LA VIE EN ROSE

Segunda parte


Saber que Marinette era la chica que se escondía tras la máscara de Ladybug cambiaba por completo todo el panorama. Y no es que gozara las pelas en las que en años pasados le había tocado participar como Viperion. Sí, era bueno luchando, pero eso no significaba que lo gozara de verdad.

Ayudar a París, salvar a las personas, hacer un mundo mejor; eso sí era motivo suficiente para hacerlo un portador legítimo del miraculous de la serpiente. Pero ahora todo era no sólo se trataba de esquivar ataques, buscar salidas e indagar debilidades. Adiós a la cómoda táctica del individualismo y de ver por sí mismo, tal y como lo hacía en las calles cuando era miembro de Les Reptiles.

Ahora tenía alguien a quien proteger.

Y no era porque creyese a Marinette alguien débil. Ella seguía siendo la maravillosa e invencible Ladybug. La misma heroína que no necesitaba que nada ni nadie fuera en su rescate. Eso él lo sabía mejor que nadie. Pero…

— Ladybug, ¡cuidado! — gritó Chat Noir desde la lejanía.

Ladybug dio un salto y se libró por un pelo de las púas que salieron disparadas en su dirección. Esa era la tercera vez en que la heroína esquivaba un ataque directo y lograba salir ilesa del mismo.

Viperion apretó los puños y gruñó por lo bajo. Ese reptil miserable se había ensañado con Ladybug, eso ya le había quedado claro desde el momento en que cada disparo era dirigido solo a la catarina.

— ¡¿Dónde está?! — rugió Alligator hacia la heroína, quien ahora saltaba de techo en techo para no regalarle un blanco fijo — ¡¿Dónde lo ocultaste?!

Antes de que pudiese gritar otra cosa, o incluso darle la oportunidad de volver a atacar; Viperion aprovechó el momento para hacer una entrada más. Y aunque el miraculous multiplicaba la fuerza y agilidad que de por sí ya eran características del joven guitarrista, debía admitir que cada golpe que él le propinaba, Alligator lo replicaba con el triple de intensidad.

— ¡No te distraigas! Tu pelea está aquí — le retó y esquivó un golpe, provocando que el puño de Andreé quedarse atascado en el concreto de uno de los muchos edificios del lugar.

Gracias a la fuerza que empleó para tratar de liberarse, varios pedazos de escombros cayeron al piso. Alligator tomó uno de ellos, arrojándolo a la dirección de Viperion, encolerizado. La serpiente esquivó los restos de roca y ladrillo de un salto y aterrizó en otro tejado cercano, justo al lado de Chat Noir.

— Esa lagartija comienza a enfadarme — siseó el gato cuando Alligator reanudó su cacería en contra de Ladybug.

— Ya somos dos — acordó Viperion con la mandíbula apretada, y luego miró su pulsera reversora.

Desde que se había transformado, la aprehensión de usarla en el momento correcto lo perseguía constantemente. Parte de sus habilidades como superhéroe era precisamente el intuir y anticipar el momento exacto para activar la "Segunda Oportunidad". Lo había hecho millares de veces sin error alguno. Pero ahora, con Marinette como el único blanco de los ataques, la ansiedad de usarlo a cada minuto le subyugaba por completo.

Chat Noir y él iniciaron la persecución, pero no importaba cuánto trataran de centrar la pelea en ellos, aquel insulso animal no paraba de perseguir a la catarina. Poco importaba que la chica hubiese invocado ya un segundo amuleto encantado. Alligator no la soltaba el tiempo suficiente como para dejarla analizar una solución.

— ¡Oye tú! ¡Ya déjala en paz! — le gritó Chat de mala gana, golpeándole con su bastón.

— ¡Ella me arrebató mi venganza! —gritó la lagartija, tratando de pasar sobre la barrera que él y Viperion habían hecho frente a él para darle un respiro a Ladybug.

Desesperado, Alligator agitó su cola y la impactó contra ambos superhéroes, lanzándolos varios metros lejos de él.

Ladybug tuvo poco tiempo para reaccionar. Saltó lo más rápido que pudo cuando vislumbró la cola del enemigo alzarse nuevamente, y aunque pudo darse cuenta a tiempo, su velocidad no fue la suficiente.

