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Destructor iba de un lado a otro caminando con lentitud luciendo 'pensativo' cuando en realidad gozaba cada instante de lo que sufría el quelonio. Posaba sus ojos en su verde prisionero deleitándose al ver la súplica reflejada en todo su ser.

― Esta bien, Leonardo, pasaré por alto tu desobediencia una vez más. Ve a que te alimenten de nuevo, te necesito fuerte para la misión de prueba que te daré.

― Pero… ¿podría ver a mis hermanos? ― Una brutal bofetada rompió la piel de su mejilla y lo hizo caer.

― ¿Te atreves a hablar cuando no se te ha otorgado el permiso? ¡Eso es todo! ¡Has acabado con mi paciencia! ¡Llévenselo y ya saben qué hacer! ― forcejeando con todas sus energías contra los soldados que comenzaban a arrastrarlo, Leonardo temió de nuevo por la seguridad de los niños.

― ¡AMO! ¡AMO! ¡SE LO SUPLICO! ― Destructor levantó la mano para detener a los soldados.

― Hazlo de rodillas ―, ordenó, Leonardo no dudó en irse al suelo cabeza al piso para suplicar que perdonara su error.

―Amo… por favor… castígueme a mí, no a mis hermanos.

― Eso está mejor ―. Con otro ademán los soldados se llevaron a Leonardo para darle un equipo ninja sencillo con el escudo del clan del Pie y lo alimentaron de nuevo.

― El maestro te mandará a una misión, si no quieres que tus hermanos terminen como sus juguetes para torturar será mejor que obedezcas –. Leonardo solo asentía, sufría la incertidumbre de no saber si estaban bien o no, no los había visto en todo ese tiempo y eso lo angustiaba.

De nueva cuenta fue llevado ante Destructor y se le dio un sobre, dentro de él había un mapa, un plano estructural del inmueble señalando los lugares que tenían cámaras de seguridad y unas fotografías de una gran residencia junto a las imágenes de una pequeña niña. Esperaba que la misión que debía cumplir no implicara lastimar a alguien.

― Antes de cuatro horas debes traerme a esa niña, viva o muerta, me da igual. Su padre es mi rival en el congreso y no quiero estorbos, como bien sabes.

La niña tendría unos cinco años, pero algo más que había dentro del sobre dejó mudo a Leonardo; un pedazo de la ensangrentada bandana de su pequeño Miguel Ángel. Leonardo, reprimiendo alguna acción o palabras que pudiesen agravar aún más la situación de sus niños, sólo miró a Destructor sin decir nada.

― Debías tener un castigo, debes saber que hablo en serio, trae a la niña y de inmediato tu hermano será atendido de las heridas que tú mismo provocaste, si yo estuviera en tu lugar me apresuraría… o no, mejor déjalo morir, será un estorbo menos.

Leonardo volvió a reprimir sus impulsos después de escuchar eso, así que sólo hizo una reverencia y salió del lugar rumbo a su misión.

Las siguientes cuatro horas fueron un verdadero suplicio para Leonardo, durante el viaje de ida a la zona residencial donde vivía el rival de Saki, pensó mucho en esa pequeña inocente que tal vez encontraría la muerte a manos de Destructor, pero también pensaba en su pequeño Mikey y en que tal vez estaría tan asustado preguntándose porque su hermano mayor no estaba ahí para defenderlo y salvarlo. Tal vez Rafa y Donnie habían visto como los soldados de Saki habían lastimado al más pequeño entre ellos y también estarían sufriendo mucho.

¿Estarían alimentándolos? ¿Estarían durmiendo cuando menos un poco? Aquellas dudas sólo servían para aumentar el peso en su mente y ahora no sólo no podía sacar a sus hermanitos de aquella horrenda situación, sino que también iba a aumentar el número de pequeños que enfrentarían sin protección alguna el verdadero rostro de la maldad.

― "Mis hermanitos son todo mi mundo, pero… ¿debo sacrificar a inocentes por su seguridad? ¿cómo podré pagar esta terrible acción que realizo en nombre de ellos? Espero que la culpa jamás recaiga sobre mis hermanos… "

Con estos pensamientos en mente, llegó al hogar de la pequeña y como si el destino estuviese de pronto de parte de los malos, la pequeña se encontraba en el jardín trasero de la propiedad, divirtiéndose en un columpio. A Leonardo se le fue el alma al suelo cuando la pequeña lo miró sin ponerse a gritar, además no se resistió cuando él puso su mano sobre su boca para impedir que hablara. Saltando de techo en techo, Leonardo dejó a la pequeña en el piso para descansar un poco antes de seguir.

