Capítulo 4: Segundo intento
Habían pasado ya una semana y media después de aquella salida desastrosa. La morena se había desanimado al principio, pero luego se enteró al hablar con Annie, que si no hubiera sido por culpa de Mikasa su plan hubiera funcionado perfectamente. Porque Historia si se había asustado en la película y había buscado refugio en alguien más. Maldita fuera Mikasa que fue arruinar todo lo que ella había planificado minuciosamente. Lo que más hacía que ella no se diera por vencida fue que al final de la salida Historia se había despedido con un beso en la mejilla. Además, que al otro día le había escrito un mensaje de texto donde le hacía saber que se había divertido, que debían repetir la salida y que lamentaba las molestias que pudo haber causado la invitación de Mikasa. Desde entonces Ymir estaba maquinando un nuevo plan, pero ¿A dónde saldrían ahora? Ymir había hablado varias veces con Annie para convencerla de volver a salir, pero ella, esta vez no accedió. Ni tampoco le dio idea alguna de dónde podían salir. Si Annie no quería ir, ella no podía hacer nada para convencerla. Se había prometido que no volvería a hacer tratos con la rubia, la última vez había tenido pérdidas monetarias y aún no había terminado su segunda semana de quehaceres del hogar.
Ymir se había ido a su cuarto a intentar estudiar. Su cuerpo estaba allí más su mente estaba pensando en otras cosas. La morena se regañó mentalmente, debía estudiar y dejar de pensar en estupideces, si seguía así no pasaría los cursos. Después de varios minutos de intentos fallidos, finalmente logró concentrarse. Luego el sonido de un celular sonando la logró desconcertar de nuevo. Ymir verificó su celular, pero se dio cuenta que no era el de ella el que estaba sonando. Se levantó, se dejó llevar por el sonido y al final dio con el causante del ruido. El celular había dejado de sonar. La dueña del artefacto era Annie, se le había olvidado llevárselo. Ymir apretó el botón para que en vez de sonar vibrara y cuando lo dejó en la mesita vibró nuevamente, pero solo un poco. Esta vez, al parecer era un mensaje. Ymir estaba curiosa por saber quién era la persona insistente, pero a la misma vez no quería violentar la privacidad de la rubia. Al final su curiosidad ganó y prendió la pantalla del celular para saber quién era. Para sorpresa de ella el causante de la llamada y el mensaje había sido Armin. El mensaje decía:
¿Ya lo pensaste mejor? ¿Cuál es tu respuesta? Si no…
Ymir no pudo leer más del mensaje puesto que Annie le tenía contraseña a su celular. Ymir se había quedado impactada. ¿Pensar mejor que cosa? ¿Una repuesta sobre qué? La maldita rubia no le había comentado nada. No le había dicho que después de aquella reunión ahora se la pasaba enviándose mensajes de texto con Armin. ¿Qué le había propuesto el rubio? Maldita egoísta, no quería acceder a ir a otra salida porque ya ella había conseguido su cometido. Descarada, ella que había criticado el plan antes, durante y después de él, y había tenido éxito. Ymir miró la hora, faltaba poco para que Annie regresara del trabajo. Ya vería esa enana, le sacaría la información como fuera. Ymir se quedó en la sala esperando a que Annie entrara, para iniciar el interrogatorio o, mejor dicho, la discusión; pues en eso era en lo que se tornaría aquello. Después de un rato esperando Annie por fin había llegado. La rubia entró y se iba a dirigir a su habitación, pero Ymir le habló.
—¿No perdiste algo de valor hoy? —Annie negó con la cabeza —. ¿Segura que no perdiste algo así como tu celular?
—No, lo dejé porque no tenía casi carga y ya se me había hecho tarde —dijo Annie y siguió su trayecto a su habitación.
—Se pasó todo el santo día sonando —dijo en tono más alto Ymir desde la sala.
Annie regresó de su habitación y se dirigió a la cocina a prepararse algo de comer.
—¿Y de quién es la llamada y el mensaje? —preguntó la morena.
—¿Y quién te dijo que tenía una llamada y un mensaje? —Ymir se quedó callada, pues no sabía que decir al ser descubierta tan rápido —. Que falta de respeto. Fuiste a mi cuarto a verificarlo, descarada.
