INFERNUM. REDEPMTIONIS.

Capítulo 6

Neandertal

Era un cautivo beso enamorado

de una mano de nieve que tenía

la apariencia de un lirio desmayado

y el palpitar de un ave en agonía

(Metamorfosis. Poema -fragmento-. Luis Gonzaga Urbina).

Y entonces ese beso hambriento, como el poema de Gonzaga Urbina: había estado cautivo. Había sido preso por varios años y se escapó, pero este beso no se convirtió en suspiro sino que obtuvo forma, una forma apasionada, húmeda, entregada.

Y entonces, aquél beso fiero, ese que gritaba solo pasión y sexo -como todos los besos que el paladín sobreviviente había concedido últimamente- tuvo una bella metamorfosis. Archie dejó de morder los labios de Candy, en cambio, su lengua comenzó a masajearlos con dulzura; de alguna manera, de lo más profundo de su alma, aquél joven gentil y caballeroso que también había estado preso logró vencer la gélida máscara y se asomó por unos gloriosos instantes. Escapó de aquéllas aguas turbias que lo ahogaban y aceptó la serenidad que le brindaba el remanso del encuentro que al menos por el momento curaba sus males. Dejó de apretujar la cintura de la mujer que literalmente temblaba en sus brazos, disfrutó de la calidez femenina que no era arrebatada sino que se entregaba depositando su confianza casi tiernamente. Esto era nuevo para Archie, la mujer que se aferraba a él era la única que dejaría entrar en su cama.

Con manos aún temblorosas acarició tiernamente el cabello de Candice, por fin abandonó sus labios y la sintió refugiarse en su pecho. Fueron uno, aún sin entregarse plenamente.

Archie se sentó ligeramente sobre su escritorio y la atrajo hacia él sin decir nada; eran tan solo sus manos y sus miradas las que se comunicaban. Ella era mucho más bajita que él, eso le agradaba a Archie; podía cobijarla tiernamente. Él se deleitó con el aroma de su pelo, ella se arrulló con el corazón de Archie. La sostuvo por varios minutos que para ellos fueron un solo instante hasta que afuera los pasos y charlas de los ejecutivos eran referentes a la hora de comer.

-Archie- Candy rompió el silencio con miedo a perder el encanto -debo irme. He estado aquí más de lo que puedo permitirme.

-Aún no, por favor – él todavía era incapaz de atreverse a repetir su nombre en voz alta.

-Mi jefe debe estar buscándome, no puede estar sin mí, ¿sabes? – ella le guiñó un ojo infantilmente.

Archivald, aquél adolescente enamorado no quería deshacer el tan extrañado abrazo. No había explicaciones de parte de ella pero ese Archie no las necesitaba. Aún no sabía por qué jamás había contestado sus llamadas sin embargo no demandaba explicaciones, creía en ella ciegamente y temía que cuando se separaran él volvería a su cautiverio. Solo quería disfrutar de su chica un poco más… solo un poco más.

Ella trató de alisar su ropa y su cabello mientras él la observaba con ternura, casi con adoración.

Fue entonces que unas voces de completa algarabía se escucharon en el pasillo. Fue fácil discernir que eran varias las personas que se acercaban.

-Parece que mi equipo por fin llegó -¿había exasperación en la voz de Archie? –. Los estaba esperando desde la tarde de ayer – agregó con voz fría.

De pronto Candy notó una especie de transfiguración en Archie. Lo vio también acomodarse el nudo de su corbata, pero lo peor de todo fue la dureza de su gesto.

La perilla de la puerta comenzó a protestar por no poder abrirse debido al seguro que Archie había colocado y después la voz de Paul, optimista y parlanchín se abrió paso:

-¿Archie, estás ahí?

-Candice – Archie le señaló el corte en su camisa para que ella tratara de disimularlo un poco.

-¿Qué, ya no soy Candy? Por favor tierra, trágame. ¿Por qué no te abres? -ella se sintió decepcionada y sacudida por una gran turbulencia.

Archie hizo lo suyo al acomodarse el nudo de su corbata, abrió su computadora y después se dirigió cauteloso a abrir la puerta. Paul entró con la comitiva que lo acompañaba sin prestar atención a la médico.

-Finalmente llegaron – un grupo de tres ejecutivos entraron a la oficina, con ojos curiosos y alertas al mismo tiempo.

-Oh Archie – una joven de largas piernas, con un traje sastre de falda entubada que no llegaba a las rodillas se adelantó y saludó al jefe con un par de besos y una sonrisa bastante sugestiva, esforzándose por mostrarle su generoso escote.

