INFERNUM. REDEMTIONIS.
Los personajes de Candy Candy son propiedad de Mizuki e Igarashi, TOEI Animation, Tokio 1976, usados en este fic sin fines de lucro.
Este capítulo está dirigido al lector adulto. Contiene escenas que pueden lastimar el pudor. Si estas escenas no te gustan, por favor, no lo leas.
Capítulo 12
Miedo
Candice se turbó ligeramente mientras la atrevida lengua de Archie iba directo al suave botón rosa entre sus piernas. Él podría ser muy romántico con ella, podría seducirla y prepararla lentamente para el amor, sin embargo, esta mañana él se sentía desesperado, quería amarla salvajemente, hasta de forma egoísta, quería poseerla con urgencia. Ella ahogó un grito placentero cuando él la exploró con profundidad y determinación, su cuerpo reaccionó de inmediato y él sintió la dureza de la femenina intimidad palpitando en su lengua mientras comenzaba a beberse los jugos provocados por su erótica tarea.
Él se sintió aquel neandertal con el que fantaseaba; ese mismo que en las novelas de Auel tan solo hacía una seña a su pareja para que esta, sin protesta, adoptara la pose requerida por el macho y le permitiera invadirla, tomarla, estrujarla sin protesta.
Candice simplemente lo enloquecía, adoraba que ella le permitiera satisfacerse en todas las formas posibles. Otro día él sería un perfecto caballero, como siempre, pero esta mañana no. Esta mañana deseaba desbordarse en ella con pasión… solo con instintos.
Ella enloqueció ante la urgencia de Archie, él la contagió, la llenó de deseo, se olvidó de todo preámbulo y respondió con la misma desesperación de su amante. Sintió sus dientes mordisquearla, percibió sus manos estrujándola casi hasta el dolor, se deleitó con su nombre escapándose apasionado, llamándola, exigiéndole, tomándola…
Su sensual encuentro duró tan solo unos minutos. Él se vació en ella con el corazón latiendo desenfrenado, con sus pupilas dilatadas, con sus labios hinchados, con su cabello despeinado, esforzándose porque sus cuerpos se fundieran en uno solo. Finalmente cayó rendido sobre los pechos duros que había besado, escuchando el corazón que adoraba, respirando agitado, aferrándose a ella con la misma desesperación con que la había amado. Al principio tuvo miedo de haberla asustado, pero luego recordó la urgencia con que ella había respondido a sus demandas y se sintió aliviado.
Ella se concentró en acariciar su cabello. Ninguno de los dos rompió el silencio. No eran necesarias las palabras. Ambos meditaban en sus sentimientos, en sus deseos, en su necesidad de fundirse en uno solo, en el placer de satisfacer sus cuerpos.
Permanecieron así por un largo momento, hasta que el impertinente sonido del teléfono replicó estruendoso por la recámara.
Archie no hizo el menor esfuerzo por responder la llamada. Adoraba la desnudez de Candy, adoraba estar sobre ella, amaba llenarse de ella y nada lo distraería de su momento favorito. El teléfono no dejó de sonar. Después de varios repliques, por fin Archie se dignó a averiguar quién lo llamaba, sospechaba que sería su tío, porque él tenía mucho talento para ser inoportuno, sin embargo, se relajó cuando vio en su teléfono la fotografía de Patricia.
-Patty – dijo Archie a modo de saludo.
-Espero que le hayamos dado tiempo suficiente a los tortolitos – dijo una voz con picardía – ahora es tiempo de que Paul y yo te hablemos de cosas serias, Archie. Levántense, los estamos esperando.
-Dile a Paul que ordene desayuno en mi habitación, aquí hablamos – Archie estaba perezoso, no tenía intenciones de correr con su rutina de higiene y cuidado personal. El jamás saldría desaliñado por nada del mundo.
-De ninguna manera, hay cosas que necesitas saber y estar en bata en tu recámara no es la mejor manera para que te concentres – demandó Patricia.
-Pero Patricia – protestó Archie.
-Vengan al comedor, no se tarden.
-Candice aún está dormida – advirtió, mientras que ella sonreía con complicidad.
-Ustedes dos son tal para cual: Antes muertos que dejar de dormir más de ocho horas al día – Patty fingió estar indignada –; bajen ahora mismo porque tendremos un día muy ajetreado.
Patty colgó el teléfono antes de que Archie pudiese argumentar un nuevo motivo para no abandonar su cama. Candice sonrió mientras se envolvía en la sábana para dirigirse al baño y ducharse. Él logró alcanzarla para despojarla de la sábana; adoraba verla desnuda, era un espectáculo que no estaba dispuesto a perderse ni siquiera por la prisa con que debían prepararse para salir.
Esta vez, en la ducha la besó con delicadeza, con adoración total, ciñó su cuerpo desnudo envolviéndola en sus brazos, deseando que el tiempo fuese su aliado para continuar reflejándose en las pupilas que bailoteaban brillando devolviendo su reflejo.
En poco tiempo entraban de la mano en el elegante restaurante principal del hotel. Era muy acogedor, situado en el último piso, sobre una gran plataforma giratoria que permitía a los comensales disfrutar de una vista de trescientos sesenta grados de la ciudad mientras disfrutaban sus alimentos.
