INFERNUM. REDEMTIONIS.

Los personajes de Candy Candy son propiedad de Mizuki e Igarashi, TOEI Animation, Tokio 1976, usados en este fic sin fines de lucro.

Capítulo 11

Plataforma

Archie no podía creer que su padre lo hubiese convencido de explorar el mundo de las plataformas petroleras. Estaba sudando frío, tenía los puños apretados y la mirada perdida en algún lugar del mar. Allá, a unos cuántos minutos de viaje en helicóptero, estaba una de las plataformas marinas de su familia. Había accedido a ser el representante legal por lo menos, de forma interina tras el retiro de su padre. La plataforma la tenía rentada – como varias otras – durante este año y el contrato estaba ya por expirar. Archie escuchaba la hélice y respiraba profundo, esforzándose por esconder el temor que se cernía sobre él al compás de las fuertes revoluciones.

Paul le sonrió con condescendencia. Estaba también sorprendido. Su jefe tenía una bella, cómoda y envidiable oficina en uno de los consorcios más lucrativos del mundo, y ahora, mirarlo frente a él, con ese horrible uniforme naranja que por cierto, había mirado con fastidio, le causaba cierta depresión. Le apoyaría en esta locura, seguirían con el plan: durante los primeros meses visitarían las diferentes plataformas en el Golfo de México y los diferentes pozos en Arabia y, si al terminar la odisea, en algún momento, por breve que este fuera, identificaba en su amigo ese gesto de fastidio que hasta el momento no lo había abandonado, entonces, lo convencería de buscar un buen jefe de operaciones para que él se hiciera cargo.

Archivald sintió alivio cuando divisó el helipuerto de la plataforma marina que aparecía delante de sus ojos en el horizonte. Había averiguado que era una plataforma que extraía a una profundidad de más de dos mil metros. El alivio de Archie se convirtió en júbilo cuando escuchó el entusiasmo de algunos trabajadores que se dirigían con prisa hacia la barda de seguridad que rodeaba la plataforma. La plataforma se elevaba por los veinte metros del nivel del mar y justo en este momento, estaba llegando una embarcación que transportaba al nuevo equipo que relevaría al equipo que había estado trabajando hasta el momento. Permanecerían en mar abierto por cuatro semanas.

La piel de Archie se erizó y sus ojos se abrieron como plato cuando escuchó el pesado ruido de una grúa moviéndose sobre su cabeza a gran altura. Del brazo de la grúa estaba suspendida una superficie redonda, como un gran salvavidas en forma de dona, en cuyo centro se apreciaba una red vertical entretejida en forma de cono invertido. El operador de la grúa maniobró de tal forma, que ese enorme péndulo quedó colocado sobre la plataforma, a unos cuántos pasos de Archie. Se preguntó qué sería aquello y la respuesta vino de inmediato cuando un grupo de ocho hombres se acercaron y rodearon entusiasmados el extraño artefacto. Adivinó que se colocarían de pie sobre esa gran dona, equilibrando su peso y sujetándose únicamente de la red vertical al centro. En los ojos de ese grupo de machos alfa había entusiasmo sí, sin embargo, había temor también.

Cuando todos estuvieron listos, el péndulo se elevó con cuidado con su valiosa carga aproximadamente tres metros sobre la plataforma, eso significaba, más de veinte metros sobre el nivel del mar; el viento hizo lo suyo y el péndulo osciló ante los gritos emocionados de todos los que miraban el espectáculo. Archie sintió que vomitaría con solo contemplar la arriesgada maniobra, al parecer los colores abandonaron su rostro porque un hombre regordete se acercó con la sonrisa de oreja a oreja.

-Le llamamos "la viuda" – dijo sin reparos – es humor negro. Algunos han caído y han muerto – los ojos del hombre no perdieron de vista la natural oscilación del peso de la grúa – es la forma de bajar y subir de la plataforma hacia los botes que nos llevan a tierra.

-Precisamente me preguntaba por algún accidente fatal – apenas pudo decir Archie. Decidió que no quería seguir ahí, así que dio una muda orden a Paul para dirigirse hacia el cuarto de control en busca del jefe en turno.

