— ¡Ukyo, lo lamento! ¿¡Te encuentras bien!? — Akane corrió al encuentro de la morena para lanzarse de rodillas al suelo, desde donde extendió una de sus manos para ayudarle a subir. Sin embargo, la retrajo al verla sentada aún sobre el suelo, con ambas manos a los costados de su cuerpo. — Perdón… No quise… ¿Te has lastimado? — Preguntó con cierta vergüenza, decepcionada ante el hecho de no ser capaz de reprimir sus impulsos más rebeldes. Si Ukyo se había lastimado de gravedad, aquello sería sólo su culpa.

— ¡Estoy bien! Vamos, que no estoy hecha de cristal, así que no te preocupes por ello. Ahora estamos a mano. — Dibujó una sonrisa cándida que Akane no correspondió de forma inmediata. La morena se colocó lentamente de pie, sacudiéndose el polvo de su cuerpo para finalmente alzar una de sus manos hacia ella, la cual tenía algunas que otras heridas superficiales. — Venga, vamos a lo importante, ayúdame a… — Pero detuvo su sentencia en cuanto la cabeza de Ryouga apareció sobre ella, en el otro extremo del agujero en el que había caído. Tenía la cara manchada de polvo, el cual se había adherido perfectamente a su piel gracias al sudor.

— ¿Qué es lo que pasó? — Alternó su mirada entre ambas chicas, claramente asombrado. — ¿Qué es lo que están haciendo aquí? —

— ¡Vaya, pero que nervios tienes para preguntar eso! — Rugió la cocinera. De no ser porque tenía algunos músculos debilitados, saltaría a su encuentro para magullarlo como se merecía. — ¡Desapareciste sin dejar rastro, idiota! ¡La pregunta verdadera es qué estás haciendo TÚ aquí! — Le señaló con un dedo acusador. Tras un par de segundos, intentó salir por sus propios medios, pero su cuerpo no estaba listo para ceder ante tales maniobras. Ryouga pareció notarlo, pues descendió para aterrizar ante ella y tomarla en sus brazos como si se tratara de una pluma, un gesto que no fue recibido de buena gana por parte de ella. Ryouga, por su parte, ladeó la cabeza. ¿Realmente había pasado tanto tiempo?

— Es verdad, Ryouga-kun, nos has tenido a todos preocupados… — Empezó Akane.

— A todos menos a mi, que parezco ser el único que conoce tu verdadera naturaleza. — Akane dio un respingo al percatarse de que Ranma se había colocado en cuclillas a su lado. Tenía el pelo desaliñado y su sweater parcialmente sucio, y desde donde estaba, le miraba con cara de pocos amigos. — Y tú me debes una disculpa. No puedes ir por ahí partiendo árboles en dos sólo porque has sentido celos. ¿No te lo han dicho? No es nada normal ni atractivo. — Declaró con suficiencia, ante lo que ella apretó los puños con molestia. ¿Cómo es que podía pasar de ser pasional a ser un cretino en cuestión de minutos? La escena del bus parecía haber quedado marcada únicamente en ella, y ante aquel pensamiento su rostro se tensó. No se iba a permitir verse afectada por sus latentes cambios de parecer.

— ¿Pedirte disculpas? ¡No soy yo quien aprovechó la situación para hundir la cara en los pechos de otra persona! — Exclamó ella, ante lo cual Ranma alzó una ceja. ¿Eso fue lo único que lograron ver sus ojos de todo lo que pasó en realidad? Se había arriesgado el pescuezo por salvarse de otra condena segura, con Ukyo en el proceso, pero eso no importaba en lo absoluto. Todo lo que ella había visto fue un acto de infidelidad inesquivable.

— No puede ser. ¿Es que ahora además de tonta eres ciega, Akane? — Cuestionó. Había cierto tono de burla en su voz por el simple hecho de que, pasara lo que pasara, disfrutaba en exceso hacerla molestar. La forma en que sus mejillas se inflaban le daban el toque de ternura en medio de la furia.

