera del sofá, recogiendo los antiguos hilos de la alfombra mientras miraba al techo de piedra.
— Dime por qué odias a Alistair.
Jacob miro hacia arriba.
— Nunca dije que lo odiara.
Ella se lo esperaba.
Jacob suspiró.
— Creo que es bastante fácil para ti ver por qué lo odio.
— Pero ha habido algún incidente que…
— Ha habido muchos incidentes, y no tengo ganas de hablar de ninguno de ellos.
Ella giró sus piernas del reposabrazos del sofá y se sentó erguida.
— De mal humor, ¿verdad?
Ella cogió otro documento suyo, un mapa de la ciudad el cual había marcado con las localizaciones de los clientes de Garrett. Muchos de ellos parecían localizarse en el distrito lujoso, donde vivía la mayoría de la élite de Rifthold. La misma casa de Garrett se encontraba en ese vecindario, situada en un lado de la calle, tranquila y respetable.
Trazó una línea a lo largo de ella, pero paró cuando sus ojos cayeron sobre una calle justo unos bloques después.
Conocía esa calle, y conocía la casa que se encontraba en esa esquina. No importaba lo mucho que se aventurara por Rifthold, siempre tenía cuidado de no acercarse demasiado a ella.
Hoy no había sido diferente; siempre se iba unos cuantos bloques fuera de su camino para evitar caminar cerca.
Sin atreverse a mirar a Jacob le preguntó.
— ¿Sabes quién es Roman Reing?
El nombre le hacía enfermarse con sorprendente rabia y dolor, pero se controló para decirlo. Porque, aunque no quería toda la verdad, había cosas de su captura que necesitaba saber. Aún necesitaba saber, después de todo este tiempo.
Sintió la atención de Jacob en ella.
— ¿El señor del crimen?
Ella asintió, con los ojos aún puestos sobre la calle donde tantas cosas horriblemente malas habían pasado.
— ¿Has tratado alguna vez con él?
— No, — dijo Jacob — pero eso es porque Reing está muerto.
Ella bajo el papel.
— ¿Reing está muerto?
— Hace nueve meses. Él y sus tres mejores hombres fueron hallados muertos por… — Jacob se mordió el labio, pensando en el nombre. — Wesley. Un hombre llamado Wesley acabó con ellos. Él era… — Jacob inclinó su cabeza hacia un lado. — Era un guardia personal de Charlie Smith. — su respiración se apretó en el pecho. — ¿Lo conocías?
— Pensaba que sí, — dijo ella suavemente.
Durante los años que había pasado con Charlie, Wesley había sido siempre silencioso, una presencia mortal, un hombre que no la toleraba mucho, siempre le había dejado claro que, si amenazaba a su maestro, él la mataría. Pero la noche que había sido traicionada y capturada, Wesley había tratado de detenerla. Pensó que fue porque Charlie le ordenó encerrarla en su habitación.
Eso había sido una forma de detenerla de vengarse por la muerte de Sam en manos de Reing pero…
— ¿Qué le paso a Wesley? — Preguntó ella, — ¿lo atraparon los hombres de Reing?
Jacob pasó una mano por su pelo, mirando hacia la alfombra.
— No. Encontramos a Wesley un día después, cortesía de Charlie Smith.
Sintió como la sangre abandonaba su cara, pero se atrevió a preguntar.
— ¿Cómo?
Jacob la estudio más de cerca, cuidadosamente.
— El cuerpo de Wesley estaba clavado en la valla de hierro fuera de la casa de Roman. Había… suficiente sangre para saber que Wesley estaba vivo cuando ellos lo hicieron. Nunca confesaron, pero supimos que los sirvientes en la casa tuvieron instrucciones de dejarlo allí hasta que muriera. Pensamos que era un intento de equilibrar la disputa de sangre. Así que cuando el siguiente señor del crimen ascendiera, no debería ver a Charlie y a sus asesinos como enemigos.
Comenzó otra vez a quitar los hilos de la alfombra. Esa noche había salido de la guardia de los asesinos para ir detrás de Reing. Wesley había tratado de detenerla. Él trato de advertirla.
