capitulo 11: un hombre normal I
Buenas! Si, sigo vivo. Pondría mil excusas, y os juro que verídicas (libro propio, elden ring, convocatoria de mi oposición…), pero supongo que da igual. Perdón por tardar y aquí tenéis un capítulo más de esta obra, que ya le queda poco. Solo este, el siguiente (que realmente es la segunda parte de este) y el epílogo. Espero que os guste, nos leemos!
Velkan96-D: Saludos! Si te pareció mucho para pensar, ya verás la puntilla que le dará Naruto hoy… un saludo y disfruta!
Rodri115: Hola! Pues si, lo de la inacción del bien es un elemento básico en esta obra, si te fijas todo ha empezado a mejorar cuando el rubio se ha movido. Aunque esa frase… digamos que es un arma de doble filo. No quiero adelantarte nada, viene en el siguiente capítulo.
Pd1: tengo ganas de escribir sobre el, sólo te diré que llevará la mayoría de la carga cómica del fic, y eso sin hacerle bashing.
Pd2: me pasa lo mismo. Hace nada me he vuelto a leer "demonio o algo más?" De kurai sho. Sigue molando pero si, la parte harem comienza a ser ridicula. La madurez supongo… haré en un futuro un harem, pero a mi modo, con mucha política de por medio.
Pd3: ni idea tío, lo más parecido que he visto es "tierra de traidores 2" de Arminius el único, pero es un borusaku…
Un saludo, nos leemos!
Guidonani: hola! Puede que esté siendo sincero al calificarle así… quien sabe… Un saludo!
Soloyo: saludos! Ahhh, quien sabe… a lo mejor el malo es Sasuke… xD Nos leemos!
CRBMXLP: buenas! Si, muy buen resumen, suyo el becerro xD. Lo del mensaje antiaborto… es que no soy partidario de dar mensajes políticos en mis fics, más allá de los obvios (genocidio no, violar esta mal, ser del barça es una desgracia…). Te responderé a lo del embajador: Charla de igual a igual. Un saludo, nos leemos!
Fernando senpai: hola! Más vale tarde que nunca, aquí lo tienes!
Caius Rocker: buenas! Muchísimas gracias, es exacto lo que te ha parecido, he querido darle muchísima profundidad a Sakura y a Naruto, e intentar no presentar a buenos y malos (aunque si, Sasuke aquí no tiene mucha salvación, le tengo reservado un desquite karmico en el epílogo). En fin, espero que sigas aquí y te siga gustando, un saludo!
-aaaaaaaaaaa- personaje hablando
-aaaaaaaaaaa- personaje pensando
-aaaaaaaaaaa- invocación o ser sobrenatural hablando
-aaaaaaaaaaa- invocación o ser sobrenatural pensando
RENUNCIA DE DERECHOS: Naruto no me pertenece, desde luego. Si así fuese, su último arco habría sido muchísimo mejor (no habría sido difícil) y boruto se habría quedado encerrado en lo más profundo del trauma de su mangaka actual. Solo me pertenece esta historia, y no autorizo a nadie a plagiarla.
Es curioso el concepto humano de intimidad y de hogar… tienen demasiados significados, son conceptos tan difusos que cada cual te los definirá de una manera diferente. Si le preguntases a un rey por su definición de intimidad y de hogar, a su mente vendría una inmensa habitación, llena de elaborados muebles y colores. Si le preguntases a un labriego, en cambio, quizás prescindiría de las paredes y del techo, y te hablaría del campo, del cielo descubierto en un día soleado, de la única compañía de los pájaros y el viento. Ni tan siquiera en el aspecto de la compañía puede haber quórum sobre el concepto de intimidad y de hogar. Para muchísimos, la intimidad implica soledad. Para otros, en cambio, admite compañía… incluso es una "conditio sine qua non" para existir. Como era el caso de cierta pareja de enamorados que nos atañe. Para ellos, el concepto de intimidad era bastante… concreto… y había evolucionado con el tiempo.
Sakura haruno no provenía de una familia adinerada precisamente. Su padre fabricaba muebles, y su madre era ama de casa… en su infancia no vivió rodeada de lujos, a diferencia de conocidos suyos como su mejor amiga. Pero eso no quería decir que no tuviese todo lo que necesitaba: en su familia nunca faltaba lo esencial. La joven disfrutó toda su vida de un cuarto propio, de libros, de calor, de amor familiar… supo desde niña lo que era la intimidad y un hogar acogedor. En cuanto a Naruto, a pesar de que su infancia fue todo lo contrario a la de la ojijade, no dejaba de ser miembro de la realeza de konoha hoy día: el ojiazul sólo tenía que chasquear los dedos y podría disponer de cada lujo existente, incluido lo necesario para tener intimidad según la mayoría de las personas. Cada uno podría perfectamente contestarte con la clásica definición de intimidad pero, en este momento, lo tenían claro: bastaba un cuarto de baño minúsculo y una tina de madera llena de agua caliente. Ah, y el cuerpo del otro tan cercano que prácticamente compartían piel.