—Tu eres la descarada. ¿Cuánto esperabas para decirme que te estabas texteando ahora con Armin? —dijo Ymir molesta.
Ya había sido descubierta así que iría al punto. Annie por su lado volvió de la cocina con un emparedado.
—¿Qué es esto, una escena? ¿Por qué tengo que darte explicaciones de lo que hago o dejo de hacer? —dijo Annie
—¿Qué te propuso él? ¿Novios? ¿Amigos con derechos? ¿Amantes? —preguntó con tono pícaro la morena.
—Me invitó a salir a la feria hoy. ¿Feliz? Ahora déjame en paz —dijo Annie.
La rubia comenzó su trayecto a su habitación, pero la morena le entorpeció el paso. Se puso frente a ella con cara de molestia. Annie por su parte seguía con su cara característica de indiferencia.
—¿Qué? ¿A qué hora? ¿Qué le contestaste? ¿Irá Historia? ¿Puedo ir? —preguntó de manera rápida Ymir.
Annie ignoró por completo todas las preguntas que Ymir le hizo. Le pasó por el lado a ésta y siguió con su trayecto a la habitación. Cuando llegó a su cuarto entró y empujó la puerta con el pie para que se cerrara, pero Ymir la aguantó y se metió en la habitación. Annie se sentó en el borde de su cama y prendió el televisor.
—Annie.
La mencionada suspiró.
—Dentro de una hora será el encuentro, aunque no se si vayan dado que aún no he contestado el mensaje.
—¿Vayan? ¿Entonces también Historia va? —Annie retorció los ojos —. Me invitaron a mí también, ¿verdad?
—Quién sabe —dijo Annie y se sentó en su cama.
Ymir la miró rencorosamente y fue a buscar su celular. Le escribió un mensaje a Armin diciéndole que, si iban a ir, que los verían allí a las ocho y media como habían quedado. Se fue a bañar, pero no sin antes decirle a Annie que se preparara también. Cuando salió de la bañera y comenzó a prepararse escuchó que el televisor de la rubia aún estaba encendido. Algo le decía que Annie no se estaba preparando y estaba viendo la televisión. Ymir se vistió. Luego fue al cuarto de la rubia para ver que estaba haciendo y confirmar sus sospechas. Cuando entró vio que Annie estaba, en efecto, viendo televisión y seguía con la ropa con la cual había llegado. Ymir suspiró, estúpida rubia, se ponía a perder el tiempo a propósito.
—Annie, ¿Qué diablos haces? —Annie señaló la televisión—. Ya sé lo que haces, pero se suponía que te ibas a bañar y arreglar para salir.
—Nunca dije eso, pero está bien iré. Toma —Annie le entregó el plato donde antes estaba comiendo, Ymir la miró interrogante —. Debes llevarlo a la cocina y lavarlo por mí para que no me atrase más —Ymir puso cara de molesta e iba a objetar, pero Annie continuó hablando —. Sin protestas, lavar platos es un quehacer del hogar.
Annie buscó en su gaveta lo que necesitaba y se dirigió al baño. Ymir por su parte se fue a lavar el plato de mala gana, que Annie le había dado. Luego terminó de arreglarse y se quedó en la sala esperando a que la rubia saliera de la habitación. Al rato de estar esperando escuchó a la rubia riéndose. Ymir se levantó molesta del sofá y volvió a dirigirse a la habitación de Leonhardt. Cuando entró, una vez más, Annie estaba viendo la televisión. Al menos ya se había bañado y ahora tenía puesto ropa de estar en la casa y la ropa de salir la tenía encima de la cama.
—¡Annie! Arréglate de una vez, llegaremos tarde por tu culpa.
—¿Y? La otra vez fueron ellos los que llegaron tarde —dijo Annie mientras cambiaba a otro canal.
—Fue por culpa de Mikasa. Ahora vístete, por favor —dijo Ymir mientras le entregaba la camisa que estaba encima de la cama a Annie.
—Tu no me mandas. Además, no pienso cambiarme contigo de espectadora.
