Capítulo 9.

Luego de que terminó la ceremonia inaugural del Campeonato Mundial Juvenil Sub-19, en donde los japoneses hicieron gala de su avanzada tecnología y su cultura ancestral, en un espectáculo realmente sorpresivo y digno del país. El árbitro por fin dio el pitido inicial del partido, ante las miles de ovaciones de los fans japoneses que se habían reunido en el estadio para apoyar a su selección.

Las acciones las había iniciado Japón a través de su jugador estrella y Prodigio del Sóccer: Tsubasa Ohzora, demostrando su habilidad en el juego al lanzarse directamente hacia la portería rival y esquivando a cuanto oponente se le atravesaba en el camino. Sin embargo, Aoi Shingo, quien aún se hallaba algo nervioso por tratar de ser un buen remplazo de la pareja de Ohzora, Taro Misaki, había errado al intentar atrapar el pase que le había lanzado Tsubasa, haciendo que la selección japonesa perdiera su primera oportunidad de gol.

Pronto el número veinte de Japón se tranquilizó y pudo desplegar su mejor estilo de juego en la cancha, gracias a las reconfortantes palabras que su capitán le dio y así, entre Aoi, Hyuga y Tsubasa intentaron, en varias ocasiones más, abrir el marcador a su favor, mostrando en la cancha la excelente condición física que Shingo poseía, la fuerza desmedida de Hyuga y el talento que Tsubasa tenía, pero Ricardo Espadas, el Portero Milagroso de México, no se las iba a dejar tan fácil y, dando muestra de una excelente condición física y de su talento natural para el soccer, el portero detuvo uno a uno los embates japoneses.

Este portero era muy diferente a los demás que los japoneses habían conocido, pues solía participar constantemente en la ofensiva de su equipo, saliendo de su área más de lo que cualquiera podría esperar y tomando desprevenidos en más de una ocasión a la escuadra japonesa con sus despejes de larga distancia. El partido se convirtió en un ir y venir por parte de ambas escuadras, que no cedían ni un centímetro de campo y siempre tenían una jugada para contrarrestar o detener al oponente. El juego continuó con este ritmo, llegando así prácticamente al término de la primera mitad del encuentro.

En las gradas, Erika desvió por un instante su mirada del encuentro para ver hacia donde se encontraba Gino sentado, hallándolo a unas cuantas filas de distancia. Al llegar al estadio, la selección italiana se había desplegado a lo largo de cuatro filas en una de las secciones laterales del inmueble y quedando muy cerca de la banca japonesa; la joven, quien había decidió mantenerse al margen, se había sentado en la última y la más alta de estas cuatro filas, al lado de Alessio y Fabio, por lo que desde ahí tenía una visión panorámica de todo el equipo, teniendo además, para su placer, una vista perfecta de la primera fila, en donde Hernández se encontraba sentado, flanqueado por un lado por Valentino y por el otro por Franco, con los cuales conversaba muy alegremente sobre las acciones del partido.

Al verlo tan animado, Erika no pudo evitar esbozar una sonrisa de felicidad en su rostro, le gustaba mucho ver esa fortaleza que él mostraba ante cualquier adversidad. Durante el trayecto rumbo a Kashima, el portero había estado muy callado y sólo había emitido una que otra palabra, más que nada como una respuesta vaga a cuestionamientos realizados por los compañeros que se encontraban más cercanos a él, pero era evidente que en su interior se estaba desarrollando una batalla interna por tratar de volver a tener el control de sus emociones. Sin embargo, una vez que bajaron del autobús, parecía que Gino había ganado su batalla y actuó como si nada de lo sucedido en la mañana hubiese ocurrido, pues estaba con su buen humor habitual, muy sonriente y amigable con todos.

En ese momento, los pensamientos de la francesa fueron interrumpidos por el sonido agudo de un silbato, pues el árbitro había pitado dando así por finalizada la primera mitad del encuentro. Erika miró disimuladamente de nuevo a Gino al tiempo en que se levantaba de su asiento y estiraba su espalda y brazos para luego suspirar algo decepcionada, le hubiera gustado mucho estar en este momento al lado del portero viendo el partido, pero no consideraba para nada apropiado llegar y sentarse en medio de los chicos.

"Seguramente ellos no hubieran estado platicando tan animadamente sobre el partido si yo estuviera ahí presente", pensó con cierta ironía. "Se nota que soy muy apreciada por los chicos, sobre todo por Salvatore".

En ese instante, el tono de su celular le aviso que tenía un mensaje nuevo, por lo que se apresuró a tomar el dispositivo y verificar de qué se trataba.

"¿En dónde andas?", decía el mensaje, cuya destinataria era su hermana. "Te vemos en el stand de la cerveza Sapporo".

Pocos minutos después, Erika llegó al lugar referido y comenzó a buscar a sus amigos entre la multitud que se amontonaba en el mostrador para comprar una bebida.

- ¡Por acá!.- escuchó de pronto gritar a Elieth, quien le hacía señas con una de sus manos levantadas para hacerse notar, mientras que con la otra sostenía un vaso enorme de cerveza.

Erika sonrió al ver la escena pues su hermana, quien era la más pequeña del grupo, a duras penas y se notaba, mientras que Lily y Karl, quienes eran más altos que la joven, sólo observaban divertidos la escena, cada uno con sus respectivos vasos y uno extra.

- Te compramos una.- comentó Elieth, cuando su hermana llegó a su lado, pasándole el vaso de fría cerveza para luego tomar el suyo que hasta ese momento había estado sosteniendo Karl.

Los jóvenes se entretuvieron entre saludos y pláticas diversas hasta que Erika le preguntó a Schneider si no debería estar en ese momento en la concentración de su equipo, en vez de estar viendo un partido con su novia en una ciudad de una prefectura tan lejana de donde él se debería encontrar.

