INFERNUM. REDEPMTIONIS.
Capítulo 3
Por los viejos tiempos.
Para el Archivald Cornwell era difícil estar en ese lugar tan apartado de la civilización. Se había negado a viajar en tren, estaba usando la avioneta de su compañía; la consideraba mucho más cómoda, más confiable y más rápida. Le acompañaba su asistente personal, un hombre con experiencia en negocios un poco mayor que Archie, tan solo un par de años. Su nombre era Paul, nunca se había casado, se había dedicado a estudiar y a trabajar; tenía fama de ser un Casanova empedernido, aún más que su jefe.
Archie había estado particularmente callado, eso era algo nuevo para Paul; sabía que su jefe podía pasar horas en quién sabe qué mundos o qué recuerdos, pero nunca se había ausentado tanto en una conversación. Ni siquiera había hecho algún comentario desagradable cuando las tierras áridas comenzaron a presentarse ante ellos en el vuelo.
La mirada de miel de Archie estaba triste, ausente, en algún recuerdo de su juventud. No se había atrevido a volver a esconder su diario, lo había tenido desde aquélla tarde en su mesa de noche, últimamente lo hojeó un poco antes de ir a la cama. La noche anterior se había topado con una página en especial. Fue justo después de que Candice abandonara el San Pablo. Archie miraba por la ventana, como si se negara a aceptar que Candy no volvería a aparecer volando sujeta a una soga para llegar a visitarlos. Aquélla noche, Alistar le había aconsejado a mirarla solo de lejos, "Como hago yo" -le había dicho- "¿te refieres a Candy?" – Archie no podía creer lo que su hermano estaba insinuando; eso fue lo más cercano que hizo Stear de declarar su amor por Candy –"¿Por qué preguntas, si ya lo sabes?" – fue la única respuesta de Stear. Para Archie fue fácil comprender que Alistar estaba tan enamorado como él de esa joven rubia de ojos verdes. Hizo un breve paseo por todo el esfuerzo de Stear por inventar cosas para ella, y sí: Stear le gritaba en silencio que la adoraba. Pero Archie no era como Alistar, Archie se había atrevido a declararle su amor a Candy y no había sido suficiente. Y otra vez ese nudo en el estómago, otra vez esa extraña sensación de rechazo por todo lo que tuviera que ver con ella y otra vez esa terrible necesidad de verla, incluso de poseerla.
Hasta ahora la vida de Archie no habría podido ser llamada así: "vida". Él tan solo había estado sobreviviendo a un recuerdo que lo torturaba, como un filo que se incrusta hiriendo su alma. Su corazón era débil, aunque aparentaba ser fuerte. Ella… su antes adorada gatita, se había ganado el rechazo del joven sobreviviente, habría querido poder olvidarla, pero él sabía muy bien que no lo había logrado.
Hoy por hoy estaba sin ella, se habían separado hace varios años, él ni siquiera podía contar el tiempo que había transcurrido desde que las murallas y los parapetos rodearon su vida; no sabía el momento. ¿Cuándo fue? ¿cuándo? ¿acaso el día en que estuvo ante el altar con Annie? Definitivamente no; tenía que reconocer que varias veces le había hecho el amor a su esposa pensando en un par de ojos verdes. En un momento dado, entendió que ella no estaría jamás con él y entonces, decidió que ya no le daría más importancia. No había tenido clemencia para él y se había llevado con ella cualquier esperanza de felicidad. Ahora ya todo era inútil, no había vida ni con ella ni sin ella… al menos no había esperanza. ¡Qué rayos! ¡¿por qué esa mujer se las arreglaba para meterse en lo más íntimo de su alma?! Archie tenía que hacer algo… lo que fuera… pero debía vencer lo que sentía.
El hombre se molestó consigo mismo. Sentía que estaba perdiendo la batalla. Se había negado a pensarla por años, sin embargo, de pronto ella rompía con cualquier defensa que él hubiese erguido y las atravesaba sin dificultad alguna… como si fuese un fantasma.
-Vamos Archivald -se dijo- seguramente ella tendrá alguna pareja, eso debe facilitarte las cosas para mantener tu distancia -¿por qué ese pensamiento no lo ayudaba, por el contrario, le dolía? Ahora estaba dolido y decepcionado de sí mismo. Buscó dentro de sí el rechazo que lo ha había mantenido lejos. ¿A quién podría interesarle por siempre una gata sin chiste? -se preguntó antes de tragar saliva, sintiendo un fuerte nudo en la garganta que por supuesto, no permitiría lo echara de cabeza.