Bella apartó el pensamiento después de llegar a la conclusión. Esa era la verdad que tenía que sacar y examinar en otro momento, cuando estuviera sola, cuando no tuviera a Garrett y el movimiento rebelde y todo este sinsentido para preocupase. Cuando pudiera entender porque Charlie Smith podría haberla traicionado. Cuanto le haría sufrir y sangrar por ello.
Después de unos momentos de silencio, Jacob preguntó.
— Nunca supimos porque Wesley fue ante Roman Reing. Wesley era solo un guardia personal. ¿Qué tenía en contra de Reing?
Sus ojos estaban quemando, y miro por la ventana, donde el cielo de la noche estaba bañado por la luz de la luna.
— Fue un acto de venganza. — Ella aún podía ver el cuerpo retorcido de Sam, cayendo en la mesa de la sala tras la guardia de los asesinos, seguía viendo a Reing agacharse frente a ella, sus manos en su paralizado cuerpo. Se tragó el nudo de la garganta. — Reing capturó, torturó y luego asesinó… a uno de mis… compañeros. Después la noche siguiente, fui a devolverle el favor. No acabo tan bien para mí.
Hubo un movimiento en el fuego, abriendo e iluminando la habitación con un rayo de luz.
— ¿Esa fue la noche en qué te capturaron? — preguntó Jacob. — Pero pensaba que no sabías quien te había traicionado.
— Aún no lo sé. Alguien nos contrató a mí y a mi compañero para matar a Reing, pero fue todo una trampa, y Reing, fue el cebo.
Silencio.
— ¿Cómo se llamaba?
Apretó sus labios, apartando el recuerdo de como él se veía cuando lo vio por última vez, roto en una mesa.
— Sam, — probó otra vez — Su nombre era Sam — tomo una profunda respiración — No sé ni siquiera donde lo incineraron. Ni tampoco a quién tengo que preguntárselo.
Jacob no dijo nada, y tampoco sabía porque seguía hablando, pero las palabras simplemente salían de ella.
— Le falle — dijo. — En todos los sentidos, le falle.
Otro largo silencio, después un suspiro.
— No de esa forma, — dijo Jacob. — Estoy seguro de que él quería que sobrevivieras, que vivieras. Así que no le fallaste, no en ese sentido.
Tuvo que mirar hacia otro lado para forzar a sus ojos a dejar de quemar mientras asentía.
Tras un momento, Jacob habló otra vez.
— Su nombre era Leah. Hace tres años, trabajaba para una de las damas de la corte. Y Alistair de alguna manera nos descubrió, pensó que sería divertido para mí encontrarlo en la cama con ella. Sé que no es nada como por lo que tú pasaste…
Nunca supondría que él había estado interesado en alguien, pero…
— ¿Por qué ella hizo eso?
Se encogió de hombros, su cara estaba aún sombría con sus pensamientos.
— Porque Alistair es un Cullen, y yo soy solo el capitán de la guardia. También la convenció de volver a Meah con él, pienso que nunca sabré que fue de ella.
— La amabas.
— Pensé que sí. Y pienso que ella me amaba. — agito su cabeza, como una silenciosa reprimenda. — ¿Sam te amaba?
Sí. Más que nadie. La había amado lo suficiente para arriesgarlo todo, para entregarle todo. La había amado tanto que aún sentía su eco, incluso ahora.
– Mucho — suspiró.
El reloj señalaba las once y media, y Jacob sacudió su cabeza, la tensión cayendo sobre él.
— Estoy cansado.
Ella se levantó, de alguna manera sin saber cómo habían acabado hablando de gente que había significado tanto para ellos.
— Entonces debería irme.
Él se levantó, sus ojos tan brillantes.
— Caminaré contigo a tu habitación.
Elevo su mentón.
— Creo que no necesito ser escoltada a ningún sitio.
— No lo necesitas, — dijo, avanzando hacia la puerta. — Pero es algo que los amigos suelen hacer.
— ¿Caminas con Edward hasta su habitación? — batió sus pestañas hacia él, pasando a través de la puerta que él había abierto para ella. — ¿O es un privilegio que solo reciben tus amigas femeninas?
