INFERNUM. REDEMPTIONIS.
Los personajes de Candy Candy son propiedad de Mizuki e Igarashi, TOEI Animation, Tokio 1976, usados en este fic sin fines de lucro.
Capítulo 19
Reditus
Había sido una tarea complicada convencer a Archivald Cornwell de que participara en los festejos del Día Mundial de la Esgrima el pasado ocho de septiembre. Se escudaba diciendo una y otra vez que no estaba de humor para socializar y que aún no se sentía muy fuerte y seguro como para esgrimir una espada o un florete. Sin embargo, cuando el Duque de Grandchester aceptó la invitación de la selección nacional para un duelo de exhibición, no pudo seguir negándose.
-Su encuentro fue lo mejor que he visto jamás – el real entusiasmo de los compañeros de Archie no pudo ser evadido. Sus ojos les brillaban solo de recordarlo.
-Tranquilo, Archie – aún recordaba el tono irremediable de mofa de Terry – prometo tratarte con delicadeza.
Archie no soportaba que Terry conociera su lado débil, justo su orgullo. Así que había aceptado y no podía arrepentirse de haberlo hecho. El florete de Terry Grandchester había dado cuenta de los mejores movimientos y los asaltos habían sido suyos, pero eso no le molestaba, haber sentido el florete de Terry de nuevo en su pecho ya no le había afectado.
La única afectada había sido Candice, que tuvo que soportar la muchedumbre de admiradoras de los contrincantes haciéndola a un lado para obtener una fotografía sin conformarse con solo uno de ellos: La gran mayoría de las chicas (muchas de las cuales, hay que decirlo, no eran seguidoras de la esgrima) hicieron mil movimientos para lograr una fotografía entre ambos caballeros. Esa había sido una mañana de celebración. Por un momento, Archie y Candy se olvidaron de los problemas y solo se dedicaron a divertirse.
Terry se había despedido de ellos justo después de comer juntos en el yate de Archie; debía volar de inmediato porque esa noche tenía que asistir a una premiación de su madre. No podía dejarla plantada. Archie y Candy lo vieron caminar por el muelle y dirigirse a la calle Michigan, donde lo esperaba el chofer de los Andrew para llevarlo al aeropuerto. Llevaba sus manos en los bolsillos de su pantalón y su pelo flotaba con el frío viento.
En el yate, Archie notó cómo Candice se estremecía.
-Será mejor que entremos, Candy – le preocupaba que pudiera enfermarse.
-No, Archie, quedémonos un poco más aquí. Me gusta mirar el lago; es imposible no pensar en Stear.
-Gracias, Candy – él la rodeó con sus brazos y ella se refugió en su calor – gracias por amar tanto a mi hermano.
Ella levantó la vista para encontrarse con la dulzura y la paz reflejados en los ojos de Archie. Su cabello también flotaba con el viento y se posaba travieso sobre su rostro sereno. Ella suspiró aliviada de notar un momento sin angustia en Archie.
Permanecieron por un largo tiempo abrazados, llenándose de la presencia del otro, hablando de todo un poco, sobre todo, disfrutando de ser uno solo.
Cuando la tarde cayó miraron la puesta de sol; sus sentimientos y deseos estaban a flor de piel. Jamás se cansarían el uno del otro. Él solo pensaba en beberse todo de ella, en hacerla suya una y otra vez. Entraron al yate, a la pequeña sala de muebles de cedro con recubrimientos blanco marfil. Archie alcanzó su florete y la miró amenazante, como si le advirtiera que debía tenerle miedo. Ella respondió sonriendo sugestiva, a la expectativa de los deseos de ese hombre cuyas miradas eran fuego puro provocando su incandescencia. Archie no permitió que se sentara, se alejó de ella un par de pasos y extendió su florete justo hacia su pecho. La respiración de la mujer se detuvo por unos instantes mientras que sus esmeraldas le retaban a continuar el juego. Archie midió el filo de su arma y arrancó un botón permitiendo que los excitados pechos de Candice se descubrieran ligeramente, pero eso no era suficiente para el intruso; él deseaba descubrirlo todo… guio lentamente y con sumo cuidado su florete hacia el siguiente botón y sonrió satisfecho cuando el encaje del sostén de Candy quedó a la vista… él lo arrancaría, se perdería entre esos montes voluptuosos y maduros que respondían al menor contacto de la miel de las pupilas dilatada y obscuras. Archie terminó con su seductora tarea hasta que el vestido de Candice quedó abierto mostrando su figura, luego, sin decir palabra alguna, con la punta del florete deslizó una a una las mangas del vestido por sus brazos… adoraba tenerla desnuda. Quería estrujarla hasta que no quedara más de ella. Quería beberla, guiarla a su cielo, donde ella era su ama y su esclava al mismo tiempo. Soltó su florete y la atrapó delicadamente de su cabello para descubrir su cuello. Ella sintió su humedad desbordarse, no podía esperar más, quería ser invadida en ese mismo momento y comenzó a exigirle a Archie que se olvidara de ser un caballero, quería que su espada la penetrara, así, fuerte, firme y filosa. Él se olvidó de toda delicadeza y la tomó con urgencia, mordisqueó su cuello en un frenesí pocas veces sentido, no podía detenerse, deseaba más de ella. La levantó a horcadas sobre su cintura y la embistió, mordisqueando al mismo tiempo los duros botones rosas que se ofrecían a él sin decoro. Ella gimió por la combinación de placer y dolor, pero eso solo lo estimuló, la amó con desesperación y ella se entregó apasionada, exigiendo, disfrutando, retando, tomando para sí cada muestra de amor y deseo que Archie desbordaba por ella.
