Capítulo 6.

Hotel De Angelis. Tokio, Japón.

Gino Hernández y Salvatore Gentile caminaban solos por el lujoso pasillo que los conduciría finalmente hasta su habitación. Una vez que llegaron al hotel y se encontraron en el lobby, Erika recibió una llamada a su celular y luego de verificar quién era la persona que le hablaba, la joven tuvo que disculparse con el portero, alegando que tenía que responder la llamada, por lo que se quedaría en esa zona para atenderla. Gino se despidió de la joven y continuó su camino, con el bicho molesto llamado Salvatore, detrás de él.

- ¡Suerte con tu molestia!.- le había dicho Erika, al ver la expresión de hastío y cansancio del portero.

El líbero se dio cuenta de que habían llegado a la habitación cuando notó que el portero ralentizaba su andar hasta casi frenarlo por completo y comenzaba a rebuscar en los bolsillos de su elegante pantalón la tarjeta magnética que abriría la puerta. El organismo de Salvatore había empezado a metabolizar todo el alcohol ingerido por lo que un fuerte dolor de cabeza lo azotaba sin piedad en ese instante, sentía su cuerpo demasiado pesado y sus piernas amenazaban con fallarle en cualquier momento, aunado al hecho de que traía nauseas desde hacía rato, por lo que pensaba que muy pronto podría requerir una visita al inodoro más cercano; hubiera sido mucho más sencillo decirle simplemente a Hernández que se comenzaba a sentir indispuesto y que se apresurará a abrir la puerta para, una vez dentro, tirarse en la cama y perderse en ella, pero no, él no haría semejante cosa, él prefería seguir jodiendo a su capitán, sin importar si se sentía bien o no.

- ¿Y entonces, vas a decirme por qué estás tan molesto?.- volvió a preguntar Gentile, deseando que la cabeza dejara de molestarle.

- ¿Perdón?.- preguntó Gino, distraídamente mientras se entretenía jugando con la tarjeta magnética, pasándola entre sus dedos.

El portero había estado ignorando a propósito todos los comentarios que el defensa había hecho, desde que abordaron el taxi que los había transportado al hotel hasta ese instante, por lo que a estas alturas el joven ya no prestaba atención a lo que su compañero le venía alegando, aunque sí había notado que el defensor cada vez se veía en peor estado físico y, como una pequeña venganza por parte de Gino, éste había decidido perder un poco el tiempo, jugueteando con lo primero que encontró en sus manos, para ver si el otro al fin dejaba de joder.

- Que si no es por eso, ¿por qué sigues tan molesto?.- le volvió a decir Salvatore, cansándose de esperar a que Gino dejara de jugar e inconscientemente hizo un gesto de frustración al desear arrancarle de una buena vez la maldita tarjeta de sus manos, si es que el portero no se dignaba a abrir puerta.

- No sé de qué me hablas, Salvo.- respondió Hernández, con una ligera sonrisa de satisfacción en el rostro; había visto la expresión de hastío en el defensor, al tiempo en que por fin insertaba la tarjeta en el lector magnético de la puerta y una vez que se puso en verde la luz, jaló de la manija para abrir e ingresar a la habitación.

- ¡Oh, vamos!.- respondió el líbero, siguiendo a su capitán al interior, mientras este encendía las luces-. Eres un pésimo mentiroso, siempre se notan tus estúpidos estados de ánimo a miles de kilómetros, es por eso que es tan divertido joderte.