Después de un par de horas, tras la bienvenida y una breve charla con el director de la mina, Archie se encontraba delante de un grupo de ejecutivos en una reunión muy bien planeada. Tenía un estricto itinerario que debía cumplir, así que el director había considerado apropiado dar a conocer a los altos ejecutivos las fechas en que sus departamentos serían auditados por Archivald así como la información específica que él deseaba que estuviera a la mano.
La reunión se llevaba a cabo en una de las salas de juntas principales, tenía una vista privilegiada al patio de maniobras de logística externa y las mesas tenían un arreglo en U, donde el lugar principal, estaba ocupado por el extraño visitante. Los trabajadores, por supuesto, nada sabían de la posible venta de la empresa hasta estos momentos todavía, tan solo sabían que tendrían un auditor externo y que esa sería una reunión informativa. Estaban ahí varios gerentes: el de sistemas informativos, el de calidad, el de finanzas, el de logística, el de recursos humanos y varios más, había dos sillas vacías, la que estaba asignada al gerente de producción y la asignada al gerente de seguridad industrial. Los gerentes habían sido avisados con tiempo suficiente que se les requería para la reunión, así que el director estaba impaciente por la tardanza de sus subordinados. Archie estaba muy molesto, la impuntualidad le molestaba y no se esforzó en disimularlo. Exasperado se acercó a una pequeña mesa al fondo de la sala donde había una cafetera y algunas galletas. Mientras se servía una taza de café los gerentes faltantes entraron y saludaron cortésmente, Archie se quedó frío cuando una voz femenina y familiar llegó hasta sus oídos como el sonido de una antigua melodía. Escuchó cómo el resto de los asistentes devolvían el saludo, todos estaban sonriendo complacidos, Archie lo sabía por el tono de las voces en respuesta, apretó el asa de la taza con un sentimiento extraño, de pronto, esos altos ejecutivos no le hacían mucha gracia, respiró profundo tratando de controlar la multitud de sentimientos que se arremolinaban dentro de él; era un experto en enterrar sus sentimientos, así que no le llevó mucho tiempo.
-¡Fiú! –un silbido en bajo volumen se posó en el oído de Archie, después, un murmullo de Paul–: Jefe, deberías ver la beldad que acaba de entrar. ¿Cómo puede, semejante mujer, estar escondida en este sitio tan olvidado de Dios? -el brillo en los ojos de Paul y su estúpida sonrisa hicieron que la sangre de Archie se acelerara; hizo una mueca de desdén tratando de fingir total indiferencia, como si los gustos femeninos de su asistente lo tuvieran sin cuidado.
Pese a que era una zona árida, ese día en particular estaba nublado, no había ni siquiera un rayo de sol que se atreviera a dar calor al alma del magnate. Un ingeniero se levantó para cerrar las persianas y dejar la sala en penumbra a fin de que la presentación pudiera apreciarse mejor. Archie aprovechó esa penumbra para secarse el sudor que sin previo aviso se apoderaba de sus manos; guardó silencio por un momento, buscando la fuerza para girarse hacia la audiencia que, a estas alturas, solo esperaba que Archie tomara la palabra; sin embargo él no se atrevía aún a enfrentarse con ella. Aparentó estar escogiendo entre el repertorio de galletas, pero no había ninguna baja en grasas, todas eran compradas en alguna tienda de oportunidad, nada digno del exigente paladar de Cornwell.
-Esa mujer va a ser mía, jefe. ¡No tiene anillo en el dedo! Tienes que ver qué curvas, qué cabello, qué sonrisa, qué ojos ¡Es una gatita!– Paul imitó el ronroneo de un felino y eso a Archie le afectó más de lo que él mismo hubiese querido, nadie llamaría "gatita" a su gatita.
La piel de Archie hirvió bajo su caro traje Armani, ni siquiera él mismo comprendía por qué reaccionaba de tal forma. Sí, Candice White era bonita, pero él jamás usaría la palabra "beldad" para describirla. Se giró y dirigió a Paul su mirada más desafiante, su asistente la interpretó como si le llamara la atención por su falta de profesionalismo, así que se disculpó de inmediato y se retiró para cerrar la puerta tras dejar el apuntador en la mano de Archie. A su jefe le gustaba que todo estuviera perfecto.
Archie finalmente supo que no podía usar la cafetera como pretexto para no girarse hacia la audiencia que lo esperaba; en este punto, ya todos empezaban a preguntarse las verdaderas razones detrás de la auditoría y empezaban a murmurar entre ellos suspicaces ideas. Archie sabía que eso no era bueno para el negocio, respiró profundo y se giró, con paso firme, se dirigió al frente; su caminar era erguido y seguro, gallardo a todas luces. Estaba consciente de que un par de ojos verdes no dejaban de mirarlo desde que se giró, le quemaba el rostro, el cuello, podía sentir esas pupilas sobre él… ¿ese ligero temblor de sus piernas? No era nada, por supuesto.