Después de amarse mutuamente volvieron a casa. Se habían amado en el yate, pero eso no era suficiente. El neandertal de pronto perdía el control y se apoderaba de los instintos de Archie, lo mejor de todo, es que había descubierto que Candy enloquecía cada vez que se transfiguraba en ese ser salvaje y apasionado. Así que volvieron a amarse en su cama, gritando sus nombres, extasiados y enamorados.
Esa noche cayeron rendidos en un sueño profundo, reparando su cansancio, queriendo hacerlo a un lado para iniciar de nuevo. Archie la envolvió desnuda en sus brazos y ella se acurrucó arrullada por su corazón. Su beneplácito no duró por más tiempo porque una llamada había interrumpido su sueño y ahora había asuntos para resolver.
Candice marcó el número telefónico muy de madrugada, aún con sus manos temblando y su corazón latiendo a mil por hora.
-Lo siento, amor, no puedo hacerlo – ella le dio el teléfono a Archie – por favor, hazlo tú. Siento que, aunque Patty sigue siendo mi amiga, el tiempo ha pasado entre nosotras, en cambio, tú siempre has estado con ella, creo que ella te ama más a ti en este momento.
-No digas tonterías, Candy – Archie susurró mientras escuchaba el tono de llamada – Patty sigue siendo la misma chica, es tu amiga y en estos casos, creo que no hay nada mejor que una amiga. Yo soy como su hermanito, por favor, hazlo tú.
-Archie, eso no es justo – protestó. Entonces Archie colgó el teléfono.
-Escúchame, Candy – Archie la tomó de la mano y la obligó a mirarlo directo a los ojos – necesito que vuelvas a ser la misma chica fuerte y decidida de antaño – la retó cariñosamente – sé que has sufrido; ambos hemos sufrido mucho. Yo estoy haciendo un esfuerzo por volver a ser yo mismo, tú logras que quiera vivir… por favor, Candy, tienes que llenarte de valor y devolverme a mi chica.
Ella se quedó impactada. Jamás pensó que un acto tan simple como negarse a llamar a una amiga en la madrugada pudiera revelarle a Archie cuán profundo era también su deseo por escabullirse del mundo. Incluso, ella misma tampoco había percibido del todo hasta dónde llegaba la penumbra dentro de su alma.
-Candy, Anthony murió, fue un accidente y los accidentes ocurren – ella bajó la mirada, no comprendía por qué su esposo mencionaba a Anthony, pero él continuó hablando – Candy, ya has visto a Terry, él está bien, enfrentando sus propios retos, pero decidido a no dejarse caer. Borra de ti esa imagen de su desdicha, ya lo ves: está de pie. Annie murió, es verdad, era tu hermana; tú hiciste incluso más de lo que debías para que ella fuera feliz. Neal ya no puede hacerte daño, nunca jamás lo hará. Deja ya de pensar que la felicidad no es para ti. Alistar está enfrentando sus demonios, enfrentemos los nuestros. En otra época, estoy seguro de que tú misma habrías tomado el teléfono para llamar y aún más, estarías lista para decir la palabra correcta de ánimo. Por favor, Candy, te necesito conmigo. Te amo… y te amo así, como estás ahora, con tus heridas, con tu dolor… sin embargo, quiero saber que lo que hago por cuidarte y recuperarte está rindiendo frutos. Vuelve Candy, déjame volver a verte. Quiero que tus ojos brillen, aunque yo no esté cerca; no quiero que sigas dependiendo de mí, quiero saberte de nuevo fuerte, no por nosotros, sino por ti.
