Bueno, sé que el fic no es tan convencional en todo sentido, pero siempre ando con esas ganas de hacer algo diferente, sea que pegue o que no. Así que gracias a las personitas que me dejan un RW

Sasunaka doki: lo sé, raro, ¿no? Que Sesshoumaru sea quien caiga, es que no sé, tenía mi idea de hacer esta Kagome toda así jajajaja. Nena Taisho: la verdad, verdad, es muy probable jajajaja. Rodriguez Fuentes: sí jejejej la verdad siempre tenemos esa idea de una Kagome virginal y sumisa, pero yo ando queriendo romper ese molde, obvio el tema de alfas y omegas me cuesta y por eso también me cuesta el fic, pero allí vamos.

Faby Sama: igual, no creas que soy una as para el tema de alfas y omegas, por eso voy tratando de explicar todo lo que puedo, para que todos vayamos comprendiendo. Y no, solamente fueron las feromonas de Kagome, un experimento por así decirlo, quien pega primero, pega dos veces ¿no? La primera ella no estaba preparada, en esta ocasión, quiso estarlo y controlar la situación, aunque por eso tuvo su encontrón con Ban. La verdad, es que este fic, estará fuerte en todo sentido. Y espero no aburrir ni decepcionar.

Y bueno, si más, les dejo este nuevo capi.

¸.•¤•.¸¸.•¤•.¸

Disclaimers:

** Inuyasha le pertenece a Rumiko Takahashi, yo solo tomo los personajes para que hagan mis perversiones.

** No continúo historias, lo que terminó y a lo que le puse FIN es FIN.

** Téngame paciencia, trabajo y tengo vida, escribo en base a la inspiración, pero sobre todo a los comentarios de ustedes, así que mientras más comentarios tengo más escribo, incluso cuando mi vida se pone patas arribas, pero si me dejan muchos comentarios, escribo como loca.

** Recuerden darle like de mi página de romancerotico en Facebook, de esa manera estarán enterados cuando subiré mis fics, si sigo viva o cualquier otra cosa que deseen saber.

¸.•¤•.¸¸.•¤•.¸

7. ¿Quién eres?

—•¤•—
Kagome POV

Ya es hora de despertar jefa.

Cada mañana quien tiene a bien despertarme no es otro más que Mokotsu por medio de su avatar: Mok. Todos los días la misma melodía es la que suena durante 53 segundos: S&M de Rihanna.

Spicciare.

Bene.

Agarro mi teléfono y veo que son las 6.16 am.

—Dile a Bankotsu que venga Mok.

Entendido jefa —responde con su voz robotizada.

Me estiro sobre la cama. Tenemos una clave que la tengo que decir justo al despertar, "Spicciare" que se traduce como rápido o date prisa o también puede ser "sbrigati piccola", si respondo con un: buenos días o algo alusivo al día, es porque algo no anda bien.

Mi habitación solo tiene una video cámara oculta la cual generalmente siempre está apagada por las noches, aunque con audio encendido, tengo la mala costumbre de dormir solo con mi tanga de algodón lo cual resulta muy cómodo, por lo que Mokotsu no tiene permiso a espiarme, de lo contrario se ganaría una castración sin anestesia.

Ban llama 4 veces lentamente a la puerta y lo dejo entrar.

—Buen día Kagome —me saluda un poco triste—. La habitación ya está lista para tu entrenamiento.

Me levanto dejando caer la sábana, caminando de puntillas y coqueta hacia a él.

Lo abrazo pegando mis senos y su cuerpo reacciona ante mi contacto. Por unos minutos no digo nada, solo escucho cómo se acelera su corazón mientras que, aparentemente, permanece estoico antes mis actos.

—¿Tú me entrenarás hoy? —siento como se mueve, pero no levanto mi cabeza.

—Estarás con Jakotsu.

—¿Por qué? —me separo un poco molesta.

—Porque necesitamos que mejores tu puntería y de todos nosotros, él fue el único que fue entrenado como francotirador.