-Far away… this ship has taken me far away… far away from the memories of the people who care if i live or die…- se podía escuchar en una radio antigua que el matrimonio se había comprado, un electrodoméstico ideal para hacer aún más amenos estos momentos, si eso era posible. Como si el universo se hubiese confabulado, Starlight de muse había decidido hacer acto de presencia, diciendo aquello que ambos pensaban, ahorrándoles hablar y permitiéndoles concentrarse en lo único importante… el otro.- Hold you in my arms… i just wanted to hold you in my arms…- dicho y hecho para Naruto uzumaki. Simplemente, se dedicaba a recorrer el cuerpo de su esposa con su esponja, más bien acariciando esa suave piel que limpiándola, recreándose en cada curva, en cada centímetro de esa dermis que le volvía loco.- My life… you electrify my life… lets conspire to ignite…- Sakura haruno necesitaba cada ápice de su raciocinio para evitar desvanecerse. El suave roce de las manos de Naruto, su cuerpo junto a ella, ese mimo, esa devoción… ella sí que estaba al borde de la ignición. Incluso sus ojos se pusieron en blanco cuando sintió a su esposo aspirar con fuerza sobre su pelo, captando su olor con pura avaricia.- Our hopes and expectations… black holes and revelations…- La musica cada vez subía más de fuerza y tono, así como los amantes. Los suspiros de Sakura, la respiración entrecortada de Naruto… ambos al límite, ambos dentro de esa vorágine que era estar el uno junto al otro, sin ropa que los separase. Sin embargo, en cuanto la ojijade notó la mano de Naruto delinear su pecho, tuvo que poner algo de raciocinio…
-Naruto… como sigas así, no respondo…- susurró, en parte anhelando que el uzumaki fuese travieso y cruzase la línea aún con todo. Pero ambos tenían claro que no podían ir más allá, no podían hacer el amor en esa tina. Con la marcada barriga de embarazada de la doctora, no era buena idea hacer el amor en una tina donde era tan fácil resbalarse y darse un mal golpe. El rubio inspiró con fuerza, dominando cada uno de sus sentidos, y calmó sus ánimos… no porque no desease hacer suya a su esposa, no… lo hacía porque ambos sabían perfectamente lo que estaba en juego. Con suavidad, el ojiazul bajó su mano hasta el vientre de la haruno, acariciándolo con ternura y sonriendo.
-Lo sé… ya sabes que me gusta cuidar de mis dos niñas…- susurró, mostrando en cada letra un inmenso e incondicional amor, tanto por su esposa como por el retoño que esperaban. Sakura se mordió el labio, intentando contener el sonrojo… cuando su esposo se ponía así, la desarmaba, sería capaz de hacer cualquier cosa por él. Darle mil, dos mil hijos… lo que necesitase mientras la acariciase así. Quizás para ayudar un poco a su serenidad, la haruno decidió hacer una pequeña broma.
-Erre que erre con que será una niña… si tienes algún método milagroso para saber el sexo de nuestro hijo dímelo, que hago una tesis sobre ello y vivimos de las rentas…- comentó, mirando al jinchuriki de soslayo con una sonrisa divertida. El rubio se la devolvió antes de responder.
-Estoy seguro de que será niña, dattebayo… ojalá tenga un color de pelo bonito, como el tuyo…- añadió, permitiéndose imaginarse a una niña de pelo rosado y ojos verdes sonriéndole mientras le llamaba tou chan. Sakura se rio ligeramente.
-Si al final te equivocas y es un niño, no le va a quedar muy bien mi color de pelo…
-No creo que me vaya a equivocar en esta apuesta, pero entonces ojalá herede mis marcas de bigotes… dan un toque de chico duro, seguro que con ellas nadie le dice nada del pelo…- añadió, mordiéndose ligeramente el labio Sakura para no volver a reírse. Con un suave gesto, la haruno movió su mano izquierda hasta el rostro de su esposo, acariciando de espaldas esas marcas hasta hacerlo ronronear suavemente, una reacción que le encantaba provocar en Naruto.
-Esos bigotes te dan un toque adorable baka, no de tipo duro…- bromeó. Lo cierto es que Sakura prefería un niño rubio pero, cuando su esposo se ponía así de tierno, admitía que no le importaría darle el capricho… o incluso la parejita para estar ambos contentos. Dejándose embriagar por el optimismo de su esposo, su relajación y lo bien que se sentía, apoyó su cabeza en el fuerte hombro del sennin, cerrando los ojos y sonriendo.- Baka… al final voy a alegrarme de que me trajeses aquí…- confesó, reconociendo que el exilio en el país de las aguas termales se había convertido, quizás, en el viaje más bonito y emocionante de su vida. Una oportunidad de empezar de cero, de volver a vivir… de volver a amar. El rubio recogió el guante con un gesto travieso, abrazándola con cariño y haciéndola carantoñas en el cuello para hacerla reír.
-Si te gusta tanto… ¿Quieres que fundemos nuestra propia aldea aquí? Solo tienes que decir que si a mi sueño y darme una veintena de hijos…- La haruno se rio sonoramente, en parte por las cosquillas del jinchuriki, en otra parte por la broma, aunque aún así pudo reponerse medianamente bien y destacar lo obvio.
-¿Y dejar konoha? Echarías demasiado de menos el monte hokage… y el ichiraku…- comentó con una sonrisa pícara, asintiendo el uzumaki de vuelta. Completamente cierto, konoha era su condena, mal que le pesase.- Además, allí hay ciertas cosas que yo también echo de menos… como nuestra gran y cómoda bañera, por ejemplo… vaya baño de agua caliente me voy a dar en cuanto volvamos, será lo primero que haga…
-Y yo lo tercero que haré será acompañarte…- la doctora arqueó una ceja ante ese comentario, intrigada.
-¿Lo tercero? ¿Qué hay más importante que acompañarme en una gran bañera de agua caliente? Allí si que podríamos ponernos… cariñosos…- Añadió, ladeando la cabeza y mordiendo ligeramente a su esposo, provocándole un escalofrío placentero.