-¿Ya no quieres cuidarme? – su voz tembló ligeramente con reproche.
-Tonta. Eres una tonta – él la abrazó para reconfortarla – nada me hace más feliz que saber que confías en mí y me dejas cuidarte. Cuando dejaste el San Pablo no hablé con nadie durante días, ni siquiera con mi hermano. No me bañé, no me interesaba mi imagen… nada… - Archie seguía hablando en voz baja, prácticamente al oído de Candice – me preocupaba que estuvieras sola en un país desconocido y sin dinero. No sabía dónde comenzar a buscarte. Estaba desesperado por saber que estabas bien. Una y otra vez me repetía que me habría escapado contigo para cuidarte, de hecho, me sorprendí deseando que hubieses encontrado a Terry. Te prefería bien y segura, que durmiendo quién sabe en dónde y cómo… quizás con hambre. Cuidar de ti es lo que más he querido hacer toda mi vida.
-Entonces…
-¿No lo entiendes, cariño? Lo que más me atrajo de ti fue tu fortaleza, tu optimismo, tu capacidad de no quejarte, sino de buscar siempre las soluciones. Quiero verte feliz.
-Soy feliz…
-No. No lo eres. Lo serás hasta que dejes ir el pasado. Deja atrás todas tus pérdidas. Yo las dejé ir cuando te recuperé… ¿Puedes hacer lo mismo por mí, por favor? Déjame verte sonreír, quiero verte disfrutar de cada día. Ya sal de tu caparazón Candy, por favor. Vamos a vivir de nuevo.
-Archie… - ella estaba meditando las cosas que Archie le compartía, iba a responder cuando el teléfono comenzó a sonar.
Miró a Archie con miedo, como si no supiera qué debía hacer; él se limitó a sonreírle con confianza y ella no pudo hacer otra cosa más que respirar y sonreír de regreso.
-Gracias, Archie – él tomó su mano favorita y depositó un casto beso con veneración pura – creo que es hora de que contemos contigo, gatita.
Ella respiró profundo, sujetando su mano con fuerza en la de Archie antes de responder la llamada.
-Hola, Patty – saludó y de pronto sintió renacer dentro de ella una antigua fuerza.
-Hola, Candy, tengo una llamada perdida. No son horas de llamar ¿qué sucede? ¿te puedo ayudar en algo?
-No, Patty… -vaciló, pero la mirada enaltecida de Archie le dio ánimo – tenemos que hablar; será mejor que te advierta que debes estar muy despierta para la noticia que te voy a dar.
-¿Es sobre Stear, verdad? ¿Finalmente Archie ha encontrado a ese bribón? ¡Deja que lo tenga frente a mí! ¡Le diré un par de verdades, al menos! – la voz de Patty sonaba relajada y tomó por sorpresa a Candy. No supo qué responder.
-¿Estás bien, Candy? – le susurró Archie al oído, ella respondió apretando su mano.
-¿Candy? ¿Sigues ahí? No es necesario tanto preámbulo… debe ser Stear… ¿Por qué otra cosa me llamarías a esta hora? Archie se ha recuperado, tú te escuchas bastante bien, esta noche saludé a Albert antes de ir a la cama, a la tía le escribí la semana pasada y me dijo que está bien, así que el único motivo para una llamada a las tres de la mañana es el bribón de mi novio… si lo hubieses encontrado muerto me habrías llamado mañana… así que esto es urgente. Deja de temblar y ponlo al teléfono de una buena vez… le diré que está loco si cree que aún me casaré con él. ¡Já! Como si tuviera él tantos privilegios para que una chica como yo lo espere por años, eso sí que no.
Para estas alturas, el monólogo de Patricia era ya atropellado por las miles de emociones que la invadían. Candy no la había desmentido, así que del otro lado del teléfono la chica temblaba y lloraba al mismo tiempo.
-Patty, él no está aquí. No puede tomar el teléfono – Candy miró a Archie directo a los ojos, aún en la media luz de su habitación la dulzura en la miel de los ojos de su esposo la fortaleció.
-¿Pero está bien, verdad? – ahora había urgencia en la voz de su amiga.
