INFERNUM. REDEMPTIONIS.

Los personajes de Candy Candy son propiedad de Mizuki e Igarashi, TOEI Animation, Tokio 1976, usados en este fic sin fines de lucro.

Capítulo 18

Sanar, sanado.

El viento meció el cabello de Archie mientras él estaba de pie y miraba por la ventana hacia la calle concurrida, sosteniendo delicadamente una pesada cortina. Jamás pensó que extrañaría el bullicio del claxon de los autos, la algarabía del ir y venir de desconocidos en las avenidas. Sólo había pasado un par de días en aquél cuarto de hospital y ya sentía que se ahogaba. Su fino rostro estaba serio, su mente inteligente y perspicaz, cuyos pensamientos se desplazaban hasta la lejana Florida, continuamente le llenaba de preocupación por los hechos que esta mañana se llevarían a cabo.

Había despertado unas horas después de haber sido trasladado al hospital con profundo dolor abdominal y todo lo que recordaba era la figura difusa de su hermano ayudándolo a desplazarse, sin embargo, eso no lo había detenido para ordenarle a Paul que viajara de inmediato a Nueva York ante las protestas de Stear y Candy. Era preciso incoar el proceso de defensa de Cornwell Petro y, aunque confiaba en Paul, deseaba él mismo prepararlo todo.

Todo el tiempo que Paul permaneció en el hospital trabajando con su jefe, Stear se mantuvo como un centinela al lado de su hermano, tratando de comprender cada palabra que escuchaba y al mismo tiempo, sopesar los hechos que envolvían el lamentable daño ambiental, por supuesto, cuidando de la salud de su hermano.

Las grandes barreras flotantes de contención del petróleo ya habían sido levantadas; podía decirse que el ecosistema acuático estaba en buenas condiciones a estas alturas y estaba claro que la responsabilidad de Cornwell Petro era mínima, porque por supuesto, no podían exonerarse de la propiedad de la plataforma, era irremediablemente suya y seguramente tendría que pagar alguna multa, eso era inequívoco.

Ahora mismo, Archie estaba solo. Había convencido a Candy y a Stear de que descansaran y Terry tenía ensayo en el teatro. Pronto sería dado de alta si todo seguía igual; por lo menos, eso era lo que el galeno le había comentado.

Estos minutos le permitieron reflexionar seriamente en los acontecimientos del último par de días. Hasta el momento, sin explicación alguna, Stear les había prohibido extender la noticia de su aparición a su familia. En esta ocasión, ni siquiera Albert había sido puesto sobre aviso. Archie habría deseado compartir esta felicidad con sus padres y con Patty, pero su hermano argumentaba que deseaba esperar un poco más, no se sentía aún listo para aparecer ante ellos y mucho menos, tomar las riendas que seguramente serían puestas sobre él una vez que tomara su lugar en la familia y en la sociedad.

-Stear – Archie resopló resignado, tratando aún de comprender los motivos de su hermano.

-Él estará bien, Archie – los femeninos brazos de Candy rodearon sorpresiva y delicadamente la cintura masculina por la espalda provocándole un suspiro de alivio.

Una línea curva se dibujó en su rostro al mismo tiempo que alcanzaba las blancas manos que idolatraba. Sintió el peso del rostro de ella posarse en su espalda y él giró lentamente para mirar sus ojos que iluminaban cada uno de sus días.

-No pensé que una dormilona regresase tan pronto – él alcanzó los labios de su prometida en un delicado beso y sonrió tiernamente ante el arrollador sonrojo.

-En realidad no dormimos. Stear y yo preferimos pasar nuestro tiempo charlando, nos pusimos al día – ella guardó silencio abruptamente y escondió su mirada de la de Archie, quien se negaba a liberarla de su abrazo.

-¿Qué es lo que te preocupa, Candy? – él la obligó a mirarlo levantando su mentón.

-Se trata de Patty – Candice tembló ante la cercanía de los labios de Archie, quien había descansado su cabeza en la frente de ella – no sé cómo reaccionará cuando descubra que le hemos ocultado nuestro encuentro con Stear – confesó.

-A mí también me preocupa. Sin embargo, no hay nada que podamos hacer. Es decisión de mi hermano – finalmente besó con delicadeza los labios de Candy, conmovido al sentirla estremecer.

-Él dice que quiere estar más sano para enfrentarla – sonrió intentando disfrazar su gesto con picardía, sin embargo, no lo logró – creo que teme que en cuanto lo vea, ella querrá que cumpla su palabra de matrimonio.

-¿Y tú qué piensas? – contrario a la reacción esperada, Archie frunció el entrecejo ante la pregunta de Candice.

-No sé qué esperar – ella suspiró profundo mientras tomaba el brazo de Archie para que se apoyara en ella y conducirlo de regreso a su cama.

-No me gusta que me veas abatido, Candy – confesó Archie, tratando de caminar erguido.

-¿Abatido, tú? Nunca – ella lo miró con admiración – podrías estar ahogándote y jamás dejarías de pelear. No sabes cuánto te admiro. Has estado solo y jamás te rendiste.

-Pero tú también has estado sola.

-Sí – ella sonrió tiernamente, con su mirada perdida en los ojos de él – sin embargo, yo nunca tuve un hermano como tú lo tuviste. Es verdad que tengo muchos hermanitos en el hogar, pero con ninguno desarrollé la relación que tú tienes con Stear y tuviste con Anthony. Tu golpe fue muy fuerte.

-Candy, no sé cómo ayudar a Stear.

-Sólo estando ahí para él. Él sabrá qué hacer y cuándo hacerlo, solo confía en él.

-Es que quiero hacer más, quiero llevarlo a alguna clínica…

-Archie, no lo presiones. Él debe querer hacerlo. Cuando él quiera, seguro que te lo dirá.

-¿Igual que me dijo que se iba al Golfo? – Archie no pudo evitar un tono de reproche en su voz.

-Eres injusto, Archie. Tienes que dejar a un lado todo ese enojo hacia él, así como hiciste a un lado el enojo hacia mí. Por favor…

Ya habían llegado a la cama y ella se aseguró de que él estuviera cómodo.

-Sabes que no puedo negarte nada; además, es algo que quiero hacer.

-Entonces, hazlo.

-¿No te parece un descarado sofisma su argumento de querer estar bien para enfrentarse con Patty?

-No.

