Capítulo 4.
Tokio, Japón. 09 de Octubre.
El autobús de la selección juvenil italiana se encontraba estacionado en la entrada del hotel De Angelis a la espera de que los jugadores aparecieran; poco a poco los jóvenes fueron haciendo acto de presencia en el lobby, elegantemente vestidos con su traje italiano en color azul marino, camisa en color gris perla y completando el atuendo con una corbata a rayas en un tono azul cielo de base con líneas gruesas color azul marino y líneas más delgadas en gris perla. Una vez que la mayoría se encontró reunida en el sitio, comenzaron a abordar el autobús mientras esperaban a que su entrenador apareciera.
Gino Hernández y Salvatore Gentile llegaron casi corriendo al lobby cuando la mayoría de sus compañeros ya se encontraban a bordo del vehículo.
- Te dije que íbamos a llegar tarde.- le reclamó Hernández a su compañero-. Tardas demasiado en arreglarte.
- ¡Ay, vamos! ¿Te quieres calmar? Ellos jamás podrían dejar a su Perfect Keeper.- respondió el líbero caminando con más lentitud de lo normal, para luego dirigirse al autobús ignorando si el portero le respondía o no.
El capitán del equipo preguntó entonces por el entrenador y cuando sus compañeros le confirmaron que éste aún no llegaba, el joven suspiró agradecido, relajándose al fin un poco, no le agradaba que el entrenador le llamara la atención por situaciones que ni siquiera eran su culpa y mucho menos por algo que él odiaba, como lo era el ser impuntual; el portero estaba a punto de preguntar cuántas personas eran las que aún faltaban cuando en ese instante hicieron acto de presencia los fisioterapeutas, seguidos de cerca por Erika, quienes también tenían expresión de apuro.
- ¡Qué bien!.- exclamó Alessio, al ver que varios jugadores iban llegando junto con ellos-. Llegamos a tiempo.
- No gracias a ti.- bufó Fabio-. Tardas demasiado, a la próxima no te vamos a esperar.
- ¿Cuántas veces debo decir que lo siento?.- se defendió Alessio-. No volverá a pasar, lo juro.
Gino, al escuchar el ruido que estos chicos venían haciendo, se giró para mirar a los recién llegados, quienes pasaron a su lado saludándolo con un gesto de cabeza y continuando su camino rumbo al autobús sin detenerse, y una vez que los jóvenes desaparecieron del campo de visión del portero, éste por fin pudo ver con detenimiento a Erika, quien usaba un sencillo pero elegante vestido de cóctel en color azul marino en corte A con la cintura ceñida, escote en forma de corazón y tirantes gruesos que caían sobre sus hombros dejándolos descubiertos.
Hernández no pudo contener la gran sonrisa de admiración que se le formó al verla vestida de ese modo, a su mente llegó el recuerdo de aquel día en que la vio por primera vez, era un evento de gala al igual que éste, en una ciudad tan grande como ésta pero de un país ubicado a cientos de kilómetros de distancia y pensó que, al igual que entonces, el día de hoy ella lucía realmente hermosa.
- Te ves hermosa.- le comentó Gino, tragando saliva para aclararse la voz.
- Tú también te ves realmente guapo, el traje te sienta muy bien.- le respondió Erika, con una sonrisa igual de impactante que la de él.
"En verdad que extrañaba ver tu hermosa sonrisa", pensó ella en ese momento.
- Me acordé del día en que nos conocimos en la inauguración del hotel De Angelis en París, ¿recuerdas?.- comentó él.
- ¿Cómo olvidar ese día?.- le respondió ella, con un brillo en sus ojos al recordarlo-. Espero que el día de hoy sea un recuerdo tan agradable como lo es ése.
Gino iba a responder cuando llegó el entrenador a interrumpirlos, alegando que ya era muy tarde y que debían partir de inmediato. Los jóvenes siguieron entonces al hombre para finalmente abordar el autobús y partir rumbo a la fiesta.
Una hora después, el autobús que transportaba a la selección juvenil de Italia hacía su arribo al estacionamiento del Parque Privado Midori Gataoka perteneciente al Consorcio Katagiri, lugar en donde se realizaría la fiesta de recepción para dar la bienvenida a los jugadores que participarían en el Mundial Juvenil. Una vez que se encontraron en la explanada que daba acceso a los jardines del parque, los jugadores pudieron mirar a su alrededor quedando admirados por la belleza del lugar. Éste era una digna representación de una postal japonesa, con frondosos árboles de flores de cerezo, las cuales caían como una alfombra rosa sobre el camino, a lo lejos se divisaba un hermoso lago con sus puentes de madera y pintados de color rojo, los setos estaban pulcramente cortados simétricamente para dar una imagen de perfección.