-Sí… es decir, no. Bueno, sí, pero no…
-Candice White Andrew Cornwell, deja de estar vacilando y dime de una vez por todas lo que quieres decir – Patty se sentó entonces en su cama, ansiosa por lo que deseaba escuchar.
-Encontramos a Stear, pero fue necesario internarlo en una clínica. Su médico acaba de llamarnos con urgencia, está en una crisis y no hace otra cosa sino llamarte. Lo han sedado fuertemente, sin embargo, el doctor dice que deberíamos los tres visitarlo esta mañana, a primera hora. Archie y yo queremos pedirte que te reúnas con nosotros tan pronto puedas, no importa si no es hoy, pero por favor, Patty, ayúdanos con Stear. Sé que estás muy molesta con él, sin embargo… escucha primero su historia y ven con nosotros.
Hubo un silencio del otro lado de la línea. Y luego ella habló entre sollozos. Candy notó la transformación de la mujer fuerte que había visto en la mina unos meses atrás en aquella chica indecisa del San Pablo.
-Candy… ¿Qué le pasa a Stear? ¿Es grave? Dime la verdad, por favor.
-Lo encontramos hace unas semanas, pero él no quiso exponerte a estos arranques de ira que tiene en sus crisis porque se torna muy violento, al grado que pierde la razón. Su mente lo traiciona y lo pone en medio de escenarios bélicos, por lo que él se defiende de quien quiera que esté cerca. Incluso trató de ahorcar a Archie. Patty, él te ama, pero no deseaba exponerte al peligro que representa estar cerca de él en este momento. Quiso sanar antes de poder entrevistarse contigo, sin embargo, el médico dijo que nuestro contacto le ha disparado fibras de sufrimiento y alteración de su realidad. Está confundido, no te ha visto y parece que en sus fantasías te ve en medio de la guerra y se agobia por no poder rescatarte.
-¿Por qué no buscó a su familia, Candy?
-Porque sin tratamiento, sus momentos de lucidez han sido pocos, solo fueron flashes que no permitieron armar el rompecabezas de sus recuerdos. No sabía si tenía familia, no sabía de dónde era… hasta que nos vio en una calle neoyorkina. Vernos a Archie y a mi le dio lucidez, los médicos del hospital controlaron su estrés y eso le permitió permanecer con nosotros e ir recuperando sus memorias lentamente, hasta que su mente le arrojó un rompecabezas completo. Ver a Archie en peligro fue lo que detonó sus memorias. Lo salvó y permaneció con nosotros bajo supervisión médica.
-Ya no me digas más, Candy… creo que no es una conversación que deba seguir vía telefónica. Voy para allá.
-Gracias, Patty. Avísanos sobre el vuelo para esperarte en el aeropuerto.
-Candy, he dicho que ya voy para allá. Seguro que mi instructor de vuelo me ayudará a conseguir un taxi aéreo. Te veré al amanecer. Dile a Archie que me mande a alguien para que me esté esperando….
-De ninguna manera, Patty. Nosotros estaremos esperándote entonces en el hangar de la familia.
La llamada terminó con una pareja bastante preocupada. Patty vivía sola y seguro que la noticia habrá alterado sus nervios, pero confiaron en que tendría la fuerza y confianza suficiente para salir del paso.
-Son dos horas en un vuelo comercial desde Florida a Chicago. Creo que deberíamos esperar que esté aterrizando en al menos cuatro horas. Ven, vamos a descansar. Lo hiciste muy bien, Candy. Gracias.
-Archie – ella le sonrió discretamente – ¿notaste cómo llamó Patty a Stear?
-Claro que lo noté. Lo llamó bribón.
-Sí. Es cierto: "El bribón de mi novio", eso fue lo que dijo exactamente.
-¿Y eso es bueno o malo, amor?
-Uhmmm… ¿bueno?
-Ya lo resolveremos mañana. Ven a la cama, quiero darte un premio por lo que hiciste – Archie besó su cuello mientras deslizaba por sus hombros la delicada bata de seda para desnudarla.
Tres horas después, el magnate se despertó. Aun cuando tenía prisa, se dio tiempo para deleitarse con el cuerpo desnudo de Candy sobre sus obscuras sábanas. Era un panorama erótico que lo seducía irremediablemente. Bañado su cuerpo con la cálida luz de una lámpara de pie, su cabello alborotado sobre la almohada, las sábanas desordenadas por esa noche de pasión compartida… era el cielo mismo para Archie.
