No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa S. M. y la historia es de Sarah J. Maas. Yo solo me divierto un poco.
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Ella había planeado pasar el resto del día siguiendo a Garrett desde la distancia, pero mientras caminaban después de salir de la corte del té, Jacob le informó que el rey había ordenado que asistiera como guardia real en una cena de estado esa noche. Y a pesar de que se le ocurrieron más de mil excusas para salir de ello, cualquier comportamiento sospechoso por parte de ella podría atraer el tipo de atención equivocada. Y si ella en realidad iba a escuchar a Elizabeth en esta ocasión, ella necesitaba que el rey, que todo su imperio, pensara que ella era su obediente servidora.
La cena de gala fue en el Gran Salón, y tomó todo el autocontrol de Bella para no correr a la larga mesa en el centro de la habitación y engullir toda la comida que estaba en los platos de los concejales reunidos y la acicalada nobleza. Cordero asado frotado con tomillo y lavanda, pato glaseado con salsa de naranja, faisán nadando en salsa de cebolla verde... En verdad, no era justo.
Jacob la había colocado por un pilar cerca de las puertas de cristal del patio.
A pesar de que no llevaba el uniforme negro de la guardia real con el dragón heráldico de oro bordado en el pecho, ella se mezclaba lo suficientemente bien con su ropa oscura. Al menos estaba tan lejos de todos que nadie podía oír gruñir su estómago.
Otras mesas se habían formado también, llenas de nobleza menor que habían sido invitadas a participar, todos impecablemente vestidos para la ocasión. La mayor parte de la atención, de los guardias y de la nobleza, se mantuvo en la mesa del centro, donde el rey y la reina se sentaron con su corte más cercana. El Duque Newton, la bestia descomunal, también se sentó allí, y Edward y Alistair estaban cerca, charlando con los preciosos y mimados hombres que formaban el consejo del rey. Los hombres que habían sangrado muchos reinos secos para pagar por la ropa, las joyas y el oro de esa sala.
No es que ella fuera mucho mejor, en algunos aspectos.
A pesar de que trató de evitar mirar al rey, cada vez que le robaba una mirada, se preguntaba por qué se molestaba en asistir a esos eventos cuando podía acabar con ese disparate completo. Aunque ella no podía deducir nada. Y ella no pensó ni por un minuto que él sería tan estúpido como para revelar algo sobre su verdadera agenda delante de toda esta gente.
Jacob estaba situado en la columna más cercana a la silla del rey, sus ojos como dardos en todas partes, siempre estaban alerta. Tenía a sus mejores hombres allí esa noche, todos reclutados personalmente por él esa tarde. No parecía darse cuenta de que nadie sería tan suicida como para atacar al rey y su corte en un evento tan público. Había intentado explicarle eso, pero Jacob tan solo la había mirado ferozmente y le había dicho que no causara problemas.
Como si ella fuera a ser tan suicida.
La comida terminó con el rey de pie, despidiéndose de sus comensales, la reina Esme debidamente y en silencio lo siguió fuera del gran salón. Los otros huéspedes se quedaron, y ahora se arremolinaban de mesa en mesa, charlando con mucha más facilidad de lo que tenían, mientras el rey estaba presente.
Edward se puso de pie, mientras Alistair todavía a su lado hablaba con tres extraordinariamente hermosas y jóvenes cortesanas. Alistair dijo algo que hizo que las niñas rieran y se ocultaran detrás de sus abanicos de encaje, mientras que los labios de Edward formaban una sonrisa.
A él no podía agradarle Alistair. Ella no tenía nada más que una corazonada y la historia de Jacob, pero...
Había algo en sus ojos esmeralda que le daban ganas de tirar de Edward lo más lejos posible de él. Edward estaba jugando un juego peligroso, también, ella se dio cuenta. Como príncipe heredero, tenía que caminar una línea muy cuidadosa con ciertas personas. Quizás ella le hablaría a Jacob al respecto.
Bella frunció el ceño.
Decirle a Jacob sólo podría conducir a tediosas explicaciones. Tal vez acabaría advirtiéndole a Edward ella misma una vez que la cena hubiese terminado. Ella había terminado las cosas con él sentimentalmente, pero todavía se preocupaba por él. A pesar de su historia con las mujeres, él era todo lo que un príncipe debía ser: inteligente, amable y encantador. ¿Por qué Elizabeth no se había acercado a él para hacer sus tareas?
Edward no podía saber lo que su padre estaba haciendo, no, él no podía actuar de la manera que lo hacía si sabía que su padre tenía esas intenciones siniestras. Y tal vez él no debía de saberlo nunca.
No importaba lo que ella sentía por él, Edward gobernaría. Y tal vez su padre algún día revelaría su poder y obligaría a Edward a tomar una decisión sobre qué tipo de gobernante quería ser. Pero ella no tenía ninguna prisa en que Edward tomara esa elección, todavía no.
Y cuando lo hiciera, ella solo podría rezar para que él fuera un mejor rey que su padre.
Edward sabía que Bella lo estaba observando. Ella le había estado robando miradas durante toda la insufrible cena. Pero también había estado mirando a Jacob, y cuando lo había hecho, él habría jurado que todo su rostro cambiaba. Se convertía en uno más suave, más contemplativo.
Ella se apoyó contra un pilar de la puerta del patio, limpiando sus uñas con una daga. Gracias al Wyrd su padre se había ido, porque estaba bastante seguro de que el rey la hubiese desollado por ello.