-Buen día– saludó con la sonrisa más encantadora a su audiencia -mi nombre es Archivald Cornwell Andrew– anunció, pero fue interrumpido con el asombro de los presentes, no por su presentación, sino por una ardiente taza de café que se había derramado justo sobre el director de la mina.
-Lo siento, lo siento– Candy se esforzó por limpiar su desorden, ahora mismo le sirvo otra taza– se levantó nerviosa para dirigirse a la mesa de café.
-No es necesario doctora, por favor, siéntese– el director le sonrió paternalmente.
Candy comprendió de inmediato que su jefe tenía razón: no debía distraer la reunión, debía sentarse y prestar atención. Se disculpó una vez más y tomó asiento.
-¿Puedo continuar? Claro, si la doctora ya terminó de disculparse– el tono de Archie fue tan gélido que incluso un pingüino habría tenido frío. Candy sintió el penetrante dolor de una daga en su pecho; jamás habría imaginado, que Archie podría llegar a tratarla de tal modo.
-Sí. Lo siento -. ¡Trágame tierra! Que me caigan encima todos los escombros de la mina en este momento. Me volví a equivocar–, la mirada de Archie se tornó fuego abrasador. La fulminó en ese instante.
A ninguno de los presentes le agradó la forma en que este desconocido se erguía ante ellos para prácticamente poner en evidencia a la doctora. Ella era un miembro importante del equipo y la tenían todos en muy alta estima
-Me parece que Cornwell es un idiota– el gerente de producción, quien había llegado con Candy, un hombre joven y muy bien parecido, susurró en el oído de la rubia.
-No es así, Frank– lo defendió. Lo hizo con tal vehemencia que su amigo agachó la mirada avergonzado y trató de prestar atención a la reunión.
Archie estaba molesto consigo mismo. Candy había causado en él tal obnubilación que había trastabillado en un par de ocasiones durante su presentación; como si sus mocedades no se hubiesen quedado en el pasado. Paul no era capaz de discernir lo que le estaba ocurriendo a su jefe, se lo atribuyó al cansancio por el viaje y, probablemente a alguna traviesa mujer, visitante nocturna que no lo hubiese dejado descansar la noche anterior; sonrió disimuladamente, pero se arrepintió de inmediato cuando las filosas dagas en los ojos de Archie se posaron sobre él. Candy, por su parte, el noventa por ciento del tiempo se la pasó disimulado cuánto la desconcertaba la presencia del menor de los Cornwell. Sus manos estaban sudando, estaba nerviosa y no tenía ni la menor idea de todo ese vocabulario que Archie mencionaba sobre certificaciones de estándares internacionales de calidad.
-Parece que el muñequito de pastel nos va a tener aquí un par de horas más- nuevamente Frank susurró al oído de Candy.
Ella iba a protestar nuevamente, sin embargo Archie había abandonado su lugar al frente de la audiencia y ahora estaba de pie justo frente a ella. Tenía su mirada fija en los hechiceros ojos esmeralda frente a él, pero estaba sumamente serio. No era adecuado llamarle la atención, no era una colegiala, sin embargo, se aseguró de hacerle sentir incómoda una vez más.
-Esta es mi agenda- la imagen se desplegó y, como era de esperarse, surgieron murmullos comentando. Archie esperó un tiempo prudente antes de volver a hablar. El visitante había planeado una visita de una semana para tener el tiempo suficiente de auditar y obtener la información requerida por el consorcio para la consolidar la compra-venta.
En realidad a Archie solo le interesaban los departamentos de finanzas y producción, sin embargo, para disimularlo, había incluido algunos departamentos más.
-Los departamentos de seguridad industrial y calidad serán auditados con el departamento de producción. Mis colaboradores llegarán esta tarde, en el primer tren. Necesito que me hagan llegar sus colaboraciones al sistema de gestión de calidad personalmente, quisiera entrevistarme con ustedes para que me resuelvan cualquier posible duda mientras los estudio -afortunadamente, el nerviosismo de sus ojos se escondió tras las gafas de Prada; la montura en baño de oro iba perfectamente con el miel profundo de sus irises. Su cabello estaba sujeto en una sexy cola de caballo detrás de su cuello. Candy lo miró profundamente, jamás lo había visto más guapo que esta mañana. Resplandecía aún en la penumbra de la sala de juntas tanto como aquél sol veraniego en Escocia.
-Finalmente un Andrew ha decidido usar una liga para su cabello -ella sonrió ante su cara memoria de invitar a Albert a usar una.
