INFERNUM. REDEMTIONIS.

Los personajes de Candy Candy son propiedad de Mizuki e Igarashi, TOEI Animation, Tokio 1976, usados en este fic sin fines de lucro.

Capítulo 13

Farsa

Legan miró con recelo el final del último asalto de Archie en la Coupe du Monde par équipes que este año se celebraba en Varsovia. A través de las cámaras se le veía realmente satisfecho. Su especialidad era el florete, sin embargo, había tenido que usar la espada contra el atleta ruso que era bastante bueno. Como siempre, el equipo ruso era el favorito para ganar el campeonato, pero este año, el equipo estadounidense les arrebataba el primer puesto.

La cuenta de Instagram de Archie seguía creciendo en popularidad, algunos para alentarlo y otros apasionados activistas ambientales para insultarlo por el reciente derrame de petróleo. En la última fotografía de su cuenta de Instagram él aparecía sonriendo con su habitual seguridad y seducción, su cabello estaba sujeto en una coleta baja, aunque un poco se había liberado enmarcando su masculino rostro.

-Archie, los patrocinadores no dejan de contactarme – le dijo su entrenador con aires de triunfo –.

- Ya te he dicho que no me interesa, practico este deporte porque lo disfruto, no necesito de patrocinadores. Sinceramente, no me interesa aparecer semi desnudo en spots comerciales anunciando navajas de afeitar o accesorios deportivos que ni siquiera uso.

-Quizás tú no necesitas patrocinadores, pero piensa en el equipo, por favor Archie – resopló el hombre con una mirada de súplica mientras señalaba a sus compañeros que festejaban el resultado en el conteo de puntos.

-La verdad es que no nos vendría mal el apoyo económico para el equipo, por favor Archie.

-Hablaremos más tarde, te lo prometo – fue lo único que dijo al respecto.

El entrenador se concentró a partir de ese momento en responder mensajes de compañías de productos masculinos, deportivos e incluso, por extraño que pareciera, de casas de diseñadores de renombre que ofrecían miles de dólares por ver a Archie en sus pasarelas.

Archie se alejó de él para buscar entre el público a su prometida, necesitaba abrazarla fuerte, era como si la hubiese estado esperando para poder ganar un campeonato mundial. Cuando los reporteros se acercaron a entrevistarlo, Archie ya tenía en sus manos una bella y elegante orquídea dentro de una bella caja de cristal que Candy le había obsequiado. Ella se apartó un poco para darle su espacio, para que disfrutara su momento con su equipo, para celebrar con sus seguidores a través de los diferentes medios de comunicación que convergían en ese maravilloso momento. Para Candice él era la personificación de algún dios griego y sonreía enamorada a la distancia, sintiéndose orgullosa de su prometido. No dejaba de aplaudir emocionada. Archie se merecía este momento de gloria, el asalto había sido muy complicado, pero al final Archie había vencido. En ese preciso momento, Candice White Andrew era también foco de envidia de muchas chicas.

Del otro lado del globo, Legan sintió que la sangre le hervía cuando un beso en los labios de la pareja premió al recién campeón del mundo.

Habían pasado un par de meses desde el derrame de petróleo y las responsabilidades aún no habían sido deslindadas. Afortunadamente, el recuento de los daños arrojaba que el cierre de la válvula había sido prioritario y que ésta se había cerrado prácticamente de inmediato desde que el flujo de crudo había comenzado. Eso no significaba que la contaminación no existiese, sin embargo, era una prueba clara y fuerte de que se había actuado según las indicaciones de los procedimientos para la protección ambiental ante los derrames. Lo que continuaba en investigación era el hecho de que se perforara en aguas profundas sin el permiso de la Comisión Ambiental. Ese sí que era un grave problema. Cornwell Petro seguía pisando sobre terreno inestable en el mundo de los negocios, aunque, con las habilidades de Archivald, la compañía se mantenía a flote. Mas mantenerse a flote no es suficiente, habría que hacer algo fuerte para que las utilidades alcanzaran sus índices acostumbrados.

Ya Albert se estaba encargando de apoyar a Archie a través de su fundación para emplear todos los medios humanos, técnicos y de equipamiento que eran necesarios para controlar y confinar el hidrocarburo vertido en el mar, de manera que lo estaban retirando desde el agua, evitando así que llegara a la costa. Todas estas medidas estaban permitiendo que la confiabilidad en Cornwell Petro no se perdiera por completo.

