PD: la imagen de esta portada fue creada por mi buena amiga Julieth, le hice esta petición el año pasado y ella tan linda me la hizo y hasta hoy ¡pude terminar los capítulos! Qué vergüenza.
¸.•¤•.¸¸.•¤•.¸
Disclaimers:
** Inuyasha le pertenece a Rumiko Takahashi, yo solo tomo los personajes para que hagan mis perversiones.
** No continúo historias, lo que terminó y a lo que le puse FIN es FIN.
** Téngame paciencia, trabajo y tengo vida, escribo en base a la inspiración y a los comentarios de ustedes, así que mientras más comentarios tengo más escribo, incluso cuando mi vida se pone patas pero me escriben muchos comentarios, escribo como loca.
** Recuerden darle like de mi página de romancerotico en Facebook, de esa manera estarán enterados cuando subiré mis fics, si sigo viva o cualquier otra cosa que deseen saber.
¸.•¤•.¸¸.•¤•.¸
6. Bajo su merced.
—•¤•—
Sesshoumaru POV
Una gota de sudor me va bajando por el lado izquierdo del rostro, sí, estoy jodidamente nervioso, porque es la primera vez que no puedo controlar mis impulsos.
Un rugido sale de mi boca cerrada, ni siquiera puedo reconocerme yo mismo, es uno gutural y meramente sexual, como si estuviese confirmando mi apareamiento con ella, mi instinto animal se va apoderando de mi conciencia y me voy perdiendo entre el aroma que ella despide.
Nunca he sido afectado por feromonas de ningún omega, ¡nunca! Siempre he sido yo quien he controlado la situación, ¿soy el dominante no? ¡El alfa! Se supone que soy yo quien tiene que dictaminar el paso, quien tiene que descontrolar con mi olor a los omegas que están a mi alrededor y no puedo negar que en alguna "confesión" en el ejército me apoyé de ello y no hubo omega que pudo resistirse y obtuve siempre lo que quise, pero ¡¿qué rayos me sucede con esta chica?!
No es una simple chica omega, es la hija de uno de los mafiosos más temibles de este lado del continente, además que es la chica a quien estoy investigando, no puedo simplemente cogérmela por instinto, claro, puedo seguirme repitiendo eso una y otra vez, pero cuando me doy cuenta le he soltado los brazos y me he arrodillado ante ella desabotonando su pequeño short y quitándoselo junto con su diminuto hilo que apenas cubría su sexo dejándolo tirado a un lado para empezar a comérmela con demasía y desesperación.
Levanto un poco mi cabeza sacándola de su sexo y veo que sus ojos están brillosos, pero hay un gesto en su rostro que me indica que lo está disfrutando, pero no solamente la chupada en sí, si no más bien el hecho de tenerme en rodillas, ¡mierda! Necesito darme de cabeza contra la pared, tal vez de esa manera mis neuronas encuentran la posición y ya no se encuentren tan abrumadas por el humo de mi propia calentura, pero es imposible.
Le agarro una pierna echándomela a mi hombro para abrirla más, pero también me ayudo de mis manos con las que le abro sus labios y veo en primer plano su botón, su clítoris hinchado, duro y sensible, se estremece cuando le paso la punta de mi lengua e incluso emite un gemido mordiendo su labio inferior, veo que se moja, sí, su vagina rosada incluso se contrae y su humedad recorre como si fuese un rio, nunca me ha parecido erótico ver el sexo de ningún omega y creo sinceramente que es la primera vez que lo veo tan a detalle disfrutándolo de paso.
Me llama la atención su jugo, así que le paso la punta de mi lengua por su orificio ingiriendo su néctar y eso me hace vibrar, podría decir que no tiene sabor, por lo que me dan ganas de seguir bebiéndolo, así que pego con más fuerza mi rostro en su sexo, chupándola, estirando con mi boca cada centímetro de su piel e intentando dejar mi marca en una parte tan íntima que me gustaría reclamar solo como mía, aunque sé que no podría ser, pero mis feromonas no me dejan pensar con claridad.
Me pongo de pie separándome de ella, su pecho sube y baja y, su respiración es casi tan sonora como los latidos de mi propio corazón. Continúa con su espalda pegada a la puerta, su estómago al descubierto y su top negro tan corto que me dan ganas de arrancarle cada tela de su cuerpo sintiéndome celoso de que ésta pueda tomar todo eso que tanto deseo poseer, porque me gustaría ser esa tela para envolverla por completo, que respire al mismo tiempo que yo, que inhale lo mismo que yo, que se descontrole como yo lo estoy haciendo.