-Lo primero será recuperar mi ramen acumulado de estos meses, amor mío… hay muchas cuentas pendientes…- la haruno se rio nada más ver el gesto de fría determinación de su marido.- Y lo segundo será averiguar cuántos países están como este por culpa de las grandes naciones y dejar claro que están bajo mi protección.- el uzumaki apretó la mandíbula ligeramente, abrazando de forma protectora a su esposa.- Soy… soy consciente de que no puedo hacer con ellos exactamente lo mismo que he hecho aquí… No quiero poneros en riesgo a ninguna de las dos, konoha es y será nuestro hogar, no nos moveremos de allí por mucho tiempo… pero tengo clones, el hirashin y contactos en las cortes de los daimyo. Con ellos, podré ayudarles… estoy seguro, dattebayo…- aseveró.- Por lo pronto, parece ser que mis informes han ayudado a kakashi sensei a identificar a miembros de raíz… solo tuvo que comparar sus permisos con los reportes de ataques desde konoha que le di… al parecer, raíz suele encontrar adeptos y suministros en lugares como este. Lo que hemos hecho aquí también ha ayudado a nuestra patria. Así que no estoy prometiendo algo sin lógica…- se justificó, más bien para su mismo que para su esposa, reforzando su propia autoestima. Calificaron esta misión como una locura, pero realmente estaba siendo un éxito rotundo. Paz en el país, y limpieza en el resto. La pareja se quedó en silencio por unos segundos, asintiendo internamente. Y, en el caso de Sakura, este momento le recordó una de las pocas cosas que todavía no era capaz de entender de su marido.
-Naruto… puedo… ¿puedo preguntarte algo?- el ojiazul asintió, intrigado. Pero la haruno se encontró de pronto sin palabras, sin saber cómo sacar el asunto sin descubrir a su fuente de información, al pobre y leal baka II. No quería que ese leal clon tuviese problemas con el baka original por ser su confidente. Sin embargo, esos segundos que necesitó la joven para aclarar sus ideas permitieron al rubio examinar cada uno de los gestos. Sakura conocía perfectamente a su esposo, y Naruto a su esposa. Tenía claro que, cuando se mordía la uña del índice y miraba a un lado con un gesto serio, su mujer quería hablar de algo que la incomodaba. Y, atando cabos, el ojiazul lo entendió enseguida. Con un suspiro, abrazó a su esposa, apoyó su cabeza en su hombro y con un gesto sereno decidió ayudarla.
-¿Tiene algo que ver con ese vacío de recuerdos que me ha transmitido Baka II tras acompañarte a casa hace unos días? Si es que ha roto algo, mejor no me lo digas… le pondré a hacer el orioke hasta el día de mi muerte y listo…- declaró, suspirando ahora Sakura.
-¿Tanto se me nota?- el rubio asintió con tranquilidad, aunque reforzó su abrazo para mostrarle a su esposa que podía confiar en él. Atrás habían quedado los tiempos en los que temían compartir sus problemas, ahora ambos sabían que los problemas eran menos pesados si compartían la carga.- No… no es por que haya hecho algo, es más bien algo que hablamos… le… le pregunté por qué perdonas tan pronto a todo el mundo, incluida a mi…
-Yo no perdono rápido, más bien vosotros olvidáis muy lento…- la haruno sonrió de lado, dándose cuenta del detalle.
-Baka II me dijo lo mismo…- declaró, arqueando las cejas y asintiendo el rubio. Joder, no dejaba de ser su clon, aunque mucho más torpe…- Pero luego, en lugar de explicármelo bien, me dijo que te lo preguntase mejor a ti… y nombró a Jiraiya como el ejemplo perfecto para entenderte…- fue ahora el ojiazul el que suspiró marcadamente, rindiéndose.
-Vaya con Baka II, directo al punto débil…- Sakura iba a disculparle, pero el rubio fue más rápido.- No te preocupes, voy a reconocer que ha hecho bien… me va a ahorrar mucho tiempo de explicaciones, y es algo que debes saber. Sakura chan… ¿Qué era Ero sannin para mi? A parte de una pésima influencia en lo que al alcohol y mujeres se refiere, y una fuente de problemas constante, claro… y el responsable de dejarme sin dinero en más de una ocasión…
-Pues… tu sensei y… y algo más…- Dejar a Jiraiya solo con el título de sensei de Naruto era quedarse muy corto. Un sensei solo te enseñaba algo y ya estaba, la relación no tenía por qué pasar de ahí. Ese hombre, en cambio, había dado a Naruto una nueva perspectiva de vida, le había comprendido, ayudado a mejorar, le había llevado durante unos años a ver mundo y así abrirle la mente… Puede que fuese un pervertido, pero Sakura se alegró al leer lo bueno que hacía Jiraiya por su baka en cada carta que le enviaba Naruto durante el tiempo que estuvieron separados. Se podría decir que era…- diría que lo más parecido a un padre que has tenido en tu vida, con perdón de Yondaime sama…- Naruto asintió suavemente, satisfecho con el resumen.
-Exacto, y no te imaginas cuánto te has acercado a lo que te quiero decir... Esto solo lo sabemos Baa chan, kakashi sensei y yo realmente…- el joven tomó algo de aire, intentando no sonar demasiado triste para no contagiárselo a su esposa. La quería sonriendo siempre, así estaba preciosa.- También… fue mi padrino, Sakura chan…
-…- El uzumaki sabia que no necesitaba dar mucha más información, a parte de ese dato a primera vista irrelevante. Sakura era la persona más inteligente que conocía junto a Shikamaru, seguro que hilaría rápido. El que un huérfano como Naruto uzumaki tuviese un padrino necesariamente implicaba algo terrible. La joven abrió los ojos en cuanto cayó en ello, y se dio la vuelta para mirar a los ojos al jinchuriki.- Si… si era tu padrino, entonces… era amigo de…
-Si… fue amigo de mis padres. No es extraño, fue el sensei de mi padre, pero su relación excedió de la simple relación alumno maestro… fueron mejores amigos, toda su vida. Y, por ello, mis padres le nombraron mi padrino… con todas las obligaciones que ello conllevaba.- la ojijade notó cómo su respiración se desacompasaba.