Cayó y rodó sobre otro tejado. Cuando usó su brazo como apoyo en el suelo para poder incorporarse, fue que la punzada de dolor la asaltó. Una de las muchas púas que volaron hacia ella le había hecho un corte profundo sobre la piel.

Tocó su brazo y miró perpleja como la sangre le pintaba la palma de la mano de color carmesí. Nunca nada había logrado traspasar el fuerte material de su traje. Nunca, hasta ahora...

Alligator hubiese hecho otro intento más por atacarla, pero fue detenido por una certera patada en el hocico. Viperion no le dio tiempo de recuperarse después del impacto. Con una rapidez inhumana, chocó su rodilla contra su estómago, luego golpeó la mejilla, el cuello, las costillas. Cada choque fue certero, rápido y efectivo. Luka nunca pronunció palabra, pues dejaba que fueran sus puños los que anunciaran su furia contenida. Y aunque su expresión era casi casi inescrutable; Sus ojos, ahora de un color verde profundo, ardían con vesania y cólera.

La escena fue difícil de ver para Ladybug. Ni siquiera prestó atención ante las constantes preguntas preocupadas de Chat Noir, quien había volado a su lado.

En su mente, recordó las palabras que alguna vez le dijo Juleka.

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Nunca lo vi peleando. Pero hay amigos que cuentan que era despiadado — confesó la pelinegra con tono triste — A Luka nunca le gustó la violencia, pero a veces la tristeza y la soledad te convierten en algo que en realidad no eres.

Jul…

Pero eso ya no importa — interrumpió su amiga con una sonrisa dulce — Él ahora es feliz y ha dejado todo eso atrás. Tú lo ayudaste a ser una mejor persona, Marinette.

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— ¡Basta! — gritó la la catarina y saltó hacia él.

Viperion se congeló. Soltó la chaqueta de Alligator y le dejó caer sobre el suelo de concreto, inconsciente. El puño le escocía a pesar de la protección de su traje. Su pulsera vibró y en un movimiento mecánico, volvió a activar la segunda oportunidad, guiado por el instinto de su miraculous.

Fue entonces que Ladybug lo abrazó por la espalda. Luka bajó la mirada y tomó una de las manos que le enredaban por su cintura. Marinette la estrechó y recargó la frente sobre los omoplatos de la serpiente; — Déjalo ir, Luka — murmuró suavemente — Este no eres tú.

La serpiente gruñó y se dio la vuelta violentamente, para esta vez estrecharla entre sus brazos de verdad: — ¿Estás bien? — murmuró por lo bajo, ciñéndola con más fuerza contra su pecho. Pregunta tonta, pensó él… pero ella soltó una pequeña risa.

— Es sólo un rasguño — dijo ella, y le guiñó el ojo.

— Sólo un rasguño — Luka bufó, pues su propio traje ahora estaba manchado de rojo a causa de aquel desesperado abrazo.

Sus manos tomaron su rostro y acariciaron las mejillas sonrojadas; — ¿Qué voy a hacer contigo, coccinelle?

Para ambos, el mundo a su alrededor desapareció por unos cuantos segundos. Tanto, que olvidaron al lagarto inconsciente a unos metros de ellos, y a Chat Noir… quien ahora los miraba desde la lejanía.

"Chat, estoy enamorada de alguien más". Las palabras retumbaron en su mente mientras observaba como Viperion cubría a SU lady nuevamente entre sus brazos…

La garganta se le cerró y pudo jurar haber sentido a su corazón dejar de latir unos segundos. Él lo sabía, desde el inicio fue plenamente consciente de que él nunca fue el dueño de los suspiros y añoranzas de la catarina. Durante mucho tiempo se convenció de ello, a pesar de que la esperanza se empeñaba en sembrarle ilusiones en el corazón.

Verlos así solo resquebrajaba esos retazos de anhelo, que ahora lo dejaban hundir en la zozobra.

Nunca fue suya, era momento de dejar de pretender que alguna vez lo fue.

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El desaliento fue tanto que, para cuando el gato se dio cuenta, ya era demasiado tarde.

