6:27pm.
Con el atardecer llegaron las primeras gotas de agua de la prometida tormenta. El sol se hallaba completamente oculto por las nubes, de modo que la luz que llegaba hasta el grupo era tan pobre como débil. Por aquel motivo, Reika Sato había tomado la decisión de volver al espacio seguro de la cabaña que rodeaba la montaña, llevándose consigo a quienes no afrontarían la Prueba de Uedo: Ukyo, Inosuke, Dai y, por supuesto, Akane. No se habían dirigido la palabra desde el incidente del claro hacía menos de dos horas; pero aquello no fue suficiente para erradicar la molestia que se instaló en el pecho de Ranma tras verla marchar, sin siquiera mirarle ni dedicarle ni una sola palabra. Fue de esa forma que su indiferencia se convirtió poco a poco en irritación, hasta finalmente convertirse en indignación. ¡Él no le debía ninguna disculpa! Vieráse por donde fuese, el plan de la chica era una completa locura: Intercambiar parte de su ser por su maldición era algo que podría llegar a ser, incluso, un insulto directo a su ser. ¿Es que no le creía capaz? Durante su juventud había superado infinidades de pruebas. Desde luchar al borde de la inanición contra Picolet Chardin en las Pruebas de Artes Marciales La Belle, hasta incluso perder toda la fuerza de su cuerpo tras recibir la Moxa Debilitante por parte del viejo Happosai. Había salido victorioso de todos y cada uno de sus retos, lo cual incluso le ayudó a superarse a sí mismo en el transcurso de los años, de modo que lo tenía claro: No era él quien debía dar su brazo a torcer para quebrar la nueva barrera que se había formado entre ellos. Aquello en definitiva no le correspondía.
Cuando el grupo de personas abandonaron el claro por completo hasta perderse en la oscuridad del bosque, tanto Ranma como Ryouga habían adoptado sus respectivos cuerpos malditos a causa de la lluvia. Su ahora abultado pecho subía y bajaba de forma irregular a causa de su respiración entrecortada y, a pesar de darse media vuelta para encarar al viejo Uedo que yacía entre ambos estanques, su mente seguía con los últimos sucesos que habían acontecido con ella. Su relación había avanzado considerablemente hasta el punto de que finalmente podía tocar su cuerpo sin ningún tipo de pudor, y dar lengua suelta a todo el torrente de pensamientos lascivos que se manifestaban a través de sus palabras mucho antes de que pudiera siquiera pensarlas. Aquello se debía a su deseo por Akane, el cual desembocaba con cada día que pasaba hasta dejarlo cada vez más hambriento. La escenita que vivieron en el bus no hizo más que rasgar todos los hilos de cordura que quedaban en su cabeza en el trayecto, despertando en él instintos tan desconocidos como placenteros. Comprendió lo mucho que necesitaba de ella, lo mucho que necesitaba embriagarse con su cuerpo hasta quedar satisfecho… Pero discusiones como aquellas no hacían más que marcar un punto y final en su avance para retroceder a cinco años atrás, cuando todavía tenían discusiones insignificantes que lograban escalar hasta convertirse en una bomba de humo. Era complicado. Todo en cuanto a Akane lo era.
— Debo repetirme. — El Señor Uedo había regresado cuando las decisiones ya estaban tomadas, de modo que les miró a ambos desde su posición con severidad. Gracias a esto Ranma pudo volver al presente, olvidándose momentáneamente del constante ardor de molestia que quemaba su pecho. — Las dos pruebas que están por tomar no deben tomarse a la ligera; este será un reto físico y mental de alta magnitud. ¿Están seguros que…? —
— No se desgaste, anciano, ya todo está dicho. Tomaremos la prueba cueste lo que cueste. — Ranma apretó sus puños, los chillidos de Ryouga en su forma de cerdo actuaban para darle peso a aquella afirmación.