Minato y Kushina habían confiado en Jiraiya, le habían otorgado un puesto de enorme responsabilidad si llegaban a faltar algún día, como había ocurrido al final. Un padrino es también denominado comúnmente "padre espiritual", un padre encargado de ejercer como tal a falta de los progenitores biológicos: un padrino tenía el deber de asistir a su ahijado, protegerlo, educarlo, velar por su bienestar… darle una familia si la de sangre faltaba. Cosa que Jiraiya omitió por entero, como demostraba la mierda de infancia del rubio. Jiraiya no estuvo allí, no se preocupó lo más mínimo por su bienestar, dejó que fuese víctima de palizas y maltratos, y que creyese que era un simple huérfano sin padres. La pelirrosada quería darle un pase y no pensar a malas, y supuso que todo ocurrió por la ignorancia del peliblanco, que no tenía noticia de las atrocidades que cometía konoha con el hijo de su mejor amigo día si y día también. Pero, aún pensando así, esta noticia dejaba en un lugar terrible al sannin: le hacía culpable de la mierda de infancia de su esposo. Como mínimo, al nivel de los maltratadores del rubio, en este caso por omisión.
-Na… Naruto, lo… lo siento, yo… yo no debería de haberte preguntado…- se disculpó Sakura, sinceramente arrepentida por haber removido ese soberano montón de mierda. Sabía que su marido quería mucho a su difunto maestro, y ahora acaba de hacerle rememorar un borrón tan grande en su relación que habría acabado con ella si Naruto fuese alguien normal. Sin embargo, el rubio la abrazó con ternura, mostrándola que no tenía que disculparse. En realidad, se alegraba de poder compartirlo con alguien incluso.
-No te disculpes, en serio Sakura chan… es el pasado. Me lo confesó durante nuestro viaje, una noche de borrachera. Llevaba cargando con esa culpa años, años sintiéndose miserable por no honrar la memoria de mis padres, y supongo que el volverse tan cercano a mi tras irnos juntos de viaje le hizo insoportable seguir guardando ese secreto.- teorizó el jinchuriki, para luego fruncir ligeramente el ceño.- Recuerdo… recuerdo que al principio me intentó dar decenas de excusas terribles… que si no podía llevarme con él a sus misiones tan peligrosas, que si creía que estaría bien en konoha bajo el cuidado de Hiruzen, que si no quería dar pistas a Onoki sobre quién era mi padre para evitar intentos de asesinato… pero sabía que yo sabía que mentía. Ventajas de tener a kurama dentro… percibo la culpabilidad como si fuese olor a podrido. Así que, al final, me dijo la auténtica razón: porque no quiso cargar con un niño cuando se lo ofreció jiji sarutobi. Así de simple… por puro y simple egoísmo…- Naruto sonrió con un cierto tinte amargo, entristeciendo a la haruno.- Imagínate mi reacción…
-Na… Naruto… yo… no sé qué decir…- se excusó la joven, comprendiendo plenamente al rubio. Cualquiera odiaría a Jiraiya en su situación. Aunque esta última reflexión generó una nueva duda en la doctora.- Pero tú… tú continuaste tu viaje con él… y al volver erais muy cercanos, como si no hubiese pasado nada…
-Porque le perdoné, Sakura chan. Simplemente.- El gesto de incomprensión de Sakura fue evidente, y no era para menos: otra vez veía a su esposo perdonar lo aparentemente imperdonable con una facilidad que rallaba lo temerario. Como hizo con ella. No lo comprendía…- No… no pienses que fue inmediato. Durante días estuvimos sin hablarnos, y yo deseaba golpearle, gritarle, insultarle… se podría decir que odiarle. Pero entonces recordé la primera verdad que aprendí en mi infancia…
…que yo decido.
"De niño no tuve una infancia fácil. No podía tener amigos, no podía tener padres, no podía tener una vida normal. Cada niño al que me acercaba se alejaba de mi, asqueado… en el mejor de los casos, hablaba conmigo el primer día y al siguiente me insultaba tras hablarle de mí el resto de personas. Ninguna pareja quería adoptarme cuando venían al orfanato a formar una familia, ningún adulto velaba por mí ni me daba cariño, por poco que fuese… ni tan siquiera respeto. Muchas veces me insultaban, otras tantas me golpeaban, me hacían llorar, me acosaban… y yo me preguntaba lo obvio: por qué. Por qué ocurría eso, y por qué a mi… las preguntas que toda persona adulta se hace a menudo, sólo que yo me las hice a los tres años de edad. Y, tras mucho pensarlo, llegué a una conclusión, la única posible: que no tenía respuesta a esas preguntas. Que no había hecho nada, y aún así me pasaba todo eso. Y que, por mucho que me esforzase, no podía prever lo que me ocurriría, ni evitarlo. Así que, realmente, no dependía de mí… y, por tanto, no era de mi incumbencia arreglarlo o no.
No podemos controlar lo que nos ocurre, Sakura chan. Ni lo que nos ocurre, ni lo que otros van a hacer. En la vida, las cosas pasan, y lo hacen sin pedirte permiso, ni esperar el momento propicio. Simplemente, ocurren, no puedes controlarlo. Pero hay algo que sí que puedes controlar: tu forma de reaccionar ante esas cosas. No puedes excusarte en la mala suerte, o en la maldad de otros, porque tú siempre tienes la capacidad de elegir cómo reaccionar… eres el único responsable de ti mismo. No elegí ser huérfano, ni que la aldea me odiase, ni que mi padrino me abandonase, ni que mi mujer cometiese un error… pero si cómo reaccionar ante ello. Y, juntando esas reacciones que tuve ante lo que me ocurría, he creado una especie de código moral para mi. Una manera de afrontar la vida, mi vida. Una forma de tener poder sobre mí mismo, de no arrepentirme de nada. Desde que llegué a esa conclusión, no he hecho otra cosa que ceñirme a esa forma de ver el mundo. Las circunstancias pueden cambiar pero, al final, el único que controla tus actos eres tú. Eres el dueño de tu vida."