-Bienvenida, Isabela – el ejecutivo se sintió abochornado, sin embargo, no hizo el menor movimiento para evitar los claros avances y coqueteos de la recién llegada.

-Hola, Candy – por fin Paul notó la presencia de la médico – discúlpanos, no sabía que interrumpiríamos tu reporte – el joven se sentía muy afortunado de haber encontrado a Candy y no se esforzó en esconder su entusiasmo.

Para la recién llegada, sin embargo, no pasaron desapercibidas las miradas rápidas y furtivas que Archie le dedicaba a esa mujer rubia de horrible camisa minera. Isabela la miró de pies a cabeza sin recato alguno, asegurándose de que su expresión advirtiera a la médico que Archivald Cornwell ya había sido elegido por ella y que no permitiría que ninguna mujer se atravesara en su camino. Los caballeros no se dieron por enterados de la actitud de Isabela, ellos estaban sumamente ocupados saludando y recibiendo instrucciones.

Candy estaba muda, se sentía completamente fuera de lugar. Su primera reacción era la de buscar la salida. Podría congelarse con la mirada de Archie, sin embargo, no se dejaría amedrentar; no por una cazadora.

-Archie, voy a mostrarle al equipo la oficina que los está esperando – Paul tuvo que tomar del brazo a Isabela para que comenzara a caminar a la salida. Candy seguía sintiéndose fuera de lugar, había sido ignorada por Archie, no la había presentado a los recién llegados.

Era una suerte que Paul hubiese concluido que su presencia era meramente por trabajo. Fue la temible voz de Archie la que la sacó de sus pensamientos.

-¡Paul! – Archie elevó la voz para que su asistente se detuviera por un momento – la doctora ya se va, por favor, explícale lo que requerimos en cuanto a los cumplimientos de las normas ambientales.

-¡Por supuesto! – Paul sonrió ampliamente con sus ojos brillantes –. Ven, Candy, llevemos a los muchachos a su oficina y ahí te explico.

Sin siquiera volver a dirigir la mirada a Candy, Archie giró sobre sus talones, mientras escuchaba la entusiasta voz de Paul. Era obvio que adoraba pasar tiempo con esta mujer.

-¿Candy, qué fue lo que hiciste, por qué mi jefe está enojado contigo? – si la doctora tenía alguna duda sobre cómo interpretar el tono seco de Archie, esa duda se había disipado ante las palabras que Paul murmuraba en su oído.

Candy guardó silencio. Era obvio que no respondería la pregunta. Mientras tanto, Paul penetraba en la profundidad de los hermosos ojos de esta Gatita. Estaba convencido de que haría lo que fuera para impedir que alguien la lastimara y eso incluía patear a su jefe en su aristócrata trasero.

Paul tomó del brazo a Candy con jovialidad, animándola.

-Vamos, Gatita, no te preocupes, no es tan malo como parece. Además, no es tu jefe – le dijo, como si fueran los mejores amigos de toda la vida.

-¿Cómo me llamaste, Paul?

-Lo siento, Candy. No quise molestarte.

-No me molesta; solo, prefiero que no me llames así.

Candy ya no dijo nada más, caminó en silencio junto a Paul en completa ausencia, estaba tratando de discernir si el fuego que aún quemaba sus labios había sido solo producto de su loca imaginación.

-Ya no te preocupes por mi jefe – había una pícara sonrisa en el rostro de Paul – Isabela ya está aquí; seguro que ella se encargará de mantenerlo de buen humor. Ella está tan obcecada con seducirlo que Archie no ha podido resistirse en varias ocasiones a sus encantos.

Para la fortuna de Candy llegaron a la oficina designada y Paul no tuvo más remedio que concentrarse en el trabajo.

Ya por la tarde, Archie decidió volver caminando a casa. Eran varios días sin acudir al gimnasio, así que algo de ejercicio le vendría bastante bien. El bullicio de la calle le hacía bien, solo en esos momentos podía darse el lujo de ser él mismo, solo cuando estaba a solas. La dureza de su corazón estaba teniendo unas buenas vacaciones sin que él se percatara. Hoy en día, incluso el claxon de los autos le parecía dulce. La chica de sus sueños había temblado en sus brazos y él simplemente se sentía un súper héroe.

Por unos segundos caminó como Jim Carrey mientras cantaba "I got the power" en aquélla vieja película de principios de los noventas.

