Capítulo 14

No era un beso para castigarla, sino más bien era un beso urgente, como si con cada roce de sus labios le dijera que ella estaba bien. El campo que los rodeaba no había ningún alma, simplemente se escuchaba el sonido de la naturaleza, el de los pájaros y las pisadas de los caballos que se habían detenido para pastar.

Fue ahí donde ella se deshizo en ese beso, entre sus brazos. Dejándose llevar por el calor que emanaba de su cuerpo. Por el cálido aliento de sus labios que chocaban con el beso.

Subió una mano hasta su cabello y enredó sus delicados dedos en él, maldiciendo a sus guantes por no dejar sentir su textura. Ese beso era diferente al otro. Algo le decía que había más que un sentido del deber, sino más bien un sentimiento. O tal vez si, tal vez estaba preocupado de haber sufrido alguna fractura y así con esa, se preocuparía al rendirle cuentas a su padre.

Inuyasha la atrajo más hacía él, deleitándose en lo perfecto de su cuerpo y de cómo se acoplaba al suyo. Por más que tratara de mantener sus manos firmes, justo donde las tenía, no pudo. Fue recorriendo lentamente cada centímetro de piel que estaba cubierto por ese maldito traje de montura.

Era su prometida, la hija de un conde y en cambio debía de respetarla, cuidar de ella. No imaginar cómo se vería su cuerpo desnudo en una cama repleta de telas de satín bajo la luz de una hoguera. De cómo podría ser tocar esa cremosa piel que se ocultaba entre tanta tela.

Pero ya el arrepentimiento llegaba un poco tarde. Sus dedos expertos habían encontrado el dobladillo de su falda. Gimió de satisfacción al sentir su piel bajo la yema de sus dedos. Subiéndola poco a poco hasta llegar a la rodilla.

Kagome ni siquiera puso resistencia, se había dejado hacer y deshacer entre sus brazos. Jadeó junto a sus labios cuando sus dedos tocaban el centro de sus mulos. Su corazón bombeaba con fuerza y todo su entorno se borró por completo. Solo eran él y ella. Sabía que no podía permitir dejar que la tocara de esa manera y que todo esto ni siquiera formaba parte del plan. De hecho, ya había olvidado en que parte del plan debía terminar.

Si sus dedos provocaban ese tipo de sensaciones no quería imaginar cómo era estar en la intimidad. Debía preguntarle más a Danniel sobre esto, seguramente ella le daría explicaciones.

Para su sorpresa fue él mismo quien terminó el beso tan abruptamente. Antes de mirarla se recargó en su pecho mientras trataba de recuperar el aliento. Inuyasha cerró los ojos al sentir como su pecho subía y bajaba, dejándose llevar por el románico sonido de su corazón. Si no hubiese sido tan estúpido, cometiendo error tras error, en esos momentos esa mujer ya sería su esposa.

Levantó la vista y se fundió en esos ojos color chocolate.

Seguramente habrían durado un mes encerrados en una misma habitación.

Sonrió al verla con las mejillas rojas y los labios hinchados. Poco a poco y para su desgane tuvo que retirar la mano y acomodarle la falda.

―Debemos parar – susurró – No quiero cometer una locura. Ya he hecho muchas.

La ayudó a levantarse, después a sacudir la poca tierra que se había adherido a su traje. Luego fue por los caballos y antes de ayudarle a subir al suyo la tomó por la cintura y la giró para tenerla a la vista.

Kagome abrió y cerró la boca al tener sus ojos dorados tan de cerca. Había tenido una privada de lo que era en realidad él. No le extrañaba porque la viuda Ramsey estaba loca por su prometido.

Ex prometido.

― ¿Estas bien?

La veo arquear una ceja y entonces volvió a formular de nuevo su pregunta. Esta vez mejor.

― ¿No te pasó nada grave en la caída?

Ella negó.

Él alzó una delgada ceja.

―Me refiero a que sí, si estoy bien. Y no, no me pasó nada.

De vuelta casa ninguno más habló al respecto de lo que había sucedido en aquel prado. Únicamente de vez en cuando le volvía a preguntar si se encontraba bien y ella simplemente asentía con un ligero movimiento de cabeza.

Un solo beso de él había sido suficiente para que desestabilizara sus ideas, la desviara de su objetivo y, sobre todo, se planteaba si en realidad todo esto era necesario. Desde luego que estaba empezando arrepentirse, pero no lo demostraría. Seguiría su plan de seducirlo sin importar los resultados o consecuencias que pudiera ocasionar todo eso.

Una vez que llegaron a casa, Inuyasha fue directo a las caballerizas a dejar los animales. Mientras que Kagome se encontraba en la recepción con un muy preocupante rostro de Danniel. Lo primero que cruzó por su mente fue penar en Kanna y sus padres, si algo les había pasado durante el trayecto a su visita. Pero después hizo de lado ese pensamiento cuando la mujer negó.