Lo veo de arriba abajo, sé que su cuerpo ha reaccionado, puedo ver y he sentido en mi estómago su erección.

Me quito mi tanga y me quedo desnuda frente a él.

—De acuerdo —respondo con apatía dándome la media vuelta—. Llegaré en 10 minutos. Puedes irte.

Hace un movimiento de cabeza aceptando mi orden y escucho como cierra la puerta a mi espalda.

Entro al baño y me lavo la cara. Vuelvo a salir desnuda atravesando un pequeño pasillo que me lleva al armario y me visto para hacer mi entrenamiento.

No he dormido bien, ¡maldita sea! Estoy tan excitada que me da terror volver a caer en mi celo, no fue algo placentero, sentía cómo iba perdiendo la conciencia cayendo solo en el deseo.

Jakotsu me saluda primero haciendo una reverencia y luego lo hago yo en señal de respeto por quien será mi maestro en esta ocasión. Ban simplemente se queda a un lado para supervisarnos. La habitación es una medio abierta con un patio enorme, han acomodado varios obstáculos para que yo pase a través de ellos, incluso hay una especie de ducto de aire acondicionado para que yo lo pueda atravesar, al final hay varios blancos a los cuales les tengo que volar la cabeza, aunque si Jakotsu me da la orden, a través del pequeño bluetooth en mi oído derecho, tengo que darle a los maniquíes en alguna parte no vital.

Fallo en el primer intento, me tardo demasiado y Jakotsu me hace empezar otra vez.

La segunda lo hago mejor, pero mi puntería mientras corro es un asco, así que tengo que empezar desde el inicio.

Cuando son las 7.25 me siento echa papilla y a duras penas llego a la habitación para tirarme boca arriba buscando todo el aire posible, ¡esto es frustrante! Papá tiene una excelente puntería, decían que el abuelo era mejor que él todavía, ¡es inconcebible que yo no esté dando el ancho!

—Has mejorado mucho Kagome.

Abro los ojos y encuentro con que Suikotsu está a mi lado agachado entregándome una toalla la cual tomo y me la pongo en la cara.

—¡Sigo siendo un asco!

—Hay una cicatriz en el cuerpo de Jakotsu que indica que has mejorado.

Eso sí que fue toda una vergüenza. Me sentía capaz de todo cuando decidí empezar a entrenar de esta manera hace casi 4 años atrás y por un descuido terminé rozando un costado de Jakotsu, así que sí, por lo menos ya no mato a mis propios guardaespaldas por un estúpido descuido.

Después de unos segundos en que puedo tranquilizar mi respiración me vuelvo a sentar y veo que Jakotsu está fuera de la habitación esperando por mis órdenes de continuar, Ban continúa en su posición.

—Una vez más.

Me levanto con decisión tirando la toalla y estoy últimos 15 minutos sí mejoro, pero me siento más echa papilla, mucho más que cuando entreno kendo con Suikotsu.

Kyokotsu, otro de mis gigantes tanto como Ginkotsu, de casi 2.05 mts, pura masa muscular que no lo hace muy rápido, pero sí muy letal, es nuestro experto en bombas y estratega nato, es el más despiadado de mis 7 guardaespaldas, se acerca a ayudarle a Jakotsu para desmontar todo el lugar mientras que yo me le quedo viendo a Ban y a Gin.

—¿A qué horas está la reunión? —me dirijo a Ban.

—A las 9.30. En el centro —eso nos tomará por lo menos 45 minutos en llegar, veo la hora: son las 7.40 am. Todavía tengo bastante tiempo.

—Bien. ¿Cómo está la rotación?

—Jakotsu será tu chofer hoy y Kyokotsu nos seguirá. Gin y Ren saldrán con 10 minutos de anticipación para revisar el lugar.

—Perfecto. Maestro Sui, acompáñeme por favor.

Cuando paso al lado de Ban veo un destello en sus ojos, como si estuviese a punto de decirme algo, su respiración se acelera y puedo ver cómo se mueven sus fosas nasales rápidamente.

—Prepara todo Ban.