-¿No?

-No.

-Pero se está escudando… eso es todo.

-¿Cómo lo sabes? – ella le sonrió con reto –. Creo que él quiere ofrecerle la mejor versión de sí mismo; por eso desea estar bien para ella, por eso teme enfrentarla.

-No sabes cuánto aprecio que estés a mi lado – Archie alcanzó una de las manos de Candy, su favorita, aquélla donde guardaba la caricia de un beso infantil – eres mi vida entera.

Candice no pudo resistir la tentación y se inclinó para besar a Archie. Adoraba la cercanía de su cuerpo, era cálido, tierno y fuerte al mismo tiempo. Sus labios eran carnosos y los candentes bailes de sus lenguas eran cada vez más atrevidos, pero ella lo disfrutaba, ese lado salvaje de Archie la conquistaba, aunque por supuesto que él jamás le confesaría su personalidad de neandertal; por supuesto que seguía fantaseando con todo el sexo salvaje que tendría con ella, pero no lo confesaría.

-Coff coff – Stear se sonrojó hasta las orejas al ver el ardiente beso ente Archie y Candy, deseó no tener que interrumpirlos, pero no tenía opción.

-Archie, acabo de hablar con tu médico – dijo emocionado – tenía en sus manos los resultados de los análisis de esta mañana. Estaba muy optimista; al parecer, todo está bien. Quizás hoy mismo puedas salir del hospital.

-¿Estás seguro, Stear? – los ojos verdes de Candice se emocionaron – iré a buscarlo ahora mismo; quiero ver los resultados para estar segura.

Ella se puso de pie y alisó su vestido; el sonrojo en sus mejillas la hacía lucir más que bella: adorable.

Los hermanos Cornwell se quedaron solos en el cuarto de hospital y sin que Archie pudiese controlarlo, por un instante, a Stear le pareció descubrir un dejo de reproche en la pose de su hermano. En ese fugaz momento, Archie le mostró su enojo y frustración, pero desvió la mirada hacia las sábanas para esconder lo que sentía, esperando que su hermano no se diese por enterado, pero él era demasiado perspicaz, Archie lo sabía, también tenía un pensamiento agudo y penetrante tanto como el filo de su florete.

-Así que… - Stear se acercó con sigilo, midiendo el terreno – estás muy enojado conmigo.

Archie no respondió. Ellos se comunicaban sin palabras. No era una respuesta necesaria, de hecho, Stear había hecho una afirmación.

-Tienes razón – hizo una pausa mientras lograba que por fin la mirada de su hermano se zambuyera en la negrura de los suyos –. No tienes razón sobre ese raciocinio de que no debí haberme ido, sin embargo, es absolutamente cierto que debí haberme despedido. Cuando estuve en esa agua helada me arrepentí terriblemente. ¿Sabes? En aquél hastío, pensaba continuamente en ti, en mi hermano, en mi compañero y amigo. En lo mucho que sufrirías… ya sabes: No puedes hacer nada sin mí, soy tu consciencia.

Archie no sabía qué decir. Se sintió transfigurado en aquél adolescente apasionado que definitivamente, requería que su hermano le ayudara a refrenar sus arranques. Sin él, Archie se había convertido en un neandertal en algunas ocasiones. En su mutismo no supo qué responder, tan solo contempló a su estoico hermano mayor.

-Estoy feliz de verte pleno. No sabes cómo disfruto al verte al lado de tu esposa. Sabes que los amo a ambos – Stear suspiró profundo y tomó una silla que acercó a la cama de Archie. Comprendía muy bien el silencio en que se había refugiado; ambos eran así, de hecho, en silencio habían soportado por años estar enamorados de la misma chica sin ser correspondidos.

-¿Y Patty? – por fin se atrevió a preguntar, sin embargo, su voz fue como un reto, aunque no quiso sonar de tal modo.

-¿Qué hay con Patty?

-¿Por qué no quieres que ella sepa de ti?

Stear no respondió. Evadió la pregunta y respondió con otra.

-¿Entonces, Cornwell Petro te está volviendo loco?

Archie comprendió que su hermano no deseaba hablar de Patty, lo que significaba que debía aceptar el cambio del tema.

-Cornwell Petro no es lo mío.

-¿Y por qué aceptaste?

-Supongo que, si tu hermano muerto clama desde su tumba que veles por los intereses de Candy y Patty, no tienes otra opción.

-El testamento… - murmuró Stear completamente ausente – ya no lo recordaba.

Los hermanos se contemplaron, hablando sin palabras. Solo sus ojos se comunicaron y al final sonrieron. Ambos sabían que de ahora en adelante todo estaría bien. Ya estaban juntos, en esa maravillosa simbiosis desarrollada durante los años.

-¿Candy está bien, Archie? – soltó de pronto.

-Sí.

-¿Estás seguro?

-Su corazón es fuerte… - esta vez el tono de Archie ya no fue de completa seguridad. Un escalofrío recorrió su cuerpo y ese gesto no pasó desapercibido para Stear, quien notó el sufrimiento de Archie y solo pudo responder con un profundo suspiro.

-Archie, necesito que me prestes dinero. No tengo nada. Encontré en internet la página de una clínica para el trastorno post traumático – vaciló un poco antes de proseguir, se levantó y metió sus manos a los bolsillos del pantalón.

-Tú tienes mucho dinero, Stear.

-No. En este momento no tengo nada, pero te devolveré el costo de mi tratamiento.

-Deja de decir tonterías. El dinero que yo poseo es en gran parte tuyo, así que haré que Paul haga los arreglos necesarios para que regrese a tus manos con toda discreción; estés o no de acuerdo – sentenció al final, adivinando las posibles protestas dentro de su hermano.

-Archie… - dudó. Stear prefirió no continuar.

-¿Qué te sucede, Stear?

-Me pregunto, si te molestaría demasiado si yo metiera mis manos y mis ideas en Cornwell Petro – se atrevió a formular con una voz casi suplicante y su mirada clavada en el suelo. Archie no pudo evitar sonreír aliviado.

-Me molestaría si no lo hicieras y me obligaras a seguir vistiéndome como reo cada vez que pongo un pie en una plataforma marina.

-¡Tú vestido con overall naranja! Me aseguraré de ser testigo de ese espectáculo antes de que le des tu renuncia a mi padre – Stear no pudo evitar la mayor sonrisa que se había permitido hasta el momento.