Al llegar al cuarto de control se encontró con un mundo totalmente diferente. El mismo gesto de fastidio que Paul había visto al llegar se repetía. Aquélla era una guarida de machos alfa. La testosterona impregnaba el ambiente.

Paul deseó estar en las oficinas del consorcio, con lindas ejecutivas vestidas con faldas a la rodilla, zapatos de tacón y perfumes caros. Vio a Archie secarse la frente con su pañuelo y no era para menos, el ambiente, obviamente, tenía una extrema humedad y se reflejaba en el cuerpo sudoroso de todos los que estaban ahí.

-Creo que vamos a abortar la misión, Paul – murmuró Archie – no necesito más para decidirme por un CEO*.

-Me parece que has tomado la mejor decisión – para Paul no fue una sorpresa.

Archie sabía exactamente lo que quería y lo que no quería, él no necesitaba averiguar más nada sobre si le gustaría o no estar en ese ambiente, simplemente Archivald Cornwell no encajaba en ese mundo. Lo suyo eran las camisas de seda y los trajes de Armani. No ese horrible sobretodo naranja. La ingeniería petroquímica es fascinante, pero simplemente no era para Archie.

Por fin localizaron al jefe de operaciones, que hablaba con mil personas al mismo tiempo, dando órdenes, haciendo averiguaciones, yendo de un lado a otro verificando los tableros de control, las hojas de verificación y las gráficas de operación. Cuando por fin tuvo tiempo, lo miró exhausto, suspiró profundo y con una sonrisa de bienvenida caminó hacia él, extendiéndole la mano mientras aun caminaba para acercarse. A Archie le agradó, le dio la impresión de que este hombre no tenía tiempo que perder.

Este era un hombre moreno, de estatura media, con voz de mando, con mirada fuerte y penetrante. Apretó la mano de Archie con firmeza y mirándolo a los ojos.

-Bienvenido, Señor Cornwell – dijo mientras le señalaba el camino hacia su privado.

-Archie, por favor – incluso Archie se sorprendió por sentirse tan cómodo ante este hombre. Se movía con confianza, con paso firme. Archie adivinó que por su edad al menos debía tener unos veinte años de experiencia.

-De acuerdo, Archie. Entonces, te pediré que me llames Alberto.

-¿Alberto? – repitió Archie esforzándose por demostrar su dominio del idioma español.

-En realidad mi nombre es Luis Alberto, pero siempre me han llamado Alberto – respondió el ingeniero con sencillez.

Archie siguió al jefe de operaciones hasta su pequeña oficina. Lo primero que le llamó la atención fue una fotografía de Alberto recibiendo una medalla de oro. Leyó las letras pequeñas y descubrió que su anfitrión era un gran corredor, velocista.

-Bah… nada de importancia – Alberto interrumpió los pensamientos de Archie – fue hace mil años, cuando aún era universitario en México.

El escritorio de Alberto era pulcro. Aunque había muchos papeles, se notaba a simple vista que estaban estratégicamente acomodados, en espera de alguna revisión o de ser archivados. Alberto encendió su laptop y movió algunas cosas mientras que Archie hacía lo propio también. Resopló resignado antes de ir al grano: por supuesto, el estado financiero de la plataforma, su capacidad de producción y su factibilidad de inversión.

De la reunión, Archie comprendió que su padre tenía razón: La industria petrolera aún tiene futuro y es bastante lucrativa. Las proyecciones a futuro del yacimiento del que estaba extrayendo esta plataforma aún daría bastante rendimiento. Seguro que Patty y Candy estarían sorprendidas cuando recibieran el primer informe. La compañía de Alberto estaba por demás interesada en la renovación del contrato por al menos otros tres años. Tomando en cuenta que la renta de la plataforma es de veintisiete mil dólares por hora, el negocio es bastante lucrativo.

Archie podía adivinar la cantidad de clínicas para los favorecidos que Candice se empeñaría en fundar, o en las Casas Hogar que seguramente nacerían en Chicago y sus alrededores.