Gino ni siquiera se tomó la molestia de mirar a su compañero y prefirió continuar ignorándolo, como lo había estado haciendo hasta ese momento, por lo que, luego de entrar a la habitación, se dirigió a la zona del balcón abriendo la ventana y logrando así que el aire frío de la noche ingresara al lugar; luego se acercó a la mesa con dos sillas que se hallaba muy cerca del ventanal, quitándose el saco del traje y colocándolo pulcramente doblado en el respaldo de una de las sillas y, una vez hecho esto, se dirigió a su cama en donde se sentó y se quitó tanto sus finos zapatos italianos como los calcetines que traía puestos, para luego comenzar a estirar sus pies, dando suaves movimientos circulares al tiempo en que extendía sus dedos con evidente alivio pues, a pesar de tener que ataviarse así más a menudo de lo que deseaba, Gino aún no estaba acostumbrado a vestir tan formalmente, por lo que siempre que lo hacía terminaba cansándole este tipo de calzado.

- ¿Qué no me piensas responder?.- espetó Salvatore, al tiempo en que aventaba su chaqueta al suelo, muy cerca de la entrada, para después dejar esparcidos los zapatos, calcetines y la corbata dejando un rastro de ropa tras de sí.

Gentile estaba a punto de llegar al límite de la paciencia de Hernández y ésa era la razón por la que Gino no quería responderle. El portero estaba cansado de las tonterías del defensor, de esa actitud de superioridad que siempre quería mostrar sobre los demás y de su sarcasmo que parecía jamás tener un límite, aunado al hecho de que ese día había realizado de nuevo prejuicios sin sentido y no se había detenido a pensar en las posibles consecuencias que sus palabras podrían ocasionar. El líbero solía decir que para conocer a una persona sólo era necesario que se le mirara la primera vez, lo malo era que en muchas de esas ocasiones, Salvatore terminaba haciendo juicios mal fundados trayendo consigo sus respectivas estúpidas y erróneas medidas extremas. Gino, en alguna ocasión, les había comentado a sus compañeros de equipo que Gentile no era la pésima persona que todos creían que era y que muy en el fondo debía existir una mejor versión de él mismo, a lo que sus compañeros rieron de buena gana, respondiéndole que eso no podía ser cierto, que él era demasiado optimista al querer encontrar algo bueno en personas que en definitiva no lo tenían, y en este instante, Hernández pensó que quizás eran sus compañeros los que tenían la razón y no él.

- ¡Déjame en paz, Salvo!.- comentó finalmente Gino, con voz claramente cansada, quitándose la corbata y colocándola doblada sobre la cama.

- No hasta que me digas, ¿por qué estás tan molesto?.- preguntó el defensor, por enésima ocasión y con una expresión burlona.

- ¡No seas cínico! ¿Crees acaso que no tengo motivos suficientes para estar molesto?.- le respondió Hernández, mordiéndose el labio inferior para hacer uso de su autocontrol y no darle un puñetazo directo a la mandíbula, como había estado deseando hacerlo desde hace horas.- ¡Tremendo espectáculo que hiciste esta noche!

- ¿Qué tiene de malo?.- preguntó Salvatore, al tiempo en que se dejaba caer en la otra cama, cual costal de papas.

- ¿Qué, qué tiene de malo?.- el portero, harto del cinismo de su compañero, por fin terminó levantándole la voz-. ¿Sabes lo mal parados que nos dejaste a todos como equipo?

Gino se levantó de su asiento y se paró frente a Salvatore, a quien encaró con una mirada severa, siendo observado por el otro con una extraña expresión.

- ¡No, claro no lo sabes!.- exclamó Gino, más enojado aún, pues había tomado como burla la expresión del defensor-. ¡Tú que vas a saber!.- comentó, al tiempo en que se giraba y le daba la espalda para levantar la corbata de su cama-. Podrás ser considerado como el mejor líbero del mundo, pero como persona dejas mucho que desear, en ocasiones sueles ser un verdadero idiota.

Gino se dirigió de nuevo hacia la silla en donde se encontraba acomodado su saco para poner sobre éste la corbata, luego fue al centro de la habitación y se detuvo al lado del mueble que se encontraba enfrente de las camas y el cual servía para sostener el televisor, se quitó el lujoso y elegante reloj Cavalli que llevaba puesto en la muñeca, y lo guardó cuidadosamente en su mochila, que descansaba sobre ese mueble.

