Capítulo 7.

Kashima, Prefectura de Ibaraki, Japón. 10 de Octubre.

Estadio de Fútbol Sóccer Kashima Antlers.

Luego de un viaje de aproximadamente hora y media, el autobús de la selección juvenil italiana por fin llegó a su destino final: el Kashima Soccer Stadium; una vez que el vehículo se acomodó, en uno de los cientos de lugares que el amplio estacionamiento del estadio tenía, los jóvenes italianos descendieron uno a uno del autobús, agrupándose a un lado del mismo para esperar a que todos bajaran y así continuar con su travesía, la cual aún estaba lejos de terminar pues aún les faltaban por recorrer cerca de un kilómetro más de camino.

- ¡Al fin!.- comentó Fabrizio, defensa del equipo, estirándose al descender del autobús.-El trayecto fue más largo de lo que pensé.

- Y lo que te falta por recorrer.- se burló Valentino-. Así que, señoritas, apúrense para ponernos en marcha.- ordenó el mediocampista.

Una vez que todos estuvieron listos para continuar, Gino se puso a la cabeza del grupo y comenzó a andar con paso firme, rápido y seguro, apresurando a sus compañeros a seguirlo. Él, como siempre lo hacía en estos casos, había tomado sus respectivas notas previas, estudiando detenidamente las diferentes maneras en que se podría llegar al estadio desde el hotel y viceversa, analizando además los diferentes medios de transporte con los que podrían contar en caso necesario, por lo que conocía de sobra el camino a seguir, comenzando a bordear los límites exteriores del Bokude-no-Sato Atletic Park para luego tomar la Stadium O Street y así llegar más pronto posible al estadio.

- ¡Apresúrense!.- les repetía de vez en cuando su capitán.

Salvatore caminaba lentamente y con una gran indiferencia sobre lo que sucedía a su alrededor; le importaba muy poco que Gino apresurara el paso y que platicara alegremente con sus compañeros, señalando algunos puntos aquí y allá del entorno, tampoco le importaba que algunos de sus camaradas comenzaran a rezagarse por mirar lo que Hernández les mostraba y quisieran tomar fotos de eso para el recuerdo. En ese momento, lo que Gentile deseaba era que todos se alejaran lo suficiente como para que desaparecieran de su campo de visión y así ya no tendría que intentar ignorar a toda costa las estúpidas y ruidosas pláticas de sus compañeros, las cuales le estaban taladrando el cerebro sin piedad.

- Parecen viejas chismosas, con su escándalo por todos lados.- gruñó Salvatore, más para sí mismo que para alguien más.

Gentile había amanecido con una tremenda resaca por la cantidad de alcohol que había ingerido la noche previa y, en ese momento, pagaba las consecuencias de sus actos, la sed lo estaba matando a pesar de haber ingerido más de un litro de líquido en el autobús, y el sol del mediodía, a pesar de traer consigo un refrescante aire fresco por ser inicios de otoño, no le ayudaba en nada a su estado general, el brillo le calaba directamente en los ojos a pesar de que los traía cubiertos con lentes de sol para minimizar el efecto y sentía cómo su cerebro comenzaba a derretirse.

"Y eso que es apenas mediodía", pensó.

Salvatore caminaba con las manos metidas dentro de los bolsillos laterales del chaleco que se le había ocurrido usar esa mañana, como parte de su atuendo de vestir informal; el entrenador había cedido a las peticiones de sus jóvenes jugadores y les había permitido no usar el uniforme oficial, aunque sólo por unas cuantas horas, para salir durante la aventura de investigación de campo, la cual había sido lograda gracias a la petición de Hernández. Originalmente, Gino le había solicitado al entrenador el permiso para salir sólo él, alegando que debían conocer mejor a sus oponentes y sus técnicas de juego, añadiéndole a su discurso el detalle de que si ese día ellos no tenían programado partido aún, no podían desperdiciar la gran oportunidad de ver a dos de sus contrincantes de grupo en acción, por lo que deseaba ir al juego y tomar algunas notas, costumbre que solía hacer en cada uno de los torneos y tours a los que iba.

- Siempre ha funcionado analizar al oponente.- finalizó, Gino.

"Podría ser una buena práctica para el equipo", pensó el entrenador, antes de responder.

- Está bien, Hernández. ¡Tú ganas!.- comentó el técnico, después de una pausa, en donde analizó detenidamente la petición y decidió otorgar el permiso no sólo a él sino también a todo aquel que quisiera asistir al partido inaugural que enfrentarían Japón contra México.