Archie notó la sonrisa en la doctora y suspiró exasperado, pero sin hacer comentario alguno. El resto de los asistentes tan solo sonrieron resignados: la doctora podía poner nervioso a cualquiera sin proponérselo siquiera.
Cuando la reunión terminó Frank susurró de nuevo algo al oído de Candy, ella hizo una muda afirmación y entonces ambos se levantaron de prisa para salir de la sala. Archie sintió un nudo en el estómago; se sintió molesto, quería ir tomarla en sus brazos, decirle que aún la amaba, que la adoraba… ¿o quizás le diría que aún la odiaba por haberle negado la posibilidad de amarla, de hacerla suya en cuerpo y alma? La odiaba a ella por lo que provocaba y se odiaba a sí mismo por la misma razón: Por lo que ella le provocaba.
-¡Diablos! -Archie no se dio cuenta que Paul había estado atento a las reacciones de su jefe con desconcierto.
-¿Estás bien, Archie? -Paul comenzó a guardar los dispositivos que habían usado durante la reunión -te noté diferente- no quiso decirle que lo había notado un poco nervioso, aunque solo él, quien lo conocía perfecto lo había percibido.
-Sí, todo bien -respondió con voz ausente, con la mirada clavada en la puerta por la que Candy había desaparecido con ese ingenierito- será mejor que nos instalemos en la oficina que nos asignaron.
Candy no la estaba pasando mejor. Lo último que pensó al levantarse sería que esta mañana tendría que enfrentarse con su pasado. Un pasado en el que pocas veces pensaba. No le gustaba torturarse. Pensar en el pasado sería pensar en sus pérdidas y eso no le agradaba. De vez en cuando hablaba con Albert o recibía algún correo electrónico con alguna postal, pero ese era todo su contacto.
-¿Qué impresión te dio El Auditor?- Paul hizo hincapié en las letras mayúsculas al pronunciar el mote que acababa de asignar a Archie- me parece que es un engreído y altanero.
-No. No lo es -esta vez Candy lo miró casi con furia.
-Tranquila, Candy, no te enojes -Paul estaba confundido-, lo defiendes como si fuera tu amigo, como si lo conocieras.
-No. No lo conozco -Candy se convenció de que hablaba con la verdad, pues no tenía ni la menor idea de quién era este hombre que la miraba como un gran témpano. Archie jamás la habría mirado así. Él era cálido y muy noble. Este no era Archie.
-Vayamos más de prisa, Candy -Paul decidió no seguir hablando del tema- ya deben estar por volar el túnel, lo último que queremos es un accidente con semejante visita.
-Sí- la joven respondió con amabilidad y con una sonrisa, escondiendo en sus entrañas el dolor que sentía por la frialdad entre ella y Archie.
En un par de horas tenía que venir a buscarlo y debía estar preparada para responder todas sus preguntas. Afortunadamente había sido muy responsable y tenía toda su documentación al día. La pareja pronto alcanzó la puerta de salida del edificio de oficinas y comenzó a correr hacia el estacionamiento para llegar a un vehículo y trasladarse a la mina. Desde la ventana de una elegante pero vieja oficina, Archie los contemplaba sintiendo su sangre hervir de celos.
Después de algunas explosiones todo estaba listo en la mina para comenzar la extracción, Candy y Frank se aseguraron de que todo estuviera bajo estrictos parámetros de seguridad y eficiencia y después partieron hacia sus oficinas para preparar la documentación que debían llevar a El Auditor. Frank se apresuró a tener todo listo y luego se dirigió a la oficina de Candy.
-¿Quieres que te lleve, Candy? -Frank era demasiado amable con la doctora, pero ella no se había percatado de su interés.
Candy siempre estaba muy ocupada y entregada a su trabajo. Había cerrado su corazón hace años y no tenía interés en volver a abrirlo.
-Pero mi entrevista es una hora antes que la tuya, perderás mucho tiempo.
-No te preocupes, todo está bajo control. Estoy seguro que puedo ausentarme del área. Además, ya lo ves: Aquí está mi blackberry -le dijo señalando su radio, haciendo referencia a la bola de hierro que era atada a los esclavos.
-De acuerdo, gracias- ella le sonrió y fue como la aurora que hace a los pajaritos cantar. Frank tomó nota de que debía esforzarse por hacerla sonreír más seguido.
-¿Estás lista?
-¡Sí!- la doctora puso en su mochila un pesado manual.
-¿Por qué llevas todo eso?
-No quiero que algo falte, quiero estar lista para lo que sea que me pidan.
-Pero aún no es la auditoría, tan solo quiere conocer los procedimientos por el momento.
-No importa.