- Creo que el principal problema no son el resto de las personas.- continuó diciendo una vez que terminó de guardar su reloj y se dirigió al frigobar para sacar de él dos botellas de agua-. Si no lo eres tú, con tus estúpidas ínfulas de grandeza o tus grandes complejos de inferioridad, porque eso es lo que deben de ser si te comportas de ese modo.- Gino le aventó una de las botellas de agua a Salvatore, a quien casi le pega en la cara-. No entiendo muy bien cuál es el verdadero problema contigo o qué es lo que tanto te molesta de la vida, pero como dijeron Schneider y Tsubasa hace un rato, el campo de batalla de los jugadores de fútbol es en la cancha, si tanto quieres demostrar que eres mejor que todos los demás, hazlo durante los partidos y no como un patético e imbécil borracho que hace tremendo espectáculo en un evento oficial.- Gino abrió su botella y comenzó a tomar de ella.

- ¡Tú qué puedes saber!.- gruñó el defensor, intentando inútilmente abrir su botella y sintiendo una punzada de rabia pues las palabras del portero le habían dado en un punto muy sensible de su ser-. Además, no por ser el capitán del equipo te tiene que importar todo lo que pase con nosotros.

Gino se acercó entonces a Gentile, ayudándolo primero a abrir la botella para luego encararlo y apuntarle con la suya de manera acusadora.

- Estás muy equivocado si crees que no me importa lo que sucede con el equipo.- le respondió, molesto-. Llegamos a Japón como una selección de veintitrés jugadores, somos una unidad y cualquier cosa que pase con uno de sus integrantes, ya sea positiva o negativa, va a verse reflejada en el resto del equipo.- Gino lo miró entonces con dureza-. Nos dejaste mal parados ante el resto de las selecciones, hiciste que nos viéramos como un equipo de mierda, que sólo causa conflictos y se pasa de bravucón. ¿No te pusiste a pensar que eso podría crear incomodidades, disgustos e incluso tensiones innecesarias dentro del equipo? Además, en cuanto el entrenador se entere de lo que sucedió en la fiesta, es seguro que nos meterá tremenda reprimenda, sobre todo a mí.

- ¿Y por qué tiene que enterarse el entrenador?.- respondió, cínicamente, Salvatore, tomando su agua de un solo trago-. Él no estaba presente cuando eso sucedió, no tendría que saberlo a menos que algún imbécil y cobarde lambiscón vaya de marica a contárselo.

- No lo entiendo, ¿por qué siempre tienes qué insultar a todos?.- preguntó Gino, con voz cansada y algo decepcionada.

- Porque todos se lo merecen.- respondió Gentile, mordaz y encogiéndose de hombros.

- A veces no sé cómo es que te soporto.- comentó Gino, después de suspirar para luego darle la espalda, alejándose de él y comenzando a desfajarse primero para después desabrocharse la camisa-. En fin, en dos días será nuestro primer encuentro.- continúo, al tiempo en que se quitaba el cinturón y se desabrochó el botón del pantalón-. Y será entonces cuando veamos si tu gran arrogancia y tus estúpidas habladurías te respaldan o si simplemente quedas como un maldito embustero.

A Salvatore le molestaron mucho las últimas palabras de que el arquero acababa de decirle pero no podía refutar ninguna de ellas, se había quedado sin argumentos para continuar con la discusión pero tampoco quería experimentar la sensación de que Gino lo había derrotado una vez más, aunque sólo fuera en el juego de las palabras, por lo que rápidamente buscó otro tema con el cual continuar molestando a Hernández, recordando al momento cuál, a su parecer, podría ser su punto débil.

- Por cierto que te vi en Milán con ella.- comentó el defensa, cambiando el tema rápidamente y disfrutando de cada una de las palabras que decía, mientras el portero se encontraba de espaldas a él, abriendo su maleta-. El último día del campamento, con la nueva, en los jardines del club, estuvieron juntos durante horas.