-Más despacio, hermano. Aún no he decidido si quiero abandonar Cornwell Petro por completo.

-Vamos, Archie, a mí no me engañas, odias las plataformas marinas y los pozos petroleros.

-¡Tienes razón! Prefiero cuidar las inversiones desde una elegante y confortante oficina.

-Entonces, está decidido: Me recuperaré para poder ayudarte en CP. Me dejarás la parte operativa y tú te encargarás de las finanzas, tal como lo planeamos desde niños.

-Si Cornwell Petro se ha consolidado como la más poderosa organización petrolera, de ahora en adelante será un monstruo. Todos la identificarán como el benchmarking – interrumpió una entusiasta voz.

-Tú serás la porrista, Candy – respondió Stear mientras se giraba para abrazarla una vez que ella cerró la puerta a su regreso. Había logrado escuchar la última parte de la conversación.

-¿Porrista? ¡Claro que no! Yo revisaré personalmente el sistema de seguridad e higiene y de paso, voy a auditar su sistema ambiental; lo que ocurrió en Florida no puede repetirse. Sólo que les advierto que mis servicios son de los más caros en el ámbito.

-Pagaremos lo que pidas, Candy – repitieron y luego rieron abiertamente. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que repitieron la misma frase.

La obvia consecuencia fue un fuerte dolor en el abdomen de Archie, quien tuvo que esforzarse por dejar de reír, mientras que los rostros de Candy y Stear manifestaban también la risa contenida.

En Florida, la juez miraba los documentos que Paul recién le había presentado. Tenía su rostro serio, con el ceño fruncido al mismo tiempo que sus curiosos ojos leían una vez más cada detalle de las líneas, tratando de comprender el reporte de ingeniería.

-¿Y cómo llegaron estos reportes hasta sus manos, señor Connor? – preguntó, logrando una ligera línea curva en los labios de Paul; él no quería parecer petulante.

-Bueno, Su Señoría, los documentos estaban donde debían estar – mintió –, en el cuarto de control de la plataforma.

-¿Es esta la misma lista de verificación a la que se refería el gerente de producción y operaciones?

-Es correcto. Es la lista de verificación del estado de cementación del pozo. Como puede usted ver: todo estaba en orden, según los análisis. Era posible iniciar la extracción.

-De acuerdo.

-Y también quisiera agregar como prueba, la bitácora del controlador de flujo, quien está encargado a su vez, de la Blow Out Preventer*. Se intentó controlar el flujo del crudo al cerrar la válvula, sin embargo, el sistema automático no respondió, pese a que se había verificado al inicio de turno. Esa fue la razón por la que el señor Cornwell y un servidor fuimos tras el ingeniero de seguridad, para cerrar la válvula manualmente.Tal como puede usted leer en la bitácora.

La juez guardó silencio para concentrar su vista una vez más en las pruebas que le hicieron llegar. Paul aprovechó el momento de escrutinio para erguir su figura con seguridad, logrando que su voz se escuchara firme:

-Su Señoría, Cornwell Petro, solicita que la investigación de daño ambiental e inseguridad hacia la integridad de los trabajadores se torne en pos de un sabotaje. Es nuestro derecho pedir que se encuentre a los culpables, hasta llegar a las últimas consecuencias.

El fiscal del estado estaba en silencio. En realidad, trataba de no perder detalle del dialogo entre la juez y Paul.

-¿Hay algo que el estado quiera agregar? – la juez miró al fiscal con franco interés.

-En lo absoluto. El daño ecológico ha sido superado oportunamente.

La audiencia terminó con la resolución a favor de la solicitud de Cornwell Petro. Paul se despidió del fiscal y luego caminó satisfecho para salir del recinto; para su sorpresa, encontró a la ingeniero O´Brien, que también se desplazaba graciosamente hacia la salida.

-Patty, no creí encontrarte aquí hoy.

-Hola, Paul. Tenía la idea de que Archie estaría aquí y quise apoyarlo.

Paul trastabilló. No estaba preparado para evadir la agudeza de Patty. No supo cómo responder. Para su mala suerte, Patty lo percibió.

-¿Por qué Archie no estuvo aquí, Paul? – ella no dudó en clavar sus ojos en los del abogado.

-Bueno, ya sabes, Patty: Él y Candy están muy ocupados preparando su boda – quizás, si Paul hubiese sido un mejor mentiroso, ella hubiese quedado conforme.

-Por favor, Paul. No olvides que Archie es mi hermanito. ¿Crees que no sé que él estaría aquí, cuidando sus intereses a toda costa? ¿Crees que no me consta que ninguna preparación prenupcial lo habría detenido para estar aquí?

Sin saber de dónde, Paul tuvo un extraño sentimiento: Patty era espectacularmente hermosa. Los dedos del viento se enredaron en su pelo para jugar traviesos entre ellos. Ella se llevó una de sus manos para despejar su rostro y guardar un mechón detrás de su oreja; sus ojos curiosos y profundos le daban un toque de sofisticación pocas veces visto. Sabía que ella provenía de una familia noble irlandesa. Paul se quedó sin habla.

-Ayer uno de los satélites a mi cargo me envió fotografías del Golfo de México. Todo se ve mucho mejor.

-¡Cielos! Y además es lista, muy lista – pensó Paul.

De pronto, su pulso se aceleró. Tuvo extraños sentimientos: Ella era una mujer refinada, culta e inteligente. Proveniente de una cuna muy noble que bien podría haberse comprometido con algún príncipe, duque o lo que ella deseara. Se había educado en los mismos colegios a los que acude la nobleza inglesa, sin embargo, estaba lejos de casa, jugando a los avioncitos, diseñando complicados softwares, intentando conquistar Marte. Seguramente habría rechazado a muchos hombres en su vida. ¿Por qué seguía soltera? ¿Seguía enamorada del sargento Cornwell? Al recordar al primogénito, su visión se nubló ligeramente. Se puso nervioso. Tenía claras instrucciones de mantener oculto su retorno. No supo cuánto tiempo estuvo sumergido en sus meditaciones, perdido en la profundidad de los ojos de Patty, quien lo miraba desconcertada.

