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El Primer Nieto

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Una vez, una persona de la cuál no sabía su nombre (ni se acuerda siquiera de dónde había sacado esa frase) dijo que "el amor perfecto no llega hasta el primer nieto".

¿Amor? Sí. ¿Perfecto? No estaba tan seguro.

Butch no podía decir que no amaba a su nieto, lo hacía, mierda, su llegada le había hecho de lo más feliz; pero eso no quitaba que el niño era un hijo de puta y que las ganas de darle un golpe en la cabeza para que se calle prevalecieran. Pero no podía, no era su padre.

Ahora, se preguntarán, ¿cómo mierda había acabado "El Barón de la Locura? sólo en una casa junto a su nieto?

Los padres del niño se habían ido de luna de miel tras haberse casado; Sophie y Buttercup habían ido a hacer mandados en el centro de la ciudad; Farrah estaba cuidando de su hija en su hogar y Bill estaba viendo el partido de fútbol con sus amigos. Por lo tanto, no podía suplicar por ayuday tuvo que quedarse con el crío.

Joder.

Suspiró pesadamente y observó al pequeño de seis años que se encontraba al frente suyo. Pelo negro, ojos verdes, lo típico; era un calco de él cuando era un niño, la diferencia eran las pequeñas ondas en su cabello y sus ojos de un verde tan claro como los de Buttercup. Se decía que la tercera generación era la que heredaba, y esa criatura no había heredado solamente su nombre. Ah no.

A veces se preguntaba cómo es que entraba tanto caos en un cuerpo tan pequeño.

No había varón en la familia que no supiera de la naturaleza destructiva del primogénito de Savannah, así como también de sus capacidades actorales que manipulaban a, absolutamente, todas las mujeres del. Para todas era el bebé de la casa, el niño más tierno, carismático, alegre, y tranquilo del universo; pero, para todos, era la típica persona con la cuál no puedes permanecer ni cinco segundos en una misma habitación.

Ese niño era el diablo en pinta, y obviamente él se iba a desligar de cualquier similitud con su personalidad de cuando él tenía su edad.

— ¿Muy bien, Junior, qué quieres hacer?

Al ver su cara de aburrimiento y descifrar que en su mente de infante estaba diseñando un plan macabro, decidió preguntarle antes de que acabara destruyendo la casa.

— Quiero quemar la casa.

Genial, su nieto era un puto pirómano y el fuego ni siquiera era su poder especial.

— No puedes quemar la casa. Piensa otra cosa.

— ¿Por qué no?

— Porque yo lo digo.

— ¿Por qué lo dices?

Butch se sujetó las sienes y miró a su pequeño clon. El niño tenía la completa capacidad de hacerle perder la poca paciencia que había conseguido con sus seis hijos en cuestión de cinco segundos. Menos mal que había obtenido un poco después de seis tandas.

¿Dónde mierda estás cuándo te necesito, Butterbabe? – pensó con un gran tono de súplica. En esos momentos desearía ser ella, con su gran capacidad de decir profundos, lindos y concretos NO.

Su esposa, con solamente un chasquido, conseguía que hasta el más salvaje macho se controlara. Buttercup se había ganado el respeto, la paciencia, el liderazgo, y la madurez que verdaderamente se merecía habiendo dado a luz y críado a cuatro diablos. Bueno, cuatro, Sophie y Billie no eran tan escandalosos; el problema eran las gemelas.

¿Por qué Butch Jr. no podía ser más cómo Hayley? Bueno, está bien, ella tenía recién dos años; pero no es ni la mitad de destructiva que él cuando tenía su edad.

Lo amaba, de verdad, pero le agotaba muchísimo tener que estar fijándose absolutamente todo el tiempo de que no rompa alguna cosa de su casa.

Oh, se preguntarán quién es Hayley. Simple, era la hija de Farrah y Charly, el hijo de Berserk; con el cabello naranja como el mismo fuego y sus ojos de un verde medianamente oscuro. Era una niña preciosa, tranquila y divertida. Aunque sí, un poco traviesa, pero tenía a quién salir con los padres que le habían tocado. Le recordaba bastante a la menor de sus hijas.

Su trance y sus pensamientos se vieron interrumpidos por el sonido de algo rompiéndose desde la cocina. Abrió sus ojos y vió que su nieto no se encontraba al lado suyo. Mierda, pronunció en susurro.

Se dirigió hacia el lugar cuando se encontró a aquel ser que compartía su nombre con un bate de béisbol en las manos y pedazos de un plato roto a sus pies.

A ver, Butch mayor, respira.

— ¿¡Se puede saber qué mierda estás haciendo!?

— Practico béisbol – respondió el pequeño restándole importancia a los rotos vidrios tirados.

— ¿¡Con platos!? Además... ¡Ni siquiera te gusta el beisbol!

— Claro que me gusta.

— Ah, ¿en serio? – pronunció el abuelo con su clásico sarcasmo.

— No, pero es divertido romper cosas – ¡Plam! Otro plato.

"Me cago en la madre que lo parió. Y en mí, que le dí la vida".

Butch aspiró una gran bocanada de aire. Lo sabía, sabía que el demonio estaba haciendo esto para enfadarle y quedar bien con su abuela y su tía; pero, lamentablemente, la paciencia ya se le había acabado al mayor y lo que menos le importaba era tener una pelea con su esposa.

— A ver, Butch Junior, mi queridísimo nieto, yo te amo muchísimo así que voy a ser lo más franco posible y te voy a pedir un favor: ¿Te puedes quedar quieto de uNA PUTA VEZ? – el niño de seis años se exaltó ante el aumento del volumen de su voz –. ¡Hace dos semanas que no duermo bien y vienes tú a destruir mi poca paciencia! ¡Joder! ¡Estoy demasiado ocupado en mi putos asuntos como para estar pendiente a las cagadas que tú haces! ¡Así que te vas a quedar sentadito en ese condenado sillón, vas a comer tu puta comida, ver tus mierdas animadas y vas a hacer lo que hace un jodido crío normal! ¿¡Está claro!?

Un escalofrío le recorrió la espina dorsal tras sentir unas presencias a su espalda.

Pudo ver como los ojos de su nieto se llenaban de lágrimas y él empezaba a llorar.

— Butchie - Boy – el aludido tragó en seco –, ¿qué te había dicho de decir malas palabras en frente de los niños?

Pudo ver la sonrisita casi imperceptible en la cara de su nieto. Jodido manipulador.

¿Quién había sido el que dijo que el amor perfecto no llegaba hasta el primer nieto?


Antes de que lo digan, sí, cambié varias cosas. Espero que hayan sido para bien, yo en lo personal creo que sí.

Ojalá que les haya gustado!

Cheers.