—¿Sabes que eres adictiva? —mi voz cargada de ansiedad, ronca y febril ni siquiera me la puedo reconocer, en cualquier momento habría pensado y creído inocentemente que era imposible caer en sus redes, pero aquí estoy, frente a ella, derrumbándome como un estúpido inútil, como si fuese yo el omega y ella la alfa.
—¿Y qué harás al respecto? —ese tono de superioridad solo me hace pensar en mantenerla atada con una cuerda que cuelgue del techo para inmovilizar sus manos y que así no pueda huir de mí.
¿Realmente podría hacer algo semejante? Nunca he sido afectado a eso, las torturas por las que he vivido y pasado no me dejarían disfrutar de ello, pero al verla, al tenerla tan cerca, en lo único en lo que puedo pensar y creer, es en la restricción de su cuerpo para que no se aleje de mí.
—Hacerte mía.
Me levanto queriendo dar la impresión de que soy un titán embravecido a punto de comerla, pero ella en cambio saca su lengua pasándola por sus labios como si estuviese degustando algún delicioso platillo.
Se separa de mí acercándose a un gabinete y saca un condón, se acerca al tocador del baño y se sube en él abriendo sus piernas.
—Entonces, ¿qué estás esperando?
Abre su sexo con sus dedos invitándome a devorarla, sé que es una trampa, pero aun así mi respiración parece descontrolada y me acerco, me veo en el espejo que está a su espalda y me doy cuenta de lo que ella está observando y deleitándose, mis ojos brillan con un intenso dorado y incluso mis colmillos sobre salen un poco, mi corazón está latiendo a mil por horas y en lo único en que pienso es en poseerla, en hacerla mía, en morderla.
—Eres impresionante —me agarra el miembro acariciándolo.
Aparta su mano y me pone sus dedos en mi boca y yo los empiezo a chupar mientras ella me masturba lentamente, estoy gruñendo como animal salvaje y desesperado, chupándole con demasía sus dedos, mientras ella libera ese aroma tan adictivo, es como si ella fuese un bosque, tiene olor a árboles, a tierra mojada, a todo lo verde y fresco que se pueda encontrar.
—Mastúrbame.
¿En serio me está dictando una orden? ¿a mí? ¡¿a un alfa?!
Me quita sus dedos de mi boca y ella los lleva a la suya chupando como lo he estado haciendo yo segundos atrás antes de que me quitara ese placer, mi líquido preseminal va saliendo por mi orificio e incluso goteando hasta llegar al suelo, mis venas van a explotar, no solo las de mi pene sino las de mi cuello, de mis manos, de todo mi puto ser.
—¿O será... que no te atreves?
¡¿Quién rayos a dicho que es una omega?! Tal vez huela como una, tal vez se vea como una, pero definitivamente no habla ni se maneja como una.
Se agarra los pezones apretándolos, se le erectan, justo como yo lo estoy.
Mis manos se mueven a su orden y deleite introduciendo uno de mis dedos y ¡bendita mierda! Su interior es como una trampa de osos porque me atrapa y me succiona, cada vez que quiero salirme siento que jala más en su interior.
Ella hecha su cabeza para atrás, abriendo más sus piernas y yo me meto con fuerza acercándome a su boca. Tiene ese jodido condón a su lado y quiero utilizarlo, quiero cogérmela hasta que uno de los dos quede seco y sin sentido, pero en cambio, aquí estoy masturbándola con mis dedos, escarbando en su interior, tocando ese punto que la hace gemir sin ningún pudor, como si estuviésemos solos y nadie a nuestro alrededor escuchando sus gemidos, masturbándose al imaginarse todo lo que nosotros estaremos haciendo aquí adentro.
Se moja más, al punto que mis dedos provocan un sonido parecido a un chapoteo, sus jugos se deslizan por sus muslos internos, recorriendo su ano y me deleito al verla cómo se retuerce bajo mis movimientos. Su punto G es fácil de encontrar para mis largos y expertos dedos.
—¡Oh! Así... así... —gime pidiendo por más, apretando sus propios senos con ambas manos, estoy a la altura de ellos, fácilmente podría sacar mis dedos y agarrárselos, comerlos y dejar marcado su cuerpo con chupetones que al día siguiente estarán visibles a los ojos de cualquiera que también quiera comerla, pero con ella demostrará que es mía, que yo he disfrutado de su cuerpo.