Legan había seguido el caso muy de cerca, no estaba dispuesto a echarse para atrás en su plan de hacerle pasar un mal rato a su primo, que acaparaba las páginas principales de sociales, deportes, finanzas y moda. Archie siempre había gustado de llamar la atención con su imagen y este era su tendón de Aquiles: Legan embestiría justo en el talón, tal como Paris.

Había averiguado que en un par de semanas más se daría el veredicto pues ya no había mucho para discutir, los permisos de exploración eran falsos y había que pagar por ello. De pronto una sonrisa de triunfo se dibujó en su rostro, más bien: una mueca. Su momento estaba pronto.

Apagó el televisor, se levantó de su cómodo sillón y se sirvió una copa de whisky para brindar por su plan. En sus ojos había un brillo de amargo triunfo. Bebió de un solo sorbo el whisky y luego brindó levantando su copa hacia la nada.

Albert se había dado el tiempo de acompañar a Archie durante el torneo, así que el trío celebró durante la noche en un bello restaurante cerca del Parque Lazienki. Había un pianista tocando en el interior, por supuesto, música de Chopin, la atmósfera era elegante y sobria al mismo tiempo. Los comensales hablaban en murmullos y las notas del piano creaban un ambiente que a Albert se le antojó de principios del siglo pasado.

-Tío, muchas gracias por venir a apoyarme – Archie se llevó una copa de vino a sus labios con la felicidad escapándose por cada uno de sus poros.

-Yo había planeado en las olimpiadas ir contigo, pero me fue imposible. Me dije que no debería volver a sucederme, te felicito, Archie, ya casi eres tan bueno como yo – le dijo con una falsa pose de orgullo y le arrancó una sonrisa.

-Sí, ya casi – respondió.

Aunque pareciese una broma, Archie sabía que lo que Albert decía tenía mucho de verdad, a pesar de ser ahora campeón del mundo, aún no lograba ganar un solo asalto a su tío. Él era realmente bueno, pero eso era un secreto. Albert no estaba interesado en que saliera a la luz. La tía abuela se había encargado de que los mejores maestros de esgrima entrenaran a sus sobrinos, la única diferencia para Archie era que para él había un reto personal y eso lo motivó para buscar torneos. Sin embargo, Albert, de los deportes de caballeros que la abuela los había obligado a aprender, prefería la equitación y el polo. Adoraba esa simbiosis entre jinete y caballo.

Archie alcanzó la mano de Candice y besó su dorso dulcemente. Sus ojos eran fuego puro, así que antes de que los platos fueran servidos lanzó un sorpresivo dialogo:

-Tío, quiero pedirte la mano de Candy. Tú sabes cuánto la he amado, queremos casarnos lo más pronto posible – había un tono ceremonioso en su petición que Albert no pudo pasar por alto.

-Vaya, me has tomado por sorpresa, según veo, ella ya porta un anillo de compromiso – Albert sonrió con cariño, tratando de esconder en lo más profundo ese delicado nudo de su estómago.

-¡Albert! – Candice se sonrojó hasta las orejas.

-Tranquila, Candy – rió por lo bajo – no puedo creer que sigas sonrojándote con mis bromas.

-No puedo evitarlo – Albert notó que la luz de las velas del centro de mesa incrementaba el sonrojo de Candice y sonrió de nuevo.

-Archie, Candy es una mujer; si ella ha decidido que quiere ser tu esposa, entonces yo celebraré con ustedes. A decir verdad, ya me estaba desesperando por recibir esta noticia, tuve que comprar una mina para que esto sucediera. Estoy seguro que serán felices.

-¿Entonces, tú…? – Archie sonrió ante la sagacidad de su tío.

-¡Por supuesto, Archie! Tú tenías que dar el primer paso y no te decidías, así que te ayudé un poco – Albert sonreía feliz por el resultado de su idea, aunque tenía que aceptar que no pensaba que sus planes fueran a apresurarse tanto, en el fondo sabía que ya no había razones para esperar.

-¿Cuándo puedes viajar a Chicago para la fiesta de compromiso, tío?

Albert miró su teléfono celular para revisar su agenda y ponerle fecha al evento. Candy se había quedado sin habla, pero lucía radiante.

-¿Crees que tengas tiempo suficiente para preparar el evento en un mes?

-Un mes me parece perfecto.

-Habrá que decirle a la tía, y para ser sincero, no sé cómo vaya a tomar la noticia, pero ustedes no deben preocuparse por eso, por supuesto. Creo que le complacerá que desees hacer las cosas a la antigua anunciado tu compromiso.