— Si tuviera alguna amiga femenina, sin duda le propondría la oferta. No estoy seguro de que tú clasifiques como señorita.
— Que caballeroso. No es de extrañar que esas chicas encuentren excusas para estar en los jardines todas las mañanas.
Él resopló, y se hizo un silencio mientras caminaban a través del tranquilo y sombrío pasillo del castillo de piedra, haciendo el camino de vuelta hacia su habitación en el otro lado.
Era una caminata frecuentemente fría, porque muchos de los pasillos tenían ventanas que hacían entrar el frío. Cuando llegaron a la puerta de su habitación, le dio a ella un rápido buenas noches y comenzó a andar lejos. Sus dedos estaban alrededor del pomo de la puerta cuando se giró hacia él.
— ¿Vale la pena, Jacob? — dijo. Se enfrentó a ella, sus manos en los bolsillos. Le dio a él una ligera sonrisa. — Si eligió a Alistair por encima de ti, eso la hace la mayor tonta que jamás haya vivido.
La miro durante un momento antes de decir silenciosamente.
— Gracias — y echó a andar hacia su habitación.
Bella lo vio irse, miro esos grandes músculos moviéndose en su espalda, visibles incluso a través de su túnica negra, agradecida de que esa tal Leah abandonara el castillo hace mucho.
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La campanada de media noche sonó por el castillo, el profundo sonido de la maldita torre del reloj en el jardín hacía eco a través de los silenciosos y oscuros pasillos. Aunque Jacob la había acompañado a la puerta, cinco minutos de pasearse en su habitación la habían llevado a salir otra vez, esta vez en dirección a la biblioteca.
Tenía montañas de libros esperando en su habitación, pero no quería leer ninguno de ellos. Necesitaba algo que hacer. Algo que llevara a su mente lejos de su charla con Jacob, de los recuerdos que la habían arrastrado hacia esa noche.
Bella envolvió su capa bien a su alrededor, mirando a los fuertes vientos que azotan la nieve fuera de las ventanas con corrientes de aire. Por suerte había unos cuantos fogones encendidos en la biblioteca. Si no tendría que haber cogido un libro, que le interesara, haber corrido de vuelta a su habitación y acurrucarse con Ligera en su calentita cama.
Bella giró en la esquina, entrando en la oscuridad, una línea de ventanas en el pasillo que llevaba más allá de las imponentes puertas de la biblioteca, y se congeló.
Con el viento de la noche no le sorprendía ver a alguien completamente oculto por un manto negro, la capucha dibujaba el extremo de su cara. Pero la figura encapuchada de pie entre las puertas abiertas de la biblioteca le recordaba algo, una parte primordial de ella enviaba un pulso de advertencia tan fuerte que no pudo dar otro paso.
La persona giró su cabeza hacia ella y también se paró. Fuera de la sala de las ventanas, la nieve se arremolinaba, presionando contra el cristal. Era solo una persona, se dijo a si misma mientras la figura ahora giraba toda la cabeza para enfrentarla. Una persona que llevaba un manto tan oscuro como la noche, y una capucha tan grande que le ocultaba toda la cara. Olfateó hacia ella, jadeó, como un sonido animal. Ella no se atrevió a moverse. Olfateó otra vez, y avanzó un paso hacia ella. La forma en que se movió, como el humo y las sombras…
Un leve calor floreció en su pecho, y luego una pulsante luz azul.
El Ojo de Elizabeth estaba radiante.
La cosa se detuvo y Bella dejó de respirar.
Silbó y luego se deslizó un paso atrás en las sombras más allá de las puertas de la biblioteca. La pequeña gema azul en el centro de su amuleto brillaba, y Bella parpadeó ante la luz. Cuando abrió sus ojos, el amuleto estaba negro, y la criatura encapuchada se había ido.
Ni rastro, ni siquiera un sonido de pasos.
Bella no entró a la biblioteca. Oh no, simplemente ando rápido de vuelta a su habitación con la mayor dignidad que pudo mostrar. Mientras se decía así misma que lo había imaginado todo, que era una alucinación por estar tantas horas despierta, Bella no pudo parar de oír esa maldita palabra una y otra vez.
Planes.
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