Se rió de sí mismo como hacía varios años no lo hacía. Había estado tan distraído en estos días que ni siquiera había atendido su cuenta de Instagram. Seguramente sus admiradoras estarían algo decepcionadas, pero eso no le preocupaba por el momento.

Seguro que con la ayuda de su equipo terminaría a tiempo el reporte para su tío y saldría pronto de este pueblo; por supuesto, siempre que pudiera controlar a Isabel y sus constantes esfuerzos por llevárselo a la cama. Ella era una mujer que desprendía lujuria por cada poro de su piel. No había perdido oportunidad para tratar de seducirlo desde el primer momento que lo vio. De pronto sus divertidos pensamientos previos habían dado un giro de 180 grados hacia la más candente lujuria.

Archie no era un santo. Con frecuencia, pensaba con placer en la lujuria; de hecho, imaginar en mil formas para satisfacer sus apetitos era una gran tentación, sobre todo, cuando esa lujuria era fomentada por Candice White. Si cerraba los ojos podía revivir el tremendo esfuerzo que hizo para controlarse. Si por él hubiera sido, esta mañana, habría tenido el más grandioso sexo sobre su escritorio. La habría tomado sin reserva alguna. Archie se vio forzado a cerrar su gabardina para que la espectacular visión de su bragueta no fuera el punto de atracción de mirada alguna.

Great Can era un pueblo muy pequeño. Muchas personas usaban la bicicleta como medio de transporte y otras, simplemente preferían caminar. En la acera de enfrente vio a la rubia que no se había quitado de la cabeza acompañada por un caballero. Archie lo reconoció como aquel gerente de producción: Frank. La pareja caminaba muy cerca debido a la estrecha acera; de vez en cuando sus cuerpos se rosaban hasta que finalmente Frank le ofreció su brazo a su bella compañera de trabajo.

Fue entonces que Archie se sorprendió de sus pensamientos. De pronto, sus instintos más primitivos y salvajes explotaban dentro de él exigiendo que arrancara a esa mujer del brazo de ese ingenierito, si era necesario, debía tomarla por el pelo y llevársela a rastras. Su sangre hirvió y por su mente se mostraron las más lujuriosas imágenes jamás vividas. Él la besaría nuevamente, le recordaría que él era su dueño, su único y verdadero dueño; lo haría hasta que ella se perdiera de toda realidad, hasta que se quedara sin sentidos. Archivald Cornwell besaría… ¡no! Él mordería su cuello, lo succionaría, dejaría sus dientes marcados en cada centímetro de esa blanca piel para que todos supieran que ella era de él y solo de él. Era un gran abismo el que había saldado de ser un hombre civilizado para convertirse en un neandertal

Aligeró su paso para llegar pronto a casa; se metería a la tina y por supuesto que bloquearía el recuerdo de esos besos recién intercambiados. Finalmente, no habían tenido importancia, eran tan solo dos adultos jugando un rato… eso había sido todo. Lo repetiría mil veces de ser necesario. Aunque, por supuesto que si la tina pudiera hablar nos narraría una de las escenas más eróticas jamás ocurridas; por supuesto, no había razón para desperdiciar las reacciones de su cuerpo ante el recuerdo de la doctora White, sus formas, ardientes besos y caricias. Esa noche, a pesar de sus terribles celos y de su lucha interna entre la dulzura y la lujuria, Archivald Cornwell había ido a la cama totalmente relajado y con una bella sonrisa.

*o*o*o*o*o*o*o*o*o*o*o*o*o*o*

Cuando Candice escuchó su nombre a su espalda no podría creerlo. Se quedó clavada en el piso sin poder reaccionar. De pronto unos brazos femeninos la abrazaron sin permitirle que ella se girara para recibir el contacto. Era el pasillo principal, el que conducía al comedor.

-¡Oh, Candy! ¿Así que aquí estabas? ¡Candy! – eran unos brazos cariñosos y regordetes; la voz de la mujer era feliz y entusiasta, estaba emocionada hasta las lágrimas. Patricia O´Brien no se percataba de la fuerza con la que estaba abrazando a la doctora.

-Patty – fue tan solo un susurro el que se escapó de los labios de Candy. Lo único que pudo hacer para corresponder al abrazo fue alcanzar con sus manos los brazos que prácticamente la estaban ahorcando para acariciarlos. No podía negar que se sentía muy feliz.

Después de unos segundos, Patty disminuyó la fuerza de su abrazo y Candy fue capaz de liberarse. Fue hasta entonces que Candy se giró y abrazó dulcemente a su amiga nuevamente.

