No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa S. M. y la historia es de Sarah J. Maas. Yo solo me divierto un poco.
.
.
.
El gran salón estaba lleno durante la cena esa noche. Aunque Bella normalmente prefería comer en su habitación, cuando se enteró que Renee Goldsmith se presentaría durante la cena para honrar el regreso del Príncipe Anthony, ella misma se metió en una de las largas mesas del final. Era el único lugar donde la nobleza menor, algunos hombres Jacob, y cualquier otro que quisiera desafiar al nido de víboras, se les permitía sentarse.
La familia real cenaba en su mesa en la cima de la tarima al frente de la sala con Newton, Alistair, y una mujer que parecía ser la madre de Alistair. Desde el otro lado de la habitación, Bella apenas podía ver al pequeño Príncipe Anthony, pero parecía estar pálido, corpulento, y feliz con la cabeza llena de rizos de ébano. Pareció algo injusto que pusieran a Anthony al lado de Edward, ya que se harían comparaciones fácilmente, y aunque ella había oído los desagradables rumores acerca de Anthony, no pudo evitar sentir una pizca de compasión por el chico.
Jacob, para su sorpresa, optó por sentarse a su lado, cinco de sus hombres se unieron a ellos en la mesa. Aunque había varios guardias alrededor de la habitación ella sabía sin duda que los de su mesa estaban tan alertas y atentos como los que estaban colocados por la puertas y tarima.
Sus acompañantes eran todos corteses con ella, cautelosos, pero educados. Ellos no mencionaron lo que había pasado anoche, pero le preguntaron tranquilamente cómo se sentía. Tyler, quien la había protegido durante la competencia, pareció sinceramente aliviado de que ella estuviera mejor, y estuvo cotilleando tanto como una vieja gallina de la corte.
— Y entonces, — decía Tyler, poniendo su cara infantil con un placer diabólico, — justo cuando él entró en la cama de ella, completamente desnudo como el día que nació, su padre entró —muecas y gemidos provenientes de los guardias, incluso de Jacob — y él le arrastró fuera de la cama por sus pies, lo sacó al pasillo, y lo empujó por las escaleras. Todo el tiempo él estuvo chillando como un cerdo.
Jacob se inclinó hacia atrás en su asiento, cruzando sus brazos.
—Tú también lo harías, si alguien te estuviera arrastrando completamente desnudo por el suelo helado— Jacob sonrió con satisfacción cuando Tyler trató de negarlo. Jacob se veía tan cómodo con esos hombres, su cuerpo relajado, sus ojos iluminados. Y ellos le respetaban, siempre mirándole para la aprobación, la confirmación, el apoyo. Cuando la sonrisita de Bella se desvaneció, Jacob la miró, elevando sus cejas. —Tú no deberías reírte. Te quejas de los suelos fríos más que nadie que yo conozca.
Ella se enderezó cuando los guardias soltaron unas sonrisas vacilantes.
–Si no recuerdo mal, tú te quejas sobre ello cada vez que limpio el suelo contigo cuando entrenamos.
— ¡Caramba! – gritó Tyler, y Jacob elevó sus cejas. Bella le dio una sonrisa.
— Palabras Peligrosas— dijo Jacob. — ¿Necesitamos ir a la sala de entrenamiento para ver si tú puedes repetirlas?
— Bien, mientras que tus hombres no se opongan a ver como pateo tu trasero.
— Desde luego que no nos oponemos a eso— se jactó Tyler. Jacob le echó una mirada, más divertida que de advertencia. Tyler rápidamente añadió —Capitán.
Jacob abrió su boca para contestar, pero entonces una mujer alta y delgada caminó por encima de la tarima erigida a lo largo de un lado de la sala.
Bella estiró su cuello cuando Renee Goldsmith surgió a lo largo de la tarima de madera donde una enorme arpa y un hombre con un violín esperaban. Ella había visto a Renee actuar solo una vez antes, hace unos años, en el Teatro Real durante una noche fría de invierno como ésta. Durante dos horas, el teatro parecía como si cada uno hubiera dejado de respirar.