En ese momento Archie cayó en la cuenta de que no había visitado a su tía a pesar del giro de su vida. Aún quedaba dentro de él algo de ese Archie enojado con la vida y no quería que eso continuase.

-¿Cómo está ella, Albert?

-Pues ya casi nunca sale de su habitación. Está en Lakewood, sé que Elisa la visita de vez en cuando. La llamaré para darle la noticia, aunque supongo que ya se lo imagina. No sale de su cuarto pero se mantiene informada; sabes que te adora, Archie.

-He sido un mal agradecido.

-No digas eso, solo tuviste desafíos que nadie quisiera.

-Creo que iré a Lakewood en cuanto regresemos a Chicago, quizás Candice quiera visitar también a sus mamis.

-¡Oh, Archie, gracias! – la rubia se acercó para besarlo dulcemente. Era definitivo: Estaban enamorados y Albert estaba feliz por ellos.

Archie nunca se había visto tan deslumbrante. Era como si su virilidad apenas estuviese despertando. Se le veía más seguro, más maduro, más completo. Y ella era simplemente indescriptible, lucía tan feliz como aquélla mañana en que partió al aeropuerto para viajar a la premier de Romeo y Julieta. Era como aquella jovencita ilusionada. Albert sacudió la cabeza para no seguir pensando, si lo hacía, terminaría preocupado por la reacción de Terry cuando se enterara del compromiso y eso era algo en lo que no quería pensar por el momento.

A la mañana siguiente, Archie se encontró con Albert en el restaurante del hotel. Necesitaba hablar con él, así que no había despertado a Candy, tras besarla dulcemente se escabulló silencioso para salirse de la cama, tomar un baño y desayunar a solas con Albert. El jet los estaría esperando para llevarlos a Londres al medio día, y de ahí Archie y Candy tomarían un vuelo comercial a Nueva York para luego ir a Chicago. El auto de Archie los estaba esperando en su hangar privado en Nueva York; aunque el viaje a Chicago era muy largo, era un hecho que Archie no estaba dispuesto a volar si podía evitarlo.

Era imposible que Archie se concentrara en lo que tenía que decir porque las señoritas lo reconocían y de inmediato se acercaban a pedirle alguna fotografía o un autógrafo, y como estaba tan bien acompañado, Albert no escapó de la audacia de alguna de ellas para pedirle una fotografía también. Archie y Albert tuvieron que pedir el desayuno en el cuarto de Albert.

Había un par de humeantes tazas de café frente a los caballeros. Un mesero se esforzaba por atenderlos apropiadamente con toda discreción. La ventana daba hacia una hermosa vista del barrio viejo, en las calles la actividad había comenzado desde muy temprano.

-¿Por qué estás tan misterioso, Archie? – preguntó Albert mientras degustaba un trozo de papaya con miel.

-Se trata de Neal y de Candy – dijo con tono serio, tratando de buscar las palabras adecuadas.

-¿Neal y Candy? – esto era totalmente fuera de contexto para Albert, su gesto lo decía todo.

-Sí – Archie resopló un tanto abochornado, era de la idea de que Albert tenía que enterarse lo que había ocurrido.

La narración de Archie fue sin demasiados detalles; tan solo los suficientes para que Albert comprendiera la magnitud y naturaleza del problema. El rostro de Albert cambió a medida que escuchaba de una relajación total a la indignación y enojo. ¿Pero qué pasaba con Neal, acaso no había sido tratado con los mismos privilegios que sus sobrinos? ¿Qué era lo que escondía en su corazón? ¿Por qué se empeñaba en lastimar a Candy? ¿Cómo había sido capaz de algo tan sucio y tan bajo? Tuvo ganas de cancelar sus compromisos para volar directo a Florida con el fin de darle un par de lecciones. ¿Y Candy? ¿Cómo había sido posible que Candy no fuera sincera con él? ¿Por qué no le dijo lo que le había ocurrido? ¿Así que esa era la razón de su autoexilio? ¿Por qué decidió sufrir sola? Albert estaba seguro de que ni siquiera podía comprender el enorme sufrimiento y pena que por la que Candice había atravesado. Tantos años, tanto tiempo, tantas charlas y jamás ella le dijo absolutamente nada. Archie adivinó los pensamientos de su tío.