Se inclinó para despertarla con sus besos. Ella estaba dormitando boca abajo, mostrando su espalda y su trasero desnudo. Él se recostó a su lado y besó desde su cuello… recorrió su espalda acariciando dulcemente la piel tan amada, llegó a la suave curva del fin de su espalda y recostó su cabeza.
-Candice – la llamó. Sabía que ya estaba despierta porque la escuchó gemir placentera – será mejor que te bañes, mientras hago algunas llamadas.
-¿Archie, no te parece que es muy temprano para molestar a Paul? – ella se movió entre las sábanas mientras que lo veía ponerse de pie y caminar hacia su mesa de noche en completa desnudez.
-Sí. Es muy temprano. Pero esa es la ventaja de ser el jefe. Anda… empieza a prepararte para ir al aeropuerto.
Candy lo escuchó dar algunas instrucciones a Paul antes de ducharse.
-Paul, envíame antes de las diez de la mañana los resultados del día de ayer. Ya sabes: Necesito saber el desarrollo en la bolsa, quiero saber cómo están las cotizaciones. Envíame los balances financieros y los de producción para poder compararlos uno contra el otro. Y hazme saber cómo van las mejoras que se implementaron en Great Can; a estas alturas, la mina ya debería estar iniciando su camino al equilibrio, el tío querrá saber el estado de los indicadores de siempre. Dirige tú la reunión de alta dirección y luego envíame un reporte de las predicciones para hoy.
-Archie, te recuerdo que Saudi Co., quiere reunirse contigo esta misma semana. Quieren saber si aceptarás su oferta de compra en los pozos que tienes alrededor de los de ellos.
-Paul, ya les dije que no estamos vendiendo.
-¿Estás seguro? Están dispuestos a negociar un precio ventajoso.
-Estoy seguro. Tengo la impresión que ellos saben algo que nosotros no. Haremos estudios de exploración. Por lo pronto, recuérdales que no vendemos.
-Archie, esos pozos no han estado produciendo lo que esperábamos.
-Lo sé, Paul. Por eso quiero hacer primero estudios de exploración. Es una buena inversión antes de hacer movimientos de los que podría arrepentirme más tarde.
-Dijeron que vendrán a Texas y quieren una cita contigo, aunque deban trasladarse a Chicago.
-Paul, ya basta – Archie levantó su voz ligeramente – he dicho que no vendemos. Envía los reportes que te pedí antes de las diez. Trataré de estar en el consorcio por la noche. No te vayas sin antes reunirte conmigo.
-De acuerdo, Archie, te veré esta noche. Dale mis cariños a Candice – Paul suspiró. Este sería un largo día para él. Cómo extrañaba a su amigo de parrandas. Ahora, las únicas veces que se reunían a la media noche no era alrededor de una mesa de bar, sino en la oficina principal del consorcio. Levantaría una protesta. Una de estas noches se robaría a Archie. Buena falta le estaba haciendo divertirse un poco.
-Así lo haré…
-¡Oh! ¡Espera, Archie! Llamó tu entrenador. Está preocupado por tu participación en el equipo, no estuviste con ellos en Bruselas y te suplica que no dejes de participar en el torneo de Londres. Quería hablar contigo durante los festejos de ayer, pero te escabulliste.
-¡Rayos! Es verdad. Me dijo que teníamos que hablar. ¿Cómo pude ser tan distraído?
-Vamos, Archie, tienes demasiadas cosas en la cabeza.
-Paul, durante el vuelo me informaré sobre los próximos torneos y en cuanto los haya estudiado le responderé. No creo aún estar listo para Londres, pero me parece que para los torneos del próximo año ya podré incorporarme al equipo. Ni siquiera me he dado tiempo de ver a mi preparador físico. Soy un total desastre. Tú sabes que amo la esgrima.
-Lo sé. Si vuelve a llamar esta mañana, le diré que te comunicarás con él. No lo olvides. Que sea hoy mismo. Te enviaré un mensaje a las cinco de la tarde para confirmar que lo hayas hecho.
-Muy bien. Entonces, te veré esta noche. No sé qué haría sin ti, amigo.
-Nada… por supuesto… merezco un ascenso y un aumento.
-¡Hey! No tan rápido – Archie sonrió ante el intento de Paul –. Hasta la noche.