-Creo que ahora puedo entender por qué tomaste a Candy en cuenta en tu testamento, hermano: Deseabas seguir velando por los demás aún muerto.

El recuerdo de su hermano mayor lo llenó de nostalgia por un momento. Le pareció que su padre tenía razón: Stear habría sobresalido en el mundo de la ingeniería petroquímica.

Ojalá Stear pudiese estar aquí de nuevo para estar al frente. Seguro que él sí disfrutaría este ambiente. Se sentiría como pez en el agua.

Esa noche Archie se sentó en la mesa de Alberto a la hora de la cena. Tenía que aceptar que estaba gratamente sorprendido con el bufet del comedor, digno de cualquier restaurante de cinco estrellas. Había toda clase de cortes, ensaladas, postres, cremas y sopas.

Su anfitrión era un hombre de una charla muy amena y divertida sin caer en lo grotesco. Más de una ocasión Archie estuvo a punto de carcajearse, de verdad se sentía más que cómodo con este hombre. Nunca había tenido la oportunidad de entablar semejante conversación informal con un ingeniero; los rumores eran ciertos: Estos profesionistas son una extraña mezcla de profesionalismo, seriedad, estrés y diversión. Muy raros en verdad. La mayoría contagiaba su entusiasmo por estar en esa plataforma, tanto, que Archie olvidó que estaba aislado del mundo que conocía.

Había en la plataforma una población femenina muy pequeña, Archie y Paul solo se había topado con tres de ellas, una ingeniera de turno, una analista de laboratorio y una ingeniera de cementación que en realidad estaba trabajando como contratista. Solo tres entre una población de más de cien machos, uno que otro con ojos de desear saltar sobre ellas.

Archie tuvo la idea de que ellas compartirían la mesa, sin embargo no fue así. Cada una se sentó en la mesa de su equipo de trabajo. Archie notó que sus compañeros de equipo tenían poses de protección hacia ellas, las trataban como hermanas o algo por el estilo.

Muy cerca de Archie estaba un hombre que le miraba de vez en cuando con tal disimulo que su vigilancia pasó desapercibida para todo el mundo. Nadie percibió las furtivas miradas con las que estudiaba cada uno de los movimientos de Cornwell. Permaneció en el comedor tanto tiempo como Archie y Paul, tan pronto notó su intención de despedirse, se adelantó para salir también. En cuanto Archie y Paul comenzaron a deslizarse por los estrechos pasillos hacia el dormitorio él los siguió con sumo cuidado de no ser descubierto.

-Paul, creo que necesito algo de aire, esto está tan encerrado que siento que me ahogo – Archie no mentía, bajó ligeramente el cierre del sobretodo naranja y resopló – me da la impresión de que estoy en un submarino con estos espacios tan diminutos.

-Vamos, Archie, me pasa lo mismo, tomemos un poco de aire – los amigos se dirigieron a la cubierta principal.

La vista era simplemente hermosa. Desde la plataforma podía distinguirse la costa. La plataforma estaba frente a Florida y las luces de los edificios a lo lejos parecían saludar a los amigos. Arriba, las estrellas titilaban como en una fiesta de luciérnagas lejanas, inalcanzables y radiantes.

-Hacía mucho tiempo que no contemplaba un espectáculo tan bello – dijo Paul, ensimismado por la maravillosa calma y el espectáculo que los rodeaba.

Archie no hizo comentario alguno. En realidad, sus pensamientos no estaban precisamente en la belleza del paisaje sino en cierta rubia que extrañaba a morir. En lo único que podía pensar era en la necesidad de volver a verla, de mirarse en sus ojos, de oler su pelo, de beber su aliento…

Paul decidió guardar silencio, sabía que su jefe no conversaría con él en este momento. El romper de la corriente marina contra las patas de la plataforma producía un sonido tranquilizante que contrastaba con el ajetreo de las actividades en la plataforma.