― ¿Cómo le fue? – susurró en voz baja. Para que alguien no las escuchara.

―A la próxima te caes tú del caballo. ― respondió – Créeme, no fue divertido.

― ¿Pero lo que vino después? – preguntó con algo de astucia ― ¿Fue peor?

Kagome se puso roja al instante con tan solo volver a revivir aquellos besos, aquellas caricias que por poco la hicieron entregarse a Inuyasha. Entonces, la ex cortesana esbozó una sonrisa de placer al ver la reacción en la joven.

―Debo suponer que todo fue con forme al plan – le guiñó un ojo.

―Luego hablamos de eso.

―Así es – asintió y miró hacia ambos lados, en especial hacía la sala de estar favorita de Kikyo – Tiene visitas – susurró nuevamente en voz baja.

Kagome frunció el cejo ante aquella información. De pronto Danniel la tomó del brazo y la apartó a un rincón más alejado de la casa.

―Tiene visita del duque Lexington y de su tía, la Baronesa Higgins.

Ella torció la boca y no porque la visita del duque fuera mala, sino porque detestaba ver a esa mujer.

―Supongo que desea una respuesta personal a la invitación del baile.

― ¡Como si estuviera para un baile en estos momentos! – exclamó un poco molesta.

La ex cortesana esbozó una sonrisa.

―Puede usar eso a favor. Lleve a su prometido. Un baile podría ser perfecto para la siguiente etapa de nuestro plan.

Kagome alzó un dedo antes de desaparecer por un pasillo.

―Ex prometido – corrigió ella.

Y acto seguido fue directo hacía la sala de estar. Se quedó un momento de pie junto a la entrada mientras contemplaba la escena. Ahí, en el sillón favorito de Kikyo estaba sentada la detestable y amargada Lady Higgins. Tan cómoda como si la casa fuese de su propiedad. Sostenía una taza de porcelana blanca mientras meneaba el té con una cuchara. Delante de ella estaba su sobrino, Bankotsu el duque de Lexington, éste al verla de inmediato se puso de pie y le hizo una cortes reverencia.

―Milady.

La trataba con tanto formalismo. Como si fuese la hija de un duque. Bueno, más bien la hija de un conde.

―Milord – ella hizo lo propio.

Mientras se encaminaba y tomaba asiento en un sofá apartado de ellos dos. Bankotsu aguardó unos segundos hasta que la vio sentarse para hacer lo mismo.

―Le comentaba a mi sobrino que nos muebles son un poco antiguados para la época.

Apretó los labios con fuerza para no decir algo inapropiado. Se conocía, cuando alguien se metía con un ser especial para ella, podría resultar una molestia.

Mientras se encaminaba y tomaba asiento en un sofá apartado de ellos dos. Bankotsu aguardó unos segundos hasta que la vio sentarse para hacer lo mismo.

―Le comentaba a mi sobrino que nos muebles son un poco antiguados para la época.

Apretó los labios con fuerza para no decir algo inapropiado. Se conocía, cuando alguien se metía con un ser especial para ella, podría resultar una molestia.

―No me he dado cuenta de ello, Milady – respondió amargadamente.

Entonces la baronesa se echó a reír ante el simple comentario de la joven.

―Es usted muy modesta Lady Higurashi. – dijo la mujer – Suponiendo que viene hija de condes. Por cierto ¿Cómo es que llegó aquí? ¿Su padre sabe de su estadía?

―Mi padre sabe perfectamente lo que hago.

― ¿Hasta de hacerse pasar por institutriz?

― ¡Tía! – intervino Bankotsu con un tono severo que hizo a la mujer fruncir la boca. ―Creo que ese tema incomoda mucho a Lady Higurashi.

La baronesa, a su pesar, asintió y volvió a conectar su mirada con la de ella.

―Una disculpa Lady Higurashi. No fue mi intención.

Desde luego que si lo fue. Esa mujer no le había agradado en lo más mínimo cuando le ofreció una cuantiosa cantidad por dejar de trabajar para los Evans.

Pero la gota que derramó el vaso o más precisamente fue la taza. Fue cuando "accidentalmente" la baronesa fingió colocar la taza sobre una mesita, porque ésta cayó sobre el piso haciéndola añicos. Era una de las favoritas de Kikyo.

― ¡Oh! – exclamó, llevándose los dedos para cubrir su boca – Que descuidada soy. Bueno, al fin de cuentas la taza no era muy fina que digamos.

Kagome se levantó de golpe y fue en busca de Melissa. Esta al verla supo que la joven ardía el furia y que una cosa más que hiciera la mujer, seguramente terminaría por explotar.

― ¿Puedo saber cuál es el motivo de su visita?

