Era un excelente día de negocios para el Ichiraku Ramen, podría no ser una hora pico, pero contaba con una generosa cantidad de clientes dentro del establecimiento. Visualizar dicho escenario, enorgulleció enormemente a Teuchi, agradeciendo internamente haber decidido ampliar las instalaciones del local. Ahora estaba altamente capacitado para atender más órdenes de comida, satisfaciendo su pasión por el ramen.
Y justo ahí, en una de las tantas mesas del comercio se encontraban dos jóvenes, más que conocidos en Konoha. Un portador del Sharingan y el Jinchuriki del Kyubi.
—Charasuke, se puede saber ¿por qué me invitaste a esta cita?—cuestionó con seriedad Menma Uzumaki, situando los palillos sobre un tazón de ramen ya vacío, a la vez que veía con recelo a su interlocutor, quien ya había terminado de comer tambien, desde hacía rato.
Ahí frente a él, al otro lado de la mesa, se hallaba Sasuke Uchiha, mejor conocido como "Charasuke" gracias a su facilidad de palabra, amabilidad y coqueteo con el ámbito femenino. De hecho, toda Konoha estaba enterada que era bastante generoso con sus conquistas, le compraba obsequios como chocolates, ramos de rosas, incluso pagaba la cuenta cuando iban a cenar en restaurantes.
No obstante, el Uchiha no era tan dadivoso con sus colegas del equipo 7, nunca invitó ni una sola ronda de licor en el bar cuando sus colegas y él salían a beber, ocupándose de pagar únicamente lo que consumía. Por lo que, este repentino llamado amistoso de parte del Uchiha, empleando el infalible "Yo invito" para convencerlo, se le hizo bastante sospechoso.
—¡Kitsune-chan, que grosero!—reclamó, sumamente ofendido, lanzándose una mirada recriminadora, cruzando sus brazos en el acto—Moh~ por primera vez me decido a invitar a un preciado compañero de equipo, y estimado amigo, para compartir mi hora de comer y mi valioso tiempo. Y ahora me atacas así—protestó aludiendo a la injusticia del que era presa prácticamente lo habían señalado como un oportunista.
Menma se le quedó viendo con cierta escepticismo, levantando una ceja con incredulidad, quería darle el beneficio de la duda. Se dijo a sí mismo que debía empezar a confiar en la persona que amaba. Si, efectivamente, el Jinchuriki estaba enamorado del heredero de Indra.
Para su suerte, y resumiendo su historia de amor, el Uzumaki fue correspondido con éxito y sin ningún inconveniente. En efecto, cuando el joven Jinchuriki declaró sus sentimientos, no fue una catástrofe, como sucede comúnmente entre dos personas que transpasaban la línea amistosa. No obstante, no se consolidaron como una pareja oficial, a causa de sus diferencias sociales, manteniendo una relación amistosa en la superficie, dándose pequeñas muestras románticas en bajo perfil.
Justamente, por esa preciosa experiencia que compartieron, no bajaba la guardia, pues esa "Luna cegadora" gustaba de hacerle bromas para tomarle el pelo, para luego llevarlo a un aislado callejón, donde se disculpaba por medio de besitos y demás demostraciones extremadamente afectuosos.
—Y para aclarar que esto no es una cita, pero si quieres lo podría hacer, mi "Sol Rancio"—coqueteo divertido, cambiando drásticamente su actitud pesimista de hacía unos segundos, acomodando la mejilla izquierda en la palma de su mano. Le encantaba picar al rubio con ese otro mote que le asignó.
El ojiazul frunció el entrecejo, dedicándole una vistazo gélido con unos espectrales ojos azules, a la par que algunas venas saltaban en su frente, debido a su ferviente molestia a causa de esas chistes. Otra vez quedaba como un bobo, todo por fiarse de esa carita inocente.
¡Maldita sea, su belleza demoníaca!
Este tipo de jugarretas que Chara usaba para desviar la atención de los temas importantes o serios era lo que más le disgustaba.