Gentile había detectado un casi imperceptible movimiento de hombros en Hernández cuando mencionó la escena, lo que le dio el valor para continuar.

"Perfecto, directo en la llaga", pensó con malicia.

- ¡Qué casualidad que desde el primer día, en donde se suponía que ella apenas se había presentado en el equipo, ustedes ya se habían vuelto amigos!.- continuó Salvatore, con sorna, levantándose de la cama y acercándose al guardameta, el cual se entretenía buscando su pijama en la maleta para no dar la cara ni responder-. ¿Y mira que pasar tanto tiempo a solas? Eso sí que es sorprendente, es más yo diría que hay algo más entre ustedes.- insistió Gentile, al llegar junto a él, riendo de buena gana en su cara cuando vio que Gino tenía tensados los músculos de su cuello y no perdió la oportunidad de hacérselo notar, con burlas exageradas.

- ¡Vete al diablo, Gentile!.- comentó el portero, sacando finalmente su pijama de la maleta para irse hacia su cama y así alejarse del otro.

- ¡Vamos, Hernández, confiesa!.- dijo el jugador de la Juventus, con una sonrisa divertida al tiempo que seguía a su compañero-. Dime, ¿por qué siempre saltas a defender a la nueva pasante? ¿Qué es tuyo? ¿Una amante?

Gentile sonrió complacido al darse cuenta de que al parecer había hallado el "Talón de Áquiles" de Hernández, se le notaba por las evasivas que éste le estaba dando y porque tardaba demasiado en responderle, parecía como si Gino intentara encontrar las palabras correctas antes de hablar.

- Porque es una muy querida amiga.- comentó finalmente Hernández-. Sólo una amiga.- enfatizó las últimas palabras con una expresión indescifrable para el defensor.

- ¿En serio? ¿En verdad es sólo una querida amiga para ti? ¿Y qué tanto lo es?.- preguntó Salvatore, esperando alguna reacción por parte del portero, como que se sintiera incomodo o se sonrojase por verse descubierto, pero para su decepción no la obtuvo.

- Suficiente como para no permitir que tú la estés molestando con tus idioteces.- comentó Gino, con total calma, tras lo cual comenzó a doblar su cuello de un lado a otro tratando de liberar la tensión que en ese momento se le estaba acumulando.

- Y dime una cosa.- continuó Salvatore, irritando cada vez más al otro con su insistencia-. ¿Por lo menos te gusta la pasante o sólo la ayudas por que es una de tus tantas acciones samaritanas? Mira que viéndola bien no está tan mal, sino te interesa…

Gino respiraba profundamente intentando mantener la calma, él había decidido ignorar los comentarios de Salvatore por mucho que le irritaran y debía cumplir con su objetivo; no deseaba ocasionar más problemas al equipo, por lo que continuó desvistiéndose, quitándose la camisa para quedar solo con el pantalón puesto.

- ¿Qué pasa, Hernández? ¿No vas a darme uno de tus tan famosos discursos del Capitán Perfecto? ¿Ya se te acabaron los argumentos?.- insistió Salvatore, sin desanimarse-. ¿O es que no te importa? ¿Es que acaso eres gay?

Gentile recordó entonces que ya en alguna ocasión le había preguntado directamente al portero sobre sus preferencias sexuales. Había sido durante una de las concentraciones que el equipo había tenido para la fase clasificatoria del mundial, los italianos habían hecho un excelente partido con una aplastante victoria por lo que habían decidido salir a festejar el triunfo asistiendo a un bar local, en donde pronto los jóvenes comenzaron a beber como desquiciados y a ligar con cuanta chica se dignaba a aceptar sus coqueteos.