- Por algo tienen tanta fama los paisajes japoneses.- comentó Valentino, subcapitán y mediocampista del equipo-. Es un lugar realmente sorprendente.
El resto de sus compañeros tuvieron que estar más que de acuerdo al respecto y después de algunas fotografías que se tomaron en el lugar, el equipo entonces avanzó hasta llegar a una zona central del parque en donde se habían instalado varias mesas esparcidas por el amplio terreno y alrededor del lago, con diferentes tipos de bocadillos y bebidas para satisfacer a los diferentes gustos de los invitados. En el lugar ya se encontraban varias de las selecciones invitadas por lo que una vez que pisaron el terreno, los jugadores comenzaron a dispersarse en grupos para socializar con los demás o simplemente probar y beber todo lo que se les ofrecía.
En cuanto llegó, el entrenador Santoro fue invitado a ir a una carpa, montada especialmente para los entrenadores y directivos de las diferentes federaciones. El cuerpo técnico y el Dr. Lucchetti desaparecieron también por el inmenso lugar, dejando a los jóvenes disfrutar a gusto de la fiesta. Erika se había quedado a solas a propósito pues estaba buscando a dos personas que le habían asegurado que estarían ahí, caminaba vagamente por el lugar rechazando lo que los meseros ofrecían hasta que por fin, divisó a dos jóvenes, una rubia de cabello ondulado y una castaña de larga cabellera.
- ¡Lily, Eli!.- exclamó Erika, en cuanto vio a su hermana y amiga, haciéndoles señas para que la vieran-. ¡Por aquí!
- ¡Qué hermosas se ven!.- comentó Erika, una vez que las tres jóvenes estuvieron reunidas.
La rubia usaba un vestido de falda amplia con escote en forma de corazón, en color ciruela en la tela del fondo y con encaje violeta encima de ésta; el encaje cubría sus brazos desde sus hombros hasta sus muñecas, creado un cuello recto en su pecho. A su vez, la castaña usaba un vestido de falda amplia y asimétrica en color turquesa, de mangas cortas y ajustadas que dejaban sus hombros y cuello al descubierto.
- ¡Tú también estás hermosa!.- respondió Lily, al tiempo en que saludaba a la mayor de las Shanks.
- ¿Qué fue lo que Gino dijo cuándo te vio?.- preguntó Elieth, con cierta picardía en la voz.
Erika sólo alcanzó a sonreírse avergonzada y prefirió invitarlas a ir en busca de algo para beber mientras platicaban alegremente.
- ¿Qué tal el viaje?.- les preguntó la pasante.
- Súper cansado pero valió la pena.- comentó Elieth, con una gran sonrisa, el lugar es hermoso.
- Por cierto, ¿te gustaron las imágenes de tu Káiser?.- preguntó Erika, burlona, a su hermana.
- ¿Cuáles imágenes?.- preguntó la menor de las Shanks, fingiendo demencia-. No me llego nada.
- ¡Ajá, sí, claro!.- se burló Lily, a su vez-. Si hasta recibiste un mensaje de Karl y estuvieron platicando por horas, no te hagas, que por eso fue que decidiste venir hasta Japón.
- Yo no veo que te quejes.- contraatacó la francesa, a su vez -. Tú también vienes a ver a cierto portero japonés.
- Pero por lo menos yo no lo niego.- refutó la mexicana-. No como otras.
Las tres chicas rieron y fue entonces el turno de Erika para ser el centro de las burlas.
- Y hablando de porteros, ¿cómo te ha ido con el tuyo?.- le preguntó Elieth a su hermana-. ¿Te ha dicho algo? ¿Ya averiguaste lo que querías saber?
La mayor de las hermanas Shanks, se quedó pensativa por algunos minutos, que les parecieron eternos a las otras dos; Gino y Erika habían comenzado a ser novios cuando ellos eran apenas unos preadolescentes de doce años de edad y sin embargo su relación había sido muy sólida, estable y duradera, estando juntos durante años; sin embargo, debido a que Rémy Shanks, padre de las chicas, tenía que cambiar de residencia constantemente y desplazarse alrededor del mundo pues era Embajador de Francia, el noviazgo tuvo que terminar cuando Erika partió con su familia. De eso ya habían pasado más de tres años, pero la francesa aún seguía sintiendo algo por el portero italiano.