La mujer se acomodó en el respaldo del sofá. La sala de estar reinaba la tensión, Bankotsu permanecía en silencio, sin decir nada únicamente dejaba que su tía guiara la conversación. Valiente hombre resultó ser. Únicamente había intercedido en una ocasión y ya de ahí no había hecho nada más que escuchar.

En esos momentos necesitaba de alguien, un soporte que le ayudara a tranquilizar los nervios y la furia que sentía.

¿Era mala por pensar en darle un golpe en la cara?

¿Esos pensamientos eran apropiados para una dama?

Claro, no a Bankotsu, aclaraba su mente. Sino a la mujer que tenía a lado suyo.

―Claro, como vera – la mujer se aclaró la garganta ― …

―Buenos días.

La mujer se quedó callada al ver al hombre alto, de hombros anchos y de cabello negro que estaba delante de la entrada. Sus mejillas se pusieron colorada en cuanto lo había visto y Kagome tuvo que sonreír. Claro, el efecto Lord Taisho.

― ¿Y usted es? – preguntó la baronesa – Mirando a Kagome y al recién llegado.

―Baronesa Higgins – Kagome se puso de pie – Permítame presentarle al Lord Taisho, vizconde de Wimsey. Amigo íntimo del Lord Evans.

Entrelazó un brazo al de él y le susurró suavemente.

― ¡Ayúdame a sacar a esta mujer de aquí! – fingió toser ― ¡No la soporto!

Inuyasha esbozó una sonrisa mientras observaba a la mujer y después se le borraba al ver la cara del estúpido duque.

― ¡Te va a costar mucho! – le susurró de misma forma.

― ¡Solo hazlo!

Inuyasha asintió quedamente y fue a ocupar un asiento apartado tanto e la baronesa como el duque, pero muy cerca de Kagome como para vigilar que ese mal nacido no se le acercara. Podría ser un duque y ocupar un rango privilegiado. Pero Kagome era de él y no iba a permitir que cualquiera se le acercara.

―Dígame milord ¿Planea quedarse más tiempo en Hampshire? ¿Le esta siendo de su agrado?

―No – respondió tajantemente – Odio el campo, no me gusta.

Ahora la que estaba sintiéndose incomoda era ella y esto lo comenzaba a saborear Kagome, quien esbozó una sonrisa por el borde de su taza mientras se la llevaba a los labios para degustar del té.

El único que le lanzó una mirada de advertencia fue Bankotsu, pero él se la regresó del mismo modo.

― ¿Qué le trae por aquí?

―Perdone mi respuesta milady – dijo sutilmente, pero con un golpe certero – Pero son asuntos que no le concierne a nadie más que a mí.

Desde solo había tres personas que ocupaban la sala quienes sabían a quien se refería con "asuntos".

―No se preocupe, milord – dijo la baronesa no muy convencida – De hecho, mi propósito era para saber la respuesta a cerca de mi invitación a una enmascarada este viernes. Claro, está usted también invitado.

― ¿Aún siguen usando enmascaradas como temática?

― ¡¿Perdone?! – preguntó, cada vez más sintiéndose ofendida.

―Digo que – Inuyasha se aclaró la garganta – Las enmascaradas en Londres son muy esporádicas. Usan más temática que una simple mascarada – esbozó una sonrisa.

―Ah – fue la única respuesta de la baronesa, cada vez al borde de la incomodidad.

Solo esperaba terminar ahí y largarse cuanto antes.

―Son las mejores, créame – respondió al final la baronesa Higgins.

―No sabe…― se llevó la mano al pecho – Cuan impaciente estoy por ver su enmascarada – dijo con sarcasmo.

A Kagome se le escapó una risa, pero que la disimuló muy bien con fingiendo que se atragantaba con el té. Inuyasha simplemente le dio una palmadita en la espalda.

La baronesa torció el gesto nuevamente, deseaba terminar con esa absurda visita. Pero después miró al vizconde y luego a la joven y pensó lo peor.

― ¿Qué hacen compartiendo una casa sin sus dueños?

Inuyasha apartó de inmediato la mano de la espalda de Kagome y se aclaró la garganta, mientras se aclaraba la garganta. Ahora eran ellos dos los que estaban ante el no saber que decir.

―Solo vine de vistita – mintió rápido – Pero me enteré de que mi amigo no ha estado en casa así que invité a Lady Higurashi a salir de paseo.

Claro, eso explicaba sus trajes de montar.

― ¿Sin compañía? – volvió a preguntar alarmada.

― ¿Se ocupa? ―la retó Inuyasha, alzando una ceja.

― ¡P…

―Creo que es suficiente – Interrumpió Banktosu, que hasta ahora estaba callado – Le agradeceríamos mucho que asistiera…―miró a Inuyasha – Asistieran a la enmascarada.

― ¡Gracias, milord! – respondió Kagome.