-¿Estás nerviosa, Candy? Yo sí. Y mucho- dijo Frank mientras abría la puerta para ayudarla a subir a la camioneta de la compañía.
-No- fue la simple respuesta.
-Pues a mí me parece que sí, pero no quieres aceptarlo. No te preocupes, te irá bien-. Frank no sabía que Candy sí estaba nerviosa, pero no a causa de la auditoría.
En unos minutos Candy estaba frente a la puerta de la oficina de Archie. Había sido puntual esta vez. Abrazó su mochila y tocó tratando de su llamado fuera firme.
-Adelante- una voz amable sonó del otro lado. Candy respiró agradecida. Aún no había decidido cómo iba a hablarle, así que permitiría que fuera él quien iniciara la conversación.
-Permiso- la doctora se detuvo casi en la puerta, con los pies clavados en el suelo, sin atreverse a moverse.
-Pasa, Candice. Siéntate -Archie había decidido que sería amable con ella. Después de todo, estaban ahí por trabajo y además, no quería protestas de su tío al respecto.
Ella localizó una incómoda silla de Ikea frente al escritorio principal y se sentó sin dejar de abrazar su mochila JanSport, que para el gusto de Archie, era la cosa más horrible que jamás hubiera visto.
De alguna forma sintió tristeza de verla así, pero era lo que Candy había elegido. Podría estar dirigiendo su propia clínica en Chicago, pero ella había decidido auto exiliarse en un pueblo olvidado muy remoto. Trató de esconder sus sentimientos, no se atrevía a mirarla fijamente; sus ojos de gata siempre le habían provocado terrible necesidad de poseerla y él era demasiado apasionado, no quería ni pensar en cómo tiraría todo lo que había sobre su escritorio para tomarla ahí mismo.
Ella estaba ahí, como un felino asustado. Aferrándose a su mochila. La contempló despacio, sin prisa: Usaba unas botas industriales, unos viejos jeans y una camisola antiestática color beige. Su cabello estaba recogido en una coleta alta y unos lentes de seguridad se asomaban por el bolsillo lateral de su penosa mochila. Resignado, hizo un esfuerzo por comenzar a trabajar y le solicitó su último reporte de incidentes. Pero ella no lo escuchó, estaba demasiada nerviosa.
-¿Candice, puedes dejar de juguetear con esa horrible camisa de minero y darme lo que te pedí?
-Sí. Lo siento- una vez más se estaba disculpando. Pareciese como si la mujer tuviese una extraña enfermedad llamada disculpitis o algo por el estilo. Archie se sentía incómodo por esa actitud abnegada de siempre.
Candy abrió su mochila para sacar una serie de reportes, entre los cuales, se encontraba el que Archie le había solicitado. Se zarandeó en su fuero interno y se dispuso a concentrarse, no importaba que esos ojos miel la traspasaran como si ella fuese transparente.
-Este año hemos mejorado mucho. Nuestro índice de incidentes bajó notablemente. El año pasado, teníamos la responsabilidad de un diez por ciento de los paros de producción, sin embargo, este año hemos alcanzado mejorar de tal forma que causamos un tres por ciento. Estamos inmersos en la mejora continua y nuestra meta este año es de uno por ciento de fallos.
Candy sacó de su mochila una carpeta de aros y la extendió a Archie. Él la recibió con curiosidad. Estaba seguro del arduo trabajo que eso representaba, era un Master Black Belt en Six Sigma y había llevado el papel de champion en varios procesos ambiciosos. Una mejora del calibre que Candy estaba mencionando, aunque se escuchara sencillo pues solo era un dos por ciento, era un trabajo monumental; tenía que hacer un ajuste muy fino y eso era mucho más complicado y demandante que una mejora obvia de un treinta, veinte o diez por ciento.
Candy se sintió orgullosa de sí misma. Sabía cómo era Archie en el plano profesional, había seguido su carrera y conocía su flamante curriculum. Había acaparado su atención profesionalmente hablando. Así que mantuvo la respiración esperando que Archie abriera la carpeta y analizara su reporte e hiciera las preguntas que necesitara.
Candy era brillante en su especialidad. Ella no era Black Belt, tan solo había adquirido el grado de Green Belt, pero era suficiente para la resolución de problemas. Al final de su reporte Archie encontraría un análisis financiero que seguramente le llamaría la atención; era una comparación del pasado, presente y futuro. Había un gran ahorro y una enorme ganancia en el departamento que Candy lideraba. Ella misma lo había preparado y había memorizado cada cifra. Estaba segura de que Archie preguntaría al respecto.