Manteniendo esa mueca en su rostro, añadió:
—Vaya, si las miradas mataran, ya hubiera caído presa de tus ojos azules, Menma—exclamó aún con la misma gracia antes mostrada, todavía mantenía su mejilla posada en la palma de su mano.
—¡Deja lo piropos de una vez!—ordenó abruptamente, a la par que azotaba las palmas de sus manos, haciendo sonar levemente la mesa, en virtud del azote, lo cual atrajó la atención de los comensales cercanos.
Al percatarse que, repentinamente, se había convertido en el foco de atención, y que algunos extraños lo observaban. En seguida, Menma recobró su compostura moderada, apenado por haber perdido los estribos en un lugar público.
Por su parte, Charasuke dirigió sus ojos negros hacía esos curiosos, brindándoles un vistazo tierno y tranquilo, sonrió con sinceridad, transmitiendo un mensaje de que no había ninguna pelea verbal de que preocuparse.
Después de sofocar ese mini "incendio" y que los demás clientes abandonaron su gusto chismoso por asuntos ajenos.
El ojinegro devolvió su atención al Uzumaki, quien se hallaba abochornado, un lindo sonrojo de venguenza coloreaba sus bronceadas mejillas. Cuando sus miradas se encontraron de nuevo, Uchiha notó cierto resentimiento, en su contra, en aquellos zafiros azules.
Sin más, el Uzumaki retomó la plática, tenía ganas de precidarle un punto importante.
—Más vale que tengas una buena razón para haberme traído aquí ¿Qué quieres?—demandó con mirada feroz, encarando rápidamente al Uchiha no estaba de humor para sus ocurrencias, y menos después de vivir este incidente.
Con este antecedente, el ojinegro se removió en la silla, cambiando la posición de su cuerpo, ahora había juntado sus manos, como a modo de plegaria, colocándolas en la superficie de la mesa. Adoptando un lenguaje corporal completamente diferente, ahora sí iba a conversar formalmente.
—Ya sabes lo que quiero. Pero, te haces el difícil—reveló sosegado, no se estaba burlando de él, ni nada, sólo expresó un deseo de su corazón.
—Ya te lo dije, no quiero meterte en problemas con tu padre—rebatió, sabiendo de antemano a que se refería.
No era la primera vez que el portador del Sharingan le traía a colación que estuvieran juntos, recibiendo un rechazo en cada una de la ocasiones en que lo sugirió. El motivo era simple, como no eran novios oficiales, Menma no estaba cómodo teniendo sexo y más cuando la sociedad era tan injusta con el tema de la virginidad de los Omega. Esas viejas y anticuadas costumbres que dictaban que los Omega sólo debían aparearse con su Alfa destinado y que el sexo casual era muestra de una mala educación.
Debido a este estigma social, sumado a que Sasuke pertenecía a un clan de prestigio, hacía que esta decisión, de no ponerle la manos encima, cobrará más fuerza. Tuvo que hacer esfuerzos sobre humanos para restringir sus instintos, utilizando supresores hasta rayar lo saludable. Y es que olor a rosas rojas de parte de ese conquistador de mujeres betas, era simplemente exquisito.
Menma estaba al tanto que si caía en la tentación, no habría inhibidor alguno que pudiera pararlo. Presentía que las feromonas del Uchiha despertaría al Alfa interno que dormía en el fondo de su psique, al límite de marcarlo como suyo. Y eso no se lo podía consentir.
—Y te lo repito, tengo a Itachi y a mi madre apoyándome—le recordó, sacando su As bajo la manga, cada vez que conversaban sobre esta cuestión
El rubio liberó un profundo suspiro de cansancio, ya había escuchado ese argumento antes. Si bien le era gratificante saber que su "suegra" y "cuñado" los favorecían, pero no era suficiente, Fugaku Uchiha tenía a la policía militar y a la mayor parte del clan Uchiha de su lado.