Poniéndose de pie para acompañar a sus visitas hasta la salida. Cuando regresó a la sala y estar se encontró con Inuyasha, quien seguía ocupando el mismo asiento.

― ¡Esa mujer no me agrado en lo más mínimo! – comentó.

Kagome esbozó una sonrisa a sus espaldas y fue a ocupar el mismo asiento de Banktosu.

― ¡Pero sus enmascaradas son una maravilla! Claro según ella.

Inuyasha estiró los pies, se cruzó de brazos y por último la miro.

―Sería una pena perderse tan esperado evento – comentó con sarcasmo – La anfitriona podría resultar herida ante tal rechazo.

―Si – asintió ella― Sería una pena.

Ambos se miraron y rieron al mismo tiempo al rememorar lo sucedido en aquella sala de estar. Tal pareciera que no había sucedido nada en campo y que actuaban con naturalidad.

―Tal vez en un futuro seas mejor anfitriona que ella. Y por favor ¡No hagas enmascaradas!
Kagome borró la sonrisa de sus labios pues ese comentario llevaba un doble trasfondo y más cuando sus ojos dorados resplandecieron en aquella sala. Probablemente le estaba dando por hecho que se iba a casar con él.

Se removió incomoda en el sofá y después de un rato que jugaba con su cabello, decidió huir de ahí.

―Iré a ver preguntarle a Melissa que tiene planeado para la comida.

Pero en cambio Inuyasha esbozó una sonrisa y antes de que ella saliera la detuvo con una simple palabra.

―Cobarde.

Solo que hasta que salió de ahí pudo soltar el aliento que tanto estaba conteniendo. Recargó su espalda contra una pared y se llevó las manos al pecho. Como si con eso pudiera calmar los latidos frenéticos de su corazón.

¿Qué había sido ese momento que compartieron?

Por un breve momento se imaginó que así pudiera ser su vida con él y de pronto ese pensamiento le gustó.

En cuanto entró en la cocina rápidamente buscó a Danniel, pero Melissa le informó que estaba en su habitación, a lo que decidió ir a su encuentro. La puerta de su habitación estaba abierta y se quedó unos instantes ahí, observando a la mujer. Quien tenía un baúl abierto y contemplaba admiración unas telas muy finas que a lo lejos y por la distancia en la que se encontraba parecían ser vestidos.

―A veces es difícil aceptar que tu juventud se ha ido con el paso de los años – comentó con tristeza – Y que lo único que te queda de recuerdo son estos vestidos.

Kagome asintió y entró en la habitación, cerrando la puerta tras su paso. Posteriormente tomó asiento a lado de ella. Mientras observaba el vestido esmeralda y de encaje que tenía entre sus manos.

―Es muy bonito – comentó con una sonrisa. Estirando la mano para acariciar la fina tela.

―Fue mi favorito. Regalo de un duque. Y sobre todo… ― la miró y alzó una ceja ― ¡Fue la envidia en una mascarada! Si quieres, puedes usarlo para la mascarada que dará la baronesa.

―Oh no – ella negó – No sería digna.

―Para mí – se llevó una mano al pecho y la miró – Que tú lo uses sería un honor. Tengo varios de diferentes estilos si no te gusta y podrás elegir de entre todas las máscaras que tengo. – le guiñó un ojo – Una vez le tuve que regalar uno a Kikyo porque le gustó mucho.

Kagome sonrió y asintió. Claro que escogería uno.

―Pero no creo que hayas venido hasta mi habitación para hablar sobre la patética enmascarada que dará Lady Higgins – la miró intensamente ― ¿O me equivoco?

Ella negó mientras dejaba escapar un suspiró.

―Todo salió conforme lo planeado.

― ¿Te besó?

Kagome asintió al mismo tiempo que se le teñían las mejillas de rojo.

―Y por lo que veo sucedió algo más.

Ella bajó la mirada de vergüenza. ¿Cómo podía hablar de esas cosas tan libremente? Su madre muy apenas no pudo hablar del tema y terminó por decir que solo iba a doler pero que estuviera dispuesta a su marido.

― ¿Te tocó en partes que no te imaginabas? – le volvió a preguntar.

―No me hagas responder eso – comentó avergonzada – Es muy difícil para mí.

― ¡Es porque eres virgen! – pero al final esbozó una amplia sonrisa – Pero vas por buen camino. De hecho, tu segunda parte del plan es ponerlo celoso. El próximo baile sería una oportunidad para ello. Recuerda que tenemos dos pretendientes más que pueden ser el detonante de ello. Y todo eso nos lleva a la última y tercer etapa del plan – le volvió a guiñar un ojo.

―Pero yo no….

―Tú confía. Sé que lo harás muy bien.

Ojalá tuviera la misma confianza, de ser liberal por lo menos una noche.

Pero….¿Cuál sería la tercer y última etapa de la que hablaba?