Capítulo 2.

Narita, prefectura de Chiba, Japón. 08 de Octubre.

Aeropuerto Internacional Narita Jasiko.

El tren de aterrizaje del Airbus330 de Alitalia procedente de la ciudad de Milán, finalmente tocó suelo en tierras niponas; al sentir cómo la aeronave frenaba y luego lentamente se encaminaba a la respectiva puerta de descenso, varios de sus pasajeros comenzaron a quitarse los cinturones de seguridad para estirar sus brazos y piernas pues había sido un largo viaje que afortunadamente para todos había llegado a su fin.

- Vaya, doce horas de vuelo sí que fueron demasiadas.- comentó Alonzo, mediocampista del equipo Italiano, quien viajaba en uno de los cuatro asientos del centro.

- Sí, ya me duele el trasero.- comentó Marco, el delantero que estaba sentado al lado de Alonzo, a lo que varios de sus compañeros asintieron.

- Deberían de irse acostumbrando a esto si es que en verdad quieren ser jugadores profesionales.- se burló Gentile de sus compañeros-. Parte de ser un futbolista de alto nivel es el viajar por el mundo para encarar a los rivales.

- Pero eso no quiere decir que no sea cansado.- refutó Luciano, otro delantero de la Escuadra Azzurra-. Mira que estar doce horas sentado a cualquiera le entumiría el cuerpo.

- Sí.- asintió el resto del equipo mientras se levantaban de sus lugares para dirigirse a la salida.

Así, uno a uno los integrantes de la selección juvenil italiana comenzaron a descender de la aeronave y se dirigieron a través de los pasillos hacia la salida más próxima. Gino, como buen capitán que era, esperó a que todos sus compañeros pasaran delante de él para verificar que todo estuviera en orden y finalmente descendió junto con el entrenador y del cuerpo médico. Cuando el equipo finalmente pasó y cumplió con los trámites y reglamentaciones que exigía el país por tratarse de un vuelo que arribaba del extranjero, la selección finalmente llegó a una de las amplias salas que conectaban la salida del aeropuerto con las zonas interiores del mismo y fue ahí en donde se toparon con las otras selecciones europeas que arribaban casi al mismo tiempo que ellos.

Desde el extremo opuesto de donde la selección italiana se encontraba, se acercaba la selección alemana, encabezada por el Káiser y goleador estrella de ésta, Karl Heinz Schneider, quien amablemente se tomó unos minutos para responder a las preguntas que la prensa nipona le hacía en estos momentos. En otro extremo de la sala se observó como la selección francesa hacía su arribo, con su capitán Elle Sid Pierre haciendo gala de su carisma con sus fans. Detrás de los franceses se pudo apreciar a la selección sueca quienes no hicieron ningún tipo de comentario ni se detuvieron a saludar, pasando entre la multitud detrás de su capitán Stefan Levin, con cara de pocos amigos y empujando a uno que otro desdichado que se encontró en su camino; y, finalmente, muy cerca de donde los italianos se encontraban, hizo acto de presencia la selección holandesa portando sacos en color naranja, haciendo que sobresalieran de los demás pues los italianos portaban traje azul marino y los alemanes usaban un color más neutro.

Una gran multitud de reporteros pero también de fans se habían reunido este día para darles la bienvenida a las grandes selecciones que llegaban a su país para disputar el Campeonato Mundial de Soccer Sub-19; los capitanes de todos los equipos se hallaban ocupados entre entrevistas, fotografías y saludos, mientras que algunos del resto de los jugadores conversaban con sus futuros oponentes. Una vez que Gino terminó con la conferencia que uno de los reporteros le había estado haciendo, decidió que era hora de reunir a su equipo y salir de ahí, por lo que en primer lugar fue en busca del entrenador.

Mientras esta escena se desarrollaba, detrás de la selección Azzurra pero a prudente distancia de lo que sucedía a su alrededor, Erika, al igual que sus otros dos compañeros de estadía, se había rezagado un poco para poder observar con detenimiento sin molestar en el proceso, pero luego de un rato, tanto Alessio como Fabio no quisieron desaprovechar la ocasión y con celular en mano se acercaron a los jugadores para tomarse algunas selfies para el recuerdo; al ver a sus compañeros tan entretenidos, y en vista de que el entrenador parecía permitirles por unos momentos esta situación, Erika decidió también sacar su celular para tomar algunas fotografías de los jugadores, centrando su atención un poco más en el Joven Emperador de Alemania, con quien no sólo intercambió algunas palabras antes de tomarse una foto juntos sino que también el alemán se vio interesado cuando la joven le pasó algún dato a su celular, para después despedirse de él y quedarse a solas.

- ¡Uy! Creo que tenemos a una pequeña y traidora espía en casa.- se escuchó de pronto decir a Gentile, quien se encontraba detrás de la joven y a muy corta distancia, haciendo que ella saltara de la sorpresa.

- ¿Qué dices?.- preguntó la pasante, sorprendida, girándose después para ver al defensor italiano-. ¿Por qué dices eso? Yo no soy ninguna espía, ni mucho menos una traidora.