— ¡Ya deja de darme la lata, idiota! —

— ¡Lo haré cuando no actúes como un marimacho! —

— ¡OIGAN! — Rugió Ryouga, quien había salido del agujero y se encontraba de pie ante ellos. Llevaba en sus brazos a una molesta Ukyo de brazos cruzados, que ni siquiera se dignó a mirarle la cara. Era claro que, de estar en sus manos, se encontraría lo suficientemente lejos de él. — Ahora que están todos aquí, acompáñenme, esto lo querrán escuchar. — El muchacho se dio media vuelta y se encaminó al sendero que se abría entre los dos grandes estanques, desde donde se le escuchó compartir murmullos con la cocinera. Tanto Ranma como Akane se miraron con molestia antes de girar sus respectivos rostros, y siguieron al muchacho sin dirigirse la palabra en tanto eran seguidos por los demás.

[…]

El grupo se encontraba en un inmenso claro cercado por árboles de distintos tamaños, y desde donde estaban eran capaces de escuchar las cascadas en la distancia. El suelo que pisaban era hermoso y verdoso a excepción de las zonas en donde se formaban los profundos cráteres que, por defecto, Akane intuyó que los había creado Ryouga con su técnica, ya que le delataba las nubes de polvo que habían visto anteriormente y el hecho de que su cara se encontrase sucia, al igual que sus ropas. Había, además, dos gigantescos estanques en el centro del lugar que no hicieron más que despertar las alertas de todo el grupo, de modo que pasaron con la mayor lentitud posible para no tocar, ni siquiera por accidente, sus aguas malditas… Pero lo que verdaderamente llamó la atención de todos fue la cabaña que se alzaba a unos cuantos pies de distancia, provocando que se generaran algunos que otros gritos ahogados entre ellos. Aquella edificación era idéntica al lugar en donde se estaban hospedando, con la diferencia que ésta lucía realmente abandonada y podrida, con lianas y plantas aglomerándose por distintas esquinas a causa de los inexistentes cuidados. Sin luces, sin lujos y sin puertas que resguardaran del exterior: Una cabaña abandonada en lo profundo de las montañas.

— Pero. ¿Qué es lo que significa esto? — Empezó Ranma. La desconfianza creciendo con cada segundo que pasaba.

— Vaya, parece ser que esta montaña guarda más secretos de los que alguien puede llegar a conocer. — Reika Sato había hablado por primera vez desde que pusieron un pie en el claro. Se le veía un tanto pálida, pensativa y con signos de molestia, como si no pudiese creer que se le hubiese escapado ese detalle en particular. La mujer parpadeó con calma tras sentir varios pares de ojos sobre ella, para finalmente negar con el rostro. — No me miren a mi, no me informaron de esto cuando tomé el trabajo. Estoy igual que ustedes. — Dijo para el alivio de nadie.

— Eso es porque anteriormente este lugar no era accesible para nadie. — Dijo Ryouga, quien tomó asiento de espaldas a la entrada lúgubre de la cabaña, con Ukyo en sus piernas, quien le miraba con cierto recelo. — O al menos, eso es lo que tengo entendido. —

— ¿Y cómo es que tú sabes eso? ¿Qué está pasando? – Inquirió ella. La mirada de su pareja había perdido los atisbos de salvajismo que tanto le caracterizaban, como si hubiese madurado diez años en menos de una hora. Algo, en definitiva, no andaba bien.

— Bueno, lo mejor será empezar desde el inicio. ¿Vale? Por increíble que parezca, no estoy en este lugar por voluntad propia. — Empezó. El resto del grupo se sentó ante él en forma de C sobre el pasto. — El viejo tomó provecho de la situación en los baños y me llevó con él luego de que yo me convirtiera, lo de la avería no fue más que una treta suya para generar confusión y sacarme cuando lo creyó más conveniente. Tal parece que conmigo fue más fácil dado a mi tamaño, a comparación de ustedes. — Dijo aquello con cierto tono de irritación, con el tono de alguien cuyo orgullo había sido herido. — Lo siguiente que supe es que estaba en este lugar; y por más que quise volver… —

— No pudiste hacerlo por tu pésimo sentido de la orientación. — Finalizó Ukyo con los ojos entrecerrados.

— Espera un segundo, Ryouga-kun. ¿Quién es ese viejo que mencionaste? — Aquella fue Akane, quien no parecía pronta a salir de su confusión.