-Tío, Candy y yo… Candy y yo… - vaciló – Candy y yo nos reencontramos cargando aún con nuestro pesar. Ella desapareció mi enojo y ahora yo le ayudaré a superar su experiencia. Cuando la encontré noté que ella era distinta, aún ahora, puedes verlo, no es totalmente la misma y creo que nunca lo será nuevamente. Es como si de pronto hubiera descubierto un mundo malo y se negara a vivir en él. Creo que por eso se aisló, sintió que ella no podría vivir en ese mundo nuevo, donde había sido burlada, ultrajada y abandonada. Yo la abandoné – el tragó saliva y perdió su vista en el cielo a través de la ventana – debí protegerla, cuidarla. No lo hice. No sabes todo lo que siento cuando pienso en las cosas que ella pasó lejos de mí. Y yo incapaz de ver más allá de mi propio dolor – la miel en los ojos de Archie se nubló por un momento mientras sus puños estaban apretados fuertemente. Albert vio un gesto duro e implacable hacia lo que Neal había hecho –. No he podido realmente externar todo lo que siento al respecto para que Candice no sufra más, pero siento repudio y mucho enojo hacia Neal. Quisiera hacerlo sufrir tanto o más de lo que ella sufrió, pero me detengo solo por ella.

-Archie, tú no la abandonaste. Yo sé cuánto la buscaste, sé cuánto la esperaste – Albert hizo una pausa esperando el contacto visual de su sobrino – ella se apartó de ti por Annie.

-Ya no quiero pensar en eso.

-Exacto. No te agobies con el pasado. Ahora lo importante es planear cómo recuperar la sonrisa de Candice y por supuesto, esas fotografías también.

-No sé qué hacer; en la era digital dudo que sea posible destruirlas totalmente. En una ocasión, en una conferencia, una criminóloga nos explicó que una vez que pones una fotografía en la red, ya nada puede quitarla. Puedes eliminarla de tus dispositivos, pero si ya estuvo en la red, será imposible quitarla, dijo que es como agregar una gota en un gran río que fluye constantemente.

-¿Y ya han estado en la red?

-No lo sé – Archie se encogió de hombros, su voz era apagada – Candy dice que ella las recibió en un sobre, no en su dirección electrónica.

-Quizás entonces Neal solo las tenga en un dispositivo.

-No lo sé, no lo sé, no lo sé – exclamó ya con desesperación, Archie – si yo fuera él, las habría respaldado no sé cuántas veces.

-Recuperaremos esas fotografías.

-Tío, déjame hacerlo a mi manera. Si no las recupero, al menos le dejaré muy claro lo que le sucederá si una de esas fotografías aparece en la red, ya sea con Candy o con alguien que se le parezca aunque sea un poco.

-Archie, ahora mismo no estás en posición de arriesgarte. Dejemos que George se encargue.

-Tío, ustedes son demasiado honestos y con Neal tenemos que usar sus métodos, déjamelo a mi.

-¿Crees que no lo sé? Confía en George, él tiene métodos muy… persuasivos cuando se trata de defender a la familia. Me pregunto qué pasaría con Neal si su padre llegara a enterarse de lo que le hizo a Candice.

-Seguro que le retira su mesada. No puedo creer que lo siga manteniendo.

-Creo que George encontrará la forma de negociar con Neal; a él tampoco le conviene un escándalo, mucho menos ahora que está tan interesado en el senado. Confía en mí, Archie. Por ahora solo dedícate a sanar el corazón de Candice, por favor.

-De acuerdo tío, eso haré.

-No le digas a Candy que sé lo que le sucedió, se moriría de pena.

-Por supuesto.

-Me gustaría que la persuadas a que busque ayuda profesional.

-No sé si pueda.

-Yo creo que si encuentras la manera, lo lograrás, ella es muy consciente de su situación, seguro que si se siente apoyada por ti se llenará de valor.

-Buscaré la forma…

-Hazlo, Archie – le urgió Albert.

-Será mejor que vaya con ella. Te veré en un rato.

De regreso en Chicago, Archie y Candice se dedicaron a hacer los preparativos de su fiesta de compromiso; ya no podían esperar más, el tiempo había sido suficiente para ambos. Candice había renunciado a su trabajo en la mina. Antes de romper con su relación laboral había entrenado a un joven médico en el puesto que dejó, así que se sentía satisfecha con su decisión, aunque su jefe le había dicho que la extrañaría mucho, todos se sintieron felices por su compromiso, por supuesto, todos, excepto Frank.

-Más le vale a ese muñequito de pastel hacerte feliz, si te hace llorar, avísame para ir a darle unas lecciones – le había dicho en tono de broma.

