Capítulo 3.
Tokio, Japón.
Distrito de Chiyoda City.
Un par de horas más tarde, la selección italiana por fin se encontraba arribando al hotel que sería su hogar durante los próximos días; los jóvenes entusiasmados descendieron del autobús que los había transportado hasta el lugar y luego de algunos minutos en donde cada uno se tuvo que hacer cargo de recoger su respectivo equipaje, los jugadores finalmente se encontraban descansando en los elegantes y mullidos sillones del lobby, esparcidos alrededor de la enorme sala y formando pequeños grupos que charlaban amistosamente haciéndose una que otra broma entre ellos y a la espera de las instrucciones de su entrenador.
Erika había descendido del autobús prácticamente al final, junto con Alessio y Fabio con quienes había tenido mucha afinidad durante todo el viaje y con los que había entablado una especie de estrecha amistad por tratarse de los "becarios y/o asistentes médicos de nuevo ingreso". Los tres practicantes se dirigieron entre charlas a recoger su equipaje, los primeros en tomar sus maletas fueron los varones, siendo Erika la última en tomar sus pertenencias. Fue entonces cuando ella notó que aún había una maleta en el lugar sin ser reclamada y al mirar a su alrededor no parecía haber nadie cerca que estuviera esperando por demandar como suyo dicho equipaje.
- ¿De quién podrá ser esta maleta?.- le preguntó la francesa a sus acompañantes.
- Ni idea.- negaron a su vez los dos fisioterapeutas.
Al no encontrar una respuesta, la joven tomó entonces entre sus manos la maleta para examinarla con detenimiento y ver si de casualidad tenía algún tipo de identificación que les pudiera dar una idea de a quién pertenecía, averiguando al fin, que se trataba del equipaje del capitán del equipo.
- Es de Gino.- comentó ella, al mostrarle a sus compañeros la identificación-. ¿Alguno de ustedes lo ha visto?.- Erika buscó al portero con la mirada pero no alcanzó a encontrarlo en su campo de visión.
- Uhm.- comentó Fabio, pensativo-. Me pareció escuchar que el entrenador Santoro le llamó una vez que llegamos y creo que bajaron antes que todos, supongo que los asistentes del entrenador sólo recogieron el equipaje del jefe y se olvidaron de el del capitán.
- Será mejor que nos lo llevemos con nosotros para que no se pierda.- sugirió Erika, con una mueca de disgusto al saber lo que había sucedido, no le había agradado que a los demás les hubiera importado muy poco esta situación-. En cuanto se desocupe se la entregamos.
- Yo me la llevo.- comentó Alessio, adelantándose a la asistente del médico y tomando el equipaje entre sus manos para luego caminar hacia el lobby.
Los practicantes fueron los últimos en ingresar al hotel, justo a tiempo de que el entrenador reuniera a todo su equipo para hacer el respectivo acomodo de los cuartos.
- A continuación mencionaré como estarán repartidas las habitaciones y el número que le corresponde a cada una de las parejas.- comenzó a decir el entrenador Santoro-. Al escuchar su nombre, asientan y pasen con Hernández, quien les dará las tarjetas electrónicas.
- Todos los jugadores afirmaron y esperaron atentos a escuchar su nombre y el de quien sería su compañero de habitación para luego pasar con Gino, el cual se encontraba a un lado del entrenador.
- ¡Alonzo con Valentino! ¡Marco con Franco! !Fabrizzio con Luciano! .- comenzó a recitar el entrenador la lista de los jugadores.
- ¡Sí!.- respondían los jugadores al escuchar sus nombres.
Uno a uno, comenzaron a ser mencionados todos los integrantes del equipo, incluyendo personal técnico y médico. Gentile sabía de antemano que lo dejarían hasta el final por lo que no se interesó en levantarse de su asiento ni prestó la más mínima atención, ya su compañero de habitación le avisaría y sería quien se encargaría de tomar las correspondientes tarjetas, lo conocía muy bien para saber que así sería.
Cuando el entrenador mencionó el nombre de Gino al lado del de Salvatore y con esto le confirmó lo que ya se esperaba, el portero sólo pudo suspirar con resignación; Hernández era el tipo de chico que siempre se llevaba bien con todos, de carácter alegre, extrovertido y amigable, era fácilmente querido y respetado por sus compañeros tanto como amigo como capitán del equipo. Pero con Gentile era una situación completamente diferente; con él, a veces parecía que las cosas no funcionaban del todo, pues al defensor le encantaba intentar hacer que el portero perdiera el control sólo como mera diversión para ver si algún día finalmente lograba hacerlo enojar al grado de que estallara.