Pero por alguna razón, no consigo sacar mis dedos de su vagina, además de todas las cosas obscenas que deseo hacerle y de demostrar mi posesión sobre ella, también mi cabeza está enfocada en su frágil y escultural figura, en su cuerpo que solamente me está pidiendo que le de placer, sin pensar en nada más.
—¡Ah!
Se corre y es una dulce y pequeña lluvia la que deja expulsar, abriendo más sus piernas y simplemente disfrutando y apretando mis dedos, ¿cómo se sentirá que su vagina apriete mi pene de esa manera? Es una fuerza increíble para un orificio que no puede ejercitarse como si fuese un músculo, estoy seguro de solo con esa presión me haría correrme llenando de semen su interior.
Se endereza abriendo sus preciosos ojos que parecen un océano infinito reflejando el cielo tan azul, o quizás una bola de cristal en donde puedo reflejarme sobre ellos.
—Ahora quiero que me limpies.
Me retiro intentando buscar papel, pero ella niega con una sonrisa lobuna.
—No... con tu bo-ca... —lo dice tan despacio que sentido mojarme más.
¿Cuándo, en qué momento, a qué horas me pedirá que la coja?
Hago lo que me pide, porque su aroma me tiene embobado e hipnotizado, así que me agacho y empiezo a comérmela, primero limpiando sus muslos internos, incluso bajando todo lo que puedo llegando hasta su ano, aunque se me dificulta por la posición por eso subo más y rodeo su orificio, su vagina que está cerrando y abriéndose para mí, como si fuese una invitación silenciosa a seguirla profanando.
Así que meto la punta de mi lengua y ese sabor... ¡santa mierda! Es como si fuese miel, un néctar exquisito que me ha atraído a mí a saborearla y a conservar su sabor para la eternidad.
Subo mi lengua y chupo su clítoris y ella se hace para atrás otra vez. Subo y bajo deleitándome, quiero meterle mis dedos en cada orificio para que se revuelque de placer, pero ella ha dicho que solo la coma y eso solo implica una parte de mi cuerpo y así lo hago.
Me enfoco durante un rato en su clítoris, rodeándolo sin tocarlo, luego atacándolo sin piedad para terminar chupándolo, continúo con los mismos movimientos alrededor de su vagina y regreso a su clítoris. Una y otra vez repito, una y otra vez me deleito con sus gemidos y finalmente ella se corre con mi boca y mi lengua y yo estoy a punto de explotar.
Ambos jadeantes, exhaustos y casi fritos, sonreímos y sé lo que viene a continuación.
—Bájame —me exige otra vez con esa dulce voz de mando y la tomo de la cintura para cumplir el cometido—. Mi short —enfoco nuevamente y veo la pequeña prenda tirada por un lago y me levanta un pie dándome a entender que quiere que se lo ponga y como idiota condenado, lo hago.
Poco a poco la voy vistiendo con mi pene duro y erecto, ansioso por su cuerpo y su cavidad.
Cuando termino ella se mira al espejo arreglando un poco su cabello, masajeando sus cachetes y pasando uno de sus dedos por sus labios, es tan coqueta, una dulce visión para cualquiera, pareciera que es una niña mimada con esos gestos dulces e infantiles, pero nadie sabe lo que esconde esa fachada.
—Ha sido interesante detective —asegura dándose un beso en su índice para luego colocarlo sobre mis labios—, pero deberías de hacer algo con eso —me indica mi erección y me doy cuenta de que estoy en pelota—, a no ser que quieras que alguien desconocido te vea así. Cioa detective... —canturrea su despedida y abre la puerta dejándome solo.
Su olor se va disipando y sacudo mi cabeza, dándome cuenta de lo que realmente acaba de pasar, ¡¿qué carajos hizo conmigo?!
Me siento hinchado, deseoso, frustrado, y hasta cierto punto como si estuviese ebrio y a punto de recobrar mi conciencia, ¿cómo es posible que esa niña omega haya hecho que caiga a sus pies? Soy un perfecto imbécil.
—•¤•—
Kagome POV
Salgo del cuarto de baño dejándolo con esa imponente erección que me hubiese gustado que me tomara en todas las posiciones existentes, nuevas y recién creadas. Que me diera con tanta fuerza de que al salir Bankotsu tuviera que llevarme en sus brazos porque mis piernas estuvieran tan fritas como mi cerebro, pero no, en cambio lo he dejado deseoso y frustrado, especialmente al haberlo embobado con mis feromonas antes de que él mismo lo hiciera o se diera cuenta de lo que estaba pasando.