-Te enviaré la invitación para mi boda, no me quedes mal, Frank.

-Cuenta conmigo, la estaré esperando, quizás el novio se arrepienta y yo pueda entonces tomar su lugar – la besó en la mejilla antes de que subiera a la avioneta.

Había muchas cosas qué debían hacerse antes de la fiesta de compromiso. Archie y Candice eran prácticos, así que decidieron contratar una agencia de planificación de eventos para evitar estresarse con los preparativos.

Justo este día Archie debía presentarse en los tribunales para escuchar el veredicto final de la investigación del derrame de petróleo.

La agente había citado a Candy en una cafetería al aire libre en la magnificient mile para ultimar algunos pequeños detalles. Llegó mucho antes de la hora programada, así que decidió que podía pedir un pastel de chocolate y un buen café. Hacía tiempo que no se detenía a disfrutar de los pequeños detalles. Se sentía una mujer plena y feliz, estaba destilando feromonas al máximo nivel porque Archie no la dejaba ni a sol ni a sombra desde que ella había venido a Chicago para vivir juntos. Había pasado por una noche sumamente apasionada y esas ojeras no le importaban en lo más mínimo, era muy feliz.

-Dime Candy, ¿ya te enteraste? – Legan se sentó en la misma mesa, justo frente a ella mientras hacía la seña a un mesero para que se acercara a atenderlo. Tenía en su rostro su clásica sonrisa retorcida y sus ojos destellaban cierta maldad.

Candice nuevamente se quedó paralizada. Odiaba todo lo que tuviera que ver con Legan, y tenerlo justo frente a ella ocasionaba que la piel se le erizara de miedo. El silencio se apoderó de la pareja porque Candice no se atrevía a responder el saludo.

-Me dicen mis hombres que Cornwell Petro fue encontrada responsable. Sucede que el contrato de renta expiró justo el día anterior del derrame, así que la plataforma estaba siendo operada bajo responsabilidad de mi primo, ¿Cómo ves? – se burló.

Candy no podía creer lo que estaba escuchando. Ahí estaba ella, delante de este hombre al que temía, una vez más, como si él pudiese hacer con ella lo que se le apeteciera. Trató de ser fuerte y conservar la calma. Estaba segura que Neal no se atrevería a lastimarla en un lugar público. Hablaría con Archie para ver cómo podía ayudarle.

-Tengo en mi poder pruebas de la inocencia de Archie – declaró con cierto cinismo. Candice por primera vez se atrevió a mirarlo –. Si tú te separas de mi primo, le haré llegar las pruebas. Pero olvídate de la familia Andrew, no vuelvas nunca. Si vuelves, entonces, lo pondré en ridículo revelando al mundo nuestra noche de amor.

Candice se hizo pequeñita ante las palabras escuchadas. Temía lastimar la reputación de Archie. De cualquier forma, sin darle más tiempo, se levantó y abandonó el lugar. Neal iba a seguirla, pero un guarda de seguridad lo detuvo para que pagara la cuenta.

-¡Diablos! – bramó - ¡te aseguro que la próxima vez que nos veamos será porque tú me has buscado! – gritó.

Ya en el departamento, Candy no podía dejar de pensar en lo que Neal le había dicho.

Archie había cancelado su cita para comer y la noche estaba bastante avanzada sin tener nuevas noticias. Candy trataba de ser fuerte y paciente, suponía que su prometido debía estar en tediosas juntas de trabajo con los inversionistas para tratar de salir del problema, pronosticando el futuro de la empresa, analizando mercados y bolsas de valores. Candice lo esperó hasta que el sueño fue más poderoso. Al siguiente día descubrió que Archie no había venido a dormir, así que decidió llamarlo:

-Hola Candy – era una voz cansada y bastante estresada al mismo tiempo.

-Archie, no viniste a dormir, necesitas descansar – ella externó su preocupación de inmediato, sin siquiera responder el saludo.

-Lo siento, mi amor, no esperaba estar aquí tanto tiempo. Sinceramente, creí que volvería a casa un poco después de la hora de la cena. Perdí la noción del tiempo.

-¿Puedo ayudarte en algo?

-No, Candy. Por ahora no hay nada que puedas hacer. Pero no te preocupes, por favor – Archie no pudo evitar llenarse de ternura por la llamada de Candy. Su voz le revitalizó.

-¿Vendrás hoy?