Gino, si bien había accedido a asistir con los demás, se había mantenido al margen de los líos de faldas que sus compañeros creaban y sólo se entretenía platicando con algunos de los que aún permanecían en la mesa, lo suficientemente sobrios como para continuar con una conversación. Él no había querido embriagarse como los demás, por lo que prácticamente había bebido muy poco alcohol durante la noche, pues no deseaba ser el protagonista de alguno de los tantos espectáculos que sus compañeros solían hacer y que los demás se encargaban de grabar con su celular para que pasaran a la posteridad o, más bien, para que al día siguiente fueran posteados en el grupo de la selección y así todos se pudieran burlar de los protagonistas durante días.

- ¿Qué sucede, Hernández?.- preguntó de pronto Gentile, llegando a la mesa al tiempo en que una rubia se alejaba muy decepcionada del lugar-. ¿No es suficientemente buena para ti?

Salvatore entonces le susurró algo al oído de su acompañante y la despidió con un beso para luego sentarse al lado de Gino con una botella de cerveza en las manos.

- Uhm, ésta es la número… ¿qué, siete, ocho?.- comentó el defensa, intentando hacer memoria-. Vamos, ¿cuál es la excusa esta vez?

El portero había adquirido la costumbre de rechazar cortésmente a toda chica que se atreviera a acercársele, que le pidiera bailar con él, le invitara una copa o que intentara cualquier tipo de acercamiento como un burdo intento para coquetearle.

- Sin mencionar a las que pasan cada 5 minutos por la mesa, lanzándole sonrisas tontas.- terció Valentino, sentado del otro lado de Gino-. Creo que ésas ya suman como diez.

- ¿Quieren dejar de decir idioteces?.- gruñó Gino.

- ¿Por qué no haces ni el más mínimo intento de divertirte, Capitán Aguafiestas?.- le cuestionó el líbero.

- ¿Y quién dice que no lo hago?.- refutó el portero-. Sólo porque no estoy ebrio como tú, no quiere decir que no me esté divirtiendo.

- Sí, exactamente a eso me refiero, a que no estás bebiendo como deberías.- respondió Gentile-. Además del hecho de que ni siquiera te has dignado a ver a cuanta mujer se te ha acercado a la mesa, se tirarían bajo las ruedas de un tren con tal de que las mires un segundo.

- ¿Y para que me voy a molestar fingiendo que me interesan, si no es verdad?.- se defendió Hernández-. Mejor no darles falsas esperanzas.

- ¿Es que acaso eres gay?.- le preguntó Salvatore, directamente y con mirada sorpresiva.

Gino miró al defensor, con una expresión de verdadera incredulidad.

"Y cuando creía que no podías ser más idiota, sales con esto", pensó.

- ¿Es en serio?.-preguntó Hernández.

- ¿Por qué no habría de serlo?.- respondió Salvatore, encogiéndose de hombros.

Gino suspiró y se quedó pensando durante algunos momentos sobre lo que el otro acababa de decirle; por un lado, le molestaba mucho el hecho de que si él no mostraba interés en alguna de esas chicas, según Gentile ya era un indicio de que Gino era directamente gay, ¿qué acaso no podía haber otra opción? Pero también estaba el hecho de que a Hernández no le gustaba dar explicaciones sobre su vida personal por lo que, ¿cómo podrían ellos considerar otras opciones si las desconocían por completo? Ahora que lo analizaba con detenimiento, Hernández aceptaba que era fácil que sacaran ese tipo de conclusiones sin sentido, por lo que decidió darle una buena respuesta a su compañero para que dejara de decir tremendas idioteces al respecto.

- No soy gay.- comenzó a decir Gino, tranquilamente-. Simplemente es el hecho de que la chica adecuada para mí no la voy a encontrar en lugares como éste.

Gentile había quedado un tanto confundido con la extraña respuesta que Hernández le había dado, pero ya no quiso profundizar más prefiriendo enfocarse en continuar con su propia diversión.

Y ahora que había vuelto a recordar aquella extraña frase, saltó a la mente de Salvatore una pregunta muy interesante: ¿Era acaso qué esa "chica adecuada para él", era en realidad Erika Shanks? ¿Por fin había encontrado a alguien que en verdad le interesara? El líbero sonrió más animado aún, pues al parecer esta vez era él quien tendría el control de la situación y no el portero.