La voz de Renee había permanecido después en la cabeza de Bella durante días. Desde su mesa, Bella apenas podía ver a Renee, solo lo suficiente para decir que ella llevaba un largo vestido verde (ninguna combinación, ningún corsé, ningún complemento excepto un cinturón de cuero tejido que rodeaba sus estrechas caderas), y que su pelo cobrizo estaba suelto. El silencio se extendió por toda la sala y Renee hizo una reverencia en la tarima. Cuando ella tomó asiento detrás del arpa verde y de oro, los espectadores estaban esperando. Pero ¿Por cuánto tiempo mantendría el interés de la corte?
Renee asintió con la cabeza al violinista, y sus dedos largos y blancos comenzaron a puntear una melodía en el arpa. Después de un par de notas el ritmo se estableció, seguido de un movimiento lento y triste del violín. Ellos tocaron juntos, mezclando, elevando cada vez más alto, hasta que Renee abrió su boca.
Y cuando ella cantó, el mundo entero se desvaneció.
Su voz era suave, etérea, el sonido de la canción medio recordada. Las canciones que cantó, una tras otra, mantuvieron a Bella en su lugar. Canciones de tierras lejanas, de leyendas olvidadas, de amantes que siempre están esperando reunirse.
Ni una sola alma se movió en la sala. Incluso los criados permanecieron a lo largo de las paredes y en las puertas y en los huecos. Renee hizo una pausa entre canciones lo suficientemente larga para permitir unos fugaces aplausos antes de que el arpa y el violín comenzaran de nuevo, y ella volvió a hipnotizar a todos una vez más.
Y entonces Renee miró hacia la tarima.
—Esta canción— dijo suavemente —es en honor a la familia real quien me invitó aquí esta noche.
La canción era una antigua leyenda, en realidad un viejo poema. Uno que Bella no había escuchado desde su infancia, y nunca le había puesto música.
Ella la escuchó como si fuera la primera vez: la historia de una mujer hada bendecida con un poder horrible y profundo que fue buscado por reyes y Lords en cada reino. Ellos la usaron para ganar guerras, conquistar reinos, todos ellos le temían, y mantenían la distancia.
Era valiente cantar esa canción, y era aún más valiente dedicarla a la familia del rey.
Pero la familia real no hizo ninguna protesta. Incluso el rey sólo miró fijamente a Renee como si ella no estuviera cantando sobre el gran poder que él tuvo hace diez años. Quizás su voz podría conquistar hasta el corazón de un tirano.
Quizás había una magia imparable e inherente en la música y el arte.
Renee continuó, soltando la eterna historia de los años en los que la mujer hada sirvió a aquellos reyes y Lords, y la soledad que la consumió poco a poco. Y entonces, un día, un caballero vino buscando su poder de parte de su rey. Cuando ellos viajaron a su reino, su miedo se volvió amor, y él la vio no por el poder que ella manejaba, sino por la mujer que era. De todos los reyes y emperadores que habían estado cortejándola con sus promesas de una riqueza más allá de la imaginación, era el regalo del caballero, de verla como era, no por lo que era, lo que ganó su corazón.
Bella no sabía cuándo comenzó a llorar. De alguna manera soltó un suspiro y cerró sus labios tambaleantes. No debería llorar, no aquí, no con toda esta gente alrededor de ella. Pero entonces una mano caliente, cogió su mano por debajo de la mesa, y ella giró su cabeza encontrando a Jacob mirándola. Él sonrió ligeramente, y ella sabía que él la entendía.
Entonces Bella miró al Capitán de la Guardia y le sonrió.
.
.
.
Anthony se retorcía junto a él, siseando y quejándose sobre lo aburrido que estaba y sobre la estúpida actuación, pero la atención de Edward estaba en la larga mesa al final de la sala.
La música sobrenatural de Renee Goldsmith se abrió paso a través del espacio cavernoso, envolviéndolos a todos en un hechizo que él habría llamado magia sin que nadie lo supiera. Pero Bella y Jacob sólo se sentaron allí, mirándose fijamente el uno al otro.