Él carraspeó. Necesitaba no perder la cordura. Aunque descubrió cierto sonrojo en las mejillas de Patty y eso le ocasionó una ternura infinita. ¿Cuándo había sido la última vez que una mujer se sonrojó a causa de él? Ya no lo recordaba. De hecho, él habría jurado que ya no había mujeres que se sonrojaran. Al menos, él no había conocido a ninguna últimamente y de hecho, sus mejillas encendidas la hacía lucir mucho más bella.

Todo lo que su interior le gritaba tan de súbito era igualmente nuevo para él. Era totalmente superior a todo lo que conocía hasta el momento. Esa mujer, a la que pocas veces había visto, de pie frente a él, amalgamando ternura, seguridad, belleza, inteligencia y vulnerabilidad al mismo tiempo en su perfecta forma, lo ponía increíblemente nervioso. Como una gratificante explosión de emociones. Paul no sabía si abrazarla para protegerla o acurrucarse bajo su fuerza.

-Tengo que irme – fue lo único que atinó a decir aferrándose a la poca cordura que encontró dentro de sí. Le sonrió con amabilidad a regañadientes, porque ella era un imán con un campo magnético poderoso.

El desconcierto fue mayor para Patty. Al primer paso de Paul ella sintió una punzada en su pecho. Demasiado extraño para ser cierto. Se sintió conmocionada. El hombro de Paul rozó el brazo de Patty al seguir con su camino; ella estaba ya de espaldas a él, escuchando cómo sus pasos se alejaban. Meditó acerca del momento recién vivido. Sabía que Paul también había percibido algo. ¿Por qué se alejaba? ¿Por qué se iba?

-Archie – concluyó – seguro que le prohibió siquiera mirarme – negó graciosamente su cabeza, luego respiró profundo, giró su cuerpo y apresuró sus pasos.

Vio a Paul bajando las escaleras principales, mirando hacia el piso. Ella estuvo a punto de llamarlo, pero le faltó valor. ¿Qué le diría? ¿Para qué llamarlo?

-Soy una tonta – se dijo, sin poder explicarse siquiera por qué había corrido hacia Paul.

Lo miró por un momento. Lucía gallardo. Vestido con muy buen gusto. A Patty le pareció que no era tan formal como Archie, pero tampoco tan relajado como Stear lo había sido. No podía dejar de mirarlo. Para su sorpresa, Paul se giró, como buscando la mirada que percibía a su espalda. La descubrió aún en lo alto de la escalera y notó como se perturbaba.

-¡Al diablo con Stear y Archie! – se dijo, y de pronto se vio desandando el camino hacia la profunda mirada de Patty.

Ella, sin poder evitarlo, comenzó a juguetear con su cabello.

-Patty – él sonrió tratando de ocultar su nerviosismo – me preguntaba si quieres acompañarme a comer… digo… si eso no te causa problemas con tu trabajo… me refiero a… si eso no impide que alguna nave se quede sin combustible, o altere su medidor de nivel de altura, o que el paracaídas no abra… - definitivamente, esta no era la seductora invitación a comer que Paul hubiese querido.

-Uhmmmm… ¿se te apetece un corte vacuno acompañado de un boxty? – ella respondió sonando casual.

-¿Boxty? Hace muchos años, en Dublín, saboreé el más delicioso boxty jamás preparado – él le extendió su brazo para cortésmente conducirla.

-Es que nunca probaste el que mi abuela preparaba – Patty aceptó el galanteo y se aferró al brazo de Paul.

-¿Es que me llevarás a casa de tu abuela a comer?

-Imposible – ella suspiró – mi abuela murió hace algunos años.

-Lo siento, Patty – él se apenó profundamente.

-No. No te disculpes – la sonrisa de Patty fue de añoranza – mi abuela tuvo una muy buena y muy larga vida. Murió feliz. Pero te llevaré a un restaurante irlandés que prepara un boxty bastante decente.

Tan pronto Paul encendió su auto se escuchó el tono de llamada de Archie, por supuesto, deseaba enterarse lo más pronto posible sobre los resultados de la audiencia. Paul intentó ignorar la llamada, con la esperanza de que su jefe se cansara de llamarlo. Lo llamaría desde el restaurante. Aunque, claro, tuvo que resignarse ante la insistencia de la llamada, pero sobre todo, ante la mirada inquisidora de Patty, que no alcanzaba a comprender por qué Paul se comportaba de forma tan evasiva.

-¿De verdad, no vas a responder? – ella tenía mucha curiosidad. Paul no pudo postergar responder la llamada.

-Hola, Archie.

La imagen de Archie en el hospital en la pantalla del auto sorprendió a Patty, quien lanzó una exclamación de asombro casi muda. Antes de que Stear terminara de sorprenderla apareciendo al lado de su hermano Paul decidió advertirles.

-¡Mira quién vino a buscarte a la audiencia! Patty está aquí conmigo. Vamos a comer algo.

-¡Archie! ¿Qué ha pasado contigo? – la bella imagen de Patty apareció en la pantalla enorme frente a la cama del hospital y Stear sintió que su corazón se estremecía.

De pronto aquél frío cuarto de hospital era cálido, muy cálido. Patty estaba más bella que nunca. Stear se esforzó por permanecer fuera del alcance de la lente de Archie, su hermano cambió el ángulo para evitar el peligro.

-Paul… ¿qué estás haciendo con mi hermanita? – la expresión de Archie se endureció.

-No cambies la conversación, Archivald Cornwell – Stear sonrió burlándose de Archie. Sabía que estaba en problemas, Patty lo había llamado por su nombre completo.

Incluso enojada, era sumamente hermosa.

-Ya te dije que vamos a ir a comer – interrumpió Paul, tratando de salvar a Archie.

-¿A comer, eh?

-Sí, Archie…

-Deja de evadir mi pregunta y dime qué rayos te pasó ¿tuviste algún problema entrenando esgrima? ¿dónde está Candy? ¿por qué no está contigo? Voy ahora mismo.

-¡NO! – gritó Paul.

-¡NO! – dijo al mismo tiempo Archie. Luego hubo un instante de silencio y Archie continuó –: No es necesario. Además, no estoy en Chicago. Unos asaltantes en la calle me golpearon. Nada de cuidado, estoy bien.

Archie tuvo que darle algunos por menores a Patty para que se quedara tranquila. Ella interrogó todo lo que se le ocurrió. Para Archie no fue nada fácil tener que ocultarle algunas cosas, pero Stear estaba encantado desde su rincón disfrutando de las expresiones femeninas. Se sentía muy feliz de que ella se hubiese mantenido en contacto con Archie y de que se vieran como hermanos.