-Candy, te he extrañado mucho, jamás imaginé que estuvieras aquí. Desapareciste por completo. ¿Pero quién te crees que eres, muchacha tonta? – le dijo con fingida indignación. Habían pasado más de diez años desde la última que se habían visto, sin embargo, era como si hubiese sido tan solo el día anterior.

-Yo también te he extrañado, ¿qué haces aquí? – la doctora estaba sorprendida y muy feliz de ver a su amiga. Ella seguía irradiando esa alma pura de su adolescencia.

Durante la terrible noche Candy había tratado de descifrar la extraña actitud de Archie y tenía ojeras alrededor de sus ojos, aunque la presencia de su amiga arrancaba una enorme y resplandeciente sonrisa de sus labios.

Candy desvió la mirada de su amiga y la dirigió a Archie, que esperaba con un gesto de fastidio. Patty, no necesitó tiempo para reconocer una extraña energía entre sus dos mejores amigos. Dedujo que el tarado de su cuñado seguramente algo debía haber hecho.

-Candy, Archie y yo vamos a comer, ven con nosotros – tomó a Candy de la mano como su obviara su respuesta, pero su amiga no se movió.

-Patty, estoy segura que Candice tiene otros planes – Archie dirigió una casi fulminante mirada al ingenierito, ese tal Frank, que últimamente parecía acapararla y esperaba a unos pasos.

-¿Candice? ¿Pero qué es lo que te sucede? Candy es tu prima, mi mejor amiga. Me importa un cacahuate si un papel lo dice o no. Hay lazos que no se destruyen con un trámite – Patty clavó lo ojos en los de Archie y no encontró ni rastro de haberlo turbado –. Oh, no importa, estás exagerando; hazme el favor de dejar tus poses hijo de... Elroy Andrew.

-Patty, ¿qué te parece si cenamos juntas esta noche? – Candy trató de sonreír, eso era misión imposible con la mirada de Archie fulminándola por encima del hombro de Patty.

-¡Sí! ¡Por supuesto! – los ojos de Patty brillaron emocionados –. Le prometí a Archie que cocinaría para él esta noche.

-¿Tú cocinarás? – la médico tragó saliva. No deseaba ahogarse con una cuchara durante la cena. Instintivamente, Candy y Archie llevaron sus manos a sus propias gargantas para acariciarlas.

-Ajá – fue la única respuesta.

-Quizás Archivald y tú tendrán mucho de qué hablar… no quiero importunar.

-¡Es Archie, Candy. ¿Qué rayos les pasa?

Los expresivos ojos de Patty fueron de uno a otro. Encontró a Candy buscando la respuesta en el piso y a Archie buscándola en el techo.

-Estoy esperando una respuesta – Patty se cruzó de brazos y entornó los ojos con exasperación –. Archivald Cornwell Andrew, ¿has sido un idiota con Candy?

Candy tuvo que hacer un gran esfuerzo para no reírse y Archie se enfurruñó aún más.

-Ya déjense de tonterías, no tengo tiempo para ellas. Hagan las paces con un beso.

Ninguno de los dos se movió, pero Patty descubrió que los colores se les subieron a ambos a la cabeza.

-¿Será posible que…? ¡Ay, por favor, que lo que estoy imaginando sea real! Que al menos este par pueda ser feliz –. La postura de Patty era de impaciencia. No se movería de ahí hasta que sus dos mejores amigos hicieran las paces con un beso. Sabía que los había puesto entre la espada y la pared; lo estaba disfrutando.

Archie parecía un niño regañado por haber derramado la leche sobre la mesa. Tomó valor para acercarse a Candy, la tomó de la mano libremente tratando de ignorar la corriente eléctrica que recorrió su cuerpo y se armó de valor para besar su mejilla. Vio los ojos de la rubia humedecerse y se sintió muy poderoso cuando le ofreció su brazo a las dos damas para dirigirlas al comedor sin atreverse a decir palabra alguna.

Y bueno, su virilidad se fue a los cielos cuando notó que Frank seguía ahí de pie esperando por Candy y ella ni siquiera lo recordó. El neandertal dentro de él al final había tomado a esa mujer por los pelos para arrebatarla del ingenierito.

-Neandertal guapo: uno; ingenierillo ladrón de poca monta: cero – pensó Archie divertido.

Era un trío bastante singular, dos de ellas estaban muy felices y lo irradiaban riendo como aquellas colegialas del San Pablo, el otro… bueno, el otro estaba feliz pero muy muy muy adentro.