Paul escudriñó su rostro a la distancia. Adivinó que su jefe no tenía ni la menor idea del grave asunto del que tenían que hablar. Se levantó caballerosamente para saludar a Candice y palmeó con confianza el hombro de Archie. Archie, sin embargo, no había perdido ni uno solo de los gestos de su asistente.
-¿Cómo amaneciste, Paul? – era una pregunta sincera. En los ojos de Archie se reflejaba la felicidad, su plenitud se escapaba por cada poro - ¿pudiste deshacerte del aroma a petróleo? – Archie retiró la silla a Candice sin dejar de sonreír –. Debo decirles que Paul ayer fue un héroe, no sé qué habría hecho sin él – dio un beso a Patty antes de sentarse.
Un sobrio y ceremonioso mesero trajo un servicio de café y se dispuso a servirlo a los recién llegados. Paul fue prudente y guardó silencio mientras el mesero hacía su trabajo, sin embargo, tan pronto se fue, Paul comenzó con los pormenores.
-Archie – dijo en tono solemne – la Comisión Ambiental está sobre nosotros. He recibido un citatorio para que te presentes a declarar esta misma tarde.
-¿Qué quieres decir con que está sobre nosotros? – Archie sorbió un poco de su café, el tono usado por su asistente y amigo no le había gustado en lo más mínimo.
-Según me informaron muy temprano esta mañana, la compañía no contaba con permisos de extracción profunda.
-¿Y yo qué tengo que ver con eso?
-Imagínate, la plataforma es tuya – Paul estaba preocupado. Archie sintió erizarse la piel detrás de su cuello.
-La estoy rentando, no la opero.
-Archie, es obvio que la responsabilidad del derrame no es de Cornwell Petro, estoy seguro de que al final todo se aclarará, sin embargo, el nombre de la compañía se ha visto realmente afectado y las pérdidas son millonarias; nuestras acciones están perdiendo valor en la bolsa de una manera impresionante a cada minuto. Si seguimos así, no soy capaz de decir en voz alta hasta dónde puede parar todo este desorden.
Archie no necesitó de mayores explicaciones. Como un hombre de negocios, sabía perfectamente a lo que se refería su amigo. Una de las cartas más fuertes de una compañía es su reputación y si se ve afectada, incluso por verdades a medias, el resultado puede ser catastrófico.
Frunció el ceño y se quedó serio. Paul conocía muy bien esta mirada, Archie estaba tomando decisiones importantes, ahí, frente a una taza de café, sintiendo la suave mano de Candice acariciar su pierna por debajo de la mesa.
-Candy – ella retiró de inmediato su mano creyendo que sería reprendida por imprudente, sin embargo, Archie solo quería hacerle una consulta -: ¿Tu posgrado en medicina del trabajo comprende la parte ambiental?
-Por supuesto, Archie – ella tuvo cuidado de ser clara con él, así que agregó –: Sin embargo, se limita al ambiente que rodea al trabajador; lo que conozco de ingeniería ambiental enfocada a la ecología es tan solo lo básico.
-¿Y conoces a algún ingeniero ambiental de confianza que pueda asesorarnos?
-Sí. Tuve clase de Ingeniería Ambiental como parte de mi formación, estoy segura de que mi maestro puede ayudarte. Es una autoridad en la materia.
-¿Qué estás pensando, Archie?
Archie ya no dijo más. Su mente estaba trabajando en la urgente necesidad de detener la baja de sus acciones. Necesitaba un equipo de trabajo fuerte. Archie sabía de leyes, sin embargo, necesitaba un asesor en leyes ambientales.
-Paul, ve que pueda presentarme a declarar lo más pronto posible. Explícale la situación a mi tío; en este momento confío más en el departamento de relaciones públicas del consorcio Andrew que en el de Cornwell Petro. Seguramente ellos podrán aconsejarnos cómo mejorar nuestra imagen porque conocen mi estilo de trabajo. Si esperamos hasta la tarde, ya habremos perdido mucho dinero, es necesario que nuestros clientes confíen en nosotros.
La eficiencia de Paul era algo inigualable. Antes del medio día, Archie ya estaba haciendo su declaración ante las autoridades. Esta era solo la primera parte. Las autoridades debían decidir si se abría o no un juicio contra Cornwell Petro, sin embargo, este proceso sería lento, aún quedaban muchas averiguaciones previas que podían tomar días, meses, incluso años.
Paul acompañaba a su jefe durante la declaración mientras que Patty y Candy estaban en la mansión O´Brien, preparando la cena; a decir verdad, ninguna de las dos era buena en la cocina, así que decidieron comprarla, pero por supuesto, eso sería un secreto.
-Candy – la voz de Patty venía del otro lado de la puerta de la recámara de visitas – me llamaron de la agencia, debo ir un par de horas, ¿quieres venir conmigo?
-Si no te molesta, prefiero descansar, Archie no debe tardar, me quedaré a esperarlo – respondió mientras abría la puerta para mirar a su amiga.
-Él y Paul ya deberían haber llegado. ¿Te ha llamado?
-No. Supongo que debe estar aun declarando, sé que esas sesiones pueden llegar a ser muy largas, si es necesario.