-Me parece haber entendido que mañana van a detener el bombeo de petróleo. Van a perforar a mayor profundidad. Alberto recibió ya los permisos y no quiere esperar un día más – Archie se encogió de hombros, en realidad no tenía conocimiento alguno de operaciones petroleras así que no estaba para nada interesado. Él solo tenía en la mira comprender los estados financieros y ver si los recursos se estaban aprovechando al máximo. De hecho, lo único que le pertenecía era la plataforma, no el crudo extraído. Los pozos petroleros de su familia estaban muy lejos, allá en la Península Arábiga.

El hombre que les había seguido se acercó a ellos sin saludar. Simulando estar también mirando el mar, aunque totalmente atento a cada palabra en la conversación entre Archie y Paul.

-Creo que podremos marcharnos mañana mismo, Paul – no había entusiasmo alguno, más bien era el claro deseo de salir de ahí.

-Me parece que esta tarde hemos aprovechado bastante el tiempo, si hacemos lo mismo mañana, seguramente podremos llamar George para que nos envíe el helicóptero por la noche.

-Veré que todo esté listo, Archie.

-Gracias, Paul – respondió sin entusiasmo. Había algo dentro de sí que prácticamente le exigía que saliera de aquel lugar, no se sentía bien.

-Quizás lo mejor será que vayamos a descansar para aprovechar el día.

-Tienes razón.

Los amigos dejaron la cubierta en dirección a los dormitorios que les habían sido asignados, mientras que el hombre que los había escuchado se aferraba con fuerza a la baranda de protección.

-Entonces, no hay alternativa, debo actuar rápido. Mañana será – dijo con sus ojos encendidos y su rostro sumamente serio mientras miraba alejarse a los dos ejecutivos.

A la mañana siguiente Archie despertó con una extraña sensación. No le era fácil el ambiente. Ya había pasado más de un mes yendo de una a otra plataforma, sin embargo, esta era diferente, estaba extrayendo a una gran profundidad; Archie no podía olvidar que su hermano había caído al mar, quizás estaba desarrollando una nueva fobia.

Después de un reconfortante baño Archie estaba listo para comenzar el nuevo día; debía esforzarse para poder salir lo más pronto posible. En el comedor se enteró que Alberto tenía mucho trabajo porque estaban incrementando la profundidad del pozo. Pronto el equipo de excavación terminaría su trabajo y entonces, empezaría el equipo de cementación con las maniobras…

-Pues Alberto no podrá atendernos hoy, sin embargo, su segundo al mando será quien nos atienda – la voz de Paul era calculadora – esperemos que los informes estén listos.

-No perdamos tiempo, Paul – Archie continuaría con su plan.

Durante la comida Alberto tampoco se apareció por el comedor. Archie estaba consciente del continuo ajetreo que había prevalecido ese día. Un grupo de ingenieros europeos había hecho estudios geológicos y habían liberado muy temprano esa mañana la excavación, los lodos del pozo eran estables y pronto la cementación a cargo de una famosa compañía estadounidense estaría lista. En unas cuántas horas más comenzarían con la extracción. Archie esperaba poder despedirse de Alberto; seguramente antes de que el helicóptero los recogiera él ya estaría más tranquilo, al menos esa era lo que le habían dicho.

Todo estaba saliendo bien. Antes de las seis de la tarde se dio la orden de comenzar con la extracción de petróleo. Habían transcurrido tan solo alrededor de veinte minutos cuando el flujo de petróleo comenzó a sobrepasar el esperado, contrario a la algarabía que Archie suponía que vendría como consecuencia notó preocupación en el rostro de Alberto.

-Alberto – una voz femenina irrumpió en el cuarto de control, en donde Archie se despedía de sus anfitriones – tengo los análisis de la cementación de la última media hora:

La ingeniera, que, aunque era bastante joven, tenía fuerza en su voz y en su mirada, se veía nerviosa:

-La cementación no estaba lista para el arranque, necesitaba más tiempo de secado.

-¡Eso no es posible! ¡Yo mismo vi los reportes antes de dar la orden de iniciar la extracción!

-¿Dónde está ese reporte? – ella preguntó interesada, deseaba comparar los resultados.