— Es el ermitaño de este lugar; y el principal responsable de que la magia fluya con tanta facilidad. — Empezó el chico, capturando por primera vez la atención de todos. Incluso Dai e Inosuke le miraban con cierta intriga, a pesar de haberse mantenido al margen desde que arribaron. — Todavía no me quedó muy claro todo, pero es gracias a él que la magia de Jusenkyo pudo llegar hasta aquí y reformarse por cada espacio de esta montaña. — Su mirada se encontró de pronto con la de Ranma, mirándose brevemente con el ceño fruncido. — A lo que me lleva: Tal parece que la maldición que llevamos no podrá ser revertida de forma tan fácil, Ranma. Creí que tan sólo bastaba con hundirte unos segundos en el estanque del Hombre Ahogado, pero no…

— Pero eso no será posible, porque no hay manera de revertir una maldición con otra maldición. — Exclamó una voz pesada y un tanto aguda, la cual se acercaba desde los estanques que se extendían en el centro. Todas las cabezas voltearon para divisar de quién se trataba, topándose con la figura baja y andrajosa de un anciano de párpados caídos. Tenía una barba corta y grisácea, su cabeza parcialmente calva y arrugada, además de una mirada tan firme como severa, capaz de intimidar incluso al más grande los insolentes. — ¿Estos son tus amigos, joven Hibiki? —

— Así es. No tenía idea de que iban a llegar a un lugar tan lejano como este, tenía entendido que la expedición no llegaría tan a fondo en las montañas… — Reflexionó Ryouga, llevándose un pequeño zape en la cabeza por parte de Ukyo.

— Estamos a tan sólo media hora de la cabaña, mi queridísimo tonto. — Suspiró la chica.

— Así que… ¿Usted es el viejo que vive en este lugar? — Preguntó Ranma, provocando que Akane le dedicara una mirada asesina. El joven se colocó de pie, chocando un puño contra su palma. — Por fin podemos hablar. Mi nombres es Ranm—…

— ¿Viejo? Yo no soy ningún viejo, muchacho. Mi nombre es Uedo. — Dijo él con parsimonia, deteniéndose a los pies del grupo de personas. — ¿Por qué tienes tanto interés por las maldiciones de Jusenkyo, chico? ¿Tú también estás maldito? — Le estudió de arriba abajo, elaborándose una opinión rápida y personal que no compartió verbalmente, sino con sus ojos. Le miraba con cautela, como si estuviera midiendo la información que estaba a punto de compartir. — Jusenkyo tiene una forma particular de elegir a los pobres desgraciados que caen en su magia, todos en su mayoría son de gran fuerza, pero no son lo suficientemente ágiles como para evadir su fatalidad. —

— Oiga, espere. ¿Qué es lo que ha dicho? — Rebatió el moreno. ¿Le habían dicho lento en su propia cara?

— ¡Señor Uedo! Lo lamento, esta presentación ha sido pobre de nuestra parte… Comencemos de nuevo. — Akane le dedicó una fugaz mirada a Ranma antes de volver con él, colocándose de pie a su lado para evitar que abriera la boca de nuevo. — Mi nombre es Akane Tendo. Formo parte del pequeño grupo de la Universidad de Tokyo que ha decidido hacer una expedición en este lugar tras escuchar sus entrañables mitos. — Hizo una pausa que utilizó para verificar que tenía su completa atención. — Lo que no sabíamos hasta ahora, era que los estanques malditos estaban formándose de nuevo aquí, en Japon… ¿Podría contarnos más sobre ello, por favor? Hemos esperado por muchísimo tiempo una cura, esta es nuestra única esperanza. — La peli-azul intentó transmitir todos sus sentimientos en aquellas palabras en su espera por ablandar la desconfianza del viejo ermitaño. Sin embargo, aunque fuese sin intención, las mismas impactaron significativamente en Ranma. El joven le dedicó una mirada en silencio, observando la forma en que se curvaban sus cejas ante su genuina preocupación… Más que otra cosa, sabía que lo hacía con la pura intención de ayudarle a salir de su aprieto, pues ella se había vuelto involucrada desde el primer instante en que sus corazones entraron en sintonía. Desvió su mirada a los estanques una vez más en tanto se gestaba un sentimiento de gratitud que no se atrevió a vociferar. No ante todos.