Alligator abrió un ojo y mostró los dientes. La lentitud del movimiento de su cola fue imperceptible para el trío de superhéroes. Chat logró captarlo sólo hasta que esta estuvo lo suficientemente levantada.

— ¡Viperion! — gritó al darse cuenta que las púas iban dirigidas directamente hacia su espalda.

Luka no tuvo tiempo de reaccionar, porque Marinette lo hizo mucho antes que él. Su cuerpo fue empujado hacia la derecha y él cayó al suelo. Las púas volaron frente a su ojos en cámara lenta hacia Ladybug, quien ya no tuvo tiempo de huir.

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Viperion no conocería hasta ese momento su más grande pesadilla y Chat Noir jamás creyó que vería la suya realidad cuando el cuerpo de la catarina cayó al suelo, inerte.

"No, no, no, ¡NO!" Se rehusó a mirarla e hizo oídos sordos ante los lamentos de Chat Noir, quien ya la sostenía entre sus brazos. Sus manos temblorosas se hicieron puños y la sangre le hirvió en las venas. Tanta rabia, tanto miedo; su cerebro solo pedía una sola cosa: matar al autor, matarlo lentamente y hacerlo suplicar por piedad hasta robarle el último aliento.

"Detente" - la voz de Sass retumbó en en su cabeza cuando Viperion dio el primer paso- "Controla tu ira y piensa… eres el portador de la serpiente. Solucionar esto es tu trabajo"

Fue hasta entonces que Luka lo recordó. Miró su pulsera con miedo latente, el cual se convirtió en un rayo de esperanza al verla aún trabajando. "Devuélvemela, devuélvemela" pensó para sí mismo cuando regresó la cabecilla de la serpiente a su lugar "Haz que regrese" pensó y luego dijo: — Seconde chance.

Primero vio la luz cegadora y luego volvió a sentir los brazos de Marinette alrededor de su cintura.

— Déjalo ir, Luka. Este no eres tú — le escuchó decir, igual que la última vez.

Y aunque en sus adentros quiso volver a enterrarla entre sus brazos, besarla, pedirle perdón hasta que su garganta se quedase sin voz y gritarle que nunca más volvería a bajar la guardia de ese modo; Viperion solo la tomó en brazos y saltó con ella al techo más cercano en el momento en que se percató del ataque sigiloso de Alligator.

— Pongámosle fin a esto, ¿qué te parece? — musitó la serpiente una vez la bajó de sus brazos.

— Pero, aún no sé dónde está el akuma… — respondió ella, insegura.

— Está en su chaqueta.

— ¿Cómo es que sabes eso? — demandó saber Chat Noir, quien había llegado a su lado al poco rato.

— Lo sé, confíen en mí.

Ladybug le miró por un rato largo y luego le sonrió, dejando que su mano descansara en el hombro de Viperion; — Toujours — murmuró.

Tomó las tijeras de corte y confección que habían aparecido después de convocar el amuleto encantado y observó a su alrededor lo más rápido que pudo.

En su plan, contempló el cataclismo de Chat, la fuerza de las púas de Alligator y la habilidad de pelea de Viperion.

— Ya lo tengo: Chaton, necesito que tengas tu cataclismo preparado y te mantengas un poco lejos, al menos hasta que yo te indique.

Oui, mademoiselle — acordó Chat, saltando lejos de allí.

— Viperion; Toma esto— dijo, extendiéndole las tijeras — Nosotros serviremos de carnada.

— ¿Me estás dando los honores, coccinelle?

— Creo que es momento de demostrarle a Hawk Mouth quién aquí es el reptil más fuerte.

Ambos saltaron del tejado y se enfrentaron mano a mano contra Alligator, quien no pudo dar un golpe certero ante dos portadores de miraculous atacándole al mismo tiempo. Mientras Ladybug fintaba y esquivaba los puños y las púas; Viperion se encargaba de conectar los golpes, obligándolo a retroceder al punto donde el equipo lo necesitaba.

— ¡Ahora, Chat Noir! — avisó la catarina cuando lo tuvieron acorralado contra un muro.

El gato activó su cataclismo sobre el tejado de la construcción, provocando que este de derrumbara sobre la cola y piernas del reptil.