Mientras el Uzumaki seguía atrapado en sus propias conjeturas y en el pasado, el Omega de cabellos color ébano siguió hablando:
—Tú sabes que me importa un comino la mi apellido, estoy dispuesto a cambiarlo por el tuyo. Incluso el rechazo que puede mostrar mi padre—desveló con firmeza, provocando que su interlocutor abriera enormemente los ojos sus fanales obsidianas.
No existía mayor aspiración para un Omega, que establecerse con su amado Alfa, cambiar su apellido por el de él, y así empezar su familia.
—Te encanta ponerme en aprietos ¿verdad?—apuntó, llevándose la mano a la cara, más que pena ajena, lo que sentía en ese momento era fatiga, esta sensación siempre se presentaba cuando se enfrascaban en darle vueltas a este tema sin hallar una solución viable. Tuvo que masajear los músculos de su cara para relajar su entrecejo y sus sienes.
—Menma, soy un Omega, me transformaré pronto en moneda de cambio, me pondrán a disposición de mejor postor Alfa—hizo hincapié de este importante detalle, estaba consciente de su próxima realidad, ya tenía 19 años, así que en el año siguiente indudablemente sería comprometido en un matrimonio arreglado. Después de hacer una pausa, añadió:—Sufriré el doble, ya que como bien sabes estoy enamorado de ti.
—Y tú sabes, perfectamente, que soy el Alfa que te ama con locura—replicó, quería que el Uchiha siempre tuviera presente su posición en esta complicada situación—Pero, no tengo nada que ofrecerle a tu padre para que me deje estar contigo. Apenas tengo un rango Jounin, un apartamento mal trecho, y no tengo mucho dinero.
—Ráptame—planteó sin rodeos, omitiendo los argumentos expuestos por el rubio, la solución era bastante obvia para este caso—Aún si no me marcas como tuyo al instante, perderé mi valor una vez que se descubra que he estado contigo—mencionó este importante detalle—Nadie quiere a un Omega usado—estableció repitiendo el estigma público al que estaba sometido, quisiera o no.
Esa palabras hicieron más eco en el corazón y alma del Jinchuriki, como un individuo traumatizado por la opinión pública, que siempre lo juzgo injustamente, y los estereotipos mal intencionados que llegó a catalogarlo como un monstruo. Tenía una empatia a flor de piel cada vez que alguien más sufría por el escrutinio de la cruel sociedad. Pero, resentía cómo un puñal, cuando era su "persona especial" quien se despreciaba así mismo, concediendo la razón a esa bola de aldeanos, crueles e hipócritas.
—¡Maldición!—gritó furioso, estrellando su puño cerrado otra vez contra la mesa—¡No te menosprecies así, y menos en mi presencia'ttebayo!—vociferó soltando su característica muletilla, esta solo aparecía cuando perdía su auto control o estaba ansioso. En este caso fue la primera emoción.
Si existía algo en este mundo que lo pusiera más rabioso, casi al borde de adquirir algunos aspectos de zorro demonio en su rostro, es que su Uchiha se ninguneara siendo él un Omega dominante, que durante toda su vida fue contra las reglas, viviendo a su manera.
Otra vez fue víctima de los fisgones, pero esta vez a Menma le importó un rábano ser el centro de cuchicheos, no iba a retroceder ni se sentiría abrumado, ya que expresar su descontento por atestiguar el auto desprecio de la persona más importante para él, nunca sería de algo de que arrepentirse.
—Eres un experto en hacerme perder la cabeza—acusó echándole en cara ser la razón de su delirante cólera— Charasuke, me haces tanto daño, ¿sabes? Me pones entre la espada y la pared—expuso apelando al sentido común del Omega frente a él—¿Cuándo vas a entender que esto no es tan fácil?