— ¿Akane? Vaya… Ese es un nombre lindo. ¡Te queda genial! Porque tú también eres muy linda… — El viejo se acercó más de la cuenta, de modo que Ranma avanzó un paso para anteponer su cuerpo. Desde donde estaba, le miró con cierto recelo. "No le pondrás ni un solo dedo encima, viejo libidinoso." — ¡Pero que joven más desagradable! —

— Por favor, Uedo-sama. — Esta vez fue la señorita Reika quien se acercó. Si anteriormente habían creído que era una mujer un tanto enigmática, aquel hecho solo lograba reafirmar su teoría. ¿Por qué le interesaban los estanques de esa forma? ¿Estaría también maldita? — Toda la información que podamos obtener es vital, no es mi intención seguir poniendo a todos estos chicos en peligro… Si es una situación que se me escapa de las manos, necesito saberlo. —

Tras aquello, el Señor Uedo dedicó una larga mirada a todos y cada uno de los presentes. Parecía como si intentase buscar algo que estuviese mucho más allá de ellos, algo más que sus almas, su pasado, presente y futuro. Tras minutos que parecieron eternos, el anciano se sentó en el suelo con las piernas recogidas en posición de indio, aspirando una gran bocanada de aire antes de dar rienda suelta a los hechos. Sobre ellos, las nubes comenzaron a revolotearse, inquietas.

— Vale, de acuerdo. Hasta ahora… ¿Todo lo que saben es que los pozos han renacido en este lugar? — Varias cabezas asintieron. — Pues bien, lo que se está llevando a cabo aquí va más allá de un simple "renacimiento", no podría llamársele así a algo que ha existido por más de cuatro milenios. — Frotó su barba corta, pensativo. — Deben saber que estas aguas tienen su propia voluntad, pues cada una posee los fuertes deseos de la última persona o animal que se ahogó en ellas. No pueden morir, y por ello han tomado la Montaña Henko como su nuevo punto de anclaje… He de decir que ha sido en parte mi culpa. — Suspiró todo el aire que había aglomerado en sus pulmones, de modo que su rostro pareció envejecer un par de años más cuando partes de sus huesos se pegaron a su cara. — Cavé un pozo para intentar recrear el Estanque del Lobo Ahogado en memoria de mi fiel compañero, al cual perdí en una ventisca de invierno. Tengo la magia suficiente para crear solo uno, pero… al cavarlo evoqué un deseo tan fuerte que el agua se manifestó en cuestión de minutos, y luego se creó otro pozo por voluntad propia, y luego otro… Hasta cubrir gran parte del Bosque por el cual han llegado. No había que ser un experto para deducir que se trataban de las aguas malditas de Jusenkyo, de modo que muy pronto me vi rodeado por todas ellas y las tormentas comenzaron, agravándose con el tiempo. — Señaló con un dedo hacia el cielo, el cual rugió con un trueno en la distancia ante aquella osadía. — Decidí que las fosas no podían seguir creándose en lugares tan peligrosos… En su lugar, quería que se formaran aquí, en este valle, para que la situación no siguiera empeorando. Traje aquí al joven Hibiki para que cave esos agujeros por mi, no puedo hacerlo yo con los años que me cargo encima, como bien pudieron notar. — Dejó entrever una sonrisa que Akane no pudo emular. Era melancólica y un tanto pesada; como si la experiencia de la vida doliera con cada respiro.

— Entonces, el agujero donde he caído… — Empezó Ukyo, alertada.

— Es donde renacerá uno de los estanques restantes. — Finalizó el señor Uedo. Un frío recorrido atravesó la espina dorsal de la chica, de haberse encontrado lleno de agua, se habría convertido en alguna rareza al igual que sus compañeros.

— Aguarde, hay algo que no entiendo. — Aquel fue Ranma, quien se había cruzado de brazos. — Desde el inicio se nos dijo que la única forma de volver a la normalidad era sumergiéndonos en el Nannichuan. ¿Cómo es que eso ha cambiado? ¿Está diciéndonos que no hay una cura para esta locura? — El joven intentaba no perder la calma, pero el panorama que se pintaba ante él era un tanto desesperante.