-Entiendo. ¿Entonces, no te importa quedarte sola por un rato? Siento no tener servidumbre – se disculpó –; Marietta tiene a su madre hospitalizada y yo no he querido contratar una sustituta, estoy contando con que vuelva pronto.
-No te preocupes, Patty. Estaré bien.
-Por supuesto… no sé por qué me preocupo por alguien tan fuerte e independiente como tú. Volveré lo más pronto posible.
En cuestión de un par de minutos Candice vio desde la ventana las rejas de seguridad cerrarse una vez que el auto de Patty salió.
Después de un par más de horas sin tener noticias de Archie, Candice se paseaba nerviosa de un lado a otro en las escaleras que daban al patio trasero de la mansión, ahí había una frondosa arboleda y no muy lejos, había un viejo kiosco terminado en un exquisito mármol; caminó hasta ahí con la idea de sentarse en sus bellas bancas. Había salido a tomar un poco de aire porque se sentía sofocada. Era un rumbo lujoso, con mansiones que poseían patios enormes, la mayoría de ellos con arboledas y piscinas, aunque sus vecinos más cercanos estaban al menos a un kilómetro.
El día era bello, casi nadie adivinaría el fuerte desastre ecológico que se esparcía con velocidad por las aguas del Golfo de México, amenazando principalmente la costa de Florida. El cielo azul se perdía en el cenit hasta donde ya los ojos no pueden mirar más. Candice no podía encontrar tranquilidad ni siquiera en la maravillosa visión frente a ella. Suspiró con fuerza, buscando que el oxígeno colaborase con su confort, pero de nada sirvió; incluso se abrazó a sí misma ahora con su mirada dirigida constantemente hacia la vereda por la que debían aparecer Archie y Paul.
-¿Así que la dama de establo está muy preocupada por mi primo?
Cuando esa voz llegó a sus oídos sintió frío, un frío que recorrió su cuerpo introduciéndose hasta lo más profundo de su alma.
Neal se acercó con una grotesca sonrisa, midiendo las reacciones de la rubia, a quien había estado observando por varios minutos escondido en el amparo de las fuertes columnas del kiosco.
Después de unos segundos, Candy se convenció de que no era su imaginación, ahogó un grito, quiso correr, alejarse; la cercanía de Legan la enfermaba. Sin embargo, Candy no respondió la provocación; tuvo que tragarse el recuerdo de la humillación que este hombre le había provocado, el sufrimiento hondo del que pensó jamás saldría y por ende, las lágrimas que siempre la traicionaban cuando algún mínimo detalle revivía el momento que trataba de dejar atrás casi desesperadamente.
Hoy Neal Legan estaba frente a ella, con su ruda sonrisa, con su aire de gran señor. Escrudiñó con marcado interés cada uno de los movimientos del hombre que cerraba la distancia con ella sin siquiera atreverse a pronunciar el nombre del susodicho en voz alta. Tan solo lo miró fijamente, tratando de ser valiente, aunque sus piernas temblaran, aunque sus manos estuvieran sudando frío. Por fin, encontró la fuerza interior para alejarse, trató de esquivarlo con elegancia y disimulo. Neal no perdió tiempo, su gran mano se apoyó en el pilar cerca de ellos estorbándole el paso.
Esto era demasiado para Candice. Neal sabía del poder que ejercía sobre ella y lo disfrutaba. Se acercó peligrosamente, bañando el rostro de la mujer con su aliento, notó su palidez y la sostuvo con su mano libre por la cintura.
-Por favor – ella suplicó débilmente – suéltame.
-Vamos, cariño ¡qué encuentro tan frío después de tanto tiempo sin vernos! No me digas que no me extrañaste – él la liberó con una clara advertencia en sus ojos para detenerla.
Ella tuvo miedo, buscó el duro pilar de mármol para reclinarse, de otra forma caería, pues el suelo parecía moverse bajo sus pies.
Neal aprovechó la debilidad de Candice para acercarse nuevamente y tomarla entre sus brazos.
-¡Suéltame, Neal! – exigió tratando de esta vez sonar convincente; necesitaba escapar.
-No finjas, Candy, sé que lo disfrutas, relájate – él la atrajo con mayor fuerza, sonriendo con malicia y lascivia. Fue entonces que quiso besarla, mientras que ella se retorcía entre sus brazos, ocultando sus labios del alcance de los de su celador.
-¡Si Archie ve lo que estás haciendo te dará una paliza! – amenazó.
-¿Archie…? ¿Quién piensa en Archie? – se burló.
-Es mi prometido… y es tu primo… ¡Suéltame! – ella forcejeó un poco, no tenía valor para enfrentarlo.
-¿Crees que me importa que estés comprometida?
-Déjame en paz – ella logró zafarse del abrazo. Hizo un esfuerzo por mantener el control de la situación. Sabía que debía mantener la cordura.
-¿No te parece que estás escalando demasiado rápido? Creí que no volvería a saber de ti.
Ella continuó tratando de aparentar estar estoica, manteniendo ahora la mirada en algún punto fijo, mientras que Legan caminaba alrededor de ella, como estudiándola, percibiendo una lluvia de miradas lascivas en su cuerpo, sintiéndose desnuda ante las concupiscencias de los obscuros ojos, con la piel erizada debido al miedo.