¡Toma esto, maldito detective! Me divierto en mi mente, ¿Quién es la dominante ahora?
Bankotsu me recibe con una mirada reprobatoria, pero no digo nada. Hago un gesto de que la noche ha terminado para nosotros y él a su vez llama de manera silenciosa a Jakotsu que estaba en otra mesa sentado listo para la acción. A los ojos de cualquiera, era un simple chico andrógino y beta que estaba disfrutando de la función, pero una de las habilidades de él es su poder de observación, es como si tuviera ojos incluso hasta en su espalda.
Me despido del hombre que maneja el lugar, a decir verdad, este bar es mío aunque opera bajo un seudónimo que tengo, uno que no deja rastro y está limpio. Le digo que tiene que conservar el lugar tan limpio como siempre para evitarnos problemas con "los Cinco" y el tipo asiente diligentemente, es por eso por lo que también tengo un baño privado, sin mencionar una oficina también cuando nos dedicamos exclusivamente a negocios.
Jakotsu se nos ha adelantado, al igual de Ginkotsu quien ya tiene mi camioneta estacionada enfrente del lugar. El primero abre la puerta y el segundo va manejando.
—Vete en el otro auto Jako —pido y cuando mi voz sale por primera vez después de haber salido del baño, puedo notar que hay un tono de desesperación.
Jakotsu asiente y espera a que me suba para cerrar mi puerta. Bankotsu al no escuchar ninguna orden para él, rodea el auto subiéndose del otro lado.
Me siento inquieta, excitada y necesitada, pero no podía hacerlo con él, por lo menos no allí.
—Gin, ojos al frente y sin voltear.
—De acuerdo jefa —asegura con su voz un poco chillona y subo un poco el volumen a la radio.
Realmente debería de tener una limusina, una de esas en donde pudiera subir el vidrio y separarnos del chofer, pero realmente adoro mis camionetas blindadas, de esa manera me siento más segura.
Me vuelvo a Bankotsu empezando a lamer su cuello y tocándolo por encima de su pantalón.
—Eso ha sido imprudente Kagome.
—Pero no me ha cogido Ban... —aseguro con voz inocente agarrando su mano y llevándola hasta mi short para que también empiece a tocarme.
—Eso no... —gruñe cuando bajo su cremallera y tomo entre mis manos su miembro que ya está hinchado y erecto. Es diferente al detective Taisho, es menos grueso, aunque a diferencia del otro, Ban es largo.
—Estoy mojada Ban... —susurro y suplico en su oído—. Te necesito...
—Espera a que... lleguemos...
—No... —aseguro—. Podría entrar en mi ciclo de calor por contenerme... Oh Ban... ¿no quieres hacérmelo? —ruego casi con ojos llorosos y me siento a horcajadas sobre él.
—Sabes que...
Meto mi lengua en su boca y él pasa mis manos por mi cintura, llega a mi short desabotonándolo y como podemos me lo quita, aunque más pareciera una tarea casi imposible por la incomodidad que provoca el espacio. Gin no nos podrá ver, solo mi espalda y mi cuerpo moverse de arriba abajo, porque gracias al sobre todo que llevo, ambos estamos cubiertos.
Meto su largo miembro en mi húmeda y necesitada cavidad. Bankotsu me sube mi pequeño top y chupa con desesperación mis senos, mordiendo mis pezones, ¡sí! ¡sí! Quiero más, necesito más y en estos momentos solo él puede dármelo sin necesidad de que me preocupe de nada.
Sus manos se aferran a mi cintura con fuerza haciendo mover de arriba abajo, metiéndose con fuerza en mi interior, haciéndome mojarme más de lo que he salido de aquel baño.
¿Así se hubiera sentido que el detective me cogiera? ¿Qué me metiere ese enorme falo que estaba ansioso de hundirse en mi interior?
Gimo pidiendo con desesperación que necesito más, que quiero que se corra, deseando su semen caliente golpear mi útero, porque sé que, aunque lo haga adentro nunca podría quedar embarazada de Bankotsu, Sui se ha encargado de ello, además, mientras no esté en mi ciclo de calor no podría preñarme, así que sigo rogando y pidiendo por más, porque su potente miembro me inunde el interior.
Bankotsu me toma los labios, me chupa la lengua, la mía forcejea con la de él. Sus manos recorren mi espalda y yo me imagino que son las manos fuertes de ese detective que me ha profanado a donde nadie ha llegado con sus dedos.