Alberto se dirigió hacia el tablero de control pero no encontró el documento que buscaba. Esos documentos eran impresos desde el sistema de monitoreo, sin necesidad de alguna firma, pues era garantía que solo tenían acceso al sistema el personal responsable.

-¿Estás segura de lo que dices? – ya los ojos del jefe de operación de la plataforma empezaban a denotar pánico.

-¡Por supuesto que estoy segura! El cemento no está listo.

-¡Alberto, el flujo de petróleo! – el operador del tablero señaló hacia el indicador que comenzaba a parpadear en rojo.

El flujo se incrementaba de manera exponencial, de pronto la presión debida a la expulsión de petróleo ocasionó que la plataforma comenzara a temblar. Archie perdió el equilibrio y se sujetó de una pesada mesa.

-¡Archie, Paul, olvídense del protocolo y alcancen ahora mismo el helicóptero que los está esperando!

-¡¿Pero qué es lo que está pasando?!

-Es una situación peligrosa, aún podemos controlarla, pero puede ocurrir un desastre. Ustedes en nada pueden ayudarnos, lo mejor es que abandonen la plataforma – fue lo que respondió antes de que su lenguaje corporal indicara que eso sería todo lo que diría al respecto porque debía concentrarse en controlar la situación.

Pese a la situación, Archie no se movió. No podía simplemente salir corriendo incluso si únicamente miraba a los operadores en sus propias tareas tratando de contribuir. Por la ventana del cuarto de control podía distinguirse el abundante flujo de petróleo escupido por el pozo que comenzaba a contaminar el mar. Una mancha negra empezaba a desplazar el hermoso azul de solo esta mañana.

-Archie, debemos irnos – le urgió Paul.

-¡No es ético! ¡No es ético! – respondió - ¡No los abandonaremos!

-¡Cierren la BOP*! – escuchó fuerza y mando en la voz de Alberto hacia un operador situado al fondo del cuarto de control cuyas manos movía presurosas sobre su tablero.

-Jefe, lo he intentado desde hace algunos segundos, pero no responde. Tendremos que cerrar la válvula manualmente. El sistema automático de la BOP está desconectado.

-¡Eso no es imposible! El sistema se verificó antes del arranque.

El rostro del operador palideció, eso solo significaba que había sido desconectado intencionalmente poco después de su verificación.

Alberto tomó su radio y dio la orden a algún operador fuera del cuarto de control. Allá todo era un caos, algunos operadores se habían resbalado y estaban seriamente golpeados, otros habían sido impulsados por el chorro del petróleo y otros estaban listos para continuar con sus maniobras de contingencia. Mientras que no hubiese fuego, la situación aún no era crítica.

La BOP estaba relativamente cerca del cuarto de control. El ingeniero jefe de seguridad tomó una enorme herramienta en sus manos y comenzó valientemente a dirigirse hacia la salida.

-Necesitaré una mano y aquí todas están ocupadas – le dijo a Archie – dicen que usted es un atleta. Ahora es el momento de usar esos músculos como un hombre de verdad – le sonrió con desafío.

Archie no lo dudó y lo siguió. Era un hombre bastante joven, alto y fornido, parecía un centinela.

Paul los siguió, no tenía pensado ni por un segundo perder de vista a su jefe.

-Yo podría esta en una hermosa oficina, con una taza caliente de café, mirando la sexy silueta de mi secretaria – se quejó por enésima ocasión en el día – en cambio, estoy aquí, caminando entre petróleo, vestido de reo, siguiendo a un tipo que parece Arnold Schwarzenegger y huele a sudor.

La plataforma se sacudió de nuevo y los tres hombres fueron lanzados hacia la pared del estrecho corredor.

-Será mejor que nos apresuremos, esto puede estallar, estamos dentro de una bomba.

-De acuerdo –.