-¿Qué quieres, Neal? – preguntó con desconfianza. En realidad no estaba segura de querer saber la respuesta.
-¿Todavía lo preguntas? – arrastró la frase, disfrutando las reacciones de Candy, amaba sentirse poderoso delante de ella –. Me parece que es obvio que te quiero a ti – el hombre no resistió el deseo y volvió a asirla con fuerza hacia él.
-Vamos Neal, no seas infantil, ya sabes que no te correspondo. No puedo amarte.
-¡JaJaJa! La infantil eres tú – respondió con burla, con fuego en su mirada - ¿quién ha dicho que quiero que me ames? Me parece que has entendido mal, ni te amo, ni quiero que me ames.
Ella guardó silencio, sintió nuevamente un frío recorrer su cuerpo ante la gélida voz que la envolvía, tragó saliva y Neal pudo sentir su pulso acelerado así que se atrevió a hablarle al oído:
-Solo quiero divertirme contigo por un rato, eso es todo. ¿Qué te parece si vas conmigo a un bar de moda? Después… -le dirigió una sucia mirada mientras se acercaba a su oído más de lo normal – después podemos ir a un hotel, así podremos recordar viejos tiempos, quien sabe… quizás logres mejorar mi estado de ánimo.
Candice se sintió sucia cuando Neal succionó el lóbulo de su oreja y después ahogó un grito cuando sintió los dientes del intruso morderlo sin reparo.
-Vamos, mujercita de establo, seré complaciente contigo, lo prometo. Sé que te gusta lo que te hago.
Ante tan sucia propuesta Candice se quedó helada, decidió que era mejor no responder. Levantó la mirada con dignidad, ignorando el daño que Legan intentaba hacerle con su humillación.
Debido al silencio de Candice se endureció la mirada de Legan y después se tornó en una mirada de burla:
-Sé que puedo hacerte disfrutar.
-No sé cómo puedes hablar con tanta seguridad, entre tú y yo nunca ha pasado nada.
Legan se dio cuenta que no podía seguir con su escena de teatro. Una mirada de incredulidad apareció un su faz. Había un signo de interrogación que Candice aprovechó.
-Sé que aquella noche no pasó nada. Yo creo que estabas tan… indispuesto – ella arrastró la última palabra – que seguramente tu equipo no funcionó y de nada te sirvió haberme intoxicado –. Candice miró con atrevimiento y burla hacia la entrepierna de Neal, ocasionando un arrollador tono rojo en su rostro -. Soy médico, Neal, no lo olvides.
Él la tomó del brazo en actitud amenazante y esta vez ella se creyó perdida; había pasado la línea y ni siquiera sabía de dónde había tomado el valor para hacerlo, quizás de la furia y frustración acumuladas durante los últimos años. El fuerte agarre estaba ocasionando dolor para Candice, ella de pronto ya no tenía más fuerza para enfrentarlo.
-Cuidado con lo que dices – la amenazó Neal incrementando la fuerza en su mano – aún tengo nuestras fotografías. Te ves hermosa desnuda en mis brazos –. Candy odiaba esa sonrisa de burla, esos ojos brillando concupiscentes, esa lengua húmeda que de pronto sentía sobre su cuello –. Créeme, esa noche sí pasó mucho, pero mucho – le escuchó decir al oído –. Ya viste las fotografías, no me digas que lo que viste es nada; si quieres, te las puedo volver a enviar para que tú también vuelvas a revivir y a disfrutar, como lo hago yo cada vez que quiero. ¿Quieres saber cuál es mi favorita? Aquella en que estás esposada de pies y manos a mi cama, mientras que yo… bueno… mientras que yo disfruto saborearte, beberte libremente – Neal subrayó su frase, disfrutando de su poder sobre Candice.
Legan estaba ya gozándose en la debilidad, el miedo y la repulsión que ahora descubría en el rostro de Candy; él aprovecharía ese poder que tenía sobre ella para tornar la situación a su favor.
La aprisionó posesivamente en sus brazos y comenzó a besarla tirando de ella de tal forma que finalmente la tuvo montada a horcadas sobre él, que estaba sentado ya en la banca.
Ella ya no era dueña de sí misma, estaba en un estado de completo abuso. No toleraba que él estuviera acariciándola con sus sucias manos, era ahora como una muñeca de trapo, como una marioneta cuyos invisibles hilos eran manejados por Legan. Tuvo un poco de lucidez y trató de liberarse, sin embargo, sus movimientos, lejos de apaciguar a su atacante, lo excitaron más. Él comenzó a recorrerla suciamente con sus manos y su lengua mientras ella notaba la creciente erección que topaba contra su pelvis. Candice trató de defenderse, pero sus palabras no salían de su boca, era incapaz de rebelarse al ataque, trató de apartarlo, de empujarlo, resistiéndose a cualquier acercamiento.
Finalmente un quejido muy débil tomó forma, como una súplica.
-No, por favor – le suplicó.
-Tranquila, te va a gustar, haré que lo disfrutes – las manos de Neal se posaron en el trasero de Candice.
