Capítulo 10.

Mientras tanto, Gino se encontraba sentado en su lugar en las gradas, a la espera de que diera comienzo la segunda parte del partido; la mayoría de los jugadores habían aprovechado la pausa para ir en busca de algún tipo de bebida o botana para el tiempo complementario, por lo que el italiano se encontraba a solas en este momento, cuando de pronto escuchó que alguien le hablaban a su espalda.

- Al parecer, los japoneses están sufriendo demasiado contra un equipo tan inferior e insignificante como lo es México.- comentó Salvatore, al tiempo en que bajaba las escalinatas para llegar a la fila en donde se encontraba sentando Hernández.

"Y ahí vas de nuevo con tus estúpidos juicios de primera mano", pensó Gino, frunciendo el ceño.

- México no es un equipo que puedas subestimar tan fácilmente.-respondió el portero, mirando a su compañero-. A lo largo de la historia, han demostrado dar grandes e inesperadas sorpresas, han sido campeones mundiales en la categoría Sub-17 en dos ocasiones y campeones olímpicos en una ocasión.

- Y si es así, ¿por qué a pesar de las constantes llegadas por parte de ambos equipos, el marcador aún sigue empatado a ceros?.- contraatacó Gentile, al tiempo en que se sentaba en las gradas, junto a su capitán-. Como país anfitrión, Japón no puede darse el lujo de perder su primer partido, pienso que es por eso que fortalecieron su defensa con 3 volantes.- continuó el líbero.

- Eso es cierto.- admitió Hernández-. Pero por otro lado, Japón sólo tiene a un delantero en el frente, además del hecho de que está Espadas, el portero del equipo mexicano, quien no les permitirá tan fácilmente anotar en su portería.- continuó con su análisis-. Ambos son equipos que normalmente juegan un estilo más ofensivo que defensivo y, a pesar de ello, no han podido marcar ni un gol en este partido.

- ¡Un gol! Sólo un simple gol es lo que cualquiera de los dos equipos necesita.- comentó Salvatore, con tono teatral y gesticulando con las manos-. Así como están las cosas, ése probablemente será el gol de la victoria.- agregó con actitud más seria.

- Puede que tengas razón.- admitió Gino, haciendo un gesto afirmativo con la cabeza, continuando con el análisis en su mente.

Luego de una silenciosa y un tanto incómoda pausa, Salvatore cambió el tema de conversación.

- Me enteré por Valentino que el entrenador Santoro te dio una reprimenda "particular" después de que todos salimos del salón.- comentó Salvatore, quien no entendía porqué, pero enterarse de esto lo había hecho sentirse algo culpable al respecto.

- ¿Qué te puedo decir?.- respondió Gino, encogiéndose de hombros para restarle importancia-. Supongo que son gajes del oficio.

- ¿De qué oficio?.- comentó Gentile, sin comprender bien.

- Supongo que son parte de ser el capitán.- respondió Gino, mirando hacia la cancha aún desierta, para que su compañero no viera en su expresión que ese asunto sí le molestaba más de lo que quería admitir.

- ¿En verdad no estás enojado por esto?.- volvió a preguntar Salvatore, sin creer en las palabras de su capitán-. ¡Vamos! Hasta yo sé que eso no es justo, tú no tuviste la culpa, sino yo.

- ¿Y para qué estar molesto?.- cuestionó Gino, intentando finalizar el tema-. Eso no va a remediar nada; lo hecho, hecho está.

- Pues sí, quizás tienes razón.- comentó Salvatore, un tanto irritado de la tranquilidad del otro-. Pero es que es simplemente muy molesto y una persona normal estaría más que enojada.

- Hace mucho tiempo que aprendí que el ir enojado con la vida no te llevará a nada.- le respondió Gino, con un tono de voz diferente-. No te resolverá tus problemas.- continuó diciendo-. Ni te regresará lo que has pedido.- finalizó, con un susurro de voz.

El defensor podría jurar haber percibido cierta tristeza o melancolía en la voz de Hernández, pero al final creyó que se lo imaginaba pues su compañero continuo conversando con voz tranquila y firme.