— Bueno, vale. Sólo cumplía mi deber de informarles en lo que se están metiendo. — Uedo avanzó con cautela para no resbalar. El pasto en sus pies crujía con cada avance en tanto la lluvia aumentaba su fuerza. — La Montaña Henko probará sus valías en las tres cascadas que vieron previamente al llegar, partiremos allí al amanecer, de modo que es vital que se encuentren tan despiertos como motivados. Como advertencia y consejo; puedo decirles que éste es un sitio tan abundante como falso, no pueden creerse al cien por cien lo que ven sus ojos. ¿De acuerdo? Todo es real en caso de que ustedes decidan que debe serlo, o en dado caso no lo será. — Había cierto enigma en su voz que convertía toda la experiencia en algo mucho más trascendental. Ranma acató sus palabras aceptando que, en efecto, se trataría de algo que iba mucho más allá de los límites que alguna vez había alcanzado, y sin lugar a dudas estaba a punto de zambullirse en un plano tan delicado como imponente. Se preguntó a qué era lo que se refería, así como también qué era exactamente lo que ese lugar les tenía previsto que lograba generar cierta amenaza sobre sus cabezas. — Pasarán la noche en la cabaña que tienen ante sus ojos. No es acogedora, pero les resguardará de todo el proceso que se genera durante las noches. — Señaló el lugar con un dedo arrugado, lo cual generó ciertas dudas en Ranma. No comprendía de qué forma iba a poder conciliar el sueño o descansar en un sitio como aquel, que lucía macabro e inhabitable. — Pueden entrenar sus cuerpos en este lugar en dado caso de que deseen prepararse, tan sólo eviten alejarse demasiado de este lugar. Y por último… — El viejo llevó su diestra al interior de su andrajosa capa, desde donde sacó dos collares de perlas turquesas para extendérselas. Tanto Ranma como P-chan, observaron los objetos con curiosidad y desconfianza. — Estos collares están impregnados con magia, así que mientras estén en esta montaña el agua fría no los convertirá en chica o cerdo. — Alternó su mirada entre ambos, como si quisiera saborear el poder que habían tenido sus palabras, en tanto Ranma parpadeó. ¿Un objeto capaz de anular el efecto de su maldición? La pelirroja alargó su mano hasta tomar el objeto, inspeccionando las perlas color turquesa de atrás hacia delante en su intento por descubrir su naturaleza, pero se veía ordinario e inofensivo.
— ¿Hay alguna consecuencia tras usarlo? — Cuestionó Ranma.
— No la hay, es tan sólo un objeto de soporte para que puedan realizar su prueba sin contratiempo. —
— ¿De verdad? Es difícil creer que exista algo de fiar en este lugar, para variar. — La pelirroja tanteó un poco más las perlas del objeto hasta que, finalmente, se la colocó sin ninguna dificultad. Lo que no se esperó fue que, al hacerlo, volviese de inmediato a su forma original, lo cual le arrancó un grito ahogado y los chillidos de P-chan se intensificaron. — ¿¡Pero qué mierda…!? —
— Tiene un efecto inmediato, olvidé mencionarlo. — Dijo con cierta sorna, como si disfrutase de la sorpresa que había generado en el par. Uedo arrojó el segundo collar en dirección al cerdo; el cual era lo suficientemente grande como para rodear todo el cuerpo del animal. Sin embargo, bastaron sólo segundos para que su maldición se revirtiera, llevándolo de nuevo a su condición humana. Desnudo como estaba, tomó el objeto con su mano diestra y lo observó con cierto asombro, girándolo entre sus dedos.