-Así que, con ero sennin, apliqué la misma fórmula que con konoha, con el mundo shinobi, con kurama, contigo y Sasuke… intenté entender el porqué de vuestras decisiones, el porqué de vuestras reacciones ante lo que os ocurría y que acababa afectándome a mi, y luego tomé mi decisión. Y, ¿sabes qué? No hay que ser un genio para saber que odiar por un error que no puede borrarse es algo estúpido. No… no te aporta nada, sólo te resta dattebayo, y yo no quiero tomar decisiones que me compliquen la vida. Odiar a Ero sennin no habría cambiado nada de mi infancia, ni odiar a kurama y obito resucitaría a mis padres, ni renegar de konoha me hará más feliz. Prefiero crear lazos, no destruirlos… sobre todo con Jiraiya, que de verdad estaba arrepentido de lo que hizo. Así que, simplemente, perdoné a mi padrino. Y, si alguna vez alguien me llega a decir que escogí mal, responderé lo obvio: el perdonarle me dio los dos mejores años de mi vida, dos años con lo más parecido que he tenido en mi vida a una familia…- el joven cayó en la cuenta de algo, y se sonrojó.- Al… al menos hasta que me pediste matrimonio, datteba…- No pudo completar la frase. Unos labios se encontraban contra los suyos, a pesar de la precaria posición. Unos labios que buscaban transmitirle mucho más que apoyo, mucho más incluso que amor… unos labios que buscaban transmitirle admiración.
-Te amo, Naruto uzumaki…- susurró la joven, sinceramente emocionada.- Yo… yo necesito analizar bien lo que me has dicho, es una forma de ver la vida radicalmente diferente a lo que estoy acostumbrada… todavía no lo entiendo del todo, pero creo que ahora sí que lo voy a poder entender. Así que no lo dudes: te amo. Y eres el hombre más valiente que he conocido en mi vida, nunca lo dudes…- la joven tuvo que hacer un esfuerzo para no llorar, sabiendo que si lo hacía su esposo pensaría que la había entristecido, cuando era todo lo contrario: estaba orgullosa de él. Se miraron un instante, a escasos centímetros, y se volvieron a besar. Cada vez con las fuerza, cada vez con más pasión. Cada uno queriendo demostrarle al otro lo mucho que agradecía estar allí. La joven se dio la vuelta casi sin darse cuenta, interrumpiendo lo mínimo el ósculo. Cada vez dejándose llevar más, cada vez más entregada. Ya procuraría tener cuidado con su embarazo, ahora lo tenía claro: le iba a dar a su marido todo el amor que se merecía, demostrarle que el no poder controlar lo que te ocurre a veces es algo bueno. Pero tuvo que parar cuando notó que al rubio le faltaba un poco el aire. Preocupada, lo miró más detenidamente: parecía más pálido de lo habitual, y sus ojeras estaban más marcadas. No parecía descansado… parecía más bien agotado.- ¿Estás bien?
-S... si, Sakura chan, no es nada…- intentó excusarse el rubio, pero un arqueo de cejas de la ojijade, unido a una expresión preocupada, le obligó a ser sincero.- Es que… he convocado unos clones extra para ayudar en los campos…- el que el gesto preocupado de su esposa derivase en uno de enfado obligó al rubio a explicarse más.- ¡Es necesario Sakura chan! De nada… de nada sirve capturar a esos bandidos y acabar con la epidemia si todos los aldeanos se mueren cuando llegue el invierno porque no tienen comida… con todos los muertos y enfermos, los campos están sin cosechar, y necesitan mano de obra… y… y…- fue declarando, cada vez más bajo y temeroso, mientras la doctora reunía cada átomo de su fuerza de voluntad para no darle un golpe. Había acordado con Naruto no regañarle como a un niño, y en serio estaba intentándolo, pero… Qué difícil se le hacía a veces tratar a su marido como un adulto, kami santo…
-… eres consciente igualmente de que, si enfermas, todos tus clones se disolverán, ¿no? Y entonces los campos se quedarán sin cosechar, los enfermos de los hospitales sin atender, los refugiados sin protección, los huérfanos sin su héroe… ¿sigo?- el rubio no tenía respuesta, era inapelable. Estaba tensando la cuerda y, por mucho que ahora hubiese esperanza, todo se podía truncar si quitabas a Naruto de la ecuación. El envenenador podría salir de nuevo y destrozar al ejército del daimyo, sus bandidos saquear lo poco que tuviesen los campesinos, las naciones extranjeras volver a visitar ese lugar… en definitiva, el uzumaki era vital para la supervivencia a largo plazo de ese país, como le quería hacer entender su esposa. El ojiazul tragó hondo, concediendo.
-Yo… yo puedo quedarme todo el día descansando, si quieres…- ofreció, pero a Sakura no le pareció suficiente, puesto que no le quitó el ojo de encima ni un momento.- y… y mañana también… y sin convocar clones…- añadió, apretando sus labios Sakura unos instantes para luego asentir.