- No veo el caso de estar amargándome la existencia con cosas que al final de cuentas no tienen importancia.- concluyó Gino, tajante.

Salvatore ya no quiso seguir insistiendo en el tema, se dijo que sería imposible hacerlo cambiar de opinión, por lo que prefirió continuar con otra cosa.

- ¡Y dime!.- comenzó a decir con un tono más burlón-. ¿En dónde se encuentra el punto débil del Perfect Keeper protector de los desvalidos?.- preguntó, buscando a Erika a su alrededor.

A Gino no le importaba ni le inquietaba en lo absoluto que Salvatore se dedicara a intentar molestarlo con sus idioteces pues jamás había sido blanco de burlas o acosos por parte de nadie, su forma de ser tan sincera, amigable y solidaria, su gran habilidad deportiva e incluso su apariencia física prácticamente perfecta le habían ayudado siempre a ser apreciado y respetado por los que le conocían, ya fuera en las diferentes escuelas a las que había asistido, como también en sus diferentes equipos de soccer, por lo que jamás había conocido lo que era el verdadero acoso, pero una cosa era que lo molestara a él, quien consideraba a Salvatore como un tipo arrogante y berrinchudo que sólo jodía como medio de escape de algo que Gino aún no lograba averiguar qué era, y otra muy diferente era que se metiera con la persona por la cual él aún sentía algo.

- ¡Cuidado!.- le respondió Gino, con seriedad-. No comiences con idioteces.

- ¿Y dices no estar molesto?.- comentó Gentile, con actitud mordaz.

- El hecho de que te diga que no me molesta lo que pasó en el hotel, no quiere decir que no me vaya a molestar otra cosa.- le respondió Hernández con actitud seria.

- ¿Otra cosa, como lo es tu amante?.- se burló Salvatore.

Gino miró a Salvatore queriendo asesinarlo con la mirada, advirtiéndole que si seguía la cosa no iba a terminar bien.

- Ok.- respondió Gentile, divertido, levantando las manos de modo conciliador-. Ya entiendo, no molestarla sino me asesinarás.

Poco a poco, los veintidós jugadores comenzaron a regresar al campo de juego y lentamente se fueron acomodando en sus lugares, indicativo de que el partido pronto se reiniciaría.

- Quizás hubiera sido un partido mucho más interesante si se hubieran enfrentado otros equipos más poderosos, pero siendo Japón el anfitrión del torneo, era más que obvio que les darían el partido inaugural, a pesar de lo aburrido que podía resultar.- comentó Salvatore, intentando hacer las paces con el portero.

- Creo que nuevamente estas sacando conclusiones precipitadas o lo estás viendo de un modo demasiado sencillo, Salvo.- comentó Gino.

Él había estudiado a fondo a ambos oponentes por tratarse de sus primeros contrincantes en la fase de grupos, conocía las características de ambos equipos así como sus defectos y virtudes, por lo que podría asegurar plenamente que el partido no terminaría en empate.

- Es cierto que ha sido un juego en donde ninguno de los dos ha podido anotar, pero eso no quiere decir que se mantendrá así para la segunda parte.- comentó Hernández, concentrándose de nuevo en el partido-. Sin bien el primer tanto será valioso, al final ganará el que logre hacer una diferencia y en ese caso yo apostaría a que será Japón.

- ¿Y qué hay de Espadas, crees que no los detendrá?.- preguntó Gentile, siguiendo el hilo de los pensamientos de su compañero.

- Si bien Espadas es un magnifico portero que lucha ferozmente por obtener la victoria, también es cierto que Japón es un equipo que jamás se ha dado por vencido, además de que tiene a dos grandes jugadores que entre más fuerte sea el adversario, mayor será su deseo de derrotarlo, por lo que no creo que Espadas pueda con ellos.- sentenció Gino.

- ¿Te refieres a su capitán y al mono de tu amigo?.- inquirió Salvatore, con sorna.

Hernández volvió a mirar a Gentile, con el ceño fruncido.