Ella no sabía qué era más humillante, si las sucias caricias o las sucias miradas. Lanzó un grito de dolor cuando Neal mordió su cuello.
Sintió los botones de su vestido ceder a los dedos masculinos y luego se horrorizó por las manos escudriñando sus pechos, intentando explorar más allá de su sostén, pero sin lograrlo todavía. Entonces Neal dirigió su boca hacia los pechos que se abrían ante su vista y los succionó con tal fuerza que al final clavó sus dientes ocasionando un fuerte dolor y dejando la marca de su dentadura. Se sintió satisfecho, su primo sabría que había estado enamorado de una cualquiera.
Ese fue el perfecto motivo para que ella despertara de su letargo. Reunió toda su fuerza y la poca voluntad que le quedaba para abofetearlo y aprovechar el momento para poner distancia entre ellos, sin embargo, él la alcanzó de los pelos y amenazó con castigarla para aleccionarla. Ella respondió con una patada en su entrepierna ocasionando un dolor exponencial en la erección de Legan. El giro de la situación lo había excitado mucho más y ahora estaba sufriendo las consecuencias. Neal no tuvo otro remedio que liberarla como consecuencia de su dolor, tan pronto se sintió libre, Candice volvió a intentar escapar.
Justo empezaba a correr cuando la voz iracunda de Archie resonó detrás de Neal en forma de insultos. Tan absortos estaban en lo suyo que ninguno percibió su llegada. Ambos hombres se enfrascaron en una lucha que no duró mucho tiempo, pues en cuestión de segundos, Legan yacía tirado en el suelo, en posición fetal mientras le suplicaba a Archie que dejara de patearlo. Candice se quedó pasmada cuando se acercó y vio el rostro de Neal cubierto de sangre, después volvió su vista hacia su prometido y lo descubrió agitado, con su mirada encendida en cólera y contemplado con indignación absoluta al hombre a sus pies. Estaba a punto de comenzar a castigarlo nuevamente cuando los fuertes brazos de Paul lo contuvieron:
-No vale la pena, Archie – era una voz con un tono conciliador aunque también estaba furioso – debes controlarte, este no es el mejor momento para que tu nombre se vea en los tabloides por una pelea de este calibre.
Archivald Cornwell limpió un hilo de sangre que brotaba de la comisura de sus labios sin dejar de mirar fijamente con profundo odio al bulto lloroso que sucumbía ante su castigo.
-Levántate – ordenó Archie, en un tono que estremeció a los testigos.
De los labios de Neal a penas se escapó un gemido, ni siquiera se movió un poco.
-¡Levántate! – Archie en ese momento se transfiguró de ángel de luz a un ángel vengador terrible e inmisericordioso.
Neal hizo un esfuerzo para ponerse de pie, sus rodillas le temblaban y su rostro estaba ensangrentado. Archie lo tomó del brazo, lo condujo bruscamente a la calle no sin antes advertirle que lo mataría si volvía a acercarse a su prometida y después volvió sobre sus pasos.
Cuando se acercó a Candice estaba hecho una maraña de emociones; no lograba comprender absolutamente nada de lo poco que había visto. Paul los dejó solos. Ella estaba en completo silencio, acurrucada en la banca como un animal herido. Archie quiso acercarse, tocarla, pero ella tembló inconscientemente ante el delicado contacto, como si temiera volver a ser lastimada. Tenía sus manos enlazadas en su pecho tratando de cubrirse porque su vestido estaba destrozado, sus ojos obnubilados miraban al piso, su cabello caía a los costados de su rostro como si esa cortina pudiera protegerla. Esa noche Archie estaba usando una chaqueta coach Valentino muy ligera que se quitó y puso sobre los hombros de Candice. Ella no rechazó el gesto esta vez, pero fue incapaz de mirarlo a los ojos. El silencio se postergó, él estuvo al lado de Candice respetando sus sentimientos, esperaba que ella comprendiera que también podía contar con él si necesitaba aislarse, él esperaría por ella hasta que estuviera lista.
Dentro de la mansión, Patty los contemplaba desde la ventana. Había sido incapaz de anunciarse cuando se enteró de lo que había sucedido por boca de Paul. Ella estaba tan preocupada por Candy. Ella siempre había sido la fuerte, la de las decisiones profundas, la que viajaba, incluso de polizonte, la que sabía qué hacer y qué decir cuando nadie más se atrevía. Era prácticamente imposible creer la imagen que tenía frente a ella. Ver a lo lejos a su amiga, tan quebrada y tan vulnerable la desquiciaba, habría querido saber cómo ayudarla y corresponder a todo su apoyo. Luego fijó su vista en Archie, ahí, tan quieto, tan apacible; si Paul no le hubiese dicho que se había peleado a golpes, ella jamás lo habría adivinado. Su cabello caía sobre sus hombros sedoso y brillante como siempre, ni siquiera se había despeinado; su rostro era sereno, seguramente por ella y para ella, para Candy. No pudo recordar a Stear; había algo de él en Archie, era obvio, había sido su hermano.
-Nunca había visto a mi jefe tan sereno, mucho menos después de un momento como el que vivió hoy – observó Paul.