—Kagome... —intenta decirme.

—Es una orden, Ban —endurezco mi voz.

—Como ordenes jefa.

Suikotsu va detrás de mí. Entramos a mi habitación y le pido que cierre con llave. Le digo a Mokotsu que desconecte todo y lo hace enseguida, hasta que yo le vuelva a enviar un mensaje a través de mi celular, él podrá activar la cámara y el sonido.

Lleno mi bañera lentamente y me pongo bajo la ducha de agua caliente relajándome en el proceso. Me golpeé a un costado en el entrenamiento y me duele un poco, pero el agua me relaja. Me lavo el cabello y me lavo con cuidado y durante todo este tiempo, Sui está esperando pacientemente en mi habitación.

Siento que empiezo a arder por dentro, al cerrar mis ojos puedo sentir la lengua del detective recorriendo mi sexo y me lo toco. Estoy húmeda y no es por el agua que me recorre, porque mi líquido es más espeso y ligoso. Me toco los senos y me excito, mi punto más vital son mis pezones, al solo tocarlo casi puedo sentir cómo me deshago y emito un pequeño gemido.

Quiero que me coja, no puedo esperar por ello, quiero sentir cada centímetro de su carne perforando la mía, aferrándome a su espalda, arañándola, proclamándolo mío, deseo que se arrastre a mis pies y que me rinda honor ofreciéndose para estar en mi cama a la hora en que se me plazca.

¡Oh sí!

Me encorvo y meto un dedo en mi vagina, pero es insuficiente, necesito más.

—Sui —llamo a mi médico de cabecera y mi entrenador.

A los pocos segundos él entra de manera apacible.

—¿Te has tomado los supresores Kagome?

—Sí... —respondo sin dejarme de tocar, invitándolo a que entre en la regadera conmigo, pero no se mueve.

El maestro Suikotsu es el mayor de todos, por lo tanto, es más ecuánime, no es un integrante activo, aunque es bastante sádico. Papá lo tuvo antes para hacer cantar a cualquier pajarito y por muy rudos que fueran, todos hablaban después de 5 minutos a solas con él.

—Sui... no puedo... no puedo calmarme... te necesito...

—Kagome... por favor... —suplica, pero saco mis 2 dedos de mi vagina y con toda el agua recorriendo mi cuerpo desnudo me acerco a él poniéndoselos enfrente de su boca.

Abre su boca intentando chuparlos, pero se contiene.

—Sui... es una orden...

—Kagome... sabes...

No lo dejo terminar porque casi meto mi índice en su boca y él lo empieza a chupar con demasía. Se quita su chaqueta, su camisa, su pantalón junto con su calzoncillo con desesperación. Me agarra fuertemente de la cadera dándome la media vuelta y se introduce de un solo rasgándome el interior.

Cuando Suikotsu me lo hace es salvaje, es fuerte, duro.

Se mete y entra sin compasión, me agarra mi clítoris empezándome a masturbar y me hace alucinar. No es tan largo como Ban, pero si es mucho más grueso com él, así que siento como me dilata y los pocos segundos que sale me hacen extrañar su sexo.

¡Dios! Está destruyéndome por dentro y yo me siento arder, ¡sí! ¡sí! Es lo que necesito, no necesito pasión, no quiero que me digan que me aman con locura, quiero sexo, quiero sentirme viva, quiero que esa adrenalina tome posesión de mi cuerpo recorriendo cada célula haciéndome explotar.

Mierda... —gruñe y se sale de mi interior.

Estoy agitada, casi con mi vista nublada y tambaleándome. Suikotsu me da la media vuelta y se ve como si fuese un lobo hambriento a punto de devorarme por completo. Me vuelve a tomar de la cintura y agarra mis nalgas para que me suba en él, me pega contra la pared y me vuelve a embestir tomando mi boca con furia.

Me posee con tanta fuerza que ni siquiera puedo pensar, solo sentir en cómo me está quemando por dentro. Esa posesión me vuelve loca erizándome cada poro.