— ¿Dónde demonios ha estado esta cosa durante toda mi vida? — Cuestionó Ryouga con cierta exigencia, sin ocultar el rastro de emoción que dejaba escapar en su tono de voz. — ¿Hay alguna forma de hacerlo funcionar fuera de la montaña? —
— Me temo que no. Es sólo un artefacto necesario hasta que finalicen la prueba, luego de eso desaparecerá. — Contestó el viejo, quien desvió su mirada de nuevo hacia Ranma con cierta incomodidad. — Joven Hibiki, vístase por favor. —
Hubo una pausa en donde únicamente se escuchó la lluvia y varios pares de relámpagos a la distancia. Ranma observaba la manera en que las perlas brillaban de forma tenue en medio de la oscuridad… Parecía un objeto ordinario, pero no cabía dudas que la magia fluía en el con fuerza. Podía sentir en su cuerpo y sus venas la manera en que un extraño poder fluía de forma débil en su ser. Era insignificante, pero bastaba para hacerle entender que había entrado en un terreno en donde sus habilidades físicas no le servirían de nada, pues no era algo que pudiese combatir en cuerpo y sangre. Fue entonces que se abrió en su mente una escasa probabilidad, lo cual se manifestó en forma de dudas dentro de su cabeza. El moreno entonces fijó su vista en el anciano, a la espera de que su rostro no le delatara.
— ¿Qué sucederá si no tenemos éxito? — Dejó la pregunta en el aire, sin inmutarse ante la lluvia. Aquello pareció bastar para despertar, por primera vez, la curiosidad del viejo Uedo.
— ¡Vaya! Con que por fin te das cuenta en donde te has metido. ¿No es así? —
— ¿Ranma? — Aquel fue Ryouga, con el ceño arqueado. No era usual que él mostrase aquel lado humano lleno de dudas, de modo que, una vez vestido, se acercó para comprobar que no se encontraba enfermo. — ¿Es que ahora estás dudando? ¡Lamento informarte que no hay tiempo para eso! —
— No seas idiota. ¿Por quién me tomas? ¡He dado mi palabra de lo que lo haré! No existe nada lo suficientemente poderoso como para acobardarme. — La determinación brilló en sus orbes una vez que sostuvo su mirada con Ryouga. — Pero desde lo que sucedió con Akane deduje que todo en este lugar te lleva a una inesperada consecuencia, así que sólo estoy intentando ahorrarme la maldita sorpresa. ¿Qué sucederá si no tenemos éxito? — El joven repitió su pregunta, esta vez alzando su voz para imponerse sobre los ruidos de la naturaleza. Desde donde estaban, Uedo les miraba con cierta perspicacia. Sea lo que fuera lo que estuviese pensando, no lo compartió con ellos.
— Esto es una prueba, muchacho. De fallarla perderás la oportunidad de intentarlo de nuevo, es por ello que se requiere una alta preparación física y emocional. ¿Dices estar a la altura, no es así? Entonces no tienes nada que temer, mantén la confianza de la que tanto alardeas y quizás, solo quizás, logres liberarte de la maldición de Jusenkyo. Es todo cuanto puedo decirles. — El viejo se dio media vuelta para encaminarse a los límites del Bosque una vez más. Desde donde estaba, Ranma pudo percibir el cansancio que le consumía, de modo que bajó sus humos. — Guarden energías y preparen sus mentes. Volveré por ustedes al amanecer. —
— De acuerdo. — Espetó Ranma, guardándose las manos en los bolsillos. — Y… Uh, supongo que alguien debe de decirlo. ¿No? Así que gracias. Por todo. —
El viejo Uedo le miró por encima de su hombro con cierta sorpresa, pero sus labios lograron curvarse en una sonrisa cálida en medio de la tormenta. No dijo nada más mientras avanzaba hasta internarse una vez más en el oscuro bosque, sabiendo que regresaría a primera hora con sus energías renovadas. Ranma dedicó una mirada a Ryouga para luego hacer un movimiento con su cabeza, señalando hacia la siniestra cabaña que sería su techo por aquella noche. ¿Por qué guardaba una vaga similitud con la primera cabaña? ¿Estarían conectadas de cierta manera? Ambos avanzaron en silencio hasta adentrarse en el recinto, siendo recibidos de inmediato por distintos olores desagradables como humedad, pudrición y abandono. A pesar de no tener luces, Ranma logró divisar la vieja escalera postrada en la esquina, además del umbral que daba hacia el comedor y el mismo espacio gigante en la sala en donde se suponía que debían de estar los diferentes sillones en forma de "O". Sin embargo, todo el lugar se hallaba desierto, de modo que su única compañía eran las gotas de lluvia sobre el tejado. El oji-azul fue el primero en tomar asiento en el suelo, adoptando una pose de indio, en tanto dejaba escapar un suspiro largo.