- No creo que el entrenador se enoje conmigo por salirme un rato de la concentración para observar al oponente.- respondió el capitán alemán, restándole importancia al asunto.

Al igual que muchos de los jugadores, entrenadores y asistentes de los diferentes equipos que participaban en el torneo, Schneider también había asistido al encuentro para medir la capacidad de los oponentes y saber qué esperar del conjunto japonés; sin embargo, también era cierto que había aprovechado el momento para estar un rato con Elieth, con quien su relación estaba mejor que nunca y comenzaba a establecerse a pesar de lo esquiva que en ocasiones la menor de las hermanas Shanks podía llegar a ser con él.

- Vine a ver el partido porque estoy plenamente seguro de que Japón pasará a la siguiente ronda del campeonato.- comentó el alemán, con seguridad en la voz-. Y quizás con un poco de suerte pronto nos enfrentaremos y será entonces cuando les demostraremos que Alemania es más fuerte que antes.

- Tú lo que quieres es enfrentarte a Wakabayashi.-rio Elieth.

- No lo voy a negar.- respondió Karl, encogiéndose de hombros-. Pero con las lesiones que tiene en ambas manos, veo poco probable que pueda jugar pronto, espero que se recupere para cuando nos enfrentemos.

- ¿Y quién te dice que te vas a enfrentar a Japón?.- cuestionó Lily-. Hay muchas variables qué considerar antes de hacer predicciones, ¿no crees?

- Puede ser que tengas razón.- sonrió el Káiser, con expresión de autosuficiencia-. Pero ya lo analizamos detenidamente y es muy probable que nos enfrentemos con ellos en las semifinales o, con un poco de suerte, en la final, Alemania quedará primero de su grupo y si Japón queda en segundo del grupo A, nos encontraríamos en las semifinales, y si se diera el caso que ellos terminaran primeros de grupo, entonces nos veríamos hasta la final.

- Mira tú.- se burló Elieth-. Ya lo tienes todo planeado.

- Así somos los alemanes.- sonrió Schneider, orgulloso-. Solemos planificar meticulosamente todas las variables.

- Excepto cuando se enamoran.- se burló Erika, mirando primero a Elieth y luego a Karl-. Y ahí sí, nada de lo planificado les servirá.

- Mucho menos con alguien tan impredecible cómo una francesa berrinchuda.- completó Lily, igual de divertida.

Elieth se puso de inmediato roja de la vergüenza y Karl prefirió darle un gran tragó a su cerveza para ocultar su rostro, el cual estaba igual de sonrojado que el de su novia, al tiempo en que Lily y Erika reían de buena gana.

- Debo suponer que el día de hoy vienes apoyando a la selección equivocada, ¿verdad?.- comentó Erika, cambiando de tema, al ver que Lily traía puesta una bufanda con los colores de la selección japonesa y con el número veintidós bordado en ella, en lugar de portar alguna prenda de su país natal: México.

- Ahí si te equivocas, mi querida Erika.- respondió Lily-. Yo vengo apoyando a un jugador en particular y no a una selección.- continuó-. Mi corazón podría estar dividido, pero afortunadamente Genzo no se encuentra jugando el día de hoy por lo que no tengo la necesidad de decidir entre mi país y mi amor.

- Oh l'amour, l'amour. C'est la plus belle chose dans la vie (Oh el amor, el amor. Es la cosa más bella de la vida).- soltó Elieth, en francés y en un tono romántico y divertido, para luego soltarse a reír, secundada por los otros tres.

- Por cierto, terminando el partido tomaremos el tren rumbo a Nagoya, para presenciar el primer encuentro que Alemania tendrá contra Estados Unidos.- comentó Elieth, cambiando de nuevo el tema de conversación.

- Seguro que saldrán victoriosos.- comentó Erika, a lo que Karl agradeció la confianza mostrada con un gesto de cabeza-. ¿Pero por qué se marchan tan pronto?.- preguntó la joven, curiosa-. El partido de Alemania es hasta dentro de dos días, e Italia tiene su primer encuentro mañana, ¿qué no piensas ir a apoyarnos?

- Por mucho que Karl lo quiera negar, dudo que el entrenador esté tan feliz de que su jugador estrella ande viajando por Japón y se presente hasta el día de partido.- comentó Lily, con sorna-. Debe irse en cuanto finalice el partido y aprovecharemos para viajar con él.

- Eso claro está, después de que pasemos a saludar al portero favorito de Lily, entiéndase Genzo Wakabayashi, por supuesto.- completó Elieth-. Al descansar Japón estos días y como él no se encuentra jugando aún, es posible que quiera acompañarnos también, seguro que le gustará mucho presenciar el partido de Alemania.

- Todo es posible.- respondió Lily, feliz de contemplar esa idea-. Aunque la verdad dudo mucho que quiera acompañarnos, él no es como otros que se salen de las concentraciones.- dijo, al tiempo en que miraba a Karl mientras éste sólo se encogía de hombros.

- Seguro que Italia hará un excelente papel en el partido de mañana.- comentó Karl, volviendo a su modo futbolista-. Nos dará mucho gusto saber que ganaron su primer juego. Dile a Hernández que espero también un nuevo encuentro con él.

- Gracias.- respondió Erika, con una gran sonrisa-. Y por supuesto que se lo diré, estoy segura de que a Gino también le agradaría mucho enfrentarse de nuevo al gran Káiser de Alemania.

Erika agradeció sinceramente las palabras de apoyo de Schneider, pensando que en verdad estaba muy ansiosa por el partido del día siguiente ya que deseaba con anhelo el poder volver a ver a Gino en la portería.