-Archie – interrumpió Paul, tratando de no apartar la vista del camino – supongo que has llamado para preguntar por la audiencia.

-Por supuesto.

-Despreocúpate por eso. Ya todo está arreglado. He iniciado una contrademanda por sabotaje. Esperemos que la flamante candidatura de Legan para el senado se vea muy afectada – agregó con cierta saña – te daré los detalles más tarde.

-De acuerdo. Estaré esperando tu llamada – Archie sintió cierta incomodidad al ver a Patty en compañía de Paul, pero no se comparó con los sentimientos que invadían al sargento, quien no lograba separar su vista de la pantalla. Se había quedado mudo.

Antes de que la noche cayera, los Andrew estaban hospedados en una deslumbrante suit del hotel Plaza. Terry había protestado, pero ellos argumentaron que ya habían abusado mucho de su hospitalidad. Sólo estarían un par de días más en Nueva York para que Archie descansara un poco y luego volverían a casa. Por supuesto que Paul había sonreído increíblemente cuando se enteró que tenía que ir a recoger el Spider de Archie nuevamente porque ellos volarían en la avioneta de la familia. Lo único que no salió como habían planeado fue aquello de que Archie debía descansar, pues no hubo nada que lo convenciera de apartar la vista de la pantalla de su computadora portátil.

Su rostro se tornó serio y preocupado cuando vio el acumulado de pérdidas económicas en producción, en inversión de la bolsa y en responsabilidad social. Sin embargo, según él, lo disimuló. Después echó un vistazo a las proyecciones y su gesto se suavizó casi imperceptiblemente. Tuvo una video-conferencia con su tío, quien además intentó reprenderlo por no haber dado aviso ni a él ni a sus padres sobre su estado de salud, aunque por supuesto, fue en vano y William Albert lo sabía muy bien: hacía mucho tiempo que Archie no permitía que nadie se metiera en su vida.

-Todo está bien, tío. Además, tengo una excelente enfermera y doctora a mi lado. Quita ese recelo de tu mirada.

-Me tranquiliza saber que tú y Candice se cuidan mutuamente. Entonces, volvamos a lo nuestro…

Albert y Archie continuaron con sus análisis financieros, sumergidos en tablas, gráficas y proyecciones. Después continuaron con la planeación y los controles. De hecho, Albert se ofreció a ayudar a Archie con CP, así que pasaron una muy buena parte de la noche analizando ambas compañías, hasta que Candice interrumpió de súbito a los caballeros protestando porque su prometido descansara.

-De acuerdo, Candy, te devolveré a Archie en una hora más…

-No. Ninguna hora más, Albert. Son las dos de la mañana. Quiero a mi prometido ahora mismo – ella se acercó a Archie y besó delicadamente su mejilla.

-Eres una tramposa, Candy, sabes que no puedo resistirme con un beso – Archie le devolvió el beso con la misma delicadeza y luego se refirió a su tío –: Continuaremos mañana, Albert. Hay una chica rubia que no puede dormir sin mí.

Albert iba a despedirse cuando una voz varonil ajena a la conversación lo interrumpió:

-Espera tío, no te despidas todavía. Ahora es mi turno de hablar contigo. Stear sabía que las horas de diferencia en el horario ayudaban para que su tío tuviera tiempo para él.

Todos se quedaron en silencio de súbito. Candice resopló resignada. Al parecer esta noche no dormiría, pero si Stear consideraba que este era un buen momento, ella lo apoyaría. Había sido un gran paso que decidiera mostrarse ante el joven patriarca. Archie se levantó con sumo cuidado y Candy lo ayudó a llegar hasta un cómodo diván cerca del escritorio en que había estado trabajando. Nadie era capaz de responder a la constante pregunta que cruzaba el Atlántico.

-¿De quién es esa voz, Archie? ¿Quién está con ustedes? – Albert tan solo necesitaba que le confirmaran sus sospechas. Se acercó a su cámara, como si con ese movimiento estuviera más cerca de aquel hotel neoyorkino.

Vio al mayor de sus sobrinos aparecer frente a él en su pantalla y maximizó la ventana. De inmediato prestó atención a los detalles. Archie no iba a decirle nada respecto a su hermano, sin embargo, él estaba ahí, delante de él, sin aquélla cordial sonrisa que lo caracterizaba, sino con un profundo dolor en su rostro, como si estuviese desvalido y un tanto perdido. No tuvo tiempo de asimilar lo que estaba ocurriendo, tan solo acertó a ponerse a alerta. Ni siquiera podía discernir el túmulo de sentimientos que de pronto lo embargaba.

-¿Podemos hablar, tío? ¿Me puedes dar unos minutos?

-Stear… ¿Có… cómo?

-Archie y yo nos encontramos en la calle. Hasta ahora no nos es posible determinar si él me encontró a mí o yo a él.

Albert no respondió. Sus ojos azules reflejaban el impacto de la noticia. Solo pensaba que Archie tenía una extraña conexión con Stear, por eso no quería dejar de buscarlo. Debió haberlo escuchado, debió continuar buscando a su sobrino. De pronto la distancia se hizo infinita y la división oceánica abismal. Habría querido poder abrazar a Alistar, abrazarlo hasta que sus brazos dolieran.

-¿Tío, estás bien?

-Sí, sí.

-¿Y no tienes nada qué decir, algo que quieras saber?

-Por supuesto que hay muchas cosas que quisiera saber, pero tengo el presentimiento que tú me lo dirás. Te escucho.

Archie se levantó lentamente. Le pareció necesario dejarlos solos. Estaba seguro, además, de que la conversación sería larga, con muchos detalles incluso financieros y civiles que debían ser resueltos. Y no se equivocó: A la mañana siguiente Stear despertó demasiado tarde, dijo que ya casi amanecía cuando terminó la conferencia con su tío; había tenido que invertir mucha energía en convencerlo de que le guardara el secreto de su retorno.