— Vaya día de locos. Mira que dejarte secuestrar por un viejo demente… Eso es bajo incluso para ti, P-ch—… — El aludido hundió un puño sobre su cabeza antes de tomar asiento ante Ranma con cara de pocos amigos. Aquel recuerdo era un insulto directo hacia él.
— Cierra la boca, al menos he dado con la fuente de la cura primero que tú. ¿Qué hacías tú, a todas estas? ¿Ocupado entre las bragas de Akane? — Soltó con sarcasmo, a sabiendas de que su amigo se encontraba en un estado de abstinencia con ella. No es que pudiese entenderlo, pero utilizaba aquel hecho para constantemente picar en su herida.
— Vaya, para variar hoy parece ser que diste en el clavo. ¿Por qué? A estas alturas ya no debe de darte celos. ¿O sí? — Contraatacó Ranma con sorna. No le hacía demasiada gracia mencionar a su prometida con tanta frecuencia, y mucho menos para irritar a Ryouga como en los viejos tiempos, de modo que el sabor de su nombre le resultaba un tanto amargo a su lengua. Su amigo, por su parte, abrió sus orbes de par en par. ¿De verdad se había dignado a avanzar? ¿Y ella lo había permitido?
— Ja, celos. Te recuerdo que he sido yo el primero que ha tocado y dormido entre sus pechos mientras tú compartías habitación con un panda oloroso. La he visto desnuda también, e incluso me bañé con ella en una ocasión en invierno. ¿De qué exactamente podría sentir celos? En lo que a mi respecta te llevo siglos de ventaja en todo. — Ryouga se encogió de hombros con suficiencia en tanto Ranma fruncía el ceño. Había empezado a molestarse.
— ¿Sacarle ventaja a tu condición como cerdo es una victoria para ti? Por favor, Ryouga. Ni siquiera tuviste el valor para ser un hombre ante ella, y vaya que tuviste oportunidades de sobra. — Sentenció con cierto nivel de molestia, dejando las palabras en el aire. Ryouga bufó.
— ¿Y tú sí? — La mirada de su amigo se había tornado un tanto gélida, de modo que Ranma lo emuló. — ¿Es por eso que se ha marchado hoy sin verle la cara a nadie? No hay que ser muy listillo para darse cuenta de que sigues siendo un idiota con ella, Ranma. —
— ¿Yo? Si se ha marchado es porque su terquedad no conoce límites, del mismo modo que tú no conoces tu lugar, Ryouga. No te metas en esto. — El chico dejó caer su espalda en el suelo, colocando ambas manos detrás de su cabeza para usarlas de soporte y finalmente, estirar su cuerpo sobre el frío suelo. A su lado, el exterior dejaba ver un clima mucho más salvaje, donde la lluvia y el viento danzaban de forma amenazante a tan solo pasos de donde estaban. Pequeñas gotas salpicaron en su rostro en el momento en que Ranma giró su cabeza para observarlo con detalle, sin serenar su expresión de molestia. ¿Qué él había sido un idiota con ella? ¡Todo lo que había hecho era intentar mantenerla a salvo!
— Akane es una gran amiga para mi. ¿Crees que puedo quedarme al margen luego de ver su rostro lleno de tristeza? ¡Prometiste que te dejarías de tonterías con ella! —
— ¡Ya cállate, Ryouga, no sabes nada! No voy a ceder a sus caprichos siempre que le venga en gana. No puedo simplemente permitir que entregue parte de su vida por mi. ¿Cómo crees que me haría sentir eso? ¡Ella es lo único importante que tengo en mi vida! — Aquellas palabras fueron pronunciadas desde el interior de su pecho, de modo que cuando cerró la boca, se sintió repentinamente vacío: Akane tenía un papel inmenso y significativo en su vida; y tan sólo había sido capaz de darse cuenta de ello cuando estuvo a punto de perderla. Nunca, ni siquiera una vez, Ranma lo había expresado con palabras hasta en ese momento. Era un sentimiento extraño, como el de cuando se quedaba sólo en el dojo de la universidad luego de una larga sesión de entrenamiento con tus compañeros.