Charasuke miró con desdén al otro, arrugando la nariz levemente, ya estaba cansado de se tomado como un insensato respecto a este escenario de su vida. No era la primera vez que rechazaba su opción, la cual exhibía mucha ventajas como aliados, acciones a realizar y demás. Estaba completamente seguro que cuando Fugaku se enterara que ya había pasado la noche con el Uzumaki, lo dejaría en paz, lo exiliaría del clan eso era inevitable, pero era un pequeño precio que estaba dispuesto a pagar.
—Si te hago tanto mal, entonces esta cita falsa termina aquí—cortó, esas últimas oraciones del Alfa no le gustaron para nada. Ya estaba harto de esto.
Se incorporó deliberadamente de la mesa, dándole un vistazo a Menma con unos fanales bastantes fríos y vacíos, fue una de la señales del principio del fin, enviando el mensaje implícito de que la relación estaba tambaleándose hacia su inevitable conclusión.
Ya no tenía caso seguir discutiendo esto. Uchiha había decidido que si Uzumaki no daba el paso en esta cena, tomaría su destino en solitario, no tenía caso seguir insistiendo, no era su estilo y ya se había cansado. Ya eligiría su estilo de vida en el futuro, ya fuera resignándosd a ser un medio de alianzas, casándose con un desconocido, o escapar a otra aldea, Suna, por ejemplo, bajo la protección del Kazekage, abogando a su amistad, estaba seguro que le tendería una mano.
Por su lado, en pocos segundos, el Jinchuriki del Kyubi pudo darse cuenta de la tristeza y desdicha que Chara iba cargando en su espalda. Sus feromonas de Omega lo delataron, si bien ya podía restringirlas, mediante fuerza de voluntad y supresores, en arrebatos como estos era cuando salían a flote rápidamente. Pesé a su enfado por la falta de apoyo y decisión de su parte, también reflejaba el desencanto y frustración contenido. Parecía un cachorro de herido.
Su instinto de Alfa le dio una cachetada mental para que reaccionara. Todas las alertas indicaban que si le permitía al Omega partir en silencio, jamás lo recuperaría. Esto era un "Sayonara".
Con el corazón hecho un caos, su mente confusa pero un sentido Alfa sonando fuertemente, ocurrió lo impensable. Un mar de feromonas avasalladoras inundaron el ambiente, afectando a algunos comensales incautos, al mismo tiempo que el cuerpo del Uzumaki se movía solo. En un segundo, atajo fuertemente el brazo del Uchiha, impidiendo su caminar.
—Iré por ti esta noche, espérame—anunció determinado, con certeza había usado su VOZ, no para dar una orden sino para hacer notar su dominio y posesividad.
Si le quedaba algún atisbo de duda al pelinegro, se disipó al olfatear aquellas potentes feromonas, y contemplar unos salvajes ojos rojos del rubio, evidencia de que el estado Alfa de éste se encontraba activo.
Él y el equipo 7 eran los únicos en Konoha que estaban al tanto de que cuando Menma se dejaba llevar por su impulsiva naturaleza, la afluencia del Kyubi salía un poco a la superficie. Su personalidad cambiaba pero seguía estando consciente, no era como si el Bijuu lo poseyera, más bien era como si su Alfa interno robara un poco del chakra de Kurama para prepararse para la lucha.
—Te estaré esperando—soltó como respuesta, en cuanto sintió que el agarte en su brazo de hacía cada vez más fuerte, al límite de doler. Sacudió violentamente su extremidad para imponerse, podría ser un Omega, pero era tan dominante como ese zorro dorado.
Retirándose del comercio de comida de todos modos, pero ahora tenía una sonrisa en sus labios dibujada. Tenía que preparar todo para el escape de esta noche.
Por su parte, cuando Menma conseguía olvidar esa mirada, que aún lo hacía estremecer
Quiero salvar nuestro amor, y aunque tengo miedo, lo haré.
Daría cualquier cosa por ese Omega idiota. Estaba completamente enamorado de él y del amor sincero que le profesaba. Cuando contempló aquellos luceros, tan oscuros como la noche, decidió que dejaría todo porque se quedara a su lado.