A las siete de la mañana el taxi aéreo de Patty estaba entrando al hangar. Archie y Candy estaban dentro de la lujosa sala y decidieron salir a su encuentro para no perder tiempo. Cerca del avión los estaba esperando el doble R del bisabuelo, esta vez Archie había decidido que quería armonizar con el cuadro de la vieja ciudad victoriana que visitarían.
-¿Y viajaremos en eso? Creí que teníamos prisa – se quejó Patty.
-Patty, mi Spider es biplaza, no podría llevar tres personas. Además, este RR se actualiza al menos cada dos años. Tiene un motor poderoso y la más alta tecnología de comunicación. Incluso el dueño de la compañía RR me ha pedido comprarlo cada vez que lo enviamos para actualizarlo – Archie levantó el pecho –. Vamos, cuñadita, dejemos de discutir porque tenemos cosas más importantes que debemos hacer.
Durante el viaje, Archie y Candy dieron más detalles a Patty sobre la situación de Alistar, aunque ella estaba ausente. Hacía pocas preguntas, tratando de meditar. Disfrutó el corto viaje. Archie tenía razón: el motor era poderoso y pronto estuvieron en Galena. Cuando Patricia salió del auto, sintió sus piernas temblar. Si la cortés mano de Archie no le estuviera sosteniendo para ayudarla a salir, seguramente sus rodillas la habrían traicionado.
El médico les dio la bienvenida y les instruyó para que Archie y Candice fuesen los primeros en entrevistarse con Stear.
-Ahora mismo está mucho mejor. Más tranquilo – les dijo – me parece que su visita le hará mucho bien. Con su presencia lograremos que se sitúe más firmemente en su tiempo y lugar real. Después, podrá pasar la señorita O´Brien.
-Queremos saber qué fue lo que ocurrió esta vez, doctor – casi exigió Archie, con gesto serio.
-Nada fuera de lo normal. Estamos minimizando sus cantidades de antidepresivos y tuvo una crisis. Nuestra meta es que él dependa solo lo estrictamente necesario de sus medicamentos, pero en el camino tendremos experiencias de este tipo.
Archie y Candy asintieron. Patty, se había mantenido con la cabeza baja, sin atreverse si quiera a mirar a su alrededor, le parecía una ruda fantasía la permanencia de Alistar en esa clínica, se moría por verlo, pero al mismo tiempo, temía por lo que encontraría. Sin darse cuenta, apretaba sus manos, una contra la otra. Candice alcanzó una de las manos de Patty y la sostuvo con cariño. Archie se sintió orgulloso de ella. Su sonrisa reconfortó a su amiga.
-Así es como te recuerdo, Candy – murmuró en su oído con adoración total – así es como te quiero y te admiro. Mi chica fuerte y valiente pronto estará conmigo, lo sé.
-Tú me ayudas, Archie – respondió también en un murmullo.
Una enfermera entró a la oficina del médico y les indicó que Alistar estaba listo para sus visitas. Aún estaba un poco bajo el influjo de los sedantes, pero sería capaz de interactuar con ellos.
-Él los espera en el zócalo del jardín, cerca del lago, los conduciré.
-No hace falta, yo mismo los llevaré – interrumpió el médico.
El trío salió detrás del galeno con la preocupación inundando sus mentes, Archie sentía sus pies pesados, pero necesitaba ser fuerte, el nudo formado en su garganta debía desaparecer lo más pronto posible.
-Señorita O´Brien – la voz del médico se escuchó con advertencia al tiempo que sus ojos se entrecerraban – será mejor que usted espere aquí – señaló una bella banca antigua de mármol cerca de unos narcisos – en cuanto los Cornwell se despidan de sargento usted sabrá que debe acercarse. No sea muy dura con él. Desde el punto de vista del sargento, todo lo ha hecho por mantenerla segura.
-Entiendo – ella miró hacia el zócalo que señaló el médico. Alistar se veía mucho mejor de lo que ella había imaginado.
La entrevista de Archie y Candice con Stear duró solo algunos minutos. Ellos se aseguraron de darle ánimo y lo escucharon disculparse una y otra vez por haber alterado sus rutinas. Lo abrazaron y consolaron. Vieron sus profundo ojos extraviarse por instantes en memorias indeseadas y escucharon su voz preocupada. Aunque hacia el final de su conversación ya su voz era más segura, incluso le habían arrancado una sonrisa y la firme determinación de no dejarse vencer. Esto era tan solo una breve caída.
-¿Se van tan pronto? – en realidad no estaba seguro de preguntar pues no deseaba retenerlos de sus compromisos, pero le parecía demasiado breve su visita.