-Creo que durante años Archie escondió gran parte de su personalidad, es una faceta que solo conocemos algunos. Él puede encenderse en un segundo y al siguiente logra controlarse.
-¿Por qué Legan actúa de esa forma con Candice?
-Siempre lo ha hecho, desde que la conoció.
-Pero Candice le tiene miedo.
-Eso es nuevo. Ella siempre lo enfrentó con valor.
-No. Esa no es la Candice que yo vi. La que vi estaba temblando. Legan tiene mucho poder sobre ella.
-Perdimos comunicación por mucho tiempo. Algo debió haber sucedido, algo que nadie en la familia sabe.
-Supe que ella estuvo comprometida con él. Quizás él no la ha superado.
-Ella nunca estuvo comprometida con él. De hecho, es un tipo que desprecia. Aquélla idea del compromiso fue de la tía; se sintió con derechos sobre Candy y quiso comprometerla como si estuviéramos en el siglo pasado. Ella era muy joven.
-¿Qué hace Legan en Florida?
-Aquí vive. Su familia se mudó de Chicago precisamente tras el fiasco de su compromiso, no soportaron el ridículo. Estoy segura que dedujo la presencia de Candy cuando se enteró del derrame; enterarse de sus pasos y entrar a una casa sin seguridad, debió ser juego de niños para él.
-Espero que sea lo que sea que esté lastimando, puedan superarlo Archie y Candice.
-Yo también. Ambos han esperado mucho para ser felices.
Patty y Paul vieron a la distancia cómo finalmente, cuando el sol empezaba a ponerse, Candice alcanzaba el brazo de Archie para recargarse en él.
-Candy – Archie fue incapaz de abrazarla, no quería asustarla – cuando te sientas lista y quieras hablar, estaré para ti. Confía en mí.
Como única respuesta ella se acercó más a él, buscando protección. Él comprendió el mensaje y la recibió en sus brazos.
-Temo que dejes de amarme, Archie – su voz fue débil, casi un susurro, sintiéndose sumamente avergonzada.
-Nada hará que deje de amarte – había decisión en Archie, determinación a enfrentar lo que fuese.
-Quizás no soy buena para ti.
-No permitiré que digas eso. No dejaré que te convenzas de ello. Nadie hay mejor para mí, Candy. Sabes que te he amado desde que éramos niños, deja de decir cosas sin sentido.
-Ojalá tuviera el valor para decirte…
-Así es: Ojalá puedas decirme pronto lo que sucede; quiero protegerte, pero no podré hacerlo si no sé de qué. ¿Qué pasa con Neal? No sé qué pensar. Tengo tantas preguntas en mi cabeza. Quisiera abrazarte fuerte, impedir que vuelva a hacerte daño. Me tiene sorprendido su atrevimiento, me sorprende tu actitud. Esto no es clásico en él, ni tampoco es usual en ti. Esta vez fue más allá de todo.
Candice no respondió las observaciones de Archie. Mantuvo su mirada hacia el piso, tratando de no pensar, de solo sentir el cuerpo tibio de su prometido.
-¿No me dirás qué sucede? Dime la verdad Candy, ¿Ese bastardo abusó de ti? – la voz de Archie tembló ligeramente; sus mejillas estaban sonrojadas - ¿Por qué tiene tanto poder sobre ti? ¿A qué le temes?
Ella no se atrevió a responder de inmediato. Estaba un poco más tranquila, pero no encontraba la forma de responder las preguntas que se incrustaban en ella como filosas navajas.
-No cargues sola con esto, Candy – había ternura en él.
-Fue el día de tu boda – su voz se quebró por un momento – yo me había prometido no asistir, pero finalmente no pude resistirme, tenía que verte; no sé por qué, pero tenía una necesidad muy grande de verte. Llegué a la iglesia poco antes de la ceremonia tratando de pasar desapercibida y lo logré, nadie supo que estaba ahí, nadie… excepto él.
Archie no hizo ningún comentario, no deseaba que se desviara su conversación. Se sintió halagado y frustrado a la vez, él tenía la idea de que su boda había pasado indiferente para Candice.
-Archie, yo estaba muy triste. Creo que él lo notó. Se acercó amablemente y me reconfortó, eso me sorprendió, pero yo estaba tan desecha que me sentí agradecida por su gesto. En cuanto el sacerdote los declaró marido y mujer yo no pude resistirlo y salí del lugar, pero él me alcanzó, dijo que no era bueno que estuviera sola en esas condiciones y me invitó a tomar algo; al principio me resistí porque quería aislarme, sin embargo, él insistió tanto que terminé por aceptar. Dijo que quería hacer las paces conmigo, que había recapacitado y que deseaba ser mi amigo. Fuimos a un bar, me ofreció algo de beber y luego ya no supe de mí. Desperté en el establo de su propiedad en Lakewood. Jamás me había sentido tan tonta y tan sucia. Estaba desnuda, me sentí ultrajada. Estaba abandonada. Cerca de mi descubrí mi ropa, me vestí, me fui sin rumbo y después de eso me separé de todos. Sentía que había perdido mi valor – su voz se quebró – ¿sabes? En una situación así no piensas con coherencia. Tomé el tren aun sin saber a dónde dirigirme. Cuando estuve en el tren, su traqueteo me recordó Great Can; era el lugar más alejado que conocía, así que me dirigí hasta ahí.