— ¿Se ofreció como opción para la prueba del segundo estanque? — Cuestionó Ryouga con un hilo de voz, pero el moreno no se dignó a dar una respuesta inmediata. Sus orbes azulinos observaban fijamente el exterior en tanto rememoraba su discusión con ella, y la manera en que sus ojos se habían llenado de lágrimas ante su negativa. En su rostro níveo no había dudas, y su determinación a hacerlo no hizo más que hacerle enfurecer con creces. La vida de Akane no era algo que pudiese tomarse a la ligera, ni nada que pudiese intercambiarse en lo absoluto. Ranma dejó escapar un suspiro, dejando entrever su cansancio.
— Así es, lo ha hecho sin siquiera dudarlo. —
— Pero es una locura… —
— ¿Ahora lo entiendes? De ninguna forma iba a permitir algo así, tuve suficiente tras lo de China. — No era su intención dejar en evidencia la debilidad que le generaba aquel episodio, pero era imperativo dejar en claro que bajo ningún motivo pondría su vida en peligro de nuevo. Mucho menos por él. — Le demostraré que puedo conseguirlo sin su ayuda, y entonces me pedirá disculpas por pedirme algo tan descabellado. Casi puedo verlo. — Sonrió en señal de victoria, a pesar de saber que su prometida no tenía intenciones de hablarle en un futuro cercano. "¡Me tiene sin cuidado lo que pase contigo en este lugar!" Habían sido sus palabras, de modo que Ranma perdió las esperanzas casi al instante de pensarlo.
— ¡Ja! Suerte con eso, colega. ¿Acaso olvidas de quién estás hablando? — Ryouga dejó escapar una risotada un tanto contagiosa, la cual logró que sus labios se curvaran en una sonrisa corta: Era cierto, el orgullo de Akane jamás se doblegaría para formar una disculpa, mucho menos cuando creía que llevaba razón. Lo sabía perfectamente. — En todo caso, esta no habría sido la primera vez que antepone su vida por ti, lo ha hecho ya en varias ocasiones. Es una gran persona. — Ranma entreabrió sus orbes.
— Es una grandísima tonta. —
— Quizás… Pero es por ello que son tal para cual, aunque tú te llevas la batuta en eso. — El moreno le dedicó otra mirada asesina en tanto su amigo soltaba otra oleada de risas. — Iré a tratar de pillar algo de sueño, toda esta aventurilla me ha dejado molido. —
— Claro, eso sin contar lo mucho que te lo ha liado U-chan. — Recordó con una sonrisa a su amiga, cuyo encuentro con Ryouga había resultado más en reclamos que en otra cosa. Su amigo suspiró.
— Ni me lo recuerdes. — Ryouga se colocó de pie para desperezar su cuerpo antes de marcharse al fondo de la habitación, en donde la escasa luz de la noche no podía llegar.