-Me vale por el momento… pero más te vale cumplir, baka… o si no, te ataré aquí y saldré a asesinar a tus clones uno por uno, ¿te ha quedado claro?- amenazó, y el ojiazul asintió con un gesto de terror. Por un instante había venido a su mente la imagen de su madre en esa dimensión alternativa a la que les envió Óbito, cuando le dijo "vendrás a cenar sin dar más problemas, ¿verdad?". Mismo ceño fruncido, misma vena hinchada, mismo gesto, misma sonrisa cruel, y misma respuesta del rubio. Si, kurama tenía algo de razón al afirmar que Naruto salía con un mini clon de su madre… Ajena a ese debate interno del rubio sobre un probable complejo de Edipo, la doctora aflojó el rostro.- Bien, pues voy a hacerte el desayuno de la que tú te relajas y descansas…
El rubio no se atrevió a sugerir seguir con la actividad amatoria, tenía claro que iba a ser tratado como un inválido durante ese día y el siguiente. No es que fuese de su agrado, pero lo cierto es que cada vez se encontraba más cansado… quizás debía hacer caso esta vez. Sakura salió de la tina con cuidado, se puso su toalla y salió del baño rumbo a la cocina. Realmente, estaba satisfecha con lo logrado: conocía perfectamente la capacidad de recuperación del jinchuriki, por lo que tenía claro que dos días de descanso del rubio, uno de ellos incluso sin consumir chakra mediante sus clones, equivalían a una semana de convalecencia de un ninja promedio. Bastaría para ir tirando… luego controlaría sus convocatorias de clones y encontraría la forma de hacerle descansar más. Quizás diciéndole que le necesitaba cerca por el embarazo, así se estaría quieto y vigilado… tendría que aguantarle en modo sobre protector los meses que restaban de gestación, pero bueno… todo fuese por tener descansado y sano al padre de sus hijos. Tras unos minutos cortando frutas, un ruido erizó su cabello.
-UAAARGGHH…- aún de forma amortiguada, ese ruido provenía del piso de arriba, del baño. Y el que su instinto médico activase todas las alarmas de inmediato la hizo soltar el cuchillo y correr desesperada hasta el piso de arriba. Abrió la puerta de un golpe y se quedó pálida.
-¡NARUTO!- chilló, aterrada, mientras veía al jinchuriki vomitar sangre a un lado de la bañera, para luego convulsionar y mantenerse a duras penas fuera del agua. La haruno intentó acercarse pero, con las pocas fuerzas que le quedaban, el rubio la apartó. No quería que se arriesgase a acercarse… a fin de cuentas, estaba claro que había sido envenenado.
La noticia del envenenamiento del gran Naruto uzumaki no tardó ni unas horas en correr como la pólvora. Y eso que el jinchuriki se negó a que su mujer se le acercase en los primeros minutos, al menos hasta que cayó inconsciente y no pudo seguir impidiéndolo. Después, la haruno necesitó ayuda para sacarlo de su cuarto y trasladarlo al hospital, no dejaba de ser una mujer embarazada cargando con un hombre de metro ochenta en plena forma física… por lo tanto, otros individuos, como el embajador de konoha o los guardias del daimyo que patrullaban las cercanías, tuvieron noticias del incidente. Y eso sin contar que, durante el traslado, todos los campesinos del lugar pudieron verlo. Ya se habían temido lo peor cuando, sin previo aviso, todos los clones del rubio desaparecieron. Los que patrullaban las calles, los que escoltaban a los refugiados, los que cultivaban los campos… todos. Pero, cuando vieron a su héroe, al heraldo de su okami hecho de luz, siendo llevado en volandas por los soldados del daimyo y el embajador de la hoja rumbo al hospital, dirigidos por una notoriamente preocupada Sakura, confirmaron sus sospechas. Su guardián, su salvador, iba a pasar por su misma vía crucis… tal vez para no volver, como tantos otros.
Fue sin embargo curioso la reacción que tuvieron. En los meses anteriores a la llegada de Naruto, todo enfermo de la epidemia era tratado prácticamente igual: repudio absoluto, salvo por parte de sus familiares y de quizás algún buen samaritano que pasase por allí. No era algo muy humano, pero era algo lógico y sobre todo pragmático: un infectado podía contagiar a otros, y no había cura contra su mal. Lo mejor era ir cada uno a lo suyo, cortando así cadenas de contagio. Aún cuando llegó Naruto a la aldea y Sakura descubrió un antídoto seguían haciéndolo así, en parte por el temor reverencial que sentían hacia ese virus, y en otra porque los clones del ojiazul se encargaban de esas labores. Pero, con Naruto uzumaki namikaze, no hubo ostracismo: una inmensa marea de ciudadanos dejaron lo que estaban haciendo para ayudar en cuanto pudiesen en su traslado. Despejaron las calles, ayudaron en el transporte del rubio, adecentaron una planta entera para él… lo que fuese por ayudar. Una muestra del lazo que había creado el jinchuriki con esa gente.
Sakura, en cambio, estaba demasiado ocupada como para agradecerlo… su marido se moriría si no ponía cada ápice de su atención en él. Así lo temió durante el traslado, y nada más llegar al hospital. Para empezar, tardaron un tiempo en llegar al recinto, todo por las medidas de seguridad que el grupo tuvo que adoptar para no infectarse. El rubio no dejaba de sudar frío, llorar, toser, incluso vomitar, y eso estando delirando o inconsciente todo el trayecto. Eran claramente los síntomas de ese veneno, síntomas cercanos al cólera, pero… mucho más furibundos. Su piel comenzaba a exudar con un color marrón sucio, sus vómitos tenían el tinte rojo propio de la sangre… como se temía, el veneno mutaba al contacto con el chakra, y con Naruto uzumaki había encontrado oro puro. Un cuerpo sobrecargado de chakra, ideal para mutar y evolucionar, y así resistir al antídoto de la haruno. Era un milagro que, tras una hora desde el ataque, el ojiazul siguiese con vida. Aunque Sakura tenía un nombre para ese milagro… kurama estaba intentando salvar a su portador. Con todo. Y allí estaba ella, esperando en la habitación, sin despegar la vista del amor de su vida, tan distraída que ni tan siquiera se dio cuenta de que alguien se encontraba hablándole.