Entra y sale constantemente, de pronto se detiene mordiendo mis pezones y yo gimo con locura. Me vuelve a embestir y regresa a mis pezones que ya están rojos.

—No... no... ya no... puedo... más... —gimo con locura y desesperación.

—¿Quieres que me corra?

—¡Sí!

—Así lo haré, pero córrete primero.

Me embiste con más fuerza y locura y me corro con tanta intensidad que incluso lo termino mojando. Él se sale y frente a mí se empieza a masturbar y a los pocos segundos se corre cayendo de rodillas al suelo del baño y toda su blanquecina sustancia se empieza a colar en el agua.

Agitados los dos, aunque él todavía sobre sus rodillas, levanta una y me agarra un pie para besarlo.

—Siempre estaré para ti, mi ama —dicta su juramento que lo renueva cada vez que terminamos y yo asiento.

Me salgo de la regadera y pongo un poco de sales en la bañera y me meto. Luego le pido que se acerque para que pueda lavarme los pies y mis muslos también.

—¿Tus supresores evitan que disfrute mi orgasmo? —suelto lo que he querido preguntar desde ayer en la noche.

Porque incluso con lo que acabamos de hacer no me siento cómoda, me siento insatisfecha a pesar del intenso orgasmo que he tenido, pero es como cuando uno come sin tener hambre, te llenas, te sientes bien, pero no te sientes satisfecha.

—¿Qué? —se confunde ante mi pregunta, aunque no deja de hacer lo que está haciendo—. ¿No te corriste?

—Sí... y de manera intensa —confieso—... pero...

—Pero ¿qué? —me interroga cuando me quedo callada dejando caer mi cabeza hacia atrás viendo el techo.

—Es como si estuviese insatisfecha, lo cual es ilógico, porque sentí ese orgasmo en cada parte de mi ser, pero al mismo tiempo es como si no lo hubiese disfrutado del todo, ¡es una locura!

Suikotsu se acerca agachándose para quedar cerca de mi rostro.

—Kagome, mírame.

Lo hago de manera renuente, pero al final consigo hacerlo.

—¿Lo has visto?

—¿A quién? —pregunto mordiéndome el costado izquierdo de mi labio.

—Al detective.

Me quedo callada. ¿Habrá hablado con Ban? ¿Le habrá dicho que estuve encerrada en el baño del bar con él?

—¿A qué viene eso?

Se levanta y sale de la habitación, por un segundo he pensado que me metería a la fuerza su pene en mi boca, pero Sui nunca haría nada en contra de lo que yo quisiera y sabe que eso no es de mi agrado, ambos lo saben.

Se empieza a poner su ropa, no sin antes secarse y yo emito un sonoro suspiro, sé que eso significa que ha regresado al plan médico y escolta, y si vamos a hablar lo haremos vestidos. ¡Vaya qué forma de bajarme la pasión!

Salgo con desgano y me seco para luego envolverme con mi bata de seda.

Me siento sobre mi cama y agarro una crema para el cuerpo para ponérmela en las piernas y luego en los brazos, mientras que él está apoyado en la puerta de la habitación.

—Estás jugando con fuego Kagome.

—¿Por qué? No me he acostado con él.

—Entonces sí lo viste.

—Fue pura casualidad.

—¡Podría haberte seguido!

—No. Él llegó al bar de pura casualidad y cuando salimos Jakotsu se cercioró de ello.

—¡Kagome, esto no es un juego!

—¡Ya lo sé Sui! ¡Pero no puedo dejar de pensar en él! —suelto sin meditarlo mucho y cuando lo he dicho me quedo sin habla.

Me levanto aferrándome más a mi bata como si tuviera un vacío y un terrible presentimiento en mi estómago. Me dirijo al walking closet y me quedo viendo a toda mi ropa y mis accesorios sin saber qué hacer, a los pocos minutos Sui aparece bajo el marco de la puerta.

—Sabes que los policías y los detectives están fuera de nuestro alcance.

—Lo sé —estoy en shock.