Archie abrió la carpeta con interés en el separador que Candy había preparado, cuando las cubiertas de la carpeta cedieron ante el hombre, el emblema de los Andrew que Candy recogió el día que conoció al príncipe de la colina se deslizó entre los aros y fue a parar justo al centro del escritorio. Archie no disimuló su asombro e incomodidad, Candy alcanzó el broche con rapidez y lo guardó en un bolsillo de su camisola.
-Lo siento, no sé cómo llegó esto allí- y otra vez esa disculpitis aguda que tanto molestaba a Archie.
La mujer estaba sonrojada como un tomate; por un segundo, Archie reconoció a aquélla niña regañada por los Leagan y no pudo evitar mirarla con profundidad. Para Candy fue como volver a ver a ese jovenzuelo. Esa era la mirada que siempre había tenido para ella ¿por qué jamás había descubierto que esa intensidad era por un interés desmedido en ella? ¿y por qué la miraba nuevamente así? ¿acaso Archie…? ¡no, eso era imposible!
Archie, a su vez, se preguntaba quién le habría dado tan delicado regalo a Candy. Lo reconoció de inmediato como el prendedor con el que sujetaban su tartán en su traje escocés los hombres de su familia. Aquél traje que nunca más había vuelto a usar, ese que representaba en sus colores sus lazos de sangre. Cuando Anthony murió Stear y Archie habían prometido no volver a tocar las gaitas, y luego, cuando Alistar desapareció Archie usó su traje por última vez mientras tocaba la gaita para sus hermanos que ya no estaban con él. Después de eso se negó a usarlo, incluso la tía abuela había hecho el coraje de su vida cuando en su boda vistió únicamente un frac. En las bodas escocesas los novios deben representar los colores de la familia del novio, pero Archie se negó rotundamente. Annie habría querido llevar el tartán Andrew en su traje de novia porque representaba su adherencia a la familia, y le suplicó a Archie que cediera, pero ni siquiera sus ruegos convencieron al joven: Annie no portó el tartán Andrew nunca. Ni siquiera en su boda.
-¿Quién te dio tan bello detalle? ¿quién te hizo suya sin que tú lo supieras? ¿fue Anthony? ¿o acaso Alistar se atrevió a confesarte lo que sentía? ¿fue el tío? ¿quién fue, Candy?- la profundidad de los recuerdos de Archie se reflejaron en sus ojos. La contempló fijamente sin si quiera pestañear un poco. Ella tampoco era capaz de desviar sus esmeraldas de la mirada provocadora y sensual de Archie.
Archie pasó de estar molesto con ella por esa disculpitis a molestarse consigo mismo. ¿Acaso ya había olvidado que él jamás le interesó? ¿acaso no sabía él ya, por penosas experiencias, que ella jamás lo miraría como él había deseado? Esta mujer lo estaba sacando de sus casillas. Trató de concentrarse examinando en silencio el reporte frente a sí. Era justo como debía: Claro, sencillo y directo. El problema estaba perfectamente definido, las mediciones eran las apropiadas, el análisis tenía las mismas herramientas estadísticas que él mismo habría aplicado, la mejora estaba a la vista y los instrumentos de control no podían ser mejores. Le llevó unos cuarenta minutos analizar el reporte de Candy, no hizo pregunta alguna, cada página lo llevaba de la mano y a la doctora no se le había escapado ningún detalle.
Cerró la carpeta en completo silencio. Candy no lo había interrumpido durante su estudio, se limitó a esperar con impaciencia, los comentarios o preguntas que él pudiera hacerle.
-Candice, no he visto tu curriculum, pero me parece que cubres perfecto el perfil de Gerente de Seguridad Industrial. Es obvio que has tomado cursos de administración y de herramientas de mejora continua en procesos industriales -había un dejo de felicitación implícita en la voz de Archie-. Me cuesta trabajo pensarte así -guardó un poco de silencio, se negaba a sacar a la luz esos sentimientos que lo castigaban y esa última frase era una clara alusión a su conocimiento sobre ella. La miró detenidamente, tratando de adivinar el giro en la vida de la mujer. Ella sabía que él estaba esperando algún comentario al respecto.
-No había nada para mí en Chicago- se encogió de hombros mientras respondía.
Él no dijo nada, esperó a que ella continuara.
-Vine a Great Can porque era mi única opción; después todo me fue envolviendo, los continuos accidentes dentro de la mina me sacaron del consultorio. Comprendí que si no quería accidentados, tenía que evitar los accidentes, así que decidí estudiar medicina del trabajo y después todo fue tomando forma. Me gusta dar alivio a mis pacientes, pero también disfruto de los procedimientos adecuados en producción para que ellos no terminen en mi consultorio con graves o incluso fatales heridas.
-Pues eres buena en tu trabajo -Archie no pudo evitar cierto tono de adoración y admiración. Se retó en su fuero interno por su debilidad.