Ymir retorció los ojos ante el comentario y se dio media vuelta. Solo quedándose en la habitación, le crearía la presión necesaria a la rubia para que se apresurara. Esta vez no se iría de allí hasta que Annie terminara. Ymir miró de perfil por sobre su hombro para ver cuanto más le faltaba a la chica. Cuando vio, Annie aún batallaba con las hebillas del sujetador. Ymir retorció los ojos por segunda ocasión y se acercó a ella para ayudarla. Intentó ponerle uno, pero la muchacha se alejó de mala manera y habló.
—No, yo puedo sola. Además, deja de poner excusas para toquetearme.
Ymir suspiró. Definitivamente Annie tenía ganas de joder y estaba logrando quitarle la paciencia. Después que por fin Annie se puso su sujetador buscó en el armario más ropa y comenzó a mirar una a una las camisas. Ymir no pudo más y tomó la camisa que antes se encontraba en la cama y se la puso de mala gana a Annie. Solo le faltaba sacarle los brazos y listo. Cuando Ymir iba a sacarle los brazos la rubia los puso flojos. La morena intentó varias veces sacarlos, pero no tuvo éxito alguno. Como seguía intentándolo lo próximo que hizo Annie fue dejarse caer en la cama que estaba a pocos pasos del armario. La morena no podía creer que Annie se pusiera con esas niñerías. Intentó levantarla y terminar de vestirla, pero la otra chica seguía en el mismo plan. No se movía y seguía floja en la cama.
—¿Es en serio? —preguntó Ymir con irritación.
—Dije que yo puedo sola.
Ymir se quedó en la habitación, pero no hizo más nada para ayudar a Annie. Lo único que podía hacer era exasperarse con la paciencia y lentitud con la cual Annie se terminaba de arreglar. Cuando por fin le dio la gana a la rubia de terminar Ymir fue la primera en salir de la habitación y cuando estaba en la sala se dio cuenta que Leonhardt no estaba detrás de ella. Ymir miró la hora en su reloj de muñeca, faltaban diez minutos para las nueve, estaban realmente tarde. Ya tenían veinte minutos de retraso y todavía faltaba el trayecto de la casa a la feria.
—Annie avanza—dijo ya gritando Ymir.
—No me presiones—dijo Annie que ya estaba en la sala.
Ambas salieron de la casa y se dirigieron a la feria en donde Armin e Historia les esperaban. Ymir solo deseaba que, esta vez, no hubieran invitado a nadie más. Porque ahora no iba a tener la misma paciencia que la otra vez pues, ya Annie se la había colmado por completo. Estaba segura que si una tercera persona volvía aparecer acompañando al par de hermanos se abalanzaría sobre ella.
El par de chicas habían llegado a la feria y miraron en varias direcciones en busca del par de cabezas rubias conocidas, pero no dieron con ellas. Ymir miró de reojo y con molestia a Annie, si los otros se habían ido era porque se habían hartado de esperar y todo era culpa de la rubia. La morena estaba a punto de comprar los boletos con la esperanza de que tal vez, sólo tal vez, los otros dos las habían comprado y ahora se encontraban adentro disfrutando de la feria. Al final decidió comprar el boleto y dejó atrás a la otra chica. Una vez dentro miró a ver si veía algún rostro conocido, pero nada. Después de pasar varios minutos buscando, decidió irse de allí. Cuando Ymir se fue encaminando a la salida vio a una rubia con cara de aburrida acompañada de otro par de rubios. La chica de mayor estatura fijó su vista en la rubia más pequeña, estaba hermosa. La vió en cámara lenta, como la rubia se acercaba y la brisa movía su hermoso y lacio cabello y al fondo escuchaba la canción "The Turtles" titulada "Happy together". La espera había valido la pena. Solo podía describirla, en una palabra: Diosa. Hizo un ademán con la mano para que ellos la vieran y se acercaran a ella. Una vez los cuatro juntos Historia fue la primera en hablar.
—Lamentamos la tardanza, Armin no acababa de arreglarse y por eso llegamos tarde.
—¿Qué? -dijo Armin confundido al ver que su hermana le echaba las culpas de la tardanza a él.
—No te preocupes, no llevamos mucho esperando; porque Annie también se tardó una vida — comentó Ymir.
—Yo no fui el que…
Armin fue interrumpido por Historia.
—¿Bueno ya que estamos todos, ¿qué haremos primero? —dijo la rubia.