—Ni siquiera tu padre puede dar la orden, o de lo contrario se desataría el caos.

—Lo sé... —no podemos matarlos, a no ser que sean corruptos, por eso nunca tocamos al detective Kouga.

—¡No puedes enamorarte del hombre que quiere hundirnos a todos Kagome!

—¡¿Crees que no lo sé?! —grito desesperada aferrándome a mi bata y dejándome caer al suelo derramando mis lágrimas.

Suikotsu se acerca tomándome entre sus brazos.

—¿Por qué tiene que estar pasando esto Sui? ¿por qué?

Mueve la cabeza de un lado a otro negando.

—Yo tampoco lo sé Kagome.

—¡Kagome! —escuchamos la voz de Bankotsu en los parlantes de mi habitación, Mokotsu ha roto una orden—. Tu padre está subiendo. Quiere hablar contigo.

Nos miramos con Suikotsu y él sale casi corriendo de mi habitación. Agarro un pantalón negro de vestir y me lo pongo. Tomo una camisa blanca y me la pongo, pero ¡mierda! No llevo ropa interior, bueno, no podrá distinguir que no llevo puesta mi tanga, aunque después de la actividad con Sui me siento demasiado sensible, pero no puedo perder tiempo, agarro un sostén, aunque es rojo, ¡mierda! Se transparentará por la blusa blanca.

—Está en el salón —me advierte Ban y yo siento que estoy en pánico.

No consigo abrocharme bien el bendito sostén, solo lo hago en un solo broche, pero así lo dejo, me pongo la blusa de botones, ¡¿por qué demonios escogí esta?!

—Kagome —es la voz de mi padre, está en mi habitación.

Por suerte he tenido el tino de dejar mi celular aquí, así que le envío un mensaje a Mok para que abra cámara y sonido.

—Hola papá —salgo del walking closet y él se me queda viendo de arriba. Bankotsu está a su lado y mi padre le lanza una mirada lo cual hace que él agache la suya y salga de mi habitación cerrando la puerta.

Le doy un beso y me alejo para abrir las cortinas, pero él me agarra por la muñeca fuertemente que me hace trastabillar.

—¿Qué... sucede? —siento como empiezo a temblar por dentro.

Se acerca a mí cerrando los ojos y me empieza a oler, ¡mierda! ¡mierda! ¡mierda! ¡mierda!

Me suelta y puedo ver cómo sus ojos empiezan a cambiar de color, su olor se extiende en mi habitación e instintivamente es como si esa presión me hiciera bajar mi cabeza poco a poco.

—¿Quién eres? —su voz es fuerte, pero sin alzarla.

—¿Qui...én soy...? —no entiendo su pregunta y su olor casi empieza a sofocarme haciéndome caer arrodillada al suelo.

—¿Quién eres? —pregunta despacio enfatizando cada sílaba. Niego, no puedo, me estoy sofocando.

Me agarra de la garganta y me lanza contra la puerta sin soltármela. Mis pies no tocan el suelo, me estoy sofocando.

—Pa...pá... —intento rasgar sus manos con mis uñas para lograr zafarme, pero no puedo, el tipo tiene una fuerza descomunal.

—¿Eres una puta Kagome o la hija del jefe?

¿Qué? No sé qué está diciendo, no puedo respirar, me va a matar, me está sofocando y sus manos presionan cada vez más mi cuello. ¿Cómo puedo soltarme? No encuentro la manera, así que como puedo, golpeo suavemente la puerta con mis talones.

—Si te sigues acostando con tus guardaespaldas, es que eres una puta y si eso es así sería más barato ponerte en uno de los puteros que tenerte al frente de los negocios.

—¿Señor? —empieza a golpear la puerta Ban—. ¿Está todo bien?

—No... pu...e...do...

Estoy perdiendo el conocimiento, poco a poco siento que me voy desvaneciendo, escucho la voz al fondo de Ban tocando la puerta y de pronto me encuentro en el suelo boca abajo besando el piso con la mano de mi padre en mi cabeza.