Luka tomó las tijeras y, de un tajo, cortó la chaqueta de cuero en dos, liberando a la tan típica mariposa color morado.

— No más maldades para ti, pequeño akuma — recitó Ladybug en su ya tan conocido ritual de purificación.

Pronto, todo en la ciudad volvió a la normalidad. La destrucción que Alligator dejó a su paso desapareció, junto con las heridas de la catarina. Las escamas y la figura bestial del akuma se desvanecieron, dejando ver a un joven pelirrojo de aproximadamente 20 años con una fuerte jaqueca.

— Pero, ¿qué demonios fue lo que pasó? — cuestionó Andrée, sosteniendo su cabeza e incorporándose con dificultad.

— Fuiste akumatizado — se adelantó Viperion con voz contenida — Ahora, lárgate — ordenó con ojos desidiosos, tan fríos que el joven no dudó en correr lejos de allí.

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Los últimos rayos de sol tocaron los tejados de las calles aledañas a Notre Dame. El atardecer refulgía y teñía el Sena de un color anaranjado otoñal. Viperion y Ladybug se escondieron debajo de uno de los puentes que lo atravesaban, para así evadir los ojos de los curiosos parisinos.

El silencio reinaba entre los dos. Había tanto que decirse y confesarse, que ninguno de los dos supo cómo comenzar.

—Viperion…

—Ladybug…

Ambos rieron apenados ante su llamado mutuo. Quizá la sincronía que habían logrado hacía apenas unas cuantas horas no terminaba de esfumarse por completo, algo que les sentaba bastante bien en circunstancias como esta.

—Escucha; lo de esta tarde en el departamento del maestro... — comenzó a hablar la heroína, jugueteando con su larga trenza (un gesto que Luka encontró bastante adorable, si le preguntaban) — Yo, creo que me dejé llevar… por un momento pensé que…

— ¿Que había averiguado quién eras en en realidad? — completó él la frase y ella asintió — No lo imaginaste: SÉ quién eres en realidad, coccinelle.

— Eso… no puede ser — rebatió ella, negando con la cabeza — Nadie puede saberlo. Es una regla y estamos protegidos por los miraculous para que eso no suceda. Así que olvida lo que sea que estés pensando. No soy quién crees — musitó con tono desesperado, tratando con todas sus fuerzas de convencerlo.

Ya suficiente riesgo corría portando un Miraculous. No podía ahora también arriesgarlo con una verdad tan peligrosa.

Marinette, no puedo creer que después de todos estos años conociéndonos, aún dudes del gran poder que tiene la música sobre nosotros — dicho esto, Luka tomó su rostro crispado y asustado, con delicadeza — No hay magia lo suficientemente poderosa que pueda ocultar de mí la esencia de tu voz cuando cantas.

— Pero…

— Y que quede claro: no correré con mi hermana ni con tu mejor amiga a contar el secreto.

— Eso lo sé, es que…

— ¿No confías en mí?

— ¡NO! — exclamó, quizá demasiado fuerte — ¡Claro que confío en ti! Mucho más de lo que crees. Quiero decir… por algo te elegí a ti como portador de la serpiente. Sólo que...

— ¿Solo qué…? — remarcó él, arqueando la ceja.

"Anda, dile" - La voz de Tikki resonó en su cabeza por primera vez en ese día.

— Saberlo es peligroso. Puede que ahora no pase nada, pero si alguien averiguara que tú conoces mi identidad...— hizo una pausa, ¿por qué era tan difícil admitirlo?

Alejó las manos de Luka de su rostro, solo para estrecharlas y así darse un poco de valor: — No quiero que nada malo te pase, porque… porque… creo que te amo, Luka.

El mundo se detuvo para ambos, y Luka nunca había deseado tanto activar la "Segunda Oportunidad" sólo para escucharla decir esas palabras una vez más. Si fuera por él, las repetiría en un loop eterno, hasta que estas se le quedaran marcadas para siempre en la memoria.

Ma petite coccinelle — susurró antes de estrecharla contra él una vez más. La serpiente jamás se cansaría de tenerla entre sus brazos — C'est toi pour moi, moi pour toi dans la vie. Elle me l'a dit, l'a juré pour la vie — Viperion cantó a su oído, dejándole suave un beso en el lóbulo de la oreja.