Sus compañeros de buen grado aceptaron la idea de su capitán e incluso a Salvatore le pareció bien el ir por lo que, al final, había sido toda la selección quien lo había acompañado. Sin embargo, el entrenador había sido muy tajante al decir que, una vez terminado el partido, debían regresar de inmediato a la concentración pues habría sesión de entrenamiento por la tarde. Era por esta razón por la que los chicos se encontraban muy alegres, disfrutando un poco de la libertad que su capitán les había conseguido antes del inicio de sus encuentros oficiales.

A pesar de que Gentile había decidido por voluntad propia el asistir al encuentro, lo cierto era que en este momento él prefería caminar hasta el final del grupo de jugadores, en parte por no querer escucharlos pero también por el hecho de que, en el fondo, sí le irritaba ver cómo la gran mayoría de sus compañeros se mostraban claramente molestos con él, al grado de que preferían ignorar por completo su presencia, enfrascándose en sus alegres charlas entre los variados grupitos que se formaban y cuando se daba el caso de que cruzaran miradas con el defensor, éstos le lanzaban fuertes miradas de reproche y hasta se podría decir que de odio. Sí, el día de hoy, Salvatore Gentile era el enemigo número uno de Italia o por lo menos de su selección juvenil. Este día no había comenzado de la mejor manera y prefería no pensar en eso, pero al estar solo, no podía evitarlo.

"¡Maldita sea!", pensó, Salvatore.

Cuando Gentile despertó esa mañana, se encontró con la sorpresa de hallarse completamente solo en la habitación, al parecer Hernández se había levantado y alistado mucho antes que él y lo había dejado tirado a su suerte; no recordaba a qué hora se había quedado profundamente dormido pero era obvio que había sido sin planearlo, pues aun llevaba puesto el pantalón y la camisa de la noche anterior con todo y mancuernillas incluidas. Con mucho esfuerzo, el defensor se levantó de la cama, comenzando a buscar su celular entre las prendas que vestía pues deseaba saber la hora, encontrando finalmente el dispositivo tirado en el suelo, al lado del resto de sus prendas de vestir y a mitad del camino entre la puerta y él. Luego de levantarlo y verificar que era mucho más tarde de lo que pensaba, maldijo al portero por no haberle despertado a tiempo, entonces se apresuró a tomar una rápida ducha para quitarse esa horrible sensación de ebrio que emanaba de su ser y cuando por fin estuvo listo, Salvatore bajó al restaurante encontrando que el resto de sus compañeros casi terminaban de comer, él lanzó entonces una rápida mirada al lugar y decidió, en el último instante, ir a sentarse, sin preguntarle siquiera si estaba o no de acuerdo, en la mesa en donde Gino se hallaba completamente solo y desayunando muy tranquilamente.

- Buenos días, Salvo.- comentó el portero, sin levantar la mirada mientras tomaba un trozo de melón con su tenedor para llevárselo a la boca-. ¡Qué gusto que te dignes a acompañarnos!.- agregó, con sarcasmo al tiempo en que le pasaba a su compañero la taza de humeante café que se encontraba intacta junto a su plato.

- ¿Qué pueden tener de buenos?.- gruñó Salvatore, sobándose las sienes y aceptando el café para bebérselo de dos sorbos-. Y por cierto, gracias por despertarme.- bufó.

- ¿Resaca?.- se burló Gino, levantando una ceja y mirando con cierto asombro la manera en que el otro ingería su café para luego tomarse el jugo del portero de un solo trago y sin siquiera pedirlo-. ¡Adelante, tómalo!.- agregó, refiriéndose a su jugo.

El desayuno del equipo había transcurrido sin ningún contratiempo hasta ese instante, muchos de los jugadores se entretenían haciendo sobre mesa comentando sobre sus anécdotas de la noche anterior, mientras otros hacían burlas y comentarios acerca de temas diversos.

- ¿Te encuentras bien?.- preguntó Hernández, después de que le sirvieron un nuevo vaso de jugo.

Gentile estaba a punto de decirle a Gino que se fuera directamente al demonio cuando levantó la mirada y fue entonces que percibió en el portero una expresión de verdadera preocupación ocasionando que el líbero quedara muy sorprendido por la actitud de su capitán. El joven se preguntó entonces el porqué Hernández se estaba preocupando por él en esos momentos, si lo único que había estado haciendo en los últimos días era molestarlo sin cesar. Eso era algo que no terminaba de comprender y que en más de una ocasión lo desconcertaba. Era cierto que Gino era un tipo amigable y siempre sonriente, que había mostrado mucha empatía y comprensión hacia todos en el equipo, y que siempre estaba ahí para apoyarlos pero, ¿qué acaso ayer no terminó muy molesto con él por las supuestas repercusiones que podría tener el equipo por sus acciones? ¿O, peor aún, por todas las idioteces que le dijo después?