— Existen formas, muchacho, pero la verdadera pregunta es si estás preparado para enfrentarlas. Ninguna de las dos les será fácil. — Les miró durante un segundo en el cual Ryouga atrajo con mayor fuerza a Ukyo hacia él. Tal parecía que los métodos no eran de su agrado.

— ¡Escupa la sopa! ¡Haré lo que sea! Estuve esperando durante muchos años por este momento. ¡No hay nada que pueda detenerme ahora! — Ranma avanzo un paso con el puño alto en señal de determinación. Sus ojos brillaban con tal ímpetu que no resultaba del todo difícil adivinar lo que pasaba por su cabeza.

— Ya te lo digo, muchacho, no te será del todo fácil… Después de todo, es una maldición de lo que estamos hablando. —

El señor Uedo se colocó se pie en el momento en que un imponente relámpago rasgó los cielos, provocando que Akane se sobresaltara. El anciano se encaminó una vez más a los dos estanques que yacían en el centro para colocarse entre ambos, cuyas aguas lucían tan opacas como frías, sin vida. Al agacharse, hizo un cuenco en sus manos para tomar una porción de agua que, al entrar en contacto con su piel, resplandeció por unos breves segundos antes de evaporarse en pequeñas motas de humos.

— Este es el Estanque de la Maldición Liberada, el cual no funciona a menos de que el implicado someta su cuerpo a las pruebas que le otorgue la Montaña Henko. Son pruebas que pondrán a prueba tanto la fuerza como la determinación, en donde se deberá establecer un motivo real y genuino del por qué dicha persona debería ser liberada. — Hizo un ademán con la mano en cuanto algunos pares de boca estuvieron por abrirse. — Te lo advierto desde ya que no será fácil, y puedo asegurarte que correrás peligro en todo momento durante las dos pruebas que se te exigirán. Este es un sitio que no puede tomarse a la ligera. —

— ¡Me tiene sin cuidado los riesgos! Quiero hacerlo, lo haré sólo en caso de que haga falta. — Ranma fue el primero en dar un paso adelante. Instintivamente, Akane tomó uno de sus brazos y lo atrajo hacia ella: Algo en todo lo que estaba sucediendo no le daba buena espina, pues había conocido con su propia piel lo fatal que podían ser los secretos de ese lugar. Ranma, por su parte, observó el gesto con suavidad: Definitivamente lo haría. Le demostraría a Akane que sería capaz de superarse de una vez por todas. — ¿De qué forma se empieza? —

— Será peligroso… — Se repitió el anciano.

— ¡Bien! Porque me decepcionaría si no. — Declaró el moreno. El exceso de confianza que poseía en aquel momento era casi palpable.

— Espere. ¿Hay otro método más seguro? — Inquirió Akane.

— Hay otro método mucho más sencillo, sí… Pero no es nada seguro. — Asintió el Señor Uedo. Se agachó una vez más para tomar entre sus manos otra porción de agua del otro estanque… Cuyo líquido, para sorpresa de todos, se mantuvo sereno entre sus palmas. — Y este de aquí es el Estanque de la Esperanza. Que no les engañe su nombre. — Añadió al ver el gesto de sorpresa de todos. — Estas aguas contienen un poder sin igual, pero su precio podría considerarse como cruel. — Suspiró, dejando caer el agua sobre el pasto verdoso. — Para revertir la maldición, un ser querido de la persona condenada deberá tomar esta agua para ofrecer parte de su alma como sacrificio, como una ofrenda de su propia condición "normal" para dicha persona. Bastará con beber un sorbo, y la maldición desaparecerá. — Había cierto pesar en sus ojos que no pasó desapercibido por nadie. — Sin embargo, no se conoce un caso satisfactorio de esta medida, la parte implicada puede verse afectada de por vida… —

— ¿Qué? Eso es una locura. — Espetó Ukyo. — ¿No hay otra forma? ¿Alguna otra manera de zafarse de todo esto? — El anciano negó dos veces.

— No podía ser de otra forma. — Finalizó Reika con un suspiro de resignación.

— Como dije... — En el Señor Uedo podían denotarse visibles marcas de cansancio. — Deshacer una maldición no es algo que pueda tomarse a la ligera, y no es nada sencillo. A las partes implicadas, les pido que lo piensen con cautela. — Dedicó una mirada firme a los cuatro chicos. — Y háganme saber su decisión. —

Tras decir aquello, el Señor Uedo se marchó una vez más en dirección al bosque, dejando a un grupo parcialmente inquieto.