― ¿Quién eres? ― le preguntó la pequeña con ojos que mostraban no sólo la inocencia sino también la curiosidad. El joven ninja no quiso responder, sólo le sonrió y la levantó en sus brazos, empezando a correr de nuevo en dirección del rascacielos de Saki.

Cuando la pequeña se acurrucó en el cuello de Leonardo, el hermano mayor comenzó a llorar en silencio y por poco regresa a la niña a su hogar, pero el recuerdo de sus hermanitos le obliga a cometer esa mala acción hasta el final. Al llegar a la parte alta del lugar, un soldado toma a la niña de brazos de Leonardo, pero lo hace sin cuidado y la pequeña se queja de inmediato del dolor que le causa ser tratada con tanta brusquedad. Quiso volver al lado de la tortuga y Leonardo de verdad quería impedir con toda su alma aquel maltrato, pero por el bien de sus hermanos se quedó ahí, sintiendo el peso abrumador de la culpa como nunca antes la había sentido.

― Bien hecho discípulo mío, ahora come y descansa pues en un par de horas saldrás a una nueva misión.

― No, quiero ver a mis hermanos ―, Destructor se levantó y lo miró con furia.

― ¡Qué insolente eres! ¿Una vez más te atreves a pedir algo? Tal parece que no has aprendido nada, iba a ordenarle a uno de mis hombres llevar a tus hermanos a tu celda antes de mandarte a tu nueva misión, pero ahora… ¡ahora no tendrás nada, fuera de mi vista!

― ¡No, espere!

― Ya no hables insolente ―. Leonardo apretó los puños y le suplicaba nuevamente: ― Por favor… tan solo dígame cómo están. No los he visto desde que desperté.

― No tienes derecho a saber de ellos, retírate de mí vista, si cumples tu siguiente misión podría reconsiderarlo, guardias llévenselo ―. Y así lo regresaron a su celda, Leonardo estaba desesperado, quería escapar, pero eso implicaría la muerte para sus pequeños si llegaban a descubrirlo antes de encontrar el lugar donde los tenían encerrados.

Solo pasaron un par de horas cuando Leonardo fue llamado nuevamente, pero ahora no era Destructor quien hablaba, se trataba de Hun quien frente a su maestro se dirigió al quelonio.

― Toma ―, le entrega un sobre ―, irás a esa dirección con la niña y la mantendrás ahí hasta que recibas tu siguiente orden, si su padre no obedece las demandas de nuestro maestro la niña tendrá que desaparecer ―. Le entregaba una maleta donde Leo suponía estaba la niña, no daba crédito a lo desalmados que podían llegar a ser aquellos malvados, sólo por eso Leonardo volvió a obedecer, temía que sus hermanitos fueran tratados igual.

Sin dejar que la preocupación por el buen estado de la pequeña llenara sus facciones, Leonardo tomó la maleta y de inmediato se dirigió a la dirección, cuando estuvo a una distancia que consideró segura del rascacielos de Saki, abrió la maleta y efectivamente, dentro se encontraba la pequeña, atada de pies y manos, aún con muchas lágrimas cayendo de sus ojos.

Al ver a Leonardo la pequeña abrió mucho sus pequeños ojos, el mayor de los ninjas reconoció de inmediato esa mirada que muchas veces había visto en los ojos de sus hermanitos, una mirada llena no sólo de emoción sino también de alivio. Con cuidado el ninja la desató y tan pronto como la pequeña se sintió liberada de sus ataduras se echó al cuello de Leonardo. No era uno de sus hermanitos, pero tanto la pequeña como Leonardo necesitaban con desesperación ese abrazo.

― ¿Estás bien? ― le preguntó la tortuga, la pequeña asintió y de nuevo buscó el calor de aquel que sabe que no es peligroso. Leonardo echó a correr de nuevo, tenía que llegar al lugar escrito en el trozo de papel, durante todo el recorrido rogó porque no tuviera que hacerle nada a la niña, porque de verdad, aunque valorara las vidas de sus pequeños, no tenía el derecho, ni la intención, de privar a un inocente de lo que tanto esperaba que los malvados respetaran en sus hermanos.