-Gracias.
-Eso es todo. Con tu reporte es suficiente -nuevamente la actitud de Archie era como la de un desconocido.
Candy estaba desconcertada, tomó del suelo su ofensiva mochila y se despidió con total formalidad.
Ese día Candy trabajó hasta tarde. Había habido un problema con un soporte en uno de los túneles y por consiguiente, hubo un pequeño derrumbe. El derrumbe no tuvo consecuencias fatales, aunque un hombre había llegado herido al consultorio y ella había pasado la tarde con un par de enfermeras atendiendo al minero. Ya la noche estaba muy entrada cuando ella comenzó a caminar hacia su departamento. La temperatura había disminuido bruscamente y ella no estaba usando su camisola, esa que Archie había juzgado de horrible. Por primera vez en años le habría gustado estar vestida de forma femenina, con aquéllos vestidos exclusivos y de diseñador que usaba en Londres. Ya había abandonado las instalaciones mineras cuando las nubes empezaron a liberar el agua que habían acumulado durante todo el día. Era un aguacero torrencial que muy pronto impidió la visibilidad a distancia. Ella era solo capaz de reconocer el camino a dos o tres metros frente a ella. De pronto, las calles estaban inundadas con arroyos que iban calle abajo. Se resignó a llegar empapada a casa; tenía mucho frío, después de unos minutos, su sostén y su camiseta eran incapaces de esconder la erección de sus pezones. Agradeció que la noche hubiese caído pues de otra manera, estaría dando un espectáculo que escandalizaría a la hermana María. Afortunadamente ella era la única estúpida que deambulaba en las calles bajo semejante circunstancias. Se estremeció cuando el viento helado topó con ella.
-Debí escuchar a la señorita Pony- pese a su envidiable puesto de trabajo, Candy nunca se había comprado un automóvil. No lo consideraba necesario. Iba y venía caminando de su casa al trabajo; hacía tiempo que no trepaba árboles, así que había hecho de la caminata su transporte.
La doctora vivía muy modestamente, eso era algo que nadie lograba comprender. No era mujer millonaria y distaba mucho de serlo, pero era una mujer capaz de tener una buena vida, su salario se lo permitía; nadie sabía que casi la totalidad de su salario lo destinaba como donación al Hogar de Pony y ella solo apartaba lo necesario para sus necesidades.
Recordó la expresión de Archivald cuando el emblema quedó frente a él en el escritorio y su disgusto. Se sentía triste, sobrepujada por todo sentimiento. Archie era lo único que le quedaba de sus tres paladines. Miró al cielo buscando alguna a estrella, pero era obvio que no había ninguna. Le gustaba charlar con Anthony, porque, al igual que Archie, aún se negaba a aceptar la muerte de Stear. En ocasiones soñaba con que Stear aparecía y la llevaba de vuelta a Chicago, solo por el placer de volver a estar todos juntos.
Por el rabillo del ojo percibió las luces de un auto que se acercaba a ella desde su espalda. Apenas podían verse las luces, no alcanzaba a distinguirlo debido al torrencial aguacero que se había desatado, el auto no detuvo la velocidad y la mojó por completo cuando pasó junto a ella. Se sintió humillada; más de lo que ya se había sentido ese día. El agua sucia bañó su pelo y recorrió su cuerpo incrementando el frío de la mujer.
Archie miró por el retrovisor cuando los gritos llegaron a sus oídos. No había querido mojar a nadie, pero estaba tan ensimismado en los recuerdos que la lluvia revivía que no la había visto y le fue imposible frenar a tiempo. Reconoció la voz que se refería a él como lo peor del mundo y una leve sonrisa divertida apareció en su rostro. Pensó que lo menos que podía hacer era regresar y ayudarla a llegar a donde quiera que ella fuera. Puso la reversa y fue al encuentro de la médico.
Ella vio un auto desconocido delante de sus ojos. Era uno de esos del tipo que Tom tenía en las paredes de su sala de juegos. Estaba boquiabierta. Leyó "Porshe 918 spyder" ¿pero qué hacía un auto así en semejante lugar? seguramente algún mafioso se habría perdido. Ella se puso alerta, estaba dispuesta a empezar a correr cuando los cristales bajaron un poco y una voz en el interior la llamaba por su nombre.
-Candy, te vas a enfermar- ella había escuchado que Archie había usado su jet privado, así que dudó un poco, quizás habían sido tantas sus emociones del día que ahora ya todo lo revivía.
-¡Sube!- insistió la voz desde el interior del auto -, no quiero que el tío me llene de reclamos cuando mueras de pulmonía.