Pronto llegaron hasta la válvula bajo una lluvia de petróleo, cuando Archie la vio se dio cuenta de que la enorme herramienta que habían traído no era sino para romper un cristal del que obtendrían una fuerte palanca de acero. Entrecerró sus ojos para evitar que el petróleo los dañara porque el flujo era tal que los lentes de seguridad parecían no ser suficiente; vio entonces la silueta de "Arnold" introducir con prisa y con habilidad la palanca en la cabeza de la válvula.

-¡Giren con fuerza!

Con un gran esfuerzo de los tres hombres la cabeza de la válvula cedió. A medida que giraban con la palanca la lluvia iba desapareciendo hasta que solo quedó el fuerte y desagradable olor del petróleo.

No se atrevieron a decir palabra alguna por temor a tragarse el petróleo que estaba sobre sus rostros.

Archie y Paul estaban jubilosos de haber terminado con semejante condición insegura, sin embargo, el ingeniero detuvo su festejo:

-Esperemos que la cementación del pozo no ceda – dijo después de limpiar su cara con un viejo lienzo.

Archie y Paul buscaron sus propios pañuelos para limpiarse la cara mientras volvían sobre sus pasos.

-Ya hicieron más de lo que debían, será mejor que se vayan, la situación es realmente peligrosa, voy a evacuar la plataforma.

En unos pocos minutos, los operadores eran evacuados en seguros salvavidas cerrados, alejándose de la mancha de petróleo que parecía no dejaría de extenderse. Era un espectáculo realmente triste. El ecosistema estaba seriamente dañado. Lo único afortunado era que hasta el momento no se reportaban pérdida de vidas humanas. Las embarcaciones de rescate se acercaron tanto como les fue posible.

Ya los noticieros nocturnos estaban dando cuenta de la tragedia ecológica. Candice no podía creer lo que estaba sucediendo. Se había esforzado por comunicarse con Archie desde su oficina en la compañía minera, aunque claro, estando él en altamar sin teléfono satelital, era obvio que no le respondiera. Trató de ser fuerte por Archie; seguramente estaría enojado, o quizás sufriendo. No quería pensar en la indignación tan grande que Albert debería estar experimentando en este momento, él siempre estaba tratando de salvar al mundo y de pronto, su único sobrino se veía inmiscuido en el vórtice de semejante derrame de petróleo. Aunque las imágenes televisivas se enfocaban en el derrame, Candice no pasaba desapercibida las insinuaciones de los expertos del peligro latente que reinaba en la plataforma. Se reportaba que Alberto -el jefe de operaciones- y un grupo de voluntarios no habían abandonado la plataforma para estabilizarla; Candice casi podía jurar que Archie era uno de esos voluntarios.

-¡Vamos, Archie, sal de ahí! -repetía una y otra vez murmurando al viento – no hay nada que tú puedas hacer, vamos, sal de ahí amor – Candy apretaba sus puños y sus dientes mientras esperaba ver una imagen de su prometido a salvo.

La médico se sobresaltó cuando su teléfono celular comenzó a sonar. Era Albert.

-¡Albert!

-¡Candice!

-¡Oh, Albert, por favor, dime algo que me ayude, tú siempre lo logras! – había súplica en la voz atravesando el Atlántico.

-Tranquilízate, Candice, la situación está ya bajo control. No hay más peligro. Todos los gaseoductos se cerraron a tiempo y también se detuvo a tiempo el flujo de petróleo. La plataforma es segura.

-¿Cómo lo sabes?

-Archie me ha llamado.

-¿A ti? – ella se sintió decepcionada.

-Candy – él supo que ella merecía una explicación – solo pueden hacer una llamada, como comprenderás, la línea a la plataforma está saturada y Archie necesita el helicóptero para volver a tierra. Quiere salir ya de la plataforma pero los helicópteros rescatistas están sobrepasados con el rescate de los salvavidas, pensó que podríamos ayudar en la evacuación.

-Entiendo. ¿Entonces, enviarás por él pronto, verdad Albert? – por primera vez Candice permitió que el estrés tomara forma en forma de lágrimas.

-De hecho, el helicóptero debe estar ya en camino, llamé a George antes de llamarte.

-¡Gracias, Albert! ¡Gracias por llamarme!