"¿Entonces, por qué no simplemente te comportas como todos los demás y me mandas de una buena vez al demonio? Sé que lo disfrutarías mucho más y nos dejaríamos de estupideces", pensó Salvatore, finalmente.

- Si te sientes mal, le podemos decir al entrenador que te deje libre el día de hoy.- continuó Gino, tranquilamente, reanudando su comida.

- ¡No lo necesito!.- le respondió Salvatore, con dureza-. No es nada que no haya sentido antes y que no pueda soportar.

- Como gustes.- respondió Hernández, encogiéndose de hombros, mientras le daba un mordisco a su pan con mantequilla y azúcar.

Gentile miró vagamente a su alrededor, observando cómo sus compañeros conversaban alegremente en las múltiples mesas del lugar o mientras se servían la comida alrededor de las diversas barras del buffet, pensando que todo era pura hipocresía de su parte ya que no era posible que todos se llevaran tan bien. Fue entonces cuando el celular del portero vibró sobre la mesa y éste se apresuró a tomarlo en sus manos para desbloquearlo y así saber de quién se trataba, riendo algunos segundos después mientras leía el mensaje que le habían enviado, al tiempo en que un mesero se apresuraba a servirle de nuevo más jugo. Salvatore vio que Hernández agradecía amablemente las atenciones al mesero pero le pedía que no lo siguiera haciendo al no considerarlo necesario.

- Yo me puedo parar a servirme, gracias.- repetía.

Gentile hubiese deseado que el mesero se hubiera dado cuenta de su presencia en la mesa y le hubiese ofrecido jugo, café o al menos agua y no lo hubiera dejado con el vaso levantado y a la espera de que lo atendieran, tal y como habían estado atendiendo a Hernández. Fue en ese instante en que el líbero se percató del pequeño detalle de que todos sus compañeros se levantaban a servirse ellos mismos sus alimentos, sin que nadie los estuviera atendiendo, y a su mente volvió aquel comentario que Erika le hizo a Gino el día en el que llegaron al hotel, haciendo alusión a una Suite, y entonces se volvió a preguntar: ¿Qué era lo que escondía realmente el portero? Cada vez le intrigaba más saber sobre la perfecta vida de su capitán.

Los pensamientos de Salvatore fueron abruptamente interrumpidos por la ruidosa entrada del entrenador y de sus asistentes al restaurante; por la expresión en el rostro del hombre, era más que evidentemente que no veía de buen humor y Gino suspiró pues sabía muy bien cuál era el motivo de aquel enojo, el portero sabía de antemano lo que se avecinaba y lo confirmó cuando uno de los asistentes se le acercó.

- Santoro quiere que reúnas al equipo en cuanto terminen de desayunar y que lo vean en el salón de juntas.- le comentó en voz baja.

- Entendido.- fue todo lo que respondió el capitán, con tal seriedad que asombró hasta a Gentile.

Unos minutos después, Gino obedeció estoicamente la orden dada por el entrenador Santoro, conduciendo a todos los jugadores al sitio indicado y, una vez estando ahí, los jóvenes se dieron cuenta de que el técnico no sólo había reunido a los jugadores sino que también a todo su equipo en general, pues en la sala se encontraban presentes los asistentes del entrenador, los asistentes técnicos y hasta el equipo médico de la selección. El técnico ingresó a la sala en último lugar y miró severamente a cada uno de los presentes, pidiendo a uno de sus asistentes que cerrara la puerta con seguro pues debía tener una charla muy seria con el grupo y no deseaba interrupciones.

- Ya me enteré del deprimente espectáculo en el que algunos de mis jugadores se vieron involucrados en el evento de ayer.- comenzó a decir el entrenador, a lo que más de uno suspiró, intentando prepararse para lo que se venía.

Como lo había esperado Hernández, la charla tan seria que el entrenador Santoro quería tener con ellos, tenía como tema principal lo sucedido la noche anterior, poniéndoles la reprimenda de su vida y regañando sobre todo a los jugadores, a quienes calificó de inmaduros e irresponsables, haciendo hincapié, como lo había pensado Gino en su momento, en que sus acciones eran inaceptables.

A Salvatore parecía que le importaba muy poco el regaño y que se le resbalaba como todo lo demás, pero sus compañeros no pensaban del mismo modo y poco a poco los ánimos fueron calentándose al verle su cara de desfachatez, siendo que esto ocasionara que comenzaran las quejas y reproches por parte de los jugadores y, al final, todos habían terminado uniéndose contra un enemigo en común: Salvatore Gentile.

- ¡Siempre es lo mismo! Todos terminamos pagando por culpa de Gentile.- se quejó Franco, segundo portero del equipo-. Fue él quien no pudo comportarse en el evento.