Patty portaba un gafete de visitante bastante feo, por cierto, cuyos privilegios no contemplaban el servicio del comedor, y mucho menos, el comedor ejecutivo, Archie era consciente de que debería pagar el consumo de su amiga, así que también ofreció a Candy un pedazo de pastel de chocolate que no estaba incluido en su consumo del día. Por supuesto que a la rubia se le iluminaron los ojos cuando Archie colocó el pedazo más grande en la charola de Candy.

También deberías llevar esto… había algunos bocadillos rellenos de carnes frías de pronto, y esto… y esto también. Patty se sorprendió del interés de Archie por llenar la charola de comida de Candy y protestó en son de juego. Archie entendió que había exagerado un poco, sin embargo, deseaba estar seguro de que Candy tendría algunos bocadillos en casa.

Tomaron una mesa bastante apartada del barullo y después Archie se excusó para ir a lavar sus manos.

-Candice White Andrew – la pobre médico se sobresaltó al escuchar el que fuera su nombre completo, incluso, aunque Patty hubiese usado un susurro solamente – tienes que decirme qué rayos está pasando entre Archie y tú.

-No lo sé – había sinceridad en las palabras de Candy – tendrás que preguntarle a él.

-Por supuesto que lo haré. Pero ¿qué le pasa, por qué se comporta así tan raro contigo? ¿y por qué tú lo permites?

La mujer solo se encogió de hombros. No quería que Patty creyera que le daba importancia alguna. Miró hacia la ventana, hacia la mina y se entretuvo con las maniobras de logística.

Cuando Archie volvió tuvo que actuar interesado en la charla de Candy y Patty aunque en realidad todo giró alrededor de temas de chicas, de viejas amigas. Se pusieron al día. Ambas se felicitaron mutuamente por sus logros. Patty era una reconocida ingeniera de software, se había especializado en un tridimensional y formaba parte del equipo de la NASA que preparaba la misión Marte 2020. También, como pasatiempo, ella había aprendido a pilotear. Había comenzado hace varios años; las primeras clases, decía, las había recibido del mejor piloto del mundo: su finado prometido. Y tras la muerte de Alistar, decidió seguir con sus clases y era capaz de volar enormes jets trasatlánticos. Esto era bueno para ella pues su conocimiento de aeronáutica le permitía comprender los objetivos que su jefe le imponía con su software.

*o*o*o*o*o*o*o*o*o*o*o*o*o*o*

Cuando Candy escuchó un llamado en la puerta se sobresaltó. No podía entretenerse con nadie; recién había terminado de arreglar su cabello y aún no se había puesto el vestido que había elegido para la cena con sus amigos.

Fue presurosa a atender la puerta y encontró a un Archie un tanto turbado.

-Patty me envió a buscarte – dijo, como disculpándose.

Ella no supo qué decir, tan solo asintió y lo invitó a pasar con un ademán.

-Estaré lista en un minuto – dijo mientras se dirigía a su cuarto. Notó entonces que Archie se había quedado parado en la puerta esperando por la invitación para pasar.

Regresó lentamente hasta él y lo miró por un rato con cierto recelo, con desafío más bien.

-¿Te vas a quedar ahí parado?

Archie no respondió, pero dio un par de pasos al interior de la casa de muñecas para que Candy pudiera cerrar la puerta. En realidad, él no deseaba volver a estar a solas con esta rubia sensual, había una cama a su entera disposición y seguramente, Patricia creería fácilmente cualquier excusa por su llegada tarde.

En tan solo unos minutos, Candy apareció de nuevo con un hermoso vestido azul marino, ceñido por completo a su cuerpo y unas elegantes zapatillas altas del mismo tono. Esta noche había apostado por el monocromático y le sentaba bastante bien. Archie tuvo que hacer acopio de todo su esfuerzo para que el neandertal que deseaba morder cada centímetro de la piel de Candy no apareciera justo en este momento.

El silencio en el auto no podía ser más incómodo. Candy deseaba hablar con Archie sobre su encuentro de mañana anterior en su oficina, pero él parecía no darle importancia; eso hería profundamente a la rubia, se negaba a ser humillada nuevamente. Tenía un nudo en su garganta y la mirada fuera del auto, lejos del hermoso rostro de Archie, aunque sin poder evitarlo, su mente revivía una y otra vez los besos que ambos se habían prodigado. Archie no la estaba pasando mejor. Deseaba estirar la mano y acariciar la rodilla de Candy, subir lentamente por su muslo, levantar su falda y juguetear con sus dedos en la entrepierna que hasta el momento solo soñaba.