-No, hermano. No nos despediremos aún, pero tienes otra visita – la mirada profunda de Archie se metió hasta los huesos del sargento.
-¿De quién se trata? – Alistar tomó valor, se había puesto en manos del médico y haría lo que él dijera.
-El médico consideró que Patty sería de gran ayuda para ti, dado que tu última crisis fue en torno a ella – el tono de Archie fue de conciliación; tuvo algo de temor al ver la duda en los negros ojos de Stear. Vio cómo Alistar se estremecía y sus hombros se caían como si estuviera derrotado –. Ella… ella quiere estar aquí, hermano.
-Yo no… yo no… - balbuceó mirando hacia donde Archie le señalaba la figura de Patty.
Aunque había una distancia considerable, Stear supo que sus miradas se habían encontrado por primera vez después de años. Podía percibir los ojos de Patty a la distancia, sus mejillas se encendieron, y casi podía apostar que las mejillas de ella estaban igualmente sonrojadas. Adoraba ese par de cerezas que aparecían en su faz. Sintió infinita ternura por ella y ese amor fue más grande que su necesidad de mantenerla apartada.
Candy y Archie no dijeron ni una palabra más. Se retiraron en silencio y fueron testigos de los pasos inseguros de Patty para acercarse hasta ellos. La chiquilla del San Pablo caminaba temerosa, aunque lentamente sus pasos comenzaron a incrementar la velocidad sin perder toda la clase de su cuna. Para cuando llegó hasta donde Stear la esperaba, olvidó todo ese monólogo de reproches que había estado ensayando durante su vuelo. Ahí estaba él: Sereno, con una tenue sonrisa en sus labios, con sus ojos brillando detrás de alguna acuosa lágrima que se negaba a escaparse, bien vestido, con su aroma varonil que se desbordaba con el travieso viento que se inmiscuía entre ellos. Vio su negro cabello despeinarse y lo vio liberar sus largos brazos de los bolsillos de su pantalón. Ella se detuvo por un instante frente a él, sin poder apartar su mirada ni un solo instante. Quería decirle muchas cosas y aunque sus labios se negaban a hablar, sus ojos le gritaban sus sentimientos.
Él se acercó sin medir el terreno. Confió en ella. No tenía ganas de dar explicaciones, sabía que si ella estaba aquí todo lo demás podía esperar. Todas las explicaciones o las súplicas por ser perdonado pasaron de largo.
-Patty – el viento se llevó sus suaves palabras.
Ella se arrojó a sus brazos con tal necesidad que él no pudo sino rendirse a envolverla y ceñirla a él. Tuvo el fuerte deseo de estar sano. Quiso ser un hombre fuerte para ella. Deseó no tener más el alma mutilada por un suceso de un pasado ahora lejano. Quiso ser remanso, quiso ser fortaleza, quiso ser refugio, quiso ser capaz de protegerla.
Las lágrimas de Patty depositadas en el pecho del sargento se abrieron paso hasta el corazón dolorido y lo acariciaron. No hubo palabras. Hubo la comunión de una pareja. Estuvieron abrazados por un largo rato. Él hundió su cabeza en los hombros de la mujer que se apretaba a él con necesidad ardiente, se deleitó con su aroma. Su cabello era suave y brillante, la tela de su vestido de algodón era delicada y fresca; el viento jugueteaba travieso con su falda. Sentía sus manos tibias rodeando su cintura, como deseando enterrarle sus uñas, con su rostro refugiado en su pecho. Se sintió pleno de nuevo… un hombre, como hacía años no se sentía.
-Me parece que estoy por llegar a casa, Patty.
-Es mejor que te apresures.
-Lo haré, te lo prometo.
A lo lejos, Archie y Candy se abrazaron sin cansarse de contemplarlos. Estaban aliviados. No deseaban interrumpirlos, pero el tiempo había pasado sin percibirlo, pronto sería hora de volver a casa.
-¿Volverás a visitarme, Patty? – ella alcanzó una de sus mejillas para secar la lágrima que finalmente había encontrado su camino deslizándose por la mejilla de Stear antes de responder.
-Stear, lo haré. Vendré cada vez que me sea posible.
-¿Estás trabajando?
-¡Oh! ¡Claro que sí! A mi padre casi le da un infarto cuando se enteró que trabajaría, pero no tuvo opción.
-¿Y qué es lo que haces?