- ¿Cuántas veces te he dicho que le dejes de llamar así?.- reclamó el portero-. Si no te puedes expresar de los demás de una manera decente, entonces simplemente no abras la boca.

- Ok, su eminencia, como usted diga.- comentó Salvatore, con sorna-. Ya, no dije nada, mejor continúe con su filosófico discurso, honorabilísimo Capitán Perfecto.- bromeó.

Gino prefirió ignorarlo y justo en ese momento sonó el pitido que dio inicio a la segunda parte del encuentro.

- ¡Mira! Ya se reinicia el partido.- comentó Hernández, señalando el campo de juego-. Espadas ha salido con la camiseta en color blanco.- comentó, pensativo-. Según he leído, eso lo hace cuando quiere ser aún más ofensivo de lo que ha estado jugando en la primera mitad, creo que está subestimando mucho al equipo japonés y puede que le den una sorpresa si Japón termina desplegando los talentos que tiene en sus filas.

- Tú más que nadie debe saber de esto, ¿no?.- comentó Gentile, mordaz, haciendo alusión a un encuentro cancelado cuatro años atrás-. Me suena un tanto familiar la historia.- comentó con sorna-. ¿Pero qué es lo que veo? ¿Acaso es pena, o será empatía por portero? ¿O será quizás que no deseas que se te compare con el Portero Milagroso una vez que lo hayan derrotado como lo hicieron ya contigo?

- Considero que Ricardo Espadas es un magnifico portero, único en su tan peculiar estilo de juego.- respondió Gino, con total tranquilidad, ignorando las burlas del otro y con el espíritu competitivo que siempre le caracterizaba-. Por mi parte, a mí me dará gusto el poder enfrentarlo y medir nuestras capacidades en el campo de juego, ambos somos porteros que jugamos de maneras muy diferentes, será interesante saber cuál es la mejor.

- Hace un rato, escuché que algunos reporteros mexicanos alardeaban con sus homólogos japoneses diciéndoles que Espadas también juega como delantero.- agregó Salvatore a su vez-. Aunque de ser cierto, yo dudo mucho que pueda llegar a ser bueno.

- ¿Eso quiere decir que tú también tendrás la oportunidad de medir tus fuerzas con él?.- comentó Hernández, con curiosidad.

- Buena broma, Hernández.- resopló Gentile-. Sabes que eso no sucederá.

- Pero de llegar a darse el caso, no puedes negar que sería bastante interesante y sorprendente el poder enfrentarlo, e incluso creo que también sería muy emocionante.- continúo Gino, alegando claramente animado y gesticulando con las manos-. ¿Cuántas veces se puede decir que un defensa de cierto equipo se enfrentó a un portero del equipo rival?

- ¡Uhm! Supongo que casi nunca.- exclamó Gentile, teniendo que estar de acuerdo en contra de su voluntad, para luego quedarse pensativo antes de comentar de una manera más burlona-. Aunque debo decir que como defensa, considero que aguantar al portero de tu propio equipo es más que suficiente; si consideramos el hecho de que te está gritando a los oídos por más de noventa minutos y luego agregas que además de eso, es el capitán del equipo, por lo que quiere desplegar todo el juego desde su propia portería, teniendo doble motivo para gritar como loco, eso lo convierte en algo realmente fastidioso e insoportable.

- ¡No creí que pudiera ser tan molesto!.- respondió Gino, con un tono de falsa ofensa para luego echarse a reír de muy buena gana-. Le tendré que preguntar a Fabrizzio o a Mariano si opinan lo mismo que tú.- se burló.

- ¡Hazlo y verás que ellos también opinan lo mismo!.- le respondió Salvatore, en el mismo tono burlón-. ¡Estoy seguro que te dirán que eres tan odioso como yo lo pienso!

Gino rio divertido, estirando espalda, brazos y piernas pues ya llevaba mucho tiempo en la misma posición.

- Es realmente agradable saber cuán apreciado puede uno llegar a ser para el equipo en el que juegas.- comentó Hernández, con sarcasmo-. El sentirse tan indispensable, no tiene precio.