-Por supuesto. Necesito verte. Iré un par de horas para tomar un baño antes de reunirme nuevamente con los inversionistas. Paul está preparando la video conferencia. Anoche nos reunimos, ahora deben estar analizando la última información, así que tomaremos decisiones esta misma mañana.

-Archie, estás trabajando mucho.

-En esta ocasión no tengo opción. Debo hacerlo. Entiendo que estás enterada de todo, así que no dudo que comprendas.

-¿Es muy grave la situación?

-Pues si no cubrimos la multa, puedo ir a la cárcel. Pero no te preocupes, podemos pagarla.

-¿Entonces por qué te escuchas tan preocupado?

- Candy, te veré en un momento. Iré a casa y podemos hablar todo lo que quieras. ¿De acuerdo?

-Sí, Archie.

Candice preparó el baño para recibir a Archie. Coció albahaca, canela, ortiga, romero y savia para ayudarlo a energizarse. Sabía que tendría un día muy pesado, así que deseaba colaborar un poco. Encendió velas aromáticas, eligió una iluminación tenue y se aseguró de que las toallas estuvieran dispuestas. Él cuidaba de ella, así que ella cuidaría de él.

Después esperó en la sala pacientemente hasta que escuchó el ruido del elevador, entonces se levantó presurosa para recibirlo en un largo y bello abrazo. Archivald se sintió como nunca antes; este no era el primer problema corporativo que enfrentaba, pero siempre había estado solo. Sentirse bienvenido en casa, arropado en los brazos de la mujer que amaba se sintió como la gloria misma. Se refugió en ella y finalmente se rindió a la situación.

Candice notó el cambio de actitud de Archie y lo abrazó con más fuerza.

-Amor, déjame tomar un baño, volveré en seguida. Me siento incómodo, no me gusta sentirme sucio.

-Por supuesto, anda ve. Te prepararé algo para desayunar.

-Tengo una mejor idea – Archie se forzó a sonreír –; Paul y yo desayunamos en la oficina. Mejor ven conmigo.

La tomó de la mano y la condujo al baño. Se sintió conmovido una vez más por las atenciones encontradas. Siempre había llegado a la soledad de su departamento y esta experiencia simplemente lo desarmaba por completo. Ella estaba ahí, a su lado. Cuidando de él, preocupada por él. Habría querido hacerle el amor ahí mismo, aunque en realidad, estaba agotado y ella lo adivinó de inmediato así que decidió empezar a desnudarlo. Archie se sorprendió por la naturalidad de los movimientos de Candy. No quería perderse ni una sola de las miradas que ella le dirigía. Era simplemente hermosa.

En poco tiempo ya estaba disfrutando de los detalles que Candy había preparado en el cuarto de baño. Sentía el agua tibia envolviendo su cuerpo, tenía los ojos cerrados y su cabeza recargada sobre una toalla, concentrado en el masaje de la corriente de aire en el jacuzzi. Candy estaba en silencio, se sentó fuera de la tina para solo contemplarlo. Él no la miraba, sin embargo, la sentía y su sola presencia lo tranquilizaba a grados que ni siquiera él mismo comprendía.

Ella era la mujer que adoraba, reconocía su presencia en su vida, en los mejores y en los peores momentos. Con ella habían despertado sus esperanzas infantiles, sus sueños incontrolables y húmedos de adolescente, sus necesidades adultas de soporte, e incluso, sus más grandes desolaciones al haberla sabido enamorada de otro. Él se había apartado para verla feliz, para que disfrutara de esas sensaciones que resaltaban su feminidad, su hermano le había puesto el ejemplo, y aunque se muriera de celos, había sido capaz de poner como prioridad en su vida la felicidad de Candy.

Qué feliz era de saber que pronto la llamaría su esposa. Ya nada ni nadie podría apartarla de su vida. Abrió sus ojos y la contempló preocupada, ese gesto que la acompañaba era lo que menos deseaba vislumbrar en ella. Por el momento no podía hacer nada, ella sabía de sus vicisitudes y estaba siendo fuerte para él y solo para él.

Archie alcanzó la mano de Candice, que continuaba en silencio y la besó, recogiendo de la suave piel la antiquísima caricia con sus labios. Ese era uno de sus besos favoritos, el que continuamente depositaba en la misma mano de antaño, ahora con las emociones potencializadas, provocando un mayor sonrojo en ella.

-Ven aquí – no fue una invitación, en realidad, fue una súplica.

Ella se puso de pie para desnudarse, sin embargo, era tan grande la necesidad de Archie que se lo impidió.