La misma escena continuó durante la cena. Patty jamás se había divertido tanto notando cómo sus amigos se esforzaban por ignorarse mutuamente, tanto como pudieran. Ahora entendía por qué Albert la había llamado con tanta urgencia y le había pedido que fuera a alcanzar a Archie. Al inicio ella había imaginado que Archie estaba volviendo loco a medio mundo con sus requerimientos, sin embargo no era tal el caso, la realidad era que una sola persona estaba volviendo loco a Archie.

Trató de concentrarse, tomó la botella de vino y mostró la etiqueta a sus invitadas. Era una botella de una cosecha Toscana. Sirvió un poco de vino en unas hermosas copas de cristal y después se puso cómodo, observando a Candy y esforzándose por no sonreír. Estaba listo para apreciar el erotismo más puro jamás visto pues sabía que esa rubia perdía la cabeza con tan solo un poco de alcohol. Sus ojos se habían obscurecido y su respiración se había alterado… era además, inevitable no apreciar la parte delantera de sus pantalones…

-¿Estás bien, Archie? – Candy frunció el cejo al descubrir el estado de Archie y después sorbió el vino elegantemente, lo mantuvo en su boca con delectación.

-Sí, Candy, lo siento – Archie volvió en sí y sirvió un poco más de vino en la copa de Candy.

-Pero por supuesto que está bien Candy – la voz de Patty sonó pícara, la rubia supo de inmediato que estaba haciendo alusión a el estado de Archie, se atragantó y escupió todo el vino que tenía en la boca sobre el rostro y la inmaculada camisa de Archie. Entonces se asustó y -según ella- colocó la copa sobre la mesa para de inmediato tratar de limpiar la varonil prenda, pero la copa no estaba bien apoyada y cayó al suelo rompiéndose en mil pedazos.

Archie se levantó como un resorte y se limpió la cara con la servilleta más cercana que encontró, luego trató de limpiar su camisa mientras maldecía en un perfecto alemán. Patty se levantó de inmediato para ir a la cocina en busca de algún limpiador y Candy de arrodilló sin pensarlo para comenzar a recoger los trozos del cristal.

-Candy, por favor, no hagas eso, déjalo así – Archie odiaba verla de rodillas, claro, a menos que fuera por algún momento de lujuria, de esos que él imaginaba continuamente.

Sin embargo, ella continuó con su tarea.

-Candy – repitió – deja eso.

Ella, contrario a lo que Archie le pedía, pasó los trozos de cristal de una mano a la otra y continuó. Esa era de verdad una imagen patética a los ojos de Archie. ¿Qué es lo que había pasado en la vida de Candy para que su autoestima estuviese tan dañada?

-Detente, te vas a cortar – esta vez la advertencia sonó como una orden que estremeció a la mujer de rodillas frente a él.

La poca paciencia de Archie se había terminado. La tomó de un brazo para levantarla. Clavó sus ojos llenos de cólera y sin decir palabra alguna, abrió uno por uno los dedos de Candy para obligarla a soltar los trozos. Después, sin decir palabra alguna y sin soltarla del brazo, tiró de ella para llevarla a la cocina, donde había visto un botiquín.

Patty salió de la cocina como un gato asustado, con el pretexto de ir a limpiar el piso. Definitivamente no le habría gustado en los zapatos de su amiga.

-Siéntate – esa fue una orden clara y concisa.

Ella obedeció y sollozó tratando de que Archie no lo notara.

-Quiero ver tus manos – Archie distinguió que sangraban y nuevamente maldijo mientras que negaba con la cabeza. Esta rubia realmente no necesitaba esforzarse para sacarlo de sus casillas. La sintió temblar, pero estaba tan enojado que no pudo prestar atención.

-Nunca escuchas a nadie. Jamás has sido buena para prestar atención a lo que decimos y tampoco a lo que gritamos. Eres una mujer sorda a los demás, tan solo te importa lo que tú quieres, lo que tú decides, lo que tú tramas… te importa un bledo lo que los demás tenemos para decirte, esa eres tú, Candy.

Finalmente levantó la mirada y las silenciosas lágrimas de la mujer que adoraba lo desarmaron por completo. Se olvidó del enojo, de la lujuria y sintió por ella la más pura compasión; de pronto estaba arrepentido de haberla hecho llorar.

Se inclinó delicadamente hacia ella y le secó las lágrimas con sus dedos con la más pura ternura. Al primer contacto ambos se estremecieron y tras secar sus lágrimas Archie acunó la cara entre sus manos y se la levantó hacia él obligándola a mirarlo, sin embargo, después se arrepintió y se apartó de ella para comenzar a sanar las heridas de sus manos.