Todos estuvieron de acuerdo con el comentario y así lo hicieron ver en voz alta, comenzando con una lluvia de reclamos hacia el defensor y enviándolo, más de una vez, derechito al demonio. Extrañamente, por primera vez desde que Gino conocía a Gentile, el líbero prefirió no hacer ninguna observación al respecto, aunque lo cierto era que en el fondo la situación sí lo había irritado más de lo que podía aceptar; sin embargo, el defensor aguantó estoicamente cada uno de los reclamos e insultos que sus compañeros le proferían y que, en el fondo, él sabía bien que se merecía, poniendo sólo en contadas ocasiones una sonrisa burlona o sardónica pero en la mayoría de las veces se forzó a mostrar una apariencia tranquila y despreocupada, como si no le importara en absoluto la molestia de los demás, incrementando con esto la ira de sus compañeros.

- Chicos, por favor.- pidió Gino, con voz conciliadora, intentando calmar a sus compañeros cuando vio que los ánimos de éstos estaban demasiado encendidos-. ¡Por favor, tranquilícense! Esto es algo que ya pasó y no lo vamos a poder cambiar, será mejor que nos calmemos y nos concentremos en lo que es realmente importante.

Al mirar cómo Gino trataba de calmar a sus compañeros, el entrenador pensó que el joven era tan admirado y respetado por los demás y que sus palabras tenían tal influencia sobre ellos que en cuanto el portero les hablaba, éste los podía rápidamente tranquilizar, animar y/o centrar. Ésta era una de las tantas razones que habían llevado al técnico a elegir a Hernández como capitán del equipo y hasta ahora no se había arrepentido de su decisión. Fue en ese momento, que Santoro se preguntó el porqué Gino había permitido que uno de sus compañeros protagonizara tremendo espectáculo si lograba tal efecto en su equipo. El entrenador volvió a fruncir el ceño y se dijo que tendría que averiguarlo con Hernández.

- No hay que olvidar nuestro objetivo.- continuaba diciendo Gino, ajeno a los pensamientos de su entrenador-. Vinimos hasta Japón para ganar el campeonato mundial y eso sólo lo lograremos si trabajamos como un equipo. Concentrémonos en los entrenamientos y en salir victoriosos de los partidos que están por venir, en lugar de seguir pensando en fiestas estúpidas en donde más de uno no se comportó como debía.- esto último lo dijo enfatizando las palabras y mirando a varios de sus compañeros directamente a los ojos, como diciéndoles con la mirada: "sí, sé lo que estuviste haciendo y tampoco fue muy correcto", haciendo que éstos bajaran la mirada, avergonzados-. Transformen ese enojo en la fuerza que necesitan para vencer al adversario en la cancha.- continuó diciendo-. Ganémosles a nuestros próximos oponentes y dejemos de lado estas discusiones sin sentido.

De algún modo, el portero siempre lograba calmar los ánimos sin importar la situación que se tratara y se decía que ése era uno de sus grandes dones; y como era de esperarse, esta vez no fue la excepción, pues después de escuchar a su capitán el equipo comenzó a bajar las defensas, logrando que el ánimo se tranquilizara y que varios de los jugadores se sintieran culpables por lo sucedido, dejando de molestar a Gentile. Por alguna extraña razón que sólo Salvatore conocía, las acciones de Hernández terminaron enfureciéndolo aún más ya que se dijo que él no era uno más de los inútiles desvalidos que necesitaban de la protección e intervención de Gino para que lo dejaran en paz, se dijo que él podía valerse por sí mismo y pelear sus propias batallas sin estar bajo el amparo de Don Salvador de los Desprotegidos.

- ¡Hey, tú, Odiado por Todo el Mundo!.- se burló Valentino, volviendo al líbero al presente y quien, al verlo tan atrás, se había retrasado a propósito para esperarlo-. ¡Apresúrate!

- ¡No jodas, Conti!.- le gruñó Salvatore, con una mirada de pocos amigos.

- De nada sirve tu estúpida actitud en este momento.- le respondió Conti-. La cagaste y nos llevaste a todos entre las patas, acéptalo y continuemos. Como dijo Gino, hay cosas mucho más importantes en qué pensar en este momento.

Gentile ya no respondió pero apresuró su marcha; algo en su interior le decía que los demás tenían razón y que la regañada que les dio el entrenador había sido sólo culpa suya, pero por otra parte, su lado arrogante le decía que todos se lo tenían más que merecido por ser unos imbéciles que no apreciaban lo que él intentaba hacer, es decir, limpiar la humillación que Hernández había dejado al fútbol italiano en el mundial Sub-16.