-¡Ese maldito! – era imposible para Archie mantenerse sereno, sus ojos se llenaron de furia, sus puños estaban apretados.
-Archie, no…
-Debieron dejarme matarlo.
-Archie, escúchame – subió un poco la voz logrando su atención –. Archie, Neal no me ultrajó. Cuando fui más dueña de mí misma me hice los exámenes pertinentes y todos fueron consoladores. Físicamente estoy intacta, aunque creo que no puedo decir lo mismo del resultado psicológico -aceptó avergonzada.
Archie se sintió aliviado, no porque fuera un macho deseando a una mujer virgen, pura y sin mácula, sino porque las imágenes que bombardeaban su cabeza lo estaban matando. Ciertamente no lo había pasado de lo mejor en su fiesta de bodas, pero se había asegurado de que nadie lo notara. Había bailado y departido con su familia y amigos hasta muy entrada la noche, sin siquiera imaginarse que la mujer que amaba estaba sufriendo lo indecible. Había jurado protegerla y había fracasado. Seguro que sus hermanos estarían deseosos de pedirle cuentas.
-Comprendo lo que sientes, Candy. Ahora entiendo tu actitud hacia él. Es lógico que le temas.
-Hay algo más, Archie.
-¿Más? – él frunció el entrecejo, no tenía idea de qué esperar.
-Unos meses después, cuando yo creía que ya había superado todo tuve una correspondencia anónima, no había ni remitente ni sello en el sobre. No sé cómo hizo para localizarme – ella guardó silencio para tomar valor.
-¿Qué había en el sobre, Candy?
-Fotografías – fue su única respuesta. Ya no diría más.
Archie tuvo que armar el rompecabezas porque Candy perdió toda cordura. Se refugió en su pecho buscando consuelo. Él era un perfecto caballero y no pidió más detalles. Jamás avergonzaría a Candy. Sintió su sangre hervir mientras la tuvo en sus brazos sollozando.
Una vez más deseó haber matado a esa alimaña que se disfrazaba de hombre honorable. Sintió que dentro de sí surgía una metamorfosis, ya aquel neandertal no era suficiente, se había transformado en una bestia incapaz de todo razonamiento. Alejó de sí a Candy tan delicadamente como pudo y se levantó dispuesto a ir a buscar a Legan, tenía que acabar lo que había dejado inconcluso. Sus pasos eran ligeros y presurosos pero no lo suficiente para que Candice no pudiera darle alcance.
-Archie – ella rodeó su cintura con sus pequeñas manos y descansó su cabeza sobre la ancha espalda, sus lágrimas mojaron desvergonzadamente la elegante camisa – no, por favor. No hagas una tontería. Quédate conmigo, me haces mucha falta. Estaré bien si tú estás aquí.
-Pero Candy, no puedo permitir que esto se quede así.
-¿Qué es lo que sucede? – Paul no pudo evitar escuchar la voz de Archie. Su voz era de furia, sabía que era arrebatado, pero esta voz era amenazante. No dudó en acercarse a ellos.
-Paul, por favor, hazlo entrar en razón.
-Archie, no sé qué es lo que está sucediendo. Espera un poco, solo un poco. Este no es el momento, piensa en Candy y Patty, hay muchos intereses de por medio en Cornwell Petro, no puedes perder la cabeza – Paul sabía que cuando su jefe tomaba una decisión, difícilmente cambiaba de parecer, pero debía intentarlo – después podrás hacer lo que quieras. Yo mismo te ayudaré, te lo prometo, haremos que pague cualquier cosa que haya hecho, pero espera solo un poco. Debes ser inteligente. Tu imagen y tu reputación están en un hilo, no dejes que él te arrebate tu vida, porque eso es lo que pasará si actúas ahora. Puedes ir a parar a la cárcel; ¿Ya pensaste que será de ella contigo tras las rejas? ¿Quién cuidará de ella? Le prometiste que estaría segura a tu lado, le pediste ser tu esposa, ¿Piensas faltar a tu palabra? ¿Vas a dejarla sola ahora que sabes que Legan tiene una afección enferma por ella?
-Créeme, Archie – era Candy que recién se liberaba de cargar sola un gran peso sobre su espalda – si tú estás conmigo no me importa nada más. Si tú eres capaz de confiar en mí, de creer en mí, de estar conmigo, estaré bien; solo quédate conmigo.
Paul supo que Candice había logrado calmar a su jefe.
-Será mejor que dejemos esto atrás, ya le hemos invertido mucho tiempo. Vamos a cenar algo y no pensemos en nada más por hoy. Cenemos para ir pronto a descansar.
Durante la cena Patricia trató de animarlos un poco, pero no lo logró, todo lo que pudo hacer fue distraerlos con sus preguntas para ponerse al tanto de lo que había acontecido en los juzgados.