— Pensé que odiabas "La Vie en Rose" — suspiró ella, disfrutando de su cálido aliento.

— No puedo odiar la canción de nuestro primer beso.

Era verdad, porque aquella canción que antes consideraba engorrosa y sobrevalorada, ahora resonaba en mente como un himno de amor mientras besaba a Ladybug por segunda vez. Y aunque en él aún quedaba aquella fibra de terror después de haberla perdido aunque fuera por unos segundos; la esperanza de tener una segunda oportunidad con ella le llenaba el alma de esperanza.

Ambos superhéroes hicieron oídos sordos a la última alarma de sus miraculous. Sus trajes se desvanecieron en perfecta sincronía y ellos siguieron disfrutando del sabor del otro en un largo beso que ellos rogaban, durara para siempre.

— ¿Alguna vez pensaste que terminaría así? — preguntó Sass a lo bajo, observando a su portador.

— Las leyes no siempre son para cumplirse — respondió Tikki con una dulce sonrisa — ¿O es que ya olvidaste a nuestros portadores de la India?

— Ah, sí. Plagg querrá matarme cuando sepa que la serpiente se robó a la catarina por segunda vez.

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— Creo que hora de irnos — a penas susurró Marinette, dejando un pequeño beso de nariz al guitarrista.

— ¿Y qué te hace pensar que te dejaré ir así nada más? — retó él, atrapando su cadera.

— No seas necio — soltó ella entre risas después de liberarse de aquel agarre —Hora de entregar el miraculous. — apuntó, extendiendo la palma.

Luka miró la mano unos cuanto segundos. Una leve sonrisa se asomó por su rostro cuando, en lugar de quitarse la pulsera y entregárseka, estrechó la mano de Marinette y la giró para besarle la muñeca: — Lo siento, pero no.

— ¿Qué? — soltó, consternada.

— Lo que has oído, petite: Non.

— Luka — pronunció ella con tono severo — NECESITO el miraculous.

— Jamás dejaré de luchar por ti, Marinette. Protegeré a París de cualquier amenaza y nunca, NUNCA le serviré a nadie que no seas tú — juró el chico, solemne — Pero no te regresaré el miraculous. No hasta estar totalmente seguro de que no habrá nada allá afuera que pueda hacerte daño.

— Pero, Luka…

— Hoy casi te pierdo — interrumpió él y Marinette pudo ver el miedo relucir en sus pupilas — Tú no lo recuerdas. Nadie recuerda las cosas que pasan después de la segunda oportunidad. Sólo yo… Y maldito sea si no aprovecho todas las oportunidades que tengo para evitar que eso vuelva a suceder.

Marinette no supo qué decir. Quiso aliviar el dolor de Luka prometiéndole que nada malo le pasaría, pero era la heroína de París, también era casi adulta y no era nada ingenua. Jamás podría prometerle algo que no pudiese cumplir. No estaba en sus manos.

A cambio de ello sonrió resignada.

Tikki, Spots on! — recitó y Ladybug reapareció una vez más. Se acercó al guitarrista y dejó un corto y dulce beso en sus labios— De acuerdo. Cuento contigo, mon cher serpent.

Dicho eso, lanzó su yoyo y desapareció.

Luka miró el lugar con anhelo y sonrió para sí mismo. Sass flotó a su lado y se escondió en la bolsa de la chaqueta cuando una vez caminaron por la avenida, hacia el barco de la libertad.

— Qué honor, tendré un amo de tiempo completo — dijo la pequeña serpiente.

— Sólo… no me digas amo, ¿de acuerdo? Luka está bien.

— Como usted diga, amo Luka — recitó Sass contento y Luka puso los ojos en blanco — ¿Y ahora cuál es el plan?

— Íbamos a casa, pero se me acaba de ocurrir una gran idea — el chico sonrió y desvió el camino hacia la estación de metro más cercana — Dime, Sass… ¿te gustan los tatuajes?

— Me parecen interesantes — afirmó el pequeño, revolviéndose en el bolsillo — ¿Tienes alguno en mente?

— Sí… una canción — dijo antes de subirse al vagón.

FIN