-Listo Candy, ya estás curada.

-Gracias – fue la única respuesta.

La cena estuvo deliciosa, Patty fue quien llevó la moderación de la conversación en la mesa puesto que sus amigos estaban demasiado ausentes. Cuando la velada terminó la rubia había tenido que prácticamente suplicar para que le permitieran llamar un taxi.

-De ninguna manera, Candy, te llevaré a tu casa – había dicho Archie.

-Archie por favor, has sido suficiente por este día, necesito estar sola – la sinceridad y la urgencia en las palabras de Candy habían dejado a Archie sin argumentos, no tuvo más opción que concederle su deseo.

Cuando Archie y Patty se quedaron solos él se sentó en la barra de la cocina, no entendía por qué Patty insistía en limpiar la cocina.

-Mañana vendrá el servicio y ellos limpiarán todo, vamos Patty, debes estar cansada.

-Escúchame muy bien Archie, si te atreves a lastimarla te las verás conmigo.

-Por favor, sabes que soy incapaz de hacerle daño – se defendió casi con indiferencia.

-Pues entonces deja de comportante como un idiota con ella. ¿Acaso no te das cuenta de que la lastimas cada vez que la llamas Candice, como si ella fuera una desconocida?

-Es por cuestiones del trabajo.

-Al diablo con esas estupideces. Yo también tengo un centro de trabajo y mis amigos no se refieren a mi como Patricia.

-Vamos, no necesitas defenderla. La conoces bien: Ella se defiende sola.

-No puedo creer que seas tan ciego.

-¿Qué quieres decir?

-¿De verdad no notaste que la exitosa doctora Candice White está rota?

-¿Cuántas veces la viste sonreír? ¿Cuántas veces te dijo lo feliz que está por verte? ¿En qué momento dijo alguna frase optimista, de esas que ella acostumbraba a darnos aún en el vórtice de un huracán? ¡Por todos los cielos Archivald Cornwell! Candy tiene un caparazón rodeándola. Está tratando de salir de él y no permitiré que salga de la sartén para caer en el fuego… - el discurso de Patty había sido tan apasionado al defender a su amiga que ni siquiera se dio cuenta que estaba amenazando a Archie con una enorme sartén-.

Guardaron silencio por un momento, sorprendidos ambos por la situación de Candy, sin embargo, después de unos segundos no pudieron evitar reír casi a carcajadas por la cómica amenaza de Patty.

-Patty, gracias – la chica siempre había gozado de la simpatía de Archie. Con ella no tenía poses. Él podía mentir ante las cámaras, pero jamás podría mentirle a quien prácticamente consideraba una hermana. Como ella decía: No había ningún papel que la convirtiera en una Cornwell, pero él sabía que el corazón de su hermano mayor había sido de esa fuerte e inteligente mujer.

-Archie, amaba a Annie – había inseguridad en la voz de Patty. Como si quisiera justificarse.

El joven se quedó helado, no comprendía el giro que había dado la conversación y mucho menos los gestos de Patty, que no eran para nada compatibles con tales palabras.

-¿A qué viene esto?

-Te juro que la amaba y la consideraba mi amiga, sin embargo, eso no me cegó nunca – la mujer respiró profundo andes de continuar – ¿recuerdas que cuando murió me pediste que te ayudara a guardar sus pertenencias?

Archie no respondió. Estaba demasiado interesado en lo que escuchaba.

-Archie, siempre supe que Annie era una mujer egoísta, solo que jamás imaginé hasta qué punto – Patty hizo una pausa, bajó la mirada y sus mejillas se sonrojaron, por un momento volvió a ser la chica tímida del San Pablo y cuando por fin pudo hablar, su voz sonó sumamente trémula – Archie, yo… yo leí el diario de Annie.

Archie sonrió. En realidad no comprendía por qué Patty se sonrojaba a tal grado por esa indiscreción ¿qué podría haber encontrado en el diario de Annie? ¿visitas a la Quinta Avenida? ¿recetas de comidas exóticas? ¿fotografías de viajes a lugares de moda? ¿chismes escuchados en el spa? Nada importante, por supuesto.