Un mes después…

Stear comenzó a acompañar a Archie al consorcio en donde se encontraban las oficinas de Cornwell Petro. Albert había comprendido perfecto que ambos necesitaban concentrarse en la compañía que habían heredado de su padre sobre todo en este momento crítico, así que se había ofrecido para ayudarles un poco cada vez que visitaba Chicago para reunirse con Paul, quien dedicaba toda su energía a la división que Archie no podía atender en el consorcio Andrew. Todos en CP ahora estaban familiarizados con el trío que llegaba últimamente, siempre arrancando suspiros de las colaboradoras, casadas o solteras, todas esperaban con supuesto disimulo que las puertas del elevador se abriera a las 7:50 de la mañana para deleitarse con el gallardo trío. Aunque no tenían muy claro quién era ese hombre de pelo negro y con mirada seria, pero amable al mismo tiempo.

Archie había mandado a renovar las oficinas para crear una para Alistar sin dar explicación alguna. Pronto los trabajadores comenzaron a llegar, mientras el trío repasaba los planes a corto plazo y los rendimientos del día anterior.

Las tazas de café humeaban y aromatizaban al mismo tiempo la pequeña mesa de trabajo del trío. Entonces, un ruido ensordecedor proveniente de un taladro bailarina comenzó a sonar, envolviendo las voces de los Andrew y evitando la comunicación.

Archie esperaba que el ruido cesara pronto. De hecho, le habían advertido que esta mañana, solo por unos pocos minutos, el taladro tendría que hacer algunas maniobras. Archie y Albert se esforzaban por comunicarse, hablando más alto, casi gritando, sin prestar atención a la alteración que se apoderaba de Stear.

Alistar, por su parte estaba en un estado de estrés que sobrepasaba cualquier autocontrol. El ruido del taladro era confundido en su mente con incansables metralletas que amenazaban su avión, metralletas que amenazaban con derribarlo, con destruirlo arrojándolo en el frío mar. Alistar comenzó a temblar, sus ojos se desorbitaron y su expresión se tornó a una total agresividad. El ruido del taladro no cesaba y ocasionaba que Stear se perdiera en una guerra que su mente revivía. Después de unos segundos, sin poder controlarse, Alistar se levantó y tomó a su hermano por el cuello para ahorcarlo, deseaba terminar con él de una vez por todas. El constante golpeteo del taladro lo lastimaba mientras que él a su vez lastimaba a su hermano.

No importaron los gritos de Albert. Nadie acudió en su ayuda porque el taladro lo impedía. Albert tuvo que hacer acopio de toda su fuerza para lastimar a Stear y evitar que terminara con Archie, quien también luchaba tratando de desprenderse de los brazos de su hermano. Después de varios segundos que a Albert le parecieron una eternidad, logró sublevar a Alistar. Le gritaba para controlarlo, pero eso solo acrecentaba el estrés del piloto. Archie trató de reponerse del momento y salió de la oficina para solicitar la ayuda; los agentes de seguridad tuvieron que sujetar con fuerza al piloto mientras que él luchaba con ellos, sufriendo y temiendo por su vida. Entonces hiló el ruido con la reacción de su hermano y ordenó por medio de señas que el ruido cesara.

Cuando volvió a la oficina casi se derrumbó ante la deprimente escena que encontró: Su fuerte hermano luchando como una fiera herida, buscando hacer daño para no ser lastimado. Llamó al servicio médico y un par de minutos más tarde Alistar recibía una dosis de sedante para ayudarle a tranquilizarse.

-Archie – Albert dio unas palmadas a su sobrino en total seriedad. Se había quedado sin palabras, pero sabía que Archie comprendía su preocupación principal.

-Tío, él quiso internarse en una clínica, pero no había lugar para él. Lo pusieron en una lista de espera.

-¿Y no buscaste otra opción? – indagó confuso. Archie no podía negar que seguía siendo un caos en el ámbito personal.

-Estábamos tan felices de estar juntos que nos pareció el pretexto perfecto para no separarnos. Ni él ni yo quisimos buscar otra opción.

-Entiendo, sin embargo, no estoy de acuerdo.

-Jamás creí que Alistar pudiera estar tan grave – Archie bajó su mirada para aliviar su propio cuello – en Nueva York las enfermeras me advirtieron de su repentina agresividad, pero nunca me imaginé que fuera a ese extremo.

-No podemos esperar más tiempo. Debes hacer algo, Archie, por su seguridad y por el bienestar de Alistar. Él necesita ayuda y es una irresponsabilidad que no la está recibiendo.

-Yo… yo… yo no quería separarme de él otra vez.

-Debes ayudarlo, Archie. Él cuenta contigo.

Archie se levantó parsimonioso y salió para darle instrucciones a su secretaria. Stear estaba ya cayendo bajo el influjo del sedante y los equipos de seguridad y médico se retiraron en silencio. Luego, Archie se acercó a su hermano y le sonrió preocupado. Alistar apretó su mano; su respiración era mucho más tranquila. Con un esfuerzo miró a Archie, como si tratara de disculparse.

-¿Ahora entiendes por qué no quiero arriesgar a Patty?

-Yo te voy a ayudar, Stear. Lo superaremos juntos – le prometió.

-Como siempre, hermano – Stear ya no siguió hablando, se sumergió en un apacible sueño.

Esa mañana Archie pasó gran parte de su tiempo negociando el ingreso de su hermano a una clínica especializada de estrés postraumático. Llamó a varias clínicas, incluso en la costa oeste y afortunadamente, casi como última opción, logró que fuera recibido en una muy buena clínica bastante cerca de casa.

No muy lejos de la ciudad de los vientos, a la orilla del río Galena -que es uno de los afluentes del Río Mississippi-, se encuentra una pequeña ciudad del mismo nombre donde el tiempo parece haberse detenido en el siglo XIX, para ser exactos. Con sus casas y mansiones de ladrillo, sus autos de modelos antiguos, pero siempre en perfectas condiciones; con los anuncios de sus tiendas en madera colgando cerca de la puerta, algunos de los cuales con dos siglos de antigüedad. El trío condujo por Main Street, sabiendo de antemano, que el auto de Alistar, aunque de modelo muy anterior, estaba fuera de cuadro con el paisaje de la ciudad.

-Creo que debimos haber usado el doble R del tatarabuelo, Stear – aunque pareciera una protesta, en realidad no lo era. Archie estaba encantado con la ciudad.

-Quizás sí – su hermano, trataba de no perder detalle alguno de la autenticidad.

-La ciudad es bellísima Stear, pero es muy pequeña, ¿estás seguro que quieres recuperarte en esta clínica?