-Haruno sama…- la llamó el embajador, sacudiendo su cabeza la pelirrosada para centrarse. Miró al hombre con sus ojos cansados, que le devolvía la mirada con una expresión preocupada.- Onegai, no debería estar aquí… usted está…
-Es mi esposo… no voy a moverme de aquí.- sentenció, como había hecho en cada intento anterior de alejarla de Naruto. No se iba a mover de allí bajo ningún concepto, por mucho que ese hombre la ofreciese un traslado inmediato a konoha con toda la seguridad que necesitase, escoltándola él mismo incluso. Y los anbu que seguramente enviaría kakashi en cuanto tuviese noticias del incidente recibirían la misma respuesta… la señora uzumaki no iba a retirarse. El embajador suspiró derrotado, para luego tenderle un vaso de agua. La haruno lo olfateó un poco tras bajarse ligeramente su mascarilla higiénica, recelosa. Su esposo había sido envenenado por ese asqueroso desgraciado que orquestaba todo desde las sombras, ese malnacido podía estar en cualquier parte, incluso sirviendo ese agua a la gente de confianza del rubio, como el embajador o ella misma. Pero su experta nariz no detectó trazo alguno de veneno en ese vaso, ni tan siquiera de algún producto químico. Bebió el contenido sin pausa, para luego devolver el vaso al hombre.- Muchas gracias, Ideyoshi san…- se quedaron en silencio unos instantes hasta que el hombre rompió el silencio.
-¿Cree que…?- No pudo completar la frase, Sakura ya tenía la respuesta.
-Si, saldrá de esta. Sé que lo hará. Solo tengo que esperar a que despierte de su desmayo, y entonces hablar con él para coordinarme con kurama. Con otro paciente ninja sería una sentencia a muerte este veneno, pero no con Naruto… Naruto lleva dentro a un ser con pleno acceso a su cuerpo y metabolismo. Es como si tuviese a un experto capaz de controlar los síntomas y elegir la mejor forma de tratar la enfermedad, por eso es virtualmente inmune a los virus: ni el virus podrá matarle, ni su cuerpo producirá los síntomas que le lleven a la muerte. Kurama sabrá cómo expulsar al veneno, de hecho lo está haciendo ya, de ahí que sus vómitos y su sudoración sea cada vez más intensa y sucia… está expulsando cada porción del veneno de su cuerpo por la fuerza con el sudor y la bilis. Y su fiebre se mantiene en un perfecto 39, lo justo para matar al invasor sin producir daños a Naruto… está en las mejores manos, créame.- el embajador miró al rubio, que volvía a estar sudando esa espesa sustancia ligeramente marrón. La ojijade se levantó de su silla y volvió a limpiarlo con un paño húmedo, procurando dejar la piel libre para poder seguir expulsando la sustancia.- Así que solo tengo que esperar a que Naruto se despierte para avisar al zorro de que voy a inyectarle cada dosis del antídoto. Luego kurama lo administrará por el torrente sanguíneo y lo enfocará donde haya más de este veneno… así que lo curará…
-Pero, mi señora… ¿y si…?
-No. No va a morir. Como me llamo Sakura haruno que no va a morir…- Naruto frunció el ceño ligeramente, quejándose de forma ida y comenzando a abrir los ojos. La haruno agradeció internamente a cada deidad presente por ver que todo iba a como ella había previsto, girándose hacia el embajador.- Ordene traer el antídoto de inmediato, y prepare a mis asistentes…- el hombre asintió, partiendo de inmediato a cumplir la orden. La doctora, de mientras, pasó un paño humedecido con agua tibia sobre la frente del rubio, buscando darle alivio. Funcionó, puesto que el uzumaki pudo al fin abrir tenuemente los ojos.
-Sa… Sakura chan…- balbuceó, para luego toser y arrugar el ceño.- ¿Qué haces aquí? No…
-Descansa Baka, te voy a curar…- intentó calmarle, pero el ojiazul reunió fuerzas de donde no tenía para seguir hablando.
-No deberías estar aquí… podrías… podrías enfermar, y contigo nuestra hija… o… onegai… vuelve a konoha, yo…
-No voy a volverme Naruto, no sin ti. Estamos juntos en esto, ¿recuerdas? Tu luchas y yo te curo, como siempre.
-Sakura chan…- murmuró, apretando los dientes para que sus escalofríos febriles no le impidiesen hablar.- Aquí no estás segura… y yo… yo tengo a Kurama… estaré bien… Onegai, no… no podría vivir si os pasase algo a alguna de las dos… vuelve a casa…- Sakura negó suavemente, volviendo a limpiar la frente de su esposo.
-No te voy a dejar aquí solo, y menos con el envenenador suelto… Además, incluso Kurama tiene sus límites Naruto: él puede curarte, pero en este caso necesita que desde fuera le dé el apoyo necesario para hacerlo, como seguro que te está diciendo ahora…- El que el rubio frunciese el ceño y tragase con fuerza fue confirmación suficiente.- No voy a discutirlo Naruto, bastante con llevar esta puta mascarilla y no poder besarte… Escúchame: Dile al zorro que voy a administrarte mi antídoto de forma continuada en cuanto lo traigan, tenemos dosis suficientes para un día como mínimo, y suero para semanas. Supongo que él podrá gestionarlo y usarlo para facilitar la tarea…- expuso, o más bien rogó, deseando que el ser más cercano a un Dios que conocía pudiese obrar el milagro. El rubio, tras unos segundos en silencio, respondió.
-Dice… dice que agradece que al menos uno de los dos piense dattebayo…- se intentó reír por el chiste del biju pero, en su lugar, sólo pudo toser sonoramente y vomitar a un lado tras apartarse a un lado Sakura. La joven, con un gesto de aprehensión, esperó a que acabase para volver a limpiarlo.- Aunque bromee, no le veo muy convencido, Sakura chan… dice que con su chakra destinado únicamente para regenerarme y tu antídoto está todo a cara o cruz todavía…- La ojijade apretó los dientes disimuladamente… ese zorro era muy optimista, si fuese cualquier otro jinchuriki, la doctora no le daría ni una posibilidad entre cinco… Sin embargo, se trataba de Naruto uzumaki namikaze. Iba a lograrlo. Y, por si tenía dudas, Sakura iba a asegurarse de ello.