Se acercó con curiosidad. Siempre había sabido que no debía subirse al auto de un desconocido, así que eso estaba fuera de discusión. Agachó la cabeza y se encontró con dos gotas de miel penetrantes que la miraban desde el asiento del conductor; ella se acercó un poco más.
-Te vas a enfermar, por favor, entra- esa era la voz que él siempre había usado para referirse a ella. La que recordaba. La voz que vibraba cada vez que se dirigía a ella.
Archie no pudo evitar mirar el cuerpo empapado de la mujer que lucía deliciosamente sexy bajo esa camiseta empapada. Se detuvo sin discreción en ese par de botones expuestos bajo la camiseta y por un segundo tuvo deseos nada decentes. Quiso apretujarlos, saborearlos, mordisquearlos.
Y bueno, solo en memoria de los buenos tiempos, ella subió al auto, disculpándose -sí, una vez más- por mojar la tapicería de cuero negro y la inmaculada alfombra. Seguramente el fabricante alemán jamás imaginaría que semejante chica pudiese estar sentada al interior de su flamante auto de casi un millón de dólares.
El la miró por el rabillo del ojo, sin atreverse a volver a mirarla de frente. La vio titiritar de frío y tuvo un sentimiento de verdadera preocupación.
-En el asiento de atrás está mi gabardina, úsala -eso sonó más como una orden, y ella obedeció- te prometo no mirar, quítate tu ropa mojada.
Candy alcanzó la Burberry, se giró para darle la espalda a Archie; confiaba en él aunque hubiesen pasado tantos años, se quitó la ropa mojada, eso fue demasiada tentación para el menor de los Cornwell y por un momento rompió su promesa para mirar la espalda desnuda que lo había atormentado por años, desde que era casi un niño. Miró por un segundo el reflejo de la mujer en el vidrio y de inmediato desvió su mirada. Ella ni siquiera se dio cuenta de la tortura que ese momento era para Archie. Terminó de abrochar la elegante gabardina, guardó su ropa empapada en la mochila y luego se sentó correctamente, mirando hacia el camino. La calidez de la gabardina de Archie la reconfortó y el aroma de su colonia la transportó a tiempo lejanos, él era un clásico, ese aroma el mismo que ella recordaba.
-Gracias- él solo pudo responder con una afirmación muda. Estaba tratando de controlar el deseo de echársele encima. Tenía imágenes nada decentes entre ellos. Tragó saliva antes de poder articular palabra alguna.
-Dime a dónde te llevo.
-¿Este auto es tuyo?
Sin que ella lo supiera había dado en el clavo. Su auto era el orgullo de Archivald Cornwell. De inmediato él encontró la mejor manera de alejarse de tan pecaminosos y eróticos deseos.
-Así es. Mi chofer lo acaba de traer, ¿no pensarías que rentaría un auto, verdad?
-Por supuesto que no- ella sonrió delicadamente.
-Entonces, ¿a dónde te llevo?
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Malinalli, 27 de noviembre de 2016.
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Glosario.
Six Sigma:Seis Sigma, es unafilosofíadetrabajoy unaestrategiadenegocios, la cual se basa en el enfoque hacia elcliente, en un manejo eficiente de losdatosy metodologías y diseños robustos, que permite eliminar la variabilidad en losprocesosy alcanzar un nivel de defectos menor o igual a 3,4 defectos por millón. Adicionalmente, otros efectos obtenidos son: reducción de los tiempos de ciclo, reducción de loscostos, alta satisfacción de losclientesy más importante aún, efectos dramáticos en eldesempeñofinanciero de la organización.
Six Sigma Champion: Contribuye al trabajo del Master BB para la identificación y validación de potenciales proyectos Six Sigma y son los responsables de la ejecución y de la manutención de los niveles mejorados del desempeño y los resultados financieros.
Six Sigma Master Black Belt: Son los evaluadores y entrenadores de tiempo completo de la organización y dan coaching para los BB.
Six Sigma Black Belt: Son los líderes de proyectos o cinturones negros. Son el recurso de tiempo completo que tiene la organización y se focalizan en liderar y facilitar el desarrollo y término de los proyectos.
Six Sigma Green Belt:Son los facilitadores de proyectos o cinturones verdes y líderes de cambio, ya que son los que aportan las nuevas ideas o visiones de cómo hacer las cosas de mejor forma.
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Agradecimiento: Sé que lo estoy haciendo lento, pero no tengo opción. Muchas gracias por su paciencia y su apoyo para mis historias. De verdad lo tengo en gran estima. Espero que estén disfrutando de esta ocurrencia. Insisto, sé que son pocas las lectoras Archie fans, pero me gusta escribir para este hermoso gomoso. Gracias de nuevo.