-Archie me pidió que te dijera que está bien y… - Albert respiró profundo antes de continuar – que te ama mucho.

Candice se ruborizó como una colegiala. Se quedó sin habla, no se imaginaba al gran William Albert Andrew en su papel de Celestina, sin embargo, ahí estaba esa voz familiar, esa misma voz que siempre encontraba la manera de reconfortarla, una vez más, para ella y solo para ella. No importaba cuán ocupado estuviese, él encontraría la forma de que ella estuviera bien.

-¿Candy, sigues ahí? – Albert imaginó el estado de esta mujer. Era verdad que no era una niña, pero para él seguía siendo la misma niña llorona de la colina de Pony, aunque tuviese treinta cuatro años. ¿Sería acaso porque sólo con él ella se permitía dejar a un lado a la médico triunfadora para volver a ser solo Candy?

-Sí, Albert, aquí estoy – respondió con un nudo en la garganta.

-Me preguntaba si quieres que envíe la avioneta por ti. Supongo que querrás estar con Archie.

-¡Por supuesto!

-Entonces ve a la pista de aterrizaje, te está esperando. La envié en cuanto me enteré, hace más de un par de horas ya. El capitán tiene órdenes de llevarte al aeropuerto de Chicago, ahí te está esperando el jet de la familia para que vueles a Florida. Patty estará esperándote en Miami Beach, en el mismo hotel en que se hospedó Archie. Las reservaciones están listas.

-¿Patty estará ahí?

-Me llamó para preguntarme el nombre del hotel en que Archie se hospeda. Dijo que es su hermanito y que quería asegurarse de que estuviera bien. Debo despedirme, Candy, necesito dar seguimiento al rescate.

-Por supuesto, Albert. Gracias de nuevo.

Albert averiguó que Archie finalmente había sido rescatado. El hotel tenía un helipuerto, así que Archie y Paul habían sido trasladados con seguridad y eficiencia. El médico ya los había revisado y estaban en perfecto estado de salud.

Estaba seguro de que su sobrino querría bañarse al menos unas cinco o diez veces antes de ir a la cama, así que decidió darle su espacio y llamarlo unas horas después. Sólo le dejó un mensaje de solidaridad explicándole su plan de llamarlo al día siguiente. Archie suspiró agradecido, su tío siempre lograba compenetrarse con los demás aun en las situaciones más críticas. Había dado en el blanco, Archie no deseaba hablar con nadie, quería descansar y pensar en ella… en sus bellos ojos, en su nívea piel… en sus húmedos besos, en ella y nada más.

El hombre se desnudó y se metió a la regadera. Tal como su tío lo había vaticinado, lavó su pelo y su cuerpo muchas veces, y no obstante su dedicación en su tarea, a Archie le parecía que el olor a petróleo formaría parte de su cuerpo para toda la vida; estuvo bajo la regadera por cerca de una hora, dejando que el agua caliente viajara por cada uno de sus muslos para relajarlo. Fue entonces que decidió llenar el jacuzzi de su habitación; quería relajarse.

Se introdujo lentamente disfrutando de la fiesta de la corriente de aire que masajeaba su cuerpo; colocó su cabeza recargada en una inmaculada toalla blanca mientras cerraba sus ojos. Ciertamente, hablaría con su padre, la decisión estaba tomada: No estaría al frente de la compañía, debían esforzase por buscar un buen CEO, pero era un hecho que él no volvería a poner un pie en ningún pozo petrolero, ya fuera terrestre o marino, nadie lo arrastraría ahí jamás. La temperatura caliente y el hidromasaje lograron su objetivo, Archie se sintió renacido y relajado. Hizo su rutina nocturna -porque él podría estar muy cansado, pero jamás dejaría pasar su rutina de cuidado personal- y luego fue la cama completamente desnudo, con su pensamiento concentrado y su cuerpo añorando cierto cuerpo femenino.