Alistair dijo algo más a las tres mujeres al frente de ellos, niñas cuyos nombres Edward había oído e inmediatamente había olvidado, y ellas se rieron de nuevo. Alistair ciertamente rivalizaba con él por ser encantador. Y parecía que la madre de Alistair había venido con él para encontrar una novia para el joven señor, una chica con la tierra y el dinero que se sumaría al valor de Meah. Edward no tuvo que preguntarle a Alistair para saber que, hasta la noche de bodas, su primo iba a disfrutar de todos los beneficios de vivir en el castillo como un joven Lord.
Al escucharlo coqueteando y viéndole sonreír a esas chicas, Edward no sabía si quería golpear a Alistair o salir de allí. Pero años de vivir en esta irritante corte mantuvieron a Edward haciendo cualquier otra cosa sin verse gloriosamente aburrido.
Echó un vistazo a Bella de nuevo, sólo para verla observar a Jacob, cuyos ojos estaban a su vez fijos en Alistair. Sintiendo la atención de Edward, Bella le miró a los ojos.
Nada. Ni una pizca de emoción. El temperamento de Edward se encendió, tan rápido que se encontró luchando por el control. Especialmente cuando miró de nuevo, y la atención de ella volvió al capitán. Y se quedó allí.
Suficiente.
Sin molestarse en decir adiós a Alistair o a las chicas, salió de la gran sala. Tenía cosas mejores que hacer, cosas más importantes de qué preocuparse, que pensar en lo que sentía Bella por su amigo. Él era el Príncipe Heredero del imperio
más grande en el mundo. Toda su existencia se unía a la corona y al trono de cristal que algún día seria suyo. Ella había terminado las cosas, por esa corona y ese trono, porque quería libertad, algo que él nunca le podría dar.
—Edward. — alguien llamó mientras entraba en el pasillo.
No tuvo que darse la vuelta para saber que era Bella. Ella le dio el alcance, coincidiendo fácilmente con el ritmo acelerado que no se había dado cuenta que había tomado. Ni siquiera sabía a dónde iba, sólo que tenía que salir de la gran sala. Ella le tocó el codo, y él se odió a sí mismo por saborear el tacto.
— ¿Qué es lo que quieres? — preguntó.
Pasaron más allá de las salas ocupadas y ella tiró de su brazo, frenándolo.
— ¿Pasa algo malo?
— ¿Por qué algo debería de estar mal?
¿Cuánto tiempo has estado deseándole? era lo que realmente quería decir. Maldito sea por cuidarla. Maldito por cada momento que había pasado con ella.
—Parece que podrías estampar a alguien contra la pared.
Él arqueó una ceja. No había estado haciendo una mueca.
—Cuando tú te enojas, — explicó, — tus ojos toman esa... mirada fría. Glacial.
—Estoy bien.
Siguieron caminando, y ella se mantuvo siguiéndole a donde… a donde quiera que fuera. La biblioteca, el decidió, tomando uno de los pasadizos.
Iría a la biblioteca real.
—Si tienes algo que decir—, dijo arrastrando las palabras, manteniendo su temperamento a raya, —entonces dilo.
—No me fío de tu primo.
Hizo una pausa, en el pasillo completamente vacío.
—Ni siquiera lo conoces.
—Llámalo instinto.
—Alistair es inofensivo.
—Puede ser. Pero tal vez no. Tal vez él tiene su propia agenda para estar aquí. Y tú eres demasiado inteligente para ser un peón en el juego de nadie, Edward. Es de Meah.
— ¿Y?
—Y Meah es una ciudad portuaria pequeña, insignificante. Esto significa que tiene poco que perder y mucho que ganar. Eso hace que la gente se haga peligrosa. Implacable. Él te usara, si puede.
— ¿De la misma manera que la asesina de Endovier me utilizó para convertirse en Campeona del rey?
Sus labios se hicieron líneas.
— ¿Es eso lo que crees que hice?
—No sé qué pensar. — Se dio la vuelta.
Ella gruñó, en realidad le gruñó.
—Bueno, déjame decirte lo que pienso, Edward. Creo que estás acostumbrado a conseguir lo que quieres, a quien quieres. Y sólo porque no pudiste conseguir lo que querías esta vez-
Se volvió hacia ella.
—No sabes nada de lo que yo quería. Ni siquiera me dista la oportunidad de decirte.
Ella puso los ojos en blanco.
—No voy a tener esta conversación ahora. Vine a advertirte acerca de tu primo, pero claramente no te importa. Así que no esperes que me importe cuando te encuentres nada más que como un títere. Si no eres uno ya.
Abrió la boca, tan cerca de la explosión que podría haber perforado la pared más cercana, pero Bella ya había salido a zancadas de allí.
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Bella se paró frente a las barras de la celda de Angela Webber.
La una vez hermosa dama estaba acurrucada contra la pared, su vestido sucio y su cabello oscuro y enmarañado. Ella tenía el rostro enterrado en sus brazos, pero Bella todavía podía ver que su piel brillaba de sudor y tenía un tono ligeramente grisáceo. Y el olor...
No había vuelto a verla desde el duelo, desde el día que Angela había drogado el agua de Bella con acónito sanguino para que ella muriera a manos de Felix. Una vez que había derrotado a Felix, Bella se había ido sin presenciar los gritos que había lanzado Angela.
Así que se había perdido el momento en que Angela había confesado accidentalmente que la había envenenado, clamando haber sido manipulado por su ex novio, el Duque Newton. El Duque negó sus acusaciones y Angela fue enviada allí, a la espera de su castigo.
Dos meses más tarde, parecía que todavía no sabían qué hacer con ella, o simplemente no les importaba.
—Hola, Angela —, dijo Bella tranquilamente.
Angela levantó la cabeza, sus ojos negros brillaron con el reconocimiento.
—Hola, Bella.
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