Ymir señaló la atracción que más alta y vueltas tenía. Historia miró sorprendida al lugar donde Ymir señalaba. La pequeña rubia negó con la cabeza. Acababan de llegar y no quería montarse en la peor atracción. Tal vez esa sería en la última que se subiría o tal vez se inventaría alguna excusa para no subirse porque le tenía un poco de miedo.
—No esa ahora no, porque mejor no vamos a aquella —comentó la chica señalando una atracción que parecía más bien hecha para niños. Ymir vio la pequeña montaña rusa. Definitivamente si se montaban allí iban a verse patéticos, pero la que más iba a sobresalir era ella, debido a su estatura. Era obvio que Historia le temía a la otra atracción y para Ymir era tierna la manera en la cual intentaba disimular su temor.
—Emm… ¿A dónde se fue Annie? —preguntó el rubio. Ymir retorció los ojos y pensó.
No habían estado ni diez minutos juntos y ya la rubia le había dado con desaparecerse. Esa enana lo hacía por joder. Si se largó, pues bien, no perdería tiempo en buscarla. La morena continuó con su trayecto y paró al darse cuenta que sus dos acompañantes aún estaban buscando a la cuarta integrante del grupo. Ymir respiró profundo y volvió a donde ellos.
—¿Se van a quedar esperando aquí toda la noche?
—No —dijo Annie quien se encontraba detrás de Ymir con un algodón de azúcar en manos.
—Yo quiero —dijo Historia anhelante y tomó de un brazo a Ymir y del otro a Armin y les incitó que la siguieran a la parte de comida.
Allí cada uno pidió lo que quería e Ymir pagó su cuenta y la de Historia. Luego se dirigieron a diferentes atracciones. Historia se la pasaba sacando fotos y subiéndolas a la internet. La mayoría de las fotos consistían en Ymir tirándole un brazo por encima a la chica, Armin más atrás sonriendo y Annie con su cara de pocos amigos. Decidieron ir a la casita del terror, pero la rubia de menor estatura se disculpó con ellos y les comentó que los alcanzaba al rato. Ymir le iba a acompañar, pero ya Historia se había ido. Se metieron en la casita del terror. Había muñecos que simulaban fantasmas, "zombies", vampiros, muñecas de porcelanas etc. Cuando algo salía de momento solo Armin se sobresaltaba un poco, pero rápidamente intentaba disimular porque las otras dos chicas ni se inmutaban. Hubo un momento en que se sobresaltaron los tres cuando algo les tomó de sorpresa desde atrás.
—Boo —dijo Historia que era quién los había sorprendido desde atrás.
—Sustos que dan gustos —murmuró en tono bajo Ymir.
Annie miró extrañada su mano pues sentía un agarre en ella. Al mirar era nada más y nada menos que Armin quien le estaba agarrando de la mano. Armin miró a Annie y luego miró en la dirección que ella estaba mirando. Al ver que su mano estaba entrelazada con la de la rubia se puso nervioso y la soltó rápidamente.
—Bueno ¿A dónde vamos ahora? —dijo Armin como intento de disimular lo que acababa de acontecer.
Todos se sobresaltaron por segunda vez cuando de momento de las sombras del lugar salió una silueta, más alta que todos, exceptuando a Ymir, y se fue acercando a ellos.
—Hola —dijo en tono sádico pero amigable la silueta. Que al estar ya más cerca la lograron reconocer, era Mikasa.
—Adiós —dijo Ymir mientras tomaba de la mano a Historia y se dirigía a la salida de la casita, poco le importó en ese momento disimular o no. Quería alejarse lo más posible de la causante del desastre de la cita anterior. Cuando al fin estaba afuera agradeció que los otros dos rubios le hubieran seguido y al parecer Mikasa se había quedado atrás. Sin pensarlo dos veces y a paso rápido se dirigió al primer sitio que encontró, la casa de los espejos. Una vez adentro empezaron a verse frente a los diversos espejos.
—Vaya mierda —comentó Annie al estar frente a uno de los espejos —¿No tuviste una mejor idea para huir?
—Era la más cercana —comentó Ymir mientras seguía a Historia, que al parecer era la única que no le parecía una mierda esa atracción.
—Y por ello la más obvia —dijo la rubia.