Las nubes en sus cabezas eran cada vez más oscuras; pero aquello no fue impedimento para que cada quien estipulara su opinión. Tanto Ranma como Ryouga estaban de acuerdo con tomar la primera opción, convencidos de que su temple les valdría para sobrellevar todas las adversidades que les deparara la montaña. Pero… ¿De verdad podrían anteponerse ante la voluntad de una Montaña como esa? Akane era la única que observaba aquello como una completa locura. No había motivos para arriesgar su vida de esa manera, porque en su corazón sentía que debía de haber otra forma mucho más sencilla, en la que no implicara un reto de muerte. Dai, por su parte, se había negado rotundamente a las condiciones. Era un chico robusto de estatura baja que conocía bien sus límites, y su decisión estuvo clara incluso antes de que el viejo Uedo se marchara. Inosuke, por otro lado, no había emitido palabra alguna desde entonces, y en su lugar, había tomado asiento en los límites del bosque para pensarlo con detenimiento. Akane le había visto unas que otras veces en los pasillos de la universidad, de modo que sabía que pertenecía el Equipo de Baloncesto, por lo que su condición física entraba fácilmente en el reto… Sin embargo, se le vio dubitativo e incluso nervioso. Tan pálido como el mismísimo viento.

Sabía, para su infortunio, que la decisión del moreno estaba tomada. Que nada en el mundo era capaz de doblegar su espíritu cuando se trataba de un reto, los cuales siempre enfrentaba con la cabeza en alto y con su valor a modo emblema sobre el pecho. Lo sabía. Pero no había forma de calmar la incertidumbre que se aglomeró en su pecho. La idea de perderlo por algo así era insoportable.

— Ranma, no me siento cómoda con todo esto. — Declaró finalmente cuando estuvieron alejados del grupo, caminando por un pequeño sendero que conducía a los límites del claro. — Esto suena demasiado peligroso, incluso para ti. — Ante el comentario, el moreno arqueó una ceja.

— ¿Alguna vez he perdido un reto de esta magnitud, Akane? No puedo perder, ni mucho menos moriré por algo tan insignificante. — Su sonrisa no logró aliviar el pecho de la chica, quien seguía mirándole con genuina preocupación. — Esto es lo que siempre he querido, la posibilidad de no ser un fenómeno. No voy a acobardarme ahora que ha aparecido… Eso lo sabes, ya me conoces bien. —

— Pero… —

— Voy a demostrártelo para que no te quepan dudas. Tan sólo mírame. — El chico se giró para observarle directamente a sus ojos, los cuales brillaban de una determinación contagiable.

No era que Akane no confiase en él, sabía que no había reto que fuese demasiado para él, pero se sentía inservible. ¿Es que no había nada que pudiese hacer para aligerar su carga? Su mirada se desvió tímidamente hacia el Estanque de la Esperanza, cuyas aguas se veían tan tranquilas como oscuras: Un solo sorbo y Ranma no tendría que arriesgarse de esa manera. ¿Qué tal si…?

— Todavía tenemos la segunda opción. — La serenidad que manifestaba su rostro no iba en concordancia con la de Ranma, cuya mención había bastado para tocar sus nervios.

— No, no la tenemos. — Comenzó, provocando que su mirada volviese a él. — Creí que había quedado implícito que estaba descartada, pero lamento decirte que no pienso arriesgar tu vida en algo como esto. —

— Pero si lo hago, podríamos marcharnos mucho antes a casa sin exponerte a tanto riesgo. ¡Y estarías curado! —

— ¡No me importa cuánto tiempo tenga que tardarme! ¿Crees que simplemente aceptaría que hicieras algo así? Para empezar esto es algo que ni siquiera te incumbe, Akane. — Declaró Ranma con cierta rudeza, provocando que la irritación tomase lugar en el cuerpo de la chica. ¿Había dicho que "no le incumbe"? ¿Qué clase de idiota era?

— ¿Qué has dicho? ¡Por si no lo recuerdas, fui yo quien estuvo a tu lado en todo este tiempo! — Rugió. No iba a permitir que hiciera de menos todos sus esfuerzos.