Salvatore tenía un carácter muy arrogante, su actitud de superioridad y su sarcasmo en cada palabra le hacían ganar detractores a diario. Le gustaba molestar a todos con sus comentarios ácidos o de mal gusto y en más de una ocasión, Gino había tenido que hacer uso de todo su autocontrol para no darle un buen puñetazo en la cara como se lo merecía. A lo largo de las concentraciones pasadas, al líbero le había tocado compartir habitación con varios de sus compañeros de equipo, pero él siempre terminaba de pleito con ellos debido a su mala actitud y, al final, el equipo se había cansado de la situación al grado de unirse todos para emitir una amarga queja con su entrenador alegando que ya nadie estaba dispuesto a compartir de nuevo una habitación con el defensor. Gino, al ver que el equipo ponía al entrenador en un aprieto con su solicitud, decidió sacrificarse por el bien común y se ofreció ser él quien tuviera que soportar al engreído jugador de la Juventus.
Al terminar con la repartición de las habitaciones, tanto jugadores como personal técnico y médico comenzaron a retirarse, tendrían el resto del día libre y muchos deseaban dar una vuelta por la ciudad. Gino se acercó entonces a Salvatore jugueteando con la tarjeta en sus manos.
- ¿Y mi maleta?.- le preguntó el portero al llegar a su lado y no ver más que una junto al defensor.
- Ni idea.- Salvatore se encogió de hombros con desinterés-. ¿Yo por qué tendría que saberlo?
- Quizás porque te pedí en el autobús que te encargaras de buscar mi equipaje cuando bajaras.- le reclamó Gino.
¿Ah, sí? Pues no me acorde.- respondió Gentile, cínicamente-. ¿Me das la llave? Ya me voy a la habitación, tengo cosas que hacer.- exigió al tiempo en que se levantaba de su asiento y extendía la mano.
Por respuesta Gino fulminó con la mirada a su compañero para luego suspirar intentando tranquilizarse, luego le extendió una de las tarjetas que llevaba consigo, indicándole el número de habitación para después dirigirse a la salida, esperando que su maleta aún siguiera ahí. Al llegar a la entrada del hotel, el autobús ya no se encontraba en el lugar y no había ni rastros de su equipaje, con un perfecto inglés preguntó al personal del hotel si de casualidad habían encontrado alguna maleta que tuviera el escudo de la federación italiana a lo que los empleados negaron haber visto algo parecido y luego de un rato de búsqueda él por fin se dio por vencido.
- Ok, perdí mi equipaje.- suspiró el portero, llevándose su mano izquierda a la parte posterior de su cuello y masajeándolo con fuerza-. Y ahí estaba todo lo que ocuparía en Japón, el traje para la gala de mañana así como mis uniformes.
El portero iba cabizbajo pensando en que haría ahora; lo de menos era buscar otro traje para la gala y comprar guantes, zapatos y ropa nueva, pero los uniformes oficiales para los partidos no podría remplazarlos así de fácil, tenía que hablar con el entrenador, hacerse responsable de sus actos y decirle lo que había sucedido, sabía de antemano que le pondría una buena regañada y pensaba que bien que se la merecía pues estaba consciente de que no había sido una buena idea el pedirle a alguien como Salvatore que se encargara de su equipaje.
- Fue una estupidez habérselo pedido a Salvo, debí habérselo dicho mejor a Valentino.- se recriminaba una y otra vez en su trayecto rumbo a los elevadores.
- ¡Gino! .- se escuchó una voz femenina, que el portero reconocería en cualquier lugar en donde estuviera.
De inmediato, Hernández detuvo su marcha y se giró para buscar a Erika, hallándola en uno de los sillones cercanos al elevador y levantándose con rapidez para acercarse a él.
- Oh, ¡qué bueno que por fin estás libre!.- sonrió la asistente al alcanzarlo.
Gino no pudo evitar esbozar una sonrisa al escuchar las palabras de la joven, quizás sin razón aparente pero se había hecho ideas en su mente.
- ¿Me estabas esperando?.- le preguntó, con cierta picardía.
A ella le encantaba ver esa sonrisa, hacía ya tanto tiempo que no la había visto que no pudo evitar poner otra igual de la alegría que le produjo y por un momento se olvidó que era lo que tenía que comentarle, hasta que forzó a su mente a reaccionar.
- A-ah.- comenzó a tartamudear, pero respiró hondo para reponerse-. Sí, es que tengo algo que es para ti.
- ¿Algo para mí?.- preguntó, curioso, el capitán.
"Ojalá y fueran unos uniformes nuevos", pensó.