—¿Tenías una mejor idea? —dijo ya un poco molesta Ymir. Suficiente con que Mikasa se hubiera aparecido, como para que Annie estuviera ahora cuestionándole sus acciones.
—Sí, largarnos —comentó seria Annie.
Ymir prefirió ignorarla, si se quería ir lo podía hacer, nadie la estaba aguantando. Annie siguió mirándose en los diferentes espejos y se quedó frente a uno en donde se veía más alta. Después de un rato Ymir se acercó con maldad al mismo espejo y así opacó la imagen de la rubia, pues Ymir se veía aún más alta. Annie se alejó. Armin le siguió. Cuando caminaban la rubia juraba que el chico le rozaba la mano, o era que el aburrimiento le había hecho alucinar. Annie paró de momento y lo miró seria. Armin por su parte desvió la mirada apenado. Lo que confirmaron las sospechas de Annie.
—Chicos, al fin los encontré. Si no los conociera juraría que salieron huyendo de mí —dijo la pelinegra que se encontraba detrás de ellos.
—Qué brillante eres —comentó sarcástica Annie.
—Gracias por el cumplido, pero ya lo sabía. Oigan que porquería de sitio es este, ¿No se aburren? Venga vámonos Armin —dijo Mikasa mientras halaba del brazo a Armin y se dirigía a la salida.
—Eh… pero Mikasa, espera, hemos dejado atrás a Annie, Historia e Ymir —dijo Armin quien era arrastrado a la salida.
Cuando estaba a punto de llegar a la salida, una persona de menor estatura se interpuso en el medio. Era Levi.
—¿Qué demonios haces aquí? Te dije que limpiaras el maldito baño —dijo molesto y con los brazos cruzados el pelinegro.
—El baño aún está limpio, tú eres el único que lo ve sucio así que límpialo tu.
—Mira Mikasa, sabes que las tareas están divididas, si empiezas a brincarte alguna, Eren lo hará también y luego se volverá un desastre y el sistema ya no funcionará —dijo Levi intentando calmarse.
—Y a mi ¿qué? —murmuró mientras se encogía de hombros varías veces Mikasa.
—¿Qué dijiste? Y deja de usar el trapecio si no quieres que te lo rompa.
—No dije nada —dijo Mikasa dejando de subir los hombros.
—En fin, arranca para la casa a limpiar, quiero que cuando llegue el baño este brillando, si no, ya vas a ver —dijo Levi mientras se alejaba.
—No te deseo mal, pero ojalá y un día de estos te montes en el carro para volver a la casa y no regreses nunca más —comentó en un tono más bajo y molesta Mikasa.
—O sea, ¿Le estas deseando la muerte? —preguntó Armin.
—Sí, pero no me gusta decirlo así —admitió como si nada Mikasa.
Ambos aguardaron allí hasta que las otras muchachas llegaran. Cuando llegaron Ymir retorció los ojos, tanto escapar para nada. Esta vez no le permitiría que arruinara todo. Así que sin más fue a dónde la pelinegra y la empujó.
—Ay —dijo Mikasa en plan de víctima.
—Lárgate, ¿Quién diablos te invitó? Además, la maldita feria es lo suficientemente grande como para que estés detrás nuestro —dijo molesta Ymir y la volvió a empujar. Cuando Ymir la iba a empujar una tercera vez Armin se interpuso.
—Oye, ella no ha…
Armin no terminó su oración cuando ya Ymir lo había empujado y éste había caído al suelo y luego fue otra vez a por Mikasa, pero esta vez quien se puso en el medio fue Historia.
—Ya para Ymir, esa no es manera de resolver las cosas. El lugar es grande, sí, pero también público y se puede estar donde uno quiera. Además, ella solo quiere estar con personas que conoce. ¿Verdad? —Mikasa asintió —. ¿Ves?