-No, Candy. Por favor, ven ya, necesito un abrazo – le confesó.

-Pero mi vestido, Archie…

-No importa, anda, ven – la miel de los ojos masculinos prácticamente derritieron cualquier defensa de la mujer. Ella le sonrió compenetrada y él le devolvió el gesto.

Archie la vio irrumpir en el jacuzzi como en un sueño, con delicadez la atrajo hacia él y ella lo acurrucó en su pecho con ternura infinita. El abrazo de Archie cambió. Ahora se aferraba al cuerpo femenino como si ella fuera un bote descubierto por un náufrago. No quería desplomarse, no con ella. Él deseaba ser fuerte para que ella se sintiera protegida. Sin embargo no pudo engañarla. Él se había sujetado con tal fuerza a ella que no percibía que todos sus miedos estaban siendo revelados con tal transparencia que se mostraban ante ella casi tan inmisericordes como él los estaba viviendo.

-Archie, no tengas reparo en mostrar tus miedos conmigo. Aquí estoy – le habló al oído mientras percibía el esfuerzo de Archie por no dejarse vencer ante ella.

La única respuesta de Archie fue el incremento de su abrazo. Él siguió refugiado en el pecho que adoraba, como si la vida misma dependiera de esa unión.

-Todo estará bien. Encontraremos una forma de salir adelante, ya lo verás.

-Nunca pensé estar en esta situación. Para empezar, ni siquiera me interesaron jamás los negocios de mi padre. No sé cómo lo dejé convencerme.

-¿Has hablado con él?

-Por supuesto.

-¿Y qué es lo que opina?

-Dice que alguien trata de perjudicarme, pero que Cornwell Petro es más fuerte de lo que yo mismo comprendo, dice que confíe en que la reputación de la compañía estará bien y que todo tomará su curso.

-¿Y tú, qué piensas?

Archie se liberó totalmente del abrazo y la contempló como en un ensueño. El fino lino de su vestido se había entallado y transparentado, ella era simplemente la mujer más sensual que hubiera visto.

Trató de concentrarse en la conversación y replicó:

-Muchas grandes empresas han salido adelante pese a sus recalls, incluso con pérdida de vidas. La más grande automotriz japonesa, por ejemplo. Y una de las más grandes automotrices americanas. Ambas han dado la cara y han hecho lo mejor por reparar los daños de sus errores – Archie se encogió de hombros –. Papá dice que yo también sacaré la compañía adelante.

-Yo también lo creo. Confío en ti, Archie – ella acarició el húmedo cabello de Archie – estoy segura de que encontrarás la forma para que Cornwell Petro sea lo que siempre ha sido.

-¿De verdad tú lo crees?

-Por supuesto.

-Eso es todo lo que necesito. Que confíes en mí.

-Eres un as en los negocios. Sabes muy bien lo que debes hacer, no tengas miedo de corregir lo que debes.

Archie se sintió Poseidón. Con Candy a su lado bastaría con levantar su tridente para que los mares estuvieran en paz nuevamente. Volvió pues al erótico escrutinio del cuerpo de su prometida envuelto en el transparente lino y le sonrió con seducción.

-Ahora sí – le dijo con sus pupilas dilatadas – ya podemos deshacernos de este vestido. Permíteme – la atrajo a él ciñéndola firmemente de su cintura, conduciéndola para que ella se sentara a horcadas sobre su pelvis, besó su cuello delicadamente y después, con sus dientes, se aseguró de deslizar por los hombros los tirantes del vestido mientras sus manos abrían el cierre de la espalda. No había tarea que Archie prefiriera más que despojar a la mujer de su vida de su ropa; adoraba ese delicado sonrojo en sus mejillas cuando estaba completamente desnuda.

Archie la amó una vez más. Se fundió con ella. Ambos se sintieron plenos cuando llegaron al climax.

Después de esa tarde, la realidad los fue envolviendo.

A Archie le gustaba involucrarse en los preparativos de su fiesta de compromiso. La agente comprendió por qué es que la habían contratado, no era precisamente para tomar decisiones, sino para ejecutar los elegantes y sofisticados gustos de Archivald Cornwell. Archie, quería que todo fuera digno del evento de su vida. Era verdad que había sido casado ya, pero esta vez Candice sería su esposa, así que estaba muy feliz y entusiasmado. Aunque de vez en cuando, cuando creía que Candice no lo miraba, se quedaba serio y ausente. Sin duda alguna, seguía preocupado, preparando estrategias, pronosticando, planeado la mejor forma de sacar su compañía a flote. Las últimas semanas seguían con pérdidas empezaba a desesperarse. Candy había hecho todo lo posible por apoyarlo, por ayudarle a recuperar lo que había perdido, por hacerle saber que contaba con ella; desgraciadamente, era poco lo que ella podía hacer. Candy comenzaba también a desesperarse por volver a ver a Archie con la confianza de siempre.