- Hace más de tres años que te conozco.- continuó diciendo Salvatore-. Y jamás he visto que pongas interés en alguien, no te he conocido ninguna novia desde entonces. ¿No crees que es demasiado raro?

- Creo que ya habíamos tocado este tema con anterioridad y esa vez, al igual que ahora, te dije que no soy gay.- respondió Gino, claramente molesto-. Y en caso de que sí lo fuera, eso no sería asunto tuyo.

- ¡Pero es que son tres años!.- exclamó el líbero.

- ¡Ajá! ¿Y eso qué?.- respondió Gino, sin inmutarse -. Alonzo me conoce desde que regresé a Italia y eso no quiere decir que sepa más que tú al respecto.

- ¡Exacto! Ahí está el punto.- respondió Gentile, con diversión -. Dices que todos ellos son tus amigos pero nadie sabe quién es realmente Gino Hernández.

El portero miró a su compañero con frustración, prefiriendo ignorarlo por completo, la plática no estaba llegando a ningún punto en concreto y él ya se encontraba más que cansado de lidiar con Gentile.

- No sé a qué te refieres con eso.-preguntó Gino, sin comprender.

- Pues que para ser alguien que no te interesa siempre estás al pendiente de ella.- se burló Salvatore.

- ¡Yo jamás dije que no me interesara!.- resopló cansado-. Sólo dije que sólo somos amigos.

- ¿Entonces eso quiere decir que tú sí sientes algo por ella?.- rio Gentile, estruendosamente-. ¡Vaya! ¡Hasta que por fin te veo interesado en alguien!

Gino lo miró con cara de fastidio y prefirió seguir ignorándolo, por lo que tomó su celular para luego tirarse en la cama y comenzar a juguetear con él, sumergiéndose en sus pensamientos.

- ¿Y por lo menos ya te acostaste con ella?.- continuó preguntando Salvatore-. ¿Es buena en la cama?

Gino experimentó una gran rabia en ese momento, quería levantarse y partirle de una buena vez la cara pero se preguntó cómo podría explicarle al entrenador al día siguiente que Gentile amaneciera con la cara destrozada, a lo cual no halló respuesta. No, no debía hacerlo, tenía que contenerse pues sólo era un infeliz ebrio que lo quería molestar, por lo que hizo uso una vez más de todo su autocontrol para aparentar indiferencia. Por su parte, Gentile había esperado verlo sonrojarse, quizás una ligera molestia por tratar de un tema así o algo por el estilo, pero no pudo percibir cambio alguno en el portero. Gino no respondió, parecía perdido en la pantalla de su celular.

- ¿Di en el clavo, Hernández?.- sonrió con malicia-. Entonces es eso, ¡te acuestas con la pasante! ¡Y te gusta! Mira que resulto ser más rápida de lo que pensé.- continuó Salvatore, más animado.

- ¡Estás borracho, ya es suficiente!.- exclamó Gino, intentando que las palabras de su compañero se deslizaran sobre él como si fuera el aceite sobre el agua, trataba de discutir lo menos posible y hacer oídos sordos a todos sus intentos de sacarlo de control, pues al final de cuentas, pelear con un borracho era como pelar contra la pared-. ¡Entiende esto de una buena vez porque no lo pienso volver a repetir!.- prosiguió finalmente, en un tono más serio de lo normal-. Erika y yo sólo somos amigos, no hay nada más que eso, pero es por esa misma razón por la que siempre la defenderé de quien sea, incluyéndote.

- ¿Qué tanto quieres ocultar, Hernández?.- Gentile hizo una última tentativa.

- Nada, no hay nada que ocultar.- respondió Gino, al tiempo que continuaba mirando atentamente las fotografías que tenía en su celular, fotografías de un pasado que siempre anhelaba.