-Claro que lo estoy. Por alguna razón extraña me siento como en casa con esta arquitectura, creo que yo tuve que haber nacido en el siglo XIX, habría sido muy emocionante, muy ecológico y excitante con todos esos descubrimientos ¿no lo crees, Candy?

El trío se dirigió hacia el distrito histórico atravesando el río Galeana. A Stear le pareció ver los grandes barcos de vapor surcando las aguas, pero no pudo pensar demasiado, porque la ciudad es tan pequeña que de inmediato se vieron rodeados del bosque, tomaron un camino rural y se abrieron paso hasta la dirección que el mapa les mostraba, ni siquiera necesitaron continuar escuchando las instrucciones del GPS.

Ante sus ojos se presentó lo que alguna vez había sido la casa de uno de los grandes generales de la Guerra Civil. Como toda la arquitectura en Galeana, era una casa de ladrillo de doble planta, con sus cornisas y monturas en un blanco inmaculado. Desde que las rejas del enorme jardín se abrieron, los jóvenes no pudieron apartar la vista de tan bella construcción.

-Parece que hemos llegado, Stear – un nudo en la garganta impidió que Archie continuara hablando.

El trío caminó en silencio hasta que alguien los recibió y los condujo a la oficina del director del hospital, un joven médico con ideas bastante revolucionarias en el tratamiento del estrés postraumático.

-Me recuerda la mansión de Lakewood, me parece como si la tía abuela fuese a aparecer con su duro gesto para cuestionarnos – a Candy se le erizó la piel.

Se entrevistaron con el médico, quien fue bastante sincero sobre las posibilidades de éxito de su tratamiento. Les dijo que el mayor trabajo residía en el paciente y en su interés por mejorar; también hablaron de que el pago del dinero del tratamiento no garantizaba su recuperación, así que no habría reembolsos, un momento incómodo, pero necesario. Les habló de las visitas obligatorias que Archie y Candy debían hacer para involucrarse en el tratamiento y también les advirtió que no podían ausentarse por mucho tiempo de Chicago pues debían estar disponibles para cualquier emergencia que pudiera surgir o simplemente, para atender alguna entrevista no programada con él o con su equipo. Archie tuvo que plasmar su firma muchas veces, entre contratos, seguros, deslinde de responsabilidades, pagos, etc., obviamente, antes de ir a la entrevista, Archie había hecho sus propias indagaciones sobre el médico, los integrantes de su equipo, el costo del tratamiento y sus métodos, así que no tuvo objeciones en el panorama que el médico le planteaba.

Las instalaciones eran de primera, incluían gimnasio, piscina y cuarto de música. El comedor ofrecía los mejores menús, Archie fue personalmente a asegurarse, porque podía permitir que su hermano careciera de un teléfono celular, pero jamás permitiría que su alimentación no fuera la mejor. Además, no tuvo el menor problema; todo el personal femenino estaba encantado de mostrarle cada rincón del lugar. Candy tuvo que quitarle de encima una que otra amable enfermera de vez en cuando.

Era poco más de medio día cuando Stear y Archie se abrazaron para despedirse, antes de que Archie entrara al auto donde ya Candy lo esperaba.

-Archie, siento mucho causarte tantas molestias, no sabía que mi tratamiento prácticamente te ataría a Chicago, sé que tienes muchos compromisos.

-Stear, te he estado buscando durante años y no pararé hasta recuperarte por completo. Quiero a mi hermano de regreso – Archie ya no pudo esconder su tristeza por volver a separarse de Alistar, su rostro se descompuso ligeramente.

-En cambio yo… creí que te encontraría cambiado, pero sigues siendo mi hermano. Es como si el tiempo no hubiese pasado. Tú estás para mi cien por ciento, como siempre.

-Créeme, Alistar: El tiempo sí pasó y me dejó muchas cicatrices, pero ya te contaré mi historia.

-Tuviste suerte de tener a Candy siempre contigo.

Archie no quiso abrumar a su hermano con historias que él ya había dejado atrás. Seguramente algún día su hermano se enteraría de todas sus rebeliones y sus desesperados mudos gritos por ser feliz, pero no ahora.

-Sólo concéntrate en tu tratamiento, hermano. No te preocupes por mis viajes cancelados, ya sabes que cuento con Paul. Además, seguro que Candice estará feliz de tenerme siempre en Chicago. Vendremos a visitarte cada fin de semana.

-Yo creo que tú también estarás feliz de cancelar tus viajes porque no te gusta usar ese traje naranja, ¿verdad?

-¡Cierto! – ambos rieron –. Creo que te recuperarás pronto, Stear –, Archie recuperó la seriedad ante la mirada indagatoria de su hermano. Supo que Stear estaba esperando que se explicara, así que continuó –: Yo odio volar. Me pongo nervioso, mis manos sudan, la ansiedad me invade… desde que tuviste tu accidente, yo evado los vuelos. Sólo vuelo si es muy necesario – le confesó avergonzado – sin embargo, tú te subiste al avión e incluso le quitaste al copiloto su lugar. Creí que tú estarías más temeroso que yo cuando tuvimos que regresar a Chicago, pero no fue así. Eres valiente y fuerte, estoy seguro que pronto estarás bien.

-¿Odias volar, Archie? Quizás deberíamos volver con el doctor y pedirle un lugar para ti también – le propuso a modo de broma, pero sinceramente preocupado.

-Creo que será mejor que me vaya antes de que me estés instalando como tu compañero de cuarto – Archie le dio un fuerte abrazo a su hermano y luego le dio algo de efectivo.

-Gracias, Archie, sabes que te pagaré.

-Por supuesto, lo que tú digas.

-Stear… ya devuélveme a mi prometido.

-"Devuélveme a mi prometido" ¿sabes que te has vuelto muy mandona, Candice White Cornwell?

-¿Mandona, yo?

-Pues no sé qué te traes, pero a mí me parece que te has vuelto dependiente de Archie… -Stear quiso regresar sus palabras, pero ya era demasiado tarde.

Hubo un incómodo silencio. Las expresiones de Archie y Candy se tornaron serias y ausentes.

-Lo siento, lo siento… estas reacciones… no puedo controlarlas… por favor, Candy…

-No te preocupes, Stear. Entendemos – Candy se bajó del auto para abrazar a Alistar –. Quizás tengas razón: Yo tampoco la he pasado nada fácil, también tengo desafíos que debo vencer. Nunca había imaginado que estuviera desarrollando codependencia. Eres muy valiente, Stear. No todos los que padecemos estrés postraumático lo aceptamos y enfrentamos.