Una tarde, mientras que Archie se encontraba en el consorcio Andrew -porque no había abandonado por completo las obligaciones que había adquirido con su tío- Candice recibió una llamada.

No hubo saludo ni tampoco hubo cortesía. Solo un mensaje directo.

-Ya te he dicho que tengo pruebas suficientes del sabotaje del que fue víctima mi primo – se escuchó la voz del otro lado de la línea – si lo abandonas, le haré llegar las pruebas.

-Sabes muy bien que nadie puede confiar en ti – titubeó, abriendo la puerta para la negociación.

-Por ti, lo haré – por increíble que pareciera, la voz de Neal tomó un tono aterciopelado que logró que la piel de Candice se erizara.

-No tengo ninguna garantía. Además, Archie puede salir de esto.

-No me digas que mi primo no te ha dicho todo.

-¿Qué quieres decir?

-Le prohibieron seguir rentando sus plataformas. Tuvo que deshacer sus contratos con sus clientes, ellos están muy molestos. Están demandando el cumplimiento del contrato o la retribución económica. Pero mi primo no puede retribuirles a todos sus clientes, si lo hace, la compañía se va a la quiebra, pero debe elegir entre pagar o ir a la cárcel.

-Mientes.

-Yo no miento.

-Por supuesto que lo haces.

-Llamé para darte una solución, no voy a permitir que me insultes. ¿Lo tomas o lo dejas?

Hubo un largo silencio. Candy sabía que aceptar la oferta de Neal significaba terminar con su relación con Archie, pero al mismo tiempo, lo salvaría de la quiebra y le ayudaría a recuperar su reputación.

-No tengo todo tu tiempo – en realidad, Neal habría esperado toda la tarde por una respuesta de Candy. Disfrutaba de tenerla acorralada.

-¿Cuál es tu plan, Neal?

-Ya te lo dije. Es simple: Tú rompes tu compromiso con Archie y yo le doy las pruebas para que quede libre del candado que tienen sus plataformas y pueda volver a trabajar.

-¿Y tú que sacas con esto?

-¿Yo?

-Por supuesto ¿qué es lo que quieres?

-Solo quiero… - Legan no continuó.

-¿Si me aparto de Archie, cuándo entregarás las pruebas?

-Mi primo tiene cita en un mes en los juzgados. Se los daré ese mismo día.

Candice guardó silencio. Se sentía enclaustrada en un calabozo. Sin embargo, se armó de valor.

-De acuerdo, me iré esta misma tarde. Cuando Archie llegue a casa ya no me encontrará.

-No tan rápido. Quiero que además te comprometas con otro hombre.

-Jamás me comprometeré contigo, Neal.

-Archie jamás se creería la farsa si te comprometes conmigo. De inmediato adivinaría lo que pasa. Quiero lastimarlo. Busca a Grandchester y comprométete con él. Será muy divertido – la voz de Neal se escuchó entusiasmada.

-Estás enfermo, Neal.

-Solo quiero lastimar a Archie. ¿Debo recordarte lo que sucederá si regresas, Candy?

-Archie nunca te ha hecho daño – logró decir mientras recordaba la amenaza de sus fotografías.

-Claro que lo hizo. Muchas veces lo hizo. Y la última golpiza no se me olvida.

-Estás loco. Me iré ahora mismo – Candice ya no deseaba seguir hablando; colgó la llamada respirando profundo. No tenía miedo. Confiaba en que al arreglarse las cosas ella podría explicarle todo a Archie y él la comprendería. Tenía que encontrar la forma de acorralar a Legan para que dijera la verdad en lo futuro.

-Terry dijo que podía contar con él – pensó. Hizo una pequeña maleta de viaje, compró en línea un boleto aéreo para Nueva York y salió de casa, dejando tras de ella tan solo una corta nota. Neal había sido muy claro, Archie tenía que creer la farsa:

Lo siento Archie. Me voy con Terry. Por tu bien, no me busques.

Candy.

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Malinalli, a 11 Marzo 2018. Torreón, Coahuila, México.