-Tranquila, Patty – respondió condescendiente – siento mucho que te hayas empapado de tanto egoísmo, créeme que yo sé mejor que nadie que mi esposa era egoísta – tras el tono relajado de Archie, de pronto su rostro se puso serio y su voz lo delató – lo sé mejor que nadie…

-De eso quiero hablarte – esta vez la mujer se puso seria, tomó a Archie del brazo y lo condujo lentamente a la sala de estar. Le quitó con ternura su saco y lo puso en el respaldo de un mullido sofá, después ella se sentó relajada, en flor de loto y tomó un cojín entre sus brazos, golpeó amablemente el sofá al lado de ella invitándolo a sentarse cerca – ¿Archie, conoces la historia de la adopción de Annie?

El hombre estaba confundido, no comprendía en lo más mínimo hacia dónde se dirigía Patty.

-No. Nunca se me ocurrió preguntarle – se encogió de hombros – quizás nunca me interesó.

-Pues yo te lo contaré – Patty se dio a la tarea de contar cada detalle. Le habló de sus ruegos a Candy para que no se fuera con los Britter, le habló sobre cómo hicieron un pacto para estar siempre juntas, le detalló la travesura de Candy para decepcionar a los Britter y finalmente, sus ojos se llenaron de cólera cuando llegó a la parte de la historia en que los Britter posaron su interés en Annie, en la forma tan presta en que ella olvidó todo su pacto con Candy y se fue sin mirar atrás. Remató su enojo con la despiadada carta que había escrito a Candy pidiéndole que no le escribiera más.

Archie no supo qué decir. Había sido egoísta y despiadada; sin embargo, de no haber sido por eso, Candy jamás habría sido adoptada por el tío William.

-No des más vueltas al asunto. No te he contado esta historia para que veas sus consecuencias, sino el hecho en sí mismo – Patty sonó justiciera –. La realidad es que Annie era fría y muy calculadora, manipuló a Candy siempre a su antojo para obtener lo que ella deseaba, incluso a ti.

Fue hasta este momento que Patty tuvo la total atención de Archie. La miró con interés a los ojos.

-¿De qué estás hablando?

-Archie… conozco tu secreto

-¿Mi secreto?

-Sí – ella sonrió cariñosa – sé que amaste a Candy desde que la conociste hasta el momento en que te casaste con Annie.

-Patty…

-No Archie, no sé más que eso. No sé si la sigues amando; por lo que he visto esta tarde, creo que sí.

El hombre de negocios se movió incómodo en el sillón, se aflojó el nudo de su corbata y se recargó en el respaldo con la mirada fija en la lámpara que colgaba del techo. No dijo nada…

-Archie, Annie fue egoísta con Candy y contigo. Te quería a su lado. Hizo todo lo que estuvo a su alcance para atraparte – en este punto Patty guardó silencio y las lágrimas de remordimiento comenzaron a correr por sus mejillas, Archie no comprendía nada –. Oh, Archie. Lo siento, perdóname. Yo lo supe desde esa tarde que leí el diario y no te dije nada.

-Patty, no llores, no es importante ahora; en realidad, yo siempre he sabido del egoísmo de Annie.

-No Archie, no has comprendido… hay algo más… yo pude haber evitado que cayeras en ese estado de rebelde depresión que todos conocemos; conmigo no tienes que hacerte el tonto, sabes de qué estoy hablando… si tan solo… si tan solo te hubiese revelado lo que leí… lo que leí en las páginas previas a tu compromiso.

Archie de pronto tuvo miedo. En los ojos de Patty se reflejaba una verdadera agonía. No estaba seguro de querer escuchar más de las confesiones de Patricia. El neandertal dentro de él se puso alerta, sus instintos se agudizaron.

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De mi escritorio: De nuevo agradeciendo sus bellos comentarios. No tengo más palabras para demostrar cuán feliz me siento de compartir con ustedes esta idea.

Luz: Mil gracias por tu tan acertado comentario del capítulo 3. Fíjate que ya hace tiempo que he querido componer el detalle que me has dicho, pero sucede que FF te permite hacer correcciones solo por un tiempo, después el capítulo se queda tal como lo publicaste y yo me di cuenta de mi error cuando ya había pasado el tiempo de repararlo; es decir, el tiempo en que aún puedes editarlo. Se me pasó por aquello de que no vengo muy seguido por estos lares. Es una pena que se quede así, porque pues tampoco puedo anexarle una FE DE ERRATAS Nuevamente, muchísimas gracias, ojalá alguien me hubiese brindado la ayuda que me brindaste hoy cuando aún era tiempo de cambiarlo; lo malo fue que me di cuenta por mi misma después de mucho tiempo. Un abrazo.

Malinalli. Torreón, Coa., 13 Mayo 2017.