-Pues entonces lo vas a ganar baka, esas apuestas son tu especialidad…- comentó, intentando reírse de la ironía el rubio, aunque la sombra de ser su primera apuesta perdida rondó un segundo por su mente. La doctora, como leyéndole el pensamiento, se encargó de exterminarla.- Escúchame bien Naruto: vas a lograrlo. Se trata de luchar y aguantar hasta vencer, es tu especialidad, y no puedes tener más razones para ganar. Me tienes aquí, y a nuestro hijo también… onegai, no te rindas…
-Se… será niña, Sakura chan… con un color de pelo bonito…- repuso el rubio, tiritando por la fiebre, pálido, con tales ojeras que parecía más muerto que vivo. La haruno tuvo que hacer un esfuerzo enorme para no romper a llorar y aparentar normalidad… ahora mismo, Naruto necesitaba verla fuerte, eso le inspiraría aún más.
-Será lo que tú quieras baka… una niña con mi pelo y tus ojos, una que te contemple todo el día y te acompañe a comer ramen… y si no… si no tendremos otra más. Las… las que hagan falta, te lo prometo… onegai, tú lucha…- el rubio, luchando por seguir respirando, dibujó una sonrisa cansada.
-¿Todas las que quiera? Es… estaría bien… llevar a una decena de Sakuras chanes al ichiraku por mi cumpleaños…- soñó despierto el rubio, aunque un escalofrío le obligó a volver a la tierra y ser realista.- Pero… pero… si no lo logro…
-Lo vas a lograr…- repuso Sakura, luchando por no llorar.
-Yo… yo te puedo prometer que voy a luchar, pero… pero si no lo consigo… si no lo consigo, prométeme… prométeme que te vas a perdonar…- le rogó a su mujer, mostrando el gran miedo de Naruto: que el legendario síndrome de mártir de Sakura hiciese acto de presencia y convirtiese la vida de la pelirrosada en un infierno si Naruto moría. Que se culpase de su muerte, de haber cogido esa misión, y no fuese capaz de superarlo. El uzumaki estaba aterrado ante esa posibilidad, y no podría luchar en paz hasta asegurarse de evitarlo. Tomó la mano de su esposa, y con la poca fuerza que le quedaba, intentó transmitirla lo importante que era para él esto.- Yo decidí venir aquí, Sakura chan… no fue culpa tuya, yo… yo lo necesitaba. Necesitaba sentirme vivo, volver a sentirme útil, aunque fuese una vez. Y… y aún estando como ahora… si tú y nuestra hija sobrevivís… habrá merecido la pena… aceptar esta misión ha sido la mejor idea que… he tenido dattebayo…- pudo afirmar entre toses, notando Sakura como su vista se enturbiaba por las lágrimas.
-¿Aún con todo sigues intentando cuidarme, baka?- le regañó, realmente emocionada por ver que el único miedo que tenía Naruto tras ser envenenado era su bienestar y el de su hija, nada más. Ni la muerte le aterraba. La joven enfocó su esfuerzo en contener las lágrimas, y acarició la mano del rubio con dulzura.- Venir contigo también ha sido lo mejor que he hecho baka… y te… te voy a prometer algo más. Que no voy a vivir con culpa ¿vale? He… he entendido lo que me has dicho esta mañana, yo… yo no puedo controlar lo que nos está ocurriendo, pero… puedo controlar como reaccionar ante ello. Vas a salir de esta, y te juro que voy a dedicar el resto de mi vida a que seamos felices. LOS TRES, y los que vengan. Te voy a dar una familia, la que siempre has querido, y con ello estaremos en paz, sin más culpas, solos tu y yo, ¿vale? Te lo juro. Tú solo… tú solo lucha como haces siempre… onegai…- le imploró, y el rubio, aún sufriendo, logró asentir a duras penas. La haruno frunció el ceño, preguntándose dónde estaban sus asistentes con el antídoto… ya deberían de haber llegado. Maldiciendo internamente, acarició el flequillo del rubio con ternura.- Tengo que ir a buscar el antídoto, serán solo unos segundos, ¿me prometes que seguiremos hablando?
A la ojijade le aterraba dejarlo solo, volver y encontrárselo muerto, quizás rendido tras obtener esa promesa de ella. Por eso quería asegurarse de que seguiría luchando aún sin ella allí. El ojiazul nunca incumplía una promesa, y menos a su Sakura chan. Así que, una vez asintió con pesadez, la haruno partió como alma que lleva el diablo rumbo al exterior de la planta. Iba a pegar un buen grito a la primera persona que se encontrase, le daba igual que la entendiese o no, ¿acaso no era obvio que, en una emergencia médica, el tiempo era algo vital? ¿Cómo podían tardar tanto en traer unos bidones de antídoto desde el sótano del hospital? Había tranquilamente un centenar de personas fuera deseando ayudar, como pudo ver cuando llegaron al lugar, por falta de mano de obra no era. Pero, cuando encaró las escaleras y descendió un piso, no se encontró a su personal, ni a los aldeanos. Solo a una persona, una que esperaba pacientemente en medio de la sala, claramente tomada tras un sangrientamente combate y con algunos cadáveres de los guardias del daimyo regados por el suelo.
-¿Ideyoshi san? ¿Qué… qué ha…?- preguntó, intentando asimilar lo que resultaba obvio para su instinto kunoichi. Que el individuo no mostrase sorpresa alguna ante la pregunta o la situación solo resaltó más lo evidente.
-Lo necesario para el progreso, haruno sama… porque me temo que no puedo permitir que lo cures y lo arruines todo…
y fin por hoy, en breves mas y mejor! Un saludo!