-Me parece que todo resultó tal como lo esperábamos – Archie no tenía muchas ganas de hablar, así que dejó el relato en manos de Paul –. Tan pronto llegamos a los juzgados fuimos recibidos, todo estaba listo para tomar nuestra declaración. Nos llevaron a cubículos diferentes y empezaron a hacernos preguntas. Archie y yo acordamos que diríamos la verdad, porque siempre eso es mucho mejor y después de asesorarnos con el maestro de Candy y el director de relaciones públicas de Andrew Corp. decidimos que debíamos cooperar. Estuvimos respondiendo sus preguntas, todas llevaban cierta lógica; preguntaron por nuestro itinerario, por nuestras actividades, por nuestras reacciones. Creo que por eso tardamos tanto tiempo: había muchos detalles que querían saber. Estuvimos ahí por poco más de dos horas.
-Eso fue muy tardado – observó Patty.
-Sí, pero confiamos en que las autoridades harán bien su trabajo.
-¿Creen que su declaración influya en detener la baja en sus acciones?
-La compañía sigue en el ojo del huracán, sin embargo, todo ha comenzado a estabilizarse. Me parece que la actitud de cooperación de Archie da confianza a sus clientes y proveedores. Jefe, eres un as – Paul palmeó ligeramente la espalda de Archie y luego continuó -: Había un grupo de periodistas estaban aglomerados, esperando por algún personaje digno de ser entrevistado. No pude evitar detenerme en una escultural joven, vestida bastante sexy, abriéndose paso micrófono en mano muy de prisa con un camarógrafo tratando de seguirla. Desde el inicio me pareció haberla visto en algún programa deportivo quizás, o talvez en alguno de esos programas de revista, la verdad es que no estoy seguro. De pronto estábamos tratando de abrirnos camino entre la multitud que nos rodeaba con el deseo de tener una entrevista. Había periodistas de espectáculos, de deportes, de negocios; por un momento me sentí importante -sonrió con gracia- hasta que caí en la cuenta de que todos esperaban por Archie solamente -fingió indignación y arrancó del grupo una débil sonrisa-. En cuanto lo vieron aparecer, todos se le fueron encima; creo que no era necesaria la asesoría de relaciones públicas del consorcio Andrew.
Y eso era verdad. Nadie podía enseñarle a Archivald Cornwell nada más sobre relaciones públicas.
Paul contó que Archie se detuvo con una amable sonrisa, -y en ese momento se echó a la bolsa a todas las reporteras, dijo-, habló pausadamente y con seguridad. Sabía perfectamente que debía centrarse en los puntos favorables de los hechos, así que resaltó la hazaña del cierre de la válvula. Los periodistas reconocieron la seriedad y el respeto con el que trataba el terrible daño ambiental. Aunque su imagen siempre había sido impecable, no dudó en permitir que la audiencia notara el cansancio causado por los hechos.
Paul se esforzó por narrar los hechos lo mejor que pudo. Candy y Patty pudieron imaginarse perfecto la escena:
-¿Cornwell Petro se hará responsable por el daño ecológico?
-Cornwell Petro está dispuesto a colaborar con las autoridades durante la investigación para deslindar responsabilidades. Siempre hemos estado comprometidos con el desarrollo sustentable. Hemos comenzado ya una campaña ardua de limpieza en la zona afectada independientemente de los resultados de la investigación.
-Archie – la guapa periodista que Candy había visto se acercó más de lo debido – ¿tuviste miedo cuando cerrabas la válvula?
-Por supuesto que tuve miedo; aunque en ese momento no puedes detenerte a analizar tus sentimientos, simplemente actúas.
- ¿Estabas consciente de las vidas que estabas salvando y del desastre ecológico que estabas evitando?
-Para ser sincero, no tuve mucho tiempo para detenerme a pensar. El ingeniero de seguridad necesitaba ayuda y nosotros estábamos ahí.
-Archie, declaraciones previas indican que se te invitó a abandonar la plataforma pero tú te rehusaste, ¿por qué lo hiciste?
-Todos estaban haciendo algo para evitar el desastre, tenía que colaborar con ellos – había naturalidad y sinceridad en sus respuestas – cada uno de los hombres trataba desesperadamente de hacer algo. Era imposible abandonarlos.
Fue en ese momento que una adolescente se había acercado con una flor para entregarla a Archie:
-Mi padre dice que la presión del crudo lo había arrojado y que él estaba muy mal. Dice que no podía levantarse para resguardarse y usted lo ayudó y lo llevó a un salvavidas cuando volvía de cerrar la válvula.
En la confusión Archie ni siquiera recordaba ese detalle. No había hablado de eso durante la declaración, tampoco Paul lo había hecho.
-Gracias – Archie se sintió conmovido y agradecido por el bello tulipán lila que la jovencita entregaba en sus manos – ¿Y cómo está tu padre?
-Él tiene algunos golpes, pero los médicos dicen que estará bien, si sigue sus instrucciones.
-Me alegra, pequeña.
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De mi escritorio: Menudo lío en el que me he metido con Legan en escena. Muchas gracias a todas por sus bellos mensajes de apoyo, soporte y espera para esta historia.
De verdad, no pienso dejar esta historia inconclusa. Me gusta lo que estoy haciendo con Archie, sin embargo voy lento porque no tengo otra opción.
Mil gracias por estar siempre pendiente de este trabajo. Leo cada uno de sus mensajes y los agradezco infinitamente.
Malinalli. Torreón, Coa., a 15 Feb 2018