La intensidad de la lluvia aumentó con el pasar de los minutos, de modo bastaron solo horas para que en el exterior no pudiera verse más que una fuerte cortina de agua, acompañada por un viento indomable. El joven cubrió sus ojos con su antebrazo izquierdo en su fallido intento por conciliar el sueño, pero su mente no podía simplemente alejarse de Akane. Rememoró la cantidad de veces que se había puesto en peligro en pos de su bienestar, como aquella vez que se arrojó a su torbellino para recuperar el papel que contenía la cura para la Moxa Debilitante… O cuando tomó el lugar de un Artista Marcial de Kendo para hacerle frente a Kuno cuando luchaba contra aquella chica porrista. O cuando se lanzó a las mismísimas fauces del Dragón de Ryugenzawa para ayudarle a escapar de una muerte segura… O, la peor de todas, cuando su cuerpo se disolvió en China al momento de tomar la Kinjakan para detener los avances de Saffron. Todas aquellas habían sido decisiones nefastas, pero Akane las había tomado sin siquiera dudar… Siempre pensando en ayudarle, en contribuir, en salvar. "¡Por si no lo recuerdas, fui yo quien estuvo a tu lado todo este tiempo!" Sus palabras resonaron con eco en su cabeza, martillando cada fibra de su ser con una constancia aturdidora.
Le llevó horas conciliar el sueño en medio de ambas tormentas: La del exterior y la que se había creado en su propia mente… Pero cuando lo hizo, el rostro de su prometida le dedicaba una mirada de pocos amigos antes de girarse y desaparecer por completo de su cabeza.
[…]
Al día siguiente, 5:10am.
Los rayos del sol entraron en la instancia de forma leve, golpeteando su rostro de forma cálida en la mitad de la sala. Su boca se abría y cerraba constantemente con cada ronquido, girándose para encontrar la comodidad en el frío suelo que usaba como cama, lo cual le costaba al ser una verdadera molestia. Pero lo era aún más la constante voz que resonaba en la distancia. Se le escuchaba enojada, y le llamaba una y otra vez sin descanso. ¿Quién era? ¿Por qué le estaba molestando? Su cerebro tardó aproximadamente tres segundos en deducir que no se trataba de un sueño, de modo que abrió un ojo lentamente, encontrándose al viejo Uedo sobre él.
— Tienes el sueño pesado. ¿No? Eso también puede ser una maldición. —
— No. Ha sido así toda la vida, el pobre vino con defectos. — Respondió Ryouga en su lugar. El collar de perlas que rodeaba su cuello brillaba de forma tenue a causa de la luz solar; pero aquello fue suficiente para incomodar la vista del Ranma. El muchacho se sentó con cierta pereza, frotándose sus ojos en su intento por terminar de despertarse. Cuando pudo enfocar, le miró con una mirada cargada de ironía.
— ¿Tú me vienes a hablar a mi de personas con defectos, cerdo desorientado? ¿Es que sigues dormido? — Ryouga estuvo a punto de rechistar, pero el viejo Uedo levantó una mano para acaparar la atención de ambos. Ranma se colocó de pie, de modo que aprovechó el corto tiempo para estirar sus extremidades. Sus músculos estaban desgastados a causa de su paupérrima experiencia de sueño: Tendría que acostumbrarse.
— Basta, no tenemos mucho tiempo. — Declaró con un hilo de voz en tanto giraba su rostro hacia el exterior, observando las blanquecinas nubes que rodeaban cada parte del cielo. — Tenemos veinte minutos para llegar a las cascadas. Tienen menos de ese tiempo para utilizar los baños que se encuentran a su derecha. ¿Quedó claro? Estaré esperándolos en los límites del bosque. — Y entonces, se marchó con la velocidad digna de una persona joven.
Tanto Ranma como Ryouga compartieron una mirada, pero accedieron a sus condiciones sin siquiera rechistar. El sweater que le había servido como sábana ahora yacía completamente sucio a causa del suelo; de modo que, tras tomar su respectiva ducha y asearse completamente, abandonó los baños vistiendo únicamente sus shorts negros y deportivas. Llevaba en su mano un pequeño trozo de papel blanco que arrugó en su palma, a la espera de que no fuese visto por Ryouga cuando se encontró con el par en los límites del bosque.
— Síganme, la prueba comenzará ahora. — Fue la aclaración del viejo Uedo, quien se internó en el bosque para ser seguido por sus acompañantes.