Me he corrido casi en su cara, me ha comido el sexo y he sentido un gran deleite. ¡Oh sí! Sesshoumaru Taisho es el alfa a quien deseo, es el alfa a quien me entregaría si tan solo me lo pidiera.
—Más... más... —suplico necesitada y urgida y Bankotsu también gime en mi boca y en mi oído.
Sus embestidas son más fuertes y posesivas, aunque no tanto como lo eran esos grandes y largos dedos del detective. Estoy a punto de correrme y siento cómo Bankotsu también se hincha en mi interior, también está a punto de irse.
—Córrete adentro, hazlo Ban... ¡hazlo! —ordeno con un gruñido y ambos nos dejamos ir.
Siento cómo su chorro impacta en mi interior como lo ha hecho muchas veces, cómo mi vagina palpita ante el desenlace natural de nuestro acto, cómo lo presiono cuando ya todo ha terminado, sin embargo y a pesar de que sí me he corrido, de que lo he sentido en cada centímetro de mi piel, por alguna razón que es inexplicable para mí, no me encuentro satisfecha y no es que quiera más, porque mi cuerpo me pide descanso y me bajo de él para sentarme a su lado, a lo que él se pone de espaldas al retrovisor y me empieza a limpiar con delicadeza y a ponerme el short para que no salga desnuda, pero aun así, no siento ninguna satisfacción.
¿Será algún efecto secundario de la nueva droga que me ha dado Suikotsu? ¿correrme sin... correrme?
Incluso sentí más satisfacción cuando el detective me hizo correr con sus dedos y su boca, ¿habría sentido lo mismo si le hubiese permitido que me penetrara con su miembro? ¡¿por qué me siento así?!
—¿Sucede algo? —pregunta mi guardaespaldas que ahora ya está sentado a mi lado.
Niego, quise decirle que no, pero no salió ninguna palabra de mi boca, así que me dejo caer en sus piernas, mientras él me acaricia la cabellera.
—Ustedes tienen suerte —repito lo que ya muchas veces les he dicho—. No tienen que regirse por las feromonas, por su celo, sus emociones son más sinceras y espontáneas.
No sé realmente si alguna vez me han entendido, pero todos los betas tienen la fortuna de ser libres y poderse enamorar de alguien que les atrae porque se enamoran de ellos, en cambio nosotros, tanto alfas como betas, estamos predeterminados por nuestros celos, por los olores que despiden nuestras feromonas, porque por mucho que nos pueda gustar alguien, que pueda parecer guapo y perfecto, pero si su olor no nos excita lo rechazamos y la relación ni siquiera se puede dar.
—Llama al maestro Suikotsu, necesito verlo —pido preocupada, porque si por culpa de estos nuevos supresores dejaré de sentir placer, prefiero mejor la muerte.
—Mañana tenemos reunión con los jefes.
—Lo sé, por eso tiene que llegar temprano.
—Como gustes.
Al llegar, Ban me toma entre sus brazos y me lleva hasta mi habitación, no sin antes darme un baño en la bañera. Siempre he disfrutado este momento íntimo entre los dos en donde él me lava con cuidado cada parte de mi cuerpo, se detiene especialmente en mis pies dándome pequeños masajes, limpia con cuidado mi espalda y cada parte de mi cuerpo, pero por primera vez en toda mi vida es como si solo fuese un reflejo, algo automatizado y asexual.
Prefiero morir a sentirme así.
Ban me pone música y un aparato que emite un aroma a cítrico que siempre me ha hecho conciliar mejor el sueño.
Sé que puedo relajarme porque mis hombres están aquí y cada uno entregaría su vida antes de que algo pudiera pasarme, ¿podría hacer yo lo mismo? No, porque no estoy para cuidarlos a ellos, pero ellos sí están para cuidarme a mí.
¿Por qué todo es un caos en mi cabeza? ¿serán las feromonas del detective? Pero no las he sentido, o es que... ¿las habrá liberado justo al momento en que yo me retiré del baño? No, eso sería imposible, habría sentido ese olor que me volvió loca la primera vez y del cual la pasé fatal, aunque también estaba mezclado con el de mi padre.
¡Me estoy volviendo loca y no puedo seguir así!
Intento tranquilizarme con respiraciones cortas y pausadas y poco a poco me voy quedando dormida, no sin dejar de pensar que soy una tonta por jugar con un alfa de esa manera, todo podría haber resultado mucho peor, o quizás ya esté empezando y no me estoy dando cuenta de ello.