—¡Suéltela, Señor! Por favor —suplica Ban a su espalda, Sui se pone de rodillas a un lado sin tocarme, intento mover la cabeza y con la poca fuerza que tengo la levanto y grito.

—¡Salgan de aquí! ¡Es una orden!

Sui se levanta y mi padre me suelta. Con mucha dificultad, tosiendo, volviéndome a caer, intentando recuperar el aire voy aclarando mi vista, mi nariz empieza a gotear, lo sé, no porque lo sienta, si no porque veo las gotas de sangre que caen en mi alfombra blanca.

Cuando me doy la media vuelta veo que Sui y Ban están a un paso del marco de la puerta, Kyokotsu y Jakotsu lo están detrás de ellos.

Me cuesta respirar.

—Entonces, ¿quién eres? —pregunta con sus ojos llenos de furia.

¿Qué? ¿Tengo que renunciar a Sui y a Ban?

Ni siquiera puedo reaccionar cuando siento que su puño se estampa en mi cara haciéndome caer de medio lado.

—¿Quién eres?

Me siento mirándolo, casi no puedo respirar.

—Señor, se lo suplico —se arrodilla frente a él Suikotsu intercediendo—. La señorita Kagome está respirando de manera lenta y hay un chillido que no se escucha bien, podría haberse lastimado la tráquea.

—Sí Señor —hace lo mismo Ban—. Además, la reunión con los jefes es dentro de una hora, la señorita Kagome tiene que estar presente. Se lo suplico.

Todos bajan la cabeza, pero a mí me hierve la sangre. Hay una parte de mí, probablemente la omega, que me dice que tengo que ser sumisa con el alfa, especialmente con este alfa que, además de ser mi padre, es nuestro jefe, pero también está esa jodida parte de la sangre que está calentándose y diciéndome que no tengo que ceder.

—Mientras no sepas responder esa pregunta Kagome, tienes prohibida la entrada a la mesa.

Se da la media vuelta y me intento levantar, Sui es el primero que me brinda la mano para ayudarme, pero la rechazo. Tambaleo y me pongo sobre mis cuatro extremidades como un animal, pero no voy a ceder. Me levanto de un solo golpe y a duras penas consigo llegar a la puerta sosteniéndome del marco, Jakotsu intenta ayudarme y Kyokotsu niega.

—Nuestra jefa y ama no necesita ayuda —asegura con esa voz fuerte sin dejarme de ver y asiento.

Doy unos pasos y tambaleo, pero logro empezar a caminar alcanzando a mi padre que está en el ascensor. Setsuna está custodiando la puerta.

—Soy tu hija —respondo y se detiene—. Soy tu hija —me yergo abriendo los ojos como si estuviese retándolo y él se acerca—. Soy tu hija y como tal estaré presente en cada una de las putas reuniones que se hagan. Soy tú sucesora.

Me mira de abajo arriba con desprecio.

—Entonces, compórtate como tal.

—Es lo que hago.

—Una hija mía, no se comportaría como una puta.

—No te confundas padre —niego riéndome—. No soy puta de nadie, así como tú no eres puto de nadie. Los betas nos sirven para coger sin peligro, ellos nos sirven a nosotros, no al revés.

Está a punto de darme otro puñetazo y me pongo a reír.

—¿Crees que no lo sé? —se detiene—. Soy tu hija, padre, y es precisamente de ti de quien lo aprendí.

Veo cómo aprieta sus puños y Setsuna se acerca intentando interceder, pero sin quitarnos los ojos encima le digo:

—Si Setsuna habla, entonces lo diré en voz alta.

Se moja los labios y las venas de su frente empiezan a ceder. Mi padre no es tan fiel que digamos, ni mucho menos, y lo sé desde hace mucho. Sus ojos que estaban rojos se van cambiando, regresando a sus azules.

—A las 9.30 en punto, si no, quedas fuera.

—De acuerdo —cierro mi puño y lo hago golpear contra mi pecho, una clara señal de respeto ante él.

Después de que ellos dos salen de mi piso y yo simplemente caigo desplomada.