Una vez dentro del inmueble, Leonardo observó como la pequeña se había quedado dormida, sin nada más que hacer más que esperar, la cargó con ambos brazos, extrañando tanto el mecer a Mikey, empezó a hacerlo con la pequeña, soltando varios suspiros durante ese tiempo incierto, pero de algo estaba seguro, no haría "desaparecer" a la niña, pasara lo que pasara…

Después de lo que a Leonardo le pareció toda una vida dedicada sólo a esperar, un transmisor dentro de la maleta comenzó a sonar, con cuidado colocó su preciosa carga en su regazo y contesta:

― Ya estoy en el lugar.

― Escucha mutante, el padre de esa mocosa no ha cedido a las amenazas de nuestro maestro, parece que le importa más la seguridad y el futuro de la ciudad que la vida de su hija ― se escuchó la voz de Hun ― ¡deshazte de ella ahora mismo! ― después de eso la comunicación finalizó.

A Leonardo de verdad le pareció increíble que el padre de la pequeña tuviese como prioridad sus deberes para con la ciudad que la vida de la pequeña, no estaba seguro de qué pensar, ¿era por un bien mayor, a pesar de que la tristeza habría de perseguir a ese padre por siempre? ¿O era tan simple como que la pequeña había estado privada de amor desde el comienzo de su existencia?

De cualquier forma, cierta parte de la mente de Leonardo estaba admirada de la decisión de la persona y si de verdad no la amaba, esa pequeña de seguro tendría alguien más esperando su regreso. Tomando una decisión que tal vez les costaría la vida a sus hermanitos, Leonardo decidió que nunca más habría de ser el cómplice de semejante ente.

Yendo a un edificio cercano a una avenida muy transitada, Leonardo la despertó y la dejó en el primer piso cerca de la puerta que había dejado libre de las cadenas, mirando furtivamente a través de la puerta medio abierta, Leonardo pudo ver a un oficial de policía cercano.

― Pequeña, es hora de que regreses a casa, ¿ves aquel hombre vestido de azul? ― la niña asintió ―. Ve y dile que estás perdida, él te ayudará. Obediente, la pequeña salió del edificio para acercarse al representante de la ley, no sin antes abrazar de nuevo a Leonardo para darle un pequeño beso en la mejilla. Asegurándose de que el hombre recogiera a la niña, el ninja de azul emprendió el viaje de regreso al cuartel de Saki.

― ¡DESTRUCTOR! ― Leonardo llegaba y sin ningún miramiento estaba dispuesto a todo ― ¡ME HAS CONVERTIDO EN UN ASESINO! HE CUMPLIDO CON TODO LO QUE HAS PEDIDO, ¡AHORA DEVUELVE A MIS HERMANOS! ¡DEVUÉLVEMELOS!

El ninja metálico se carcajeó.

― Te creí más inteligente Leonardo, dejaste que tus sentimientos nublaran tu juicio y mírate ahora. Te has quedado sin honor y sin familia, pero no soy tan malo ― siguió burlándose arrojándole a los pies un tantō ― dejaré que tú mismo puedas poner fin a tu inútil vida.

― Regrésame a mis hermanos ―. Nuevamente la seriedad de Leonardo no daba pie a ningún cambio de opinión.

― Si no hubieses sido tan débil y descuidado te habrias dado cuenta de que ellos estuvieron junto a ti en todo momento.

― Habla claro…

― Idiota, maté a tus hermanos y te los di de comer. ¿Acaso creíste que te alimentaría solo porque te convertiste en mi servidor?

― ¿Qué? ― Leonardo no quería comprender lo que escuchaba.

― Esa noche, cuando te capturamos, tus inútiles hermanos no soportaron mis tratos, el primero en morir fue el más llorón; bueno, con él tenía planeado matarlo frente a ti, pero te desmayaste antes de que pudieras verlo, fue un gran deleite ver como sufría a mis manos, además de que los otros dos estaban aterrados de lo que sucedida. Los imbéciles no sabían lo que pasaba y te llamaban a gritos, cuando llegamos tuve esa estupenda idea, el cocinero descuartizó al menor y te lo dio de comer, a ti y a los otros dos, así sucedió con los demás, los fueron aniquilando, destazando y con su carne te alimentaron. Toma, un lindo recuerdo para ti.

A los pies del hermano mayor, Destructor dejó caer el ensangrentado caparazón de uno de los pequeños hermanos. Leonardo se quedó inmóvil unos segundos para después dejarse caer de rodillas.

Continuará...