En la habitación de otro lujoso hotel de Miami Beach, Neal Legan se paseaba desesperadamente de uno a otro lado de la habitación. Estaba muy interesado en la noticia del derrame y había tratado de no perderse un solo detalle desde que la transmisión había comenzado. Era casi la media noche cuando finalmente las muchas llamadas que había estado haciendo tuvieron respuesta:

-Legan – respondió en tono seco, con el aliento alcohólico.

-Señor Legan, estoy reportándome. Me encuentro en el lobby.

-Sube – en la voz había amenaza, una amenaza cargada de odio y frustración.

El nombre de este hombre era James. Era un ingeniero de turno en la plataforma. Era el mismo hombre que había estado siguiendo tan cerca los pasos de Archie y Paul. Subió hasta la habitación de Legan temiendo que pudiese cumplir con las amenazas hacia él y hacia su familia.

-¡Eres un grandísimo tonto! – reclamó –. Me aseguraste que la plataforma pasaría a la historia con una explosión pocas veces vista.

-Señor, hice las cosas tal como se planearon, pero su primo jugó al héroe.

-Dijiste que el derrame sería superior a cualquier otro, dijiste que la válvula no podría cerrarse y que la explosión sería un hecho.

-Desactivé el control automático de la BOP, jamás imaginé que alguien tuviese las agallas para atreverse a cerrarla manualmente en medio de una lluvia de petróleo y con el peligro latente de explosión – explicó casi desesperado.

-Me aseguraste que la cementación del pozo no resistiría y que aquello sería como una enorme coladera.

-¡Y así habría sido! Yo mismo alteré las mediciones de resistencia del cemento para que se diera la orden de operación antes de tiempo. Cuando su primo cerró la válvula, detuvo el paso del flujo a través del pozo.

-No ha sido suficiente daño, mi primo debió haber terminado en la cárcel de por vida.

-Él irá a la cárcel.

-Pero no será nada que una buena fianza no logre liberar.

-Se equivoca – dijo James – falsifiqué los permisos de exploración profunda que llegaron al cuarto de control. No habían sido autorizados todavía por la comisión ambiental – después de unos segundos ambos hombres sonrieron con malicioso triunfo.

-Parece que solo falta esperar a que la justicia haga lo suyo. Veamos cómo se dirigen las investigaciones; quizás debamos ayudar un poco – Neal se dirigió a la vinatera sin abandonar su sonrisa retorcida para servirse otra copa de whisky y brindar por su primo mientras que James se secaba el sudor de su frente.

Por otra parte, el sueño de Archie fue placentero como nunca. Se desconectó de los terribles acontecimientos del día hasta que la claridad del nuevo amanecer comenzó a molestarle. Un aroma femenino familiar invadía su cama y se metía hasta sus más profundos deseos, reconoció la calidez que lo hacía sentir completo y la abrazó con infinita ternura. Se sintió el hombre más feliz del mundo. Imaginó todo lo que tuvo que hacer para estar con él en esa mañana, todo lo que tuvo que recorrer, las cosas que tuvo que decirle al administrador del hotel para que la dejara entrar, sobre todo después de que él había pedido no ser molestado, la imaginó desnudándose seductoramente y finalmente sonreír con resignación al verlo descansar. Él deseaba despertarla y agradecerle de la mejor manera que conocía que estuviera con él. Quería retirarle la sábana y disfrutar de su desnudez recorriéndola con húmedos besos por cada centímetro. La despertaría mordisqueando ese par de botones rosas que lo enloquecían, resoplando en su oreja, separando delicadamente sus piernas para saborear el excitante botón que la estremecía hasta que ella gritara su nombre.

Buscó su teléfono para ver la hora: Las ocho de la mañana. Antes de despertarla decidió averiguar la hora de su llegada.

-Su prometida llegó poco después de la media noche – Archie sonrió con picardía. Ella había dormido suficiente.

Sus manos varoniles y sus seductores labios comenzaron la más erótica tarea.

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Glosario:

BOP: Blowout Preventer. Es una válvula que ayuda a prevenir el derrame de petróleo durante la extracción. Puede cerrarse remotamente o por vía manual.

Malinalli. Torreón, Coa., 26 de noviembre de 2017.