— ¿Y qué hay con eso? Yo no te lo pedí. — El rostro de Akane palideció, mientras el suyo se mantuvo firme. Sabía muy bien que, de no ser por ella, su situación habría sido mucho menos llevadera... Le debía mucho más de lo que quisiera aceptar, motivo por el cual la sólo idea de exponerla a un peligro incierto le generaba cierta incomodidad y molestia. ¿Cómo podía exponerse de esa forma, como si su vida no valiese la pena? — ¿Crees que puedes venir a restregarme eso en la cara y salirte con la tuya? Por favor, Akane. Mantente al margen de una buena vez. —

— ¡No hace falta que seas un grandísimo cretino, estoy tratando de ayudarte con esto! — Exclamó la chica con desesperación.

— ¿De qué forma quieres que te lo diga? ¡No quiero tu ayuda! ¡Ni tampoco la necesito! — Rugió de vuelta. La ira del moreno creciendo con cada segundo. — Si no vas a hacer más que estorbar, será mejor que… —

No pudo culminar su insulto, pues Akane le dio tal bofetada que resonó parcialmente por el lugar. Las comisuras de sus orbes acaramelados se habían llenado de lágrimas mientras observaba con genuina rabia el rostro de su prometido. Aquel rostro que tanto le había arrebatado el aliento, ahora había partido su corazón con una rapidez abrumadora. De modo que eso era para él. Un estorbo.

— Si eso es lo que represento para ti, entonces no quiero seguir formando parte esto. ¡No soy ningún juguete para que creas que puedes jugar conmigo a tu antojo! ¿Quién te crees que eres, tratándome como se te venga en gana cada que puedes? — La chica empujó su pecho con ambas manos para sacarlo de en medio, aprovechando su confusión. — Haz lo que quieras, me tiene sin cuidado lo que ocurra contigo. —

Ranma necesitó un minuto para comprender lo que había pasado: Akane se alejaba con toda la velocidad que le permitían sus pies, apretando sus puños en ambos costados. Como respuesta, el chico avanzó un paso, luego otro, hasta que sus pasos se convirtieron en zancadas para llegar hasta ella.

— ¡Akane, espera! Estás malinterpretan—... — Colocó una mano sobre su hombro derecho, la cual la chica se encargó de sacudir de inmediato. — ¡Lo único que intento es mantenerte a salvo! ¿Por qué insistes? ¿¡Crees que puedo vivir en calma cuando estás en peligro!? — Para él, era todo demasiado obvio. La idea de que ella ofreciera parte de su ser por él era una idea de locos; algo que de ninguna manera podía tener cabida en el mundo real.

— ¡Cállate, Ranma! — Le dedicó una mirada repleta de desdén por encima de su hombro. — Me voy de regreso con el grupo de expedición, no pienso estorbarte más en esto. — El resentimiento crecía en su pecho con cada paso, de modo que no se atrevió a mirar atrás.

— ¡Bien! Adelante, no pienso detenerte. Haré esto solo. — Fue su respuesta antes de darse media vuelta.

La adversidad que afrontaría había adquirido un tamaño mayor sin Akane a su lado. Una condición que estaba dispuesto a tomar siempre y cuando ella estuviese a salvo.


¡Buu, tanto tiempo! Espero que se encuentren bien. ^^ Me estoy tomando mi tiempo para seguir esta historia por motivos ajenos a mi, pero espero de corazón que esté siendo de su agrado.

Aprovecho el pequeño espacio para darles las gracias por sus hermosos comentarios hacia esta historia. Me llena el alma saber que no estoy sola en esto, y que seguirán conmigo durante todo el camino! A mis amigos Bealtr, HowellSao, Andrea-saturno, Iwaya sum, y mis queridos anonimos: ¡Muchas gracias por sus hermosas palabras! Es gracias a ustedes que uno encuentra la motivación para seguir. :3 Espero con el tiempo seguir leyendo sus comentarios.

A mis amigos en Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma, decirles que nada de esto hubiese sido posible de no ser por ustedes y su constante apoyo por difundir historias. ¡Es una alegría saber que el Fandom sigue más vivo que nunca!

Nos leemos muy pronto. ¡Beso!