- Podría ser mucho peor.- se burló, Gentile.

- ¿Ah sí?.- preguntó Gino, con curiosidad-. ¿Y cómo podría ser eso posible?

- Podrías no tener al magnífico y mejor defensor del mundo que tienes jugando a tu lado, con otro defensa sería doblemente difícil para ti cumplir con tu trabajo de proteger la portería.- respondió Salvatore, con petulancia, a lo que Gino soltó estruendosa carcajada.

- Te faltó decir que también es sumamente modesto.- agregó Hernández, divertido.

En ese momento, la atención de los italianos se centró en el campo de juego debido a una jugada que hizo que todo el estadio gritara de la sorpresa. El jugador número ocho de México había cometido una acción completamente antideportiva al intentar frenar el avance japonés, pues en su desesperación había tomado a los gemelos Tachibana por los tobillos cuando estos saltaban y los terminó azotando sobre el césped, lesionándolos con dicha acción.

- ¡Uy!.- exclamó Gino, sacando todo el aire que sus pulmones habían estado conteniendo, sintiendo como propio todo el dolor que podrían estar pasando en esos momento los gemelos Tachibana.- Creo que esa jugada era completamente innecesaria.- comentó, al tiempo en que el árbitro sacaba la tarjeta roja al jugador mexicano.

- Después de eso, Hernández centró su mirada en Espadas, quien se mostraba muy tranquilo ante la jugada de García.

"¡¿Qué clase de capitán eres, si permites que uno de tus jugadores llegue a este tipo de medidas tan extremas?!", pensó el guardameta, con cierta rabia.

- Por tu expresión puedo suponer fácilmente de qué lado estás el día de hoy.- comentó Gentile, a quien no le había pasado desapercibida la rabia de su compañero.

- No tengo nada personal contra los mexicanos, pero no puedo estar de acuerdo con la forma de actuar de su jugador número ocho, es completamente antideportiva.- comentó Gino, realmente molesto-. Y sí, debo decir que apoyo a Japón.- respondió a la pregunta de su compañero.

En el fondo, Gino también esperaba que Aoi cumpliera su promesa de llegar al tercer partido invicto y así poder enfrentarse a él.

- ¿Bromeas?.- le cuestionó Salvatore-. ¿Es por tu manía de apoyar a los perdedores?

- Por tus palabras debo suponer que tú crees que Japón perderá, ¿cierto?.- contraatacó Gino-. Pues yo opino todo lo contrario y podría incluso apostar a que Japón ganará, quizás podría ser con un marcador de 2 a 1.- se aventuró a decir.

- ¿Ah sí? ¿Y con goles de quién, si se puede saber?.- se intrigó el líbero.

- Mmm.- Gino se puso a meditarlo un poco, antes de responder; Tsubasa Ozora se había visto muy apagado y disminuido en el partido debido a alguna extraña razón que se desconocía hasta el momento, y a pesar de que aún estaba en el juego, Gino no creía que él fuera capaz de anotar por sí solo y Misaki no estaba jugando como para hacer la combinación exitosa que tanto los caracterizaba-. No creo que Tsubasa pueda anotar solo.- comentó finalmente, para continuar analizando a los jugadores del campo; en eso, en su campo de visión apareció una figura conocida, corriendo de un lado al otro con esa inagotable energía que lo caracterizaba y Gino sonrió-. Creo más bien podría ser Shingo quien anote uno de los goles que le den la victoria a su equipo.

- ¿Aoi?.- preguntó Gentile con una mueca de disgusto, pues lo consideraba tan inferior que hasta pensar en él le daba repulsión.

- Sí, quizás podría ser con una asistencia de Tsubasa.- continuó Hernández, quien no había visto la expresión del otro.

- Mmm.- respondió Gentile, con una mueca de incredulidad-. ¿Y el otro? ¿De quién sería, según tú?

Gino se detuvo de nueva cuenta a meditar el asunto y a analizar a los jugadores que se encontraban librando la batalla en el campo de juego.

- Creo que podría anotarlo Hyuga.- respondió finalmente-. Es quien más ha llegado a la portería rival.