Annie sonrió con maldad al ver la escena. Ymir sentía que explotaría de ira en aquel instante. Era obvio que Mikasa estaba actuando en plan víctima para que alguien la defendiera y quién más tuvo que ir a su rescate que Historia. Una vez más se apuntaba otra la desgraciada pelinegra esa. Ymir no supo cómo, pero al final Mikasa si se logró quedar con ellos. Estuvieron en varios puestos de juegos en los cuales se podría decir que los timaron porque era casi imposible ganar uno de aquellos. Al final habían parado en el juego de prueba de fuerza. El cual consistía en medir la fuerza del jugador. Se tomaba un martillo, se golpeaba la base y si lograba llegar hasta la campana, se ganaba. Historia miró con ojos de cachorro a un oso realmente grande, peludo y mullido. Ymir quiso jugarlo para regalarle aquello a Historia. No debía de ser difícil solo consistía en golpear y a ella se le daba bastante bien eso y más aún cuando estaba cabreada. Cuando fue el turno de Ymir ella golpeó con todas sus fuerzas y el medidor se quedó en tres cuarto. La morena bufó, ni ese puto juego se le daba bien. Annie se burló de su intento fallido.
—¿Quieres intentarlo? —retó la morena, acercándole el martillo a Annie.
—No gracias, ese es un juego para machorras —sonrió maliciosamente Annie.
—Yo si quiero —dijo Mikasa y le quitó el martillo Ymir.
—¿Por qué no me impresiona? —comentó Annie.
Sin al parecer mucho esfuerzo Mikasa, golpeó y la campana sonó. Inmediatamente el dueño le ofreció uno de los premios. Annie se acercó a Armin con intensión de susurrarla en el oído, el muchacho se sonrojó.
—Anabólicos, por la madre que son anabólicos —fue lo que le dijo Annie.
Mikasa escogió uno de los peluches que Historia antes estaba mirando. Lo tomó por un pequeño momento y luego se lo dio a la rubia más pequeña.
—Toma, no lo quiero. Además, es obvio que tu si, así que sería egoísta de mi parte no dártelo.
—Gra… Gracias.
Ymir vio toda la escena con un tic en el ojo. Quería estrangular a la pelinegra. Ella, que se había jodido toda la maldita noche intentando ganar un juego de esos, para regalarle algo a Historia y venía la pelinegra, sin esfuerzo algún y lo lograba. Maldita fuera su suerte. Lo peor para Ymir era que ahora la rubia tenía formada una gran sonrisa y abrazaba como niña pequeña su obsequio. Ymir quería que la causante de aquella felicidad fuera ella, no Mikasa. La morena sentía que iba a estallar del enojo. Al final, en un arranque de celos e ira, le quitó de mala manera el peluche a Historia y lo tiró al suelo. El oso de peluche, que era de un color crema, terminó en un charco de lodo. Ante tal acción nadie pudo ocultar su asombro. Annie se había quedado sorprendida y luego rió discretamente. Armin no cabía en la sorpresa e Historia observaba su osito, que ahora yacía en el suelo, con ojos llorosos. La rubia lo tomó de la oreja que no estaba sucia y lo levantó y lo observó. El peluche ahora estaba como el símbolo del yin yang. Bajo el asombro nadie había dicho palabra alguna. Hasta que una de las chicas se aventuró a decir algo.
—¿Pero qué necesidad tienes de ser tan mala? —dijo Mikasa, tratando de demostrar benevolencia, pero claramente intentaba crear discordia o al menos eso le parecía a Ymir.
—Ymir… eres una desalmada—agregó en un tono más alto de lo usual Historia.
—No te preocupes, lo lavaremos en casa—dijo Armin mientras intentaba calmar un poco a Historia y tomaba el oso de las manos de su hermana.
Al ver los tres pares de ojos mirándola acusadoramente Ymir comprendió lo que había hecho. Se había dejado llevar por sus emociones y ahora la había cagado. Y no sólo la cita, sino que también el peluche. Miró a Historia y ésta se estaba limpiando con el dorso de su mano algunas lágrimas. Ymir se sintió realmente mal. Se suponía que todo lo que estaba haciendo era para conquistar a aquella rubia y lo único que había logrado al final del día era hacerla llorar. La morena tensó el puño, había actuado impulsivamente y ahora tenía que lidiar con las consecuencias. Ymir estaba a punto de disculparse, pero su orgullo no la dejaba. En especial porque aún estaba allí la causante de todo. Ymir le arrebató de la mano el peluche a Armin. Y así, sin decir palabra alguna abandonó el lugar. Se había llevado el oso consigo. Lo menos que podía hacer para intentar arreglar las cosas era lavar el maldito oso.
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