Era capaz de quitarse la cadenas de su pasado como paria de Konoha, que sólo le traía dolor, tristeza y un auto desprecio por sí mismo, que lo hundía en un abismo cuyo eco le repetís que no merecedor de Sasuke, considerándolo incluso como un suelo inalcanzable por su condición privilegiada de Omega Uchiha.
Tenía claro que no podía vivir sin el heredero del Sharingan, y aún peor sabiendo que estaría muriendo lentamente con un Alfa que no amaba. Entregándose noche tras noche en un compromiso arreglado sin amor. Siendo una ave atrapada en una jaula de oro, cantando infeliz para el deleite de otros y las conveniencia políticas de un clan endogamico.
No se trataba de responsabilidad emocional, sino lo que Menma, como Alfa que ama a un Omega, elegía que debía hacer.
¿Porqué se le ocurrió quererlo? No lo sabía, ni cuando estos sentimientos surgieron y fueron correspondidos con naturalidad por ese coqueto y parlanchín joven. No obstante no había nada que hacer, no iba ser ese estúpido que lo perdió por cobardia.
Ahora por este amor incurable, enfrentaría sus miedos y demonios internos más fuertes. Trabajaría más duro para que su apellido "Uzumaki" fuera sinónimo de renombre, para que rivalizara con el apellido "Uchiha" que Sasuke dejaría atrás. Cometería un acto cuestionable, similar al secuestro, pero que no era penado pues era consentido.
Los raptos de Omegas era una práctica común en Konoha, pues los amantes bandidos solían acudir a este método para huir de matrimonios arreglados o situaciones complicadas. Sin embargo, la Policía Policía Militar en muchas ocasiones frustraba estas costumbres, separando a los amantes y devolviéndolos a sus hogares.
Ese era un riesgo latente que Menma estaba dispuesto a correr, en su caso podría ser arrestado, nadie se metía con el hijo menor del líder del clan Uchiha y comandante de la autoridad policial.
Tenía miedo de la reacción de Fugaku posterior al rapto, era sabido que era un Alfa dominante altamente impulsivo, intimidante y sin escrúpulos cuando la situación lo ameritaba. Aunque contaba con aliados como: Itachi Uchiha, un Alfa joven suficientemente fuerte para hacerle frente al patriarca de la familia más poderosa de Konoha; Mikoto Uchiha, la esposa Omega dominante del ya mencionado jefe de la policía, con carácter afable y determinado, nada le aseguraba que hubiera buenos resultados.
Pensó amargamente que le hubiera gustado ser un superhéroe, confiado y todopoderoso, que no dudaba en lanzarse al rescate.
Poseía en su interior al Kyubi, pero eso más que ventaja sería desventaja en este caso, no estaba bien usar ese poder para defenderse de integrantes del clan Uchiha que no habían despertado el Sharingan. El único que podría ser una amenaza sería el mismo Fugaku, y tal vez Obito, pero conociendo su lazo con Kakashi, dudaba que quisiera meterse en un dilema moral.
—No hay otro remedio, tendré que ser rápido como mi padre y tenaz como mi madre—se repitió evocando en su corazón los nombres de sus progenitores finados.
Mikoto Uchiha le había enseñado desde niño que si acudía al altar familiar, instaurado en su apartamento, y le solicitaba una favor, ellos lo escucharían. Incluso si repetía los nombres de Kushina Uzumaki y Minato Namikaze, se sentiría más seguro,pues lo acompañarían en espíritu.
Había crecido creyendo eso, aún con 19 años lo hacía a veces cuando te tocaba una misión difícil en solitario, o en momentos de mayor duda. Y si, había funcionado, no con resultados perfectos, pero salía bien librado.
Mamá, Papá...Ayúdenme a escapar con Chara, que ambos salgamos sanos y salvos hasta llegar a nuestro destino. Ustedes saben cuanto lo amo.
Continuará