Con cada paso; Ranma pudo apreciar con mayor claridad la forma en que los estanques se habían formado en cada esquina del bosque, convirtiéndolo en una especie de suelo minado. Estaban todos peligrosamente juntos, de modo que sus pasos se vieron entorpecidos en tanto evitaban cada estanque con una agilidad nata. El sonido de la cascada se hacía cada vez más notorio, y martillaba sus oídos tras acercarse cada vez más. Tras unos eternos diez minutos, el pequeño grupo arribó al extenso río que se extendía justo por debajo de la ladera; seguido por tres hermosas cascadas que fluían con firmeza ante ellos. El clima cálido le daba un aspecto mucho más irreal, casi mágico, casi perfecto.
— La Montaña probará su valía ahora. — El viejo se adelantó, deteniéndose en la orilla del río para darse la vuelta y encararlos. — Estas cascadas contienen toda la energía que congrega este lugar; de modo que deberán probar que son capaces de sobrellevar su peso sin ningún contratiempo. ¿Quedó claro? Deberán sentarse sobre la roca que parte la cascada y recibir todo su peso durante las próximas doce horas, sin rechistar, sin titubear. Un paso en falso y perderán su oportunidad de por vida, de modo que deberán estar listos mentalmente para todo lo que esto conlleva. — Uedo hizo una pausa en la que aprovechó para alternar su mirada entre ambos, pero no logró detectar algún símbolo de cobardía. — Asumo que ninguno de los dos quiere retractarse. —
— Asume bien. — Espetó Ranma.
— ¿Retractarme? ¡Ni loco! ¿Empezamos ahora? — Ryouga fue el primero en adelantarse con saltos hasta posicionarse de pie ante la cascada, observando su magnitud con un semblante cargado de adrenalina. Nada ni nadie podría detenerlo. Durante su ausencia, Ranma aprovechó para acercarse al anciano, deteniéndose a una distancia prudente.
— Antes de comenzar. ¿Podría hacerme un favor? — Su receptor parpadeó, de modo que Ranma extendió su mano para dejar ver el pequeño papel arrugado que descansaba sobre su palma. — Es un mensaje, nada del otro mundo, pero necesito que llegue a Akane Tendo luego de que yo haya comenzado todo esto. ¿Cree poder hacerlo? Es de suma importancia. — Su mano se mantuvo firme, con el pequeño papel inerte sobre esta.
— Akane Tendo... ¿La chica de cabello corto, no es así? — Ranma asintió sólo una vez. — Muy bien, se lo haré llegar. ¡Pero no pierdas la concentración, joven Saotome! La vas a necesitar toda. — Aquella era la primera vez que le llamaba por su nombre, de modo que Ranma tomó el gesto de manera positiva.
— Descuide, ni esta ni ninguna montaña será capaz de vencerme. — Sonrió con confianza, sintiendo la manera en que ésta envolvía su cuerpo con cada paso.
El joven pronto se reunió con Ryouga, y tras una corta mirada de complicidad, ambos tomaron asiento en sus respectivas rocas que rompían la cascada, recibiendo el torrente de agua de inmediato sobre sus espaldas con una imponente aura de victoria.
¡Hola a todos! Perdonen esta demora, los inicios y mediados de mes siempre implican un montón de trabajo para mi akjsajd ): De todas formas, le he tomado mucho cariño a esta historia y no quería dejarla sin avanzar por mucho más tiempo. ¡Espero que les guste este nuevo capítulo! Hay un pequeño guiño a otra obra de Rumiko por allí. ¿Adivinarán de qué se trata? :p
A mis queridos amigos que me dejan sus hermosos reviews: ¡Muchas gracias! Sepan que ustedes, los lectores, son mi mayor inspiración para seguir con este apasionado hobbie, su apoyo verdaderamente mueve montañas!
Por último y como siempre, agradecer a mi querido equipo de Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma. ¡Gracias por su constante apoyo! Es una alegría formar parte del fandom. ^^
Para no alargarme, me marcho prometiendo capitulitos llenos de drama a futuro. c: ¡Espero seguir viéndolos conmigo hasta el final!
Un abrazo enorme para todos.