Y no sólo mirándose fijamente, sino algo más que eso. Edward dejó de oír la música.
Ella nunca le había mirado así. Ninguna vez. Ni siquiera por un instante.
Renee estaba terminando su canción, y Edward apartó sus ojos de ellos. Él no creía que hubiera pasado algo entre ellos, todavía no.
Jacob era testarudo y bastante leal para hacer su movimiento, o incluso para darse cuenta de que miraba a Bella de la misma manera que ella le miraba a él.
Las quejas de Anthony se volvieron más fuertes, y Edward dio un largo, largo suspiro.
Él seguiría adelante. Porque él no sería ser como los reyes antiguos de la canción y la mantendría para sí mismo. Ella se merecía un caballero leal y valiente que la viera por lo que era y no le temiera. Y él merecía a alguien que le mirara de esa forma, aunque no fuera el mismo amor, o aunque la chica no fuera ella.
Así que Edward cerró sus ojos, y dio otro largo suspiro. Y cuando abrió sus ojos, la dejó ir.
.
.
.
Unas horas más tarde, el Rey de Adarlan permaneció de pie detrás de la cámara del calabozo ya que sus guardias secretos arrastraban a Renee Goldsmith hacia adelante. El bloque de carnicero en el centro de la habitación estaba empapado con sangre. El cadáver sin cabeza de su compañero estaba a unos metros de distancia, su sangre goteaba hacia el desagüe del centro del suelo.
Newton y Alistair estuvieron de pie en silencio al lado del rey, observando, esperando.
Los guardias empujaron a la cantante de rodillas ante el bloque manchado.
Uno de ellos agarró un puñado de su pelo cobrizo y tiró de él, obligándola a mirar al rey cuando dio un paso hacia adelante.
—Se castiga con la muerte el hablar o alentar la magia. Es una ofensa a los dioses y una ofensa para mí que tú cantaras esa canción en mi salón.
Renee Goldsmith sólo le contempló, sus ojos brillantes. Ella no había gritado cuando habían degollado a su compañero, e incluso había luchado cuando sus hombres la habían agarrado después de su actuación. Como si ella lo hubiera estado esperando.
— ¿Alguna última palabra?
Una rabia extraña y tranquila se mostró en su cara, y ella levantó su barbilla.
–He trabajado durante los últimos diez años para ser lo suficientemente famosa para que me invitaran a este castillo. Diez años, para que yo pudiera venir aquí y cantar las canciones sobre magia que tú intentas borrar. Así yo podría cantar esas canciones y tú sabrías que nosotros todavía estamos aquí, que tú puedes prohibir la magia, que puedes matar a miles, pero nosotros todavía recordamos las antiguas costumbres.
Detrás de él, Alistair resopló.
— Suficiente, — dijo el rey, y chasqueó sus dedos.
Los guardias empujaron su cabeza hacia abajo poniéndola en el bloque.
—Mi hija tenía dieciséis años— continuó ella. Las lágrimas recorrieron su nariz y cayeron al bloque, pero su voz permaneció fuerte, alta.
—Dieciséis, cuando tú la quemaste. Su nombre era Kaleen, y ella tenía unos ojos como las nubes. Yo todavía oigo su voz en mis sueños.
El rey movió su barbilla hacia el verdugo, quien ando hacia adelante.
—Mi hermana tenía treinta y seis años. Su nombre era Liessa, y tenía dos niños que eran su alegría.
El verdugo levantó su hacha.
—Mi vecino y su esposa tenían setenta años. Sus nombres eran Jonh y Estrel. Ellos murieron porque intentaron proteger a mi hija cuando tus hombres fueron a por ella.
Renee Goldsmith seguía recitando la lista de muertos cuando el hacha cayó.
.
.
.
Pero que capítulo tan intenso, ¿no?
Gracias por su paciencia, chicas… en unas dos semanas saldré de vacaciones y me tendrán de tiempo completo jeje las amo 3 deseenme suerte, pronto empezaré mis exámenes y estoy agotada e.e
¡Nos leemos pronto!