Candice besó la mejilla de Alistar y luego entró al auto en silencio, igual que Archie. Stear los vio alejarse por el sendero tratando de adivinar por qué los ojos de Candice ya solo brillaban si Archie estaba cerca. Ella siempre había tenido una luz propia, pero hoy por hoy, ella necesitaba de Archie, ¿por qué?

-¿Crees que Patty logre perdonar que Stear no se comunique con ella todavía, Candy?

-Sí. No es nuestro asunto, pero creo que sí lo hará.

-¿Cómo puedes estar tan segura?

-Antes no lo estaba, Archie. Me preocupaba; pero ahora… cuando pienso en ti, en cómo me has perdonado por alejarme premeditadamente, en cómo estás ayudando a Alistar… es entonces cuando sé con certeza que Patty terminará por perdonar a Stear. El corazón de Patty es tan noble como el tuyo y su amor por Stear es aún mayor.

-¿De verdad, lo crees?

-Claro que sí. Stear aún está en su camino de regreso a casa. Ella lo entenderá.

En el camino a casa Archie y Candy admiraron la belleza de los paisajes. Candy amaba Illinois, era su hogar. Se sentía muy feliz de haber abandonado Great Can para estar con Archie, en casa.

Cenaron en un restaurante brasileño, bromearon un poco y llegaron a casa casi al anochecer.

Al llegar a casa, después de tomar un baño, Archie se sentó frente a su piano en la biblioteca. Ya no podía recordar la última vez que lo había tocado. Se acercó el banco elegantemente y comenzó a ejecutar una dulce melodía, tan dulce que se estremeció y se apartó del mundo. Candice estaba terminando su rutina de belleza nocturna y no pudo evitar caer en el hechizo de las notas que envolvieron el departamento. A decir verdad, nunca había gustado mucho de ver a Archie tocando el piano debido a que tenía muy presente la anécdota de Annie tocando a dúo con él y eso la ponía muy celosa. Sin embargo, esta melodía era ejecutada con tal dulzura que era imposible no conmoverse. Los largos dedos de Archivald se movían sobre el piano como si acariciara sus teclas y enviaran esas caricias a la piel de Candy; la melodía fue in crescendo hasta la sensualidad y tuvo su climax en una interpretación que despertó la lujuria tanto del ejecutante como de la única escucha.

La ardiente transformación provocó en Archie el despertar del neandertal que ahora le era tan familiar, su respiración comenzó a agitarse, la temperatura de su sangre se elevó y un dolor en su entrepierna le provocó placer. Continuó ejecutando hasta que la penetrante mirada llena de deseo de Candice comenzó a quemar la piel masculina, él la buscó y le sonrió seductor sin permitirse terminar su concierto privado. Ella se acercó por la espalda y besó delicadamente el cuello de su prometido mientras que traviesa deslizaba sus manos bajo la elegante bata para alcanzar la firmeza de su pecho. Archie cesó la ejecución y alcanzó los brazos que lo rodeaban, se puso de pie y frotó su cadera contra la de Candice para mostrarle el estado en que se encontraba. Ella sonrió satisfecha mientras que él la tomaba en sus brazos al mismo tiempo que cerraba el piano, como si le estorbara. Llevó sin delicadeza alguna las piernas de Candy hasta su cintura y la sentó sobre su fuerte escritorio; esta vez no tuvo cuidado, en un segundo estaba desatando la bata de baño de su prometida para deleitarse con sus firmes pechos que parecían urgirlo a tomarlos. Él se inclinó sobre ellos y los mordisqueó casi desesperadamente, perdiéndose entre esos voluptuosos montes él se sintió en la gloria misma. Había deseado a Candice toda su vida, desde que era casi un niño, hacerle el amor era lo que él definía como la plenitud en su vida y cada día era una experiencia nueva. Ella lo sorprendió cuando se puso de pie sin desprenderse de sus labios y luego se arrodilló ante él para complacerlo con la misma urgencia con él la amaba. Sintió su dureza dentro de la boca ardiente de su prometida y se deleitó en contemplarla. Ella se veía hermosa, con su bata de seda cayendo en sus brazos, son sus ojos incitantes y sus manos manipulando su virilidad mientras lo humedecía con su lengua y lo masajeaba con sus labios, no había palabras para describir cómo su satisfacción se fue al cielo con las orales atenciones que ella le prodigaba con un placer infinito. Gimió complacido; tenía que aceptar que siempre quiso tenerla así: de rodillas y satisfaciéndolo. Envolvió sus manos con esos rizos todavía húmedos y apretó la cabeza femenina hacia su pelvis, urgiéndola por mayor esmero, gimiendo ardientemente su nombre.

-Candice, oh Candice – ella respondió jugueteando aún más con su húmeda lengua y mirándolo directo a los ojos, como si aceptara su reto.

Archie estaba en el cielo mismo. Los verdes ojos que lo habían martirizado durante años hoy lo complacían. Sus verdes esmeraldas estaban obscuras deseando también ser complacidas. Antes de que ella le provocara mayor excitación, Archie la levantó y la puso a la orilla de su escritorio. Se abrió paso provocativamente entre sus piernas y le permitió temblar ante el contacto de su dureza con su humedad que prácticamente se desbordaba. Entonces penetró su cuerpo con fuerza y con deseo. Desbordó todo lo que ella le había provocado. La sintió temblar entre sus brazos. Ella se sujetó de él mientras que envolvía su atrevida cadera con sus piernas; él la continuó embistiendo sin preocuparse por las uñas de ella clavadas en sus brazos. La tenía rendida ante él, tal como siempre deseó, ella era finalmente suya; él había esperado y su sueño se había realizado. La amaba más que nunca y la amaría para siempre, de eso estaba seguro. Llegaron juntos a tocar el cielo sabiendo que nada podría separarlos. Después de amarla tan brutalmente, la llevó a la cama y la amó durante una buena parte de la noche de la manera más tierna y dulce, la adoró, fue uno con ella también en su corazón.

Malinalli; 22 de julio 2018. Torreón, Coa.

Gracias por su paciencia. Ya el próximo capítulo terminamos. Mil y un gracias de nuevo.