- No.- suspiró finalmente-. No ha pasado nada y no pasará.- respondió tranquilamente-. Sólo nos volvimos a ver y retomamos de nuevo nuestra amistad, eso es todo, él está concentrado en este momento en ganar la Copa Mundial y yo estoy aquí por cuestiones profesionales.
- Sabes que ésa no es una buena excusa, ¿verdad?.- comentó Elieth, dándole un trago a su bebida-. Mira que ahí tienes a Genzo Wakabayashi, quien también está concentrado en ganar la Copa y bien que al ver a Lily aquí, no perdió la oportunidad de "saludarla" y quedar para salir con ella en los días en que no tenga partidos.
- ¡O sea!.- reclamó la mexicana-. ¿Y tú con Karl, qué? Si a ésas vamos, cuéntale que ustedes también se perdieron por un buen rato en cuanto llegamos a la ciudad.
- ¡Sólo fuimos a comer! Es todo.- respondió la francesa, avergonzada.
Las chicas volvieron a reír de buena gana y algunos minutos después hicieron acto de presencia tanto Schneider como Wakabayashi quienes venían de platicar con algunos de los jugadores de otras selecciones, uniéndose a la plática de las chicas una vez que saludaron a la mayor de las Shanks.
- Por cierto, gracias por pasarme el nuevo número de tu hermana en el aeropuerto.- sonrió Karl.
- No hay de qué, cuñado.- le respondió Erika-. Me da gusto saber que sí funcionó.
- ¿Y tu equipo?.- preguntó Genzo, al tiempo en que pasaba uno de sus brazos por la espalda de Lily.
- Por ahí andan.- respondió Erika, encogiéndose de hombros para restarle importancia al asunto, pero observando a Gino, que se encontraba en este momento platicando con Salvatore, quien tenía una copa en las manos-. Están esparcidos por todos lados.
- Por cierto, Wakabayashi.- comentó Karl, cambiando de tema-. Esta vez nosotros seremos quienes ganaremos la Copa.
- Eso es lo que quisieras.- le respondió Genzo, esbozando una sonrisa de autosuficiencia-. Pero no será así.
- Estoy ansioso por continuar con nuestro duelo.- continuó diciendo el alemán-. Y demostrar quién es el mejor.
- Ya lo veremos, Schneider yo también espero con ansias nuestro encuentro.- respondió a su vez el japonés-. Y bueno, hablando de otra cosa.- continuó el portero, cambiando otra vez el tema de conversación y cortando la tensión del momento-. Ya que ustedes tendrán sus partidos de la primera fase de grupo en la prefectura de Aichi y en su camino para llegar hasta allá tienen que pasar por Shizuoka, pues quería pedirte un favor.- comentó, con voz seria.
- ¿De qué se trata?.- preguntó el delantero, con curiosidad.
- ¿Podrían pasar a mi casa para llevarle un paquete muy especial a John?
Ante esta petición Erika y Elieth soltaron la carcajada pues sabían de antemano que "John" era el nombre del perro que tenía Wakabayashi en su infancia y que seguramente seguía viviendo en casa de sus padres, por lo que entendieron que se trataba de un troleo por parte del japonés al alemán quien inocentemente no comprendió lo que sucedía.
- ¿Y cómo vamos a saber cuál es tu casa?.- continuó Karl, preguntando ingenuamente.
- Es muy fácil.- respondió Elieth entre risas-. Es la casita más modesta que puedes encontrar en la ciudad.- agregó, con sarcasmo-. Sólo mide unos cuantos cientos de metros por lado, más o menos unas diez o quince casas en promedio, tiene su propia cancha de fútbol y un bosque incluido en su parte posterior, además de que la casa en sí cuenta como con treinta habitaciones.
- Eso no es verdad.- protestó el portero.
- ¿Ah, no?.- preguntó la francesa con curiosidad-. ¿Qué no es verdad según tú?
- Mi casa sólo tiene veinticinco habitaciones, no treinta como dices.- respondió, burlón, el japonés.
- No seas payaso, Wakabayashi.- le gruñó Lily, al tiempo en que Karl ponía una expresión de incredulidad y preguntaba con la mirada si se trataba de una broma, lo que causó que las tres chicas soltaran de nuevo la carcajada.