- ¿Y del lado mexicano?.- inquirió Salvatore, interesado ya en el análisis de Gino-. ¿De quién crees que será el gol que anoten?

- Esa es fácil, creo que será de Espadas.- respondió Gino, con seguridad.

- ¿Espadas?.- rio Gentile, de buena gana-. ¿Estás loco? ¡Pero si él es portero!.- exclamó con ironía-. Además, creo que le tienes demasiada confianza a los japoneses.- terminó burlándose.

- Podría ser.- respondió Hernández, con una sonrisa divertida-. Pero a ti te vendría bien que los conocieras un poco más para ver si así puedes respetarlos como dignos rivales.

- Eso nunca pasará.- bufó, el líbero.

- ¡Ya lo veremos!.- rio el portero, claramente divertido-. Puede ser que al concluir este torneo tú opinión de ellos sea diferente de la actual-. Comentó encogiéndose de hombros.

Al final Gino había tenido razón y las cosas sucedieron tal y como las predijo, Espadas había luchado ferozmente y había incluso sacrificado su brazo derecho para intentar detener al oponente, pero todo esto no había sido suficiente contra el equipo japonés y en ese momento Hernández se sintió identificado con el dolor del mexicano, pues él más que nadie sabía lo que era perder en el último minuto con una lesión de por medio; a su mente llegaron los recuerdos del partido que tuvo con Japón en el Campeonato Juvenil Jr. en París y su alma sufrió de nuevo por aquel desafortunado día.

- ¡Puff!.- exclamó Gentile, levantándose de su asiento-. ¡Qué partido tan más aburrido! Japón tuvo demasiadas dificultades contra un equipo como tan insignificante como lo es México, no parece ser tan bueno como tú dices, Hernández.- comentó con arrogancia.

- Creo que tú no aprendes de tus errores.- le respondió Gino, confrontándolo, molesto por la actitud de su compañero-. No hace más de un par de horas que vimos las consecuencias de tu arrogancia y estupidez y ya estás de nuevo actuando del mismo modo. ¿Qué tu jamás aprenderás a no subestimar a los demás y a no sacar conclusiones precipitadas?

- Ellos no son rivales para Italia.- contradijo Gentile, con petulancia-. Ninguno de los dos equipos.

Gino negó con la cabeza antes de responderle.

"Nunca aprenderás", pensó Hernández, al tiempo en que se levantaba de su asiento.

Justo en ese instante, Aoi Shingo se acercaba a su banca y al ver a los dos italianos parados en las gradas, sonrió feliz.

- ¡Gino! Viniste a ver el partido.- gritó Shingo, eufórico-. Y Gentile también está aquí.- se sorprendió el japonés, para luego poner actitud retadora-. ¡Vencimos en el primer partido como prometí, Japón e Italia ganarán todo hasta que nos enfrentemos!.- les recordó la promesa que tenían-. Mi mayor objetivo para esta primera ronda es derrotar a la selección Juvenil de Italia. ¡Quiero vengarme de ti, Salvatore Gentile!.- exclamó, levantando su dedo índice para señalarlo a él-. Cuando nos enfrentemos, verás que la Finta de Ángulo Recto no es la única técnica que tengo para superarte.- comentó, con cierta arrogancia.

Ante tales palabras, Salvatore enfureció, ésa era una confrontación directa a su orgullo y deseaba darle su merecido en ese mismo instante. Aoi había pasado el límite, siempre había sido así desde que se conocieron y por esa razón era que su rivalidad se ponía cada vez peor. Gentile hizo el intento de saltar a la cancha pero Hernández le tomó del hombro.

- Ni se te ocurra.- comentó Gino, con voz baja pero tan autoritaria que no dejaba lugar a réplicas.

Salvatore miró por algunos segundos a su capitán, debatiéndose entre si debía hacerle caso o ignorarlo, cediendo esta vez ante su mirada, para luego ver al japonés antes de responder.

- ¡Eso está por verse!.- respondió Gentile, para luego darse la media vuelta y salir del lugar, hecho una furia.