- Sí, es que recogí tu equipaje en el autobús.- comenzó a explicarse Shanks, señalando hacia el exterior del hotel-. Cuando tomé el mío sólo quedaba el tuyo y estaba abandonado, no quise dejarlo ahí para que no se perdiera.
Gino sintió en ese momento un gran alivio recorrer su alma y sin pensarlo mucho abrazó eufórico y con gran fuerza a la estudiante de medicina.
- ¡No sabes de la que me has salvado!.- exclamó, feliz-. Te debo una cena en donde quieras.
A Erika le agradó mucho la idea y disimuladamente aceptó, siendo que Gino quedó que le pagaría esa cena en los próximos días, luego la joven le comentó que el equipaje lo tenía en su habitación por lo que el portero la acompaño hasta allá para recogerlo; en el camino, el joven le contó cómo es que había terminado perdiendo sus pertenecías gracias su fiable compañero.
- ¿Pero qué le pasa?.- exclamó molesta Shanks, una vez que Hernández terminó de contarle lo sucedido-. ¿Es que no puede ser amable jamás?
- Salvo es una persona un tanto complicada, hay que saber cómo sobrellevarlo, pero en el fondo no es tan malo como parece.- Gino defendió al líbero.
- Tú siempre intentando encontrar algo bueno, hasta en la peor de las personas.- Erika hizo una mueca.
- ¿Qué puedo decirte?.- Gino se encogió de hombros, al responder-. Ya sabes que así soy.
- Sí, y ésa es una de tus mejores cualidades.- sonrió la practicante, mientras caminaba por el pasillo al lado del portero-. Por cierto, ¿fue casualidad que nos hospedemos aquí o Nicco tuvo algo que ver?.- añadió, haciendo un círculo en el aire con su dedo índice para señalar a su alrededor y dándole a entender al portero que el hotel en el que se encontraban era un De Angelis, situación que le había parecido muy divertida a la joven en cuanto llegaron.
- ¿A qué te refieres?.- sonrió Gino, al recordar que aparte del entrenador, sólo Erika podría conocer este detalle-. ¿Me estás preguntando si fue mi abuelo quien patrocinó a nuestra selección para el hospedaje del equipo durante el World Youth?
- ¡Exactamente!.- respondió, divertida, la joven-. Eso mismo estoy preguntando.
- Bueno, sí.- sonrió el portero, algo avergonzado-. Después de que se cancelara el torneo por la guerra que había estallado y luego de que Japón declarara que serían ellos los que organizarían el torneo en menos de dos meses, Nicco comentó que para ser campeones del mundo debíamos descansar como verdaderos campeones y no en hoteles improvisados de último minuto, por lo que después de hablar con la Federación Italiana, declinamos la oferta de la Federación Japonesa y nos hospedamos en uno de sus hoteles.
- O en uno de tus hoteles, querrás decir.- se burló Erika.
- No son míos.- se defendió Gino-. Sino de mi abuelo, te recuerdo.
Mientras charlaban, los jóvenes llegaron por fin a la habitación de Erika, quien por ser la única mujer en el equipo era también la única persona, con excepción del entrenador, que no tenía que compartir habitación.
- ¡Espérame aquí!.- pidió la joven-. Vuelvo enseguida.
La joven entonces entró a buscar el equipaje, quedándose el portero en el pasillo y una vez que ella regresó y él tuvo su maleta en mano, Gino le agradeció nuevamente reiterándole la cena pendiente que tenían; él deseaba de buena gana invitarla en ese momento a dar una vuelta por la ciudad, de aprovechar el tiempo que tenían libre para reconectarse pero no se atrevía a dar el siguiente paso, no era el momento de pensar en eso, se dijo que cuando se coronaran campeones ya habría tiempo de sobra de expresar sus sentimientos. La pareja se quedó platicando un rato en el corredor, sin evidentes ganas de separarse pero no atreviéndose a decir nada al respecto. Luego de un rato Erika le comentó que sus compañeros fisioterapeutas se encontraban a dos o tres habitaciones de distancia y fue cuando por fin el portero prestó atención al piso y número de habitación en que se encontraba, cayendo en cuenta de que era contiguo a su habitación.
- Yo estoy en ésta.- comentó, con una gran sonrisa, agradeciendo su buena suerte y señalando la puerta de al lado.
- Y yo que pensé que te darían la suite de siempre.- se burló la chica, pero también feliz de tenerlo tan cerca.
Gino, por respuesta, sólo rio algo avergonzado, mientras que Salvatore, quien en ese momento iba abriendo la puerta para salir, se quedó intrigado con la burla de la chica, ¿por qué habrían de darle una suite a Gino y al resto una habitación normal? Se dijo que eso sería algo que tendría que averiguar.