-¿Además de ser piloto? – ella sonrió con autosuficiencia. Orgullosa de sí misma.
-¿Tú, Patty? ¿Piloto?
-Sí… bueno es una de mis tantas virtudes.
-Háblame más de tus virtudes – Stear la admiró. Posó una de sus manos en su espalda baja mientras la invitaba a caminar hacia Archie y Candy.
-Estoy al frente del equipo de desarrollo del software para la próxima misión a Marte.
Los ojos de Stear brillaron. Tuvo un leve ataque de risa. No sabría nunca qué hacer con Patty: Envolverla para abrazarla y protegerla o ayudarle a extender sus largas alas para disfrutar sus altos vuelos.
-Eres una mujer muy ocupada, Patty.
-Mucho.
-Entonces seré paciente hasta tu próxima visita.
-¿Volverás pronto a Florida?
-De hecho, hoy he cancelado un par de revisiones de proyecto. Candy me llamó a las tres de la mañana. Volé de inmediato. Pero no puedo postergar el informe de mi revisión.
-Gracias, Patty.
-No lo agradezcas.
Llegaron hasta donde estaban Archie y Candy y se despidieron. Stear se sentía más pleno y más sereno.
Cuando llegó el turno de despedirse de Patty, Stear la abrazó y besó sus mejillas, ambos rostros se ruborizaron. Tenían casi treinta y cinco años pero cuando estaban juntos volvían a ser los chicos tímidos del colegio.
-Ella recibió una llamada de madrugada, en ese momento salió corriendo y consiguió un taxi aéreo, voló casi mil millas y… ¿no vas a besarla? – le reprendió Archie al oído.
Candy alcanzó su mano y se adelantaron con disimulo para darles privacidad.
Stear no se detuvo a pensarlo, si lo hacía, seguramente se reprimiría. Detuvo a Patty de la mano y la giró con suavidad. Sus miradas se encontraron casi ardientes. Se vio rompiendo la distancia que lo separaba de la gloria de los labios femeninos y la besó con tal desesperación que la dejó sin aliento. Sintió los brazos de ella rodear su cuello, aferrándose a su cuerpo y más que nunca se prometió que sanaría. Sentía la firme convicción de permanecer por siempre al lado de Patty O´Brien.
Archie, Candy y Patty comieron más tarde de lo habitual en el camino de regreso de Chicago y cuando llegaron a la ciudad de los vientos ya casi era entrada la noche.
-Debo pasar por el consorcio antes de llegar a casa – les anunció Archie – trataré que sea rápido.
Cuando el trío arribó al recibidor del elegante edificio ya solo estaba el guardia. Abrió la puerta para los recién llegados y saludó con cortesía.
Archie las condujo caballerosamente a su elevador privado y pronto estuvieron en su elegante oficina. Estaba vacía. Lo primero que hizo Archie fue acariciar con sus manos su preciado florete; extrañaba blandirlo.
-Creí que te habías olvidado de mí, jefe – Paul apareció por la puerta que daba hacia la recepción, traía un pilot case consigo y una sonrisa cansada.
Saludó a Candice con efusividad y sus mejillas se encendieron cuando vio a Patty con ellos. Fue imposible que la pareja no notara que también las mejillas de Patty se habían encendido cuando vio aparecer a Paul. Archie y Candy se miraron turbados, pero guardaron silencio.
-Patty, no sabía que tendría el privilegio de verte hoy – el tono de Paul fue de absoluta seducción y turbidez. Se acercó a ella y besó sus mejillas.
-Es una agradable sorpresa, Paul – respondió ella aún sin poder controlar su rubor.
Archie no contempló más las reacciones porque el Washington Times tenía una noticia a ocho columnas sobre un político acusado por su novia de intento de violación tras escuchar ella una conversación privada concerniente a un derrame petrolero. "El senado se aleja de las aspiraciones de Legan" rezaba el encabezado. El padre de la joven era un hombre muy poderoso que iría a las últimas consecuencias.
Malinalli. 12 de septiembre de 2018; Torreón, Coahuila, México.
De mi escritorio: ¡Hola, amigas! Aunque sea lentamente, pero voy dando forma al fin de esta historia. Creí que este sería ya el último capítulo, pero aún me quedaban cosas para resolver con Stear y Patty… obvio, con Paul; a quien Patty se tenía muy guardadito.
Ya saben chicas que me la paso muy ocupada; pero siempre muy preocupada por mis actualizaciones. Gracias por su paciencia.