- Qué tontería ser la fan de Schneider, cuando los mejores jugadores están en Italia.- continuó Salvatore con la burla, ignorándola-. ¿A poco te gusta tanto Schneider? Si quieres le podemos pedir al Káiser que te acepte en su equipo, así todos ganamos, tu estarás cerca de él y nosotros nos libraremos de ti.

Erika se quedó mirándolo fijamente a los ojos antes de responder, intentaba no sonar grosera al hablarle como se merecía, por lo que al final decidió respirar profundo antes de contestar.

- No es lo que tú crees.- comentó finalmente la chica, encarando al jugador con seguridad en su voz-. Es mi hermana la que sí está interesada en Karl y al parecer es recíproco.- agregó, con una gran sonrisa-. Así que quiero mandarle algunas fotos y saludos de parte su parte.

- ¡Bah, eso ni quién te lo crea!.- respondió Salvatore, acercándose aún más a la joven, llegando a situarse muy cerca del rostro de ella para intentar cohibirla-. ¿Por qué no nos haces un gran favor y te vas?.- agregó en un susurro, para molestarla.

- Pues me creas o no, ése es tu problema.- respondió Erika sin intimidarse-. Y si te molesto tanto, puedes ser tú quien se cambie de equipo, seguramente habrá alguien te acepte.

Gentile parecía claramente molesto por esa respuesta y estaba a punto de darle réplica cuando fue interrumpido.

- ¡Salvo, basta!.- interrumpió Gino, con voz molesta, pues había estado presenciando toda la escena.

- ¡Tú no te metas, Hernández!.- espetó el defensor-. Este no es asunto tuyo.- comenzó a decir y de pronto su mente encontró otro objetivo para molestar por lo que sonrió con malicia-. A menos que estés celoso de que tu chica esté interesada en el Káiser.

Por respuesta, Gino sólo se le quedó mirando fijamente, haciendo uso de su autocontrol para no responderle.

- ¿Es eso? ¿Te molesta?.- continuó atacando Salvatore con una gran sonrisa de satisfacción.

- No.- respondió finalmente el portero-. No es eso, porque nada de lo que acabas de decir es cierto.

- ¿Entonces por qué te metes?.- preguntó Gentile con acidez-. Si no te interesa, no deberías inmiscuirte en lo que no te importa.

- Porque no voy a permitir que te comportes como un imbécil.- respondió Hernández, harto de la situación-. Sin importar si somos jugadores, auxiliares o cuerpo médico, todos somos un mismo equipo y debemos estar unidos para lograr nuestro objetivo.

El líbero italiano estaba por responderle a su capitán cuando de pronto se escuchó que una voz desconocida, que estaba ubicada muy cerca de ellos, comenzó a llamar a la joven.

- ¿Erika Shanks?.- escucharon decir a la voz que ella creyó reconocer por lo que se giró en su dirección, siendo imitada por los otros dos.

- Vaya, sí es Erika Shanks.- comentó de nuevo esa voz, que pertenecía al capitán de la selección holandesa-. ¡Qué sorpresa encontrarte aquí!

- Hola, Brian.- sonrió la chica, al confirmar que se trataba de un viejo conocido suyo-. Más sorpresa es que tú te hayas dignado por fin a encabezar a tu equipo.

- ¿Qué te puedo decir?.- respondió Cruyfford, encogiéndose de hombros-. Es hora de demostrar quién es el mejor equipo del mundo.

- Supongo que te refieres a nosotros.- exclamó con petulancia Salvatore, a lo que Brian por fin prestó atención a los dos chicos que se encontraban con ella en este instante. Gino miró con el ceño fruncido a su compañero mientras Erika prefirió ignorar el comentario.

- Mejor deja que te presente a Gino Hernández, capitán de la selección de Italia.- continuó la chica, señalando al portero.

Ambos capitanes se saludaron cortésmente y se desearon suerte en el torneo, asegurándose que esperaban con ansias poder enfrentarse y medir sus fuerzas. Salvatore, al ser ignorado por los demás comenzó a irritarse y encontró la oportunidad perfecta para desquitarse cuando Gino se separó un poco de los otros dos para darles oportunidad de que platicaran con más privacidad.

- ¿Ahora resulta que tu noviecita conoce a todos?.- preguntó Gentile con sorna, acercándose a Hernández para molestarlo más a gusto.

- En realidad, no lo creo.- le respondió su capitán, ignorando el tono burlón del otro-. Pero según sé, conoce a Cruyfford pues estuvo viviendo un tiempo en Holanda, su padre es un diplomático muy importante de su país por lo que su familia viaja alrededor del mundo.

- Sabes demasiado sobre ella como para apenas haberla conocido hace un par de días, ¿no crees?.- se burló de nuevo el líbero-. ¿Qué escondes, Hernández?

- Eso es algo que no te incumbe.- le respondió el portero, algo incómodo pues no quería darle detalles al defensa de qué tipo de relación había tenido con la castaña.